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Signos filosóficos

versión impresa ISSN 1665-1324

Sig. Fil v.10 n.20 México jul./dic. 2008

 

Artículos

 

La concepción heideggeriana del artefacto en Grundbegriffe der Metaphysik

 

Diego Parente*

 

* CONICET/Universidad de Mar del Plata, dparente@uolsinectis.com.ar

 

Recepción: 26 de mayo de 2008
Aceptación: 29 de agosto de 2008

 

Resumen

En su curso Die Grundbegriffe der Metaphysik. Welt–Endlichkeit–Einsamkeit (1929/1930) Heidegger elabora una distinción entre órgano y útil, cuyo objetivo es la caracterización del organismo y su posterior comparación con el hombre. El objetivo de este artículo es examinar los límites entre lo orgánico y lo artificial con el fin de establecer en qué medida tales distinciones —si bien pueden resultar marginales dentro de la obra del filósofo alemán— pueden realizar un aporte a la comprensión del estatuto ontológico de los artefactos. En tal sentido se muestra de qué modo las tesis heideggerianas en torno a la distinción órgano/útil pueden reinterpretarse de modo coherente recurriendo a la idea de diseño técnico.

Palabras clave: artefacto, diseño técnico, Heidegger, herramienta, órgano.

 

Abstract

In his course Die Grundbegriffe der Metaphysik. Welt–Endlichkeit–Einsamkeit (1929/1930) Heidegger devises a distinction between organ and tool whose objective is to characterize organism in order to compare it to man. The objective of this article is to examine the limits between the organic and the artificial in order to determine to what extent such distinctions although they could be considered marginal in the German philosopher's workcan contribute to understand the ontological status of artefacts. This paper tries to show how these Heideggerian thesis about the distinction organ/tool can be reinterpreted in a coherent way through the idea of technical design.

Key words: artefact, technical design, Heidegger, tool, organ.

 

En su curso de Friburgo de 1929/1930 —publicado con el título de Die Grundbegriffe der Metaphysik. Welt–Endlichkeit–Einsamkeit (2007)— Martin Heidegger elabora una distinción entre órgano y útil cuyo objetivo es dar lugar a una caracterización del organismo que permita compararlo con el hombre. El presente artículo analiza una serie de aspectos en torno a dicha distinción entre lo orgánico y lo artificial, aspectos que pueden acoplarse a la discusión contemporánea en filosofía de la técnica, específicamente a la problemática del estatuto ontológico del artefacto. En tal sentido se intenta determinar los límites entre ambas nociones y establecer en qué medida tales distinciones —si bien pueden resultar marginales dentro de la obra del filósofo alemán— pueden en verdad realizar un aporte a la comprensión del estatuto ontológico de los artefactos.

En primera instancia se reconstruyen las tesis heideggerianas sobre las diferencias entre órganos y entidades artificiales. En un segundo momento se intenta resignificar dichas distinciones a la luz del vocabulario y los problemas dados en el debate contemporáneo acerca del estatuto ontológico de los artefactos. En tal sentido se muestra de qué modo las tesis que Heidegger expone en sus Grundbegriffe en torno a la distinción órgano/artefacto pueden reinterpretarse de modo coherente recurriendo a la idea de diseño técnico.

 

LOS GRUNDBEGRIFFE COMO COMPLEMENTO DE SEIN UND ZEIT

En los §§ 51–55 de sus Grundbegriffe, Heidegger elabora una minuciosa distinción entre órgano y útil que, en lo esencial, intenta remarcar el carácter revela–mundo del humano —en cuanto creador y portador de artefactos— por encima del carácter de "pobreza de mundo" que define lo animal. Dicho análisis, en verdad, forma parte de una argumentación de mayor alcance mediante la cual Heidegger pretende realizar un extenso recorrido desde el organismo hacia el hombre, a través de lo que el mismo autor denomina una "reconstrucción comparativa", procedimiento que a su vez se distancia del "camino histórico" asumido en el marco de Sein und Zeit (2007: 226–227).

En cierto modo los §§ 51–55 pueden verse como una continuación de la problemática de los útiles abierta en §§ 15 y 16 de Sein und Zeit. En esta obra, la analítica existencial sugiere un punto de vista centrado en el modo en el que los útiles permiten un acceso originario al mundo en términos de Umsicht. Como es bien sabido, Sein und Zeit no ofrece una reflexión sistemática sobre la tecnología o las entidades artificiales. Sin embargo, en el marco de su analítica del Dasein, dedica una sección entera a explicitar nuestra relación instrumental con el mundo. En § 15 señala que el Dasein se encuentra siempre ocupado en el complejo remisional de los útiles (Zeuge): Estar en el mundo significa absorberse atemática y circuns–pectivamente en las remisiones constitutivas del estar–a–la–mano del todo de útiles (Heidegger, 1998), es decir, estar inmerso en el trato con prágmata. De manera tal que el modo inmediato del trato entre Dasein y ente intramundano no es el conocer puramente aprehensor, sino el ocuparse que manipula y utiliza, el cual tiene su conocimiento. En el trato cotidiano con los útiles predomina entonces la Umsicht, no homologable a la visión teorética de un sujeto que representa objetos.

En sentido estricto, el tratamiento que el filósofo alemán ofrece en Grundbegriffe no es sólo una continuación, sino más bien una complementación de los temas antes tratados, ya que el análisis del útil se ve profundizado a través de una labor comparativa con los órganos animales —y también humanos—. Tal comparación conduce a Heidegger a remarcar nuevos rasgos de los útiles que se concatenan con su tesis del hombre como 'configurador de mundo' (weltbildend), en contraste con la 'pobreza de mundo' (Weltarmut) del animal. Mediante esta tesis —desarrollada en la última parte de la obra— Heidegger pretende localizar la estructura fundamental del Dasein en relación con el animal, indagando el origen y sentido de esa apertura que se ha producido en lo viviente con el hombre.1 Los principales interlocutores heideggerianos en los parágrafos mencionados no son tanto los representantes de la tradición filosófica como la tradición de ciencias biológicas vigente en ese periodo histórico. En este sentido es importante observar el modo en que Heidegger destaca positivamente la importancia de considerar los resultados de dichas investigaciones científicas con el objeto de esclarecer las nociones de organismo y útil.

De este modo el capítulo IV de los Grundbegriffe presenta una curiosa combinación de argumentaciones que integran algunos rasgos típicos de la antropología filosófica (la pregunta por la esencia de lo humano, pregunta que a fin de cuentas intentará evitar los tópicos antropocéntricos) y otros temas recientes de filosofía de la técnica (la pregunta por el estatuto ontológico de los artefactos). El presente ensayo se restringirá a analizar esta última cuestión, procurando una reconstrucción crítica del planteamiento heideggeriano en torno a la idea de artefacto. Tal tarea requerirá partir de su consideración del órgano y de sus críticas a la concepción biologicista.

 

LA PROFUNDIZACIÓN DEL PROBLEMA DEL ZEUG EN GRUNDBEGRIFFE

En Grundbegriffe, Heidegger presenta una serie de reflexiones sobre un objeto mencionado, pero no tematizado de manera explícita en su obra previa: el organismo. En el contexto de Sein und Zeit, la vida (en este sentido lo orgánico) aparecía como un "modo peculiar de ser, pero esencialmente sólo accesible en el Dasein", es decir, una interpretación privativa y ontológicamente subsidiaria del Dasein fáctico.2 A diferencia de este tratamiento, en sus Grundbegriffe radicaliza la pregunta por el vínculo entre lo simplemente viviente y el Dasein, dialogando con la biología y zoología contemporáneas (Hans Driesch, Karl von Baer, Johannes Müller, Jakob von Uexkull) y tomando al organismo como punto de partida para indagar el estatuto ontológico de los útiles —y, en cierto modo, de lo artificial, ya que el propio filósofo habla aquí de máquinas, instrumentos y aparatos.

Ciertamente a Heidegger no le interesa abordar este aspecto ontológico de los artefactos como un problema en sí mismo, sino que, más bien, intenta determinar hasta qué punto la analogía —de raigambre biologicista— entre órganos y útiles puede ser efectivamente sostenida. Todos los esfuerzos del filósofo alemán se dirigen precisamente contra esta analogía y los elementos erróneos que le subyacen. Así es que, aun cuando el organismo no pueda concebirse adecuadamente como herramienta ni como máquina, la caracterización de la esencia de éstos ofrece una posibilidad para "un realce más nítido del organismo" en contraste con otros entes (Heidegger, 2007: 265). Esto es, si bien Heidegger parte de la comprensión corriente de lo viviente —según la cual todo lo viviente es organismo—, su búsqueda lo lleva de manera directa a discutir la misma noción de organismo tal como es planteada en la biología.3

En primer lugar, la búsqueda de la esencia del organismo lo conduce a otros entes: la mera cosa material, el útil, la herramienta, el aparato, el instrumento, la máquina. Heidegger parte de la consideración del organismo como "aquello que tiene órganos" (2007: 263). Pero la biología tiende a introducir un equívoco cuando, en el caso de Wilhelm Roux, sostiene que el organismo es un complejo de herramientas. De allí que la tarea heideggeriana consistirá en distinguir cuidadosamente entre estas dos dimensiones ónticas. En un tema que profundizaría unos años más adelante en Der Ursprung des Kunstwerkes, Heidegger indaga el estatuto del útil por medio de una comparación con la mera cosa, sólo que en este caso el criterio que guía la tarea comparativa está dado por la triple tesis que distingue entre pobreza de mundo, carencia de mundo y conformación de mundo. En este contexto, los útiles

[...] no son simplemente sin mundo como la piedra, ni tampoco pobres de mundo [...] el utensilio (das Zeug), las cosas de uso en el sentido más amplio, son sin mundo, pero al mismo tiempo, en tanto que sin mundo, pertenecen al mundo [...] Tal cosa es sólo lo que es y como lo es en tanto que producto (Erzeugnis) de hombres. Ello implica que tal engendrar utensilios sólo es posible donde subyace eso que llamamos configuración de mundo. (Heidegger, 2007: 264)

Ese doble carácter del Zeug como ente sin mundo y a la vez perteneciente al mundo tiene sentido solamente en cuanto el útil: (a) se asemeja a la piedra en lo referente a su estar cerrado al mundo, pero también (b) ingresa en el mundo en tanto que producto intencional humano, más precisamente, resultado de su actividad conformadora. En el plano de un discurso antropológico —el cual Heidegger evita deliberadamente— podría decirse que la capacidad para hallar útiles sólo es propia del hombre en cuanto weltbildend. Sólo éste puede producir y hallar útiles en tanto es esencialmente aperiente (es decir, abre mundos o sectores de inteligibilidad), lo cual a su vez implica que es capaz de aproximarse a las entidades en vistas de la relación medio/fin.4 Lo cierto es que tal orientación trascendental le permite a Heidegger ubicar una característica propia del hombre que posibilitaría, entre otras cosas, la producción, uso e interpretación de artefactos. Sin esa orientación hacia la configuración de mundo no cabría pensar en un ambiente artificial estructurado sobre un patrón de acciones poiéticas determinadas y de acuerdo con criterios públicos de reconocimiento de artefactos.5

De tal modo Heidegger se ve conducido a localizar el estatuto ontológico de distintas figuras artificiales. En este sentido destaca —aunque sin profundizar— que útil, herramienta y máquina no pueden analogarse: "no todo utensilio es herramienta, ni menos aún toda herramienta y todo utensilio es una máquina" (2007: 265). Continuando con el criterio de Sein und Zeit, Heidegger considera que la noción de Zeug es más amplia e incluye a las otras dos.6 Efectivamente sigue fiel a su idea de Zeug como un correlato alemán para el término griego prágmata, las cosas de uso en sentido general, aquello con lo que uno trata en la praxis (Heidegger, 1998: 96).

Considerando tales diferencias Heidegger dirige su crítica hacia la definición del organismo como complejo de herramientas —tal como la plantea Roux—. En biología se acepta que los órganos del ser vivo son herramientas y que el ser vivo en cuanto organismo es una máquina. Efectivamente se habla de órganos sensoriales como herramientas sensoriales (Sinneswerkzeugen), pero aquello que queda impensado en la interrogación de corte biologicista es si la herramienta y el órgano son lo mismo. Contra los supuestos corrientes de la biología y la zoología de su tiempo, Heidegger propone alcanzar el "reconocimiento de que los órganos no son meros instrumentos, de que el organismo no es una mera máquina" (2007: 268).

Si bien queda fuera del tópico tratado en este trabajo es importante destacar que esta orientación crítica que Heidegger expresa hacia el uso de un vocabulario ingenieril (y, en cierto modo, teleológico) para el tratamiento de lo orgánico tiene fuertes paralelos con los planteamientos realizados por Jakob von Uexküll hacia 1913. Éste también había buscado trazar las líneas divisorias entre máquina y ser vivo, rechazando las tentativas de derivar al ser vivo de la máquina y oponiéndose, de tal modo, a la utilización de vocabularios que analogaran el campo biológico con el artificial (1934: 148 y ss.).

 

PRECISIONES SOBRE LA DISTINCIÓN ÓRGANO/ÚTIL: DOS MODOS DEL PARA–QUÉ

El desmontaje de la metáfora biologicista iniciado por Heidegger en los §§ 51–55 requiere de una reflexión comparativa entre un órgano y un útil: el ojo y la pluma, por ejemplo. Su aspecto común es el para–qué (Umzu) o referencia teleológica: el ojo sirve para ver; la pluma sirve para escribir. Ambos, órgano y útil, muestran el carácter del para... La utilidad forma parte directamente de su ser específico. Sin embargo, destaca Heidegger, aquí donde órgano y herramienta están lo más cerca en cuanto a su carácter de utilidad no se debe desatender a una diferencia decisiva:

La pluma es un ente por sí mismo, al alcance del uso de varios y diversos hombres. Por el contrario, el ojo, que es órgano, jamás está así presente para aquellos que lo necesitan y lo emplean, sino que cada ser vivo solo puede ver respectivamente con sus ojos. Estos ojos y todos los órganos no están presentes por sí mismos como una cosa de uso, un utensilio, sino que están incorporados (eingebaut) en el ente que hace uso de ellos. (Heidegger, 2007: 270)

De este modo, la primera diferencia entre órgano y útil está dada por el hecho de que el primero es una herramienta incorporada en quien la emplea. Ahora bien, aquí cabe interrogarse: ¿de qué tipo de incorporación (Eingebautsein) se trata? Podría pensarse, como queda manifiesto en Sein und Zeit, que el obrero también tiene en cierto modo incorporado el martillo en su uso habitual dentro de las tareas que realiza. El martillo, en cuanto útil que funciona adecuadamente y responde a la tarea destinada, desaparece en la Umsicht, manteniéndose en un plano de manipulación no representacional (Heidegger, 1998: §§ 15–16). Las experiencias cotidianas de manipulación de útiles están caracterizadas precisamente por un acoplamiento mecánico eficiente no–teorético. Esta idea de ser–uno–con que enlaza al carpintero con su martillo, o al operario con su grúa, puede dar lugar a pensar en los artefactos como "proyecciones orgánicas".7 Sin embargo, la incorporación en uno y otro caso no resulta analogable. El hecho de que la herramienta desaparezca en el trato eficaz cotidiano no habilita a considerarla estrictamente como un órgano. Si bien tanto el útil como el órgano apuntan a un para–qué, el último está intrínsecamente relacionado con el ser del organismo que lo desarrolla, algo que no sucede en el vínculo entre la herramienta y su usuario humano. Este último vínculo, más bien, está constituido por la historicidad y su génesis se presenta necesariamente bajo condicionantes culturales. De este modo puede hablarse estrictamente de una historia de las mediaciones técnicas (la cual da cuenta de la diversidad de la inventiva humana a través de su desarrollo histórico–cultural), pero no puede hablarse en el mismo sentido de una historia de los órganos, o sólo puede hacerse al costo de pensar en una escala evolutiva, es decir, considerando enormes periodos de tiempo en los cuales se producen leves y graduales modificaciones en cada especie. En este sentido, el modo bajo el cual la complejidad y la variabilidad histórica de los artefactos se encuentran estrechamente conectadas al diseño —comprendido como una práctica colectiva deliberada— parece obstaculizar la aplicación directa de un vocabulario intencionalista (o ingenieril) al campo de los organismos y sus órganos.

En otras palabras, la brecha entre órgano y artefacto se patentiza una vez que se reconoce la imposibilidad de equiparar los significados de uno y otro para el ser humano inmerso en una determinada actividad. Efectivamente, el artefacto posee una peculiar lógica de producción que implica una cierta determinación de su modo de ser: un martillo fue producido de manera tal que sirviera para martillar. A esta destreza del útil, a este modo específico de su poder–servir, Heidegger lo denomina disposición Fertigkeit— (2007: 271). Así, todo útil tiene una disposición determinada para..., que a su vez se fundamente en un cierto diseño.8 En este análisis lo decisivo consiste en que, si bien la pluma como utensilio está "dispuesta para escribir" (fertig für das Schreiben), sin embargo no es "capaz de escribir" —fähig zu schreiben— (2007:272). Mientras que el utensilio está orientado a una disposicion, el órgano tiene en cada caso una capacidad (Fähigkeit). Al respecto escribe Heidegger:

[...] un ojo por sí mismo no es un ojo. Ello implica que nunca es primero una herramienta que luego, además, esté incorporada. Más bien forma parte del organismo, procede de él, lo cual a su vez no significa que el organismo confeccione órganos. (Heidegger, 2007: 272)

Por un lado, los órganos tienen capacidades, pero sólo puede hablarse en estos términos en cuanto pertenecen al organismo, es decir, cuando se encuentran incorporados en él. Por el contrario, la herramienta excluye esencialmente una pertenencia a algo otro, en el sentido de que obtuviera el caracter de ser debido a tal pertenencia. Sin duda, el martillo activa su ser–para en cuanto es utilizado (o incorporado) en las tareas de un agente particular. Pero, en rigor, el martillo no obtiene su estatuto de útil por esa presencia constante del usuario que lo manipula y lo inserta en una tarea específica, sino que ya desde su propio diseño él anuncia una cierta utilidad, un cierto para–qué. En este punto la argumentación heideggeriana se dirige a comprender esta relación en clave trascendental:

Si el órgano tiene capacidades en tanto que órgano, es decir, en tanto que perteneciente y surgido del organismo, entonces [...] no es el órgano el que tiene una capacidad sino que el organismo tiene capacidades [...] Los órganos no son añadidos, incorporados posteriormente a la capacidad, sino que surgen de ella y se agotan en ella, se mantienen en ella y perecen con ella. (Heidegger, 2007: 272–273)

Herramienta y órgano, por tanto, parecen compartir sólo una similitud superficial, a saber, el hecho de que ninguno de ellos puede operar por sí mismo. Pero las semejanzas terminan en este punto: a diferencia de los órganos, las herramientas son externas al usuario y, por otra parte, no se desarrollan en el modo en que lo hacen los órganos. De esta manera, el equívoco que subyace a la metáfora biologicista es el pensar en el órgano como algo que posee el carácter de herramienta (Werkzeug). Si bien tanto el órgano como el útil tienen su esencia en la utilidad, la diferencia reside, como indica Heidegger, en el carácter de esta utilidad, y no sólo en aquello para lo que sirve (2007: 271).

Otra diferencia importante entre órgano y útil —diferencia que Heidegger anota sólo lateralmente si bien es decisiva para comprender la mencionada separación— consiste en que la construcción del Zeug procede según un plan. Es decir, en su producción el plan se encuentra determinado previamente por la utilidad del utensilio. En cambio la presencia del órgano en el organismo no puede remitirse a un creador, no es fruto de una invención deliberada, sino que más bien resulta explicable mediante la alusión a una deriva natural resultante de la dialéctica entre organismo y ambiente.

En este aspecto resulta indudable que Heidegger prosigue de manera fiel las ideas que J. von Uexküll había señalado en su obra Bausteine zu einer biologischen Weltanschauung (1934). Allí von Uexküll sostiene que, si bien resulta posible construir una máquina con el material necesario y un cierto plano a la vista, no sucede lo mismo con un animal. En el caso de la máquina, la noción de plan de construcción significa una representación del origen del todo. De hecho, las máquinas se originan por montaje de partes ya hechas para constituir un todo. Por el contrario, ningún animal es formado por montaje de partes ya hechas (von Uexküll, 1934: 129). Por su parte, un artefacto requiere, para su conformación efectiva, de un bosquejo previo que marque al menos sus rasgos generales.9 De modo tal que en este aspecto la semejanza entre artefacto y ser vivo también reviste sólo un carácter superficial: el hecho de que ambos poseen un plan de construcción que regula las dependencias de las partes en el espacio.

Una última diferencia crucial, derivada de la antes mencionada, se relaciona con el hecho de que el artefacto (ya sea un instrumento primitivo o bien una compleja máquina moderna) requiere, para ser puesto en funcionamiento, no sólo de su operador sino también de ciertas instrucciones para actualizar su uso. Por el contrario, el organismo conduce, introduce y reconduce su propia movilidad. Puede haber, sin duda, cierto proceso de perfeccionamiento en el uso de sus órganos (los atletas y los músicos son casos paradigmáticos de tales posibilidades), pero en rigor su puesta en actividad no requiere de reglas o instrucciones externas. En resumen, autoproducción (Selbsthorstellung), autoconducción (Selbstleitung) y autorrenovación (Selbsterneuerung) son momentos que caracterizan al organismo frente a la máquina (Heidegger, 2007: 274).10

La confusión que preocupa a Heidegger está relacionada con el hecho de que la biología tiende a ver los órganos animales como algo presente, algo permanente a lo largo de toda la vida del animal superior.11 Es esta interpretación la que termina conduciendo al equívoco de tomarlos como herramientas. Sin embargo, aunque los órganos parecen perdurar y estar presentes, ellos sólo están dados en el modo de ser llamado vida. Lo característico del órgano es que queda sujeto y pertenece positivamente a la propia capacidad. La comparación con el útil en este aspecto particular obliga a pensar que

[...] el carácter del "para", que observamos también en todo utensilio, herramienta, y en toda máquina, es fundamentalmente diferente en el caso del órgano y en el caso del utensilio. El ojo no es útil para ver, tal como la pluma es útil para escribir, sino que el órgano queda al servicio de la capacidad que lo configura. Lo dispuesto terminado es en cuanto tal útil para... [dienlich für...] El órgano que surge en y desde la capacidad sirve para... [ist dienshhaft]. (Heidegger, 2007: 277)

De esta manera, la argumentación heideggeriana se orienta a una distinción entre utilidad (Dienlichkeit) y servicialidad (Diensthaftigkeit). Esta diferenciación no es trivial puesto que en ella arraigan las bases para hablar coherentemente de artefactos —es decir, de productos humanos intencionales que resultan de operaciones de diseño.

La utilidad remite, en este marco, a una producción intencional. Que el ser–útil del martillo haya llegado a su fin —es decir, que esté dispuesto (fertig) según la terminología que propone Heidegger— significa precisamente que ha sido conformado en vistas de una serie particular de usos. Su estructura formal, su materia, los rasgos que constituyen su diseño han sido pensados estrictamente para posibilitar el cumplimiento efectivo de tal telos. Este carácter permanece inclusive en los casos de artefactos que no pueden, circunstancialmente, cumplir la función para la que fueron en un principio destinados. En cambio, en la constitución de los órganos sólo puede hablarse metafóricamente de diseño, en la medida en que no existe un plan deliberado de conformación que conduzca a su incorporación en un organismo determinado.12

 

LA IDEA DE DISEÑO COMO CONDICIÓN INTERPRETATIVA DE LA ARTEFACTUALIDAD

Lo dispuesto es útil (dienlich), lo capaz es servicial (diensthaft): Heidegger insiste con esta tesis a lo largo de toda su Vorlesung con el objeto de indicar las diferencias entre útil y órgano. Como se ha intentado marcar en este artículo, la palabra clave para ingresar de modo coherente en esta distinción es diseño técnico. Es decir, lo que parece distinguir a los artefactos es el haber sido fruto de una plataforma representacional con base en la cual es posible determinar de manera deliberada un cierto telos o para–qué.13 Tal referencia teleológica concebida por el productor o agente poiético es propiedad exclusiva del artefacto. Todo útil se orienta a cumplir su función en cuanto fue dotado de una cierta configuración, en cuanto fue construido con base en cierto material, etcétera. A diferencia de los meros objetos naturales, aquí cabe hablar de normatividad funcional en sentido pleno: se supone que el artefacto, en las circunstancias adecuadas, debe cumplir la función para la cual fue diseñado.

De modo tal que es en este campo de la normatividad donde aparece otro importante aspecto distintivo que ayuda a comprender su estatuto ontológico. Heidegger destaca tal condición cuando afirma que el utensilio dispuesto queda sometido a "una prescripción explícita o no explícita" (2007: 280). Esta prescripción (Vorschrift) es en cierto modo extrínseca, ya que se encuentra exclusivamente en el plan que ha determinado la generación del utensilio y su carácter específico de Zeug. En el terreno de aquello que muestra una capacidad —es decir, en la dimensión propia del órgano— la suposición de prescripciones implica una confusión conceptual, ya que en verdad lo capaz en sí mismo aporta reglas y regula. De allí que Heidegger afirme que lo capaz "se impulsa a sí mismo hacia su ser capaz de..." (2007: 280–281). A su vez este ser impulsado hacia su para–qué sólo es posible si el ser capaz es impulsivo (triebhaft). Por el contrario, el para–qué de la remitencia propia del utensilio es sin impulso. De acuerdo con esta última consideración, si entendemos al uso como una actividad que requiere una prescripción indicativa de los fines, esto es, una actividad que se lleva a cabo siempre desde el esquema medios/fines, entonces sólo los artefactos podrían usarse en sentido estricto. Los órganos, por el contrario, no serían susceptibles de uso, sino, más bien, sólo serviciales respecto a la capacidad orgánica por la cual se encuentran allí.

Los aspectos antes mencionados conducen a pensar que la suposición de diseño es una condición hermenéutica imprescindible para identificar artefactos en cuanto tales, y en tal medida resulta clave para distinguir artefactos de órganos —y, desde ya, de otras entidades naturales—. Como bien sugiere Daniel Dennett (1990: 182 y ss.), el descubrimiento del significado de un artefacto por parte de un intérprete requiere necesariamente asignar funciones y pensar los propósitos con los cuales se dirigió la producción de un útil. Toda interpretación de un útil implica, entonces, una estrategia de adjudicación de un para–qué relativo a su diseño. Para cumplir adecuadamente este proceso el agente involucrado supone un principio de optimalidad. Este principio, aplicado a la interpretación de funciones de útiles, obliga a interrogarnos qué quería significar el diseñador de un artefacto.

Si se considera este sentido normativo pleno, es dable pensar que la atribución funcional sólo resulta aplicable a entes artificiales (es decir, a las herramientas en el sentido heideggeriano), mientras que es inaplicable a entes naturales que tienen su fuente genética y su fuente de actividad en sí mismos. Por supuesto, tal demarcación no impide el hecho de que un agente pueda aplicar funciones a objetos naturales (por ejemplo, instrumentalizar una piedra como pisapapeles). Más bien, impide pensar tales casos a partir de la idea de función normativa que es propia de los artefactos creados específicamente para cumplir un cierto objetivo. En este sentido es importante destacar que la idea de artefactualidad defendida en esta última sección implica que la noción de artefacto sería más restringida en cuanto a su aplicabilidad que la noción de instrumento (o Zeug en el sentido heideggeriano). Este último concepto puede designar a cualquier ente instrumentalizado —ya sea fruto de diseño deliberado o de azar— mientras que la noción de artefacto quedaría reservada para aludir a aquellos objetos surgidos como productos intencionales y provistos de propiedades que comunican el hecho de ser herramientas destinadas a un para–qué particular.14

Por último, ciertamente es válido preguntarse por qué el análisis heideggeriano de los Zeuge presupone pero no menciona de modo explícito el tema del diseño técnico, lo cual constituye una situación curiosa, al menos si consideramos que esta última idea colabora de manera decisiva en la dilucidación de la distinción entre órgano y artefacto. Es decir, ¿por qué hay cierta resistencia a utilizar dicho término aun admitiendo la importancia central que tiene la idea de plan para distinguir entre ambos tipos de entes?

En principio debe precisarse que Heidegger no profundiza la cuestión del diseño en los §§ 15 y 16 de Sein und Zeit y sólo aborda dicha temática de manera lateral en sus Grundbegriffe y en su reflexión sobre la obra de arte (1997). La marginalidad del problema del diseño de útiles dentro de su célebre obra de 1927 puede comprenderse, fundamentalmente, a partir de dos motivos. En primer término, porque la determinación de la Zuhandenheit en su nivel ontológico requiere poner en primer plano la actividad de ocupación del Dasein sin aludir estrictamente a los contenidos de tal praxis como si ellos tuvieran una existencia objetiva independiente. En segundo término, la elipsis sobre dicha temática está dirigida a evitar las implicaciones representacionalistas, voluntaristas y metafísicas del término en cuestión. Por otra parte, puede conjeturarse que, en su escrito sobre la obra de arte, Heidegger no está preocupado por elaborar una caracterización óntica de los útiles ni de sus prerrequisitos. Más bien, su objetivo allí es ofrecer una definición de la coseidad (Dingheit) de la cosa que logre escapar de la clave sustancialista, que prima en el análisis filosófico tradicional.

Lo cierto es que, como se ha intentado mostrar a lo largo de este ensayo, a pesar de este carácter lateral y tácito de la cuestión del diseño en los escritos mencionados, Heidegger no puede evitar referirse, aunque no sea sino de modo indirecto, al estatuto de la materia15 (la cual, una vez que entra en relación con el Dasein, se presta a ser conformada de modo intencional) ni tampoco a la agencia intencional del inventor o productor bajo la idea de plan.

 

CONSIDERACIONES FINALES

El presente artículo ha intentado precisar ciertos aspectos de la distinción entre órgano y artefacto en los Grundbegriffe der Metaphysik, tomando como punto de partida la problemática ontológica que ella involucra y prestando especial atención a su significación en el debate contemporáneo de filosofía de la técnica.

En primer término se procuró reconstruir la argumentación heideggeriana en torno a las diferencias entre órganos y entidades artificiales. Con este objetivo se distinguieron tres aspectos esenciales: (a) la incorporación del órgano en el organismo; (b) la suposición de un plan de producción tras el útil; (c) la dependencia funcional que muestra el artefacto respecto de sus usuarios. Estas precisiones conducen a pensar que si bien útil y órgano se asemejan en cuanto remiten a un para–qué, su modo de ofrecer posibilidades es fundamentalmente distinto: disposición para algo (en el caso de los útiles) y capacidad de algo (en el caso de los órganos).

Como se ha visto, el planteamiento ofrecido por Heidegger se dirige a desmontar la imagen mecanicista propia de la zoología y biología de su tiempo: la comprensión de lo orgánico en términos ingenieriles, es decir, el desplazamiento metafórico que tiende a pensar los órganos (animales y humanos) como meras herramientas. El principal déficit de esta comprensión está dado por el hecho de que interpretar al órgano como herramienta equivale, según Heidegger, a desestimar que lo útil no puede ser nunca servicial, en el sentido en que un órgano sirve a una capacidad determinada.

En cierto modo, el aporte más valioso de los Grundbegriffe, en relación con el tópico estudiado, radica en que logra relocalizar la separación entre órgano (natural) y útil (artificial), superando la matriz aristotélica. Más precisamente, Heidegger se aproxima al fenómeno a partir de una interrogación orientada por los fines de cada ente. Debido a esto piensa órgano y útil principalmente a partir de su para–qué. De tal manera se trata de un tránsito desde la posición aristotélica (que tiende a enfatizar la causa eficiente) hacia un planteamiento que prioriza la causa final, de allí su insistencia en señalar que utilidad y servicialidad representan dos modos no homologables de para–qué.

De acuerdo con la interpretación esbozada en este trabajo, las tesis que Heidegger expone en sus Grundbegriffe en torno a la distinción órgano/ útil pueden reinterpretarse de modo coherente recurriendo a la idea de diseño técnico. El vocabulario implícito en esta última noción (plan de acción, estructura medio/fin, intencionalidad, configuración deliberada) resulta imprescindible a la hora de presentar una idea consistente sobre lo que significa ser artefacto. En tal sentido, la ruptura desestimada, en los intentos biologicistas de comprensión de lo orgánico como herramienta, atañe directamente a la cuestión del diseño, es decir, a la capacidad exclusivamente humana de generar planes de acción con base en un dominio de prácticas y conocimientos de carácter colectivo y necesariamente cultural.

 

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NOTAS

1 Al respecto véase Giorgio Agamben (2005: 55 y ss.).

2 Heidegger afirma: "La ontología de la vida se lleva a cabo por la vía de una interpretación privativa; ella determina lo que debe ser para que pueda haber algo así como un 'mero vivir'. La vida no es ni un puro estar–ahí ni tampoco es un Dasein. El Dasein, por su parte, nunca puede ser ontológicamente determinado como vida (ontológicamente indeterminada) y, además, otra cosa" (1998: 75).

3 Sobre el tratamiento del concepto de vida en esta Vorlesung véase Monica Bassanese (1992) y Diego Tatián (1997: 220 y ss.).

4 Sobre este potencial de apertura del hombre véase Iain Thomson (2000: 203 y 215).

5 En esta exclusividad que Heidegger asigna al hombre en cuanto a su capacidad para crear e interpretar útiles subyace una resistencia frente a la concepción de la invención y el uso de herramientas como una mera instancia de conducta adaptativa de una cierta especie. En verdad, para Heidegger tanto el hacer útiles como el utilizarlos son acciones posibles sólo dentro de un mundo histórico–lingüístico que no puede ser explicado en términos de recurso adaptativo.

6 Este problema en torno a la distinción entre grados o dimensiones de la artificialidad es un tópico ampliamente discutido en la filosofía de la técnica contemporánea. Rondall Dipert, por ejemplo, presenta una clasificación óntica que distingue entre ciertos grados de complejidad autorreferencial. Este autor distingue instrumentos, herramientas y artefactos, siendo posible homologar la primera categoría con la idea heideggeriana de Zeug (1995: 119–135).

7 La teoría de la Organprojection propuesta por Ernst Kapp hacia finales del siglo XIX es un ejemplo paradigmático de concepción que considera a los útiles como "órganos extracorpóreos" (1978).

8 Heidegger escribe: "Ser pluma significa ser de un determinado modo para escribir. Con este propósito la pluma está fabricada, producida, como este utensiliio determinado" (2007: 271).

9 De acuerdo con von Uexküll, la biología toma su modelo de comprensión de la artificialidad: "busca el plan de construcción del organismo viviente [...] pretende reconocer a los animales como un ingeniero a una máquina" (1934: 169).

10 Esta triple caracterización del organismo sigue la descripción que von Uexküll realiza en la obra citada. De acuerdo con éste, las maquinas son hechas por hombres, no se originan a sí mismas; son incapaces de ejecutar reparaciones en su propio cuerpo y son totalmente ajenas al poder de variar su plan de construcción (von Uexküll, 1934: 162). Recientemente Georges Canguilhem ha enfatizado las mismas características (1976: 135 y ss.).

11 De allí que Heidegger insista —paralelamente a von Uexküll— en la importancia de estudiar los microorganismos unicelulares para dilucidar la esencia del órgano, especialmente el paramecio, que cuenta exclusivamente con órganos contingentes.

12 Sobre la polémica aplicación de la idea de diseño en referencia a procesos naturales, véase Daniel Dennett (1990: 177 y 194).

13 Se sigue aquí la noción de diseño propuesta por Fernando Broncano: un diseño designa un "plan de acción cuyo resultado es un artefacto o sistema artificial" (2000: 117).

14 Podría pensarse que a diferencia de ciertos útiles hallados o usados de manera espontánea (el agua marina como medio para higienizarse, una roca en medio del camino como útil para sentarse), aquellas entidades que juegan un papel funcional sin necesidad de predicar diseño no caen bajo la categoría de artefactos, sino de instrumentos. Para una distinción entre estas dos nociones véase Randall Dipert (1993: 29 y ss.).

15 La referencia al estatuto de la materia aparece en Ser y tiempo (1998: 98). Sobre las constricciones materiales de los artefactos en la perspectiva heideggeriana véase Diego Parente (2008).

 

INFORMACIÓN SOBRE AUTOR(A):

Diego Parente: Doctor en Filosofía. Actualmente se desempeña como profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata y como becario posdoctoral del CONICET (Argentina). Es miembro directivo de la Asociación Argentina de Investigaciones Éticas y forma parte del Comité de Publicación de la revista Agora Philosophica. Es autor del libro Márgenes del lenguaje: Metáfora y conocimiento (2002) y co–editor de El legado de Immanuel Kant: actualidad y perspectivas (2004). Es compilador de la obra colectiva Encrucijadas de la técnica: ensayos sobre tecnología, sociedad y valores (2008). Ha publicado varios artículos acerca de problemáticas de filosofía de la técnica en revistas especializadas en Argentina y el extranjero.