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Signos filosóficos

versão impressa ISSN 1665-1324

Sig. Fil vol.13 no.25 México jan./jun. 2011

 

Reseñas

 

Gustavo Caponi (2010), Breve introducción al pensamiento de Buffon

 

Daniel Blanco

 

México, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 158 pp.

 

* Universidad Nacional del Litoral/CONICET, dblanco@unl.edu.ar

 

Al parecer, los escritos de Georges Buffon son los más citados a la hora de enumerar precedentes del sentir transformista de Charles Darwin, en un orden en el que probablemente sólo se encuentren listados por debajo de los de Jean-Baptiste Lamarck. Este lugar común tiene cierta justificación histórica: hacia 1861, Darwin mismo habla de las ideas de Buffon en su An Historical Sketch of the Recent Progress of Opinion on the Origin of Species (esto es, en el marco de los antecedentes de las propias), a la vez que confiesa su exiguo conocimiento de aquéllas para inmediatamente privilegiar a Philosophie Zoologique y a Hist. Nat. des Animaux sans Vertèbres, ambos de la pluma de Lamarck. De hecho, Darwin cita sólo en tres ocasiones a Buffon en su gran libro (ninguna en la edición original de On the Origin of Species), pero sin alusión al transformismo; y en sus cartas, que se cuentan por miles, también lo refiere escasamente. Pero hay más: apenas basta una indagación adicional para corroborar que su cercanía con Darwin es limitada y que las similitudes insinuadas en el caso, muchas veces, prueban ser engañosas.

Si de indagaciones adicionales hablamos, en los textos contemporáneos, salvo los que provienen de plumas especializadas, pocos son los que hacen mayores comentarios respecto de la obra de uno de los más importantes naturalistas del siglo XVIII (y de la historia), cuya influencia permea a autores tan dispares como el ya aludido Lamarck (en lo que al transformismo y la herencia de caracteres adquiridos refiere, aunque esta última noción es, por supuesto, más antigua), Geoffroy de Saint-Hilaire (en lo que a la unidad de tipo o a la aclimatación refiere, aunque Caponi se encarga de aclarar que esto último no fue más que una malinterpretación del sistema buffoniano por parte de Geoffroy) y el enorme rival de ambos, George Cuvier (en lo que a la variación por influencia ambiental refiere). En realidad, la obra de Buffon es francamente colosal (en sentido literal), enciclopédica, para la cual incluso la figura de "la punta del iceberg" para estas humildes referencias resulta una figura inadecuada e injusta por defecto. Tal es la vastedad de los escritos de Buffon y tal es la pobreza de su difusión en nuestros días. Si hemos de concentrarnos en los títulos en español, la situación empeora, pues el número de escritos es prácticamente insignificante al comparárselo con lo dilatado de la obra apuntada.

A mi juicio, con esto basta para celebrar la llegada de Breve introducción al pensamiento de Buffon, un sucinto, pero significativo (y también, por lo dicho, necesario) libro de Gustavo Caponi, dedicado a desempolvar algunas de las convicciones de Buffon, concebido mayormente en los pasillos de las instalaciones del (hoy denominado) Museo Nacional de Historia Natural, en París.

El lector descubrirá, desde las primeras páginas, la enorme riqueza del aporte de este prolífico literato: en una época donde las disciplinas científicas no contaban con la compartimentación de la que gozan (y padecen) hoy (tarea demarcatoria que se iniciara claramente recién en el siglo XIX, recuérdese el norte unificatorio de las ciencias que perseguía el distinguido grupo que lideraban Rudolf Carnap y Otto Neurath), las ciencias de la vida se aglomeraban en la así llamada Historia Natural, una conjunción de saberes heterogéneos de la cual Buffon fue un erudito exponente. Y el título de su colección es elocuente al respecto: Histoire naturelle, générale et particulière, obra que le llevó cuatro décadas, a la vez que quedó inconclusa por la más justificada de las razones: la muerte de su autor, en 1788.

Así, el interés del libro de Caponi forzosamente debió recortarse. El autor advierte que se concentrará en los escritos relativos a los seres vivos, el tópico tematizado por Buffon que resultó ser el más influyente de toda la colección, y en particular, sus convicciones "sobre el origen y las transformaciones que podían sufrir las especies biológicas". Sin embargo, el libro de Caponi no es un anecdotario de la biografía del gran naturalista francés ni una mera recopilación pasiva de sus ideas. En cambio, se permite presentar y defender hipótesis que darían cuenta de algunas curiosidades de su pensamiento que demandan explicación (en particular, las que hoy, con la ventajosa perspectiva temporal de nuestro lado, resultan probablemente las más relevantes y peculiares), en particular, ¿cuál es la razón por la que, una vez concedido el transformismo, no lo radicalizó?

La pregunta, por supuesto, no es nueva, y muchos autores la contestan esgrimiendo argumentos que vinculan la timidez de Buffon con sus creencias relativas a (o al menos con sus reservas —en un hombre políticamente correcto— provocadas por) la religión o con la mención a la intromisión de un cierto halo esencial que, según muchos biólogos moderadamente transformistas de la época, contenía al cambio en cotas limitadas. Para Caponi, sin embargo, la solución se esconde en las características propias del sistema buffoniano, un sistema que no incluye topes de esencias inmutables. Así, si esta conjetura es correcta, fue la coherencia lo que no lo dejó aventurarse sin titubeos en un evolucionismo resuelto y decidido.

La estructura del libro se revela del siguiente modo: luego de una ilustrativa presentación de corte biográfico, el capítulo 1 está dedicado a la degeneración (una adulteración que en Buffon tiene un tinte peyorativo, en tanto que constituye un apartamiento del perfil original de las especies que éstas exhiben sólo en sus respectivas patrias originarias), tema que Buffon encara a partir de especies de plantas y animales domésticas, pero que, por una analogía explícita, alcanza también a la especie humana. Esta degeneración de formas originales (y no lo que Darwin —y/o Edward Blyth, y/o Matthew, si prefiere el lector— posteriormente denominaría selección natural u otras fuerzas evolutivas) vendría a explicar el transformismo. En concreto, esta porción está dedicada a (1) delinear el transfondo fisiomorfológico de la degeneración (los organismos engendrantes actúan a modo de moldes para los engendrados, y es en aquellos donde las vicisitudes de la existencia, en particular, las diferencias de clima y alimentación —las segundas de mayor protagonismo que las primeras— afectan a la descendencia); (2) realizar la ya mencionada distinción entre la degeneración y la aclimatación; (3) diferenciar (a coro, aquí, como en varios otros sitios, con el gran historiador

Jacques Roger) los resultados de la degeneración buffoniana de la adaptación identificada por Darwin (mientras que el explanandum de la teoría de la selección natural coincide con el que tenían en mente muchos devotos naturalistas ingleses contemporáneos a Darwin, Buffon niega que exista tal cosa como una optimización de las estructuras anatómicas a las demandas ambientales, ya sea por acción de una causa natural o por diseño inteligente), así como por las coincidencias y (a veces sutiles) diferencias entre la biogeografía buffoniana y las de otros importantes autores tales como Alfred Wallace, Alexander von Humboldt e incluso Carl von Linné; (4) explayarse sobre la negación, por parte de Buffon, de las causas finales (aquí se volverá sobre lo que las tesis de Buffon pretendían explicar, cosa que no debe confundirse —otra vez— con los ajustes entre los seres vivos y su medio).

El capítulo 2 está consagrado al transformismo, en particular, a: (1) establecer la relación entre las modestas conjeturas de Buffon, en lo que al transformismo gradual y el origen en común para toda la biodiversidad refiere, con la Sorbona, con la autoridad de la revelación, con los naturalistas clasificadores à la Linné, y con la imposibilidad de la efectivización del aislamiento reproductivo (léase aquí, entre líneas, la influencia de John Ray); (2) presentar el vínculo de la flora y fauna septentrional con la meridional y las de la americana con las del viejo mundo (las primeras tratadas en forma peyorativa comparadas con las segundas: aquéllas son la desnaturalización de éstas, lo cual deja ver cierto tono despectivo —luego atemperado— para con el clima de las regiones que produjeron la degeneración); (3) introducir la naturalización, por parte de Buffon, de la categoría género (así como hay una definición biológica de especie, introduce una definición biológica de género, aquí la influencia de John Ray es manifiesta), con atención a sus comentarios sobre el hombre y las especies domésticas; y (4) elucidar el concepto de especie noble.

El capítulo 3 está asignado al tratamiento del origen de las especies. Aquí, Caponi se dedica a: (1) subrayar que, para Buffon, las especies surgen complejas (no hay siquiera indicios de un proceso "de la ameba al hombre"); (2) encontrar causas para la no radicalización del transformismo; ya sea por un razonamiento truncado como por la imposición de su propio sistema, el cual se desmoronaría si reforzaba el poder creador de la degeneración. En las dos últimas secciones de este capítulo, Caponi evalúa varias alternativas para resolver este problema (el problema) y opta por la consistencia en el sentir de Buffon. Es también en esta porción donde se encuentra, a mi parecer, el aporte más relevante de todo el libro.

Una última sección ("Consideraciones finales") vuelve sobre más diferencias entre Buffon y Darwin, así como también de aquél con Lamarck, Cuvier y Geoffroy en lo que a la unidad de tipo y su explicación refieren; y las que se dan entre la teología de Buffon y la de Linné o la teología natural inglesa. (Además, el volumen incorpora un glosario con 23 entradas de términos destacados que pueden contribuir a orientar al lector.)

A lo largo del texto, Caponi discute algunas de las tesis —pertinentes al tema involucrado— de Jean Gayon (acerca de si las especies nobles constituyen clases naturales), Stephen Gould (respecto de la positividad de la degeneración), Olivier Rieppel (sobre la relación parental entre los mamuts y los elefantes actuales), Patrick Tort (acerca del origen de las especies y la existencia o no de moldes preexistentes para ellas) e incluso del mayormente cumplimentado Jacques Roger (acerca del alcance del retroceso tardío —hacia 1788— de Buffon en lo que atañe al transformismo). Además, señala implícita o explícitamente algunas contradicciones en el propio Buffon y algunos problemas abiertos (¿cuál es el criterio por el cual Buffon concluye primero que el tigre pertenece al género de panteras y leopardos para luego elevarlo al rango de especie aislada?), terreno fértil para nuevos análisis.

El texto de Caponi devela la naturaleza de una obra tan influyente como (al menos en muchos —demasiados— círculos) injustamente relegada. Algunos problemas de parte de la edición no alcanzan para opacar un producto más que satisfactorio y el lector encontrará en esta publicación lo que le promete su título: una "introducción al pensamiento de Buffon". Pero no es meramente eso: este no sólo es un muy buen libro para quienes pretendan iniciarse en aprender de este gran autor, sino también para quienes, ya iniciados, pretendan seguir en ese camino. El que Caponi sea un buen escritor no daña al resultado final.

Gustavo Caponi cursó sus estudios de grado en Filosofía en la Universidad Nacional de Rosario (Santa Fe, Argentina) y realizó el doctorado en Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad Stadual de Campinas (Brasil). Actualmente, se desempeña como profesor en el Departamento de Filosofía, de la Universidad Federal de Santa Catarina, en Brasil.