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Política y gobierno

versión impresa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.15 no.1 México ene. 2008

 

Artículos

 

Voto cruzado en Chile: ¿Por qué Bachelet obtuvo menos votos que la Concertación en 2005?

 

Split–Ticket Voting in Chile: Why Did Bachelet Win Fewer Votes Than Concertacion in 2005?

 

José Miguel Izquierdo Sánchez*, Mauricio Morales Quiroga** y Patricio Navia Lucero***

 

* Periodista, politólogo e investigador del Instituto Libertad, Galvarino Gallardo 1509, ProvidenciaSantiago de Chile, Chile. Correo electrónico: jmizquierdo@institutolibertad.cl.

** Investigador del Instituto de Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales, Ejército 333, Santiago, Chile. Correo electrónico: mauricio.morales@udp.cl.

*** Profesor e investigador del Instituto de Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales, Ejército 333, Santiago, Chile y académico en New York University. Correo electrónico: patricio.navia@udp.cl y patricio.navia@nyu.edu.

 

El artículo se recibió en septiembre de 2006.
Aceptado para su publicación en junio de 2007.

 

Resumen

Aunque ha ganado todas las elecciones desde 1989, la coalición de gobierno Concertación no ha obtenido la misma cantidad de votos en elecciones presidenciales y parlamentarias concurrentes. A diferencia de 1989 y 1993, en 2005 sus candidatos al Congreso obtuvieron más votos que su candidata presidencial. En este artículo se analiza hasta qué grado la militancia izquierdista de la abanderada presidencial de la Concertación ahuyentó a votantes moderados que, habiendo votado por el pacto en la elección parlamentaria, optaron por otros candidatos presidenciales. Se encuentra evidencia respecto a que algunos votantes moderados abandonaron a Bachelet. Mientras mayor cantidad de votos obtuvieron los candidatos del partido más de centro de la Concertación, mayor fue la diferencia entre la votación obtenida por los candidatos al Congreso de la Concertación y la lograda por Bachelet.

Palabras clave: comportamiento electoral, coaliciones, Chile, partidos políticos, voto cruzado, voto estratégico.

 

Abstract

Although it has won all the elections since democracy was restored in 1989, the Concertacion coalition in Chile has received a different vote share in presidential and parliamentary elections held concurrently. Unlike 1998 and 1993, in 2005 the congressional Concertacion candidates received more votes than the Concertacion presidential candidate. This article analyzes the extent to which the leftwing militancy of the Concertacion presidential candidate deterred moderate Concertacion voters from supporting the coalition’s presidential candidate. There is evidence of that being the case. The bigger the vote share for Concertacion congressional candidates from the moderate coalition party, the larger the vote share difference between the Concertacion congressional and presidential candidates.

Key words: electoral behavior, coalitions, Chile, political parties, ticket splitting, strategic voting.

 

Introducción

Si bien desde el retorno de la democracia Chile se ha caracterizado por tener un electorado con preferencias estables, existe también evidencia de poca lealtad partidista en el momento de escoger en elecciones simultáneas. Aunque ha ganado todas las elecciones desde 1989, la centroizquierdista coalición de gobierno Concertación no ha obtenido la misma cantidad de votos en elecciones presidenciales y parlamentarias celebradas el mismo día. Por lo general, la Concertación ha obtenido más votos en la contienda presidencial que en la parlamentaria, por lo que las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2005 constituyen una excepción. A diferencia de lo que ocurrió en 1989 y 1993, sus candidatos al Congreso obtuvieron más votos que su candidata presidencial. ¿Por qué Michelle Bachelet obtuvo menos votos que la lista parlamentaria de la Concertación en la primera vuelta de la contienda presidencial de 2005?

En este trabajo se evalúan algunas de las hipótesis, se analiza hasta qué grado la militancia izquierdista de Bachelet ahuyentó votantes moderados y de centro que, habiendo votado para la Concertación en la elección parlamentaria, optaron por algún candidato presidencial de la Alianza derechista. Hay evidencias que indican que algunos votantes moderados abandonaron a Bachelet; mientras más votos obtuvo el Partido Demócrata Cristiano (PDC), mayor fue la diferencia entre la votación obtenida por los candidatos al Congreso de la Concertación y la lograda por Bachelet. Se sugiere, a modo de conclusión, que efectivamente Bachelet obtuvo menos apoyo que la Concertación entre los votantes moderados, pero también se advierte que moderado no es necesariamente sinónimo de centro (o demócrata cristiano).

En adelante, primero se aborda la discusión teórica sobre los motivos que llevan a los votantes a cruzar su voto y luego se discuten las características del sistema de partidos en Chile. Es necesario destacar el debate entre aquellos que sostienen que el sistema tradicional de los tercios (derecha, centro e izquierda) ha sobrevivido después de la dictadura y quienes argumentan a favor de un nuevo alineamiento bipolar (la centro izquierdista Concertación y la derechista Alianza). Si bien no hay evidencia concluyente a favor de ninguna de las hipótesis, la presencia del voto cruzado es consistente con la tesis del alineamiento del sistema político en tercios. A continuación se discute la evolución políticoelectoral ocurrida después de 1989, subrayando los esfuerzos realizados en la Concertación y la Alianza para captar al electorado de centro y moderado. Finalmente se analizan los resultados de las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2005 para evaluar si la diferencia entre la votación obtenida por Bachelet y la lograda por la Concertación se explica por el supuesto abandono de votantes moderados que prefirieron a los candidatos presidenciales de la Alianza.

 

El voto cruzado

El voto cruzado se produce cuando los electores optan por apoyar a candidatos de distintos partidos y/o coaliciones en una misma jornada electoral. En vez de votar uniformemente por los candidatos de un mismo partido, los electores seleccionan candidatos de diferentes partidos para los distintos puestos de elección popular.

La celebración de elecciones concurrentes presenta una inmejorable oportunidad para evaluar el grado de sofisticación del electorado. Debido a que los votantes tienen la oportunidad de cruzar su voto, es posible evaluar el grado de disciplina partidaria o incluso su coherencia ideológica (Jacobson; 1989; Fiorina, 1996; Burden y Kimball, 1998; Bawn, 1999; Grofman et al., 2000). Si la mayoría de los electores escogen candidatos presidenciales y parlamentarios de un mismo partido o coalición, entonces hay poco voto cruzado. En cambio, si una cantidad significativa de electores opta por candidatos presidenciales de un partido y candidatos al Parlamento de otros partidos, se puede hablar de una alta magnitud de voto cruzado. Este voto cruzado indica, entre otras cosas, la preferencia de los electores por gobiernos divididos y su intención de establecer pesos y contrapesos en el sistema político (Fiorina, 1996), aunque también refleja cierta sofisticación o baja lealtad partidista (Cain et al., 1987; Born, 1994; Burden y Kimball, 1998; Bawn, 1999; Grofman et al., 2000; Carsey y Layman, 2004 ).

Las elecciones simultáneas ofrecen la oportunidad para que los electores crucen su voto; no lo hace inevitable. Hay una serie de otras variables que explican por qué los electores, efectivamente, emiten votos cruzados. Algunas variables de identificación política influyen en la posibilidad de que los electores crucen su voto (Jacobson 1989; Bawn 1999). En Estados Unidos, y presumiblemente también en otros países, los electores que tienen menos lealtad hacia los partidos políticos tienen más tendencia a cruzar su voto (Beck et al., 1992; Fiorina, 1996; Grofman et al., 2000). A su vez, los electores con mayores niveles de educación y aquellos que están más informados también son más propensos a cruzar el voto (Fiorina, 1996; Burden y Kimball, 1998; Bawn, 1999). La presencia de candidatos populares que se presentan a la reelección también influye en la decisión de algunos electores de dividir su voto entre candidatos de distintos partidos para contiendas diferentes (Cain et al., 1987; Born, 1994). Las relaciones de lealtad que crean determinados representantes con sus electores llevan a mucha gente a apoyar la reelección de legisladores de un partido y votar por candidatos presidenciales de partidos diferentes (Fiorina, 1996). La combinación de elecciones concurrentes con variables políticas —e incluso sociodemográficas— afecta la existencia y el grado de difusión del voto cruzado (Grofman et al., 2000).

La reducida experiencia que tiene Chile con elecciones concurrentes para las contiendas presidenciales y parlamentarias no ha permitido desarrollar estudios acabados sobre el voto cruzado. Por primera vez en su historia reciente, las elecciones presidenciales y parlamentarias se realizaron de manera concurrente en 1989 y 1993. En cambio, en 1999 se celebraron sólo elecciones presidenciales, mientras que en 1997 y 2001 se celebraron elecciones para la Cámara de Diputados y el Senado. Finalmente, en 2005, las elecciones presidenciales y parlamentarias se realizaron en forma simultánea. En esa ocasión, los ciudadanos tuvieron la opción de emitir votos en al menos dos elecciones: la contienda presidencial y la renovación de la totalidad de la Cámara de Diputados. Adicionalmente, la mitad de las regiones también renovó senadores. Por cierto, una reforma constitucional estableció en 2005 la simultaneidad de todas las futuras elecciones presidenciales y para la renovación de la Cámara de Diputados (al igual que la mitad del Senado, que se renueva en parcialidades cada cuatro años) por lo que el electorado tendrá la oportunidad de cruzar su voto en todas las futuras contiendas presidenciales.

Debido a que el año 1989 fue especial en muchos aspectos (era la primera elección después de la dictadura y la proscripción de los partidos de izquierda se había terminado hacía poco), sólo las elecciones de 1993 y 2005 constituyen ocasiones propicias para estudiar la magnitud del voto cruzado. Como las presidenciales de 1993 fueron especialmente poco competidas (Godoy, 1994; Navia, 2005a), la magnitud del voto cruzado quizás aumentó precisamente porque había poca incertidumbre sobre quién resultaría ganador; por eso, la reñida contienda de 2005 representa un inmejorable caso para evaluar la magnitud del voto cruzado en Chile. En esa ocasión, la votación que obtuvieron los candidatos presidenciales se distanció significativamente de la lograda por las listas de aspirantes al Parlamento de sus respectivas coaliciones políticas.

Del cuadro 1 se desprende que existió votación cruzada en Chile en 2005. Mientras los aspirantes presidenciales de la Concertación y del pacto izquierdista Juntos Podemos Más tuvieron un apoyo inferior al de los candidatos al Parlamento de esas coaliciones, los abanderados presidenciales de derecha sumaron más votos que los candidatos al Parlamento de la derechista Alianza. Como la Concertación obtuvo una mayoría absoluta de votos en la contienda parlamentaria, la incapacidad de su candidata para captar la misma adhesión que la Concertación —que la obligó a competir en una segunda vuelta— resulta ser el fenómeno que más resalta de toda la evidencia de voto cruzado que se observó en 2005. Después de analizar el sistema político chileno y el contexto de la última elección presidencial, se explican cuáles son los motivos del voto cruzado que impidió que Bachelet, emulando lo que hizo la Concertación en diputados, pudiera obtener una mayoría absoluta de votos.

 

El sistema político chileno

El sistema político chileno ha demostrado niveles de estabilidad y continuidad en sus preferencias electorales que llevarían a suponer una débil presencia de voto cruzado. El electorado se ha caracterizado como marcadamente ideológico y constante en sus preferencias, por eso la existencia de voto cruzado cuestionaría esa estabilidad y coherencia ideológica, pero, como se discute a continuación, la presencia de voto cruzado también es consistente con la clásica explicación sobre los sistemas de fuerza que determinan las preferencias electorales de los chilenos.

El sistema político chileno se ha organizado en torno a partidos fuertes que han representado a la derecha, el centro y la izquierda (Gil, 1966; Gil, 1969; Loveman, 1976; Sartori, 1976; Drake, 1978). Antes del quiebre de la democracia en 1973, los partidos políticos tenían profundas raíces sociales producto de legados históricos y económicos claros (Valenzuela y Valenzuela, 1976; Valenzuela, 1977; Drake, 1978; Scully, 1992). Una vez que se recuperó la democracia en 1990, se inició un debate sobre la prevalencia del antiguo sistema de partidos (los tres tercios) contra la aparición de un nuevo sistema alineado en torno al eje autoritarismodemocracia que caracterizó la transición de finales de la década de los ochenta. Así, mientras algunos sugerían que la división entre una coalición centroizquierdista (Concertación) y una coalición derechista (Alianza) había reemplazado a los viejos tercios (izquierda, centro y derecha) (Agüero et al., 1998; Tironi et al., 2001; Navia, 2006), otros argumentaban que la vieja división de tres grandes sectores prevalecía (Valenzuela, 1995; Valenzuela y Scully, 1997; Montes et al., 2000; Torcal y Mainwaring, 2003).

Es necesario abordar ese debate para aproximarse adecuadamente a las razones que explicarían por qué en 2005 Bachelet, militante del Partido Socialista (PS), uno de los cuatro partidos que conforman la Concertación, obtuvo una votación inferior a la lograda por su conglomerado, pero ¿hasta qué grado la evidencia existente apoya la tesis de los tercios? ¿Se puede concluir que los tercios prevalecen en las preferencias del electorado? ¿Existe una mayor afinidad de la población con el supuesto nuevo alineamiento respecto al eje autoritarismodemocracia representado por la Alianza y la Concertación?

Como muestra la figura 1, elaborada con datos de las encuestas semestrales del Centro de Estudios Públicos (CEP), la identificación con los tres bloques tradicionales ha variado desde el retorno de la democracia en 1990. La identificación con el centro, fuerte en los primeros años, ha declinado. Aquellos que se adscriben a este sector fluctúan entre 10 y 15 por ciento del electorado. La identificación con la izquierda aumentó significativamente al comienzo, probablemente producto de la novedad que representó el fin de la proscripción de los partidos de izquierda, pero durante los últimos 10 años, se ha mantenido en torno a 23 por ciento. Aquellos que se identifican como de derecha han fluctuado entre un mínimo de 15 por ciento en 1990 a un máximo de más de 25 por ciento en 2005.

En general, el porcentaje de aquellos que se identifican con uno de los tres sectores aumenta cuando se acercan las elecciones presidenciales. Tanto en 1990 como en 2005 alcanzó 70 por ciento. Este indicador obtuvo su máximo en 1993 (80 por ciento), mientras que el mínimo se observó en 1997 (45 por ciento), durante la presidencia del concertacionista PDC Frei RuizTagle. Luego, durante el sexenio de Lagos (militante del concertacionista PPD) volvió a los niveles de 1990. Así, es posible concluir que los chilenos continúan identificándose mayoritariamente con los tres sectores. Más o menos dos de cada tres personas se identifican voluntariamente con la derecha, el centro o la izquierda.

De hecho, como es evidente al contrastar las figuras 1 y 2, la identificación con los sectores políticos parece ser más fuerte que con las dos grandes coaliciones (Concertación y Alianza). El porcentaje de aquellos que se identifican con una de ellas ha fluctuado entre 60 y 65 por ciento. Después de mantenerse por debajo de 20 por ciento durante la década de los noventa, la identificación con la Alianza aumentó durante la primera parte del sexenio de Lagos hasta alcanzar casi 30 por ciento. Esa cifra disminuyó después de 2001 hasta niveles similares a los de los noventa. Por su parte, la identificación con la Concertación ha caído sistemáticamente, desde 45 por ciento en 1994 a menos de 30 por ciento en 2002. Hacia fines de 2005, el porcentaje de personas que se identificaba con la coalición de gobierno volvió a subir a 40 por ciento. En general, la identificación con las coaliciones políticas (figura 2) se asemeja al patrón observado en la identificación con los tercios. No obstante, el porcentaje de aquellos que se identifican con la derecha es levemente superior al de quienes se identifican con la Alianza. A su vez, el porcentaje de los que se identifican con el centro y la izquierda es superior al de quienes se identifican con la Concertación.

La figura 2 revela que los chilenos también se sienten relativamente cómodos identificándose con las dos coaliciones políticas más importantes. De hecho, con base en estos datos no podemos concluir que el alineamiento Concertación/Alianza haya reemplazado al alineamiento histórico de los tercios.

La figura 3 muestra la identificación con los partidos políticos entre 1990 y 2005. Como muestra la parte inferior de la gráfica, la identificación con todos los partidos se ha mantenido estable desde 1990. Sólo el PDC ha experimentado una caída significativa. A su vez, han aumentado aquellos que no se identifican con ningún partido político. El porcentaje de los que se identifican con alguno de los partidos bajó de 80 por ciento en 1990 a 50 por ciento en 2005. Dicho aumento puede atribuirse parcialmente a los niveles más bajos de polarización política asociados con la consolidación de la democracia. Después de alcanzar puntos de intensa polarización durante la dictadura, Chile experimentó años de bonanza y reconciliación que disminuyeron sustancialmente el interés por las cuestiones políticas. De hecho, a partir de 1990, la identificación con los partidos políticos ha fluctuado junto al ciclo electoral. En años electorales aumentan aquellos que se identifican con alguno de los partidos políticos, coaliciones o sectores.

La identificación con coaliciones (figura 2) y partidos políticos (figura 3) parece menos pronunciada que la identificación con los tercios (figura 1), pero si excluimos al PDC, la identificación con los partidos políticos ha permanecido muy estable, a pesar de que el apoyo a los partidos de derecha (UDI y RN) ha aumentado marginalmente desde 1990 a la par que el respaldo a la Alianza (figura 2). Con todo, no hay suficiente evidencia para sugerir que los chilenos tienen hoy más probabilidad que en 1990 de identificarse con los partidos políticos, coaliciones o tercios. Así, con base exclusivamente en encuestas de opinión pública, no es posible concluir que la identificación con la Concertación —o con la Alianza— haya reemplazado a la identificación con partidos políticos o con los tradicionales tercios. Pareciera que el electorado ha logrado combinar en forma exitosa tres niveles diferentes de identificación: partidos, coaliciones y sectores (tercios.)

Naturalmente, un análisis más detallado de las encuestas permitiría saber si hay similitudes o diferencias en la identificación de las personas en estas tres categorías (partidos, coaliciones o tercios), pero la evidencia acumulada apunta a que se mantiene la relevancia de los sectores políticos, coaliciones e incluso partidos; por lo tanto, no es válido aseverar que la división tradicional de tercios haya sido reemplazada por un nuevo sistema de fuerzas producido por un realineamiento de las fuerzas políticas ocurrido en la transición a la democracia iniciado a finales de la década de los ochenta. El terreno es fértil para la presencia del voto estratégico en elecciones presidenciales en las cuales uno de los tres sectores no está representado.

 

El sistema binominal y los tercios del sistema político

La identificación con los tercios electorales se ha mantenido a pesar de los incentivos del sistema electoral. La norma favorece la formación de dos grandes coaliciones de partidos (Siavelis, 1997; Magar, Rosemblum y Samuels, 1998); hay, sin embargo, una dualidad entre los incentivos impuestos a los partidos a través del sistema electoral y la porfiada continuidad de los tercios.

La ley electoral que rige para las elecciones parlamentarias se denomina sistema binominal. Fue adoptado por la dictadura militar tanto para facilitar la formación de grandes partidos políticos como para prevenir una avasalladora mayoría parlamentaria de la centroizquierdista a partir de 1990 (Siavelis, 1997; Valenzuela y Scully, 1999; Navia, 2005b). El sistema binominal establece un alto umbral para conseguir representación parlamentaria: como se distribuyen dos escaños por distrito, sólo las coaliciones que alcancen por lo menos un tercio de la votación pueden aspirar a tener un escaño, pero debido a que se distribuyen dos escaños por distrito, este sistema —que asigna los escaños de la misma forma que un sistema proporcional usando la fórmula d’Hondt— tiende a favorecer al segundo partido/coalición que haya obtenido el mayor número de votos. Para obtener ambos escaños, una coalición debe recibir más del doble de la votación que la segunda coalición más votada, de lo contrario, los escaños se reparten entre las dos coaliciones más votadas.

El sistema binominal ha facilitado la consolidación de las dos grandes coaliciones formadas en 1988 en torno al plebiscito que decidió la continuidad de Pinochet en el poder. Mientras la izquierda y el centro se unieron para formar la Concertación que se opuso a la dictadura, la derecha apoyó el frustrado intento de Pinochet. A partir de entonces, estas dos grandes coaliciones se han mantenido unidas al menos en parte debido a los incentivos del sistema electoral.

La Concertación ha logrado tener mayor amplitud ideológica que la derechista Alianza porque reúne a buena parte de la izquierda y del centro; de hecho, en una reciente encuesta de la Universidad Diego Portales,1 los partidos que forman la Concertación se perciben como poseedores de una mayor amplitud ideológica que los partidos de la Alianza. Mientra el PS recibió un promedio de 3.35 puntos en una escala de uno (izquierda) a 10 (derecha), el PPD recibió 4.21 y el PDC 5.23. A su vez, los dos partidos de derecha, RN y UDI, recibieron 8.04 y 8.66 respectivamente. Al incluir el centro y la izquierda, la Concertación adquiere mayor dimensión de amplitud ideológica.

El sistema binominal, sin embargo, plantea incentivos para buscar la votación de los extremos (con un tercio de los votos un partido o coalición asegura uno de los dos escaños), por eso la Alianza siempre ha logrado tener una representación sustancialmente superior en escaños a su porcentaje de votos en las elecciones. No obstante, la elección presidencial introduce incentivos para buscar el apoyo de votantes moderados. Así, en elecciones concurrentes como las celebradas en 1993 y 2005, la Alianza se ha visto enfrentada a una tensión en torno a la definición de sus posiciones programáticas. Mientras sus candidatos al Parlamento buscan votos identificados con un extremo del espectro, el presidenciable busca posiciones moderadas. Esa contradicción no existe en la Concertación debido a la amplitud de sus referentes. Así como la Concertación puede agrupar a electores de centro e izquierda en las contiendas parlamentarias, la necesidad de escoger un candidato presidencial único bien podría ahuyentar a votantes de centro o izquierda que no se sientan representados por el candidato de la Concertación. Debido a su propia amplitud ideológica —que congrega a partidos de izquierda y de centro— la Concertación es más proclive a sufrir la pérdida de votos hacia el sector que no se siente más directamente representado por el candidato presidencial de la coalición.

 

Voto cruzado en el voto por la Concertación, 1989–2005

¿Existe entonces el voto cruzado en las elecciones presidenciales/parlamentarias en Chile? ¿Hay evidencia de que la Concertación, si bien agrupa la votación de izquierda y centro, pierde votos del sector menos representado por el candidato presidencial?

Es factible responder tentativamente si se analizan los resultados agregados en el ámbito distrital de elecciones ocurridas en forma simultánea. Si los electores se alinean respecto al eje Concertación/Alianza, se tiene poco voto cruzado intercoalición, pero si los electores privilegian la división de tercios, entonces se debe ver cruce de votos del tercio de centro que opta por candidatos moderados de la Concertación o de la Alianza en elecciones presidenciales y parlamentarias. A su vez, si la identificación primaria es con los partidos políticos, entonces se podría esperar que, en elecciones concurrentes, los electores votaran por candidatos del mismo partido, pero si los electores consideran las coaliciones como la base de su identificación política, entonces los votantes de la Concertación deberían tener más tendencia a cruzar su voto entre candidatos de los partidos que componen la coalición de gobierno; esto se debe a que las posibilidades ideológicas de este pacto electoral atraviesan el espectro.

La figura 4 muestra la votación por la Concertación en las 10 circunscripciones electorales que renovaron senadores en 1997 y la votación obtenida por sus candidatos a la Cámara de Diputados en los distritos correspondientes. La Concertación obtuvo una votación similar para ambos tipos de candidatos. Esto indicaría que, en general, los electores de la Concertación no emitieron un voto cruzado intercoalición. Por cierto, aquí se enfrenta el problema de falacia ecológica. A partir de resultados agregados por circunscripción senatorial se derivan comportamientos individuales de votantes. Podría haber ocurrido que un porcentaje de electores haya votado por candidatos al Senado de la Concertación y por candidatos de otras coaliciones en la contienda por la Cámara de Diputados y que igual número de personas haya votado por candidatos de la Concertación para la Cámara pero no para el Senado. Si eso hubiera ocurrido, los resultados agregados darían un número similar de votos para la Concertación en la Cámara así como en el Senado. Ahora bien, aquí se utilizan datos agregados bajo el supuesto de que la mayoría de las personas tiende a no cruzar su voto; esto es, que la mayoría vota en elecciones concurrentes por candidatos de la misma coalición. En adelante se emplean datos individuales sobre preferencias electorales para reducir el riesgo de falacia ecológica.

La Concertación está compuesta de partidos de centro (PDC) y de izquierda (PS, PPD y PRSD); si a los votantes les importa la identificación partidista, debería haber poco cruce de votos en el interior de la Concertación. Los votantes que apoyan a un candidato del PDC al Senado deberían también apoyar a candidatos del PDC para diputados. La figura 4 muestra el grado de penetración del voto cruzado en todos los distritos que escogieron senadores y diputados en 1997. Las columnas de la figura 4 muestran el porcentaje de votos que recibieron los candidatos PDC en la Cámara y en el Senado. A su vez, las líneas muestran el porcentaje de votos recibido por los candidatos PS, PPD y PRSD en ambas elecciones. Claramente hay menos hegemonía partidista en la votación para parlamentarios dentro de la Concertación. En todos los distritos el PDC obtuvo un porcentaje superior de votos en las elecciones para senadores que en las contiendas para diputados; a su vez, el PS/PPD/PRSD obtuvo mayor votación en las contiendas para diputados que en la elección para senadores.

La figura 4 muestra que en 1997 hubo más voto cruzado en el interior de la Concertación que entre las coaliciones. El porcentaje de votos por la Concertación no varió sustancialmente entre elecciones a diputados y senadores, pero el voto partidista en el interior de la Concertación fue menos homogéneo. El PDC obtuvo consistentemente más votos para senadores que para diputados, mientras que los partidos de la izquierda concertacionista se desempeñaron mejor en elecciones para la Cámara que en las contiendas senatoriales.

En 2001 se celebraron nuevamente elecciones parlamentarias, pero en regiones diferentes a las que en 1997 escogieron senadores y diputados en forma concurrente, por eso los datos sobre voto cruzado no son comparables con 1997. En 2005, el voto cruzado en la contienda parlamentaria se produjo en los mismos distritos que en 1997. La figura 5 muestra los resultados electorales por circunscripción senatorial para 2005. El apoyo a la Concertación se mantuvo estable, pues aparentemente hubo poco voto cruzado intercoaliciones.

No obstante, sí hubo más voto cruzado en el interior de la Concertación que en 1997. En sólo tres de las nueve circunscripciones, el PDC obtuvo más votos para el Senado que para la Cámara. De la misma forma, la votación por los partidos de izquierda (PS, PPD y PRSD) varió considerablemente. En la circunscripción senatorial número nueve ambos candidatos al Senado eran militantes del PS y del PPD, por eso la votación para ese sector fue igual al total que obtuvo la Concertación. Al igual que en 1997, la votación en el interior de la Concertación en 2005 demostró ser más proclive al cruce de votos que la votación nacional. Los electores parecían más dispuestos a cruzar sus votos en la coalición que entre las diferentes coaliciones. Aunque no se muestra aquí, un fenómeno similar ocurrió con la votación de la Alianza.

Como en 2005 se celebraron elecciones presidenciales y parlamentarias concurrentes por primera vez desde 1993, hubo distritos que tuvieron tres elecciones diferentes: presidenciales, senatoriales y de diputados. Como ya hemos subrayado, la concertacionista Michelle Bachelet obtuvo una votación menor (45.9 por ciento) que la lograda por los candidatos de su coalición para diputados (51.2 por ciento). Más aún, los candidatos al Senado de la Concertación alcanzaron una votación de 53.8 por ciento. En las diez circunscripciones donde se eligieron senadores, la votación de Bachelet fue de 46.7 por ciento, mientras que en diputados la coalición obtuvo 52.3 por ciento. Este hecho ha alimentado la especulación sobre el voto cruzado en la Concertación. Presumiblemente, algunos votantes que apoyaron a sus candidatos al Parlamento optaron por candidatos presidenciales alternativos.

Como hay suficiente evidencia para sugerir que los chilenos mantienen una predisposición a identificarse en torno a los tradicionales tercios, la campaña presidencial de Piñera bien pudo haber erosionado el apoyo a la Concertación entre los votantes de centro que no se sentían bien representados por Bachelet. Además, hay evidencia de que la identificación con partidos específicos no es barrera para que se produzca cruce de votos en el interior de los pactos electorales, pues bien podría haber ocurrido que en 2005 el cruce de votos se hubiera extendido también a una lógica intercoalición. Así, votantes que optaron por candidatos de la Concertación para el Congreso pudieron haber apoyado a alguno de los candidatos presidenciales de la Alianza. Después de abordar el contexto en el que se produjo la contienda presidencial de 2005, se analizan datos estadísticos que permiten despejar esta incógnita.

 

El contexto electoral de 2005 y la presencia femenina

La elección presidencial de 2005 constituyó una ocasión inmejorable para medir la existencia del voto cruzado, ya que uno de los candidatos presidenciales de la Alianza, Sebastián Piñera, buscó convertirse en una opción para electores moderados y de centro, y se presentó la posibilidad de que dichos segmentos optaran por candidatos al Parlamento de la Concertación y por el presidenciable de centroderecha.

Otro factor relevante fue la presencia de una mujer como candidata, toda vez que recibió mayor apoyo de sus congéneres, cuestión inédita considerando las bases electorales de la Concertación en las presidenciales de 1989 y 1999. Por lo tanto, corresponde explorar la relación entre el voto cruzado y los factores de género. Luego de dar cuenta del contexto electoral, se analiza si el cruce del voto fue más frecuente entre hombres o entre mujeres que, al apoyar a candidatos para diputados de la Concertación, se inclinaron por un representante de la Alianza en la presidencial. Del mismo modo, es posible analizar una eventual fuga de mujeres de la Alianza que votaron por Bachelet, sobre todo si se atiende a la solidaridad de género.

La última vez que se celebraron elecciones presidenciales concurrentes fue en 1993. Ese año, el candidato de la Concertación, Eduardo Frei, del PDC, obtuvo una votación tres puntos porcentuales superior a la alcanzada por la Concertación en diputados. Además, al triunfar con 58 por ciento en primera vuelta, frente a un candidato de derecha débil y una dispersión de candidatos fuera de la coalición que sumaron 11 por ciento, Frei se convirtió en el presidente más votado en la democracia posdictadura. El dominio electoral absoluto de la Concertación no se repitió en las presidenciales de 1999. Después de un virtual empate en la primera vuelta, el candidato de la Concertación Ricardo Lagos se impuso (51 por ciento) al aspirante de la Alianza, el militante de la UDI Joaquín Lavín (49 por ciento). Si bien para esta elección no es posible calcular el voto cruzado debido a su carácter de no concurrente, se puede comparar con la elección de diputados de 1997. En esa contienda, la Concertación obtuvo la mayoría absoluta (50.5 por ciento). Dos años después, bajo los efectos de una crisis económica y con una escasa aprobación presidencial hacia Frei, Lagos sólo obtuvo 47.7 por ciento. Es decir, 2.8 puntos menos que su coalición dos años antes. Esto indicaría cierta migración de votantes concertacionistas presumiblemente hacia Lavín; sin embargo, para la segunda vuelta, Lagos superó el porcentaje de la Concertación en 1997. Esto muy probablemente dé cuenta del apoyo de los votantes de partidos de izquierda ajenos a la Concertación, pero también del voto de castigo de los electores concertacionistas en la primera vuelta. Ante la expectativa de que ninguno de los candidatos superaría 50 por ciento, decidieron hacer un voto expresivo. En cambio, en el segundo turno, los electores votaron más sinceramente con la intención de afectar el resultado.

Para 2005 la Concertación volvió a ser incapaz de obtener la mayoría absoluta en la primera vuelta, a pesar de enfrentar un escenario político y económico mucho más favorable que en 1999. La alta aprobación de Lagos y la correcta gestión económica de su gobierno le dieron a Bachelet el sustento suficiente como para avanzar a la segunda ronda. Habiendo enfrentado a dos candidatos de derecha, Joaquín Lavín y Sebastián Piñera, y uno de extrema izquierda, Tomás Hirsch, Bachelet (44.6 por ciento) no logró alcanzar la votación (51.7 por ciento) que obtuvo la lista de diputados oficialistas. La explicación más ampliamente compartida para dar cuenta de este diferencial de 6 por ciento estuvo en el éxito de la candidatura del derechista moderado, el empresario y militante de RN Sebastián Piñera, quien logró obtener el segundo lugar con 25.4 por ciento, pero la suma de la votación de Piñera y Lavín alcanzó 48.6 por ciento, dos puntos porcentuales más de lo alcanzado por Bachelet. Por primera vez desde el retorno de la democracia, la derecha (dividida en dos candidaturas presidenciales) superaba la votación de la Concertación.

El tímido triunfo de Bachelet en la primera vuelta y los incentivos para la entrada de Piñera a la carrera presidencial estuvieron relacionados con tres variables. En primer lugar, la ausencia de un candidato del PDC permitió a Piñera representar al segmento presumiblemente de centro o moderado; dicho electorado habría quedado huérfano cuando la ex canciller Soledad Alvear, miembro del PDC, renunció a su precandidatura y permitió que Bachelet se convirtiera en la primera candidata presidencial mujer de la Concertación.

Segundo, a diferencia de 1999, la elección de 2005 era concurrente con elecciones parlamentarias. Así, los votantes que tradicionalmente se identificaban con el PDC y que planeaban votar por un candidato de ese partido en la contienda parlamentaria, no podían hacerlo en la presidencial. Por eso, la ausencia de una candidata de este partido pudo haber tenido costos superiores para la disciplina de los simpatizantes de la Concertación en 2005 respecto a 1999. Para mantener unida a la coalición de gobierno, Bachelet tuvo que asegurarse de que el PDC no se sintiera marginado de los beneficios que implicaba ser parte de la coalición de gobierno. No obstante, producto tanto de las negociaciones para llenar la lista de candidatos parlamentarios de la Concertación como de las propias preferencias de los electores, el resultado final en 2005 mostró una importante merma en la representación parlamentaria de la DC. Las distorsiones que produce el sistema binominal le provocaron más perjuicios que a los partidos de izquierda de la Concertación. Mientras en 1993 la DC eligió 37 diputados con 27 por ciento de la votación (porcentaje de escaños menos porcentaje de votos de 3.68), en 2005 se adjudicó 21 escaños con 20 por ciento. La diferencia entre votos y escaños fue de –2.5 para la DC, mientras que para los partidos de izquierda de la Concertación alcanzó una diferencia de 6.83. En un contexto donde el PDC seguía perdiendo fuerza e influencia en el interior de la Concertación, la aparición de un candidato presidencial de centroderecha moderada constituyó una amenaza real para el predominio electoral que había gozado la Concertación entre los votantes que se identificaban con el tercio de centro.

Adicionalmente, la candidatura de Piñera se oficializó en mayo de 2005, después de seis años en que el UDI Joaquín Lavín ejerció un papel primordial en la agenda pública. La sobreexposición de Lavín (que había estado muy cerca de ganar en 1999) produjo un desgaste en su imagen pública. Como muestra la figura 6, la intención de voto por Lavín venía con una tendencia a la baja desde 2004. La debilidad de Lavín facilitó la decisión de Piñera de postularse como candidato presidencial. La creciente popularidad de Bachelet también contribuyó a la percepción de debilidad de Lavín y de Alvear y alimentó las especulaciones sobre la posibilidad de que emergiera un candidato presidencial alternativo de centroderecha en la Alianza.

Tercero, la irrupción de Piñera estuvo también influida por la concurrencia de elecciones parlamentarias y presidenciales. Considerando los incentivos del sistema binominal, la presencia de un candidato presidencial se hacía más atractiva, e incluso necesaria, para RN. El comportamiento político que Lavín, hasta entonces candidato único de la Alianza, pedía a los partidos de derecha, hizo más fácil a RN optar por un candidato propio. Lavín solicitaba a RN fidelidad a su candidatura presidencial y competencia entre candidatos RN y UDI en todos los distritos del país. En ese escenario, la Alianza llegaría a la contienda presidencial con un candidato que posiblemente tendería a apoyar más a los representantes al Congreso de la UDI, lo que derivaría en una pérdida de escaños para RN.

Por estas tres razones, la Alianza presentó dos candidatos presidenciales en 2005, rompiendo así una de las principales tradiciones del Chile posdictadura, la presencia de dos grandes coaliciones que presentaban candidatos únicos en las contiendas presidenciales.

Después de su proclamación como candidato de RN, Piñera comenzó a desplazar a Lavín en las encuestas. Durante los gobiernos concertacionistas, Piñera se había mantenido entre los personajes políticos mejor evaluados. Sus apariciones en 1988 en actos públicos de oposición a Pinochet en el plebiscito, su posterior triunfo senatorial en 1989 y su distancia siempre conflictiva con los resabios nacionalpinochetistas de RN, lo presentaron como un candidato atractivo para sectores moderados. Así pudo consolidarse como un candidato con mayor potencial que Lavín y generó expectativas en el electorado de derecha de tener una mejor posición para enfrentar a Bachelet.

Adicionalmente, como muestra el cuadro 2, entre aquellos electores que se identificaban como de derecha, Piñera obtenía 35.4 por ciento de las preferencias (segundo lugar) en la encuesta CEP de finales de 2005. Entre los electores de centroderecha, Piñera lograba el primer lugar (47.3 por ciento de la intención de voto) y entre los electores de centro, Piñera también obtenía el segundo lugar (25.2 por ciento). Finalmente, entre los electores independientes, Piñera conseguía el segundo lugar, con 26.7 por ciento de la intención de voto. Las encuestas mostraban que Piñera había sido capaz de posicionarse como un candidato de centro, moderado, que podía aspirar a restarle votos en ese sector a la Concertación, coalición que había dominado entre los votantes moderados.

Una variable relevante al analizar el voto cruzado en 2005 corresponde al género del elector, más aún si por primera vez en la historia de Chile una mujer se presentaba como candidata a la presidencia con claras opciones de triunfo. Si bien las mujeres apoyaron a candidatos más conservadores en las últimas elecciones previas al golpe militar de 1973,2 para los comicios de 2005 se presentó la situación inversa. Las mujeres votaron en mayor medida por Bachelet, candidata agnóstica, separada y militante del PS. Es decir, con un perfil que se alejó claramente de los cánones conservadores. En la elección misma, Bachelet obtuvo 47 por ciento en mujeres y 44.7 por ciento en hombres. En la elección misma, Bachelet obtuvo 47 por ciento en mujeres y 44.7 por ciento en hombres. Tal tendencia se reflejó desde un comienzo en las encuestas y fue evidente en la última medición preelectoral del CEP (véase el cuadro 3). La pregunta que surge en esta etapa es qué tan relevante pudo ser el género en el cruce del voto, es decir, ¿fueron hombres o mujeres de la Concertación quienes más cruzaron su voto?, o ¿hubo también influencia de mujeres de la Alianza que, tras apoyar a candidatos a diputados de RN o la UDI, votaron por Bachelet en atención a la solidaridad de género?

Mientras las mujeres apoyaron en mayor medida que los hombres a Bachelet, los hombres mostraron mayor intención de voto hacia los candidatos a diputados de la Concertación, aunque la diferencia con las mujeres bordea el error muestral de la encuesta (+/2.7 puntos). Estos resultados evidencian, en parte, la solidaridad de género en el voto por Bachelet. En un modelo de regresión logística que no se incluye aquí, en conjunto con otras variables sociodemográficas (edad, educación, religión), el género se transforma en un claro determinante de votación por Bachelet, particularmente cuando se contrasta con Piñera y con el resto de los candidatos como un todo.

Pero, ¿quiénes, presumiblemente, fueron los que cruzaron su voto? Los datos tienden a respaldar la hipótesis de que fueron hombres con certacionistas quienes apoyaron a candidatos a diputado del pacto y prefirieron a Piñera sobre Bachelet. Para verificar tal apreciación, se han filtrado los datos considerando a hombres y mujeres que supuestamente votaron por partidos de la Concertación y, luego, hombres y mujeres que también supuestamente votaron por partidos de la Alianza (véase cuadro 4). Se añaden a los encuestados aquellos que no estuvieron dispuestos a votar por ninguno de los partidos políticos a fin de contar con una visión de conjunto.

Como se advierte, en comparación con las mujeres, los hombres de la Concertación apoyaron menos a Bachelet. De hecho, 17.3 por ciento de ellos presumiblemente votó por alguno de los candidatos de la Alianza, sobre todo por Piñera. Esto explicaría el alto apoyo que éste logró entre los hombres si se considera la votación nacional. Luego, al analizar a hombres y mujeres de la Alianza, se advierte una mayor consistencia en sus intenciones de voto, pues los porcentajes de apoyo a Bachelet no sobrepasaron 5 por ciento. Esto se pudo deber a la existencia de una mayor oferta de candidatos y a la realización de campañas totalmente diferenciadas entre Piñera y Lavín. Estos datos indican que el voto cruzado se presentó en mayor medida en hombres de la Concertación.

Ahora bien, una cuestión que nunca se podrá conocer, pero sobre la que sí es posible especular, consiste en la eventual conducta electoral de los votantes concertacionistas si su coalición hubiese competido con Bachelet y Alvear. Como supuestamente el votante de centro migró hacia los candidatos de la Alianza, la presencia de una candidata del PDC podría haber evitado esa fuga de votos. Por ende, si bien las coaliciones parecen más unidas al presentar una candidatura única, la decisión de hacerlo implica costos electorales. De haber sido candidata, Alvear habría evitado que la suma de Piñera y Lavín superara la votación presidencial por la Concertación.

Adicionalmente, si las mujeres de la Alianza no cruzaron su voto, ¿por qué Bachelet obtuvo mayor votación en las mesas de mujeres? Si bien esta cuestión no forma parte de este artículo, se puede mencionar la hipótesis de que parte del voto por Bachelet provino de mujeres que, de acuerdo con esta encuesta, no votaría por ninguno de los partidos. De hecho, al restringir las opciones a los candidatos de la Alianza y la Concertación, 48 por ciento se adhirió a Bachelet, cifra considerablemente mayor a la de los hombres; por lo tanto, la solidaridad de género en la votación por Bachelet no sólo se explica por el mayor apoyo de las mujeres concertacionistas, sino también de electoras apartidistas que la prefirieron sobre los candidatos de la Alianza.

 

Los factores que explican la caída de Bachelet con respecto a la Concertación

La caída de Bachelet con respecto a la Concertación encuentra factores explicativos asociados con dos variables centrales: el porcentaje obtenido por los candidatos de derecha y el alcanzado por los partidos de la Concertación. Para verificar esta hipótesis se han construido dos modelos lineales múltiples destinados a medir la influencia de las variables independientes ya mencionadas sobre la variable dependiente denominada diferencial de votos BacheletConcertación (diferencial); es decir, la resta del porcentaje de votos de la abanderada oficialista con el porcentaje alcanzado por su coalición. De esta forma se explica la fuga de votos desde la Concertación a los candidatos presidenciales de la Alianza. El modelo 1 considera la variable dependiente diferencial y como independientes las votaciones del resto de los candidatos presidenciales. El modelo 2, en cambio, mantiene la variable dependiente diferencial, pero con el porcentaje de votos de los cuatro partidos de la Concertación como variables independientes. Como complemento, se construyó un tercer modelo que compara las bases electorales de los candidatos de acuerdo con variables sociodemográficas y socioeconómicas. Si bien esto no forma parte central del artículo, es útil para conocer con mayor detalle el contexto de la elección y las bases electorales de los candidatos.

La unidad de análisis es la comuna: esto podría causar cierta confusión con los datos presentados hasta ahora, que pertenecen al ámbito individual y fueron recogidos a través de encuestas. Incluso se correría el riesgo de caer en la falacia ecológica al realizar inferencias sobre individuos a partir de datos agregados en el ámbito comunal. Por ende, se plantea un análisis en dos niveles. En la primera parte del artículo se presentan las opiniones de los chilenos respecto a la autoidentificación con partidos, coaliciones y el eje izquierdaderecha. Ahora se realiza el análisis electoral a partir de datos agregados por comuna. Esta unidad es la más pequeña en términos territoriales y, por lo tanto, la más eficiente para el análisis de datos (King, Keohane y Verba, 2000, p. 38). Así, las inferencias estadísticas para el caso de las comunas no podrán incorporar interpretaciones acerca del comportamiento electoral de los individuos.

Al respecto se debe hacer una segunda salvedad: la distribución territorial de Chile en sus 346 comunas presenta una alta disparidad en cuanto a su número de habitantes (Altman, 2004). Por ejemplo, Puente Alto tiene alrededor de 570 mil, mientras que General Lagos sólo cuenta con cerca de 900. Al ponderar la base por la población comunal, se calcula el peso relativo que corresponde a cada comuna; para precisar la exposición, se muestran los resultados con y sin ponderación.

Lo primero que se examina son las estadísticas descriptivas de la variable dependiente diferencial BacheletConcertación. Este valor es positivo cuando la candidata oficialista haya obtenido más votos que su lista parlamentaria. El cuadro 5 muestra los resultados para las 346 comunas del país con y sin ponderación.

Ambos datos son similares. En promedio la votación de la lista parlamentaria de la Concertación superó a Bachelet en alrededor de 7 (sin ponderación) y 6 puntos (con ponderación). La dispersión, medida en la desviación típica, indica un distanciamiento que, en promedio, bordea los 7 puntos porcentuales. En general, observamos una dispersión alta que se explica por el rango existente al restar el valor máximo y el mínimo. Entre ellos existen más de 51 puntos de diferencia. Hay comunas donde Bachelet supera ampliamente la votación de la Concertación y otras donde sucede lo contrario, que son las más numerosas.

Cuadro 6

Como se aprecia, la Concertación supera en porcentaje de votos a Bachelet en casi 85 por ciento de los casos. Esto, además, se ve reflejado en los datos ponderados por número de inscritos. De esta forma se tiene el sustento empírico inicial respecto al diferencial de votos: Bachelet obtuvo menor votación que la lista concertacionista. En lo que resta del artículo se buscan las variables explicativas de este diferencial.

 

Los modelos

El primer modelo que explica la caída de Bachelet respecto a la votación de la Concertación en diputados toma como variable dependiente el diferencial y como independiente la votación de los otros tres candidatos presidenciales. Los resultados son elocuentes y muestran el notorio impacto de la votación de Piñera, ceteris paribus, en el diferencial negativo de Bachelet. Cuando Piñera tendía a incrementar su porcentaje de votos, la candidata oficialista obtenía menor votación que el bloque concertacionista. Incluso en términos de magnitud y significado estadístico, la votación por Piñera es más relevante que la de Lavín para explicar el diferencial negativo BacheletConcertación. En el caso de Tomás Hirsch el coeficiente es positivo, es decir en las comunas donde Hirsch obtuvo más votación, el diferencial era favorable a Bachelet.3

Cuadro 7

De forma preliminar, con estos resultados es posible concluir dos cuestiones centrales: primero, la votación de Piñera explica de mejor manera el diferencial negativo para Bachelet que la votación de Lavín o de Hirsch. En las comunas donde Piñera obtuvo porcentajes más altos, la Concertación superó la votación de Bachelet, lo que respalda la hipótesis central respecto a la fuga de votos concertacionistas hacia el abanderado de RN. Con Lavín se produce una situación distinta: si bien el coeficiente acusa cierta influencia sobre el diferencial negativo de Bachelet, éste es menos significativo y de menor magnitud que el de Piñera. Con Hirsch los datos dan cuenta de la situación opuesta: el coeficiente de regresión parcial es positivo y altamente significativo, lo que implica, como se señaló, que mientras más alta era la votación para Hirsch, ceteris paribus, aumentaba el diferencial positivo para Bachelet. Esto quiere decir que probablemente Bachelet fue capaz de captar apoyo del Juntos Podemos Más. Para graficar estos resultados, se construyó un diagrama de dispersión que considera el diferencial y la votación obtenida por Piñera, que es la variable independiente que mejor explica el diferencial negativo BacheletConcertación. Como muestra la figura 7, a mayor votación por Piñera, mayor el diferencial entre la votación obtenida por Bachelet y la alcanzada por la Concertación. Los valores positivos en el eje vertical representan comunas donde Bachelet obtuvo más votos que la Concertación. Dichos valores tienden a congregarse sobre el extremo izquierdo del eje horizontal (comunas donde Piñera obtuvo menos votos). A su vez, los valores negativos en el eje vertical tienden a congregarse en el centro y el extremo derecho del eje horizontal (comunas donde Piñera obtuvo mejor votación).

Si bien parece evidente que la presencia de Piñera está relacionada positivamente con la debilidad de Bachelet respecto a la votación de la Concertación, ¿hasta qué grado se puede inferir que la mejor votación de la Concertación respecto a su candidata presidencial está asociada con el hecho de que Bachelet es de izquierda? El cuadro 8 muestra una regresión lineal que da cuenta del efecto de la votación parlamentaria de los partidos de la Concertación sobre el diferencial observado entre la votación de Bachelet y lo alcanzado por la Concertación en la elección para diputados. Los partidos de la Concertación se agrupan en sus dos subpactos, por un lado el PDC y, por el otro, el subpacto PSPPDPRSD, porque el sistema binominal restringe a dos los candidatos por pacto, cada subpacto presenta un candidato: uno por el PDC y el otro por el subbloque izquierdista PSPPDPRSD.

Los resultados indican coeficientes negativos para ambas variables independientes. En la medida en que se incrementaba el voto por el PDC y por el PSPPDPRSD, el diferencial BacheletConcertación caía. En otras palabras, cuantos más votos obtenía la lista parlamentaria de la Concertación, más incrementaba su diferencia con el porcentaje alcanzado por Bachelet. Esto es concordante con los datos descriptivos apuntados antes. Sin embargo, llama la atención que, para los datos no ponderados, el coeficiente sea mayor, paradójicamente, en el subbloque de izquierda. En segundo lugar, esta situación cambia cuando ponderamos los datos de acuerdo con el número de inscritos por comuna, pues el coeficiente del PDC es mayor que el del PSPPDPRSD. Esto se explica por el proceso mismo de ponderación. En las comunas más grandes donde compitió un candidato del PDC, Bachelet obtuvo menor votación que la lista parlamentaria concertacionista, lo que hace más negativo su diferencial. De hecho, esto es consistente con la votación del PDC según tamaños comunales si se considera el porcentaje de población rural y urbana. Es el único partido de la Concertación que tiene un coeficiente de correlación positivo con el porcentaje de población rural y, precisamente, las comunas más pequeñas son las que presentan mayor porcentaje de ruralidad.

El cuadro 9, mediante un análisis de correlaciones, muestra con mayor detalle la interacción entre el diferencial BacheletConcertación y el porcentaje que obtuvieron los distintos partidos del bloque de manera particular, desagregando el PS–PPD–PRSD en todos sus componentes.

El PRSD es el partido que presenta el coeficiente negativo más fuerte: en la medida en que se incrementaba su votación, el diferencial BacheletConcertación se hacía más negativo; es decir, Bachelet obtenía menor votación que el pacto. En el caso del PPD, el incremento de su votación estaba asociado con la caída del diferencial para Bachelet. Esto no implica necesariamente que la votación por este partido haya provocado una baja en el apoyo hacia la candidata, más bien se relaciona con la lógica del sistema binominal. Es probable que los candidatos del PPD estuvieran acompañados de candidatos débiles dentro de la lista, lo que no permitió empalmar la votación del bloque con la de la candidata. Como se apunta más adelante, esta hipótesis parece confirmarse mediante la correlación entre el porcentaje del PPD y la votación por Bachelet.

En el caso del PDC, su coeficiente es negativo y altamente significativo. Es decir, en la medida en que se incrementaba su votación, el diferencial para Bachelet era más negativo. En este caso la interpretación es distinta: no necesariamente, como ocurre con el PPD, la explicación pasa por un tema de composición de las listas distritales. Como se apunta más adelante, el coeficiente de correlación entre el porcentaje de votos del PDC y de Bachelet es el menos importante considerando los datos ponderados. Esta nueva evidencia refuerza el planteamiento de que el apoyo que recibieron los candidatos del PDC no se tradujo en una votación de la misma envergadura para la candidata presidencial.

Teniendo en mente lo anterior, se efectuó un análisis de correlación entre el porcentaje de cada partido y el de los distintos candidatos presidenciales. Esto permite complementar las afirmaciones que hasta ahora se han formulado.

Cuadro 10

Los datos muestran, en primer lugar, que el PDC presenta el coeficiente de correlación positivo más alto entre los partidos, considerando el porcentaje de votos alcanzado por Bachelet; es decir, en la medida en que se incrementaba la cantidad de votos para la lista parlamentaria del PDC, también lo hacía la cantidad de votos para la abanderada oficialista. Sólo el PPD tiene un coeficiente positivo y significativo estadísticamente que, incluso, es más alto que el del PDC cuando se pondera según el número de inscritos por comuna. Algo similar sucede con el PS, que pasa de un coeficiente de 0.141 a otro de 0.280. Estos cambios con los datos ponderados se deben al peso relativo que logran las comunas más grandes dentro del total nacional y permiten una aproximación más certera al caso en estudio.

Al considerar tanto datos ponderados como no ponderados, la evidencia respalda el planteamiento respecto a la fuga de votos desde el PDC hacia otras candidaturas presidenciales. Si bien el coeficiente de correlación no ponderado entre el PDC y Piñera es el más negativo e intenso, tal situación cambia cuando se ponderan los datos, que pasan a un coeficiente positivo. Esto, al igual que en el caso anterior, se explica por los diversos tamaños comunales. Algo similar sucede con la relación PDCLavín, en la que el coeficiente, en los datos no ponderados, es negativo pero de baja intensidad en comparación con el resto de los partidos; en cambio, cuando se ponderan los datos el coeficiente del PDC es cercano a cero, al igual que el del PRSD.

Lo anterior se complementa con los coeficientes alcanzados por el PPD. Donde compitieron sus candidatos, los coeficientes sobre la votación de Bachelet se incrementan notoriamente, en particular al observar los datos ponderados. Esto es consistente con el desempeño del PPD en las parlamentarias. De sus 27 candidatos en 27 distritos, eligió a 21 y parte importante de ellos compitió en distritos de tamaños poblacionales elevados. Luego, al analizar los coeficientes entre este partido y la votación de Piñera, no deja de sorprender, en los datos no ponderados, el bajo coeficiente, cuestión que se resuelve mediante la ponderación de casos. Así, el coeficiente del PPD es el más grande, lo que implica que en aquellas comunas donde este partido tuvo un alto rendimiento, Piñera obtuvo un bajo desempeño electoral.

Finalmente se presenta un tercer modelo que, si bien no busca encontrar explícitamente los factores de la caída de Bachelet respecto a la votación parlamentaria de la Concertación, expone las distintas bases electorales de los candidatos presidenciales. Se emplean variables sociodemográficas correspondientes a los datos proporcionados por la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen) y por el Sistema Nacional de Indicadores Municipal (Sinim) además de la variable porcentaje Concertación 2005, que suma la votación de todos los candidatos de esa coalición, incluidos los independientes.

Este modelo permite conocer en qué medida la votación de cada uno de los candidatos es explicada, en este caso, por el porcentaje de pobres y de desempleados, escolaridad promedio y porcentaje de población rural, además del porcentaje que alcanza la Concertación en 2005.4 Esto último se justifica por la línea metodológica y estadística de este artículo, que considera como una de las variables centrales el porcentaje de votos que obtienen los partidos de esta coalición.

En las condiciones que sugiere el modelo, se puede afirmar que las bases electorales de los tres candidatos son distintas. En primer lugar, ninguna de las variables socioeconómicas y sociodemográficas explican significativamente la votación por Piñera. En segundo lugar, las bases electorales de Bachelet y Lavín son opuestas. Mientras crece el porcentaje de pobreza, ceteris paribus, cae la votación por Bachelet y se incrementa la de Lavín. En el caso del desempleo, en la medida en que éste se incrementa también lo hace la votación por Bachelet (aunque en un bajo nivel de significación estadística), mientras que la votación por Lavín se reduce. Con escolaridad promedio existe evidencia de que su incremento provoca una caída en el porcentaje de votos por Bachelet, pero no es estadísticamente elocuente que un alza en la escolaridad promedio tenga una influencia positiva sobre la votación por Lavín. Con el porcentaje de población rural, al incrementarse incide negativamente sobre el porcentaje de votos de Bachelet y positivamente sobre el porcentaje de votos de Lavín. En tercer lugar, las bases electorales de Hirsch tienden a asimilarse más a la de Bachelet que al resto de los candidatos. Por ende, y acudiendo sólo a este modelo como parámetro, la votación de Hirsch es la más cercana a la de Bachelet, cuestión que sería determinante en una segunda vuelta presidencial.

Cuadro 11

Respecto a la variable electoral incluida, votación de la Concertación en la parlamentaria de 2005, se contrasta nuevamente la hipótesis relativa a la capacidad de Piñera para atraer el voto concertacionista. Si bien el coeficiente de este candidato en la variable porcentaje Concertación 2005, ceteris paribus, es negativo, su intensidad es notoriamente más baja que la de Lavín; es decir, en la medida en que se incrementaba la votación por la Concertación, disminuía levemente el porcentaje de votos por Piñera y considerablemente el porcentaje de votos por Lavín. Así, este último fue el candidato que de mejor forma representó un carácter estrictamente opositor, lo que se ve reforzado por los resultados en las variables socioeconómicas y sociodemográficas al compararlo con las bases electorales de Bachelet.

Los resultados de este análisis arrojan cinco conclusiones centrales: 1) Bachelet obtuvo menos votos que la Concertación debido a la capacidad de Piñera para atraer electorado del bloque oficialista. 2) La caída de Bachelet también se explica, aunque en menor medida, por la competencia que enfrenta con Lavín. Si bien los coeficientes que alcanza este candidato son menores en términos de intensidad al compararlos con los de Piñera, de todas formas explica la merma electoral de Bachelet en relación con la Concertación. 3) Debido a lo anterior, la competencia bilateral que enfrentó Bachelet frente a la Alianza permite explicar la fuga de votos desde la Concertación hacia uno de sus candidatos. 4) Los partidos de la Concertación no fueron capaces de atraer votantes hacia Bachelet; esto se confirma con el modelo por subpacto presentado, considerando como variable dependiente el diferencial. Cuando los partidos de la Concertación incrementaban su votación, Bachelet perdía votos. El bloque oficialista no fue capaz de retener la votación parlamentaria para su candidata presidencial, lo que generó un desborde hacia los candidatos de la Alianza, en particular Piñera. Este argumento es consistente con la discusión teórica respecto a los motivos que explican el voto cruzado; sin embargo, cuando consideramos el análisis de correlación, el único partido que mantiene un comportamiento errático respecto al apoyo a Bachelet es el PDC. 5) Las bases electorales de Hirsch y Bachelet son similares. Si bien el modelo no permite generar conclusiones definitivas debido a su baja capacidad de explicación en Hirsch, al menos los resultados disponibles señalan coincidencias al incluir las variables de pobreza, desempleo y porcentaje de población rural. Además, según estos mismos resultados, los perfiles de votación de Piñera y Lavín son distintos. Esto podría explicar el hecho de que en la segunda vuelta de enero de 2006 la votación por Piñera no haya coincidido con la sumatoria entre sus votos alcanzados en la primera vuelta más los obtenidos por Lavín.

 

Conclusión

En este artículo se explora la existencia de voto cruzado en las elecciones de 2005 en Chile. Después de mostrar que la identificación con los llamados tercios se mantiene fuerte, se analiza el contexto de esa reciente contienda presidencial. Se muestra que el candidato presidencial de RN, Sebastián Piñera, se posicionó exitosamente como un candidato moderado, de centro, que podía aspirar a restarle votos (presumiblemente al PDC) a la candidata de la coalición oficial. Finalmente, con datos estadísticos en el ámbito comunal, se explica que a mayor fortaleza electoral de Piñera mayor la diferencia entre la votación obtenida por la lista parlamentaria de la Concertación y la recibida por su candidata presidencial. Así, se obtiene suficiente evidencia para alegar que la magnitud de voto cruzado observada en 2005 está positivamente relacionada con el éxito de Piñera en captar apoyo de personas que votaron por candidatos parlamentarios de la Concertación.

A diferencia de lo que ocurrió en 1989 y 1993, cuando el candidato presidencial de la Concertación obtuvo más votos que los candidatos a la Cámara de Diputados de su coalición, en la elección presidencial de 2005 la candidata de la Concertación, Michelle Bachelet, obtuvo una votación inferior a la lograda por los aspirantes concertacionistas a la Cámara. La presencia de un candidato presidencial de derecha moderada en la contienda contribuyó a ese fenómeno. El voto cruzado en Chile en las presidenciales de 2005 se explica parcialmente por la presencia de un candidato de derecha moderado que logró romper la disciplina de votación por coalición que tradicionalmente se había observado en los simpatizantes de la Concertación. Bachelet obtuvo menos votos que la Concertación porque la presencia de Piñera llevó a un número significativo de personas que apoyaron a candidatos al Parlamento de la coalición oficial a cruzar su voto y respaldar al candidato presidencial de RN.

 

Agradecimientos

Este trabajo recibió financiamiento del Proyecto Fondecyt 1060479 (Evolución histórica y determinantes sociales, étnicos, culturales y coyunturales del comportamiento electoral de los chilenos, 19892005) y del Fondo Facultad de la Universidad Diego Portales núm. 16.03.25.009. Los autores agradecen los comentarios de los dictaminadores anónimos de Política y gobierno y la colaboración de los estudiantes investigadores del Observatorio Electoral de la UDP.

 

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Notas

1 Universidad Diego Portales, Estudio de Opinión Pública núm. 2 en http://www.icso.cl

2 Tanto Jorge Alessandri Rodríguez en 1958 como Eduardo Frei Montalva en 1964 recibieron mayor respaldo de las mujeres en sus respectivas contiendas frente al candidato de la izquierda, Salvador Allende.

3 El modelo no presenta problemas de multicolinealidad. La tolerancia para la categoría Piñera es de 0.947, para Lavín es de 0.862 y para Hirsch, de 0.830.

4 Los datos sociodemográficos disponibles corresponden al año 2004, con excepción del porcentaje de desempleados que sólo se encontró, por comuna, en 2003. Estos datos abarcan 301 de las 346 comunas, lo que representa más de 98 por ciento de la población.