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Signos filosóficos

versión impresa ISSN 1665-1324

Sig. Fil v.10 n.20 México jul./dic. 2008

 

Reseñas

 

Esteban A. Gasson Lara (2008), Informe Natorp. El inicio de la interpretación heideggeriana de Aristóteles

 

Luis César Santiesteban*

 

Chihuahua, México, Instituto Chihuahuense de la Cultura, 262 pp.

 

* Facultad de Filosofía y Letras–Universidad Autónoma de Chihuahua, lsanties@uach.mx

 

El libro aquí reseñado trata de la recepción de Aristóteles en Martin Heidegger, aunque no sólo de eso, sino también tomando como base de esta interpretación el Informe Natorp (Interpretaciones fenomenológicas sobre Aristóteles: Indicación de la situación hermenéutica).

El carácter de la relación de Heidegger con Aristóteles comenzó a ser objeto de análisis hacia el año 1984, por el filósofo italiano Franco Volpi, quien daba a conocer el fruto de su reflexión en un libro titulado Heidegger e Aristotele. Según un comentario de Volpi, gente muy cercana a Heidegger, como Max Müller, vio en un principio tal tentativa como desencaminada, como un despropósito, pero el autor persistió en su empresa documentando las semejanzas entre Heidegger y Aristóteles, recurriendo con especial énfasis a la Ética Nicomáquea de Aristóteles, haciéndose con ello de un nombre en el mundo filosófico alemán. Una de las tesis que sostiene Volpi en su libro señala que Heidegger, al menos en sus obras publicadas, intentó borrar las huellas que testimonian el influjo de Aristóteles.

A Heidegger se le objeta que en las interpretaciones sobre los filósofos lleva agua a su molino. Lo que se olvida es que llevar agua a su molino supone tener un molino, y Heidegger tenía un molino enorme. Si no se tiene molino se corre el riesgo de desparramar y desperdiciar el agua en todas direcciones.

Heidegger hizo suyos muchos motivos, ideas, esquemas, pensamientos y maneras de proceder de otros grandes pensadores, pero es muy difícil dar cuenta puntual de todo ello; no obstante, se puede hacer dentro de ciertos límites, pero no se puede demostrar exhaustivamente. La cuestión es que Heidegger procede de tal manera que lo que adopta y hace fructífero de otros filósofos, se vuelve casi irreconocible en su propio planteamiento. En ocasiones toma caminos tan secretos e intrincados que lo adoptado de otras fuentes se vuelve indiscernible, tornándose casi imposible de rastrear. Aunado a ello, Heidegger se confronta con casi toda la tradición filosófica, lo cual conforma una miríada inabarcable para un simple mortal. Por esta razón, el acto de apropiación y transformación originaria, que llevó a cabo a lo largo de su confrontación, y diálogo con la tradición filosófica, quizá sólo pueda documentarse a través de la tarea y el esfuerzo de generaciones de estudiosos.

Heidegger se refirió retrospectivamente de la siguiente manera a los influjos más decisivos que recibió: "Mentor en la busca fue Lutero joven; modelo Aristóteles, a quien aquél odiaba. Impulsos me los dio Kierkegaard y los ojos me los puso Husserl" (2000: 22).

Sin embargo, ahí no figura Friedrich Nietzsche, a quien consagró casi la misma cantidad de tiempo de estudio que a Aristóteles, porque su dedicación a Nietzsche se ubica en el periodo posterior a Ser y Tiempo, hacia el año 1936, y la declaración antes mencionada data del año 1923. En realidad, el tiempo dedicado a Nietzsche habla de la enorme importancia que éste tuvo para la elaboración de su pensamiento tardío. Sin embargo, sabemos por Otto Pöggeler —quien estuvo a cargo de la edición de los dos volúmenes sobre Nietzsche— que Heidegger fue incapaz de resumir, en el prefacio a esta obra, su deuda con Nietzsche.

En compensación, Heidegger indica en Nietzsche I: "El gran pensador es grande porque es capaz de oír lo que hay de grande en la obra de los otros grandes y de transformarlo originariamente" (2001: 46). Así pues, Heidegger nos proporciona una clave de la manera en que procedió no sólo con Nietzsche, sino con todos los pensadores con los cuales se confrontó en el plano de las ideas, transformándolos, transfigurándolos. Todo esto parece fácil, pero no lo es, y Heidegger pudo llevarlo a cabo en virtud del talante filosófico, sensibilidad para las ideas y capacidad de trabajo fuera de serie que poseía. La filosofía de Heidegger es impensable sin el diálogo con la tradición filosófica, mismo que realizó al hilo de lo impensado. Su filosofía crece paralelamente dialogando con la tradición filosófica. Por eso puede decir el filósofo español Arturo Leyte "que su filosofía depende de la lectura de los filósofos y es sólo eso" (Leyte, 2005: 208).

Respecto de la interpretación que hace Heidegger de Aristóteles, objeto de nuestro interés, se ha pronunciado el filósofo alemán Manfred Riedel, afirmando que en la actualidad estamos aún poco equipados para valorar con detalle las fases de la interpretación fenomenológica de Aristóteles.

El libro de Esteban A. Gasson, reseñado en estas páginas, arroja una importante luz en esa dirección. El texto consta de tres capítulos: el primero titulado "Aristóteles y la tradición"; el segundo, "Aristóteles a través de Jaeger"; y el tercero, "Heidegger y Aristóteles".

El punto de partida del autor consiste en la constatación de la falta de una dimensión filológica en los estudios emprendidos hasta ahora sobre la relación de Heidegger con Aristóteles. El autor hace hincapié en este trasfondo filológico y en ciertos presupuestos que se han soslayado en el análisis de dicha relación.

Si bien toda la primera parte es una indagación histórica, no está impoluta de reflexión, es decir, de filosofía. Trata de dar cuenta de la recepción de Aristóteles en el mundo filosófico occidental a lo largo de sus estaciones más importantes, con el fin de preparar el terreno para el abordaje de la recepción del Estagirita en Werner Jaeger y Martin Heidegger. Asimismo, ventila la querella entre Nietzsche y Willamowitz con sumo detalle, mostrando todas las torpezas e injusticias cometidas por el segundo contra el primero.

El autor destaca la contribución tan significativa que llevó a cabo la filología alemana durante el siglo XIX en relación con la filosofía griega, en un trabajo de edición sin precedentes que sentaría las bases para el impulso decisivo que tendrá esta labor filológica en la elaboración de la filosofía alemana subsiguiente. Dentro del marco de la tradición filológica alemana se refieren los nombres de Edmund Zeller y Theodor Gomperz, quienes darán paso a Werner Jaeger, uno de los filólogos en los cuales gravita el presente análisis debido a su importante trabajo sobre Aristóteles.

Las relaciones entre filología y filosofía son ejemplificadas mediante la polémica entre Nietzsche y Willamowitz, pero también a través de la exposición del trabajo desarrollado por los grandes filólogos alemanes Zeller, Gomperz y Jaeger. Remitámonos a un pasaje de Jaeger que figura en el texto:

[...] la filología debe estar directamente al servicio de la investigación filosófica, pues lo que nos importa no es tan sólo la condición externa de los escritos en cuanto tal, sino también lo que esta condición nos revela sobre la fuerza motriz del pensamiento de Aristóteles. (Jaeger, 2001: 15)

Uno de los logros filológicos de Jaeger que resalta el autor es el haber dado al traste con la idea de la mayor talla filosófica de Platón sobre Aristóteles, de haber reivindicado, pues, a Aristóteles.

En contraposición a Zeller, quien había hablado de dos etapas en el itinerario filosófico de Aristóteles, Jaeger propone tres —tratando de arrojar luz a las cuestiones que dejaba abiertas el primero— relativas a cómo explicar el paso tan intempestivo, sin ninguna mediación, de una fase a otra. Habla así de una primera fase de Aristóteles ligada al pensamiento de su maestro, una segunda fase, marcada por sus viajes y la búsqueda de su propio camino, y una tercera que caracteriza su etapa de madurez.

El tercer capítulo dedicado a Heidegger y Aristóteles parte de una constatación, a despecho de la plétora de estudios existentes hasta ahora en torno de estos dos pensadores: se ha hecho abstracción del trasfondo histórico–filológico del que emerge la interpretación que hace Heidegger de Aristóteles, se limitan dichos análisis a llamar la atención sobre los paralelismos que hay entre ambos y al enfoque que le ha dado Heidegger al filósofo griego.

Después de poner al descubierto este déficit, el autor se da a la tarea de subsanarlo mediante su propia indagación, no sin antes tomar nota de los trabajos que le anteceden en esta tarea, es decir, los de Kisiel (1993), Van Buren (1994) y Xolocotzi (2004).

La primera parte describe el ambiente filosófico que campeaba en Alemania cuando el joven Heidegger iniciaba sus primeros pasos en la filosofía. Da cuenta del periplo que lo habrá de llevar a la escritura de su obra maestra Ser y Tiempo. Como parte de su trayecto, forma parte el encuentro con Aristóteles, cuya ocupación, según el autor, es superior en tiempo a la de Nietzsche, y con ello a la de cualquier filósofo mayor con que se haya confrontado Heidegger. La incursión en la fenomenología de Husserl, su maestro, se señala como decisiva en este proceso de exploración y búsqueda de su propio planteamiento filosófico. En el punto en que constelan Aristóteles y la fenomenología, en términos de un mutuo sobrepujamiento, se habrá de configurar una posición sumamente innovadora, desde la cual Heidegger puede sortear una serie de escollos y dificultades que planteaban a la sazón, para él, el neokantismo y la fenomenología. De este modo, ambas posturas quedan presas de un esquema teórico–conceptual que no hace justicia al carácter práctico del Dasein, en donde viene en su auxilio Aristóteles con su filosofía de los asuntos humanos.

Junto a la insuficiencia teórica mencionada, el autor detecta otra, que consiste en no haber reparado suficientemente en el influjo tan decisivo que juega Kierkegaard en la elaboración del planteamiento filosófico de Heidegger. Como precursores en esta empresa, se reconoce a Van Buren y Caputo. Esteban A. Gasson afirma de manera contundente: "Heidegger trató por todos los medios de enmascarar y ocultar su deuda con el danés" (p. 68).

De ahí pasa al análisis del arropamiento teológico. Tras señalar la amplitud del espectro de influencias de Heidegger, se considera que los estudios realizados hasta ahora sobre su pensamiento han sido acaparados en gran medida por su identificación con la fenomenología:

Pero, por esto mismo, se han pasado de largo otras facetas importantes dentro de su desarrollo intelectual. En este punto, faltan indagaciones adecuadas con respecto no sólo a otros filósofos sino igualmente ciertos filólogos e historiadores, tanto del siglo XIX como del XX, que marcaron de una u otra manera su trayectoria. (p. 66)

Los sucesos de la Primera Guerra Mundial crearon ciertas condiciones histórico–espirituales cuyo clima propició la recepción de ciertos pensadores. Tal es el caso de Sören Kiekegaard. Su influencia en Heidegger no se ha estudiado con la debida atención. El autor menciona varios factores que han contribuido a ello y que complacen, por así decir, las intenciones más secretas del mismo Heidegger. Por un lado, el hecho de que Heidegger trató a toda costa de difuminar las huellas del danés y, por otro, la misma falta de familiaridad con el pensamiento de Kierkegaard por parte de los intérpretes heideggerianos, lo que ha aportado también su cuota de ceguera respecto de esta dimensión. Todo lo anterior ha conducido a que las historias de la hermenéutica más recientes, como la de Ferraris (1988) y Grondin (1991), no consideren a Kierkegaard como parte de ella.

La matriz histórico–ética constituye el punto de acercamiento entre ambos filósofos, así reza la tesis de este trabajo.

Nuestro autor documenta este influjo del danés sobre el alemán, exponiendo partes importantes de su filosofía con el fin de hacer notar estos paralelismos:

Kierkegaard como Heidegger desglosan y despliegan los contenidos de oraciones y palabras que se encuentran resguardadas y acalladas en lo expresado en los textos donde éstas aparecen. Otro aspecto fundamental es el uso de sinónimos con la dimensionalidad que abre a la lectura y que parece haber sido olvidada completamente por los exegetas y críticos heideggerianos. (p. 69)

En el estudio y la puesta al descubierto de la influencia de Kierkegaard sobre Heidegger, reside una de las grandes aportaciones de este texto, pues tematiza un aspecto que hasta hoy representa una laguna en la Heidegger–Forschu ng.

Las partes finales del libro están consagradas a cotejar la recepción de Aristóteles en Werner Jaeger y en Heidegger, haciendo puntualizaciones muy importantes a este respecto; por ejemplo, la contribución tan significativa que realizan para un renacimiento del filósofo griego, lo cual representa, asimismo, una de las aportaciones innegables del texto, pues hasta donde es posible ver, esta dimensión no había sido estudiada suficientemente.

El texto en sí representa una aportación muy importante a la discusión acerca del tema en la investigación sobre Heidegger, por lo que tiene de novedoso: haber incorporado el componente filológico e histórico en el abordaje de la relación Heidegger–Aristóteles.

Por último, ¿qué es lo que hay que destacar del libro de Esteban A. Gasson? El rigor sin concesiones desplegado a lo largo del texto; el preciso conocimiento histórico–filológico que no pocas veces asombra; el talante crítico que va aunado a una independencia de espíritu ya forjada y la sobriedad que admiraba Heidegger de Aristóteles.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Ferraris, Maurizio (1988), Historia de la hermenéutica, México, México, Siglo XXI.         [ Links ]

Grondin, Jean (1991), Introducción a la hermenéutica filosófica, Madrid, España, Herder.         [ Links ]

Heidegger, Martin (2001), Nietzsche I, Barcelona, España, Ediciones Destino.         [ Links ]

Heidegger, Martin (2000), Ontología. Hermenéutica de la facticidad, Madrid, España, Alianza Editorial.         [ Links ]

Jaeger, Werner (2001), Aristóteles. Bases para su desarrollo intelectual, México, México, Fondo de Cultura Económica.         [ Links ]

Kisiel, Theodore (1993), The Genesis of Heidegger's Time and Being, Berkeley, Estados Unidos, University of California Press.         [ Links ]

Leyte, Arturo (2005), Heidegger, Madrid, España, Alianza Editorial.         [ Links ]

van Buren, John (1994), The Young Heidegger. Rumor of the Hidden King, Bloomington, Estados Unidos, Indiana University Press.         [ Links ]

Xolocotzi Yañez, Ángel (2004), Fenomenología de la vida fáctica. Heidegger y su camino a Ser y Tiempo, México, México, Universidad Iberoamericana/Plaza y Valdez.         [ Links ]