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Signos filosóficos

versión impresa ISSN 1665-1324

Sig. Fil v.10 n.19 México ene./jun. 2008

 

Reseñas

 

Prolegómenos para una historia de la gubernamentalidad1

 

Ángel Octavio Álvares Solis*

 

Michel Foucault (2006), Seguridad, territorio, población.Traducción de Horacio Pons, edición establecida por Michel Senellart, Buenos Aires, Argentina, Fondo de Cultura Económica.

 

* Estudiante de la Maestría en Filosofía Política, Universidad Autónoma Metropolitana–Iztapalapa, angeluscortesano@hotmail.com

 

En 1978, Michel Foucault dictó un curso en el Collège de France titulado "Seguridad, territorio, población", el cual significó para el autor una esclarecedora ruptura epistémica. En efecto, a partir de los cursos dictados en esa época se dio una suerte de desplazamiento teórico en la obra de Foucault. Se pasó del estudio de las disciplinas de los cuerpos y los mecanismos de los sistemas penitenciarios, al análisis e historia de las tecnologías de seguridad que tienen como propósito la regulación de la población y, por extensión, la postulación del surgimiento de una sociedad de seguridad. No obstante, los alcances de esta perspectiva encontraron rápidamente sus límites. El análisis de los dispositivos de seguridad que se instauraron junto con el desarrollo de la población llevó a Foucault a destacar la importancia de una forma primaria de regulación, la gubernamentalidad (governementalité).2 Con la edición al español de los últimos cursos dictados en el College —en especial el de 1978 que, en palabras del autor, debió llamarse Historia de la gubernamentalidad— se amplia nuestro horizonte de interpretación en torno a un aspecto aparentemente olvidado de la obra de Foucaut: la problemática del Estado.

La estrategia interpretativa que utiliza Foucault para llevar a cabo la genealogía del Estado moderno consiste en aprehender al objeto Estado desde ciertas prácticas heterotópicas de gubernamentalidad. Así, la introducción de la problemática de la gubernamentalidad constituye, además de una respuesta indirecta a sus críticos, una interesante intersección metodológica entre la propuesta de la microfísica del poder y la aplicación de la conjetura de la Bio–política; es decir, de la supuesta relación entre política y vida, con la cual se inauguran las formas políticas de la Modernidad. Con este planteamiento no sólo se modifica en su interior el discurso filosófico de Foucault, sino que también se expanden nuestras formas habituales de comprender lo político. Desde el punto de vista intrínseco al discurso foucaultiano, la problemática de la gubernamentalidad tiene como consecuencia; por un lado, establecer un giro crítico que va de la historia de las tecnologías de seguridad hacia la genealogía del Estado moderno; por el otro, incluir al Estado en el campo del análisis de los micropoderes y, como resultado, concebir lo político no en función de lo estatal, sino de lo gubernamental.3 Sin embargo, desde su aspecto externo, el planteamiento de Foucault deviene en una perspicaz reflexión filosófica que permite diseñar un enfoque teóricamente novedoso y políticamente relevante para el análisis de la constitución de la subjetividad moderna.

Así, considero que uno de los grandes aportes del texto radica en la capacidad de exponer una cantidad considerable de autores poco frecuentados por la tradición filosófica actual; en particular, de todos aquellos escritores políticos que fueron marginados del discurso filosófico hegemónico, o bien que formaron parte de una estrategia común que fue ocultada por la recepción de los grandes autores. Si bien es cierto que todos estos tratados políticos no constituyen una unidad ideológica —además de apreciarse claramente su pobreza argumental—, ello no implica que no podamos extraer su riqueza semántica y, sobre todo, emplear tales discursos como instrumentos para la reconstrucción histórica y la reflexión político–filosófica. Con este enfoque del problema, Foucault muestra que cualquier visión del mundo es el resultado de la lucha entre un discurso que se asume como omniabarcante y un contradiscurso que, en función del primero, vive de su resistencia. En otras palabras, lo que deja expuesto Seguridad, territorio, población es, por un lado, que el análisis de pensadores secundarios no genera necesariamente un pensamiento de segundo orden; por el otro, que en la práctica y constitución de una episteme dominante no siempre los buenos argumentos triunfan.

Desde esta perspectiva habremos de preguntarnos de qué manera comprender la historia de la gubernamentalidad, ¿como un efecto teórico o como el resultado de los estudios maduros de Foucault?, ¿se trata de un proyecto de investigación?, ¿se puede entender como una nueva manera de concebir el análisis de los mecanismos de poder o, mejor aún, de un acercamiento heterotópico a lo político? Sin importar la respuesta que se ofrezca a tal planteamiento, se puede afirmar que se trata, o bien de un fecundo y novedoso modo de hacer filosofía política, o de otra sugerencia metodológica a la cual Foucault nos tiene acostumbrado. Lo que no resulta tan claro es en qué medida nuestra respuesta no es más que una preferencia de gusto, es decir, una elección de orden estético. Dentro de las lecciones metodológicas que insinúa la obra foucaltiana, es importante destacar a–quella que nos dice que en el fondo de todo discurso se encuentra inherente un imperativo de orden estético. Las elecciones estéticas —que conectan directamente con la subjetividad del lector— establecen que no hay comprensión de un texto, si previa o simultáneamente no se instaura una estrategia de interpretación. Así, la interpretación de un texto depende de la estrategia con la cual el lector abra el sentido de la obra, de los motivos que permitan la liberación de una especie de libido textual. De tal manera que si aplicamos este principio hermenéutico al contenido de Seguridad, territorio, población, nos enfrentamos a la siguiente disyuntiva: la "Historia de la gubernamentalidad" o constituye un proyecto de investigación abierto que requiere de una previa elucidación y posterior refinamiento, o bien representa sólo una parte del corpus foucaultiano que adquiere relevancia únicamente para los lectores de Foucault. Si concebimos la "Historia de la gubernamentalidad" como un proyecto a desarrollar, o una noción heurística y, por tanto, como un, marco de referencia flexible para el análisis histórico–político de cualquier sociedad donde se establezcan relaciones de poder, entonces tenemos una nueva perspectiva teórica —con fuertes repercusiones prácticas— para la constitución de un nuevo discurso filosófico–político o, si se prefiere, un eficiente catalizador para la construcción de una teoría social que tenga pretensiones de interdisciplinariedad. En consecuencia, la historia de la gubernamentalidad se torna en un sugerente norte teórico y eficiente ideal metodológico para acceder a lo político de manera rigurosa.

En un planteamiento muy similar al de Carl Schmitt, Foucault señala que si queremos comprender lo político rigurosamente, es menester abandonar la concepción estatalista de lo político, aquella concepción que reduce lo político a lo estatal. Se trata, pues, de aceptar que se ha dado una sobrevaloración del problema del Estado y, por tal motivo, se requiere un enfoque distinto, capaz de evitar tal falacia reduccionista: "Por tanto, el Estado en su supervivencia y el Estado en sus límites sólo deben comprenderse sobre la base de las tácticas generales de gubernamentalidad" (p. 136).

No obstante, si la historia de la gubernamentalidad se torna oportuna para evitar la reducción de lo político a lo estatal, cabe destacar qué condiciones y supuestos establece Foucault para que tal proyecto de investigación pueda llevarse a cabo. Básicamente podemos señalar tres supuestos:

i) Acercarse al concepto de poder a través de una estrategia nominalista. Foucault señala que si bien no es del todo posible definir qué cosa sea el poder, si se puede, al menos, señalar cómo opera y funciona en un contexto determinado. Esta consideración de política conceptual permite entender al poder no como una sustancia, sino como un sistema de relaciones dinámico, es decir, un conjunto de procedimientos específicos. De este modo, Foucault niega que su pretensión sea configurar una teoría general del poder, sin que ello implique que del análisis de los mecanismos de poder no se pueda bosquejar una teoría particular del poder.4

ii) Aceptar desde la perspectiva genealógica que, si bien nada es político por sí mismo, todo es potencialmente politizable. Para comprender ade–cuadamente esta afirmación tan provocadora, es menester haber distinguido antes lo político de lo estatal. Si lo político es lo estatal y lo político se entiende por toda la esfera de intervención del Estado, entonces decir que todo es político no es más que otro modo de afirmar que el Estado se encuentra en todas partes, directa o indirectamente. Esta conclusión es la que quiere evitar Foucault a toda costa. Por tal razón, no sólo rechaza la identidad entre lo político y lo estatal, sino que también señala que nada es político por naturaleza, aunque todo puede convertirse en política. En consecuencia, la política en este sentido, nace con la resistencia a la gubernamentalidad, surge cuando es posible establecer una contraconducta o un contradiscurso capaz de hacer frente a una práctica gubernamental específica.

iii) Partir de la noción gobierno como una noción equivoca. Como toda noción política, ésta se dice de muchas maneras y, como tal, cualquier tipología de los gobiernos que establezcamos es indisociable de sus propias formas de resistencia. Esta última proposición responde a la afirmación de Foucault de que toda forma de ejercicio de poder tiene su correspondiente forma de resistencia. Afirmar que la política nace con la resistencia a la gubernamentalidad, supone afirmar que existen varios tipos de gubernamentalidades. Según Foucault, con la Modernidad estalla la problemática del gobierno: "La problemática global del gobierno en general es a mi parecer el rasgo dominante de esta cuestión del Gobierno en el Siglo XVI" (p. 128). De este modo en el siglo XVI surge el arte de gobernar porque surge la necesidad de que se establezcan ciertos saberes y prácticas en torno al cómo gobernarse, cómo ser gobernado, de qué manera gobernar a los otros, por quién se debe aceptar ser gobernado —el problema de la soberanía— y, sobre todo, qué hacer para ser el mejor gobernante posible. El análisis de todas estas formas de gubernamentalidad, además de ampliar nuestro concepto de lo político, nos ayuda a reconocer que cualquier tipo de relación humana puede devenir en una relación de poder, siempre y cuando tenga al mismo tiempo su propio espectro de resistencia.

Debido a estos tres supuestos o principios metodológicos, establecidos por Foucault, entendemos el contenido de Seguridad, territorio, población no como un proyecto de investigación acabado, sino como los prolegómenos para una historia de la gubernamentalidad —similar a como Immanuel Kant estableció ciertos principios para toda metafísica futura de pretensión crítica—. Una vez intuida la intención y los supuestos metodológicos que hacen posible la obra, no resulta difícil comprender la manera en que Michel Foucault organizó sus clases. La obra se compone de catorce clases dictadas del 11 de enero al 5 de abril de 1978. Si se agrupan las clases de manera sistemática, el curso se secciona en tres partes.

1) Primeras tres clases, sirve para introducir la relación entre seguridad, territorio y población, explicitar los presupuestos metodológicos y comenzar el análisis de los rasgos generales de los dispositivos de seguridad.

2) Constituye principalmente la cuarta clase, la cual no sólo sirve de arranque a la problemática del gobierno, sino que también es en ella donde se da el viraje del problema de los dispositivos de seguridad hacia los procesos de gubernamentalización.

3) Las últimas nueve clases están destinadas a estudiar las diversas etapas históricas del proceso de gubernamentalización del Estado.

En suma, Seguridad, territorio, población nos ofrece una interpretación de la modernidad occidental a la luz de los márgenes de la filosofía, los contradiscursos que en ella se gestaron, así como los efectos del saber, producidos por ciertos mecanismos de poder. Si bien es cierto que el Estado representa el máximo objeto de conocimiento y el cúlmen del proceso de la reflexión histórico–política, Foucault nos alerta y propone un nuevo modo de pensar la política sin supravalorar el fenómeno del Estado y que, no por ello, no asuma al Estado como el horizonte de comprensión de la actual modernidad. En tanto pensador de lo contingente, Foucault no ofrece soluciones directas a los problemas filosóficos ni mucho menos establece interpretaciones acabadas, antes bien nos coloca en una situación de apertura intempestiva, abre nuestras perspectivas al diluir el grado cero de la investigación y, por tanto, nos incita a pensar de otra manera. Pensar al Estado de otra manera no tiene por qué violentar nuestros actuales paradigmas de investigación y, mejor aún, si lo que propone es continuar un proyecto que, si bien se sirve de la genealogía para su fundamentación, también puede articularse de otra manera. Así, el proyecto de una Historia de la gubernamentalidad resulta en una interesante propuesta y, por qué no, en una tarea para el tiempo actual.

 

NOTAS

1 Reseña al libro de Michel Foucault (2006), Seguridad, territorio, población, Buenos Aires, Argentina, Fondo de Cultura Económica.

2 Si bien la noción gubernamentalidad comienza a perfilarse alrededor de 1975 —en el curso Los anormales—, es hasta las primeras clases del curso de 1978 donde el término adquiere consistencia teórica. Gracias a tal noción, Foucault logró establecer una mediación entre las diversas microfísicas del poder que previamente había estudiado y el dominio concreto que históricamente ha ejercido el Estado en los individuos.

3 Foucault reconoce que sus análisis precedentes —donde muestra la relación indisoluble entre espacio–poder y saber–poder— tienen como sustrato el aparato estatal y que, por tanto, su estudio se remite no al análisis de la "estatalización de la sociedad", sino al proceso que permitió la "gubernamentalización del Estado" (p. 142).

4 Señala el autor: "con este análisis se trata simplemente de saber por donde pasa la cosa, cómo pasa, entre quiénes, entre qué puntos, de acuerdo con qué procedimientos y con qué efectos" (p. 16).