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Signos filosóficos

versión impresa ISSN 1665-1324

Sig. Fil v.10 n.20 México jul./dic. 2008

 

Discusión

 

¿Pueden los ideales ser racionales?

 

Armando Cíntora G.*

 

* Departamento de Filosofía, Universidad Autónoma Metropolitana–Iztapalapa, cintora1@prodigy.net.mx

 

No hay nada tan debilitante, para cualquier fin práctico, como esa enorme
importancia atribuida a la victoria inmediata. No hay nada que fracase
tanto como el éxito.
CHESTERTON

 

En las tradiciones humeana, positivista y popperiana1 la racionalidad práctica tiene muy poco que decir sobre qué metas son valiosas, más allá de exigir la consistencia lógica o coherencia de las metas consideradas como valiosas por algún sujeto en un momento dado. Así,

La razón es y debe ser tan sólo la esclava de las pasiones y nunca puede pretender tomar otra tarea que servirlas y obedecerlas [y] No es contrario a la razón preferir la destrucción del mundo entero a rascar mi dedo. (Hume, 1978: 415 y 416. Énfasis mío.) 2

En estas tradiciones la razón práctica sólo tiene como tarea el buscar los medios más eficientes, a la luz de la experiencia, para el logro de los fines dictados por los apetitos o deseos. En concepciones de la racionalidad menos modestas,3 la razón proporciona algunos constreñimientos ulteriores para las metas valiosas, es decir, para las metas deseables y no meramente deseadas, de modo de acotar el universo de las metas deseadas; estos constreñimientos van más allá de la exigencia de consistencia lógica (y de posibles prescripciones racionales de carácter ético). A continuación critico una de estas propuestas de tamiz racional para las metas meramente deseadas.4

 

ALGUNAS PROPUESTAS DE CONSTRICCIONES AXIOLÓGICAS

En The Nature of Rationality, R. Nozick propone varios constreñimientos para los deseos o metas de los sujetos racionales, en particular, propone las siguientes dos condiciones:

• La persona no tiene deseos que sabe que son imposibles de alcanzar.

• Una persona no tendrá una meta para la que sepa que no hay una ruta posible, por prolongada que sea, de su situación actual al logro de esa meta. (Nozick, 1993: 144–145. Énfasis mío)5

Análogamente Laudan prescribe6 que,

Adoptar una meta tal que no podemos concebir acción alguna capaz de promoverla [...] es seguramente una marca de ausencia de razonabilidad y de irracionalidad.7 (Laudan, 1984: 51. Énfasis mío)

Laudan sostiene que en general las 'metas utópicas' son metas irracionales y las clasifica en tres tipos:

a) fines inalcanzables o no promovibles, a las que llama metas 'demostrativamente utópicas',

b) metas imprecisas o ambiguas, llamadas metas 'semánticamente utópicas' y

c) metas "cuya realización no podríamos reconocer aun si las hubiésemos alcanzado", denominadas como 'epistémicamente utópicas'.

En lo que sigue me enfocaré en las metas 'demostrativamente utópicas'.8 Laudan sostiene que este tipo de meta se da cuando, "no es posible alcanzarla, dada nuestra comprensión de la lógica o de las leyes de la naturaleza"9 (Laudan, 1984: 52. Énfasis mío).

Por ejemplo, sería demostrativamente utópico desear construir una máquina de movimiento perpetuo o aspirar a la certeza acerca de enunciados empíricos universales en un cosmos infinito o inmenso. La proscripción de las metas utópicas como irracionales está motivada por la creencia de Laudan de que las metas racionales deberían ayudarnos a seleccionar los mejores medios para alcanzar estas metas racionales, ayuda que supuestamente no pueden otorgar los varios tipos de metas utópicas.

 

CRÍTICAS AL SUPUESTO DE LAUDAN Y NOZICK DE LA IRRACIONALIDAD DE LAS METAS INALCANZABLES

Resumo en lo que sigue cinco comentarios críticos.

Primera crítica: La prescripción de Laudan en contra de metas demostrativamente utópicas es ambigua y es resultado de una probable confusión.

Esta ambigüedad deviene aparente cuando se compara la primera cita de Laudan con la segunda. Mientras que en la primera cita una meta demostrativamente utópica (uno de los tres tipos de metas irracionales, según la axiología de Laudan) fue caracterizada como una meta tal que "no podemos concebir acción alguna capaz de promoverla", en la segunda una meta demostrativamente utópica se caracterizó como que "no es posible alcanzarla" (énfasis mío). De modo que de acuerdo con la primera caracterización, metas como la plena justicia social o toda la verdad sobre alguna disciplina no serían utópicas, puesto que podemos concebir acciones que nos acercarían a estos fines. Mientras que en la segunda caracterización de Laudan ambas metas serían demostrativamente utópicas, pues considerando la finitud y debilidades humanas, estas metas son strictu sensu inalcanzables. Hay entonces un equívoco entre la promoción y el logro de una meta.

Este equívoco puede ser resultado de una confusión en lo que Laudan entiende por racionalidad medios/fines. Laudan (1987: 24–25) dice en un pasaje que una regla metodológica es racional si promueve algunos fines cognoscitvos valiosos, sólo para añadir una página adelante que una regla metodológica es racional si su aplicación otorga ('produce') con mayor probabilidad, que sus alternativas, las metas consideradas como valiosas. Parece haber una confusión entre promover y otorgar algún resultado considerado como valioso, por lo tanto, Laudan ha sobrepuesto dos diferentes tipos de metas como demostrativamente utópicas:

a. Tipo uno: metas valiosas sabidas tanto como imposibles de alcanzar como de aproximar.

b. Tipo dos: metas valiosas sabidas como imposibles de alcanzar, pero aproximables sin límite conocido alguno. Llamaré ideales a este último tipo de metas.

Concederé a Laudan que puede ser irracional proponerse metas valiosas que son tanto imposibles de alcanzar como de aproximar (un tipo más bien raro de meta), pero argumentaré contra Laudan que los ideales pueden ser racionales.

Llamar irracionales a los ideales es afirmar que si sabemos que nos es imposible alcanzar plenamente alguna meta valiosa, entonces si queremos ser racionales deberíamos olvidarnos de esa meta. Esta actitud es análoga a una rabieta o berrinche: 'o sé que puedo lograr completamente la meta que deseo, o la meta no me importa'. Por otro lado, la norma de Laudan en contra de las metas imposibles puede ser razonable en una situación en la que uno sólo tiene una posibilidad: el fracaso total, sin ninguna posibilidad de reveses o éxitos parciales. Es decir, puede ser razonable en una situación sin alternativas intermedias, donde el único resultado posible es la debacle, el completo fracaso.

En el caso de los ideales, sin embargo, no nos enfrentamos a una situación tan radical, aunque los ideales son estrictamente inalcanzables, aun así pueden ser promovidos —al menos en principio— hasta cualquier aproximación. Hay una secuencia indefinidamente larga de estados intermedios entre la ausencia de todo logro y el imposible éxito total: el arribo al ideal.

Los ideales pueden ser objetivos racionales si entendemos la racionalidad medios/fines como la actitud de quien busca los medios justificados como óptimos —entre aquellos que tiene disponibles— para el logro o para la aproximación —sin límites conocidos— a nuestras metas valiosas. Los ideales son irracionales sólo si exigimos que los sujetos racionales busquen estrategias que los lleven hasta sus metas. Pero la racionalidad medios/fines no requiere que los medios racionales de hecho nos otorguen las metas.

Segunda crítica: La teoría de la racionalidad de Nozick permite considerar como racionales a los ideales, a pesar de sus afirmaciones contrarias.

Los principios de Nozick previamente citados son muy restrictivos porque excluyen los ideales del dominio de la racionalidad. Sin embargo, la propia generalización de Nozick de la teoría de la decisión —que concede utilidad a factores simbólicos y con un ítem propio en la fórmula para el valor de la decisión— nos permitiría concluir que los ideales pueden ser racionales si consideramos su utilidad simbólica, contradiciendo así sus principios antes citados. Es decir, los ideales pueden ser racionales si consideramos lo que su búsqueda simboliza para el sujeto y para su concepción del tipo de persona que quisiera ser. Así, la utilidad simbólica de un acto,

[...] incorpora la utilidad de los varios resultados y acciones simbolizados por el acto [...] La utilidad simbólica de una acción A está determinada por las conexiones simbólicas que A mantiene con resultados (y quizá con otras acciones) que tienen el tipo estándar de utilidad [... por ejemplo] La acción ética puede simbolizar (y expresar) el ser de una criatura racional que se da a sí misma leyes [...] estos significados simbólicos devienen parte de las razones de uno para actuar éticamente. Ser ético está entre nuestras formas más efectivas de simbolizar (una conexión con) aquello que más valuamos, y esto es algo que una persona racional no desearía dejar de lado.10 (Nozick, 1993: 48 y 62)

De modo que la lucha durante una vida por alcanzar ideales puede generar —al menos en ciertos temperamentos— emociones duraderas de autoestima o autorespeto, porque la promoción de ideales simboliza para nosotros el tipo de persona que queremos ser. Por otro lado, la autoestima es necesaria para la buena vida.11 De ahí que pueda ser racional —al menos para algunos temperamentos— luchar por ideales, resultando este esfuerzo en valiosas emociones de autoestima. La promoción de ideales puede análogamente proporcionar a comunidades completas emociones generalizadas de autoestima, ganando así estas comunidades en motivación. Algo sabido y explotado, por ejemplo, por los líderes de ejércitos y naciones.

Tercera crítica: La descalificación hecha por Nozick y Laudan de las metas ideales es contra intuitiva, así los idealistas han sido admirados precisamente debido a su idealismo.

Laudan afirma: "Acostumbramos considerar como insólitos, si no es que patológicos, a quienes buscan con denuedo hacer aquello que tenemos muy poderosas razones para creer que es imposible"12 (Laudan, 1984: 51. Énfasis mío). Quizás usualmente juzguemos así cuando consideramos metas comunes, pero nadie está gobernado por juicios usuales cuando evalúa casos extraordinarios. Los epítetos de insólito, patológico, o poco razonable, son frecuentemente retirados si la meta inalcanzable, pero pro–movible, es considerada extremadamente valiosa. En tal caso, el sujeto (o generaciones de sujetos) que luchan, o que se cree que luchan, por ideales no serán llamados locos o excéntricos. Más bien se le considerará un idealista, un héroe, un mártir, un hombre valeroso con temple o un santo. El individuo reverenciado ha sido a menudo el idealista trágico, quien durante su vida no pudo prevalecer y se le admira aun en el fracaso.

Un seguidor de Nozick y Laudan podría argumentar que no ha existido ningún idealista genuino. Podría argumentar que todos los supuestos idealistas no estaban luchando por metas demostrativamente utópicas, sino que estaban más bien intentando satisfacer su vanidad, o buscar el poder, o alguna otra meta no utópica. Pero aun si éste fuese el caso, estos pseudo idealistas fueron admirados, porque se les tomó por idealistas genuinos; en otras palabras, la conducta idealista ha sido ampliamente admirada y considerada admirable.

Por ejemplo, algunos cristianos pretenden imitar a Cristo aspirando a una perfecta vida cristiana, un ejemplo sería san Francisco; Laudan y Nozick lo descalificarían como irracional, porque ellos dirían que buscar la perfección es irracional. Es irracional porque no podemos alcanzar la perfección en tanto que humanos y sin embargo Jesús pidió a sus seguidores que buscasen la perfección: "Por lo tanto sereís perfectos, tal y como vuestro Padre en el cielo es perfecto" (Mateo 5: 48).

Así, las varias iglesias cristianas requieren que sus fieles luchen por el ideal del matrimonio cristiano o por aquel de la fraternidad cristiana, a pesar de que estas iglesias deben estar plenamente conscientes de que la perfección es humanamente inalcanzable.

Esta estima frecuente por el comportamiento idealista parece contradecir la proscripción como irracional de la conducta idealista por parte de Laudan y Nozick y esto sería así, aun si concediésemos que el comportamiento idealista nunca ha sido genuinamente ejemplificado por persona alguna.13

Nozick y Laudan podrían contestar que aunque excluyen como racionales las metas valiosas e inalcanzables, no excluyen como racionales metas valiosas alcanzables, cercanas o similares a la meta inalcanzable. Podrían argumentar que muchos o todos los admirados idealistas que supuestamente luchaban por una meta imposible realmente buscaban metas menos ambiciosas, es decir, metas alcanzables. Esta escapatoria, sin embargo, no funciona. Nos afanamos en pos de ideales porque cualquier fin específico y obtenible sería claramente deficiente como un sustituto del ideal. Por ejemplo, si sustituimos el ideal de una vida cristiana perfecta por una meta obtenible, tal como una vida cristiana menos que perfecta, la meta sustituta pierde mucho de su atracción y valor. Además como no sabemos cómo especificar por adelantado qué tan cerca, o qué tan lejos, o qué tan similar, al ideal es suficientemente bueno, entonces apuntamos al ideal mismo.14 Nos afanamos por el ideal aun si sabemos que estamos condenados como Sísifo a quedar siempre cortos del anhelado fin.

Cuarta crítica: La recomendación de Laudan y Nozick en contra de los ideales es de hecho una prescripción en favor de la complacencia intelectual y moral, en favor de la mediocridad.

La recomendación de Nozick y Laudan en contra de los ideales desincentiva la búsqueda de la excelencia ya sea cognoscitiva o de otro tipo. Esta recomendación es contraria a una virtud tradicional: la fortaleza, una virtud necesaria para una buena vida, su norma sustituye la fortaleza con el conformismo y con la resignación estoica. Así, para Nozick y Laudan un esclavo resignado y conformista sería racional, pero un idealista frustrado —como Espartaco— que no se adaptara, digamos, debido a su pasión por una meta imposible, pero aproximable, tal como una perfecta justicia social no sería racional.

Nozick y Laudan parecen haber confundido el éxito, lo expedito, con la lucha por hacer lo correcto. Para ellos, el éxito entendido como el logro de metas alcanzables es la última, la gran meta. El éxito es su ídolo. El éxito, sin embargo, no puede ser la última meta, porque siempre podemos preguntar: ¿es el éxito buscado valioso?, ¿es el éxito buscado justo? Por ejemplo, si nuestra meta cognoscitiva fuesen las predicciones confiables o el control de la naturaleza, consideraríamos indeseable este fin, si para alcanzarlo se requiriese de mucho sufrimiento humano o animal.

Quinta crítica: El que sólo se puedan aproximar los ideales proporciona una poderosa razón sicológica para afanarse en pos de ellos.

Los ideales son principios regulativos, que guían las esperanzas y energías del idealista, aun cuando el idealista no puede esperar alcanzar plenamente sus ideales. Los ideales pueden ser más satisfactorios porque son metas abiertas, porque el viaje es, a menudo, más gratificante que el llegar a nuestro destino. Dicho de otro modo, en el caso de las metas no utópicas, cuando uno las ha alcanzado y después de un transitorio placer, a menudo surge el desencanto: ¿esto es todo? y ¿ahora qué más? El batallar sin término, la esperanza nunca satisfecha del todo, es lo que puede impulsar a una persona a través de la vida. Este hecho sicológico, proporciona una razón más para batallar por ideales.

 

BIBLIOGRAFÍA

Cíntora G., Armando (2004), Los presupuestos irracionales de la Racionalidad, Barcelona, España, Anthropos.         [ Links ]

Hume, David (1978),A Treatise of Human Nature, Oxford, Reino Unido, Clarendon Press.         [ Links ]

Laudan, Larry (1987), "Progress or rationality? The prospects for normative naturalism", American Philosophical Quarterly, vol. 24, núm. 1, pp. 19–31.         [ Links ]

Laudan, Larry (1984), Science and Values, Berkeley, Estados Unidos, University of California Press.         [ Links ]

Nozick, Robert (1993), The Nature of Rationality, Princeton, Estados Unidos, Princeton University Press.         [ Links ]

Rawls, John (1973), A Theory of Justice, Oxford, Reino Unido, Oxford University Press.         [ Links ]

Rescher, Nicolas (1988), Rationality. A Philosophical Enquiry into the Nature and the Rationale of Reason, Oxford, Reino Unido, Oxford University Press.         [ Links ]

Urmson, J. O. (1958), "Saints and heroes", en A. I. Melden (ed.), Essays in Moral Philosophy, Seattle, Estados Unidos, University of Washington Press, pp. 198–216.         [ Links ]

 

NOTAS

1 Popper generaly inclined to the view that, short of demonstrating an internal inconsistency in someone's aims or values, there were no reasonable grounds for expecting the advocates of any set of cognitive goals to abandon those goals, let alone to adopt a rival set [...] Hans Reichenbach, took a similar view [...] he insisted that an agent's purposes or goals, incluiding his cognitive ones, are not a rationally negotiable matter. (Laudan, 1984: 49)

2 Reason is and ought only to be, the slave of passions, and can never pretend to any other office than to serve and obey them [and] It is not contrary to reason to prefer the destruction of the whole world to the scratching of my finger.

3 Cfr., por ejemplo, Nozick, 1993; Rescher, 1988; Laudan, 1987 y 1984.

4 Quizá podríamos visualizar la situación como sigue, las metas deseadas tienen como subconjunto a las metas deseables y éstas a su vez comprenden como subconjunto a las metas racionales.

5 The person does not have desires that she knows are impossible to fulfil. A person will not have a goal for which he knows that there is no feasible route, however long, from his current situation to the achievement of that goal.

6 La propuesta axiológica de Laudan está motivada por su concepción de las reglas metodológicas de la ciencia como imperativos hipotéticos, de la forma: si deseas las metas Ai emplea los métodos Mi, pues los Mi han mostrado ser las estrategias más eficaces, entre aquellas disponibles, para alcanzar las Ai. Y como Laudan quiere evitar el relativismo metodológico requiere de una teoría para las metas cognitivas racionales (las Ai), de ahí que Laudan propusiese sus prescripciones axiológicas para metas epistémicas, pero como no ofreció ningún argumento en contra de la posible generalización de sus prescripciones a metas no epistémicas y como no parece haber buenas razones para no extrapolar su propuesta axiológica a otro tipo de metas, entonces extrapolaremos sus prescripciones durante el proceso de crítica de su propuesta. Para una discusión de estos puntos, consultar Laudan, 1984 y Cíntora, 2004: cap. seis.

7 To adopt a goal with the feature that we can conceive of no actions that would be apt to promote it [...] is surely a mark of unreasonableness and irrationality.

8 Se crítican las otras prohibiciones axiológicas de Laudan en Cíntora, 2004: cap. seis.

9 [...] it cannot possibly be achieved, given our understanding of logic or the laws of nature.

10 [...] incorporates the utility of the various outcomes and actions symbolized by the act [...] The symbolic utility of an action A is determined by A's having symbolic connections to outcomes (and perhaps to other actions) that themselves have the standard kind of utility [... for example] Ethical action can symbolize (and express) being a rational creature that gives itself laws [...] these symbolic meanings become part of one's reasons for acting ethically. Being ethical is among our most effective ways of symbolizing (a connection to) what we value most highly, and that is something a rational person would not wish to forgo.

11 Para Rawls (1973: sección 67) la autoestima es uno de los bienes primarios, es decir, uno de los bienes necesarios para planear y llevar a cabo exitosamente un plan racional de vida.

12 We customarily regard as bizarre, if not pathological, those who earnestly set out to do what we have very strong reasons for believing to be impossible.

13 Podría todavía argumentarse que las legiones de individuos que han admirado la conducta idealista han sido víctimas del autoengaño y que realmente han admirado algo diferente, ¿pero qué podría ser este algo diferente? Además, la hipótesis del autoengaño requeriría de una cantidad colosal de falsa conciencia, lo que no parece plausible.

14 Debo este punto a John Worrall de la London School of Economics.