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Signos filosóficos

versión impresa ISSN 1665-1324

Sig. Fil vol.12 no.23 México ene./jun. 2010

 

Discusión

 

Réplica a "Comentarios sobre Escepticismo del significado y teorías de conceptos" de Jorge Tagle

 

Sílvio Pinto*

 

*Departamento de Filosofía, Universidad Autónoma Metropolitana–Iztapalapa, pint@xanum.uam.mx

 

En virtud de la presentación de mi libro Escepticismo del significado y teorías de conceptos (2009), mi colega Jorge Tagle hizo una lectura académicamente bastante crítica de algunas de las tesis más fundamentales del mismo. Debido a limitaciones de espacio, ambos tuvimos que restringir esta primera discusión por escrito a tres de los puntos señalados por él. Esperamos poder continuar la polémica sobre los demás en el futuro.

El texto de Jorge Tagle objeta, en primer lugar, a mi exegesis del enfoque interpretativista de Donald Davidson; en mi libro, lo propongo como parte de una solución satisfactoria para el desafío escéptico sobre la comprensión lingüística, emparentando tal enfoque con el obscuro punto de vista defendido por el autor de las Philosophical Investigations (1953). Más específicamente, él critica que yo haya tomado las oraciones V de una teoría que explicitara las condiciones de verdad al estilo tarskiano de las oraciones de un fragmento sustantivo del lenguaje de un hablante (por ejemplo, la oración: (V) "'el pasto es verde'" es verdadera en español si y solo si el pasto es verde") como las hipótesis interpretativas sobre el significado que tal hablante (H) atribuye a las expresiones de su idioma. En segundo lugar, Tagle cuestiona el tipo de normatividad que atribuyo a las oraciones— V de una teoría empíricamente adecuada de las condiciones de verdad de una parte significativa del idioma de H. Según él, la normatividad que a mí me interesa —la normatividad ligada al uso de palabras y oraciones— de ninguna manera corresponde a la normatividad meramente lógica asociada con las oraciones–v dentro del enfoque davidsioniano. Por último, expresa su escepticismo sobre las posibilidades de éxito de mi supuesta identificación de una teoría del significado lingüístico (o alternativamente, del contenido conceptual) con una teoría de la comprensión de palabras, una vez que, de acuerdo con él, varios efectos pragmáticos (como, por ejemplo, los malapropismos) que afectan la comprensión del lenguaje, no tendrían porque afectar su componente semántico (el contenido conceptual).

A continuación respondo a cada una de ellas. En primer lugar, Tagle cuestiona mi exegesis del enfoque davidsoniano en la medida en que propongo las oraciones–V1 de una teoría interpretativa formal y empíricamente adecuada para el lenguaje y la motivación de H como hipótesis interpretativas sobre el significado de sus oraciones. El punto que quiere marcar aquí es que, a pesar de que el conjunto de tales oraciones–V contiene información importante acerca de la forma lógica del lenguaje de H, es estrictamente incorrecto considerar dichas oraciones–V como hipótesis interpretativas acerca de su comprensión lingüística. Lo que aparentemente le molesta, al referirme a las oraciones–V de una teoría interpretativa para el lenguaje de h como hipótesis interpretativas acerca de los significados de sus palabras, es que yo no hubiera mencionado otros componentes fundamentales de la teoría unificada del lenguaje y de la acción de h como lo es, por ejemplo, el famoso principio de caridad.

Reconozco no haber mencionado tal principio de manera explícita en mi libro al discutir los enfoques interpretativos de Davidson y el que atribuyo al segundo Ludwig Wittgenstein. Sí lo hice al discutir el enfoque interpretativo de Willard Van Orman Quine (pp. 79–80). Además, aludo implícitamente al principio de caridad en el caso del enfoque wittgensteiniano cuando argumento que para poder ser interpretado, siguiendo reglas para el uso de palabras, el hablante (H) y su interlocutor (I) deben coincidir masivamente en sus juicios (o creencias) sobre cómo es el mundo que comparten y sobre las acciones lingüísticas y no–lingüísticas de H observadas por I (pp. 197–198). Wittgenstein mismo no llama esta máxima principio de caridad, pero es claro que está en juego la idea de que el método interpretativo no funcionaría si no consideráramos la mayoría de las creencias de nuestros interpretados de manera caritativa como muy parecidas a las nuestras.

Pero, además, contra la crítica, considero que para Davidson también hay un sentido en que las oraciones–V de una teoría de la verdad formal y empíricamente adecuada para un fragmento significativo del lenguaje de H contiene más que simple información lógica o sintáctica sobre los términos sub–oracionales de dicho lenguaje. Davidson piensa que tales oraciones–V son efectivamente hipótesis interpretativas sobre el significado, digamos, literal atribuido por H a las expresiones constituyentes de tal fragmento de su lenguaje. Lo dice de manera explícita en el siguiente pasaje de uno de sus últimos textos:

[...] the thesis that a theory of truth conditions gives an adequate account of what is needed for understanding the literal meaning of utterances is, of course, much disputed, but since I have argued for it at length elsewhere, I will for the most part treat the thesis here as an assumption [...] A theory of truth, viewed as an empirical theory, is tested by its relevant consequences, and these are the T–sentences entailed by the theory [...] T–sentences thus have the form and function of natural laws; they are univerally quantified bi–conditionals, and as such are understood counterfactually and to be confirmed by their instances. Thus, a theory of truth is a theory for describing, explaining, understanding and predicting a basic aspect of verbal behavior. (Davidson, 2005: 54)

Esto me lleva a la segunda objeción de Tagle. ¿Es lícita mi supuesta asimilación de las oraciones–V de Davidson, entendidas como normas meramente lógicas del lenguaje de H como las considera él, con las normas que me interesan a mí, a saber: normas para el uso correcto de palabras y oraciones?

En primer lugar, quiero destacar mi desacuerdo con Tagle sobre el carácter exclusivamente lógico de las normas asociadas con las oraciones–v de Davidson. En mi opinión, tales oraciones —que se desprenden como consecuencia lógica de una teoría, al estilo tarskiano, de las condiciones de verdad de un fragmento significativo del lenguaje (L) de H—explicitan las normas de verdad para L. Estas normas de verdad expresarían las normas del significado literal de sus respectivas oraciones, así como los axiomas (de esta teoría tarskiana), involucrando nombres y predicados, expresarían las normas del significado literal de algunas de sus expresiones sub–oracionales. Ahora bien, una vez que se conocen las normas de verdad y referencia (normas del significado literal) asociadas a un conjunto de expresiones, todavía no estoy autorizado a afirmar que ya sé cuales son sus respectivas normas de uso. A no ser que supiera de antemano que tales expresiones aparecen exclusivamente en oraciones que se usan para hacer aseveraciones. Éste sería el único uso en que las normas de verdad y de referencia permitirían evaluar casos concretos de empleos de palabras y oraciones. Los demás usos lingüísticos (ironías, órdenes, preguntas, metáforas, etcétera) requerirían rebasar los límites del significado literal en la búsqueda de la fuerza con que sus hablantes tuvieron la intención de proferir una cierta oración de su idioma (irónica, imperativa, interrogativa o metafóricamente, entre otras).

Algunos filósofos creen que hay normas específicas asociadas con cada acto de habla (en otras palabras: a cada fuerza ilocucionaria), que deben ser explicitadas y estudiadas (John Austin y John Searle); otros filósofos consideran, al contrario, que es en principio imposible hacer un estudio teórico y sistemático de los diversos actos de habla (el propio Davidson).

Pero, independientemente de si hay o no normas para el uso de palabras asociadas a los casos de empleo del lenguaje más allá de la literalidad, pienso que el dominio de lo literal es epistémicamente más básico, en el sentido en que los juegos de lenguaje donde predominan los significados no literales presuponen la competencia previa en el juego aseverativo del lenguaje. Si esto es correcto, entonces no me parece tan descabellado asimilar las normas de verdad y de referencia de Davidson con las normas de uso de palabras y oraciones para el caso del uso asertivo del lenguaje. En cuanto al segundo Wittgenstein, es claro que él está más interesado en las normas de uso lingüístico, en un sentido más amplio que el mero uso aseverativo. Sin embargo, mi asimilación de la norma de verdad con normas de uso de palabras en general tenía solamente el objetivo pedagógico de encontrar semejanzas entre Davidson y el segundo Wittgenstein. Estoy consciente, por otro lado, de que hay enormes diferencias entre ellos; una de ellas es justamente que algunas de las normas del significado literal de Davidson (las oraciones–V de una teoría de la verdad formal y empíricamente adecuada para el lenguaje de H), en sentido estricto, no deben ser identificadas con las normas de uso de palabras en su sentido más general privilegiado por el segundo Wittgenstein.

Esto me lleva a la tercera y última objeción de Tagle. Según él, mi supuesta identificación de una teoría de la comprensión lingüística con una teoría del significado en el sentido de una teoría del contenido conceptual de las palabras y oraciones de un hablante no puede dar cuenta de fenómenos lingüísticos como los malapropismos y, en general, de todos los usos del lenguaje que divergen de aquellos a los cuales se asocian significados literales. Los elementos para una respuesta satisfactoria a esta objeción me parece que ya están dados en los párrafos anteriores. Aquí, como allá, es relevante tener en mente la distinción entre significado literal y significado no–literal.

Empiezo concediéndole a Tagle que en mi libro no se enfatiza esta distinción, en mi opinión, crucial para sus preocupaciones respecto de, por un lado, la normatividad asociada en general al uso de palabras y de, por otro lado, mi identificación de la comprensión con el contenido conceptual. Me doy cuenta ahora que debí haber identificado la teoría del contenido conceptual más bien con una teoría del significado o comprensión literal del lenguaje. Como mencioné en la respuesta a la objeción anterior, para explicar fenómenos lingüísticos que rebasan los límites de lo literal como los que menciona mi crítico, ciertamente es necesario: a) o bien construir una teoría de los diferentes actos de habla en los moldes de la que desarrolla Searle siguiendo a Wittgenstein; b) o bien mostrar qué modificaciones tendríamos que hacer en la teoría que interpreta H para acomodar dichos fenómenos, como lo hace Davidson (1986). En cualquier caso, es clarísimo que una explicación cabal de la comunicación a través del lenguaje natural requiere mucho más de lo que nos permite dar cuenta la noción de significado literal.

 

Bibliografía

Davidson, Donald (2005), Truth and Predication, Cambridge, Estados Unidos, Harvard University Press.         [ Links ]

Davidson, Donald (1986), "A nice derrangement of epitaphs", en Ernest Lepor (ed.), Truth and Interpretation: Perspectives on the Philosophy of Donald Davidson, Cambridge, Reino Unido, Blackwell, pp. 433–446.         [ Links ]

Pinto, Silvio (2009), Escepticismo del significado y teorías de conceptos, México/Barcelona, México/España, Universidad Autónoma Metropolitana–Iztapalapa/Anthropos.         [ Links ]

Wittgenstein, Ludwig (1953), Philosophical Investigations, Oxford, Reino Unido, Basil Blackwell.         [ Links ]

D. R. © Silvio Pinto, México D.F., enero–junio, 2010.

 

Nota

1 Tagle las denomina 'oraciones (TD)'