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versión On-line ISSN 2594-0619versión impresa ISSN 1665-1200

Tóp. Sem  no.34 Puebla jul./dic. 2015

 

Noticias del Fondo Greimas de Semiótica

 

Blanca Alberta Rodríguez y Luisa Ruiz Moreno

 

 

 

Reseñas

Raúl Dorra. ¿Leer está de moda? Córdoba, Argentina: Alción Editora, 2014, 246 pp.

 

"¿Cómo los hombres han construido y, sobre todo, han descifrado signos?" es la pregunta de base que anima el más reciente libro de Raúl Dorra, libro integrado por una introducción y diez ensayos, algunos de los cuales han sido publicados en diversos espacios académicos.

Precisamente, la actitud interrogativa, propia del género ensayístico, el deseo de explorar nuevas interpretaciones, la inteligencia para replantear las preguntas antes de apresurarse a dar respuestas lapidarias que lejos de abrir cancelan toda ventana al diálogo, la pasión por el pensar, por cuestionar lugares comunes y ofrecer miradas distintas sobre objetos aparentemente conocidos, así como un auténtico espíritu crítico, sellan este volumen.

Si bien el conjunto no guarda una estricta homogeneidad temática -lo que, por otra parte, tampoco debe ser una regla, menos aún en el género del ensayo -, es evidente que la mayoría de las reflexiones gravitan sobre algunos núcleos que constituyen líneas de investigación trazadas desde antaño por el autor: las relaciones de (inter) dependencia entre la escritura y la oralidad, la construcción e inscripción del sujeto en y desde la escritura, la constitución de la voz como subjetividad, la deriva de los afectos, las antiguas y nuevas práctica lectoras, en suma, la producción y el consumo de los signos en la esfera social, los modos de generación del sentido.

Uno de los principales temas, se ha dicho, tiene que ver con los entrecruzamientos de la oralidad con la escritura, los cuales se problematizan con mayor amplitud y profundidad en el ensayo "¿Qué hay antes y después de la escritura?". En él se esboza el trayecto que llevó a la escritura a convertirse en objeto de estudio para diversas disciplinas, principalmente para la lingüística. Asimismo, como en otras ocasiones, el autor hace una crítica a esa afirmación de McLuhan, considerada casi una verdad evidente: el imperio de la visualidad implantada por la escritura ha desplazado la oralidad. Tal afirmación parece desconocer los estrechos vínculos entre oralidad y escritura. Para refutar este equívoco, el autor muestra suficientes ejemplos.

En primer lugar, no debe olvidarse que la escritura, al menos la alfabética, surgió como una traducción del habla, por lo que tiene un fuerte componente fonético. Por otro lado, leer es ir en busca de una voz audible, leer "es poner atención a los sonidos que dan sentido a la presencia de esos grafos que la vista recorre", afirma Raúl Dorra.

La cuestión de la voz, tema central en la trayectoria del autor, vuelve a tratarse en el ensayo "La voz y el silencio", en el que se confirma la tesis de que la voz, en tanto sistema de diferencias, es un marca de la identidad. Ella, la voz, junto con el gesto conforman una suerte de escritura parlante -como lo ha demostrado espléndidamente en una obra anterior, La retórica como arte de la mirada (2002, Plaza y Valdés) -, pues el gesto, al acompañarla, lo hace como si fuera una escritura pictográfica, es decir, el aspecto "visible" de la comunicación.

Por otra parte, también es cierto que la escritura permite ejercer una actividad metalingüística, esto es, posibilita dar cuenta tanto de la oralidad -por lo que podría afirmarse que la escritura misma significó o significa un análisis del habla - como de sí misma, dado que a partir de la escritura se elaboraron gramáticas y diccionarios.

Igualmente, el autor revisa los conceptos de oralidad primaria y secundaria propuestos por Walter Ong. Observa que la oralidad no es propia de las culturas ágrafas, que no existe "un habla", sino "diversas hablas", grados de presencia de la oralidad en la escritura. No obstante, la oralidad, a diferencia de la escritura, es capaz de desarrollarse de manera independiente o bien paralelamente a aquélla. Pero lo importante es considerar las zonas donde ambas se tocan, entrecruzan e intercambian; ello haría apreciar mejor ciertas expresiones de la poesía de tradición oral, formas particulares adoptadas por el habla en las que lo oral constituye una "economía general de la existencia", o bien entender fenómenos híbridos como el caso del chat y tantos otros mensajes cuyo soporte material construido por las nuevas tecnologías de la información los vuelve mucho más complejos.

En esta misma línea, aunque poniendo el foco de atención en la relación sujeto-escritura, se encuentra "El trazo de la escritura". Se trata de una aguda reflexión en torno a la constitución del sujeto en y desde la escritura. El autor postula dos niveles de lectura que implican grados diferentes de la presencia del sujeto. Habría una perspectiva del texto en la cual se lee un mensaje; pero habría una más donde se lee no el mensaje sino la escritura misma como impronta del sujeto; aquí la lectura es "recuperación de las huellas de una presencia"; se lee no lo herido por el punzón sobre una superficie al momento de la inscripción de la grafía sino más bien la herida misma. Esta herida viene a ser una especie de voz del sujeto.

Lo anterior conduce a reconocer en la dimensión plástica de la escritura otro registro de la significación. En dicho ensayo, el autor diserta con gran creatividad sobre la composición de la página, cuya instauración se logra cuando la mano ejecuta un trazo o bien cuando la mirada selecciona un objeto del mundo como signo, convirtiendo así el espacio en un lugar significante. De tal suerte que tendríamos una escritura stricto sensu y una escritura simbólica. En ésta, la mirada se encarga de hacer emerger el sentido a partir de lo sensible.

Todas estas sugerentes y originales consideraciones sobre el sujeto, la escritura y la voz quedan perfectamente articuladas en "Migraciones de Gloria Gervitz", texto introductorio a una antología de la poeta mexicana Gloria Gervitz.

Otra rama de este libro, quizá la más robusta, se refiere a las nuevas prácticas de lectura. Aquí nuevamente se deja sentir un espíritu crítico al que se añade un rasgo estilístico que cada vez gana mayor presencia en la reciente producción ensayística del autor, algo que seguramente los lectores no dejarán de agradecer: el humor. Un humor que en ningún momento resta seriedad ni rigor a la argumentación; por el contrario, no sólo brinda amenidad sino que, llevado a veces al límite de lo "absurdo", arroja luz sobre los problemas tratados. Es el caso del último ensayo, que da título al libro, y a la Introducción. En éste se plantea un mundo hipotético en el que todos leen. Los jóvenes, antiguamente aficionados a las drogas, exhiben su pasión por la lectura; hasta los burócratas exigen como prestación veinte minutos de lectura o terapias a base de lecturas. Inclusive, el campeonato de fútbol, llamado antes la Copa del Rey, se denomina, más acorde con los nuevos tiempos, "El libro del Rey". Carteles llamativos inundan las ciudades con la frase "leer está de moda". Este idílico escenario, es de esperarse, además de arrancarnos una sonrisita socarrona, no ironiza el ¿evidente? hecho de que "la gente no lee", sino tiene la intención de provocar al lector, para que junto con el autor se cuestione: ¿será cierto que las generaciones pasadas leían más que las actuales?, pero, sobre todo, pretende que se haga una pregunta más profunda: ¿hasta dónde las nuevas prácticas de comunicación están modificando nuestra relación con la escritura?

En "¿Leer está de moda?", con impetuosa sagacidad, el autor analiza lo que en el fondo hay en las proliferantes campañas de promoción de la lectura. Su disertación permite distinguir, por un lado, el libro en tanto objeto del libro como símbolo y, por otro, el libro impreso del libro virtual. Con ello emprende una caracterización de los modos de lectura que implican ambas modalidades, no para sentenciar cuál es mejor sino para pensar con mesura las transformaciones que están teniendo lugar. En ese sentido, revisa con atención los conceptos de libro, escritura y lectura a la par que ofrece múltiples ejemplos.

El autor no pretende dar por sentada ninguna verdad, sino internarse en esa maraña de producción y consumo de mensajes, lo que resulta de gran ayuda para que el lector tenga un panorama más objetivo del asunto. Sin duda, como afirma Raúl Dorra, vivimos "momentos de extrema demanda y de extrema saturación" que ponen en juego la "unidad del sujeto"; por tal razón, una reflexión como la suya nos ofrece la distancia necesaria para pensar.

También debemos mencionar algunos ensayos: "Divagaciones sobre la negatividad", "La impronta teológica en el discurso científico", "¿Qué es, entonces, lo sagrado?" y "Pensar el erotismo", cuyas temáticas, si bien diversas a las ya mencionadas, son de sumo interés: la negatividad como valor intrínseco al sistema de la lengua, el quehacer científico como construcción discursiva más que como develamiento de la naturaleza, la experiencia de lo sagrado relacionada con lo siniestro y lo monstruoso, el erotismo como un placer de la inteligencia más que de los sentidos...

Por último, quisiéramos referir el elocuente ensayo "Elogio de la traducción", en el que Raúl Dorra, desde su propia experiencia, medita sobre los alcances, límites, infortunios y dichas del ejercicio de la traducción. Ahí se detiene en los casos más significativos de la historia que han tenido repercusiones no sólo para la anatomía de las lenguas comprometidas en las traducciones sino para la cultura y las relaciones de poder.

Podríamos decir que ¿Leer está de moda? es un claro ejemplo de traducción tal como la entiende su autor: "un acto de conversión verbal que permite no sólo expandir sino reunir el saber de los hombres, traer al ámbito de lo conocido aquello que de otro modo permanecería cifrado por grafías que están, en mayor o menor grado, fuera de nuestro entendimiento", pues el autor ha leído nuestra compleja y jeroglífica realidad significante como quien lee una página cifrada y nos ofrece su traducción. En última instancia, su traducir, su interpretar, ha sido "un gesto de solidaridad hacia los que, sin ese gesto, quedaríamos excluidos del mensaje".

 

Blanca Alberta Rodríguez

 

Sémir Badir, Épistémologie sémiotique. La théorie du langage de Louis Hjelmslev. París: Honoré Champion, 2014, 411 pp.

 

Como un preludio a las distintas actividades conmemorativas de los cincuenta años del fallecimiento de Louis Hjelmslev, se publica, en bella y sobria edición, este nuevo estudio de Sémir Badir.* Los especialistas en la obra y en el pensamiento de quien ha provisto la epistemología de la semiótica -al concebir una teoría formal del lenguaje - se han dado a la reflexión sistemática a lo largo de este 2015. Sémir Badir, siendo uno de esos especialistas, se suma a dichas actividades académicas con la aparición, el año pasado, de su último libro.

Esta contribución, indispensable para un mayor conocimiento de la herencia hjelmsleviana tiene, en su mismo autor, un singular antecedente: se trata de la obra titulada con toda austeridad Hjelmslev,1 en la que prometió e hizo esperar la edición actual. Estamos ahora frente a una entrega que no sólo duplica en extensión a la anterior sino que, además de ser igualmente clara, ordenada y precisa, se inclina decididamente más a la investigación que a la docencia. No obstante, el esfuerzo por brindarle al lector un material comprensible y útil para la enseñanza y el aprendizaje se advierte de entrada en Épistémologie Sémiotique.

En ese sentido, podríamos considerar que la exposición de Badir comienza por tres introducciones, aunque sólo el primer apartado se llame como tal. El segundo apartado, « Apparat Philologique », es una justificación bibliográfica de la obra que ubica -al destinatario de la misma - en el universo científico en el que debe ser circunscrita y, por lo tanto, leída y valorada. Ahora bien, lo que para nosotros es igualmente una tercera introducción es el capítulo I, « Données », sobre todo, su primera parte, la cual se encuentra matizada con no pocas preguntas que refuerzan la atención que se le otorga al lector. Luego, poco a poco, el autor va entrando de lleno en materia.

Esta cuidadosa serie de preparativos para una buena recepción es coherente con el propósito, explícito desde un primer momento, de que para seguir la interpretación teórica que se ofrece en este libro no se requiera ninguna lectura, ninguna especialización previa. ¿Qué se solicita, entonces, del lector? Nada más, ni nada menos, que lo que exige de por sí la lectura de la propia obra estudiada. Es decir, y tal como lo sabemos, para leer a Hjelmslev se necesita capacidad de abstracción y de generalización, o, al menos, hacer el esfuerzo por obtenerla; se necesita, además, tener el deseo de profundizar en los conceptos y de lograr que ellos sean explícitos, así como tener la voluntad, agregada al deseo, de realizar el seguimiento de una teoría utópica del lenguaje.

Esto último lo decimos con perplejidad y retomando palabras de Sémir Badir en las que concentra su propio pensamiento sobre la teoría hjelmsleviana. Por nuestra parte, creemos que esta afirmación hecha desde las primeras páginas es el eje de su libro y constituye una idea original. Más que esto, pareciera una suerte de bello gesto en el sentido semiótico del término. ¿No es acaso, inesperado, insólito, un retruécano del sentido realizar una investigación tan rigurosa sobre una lingüística a la que se postula como una utopía, sobre todo en el estado actual de las ciencias del lenguaje en el que a éstas se les pide que sean realizables, prácticas y capaces de dar resultados concretos? ¿No es también curioso que el investigador declare de entrada que no someterá a observación su objeto de estudio sino que se introducirá en él como quien bucea en el interior de las aguas, es decir, que su ensayo no versará sobre la teoría del lenguaje de Hjelmslev sino que será realizado en teoría del lenguaje?

Creo que un trabajo intelectual que da pie al planteo de estas preguntas e invita a encontrar sus respuestas, constituye el atractivo más grande para darse a la tarea de leer un libro como éste. Al menos, así es para quien escribe esta nota. Siguiendo, entonces, la serie de introducciones y el interés por descubrir una exposición particular sobre Hjelmslev, nos proponemos ofrecer nuestras propias valoraciones como el ejercicio de una posible lectura.

Dicho lo anterior, lo más adecuado es tener en cuenta el índice de la obra que reseñamos, ya que -como no siempre ocurre en todos los casos - ese ordenamiento sigue un plan expositivo en el que se advierte previsión y cálculo para obtener el fin previsto. Lo transcribo, entonces, a continuación: I. Donées (Datos); II. Théorie (Teoría); III. Sémiotique (Semiótica); IV. Texte (Texto); V. Métasémiotiques (Metasemióticas); VI. Le problème de l'expression (El problema de la expresión); VII. La question épilinguistique (La cuestión epilingüística). Sans conclusion (Sin conclusión). Annexe: Louis Hjelmslev, « Glossematic Procedure/ Procédure Glossématic » (Anexo: Louis Hjelmslev, "Procedimiento Glosemático"). Références Bibliographiques. Index de noms propres. Index de notions (Referencias bibliográficas. Índice de nombres propios. Índice de nociones).

Ante este listado, un semiotista inmerso en la corriente iniciada por Saussure y que, por lo tanto, concibe la teoría de la significación como una problemática del lenguaje, sentiría la lógica tentación de comenzar el libro directamente por el capítulo tres. Para tal semiotista, como es previsible, todos los temas que aquí se tratan son fundamentales para la disciplina y se podrían derivar de ese tercer apartado. Y aunque esto puede ser así, hay un postulado en esta obra que necesita ser bien comprendido para no leer ese capítulo, ni los demás, bajo un equívoco.

En efecto, Sémir Badir logra fundamentar en su ensayo lo siguiente: la teoría del lenguaje sustentada por Hjelmslev es en realidad una epistemología general con una problemática del conocimiento propia e independiente y que circunscribirla a la lingüística o a la semiótica no sólo implica mermar su alcance, sino, también, disminuir -en el malentendido - las posibilidades de su buen aprovechamiento para ambas disciplinas e, incluso, para otras en las que el pensamiento de Hjelmslev ha influido mucho más allá de lo visible.

Claro está que asumir este deslinde no es cómodo para la lingüística contemporánea que, aunque sus tendencias principales y sus afanes teórico -metodológicos están lejos de la glosemática, entiende como propia la corriente hjelmsleviana, es decir, como perteneciente al acervo histórico de su patrimonio científico y que, por lo tanto, permanece bajo su cobertura disciplinaria.

Para la semiótica, asumir que la teoría hjelmsleviana sobrepase sus propios límites, es igualmente complejo, cuestionador de algún modo, porque la considera como una de sus fuentes, su principal fundamento epistémico, es decir, la semiótica tiene en su fondo a dicha teoría pero no precisamente la tiene en perspectiva paralela y concurrente como quizás Badir sugiera. No obstante, en la página 49 de su libro, recuerda que Greimas advirtió claramente -y muy en los inicios de su teoría del sentido- ese horizonte epistémico general al decir que los Prolegómenos instituían una teoría del lenguaje que, subsumiendo las adquisiciones anteriores de la lingüística, aparecían sobre todo como una epistemología de las ciencias humanas.

Al releer este ensayo que va paso a paso en sus argumentaciones, me pregunto si no le parecerá a Sémir Badir que estas afirmaciones del fundador de la escuela semiótica de París se quedan cortas, así como, también, se lo han de parecer las de François Rastier, hechas veinticinco años más tarde, en cuanto a que la novedad epistemológica de la glosemática es la de interesar al conjunto de la ciencias sociales.

Sin lugar a dudas, la respuesta es positiva si nos adentramos plenamente en la tesis que defiende el texto de referencia: la teoría del lenguaje de Hjelmslev avizora un horizonte de objetos de estudio que la lingüística jamás se ha propuesto -¿tampoco, entonces, la semiótica? - y va desde la dotación de las condiciones para una descripción de los mismos al desarrollo de las posibilidades de un análisis universal. Este paso de lo uno a lo otro, señala Badir, se realiza entre dos obras coetáneas, Prolegómenos a una teoría del lenguaje y Resumen de una teoría del lenguaje [en adelante Résumé, tal como señala el texto original en francés], de las que sólo la primera fue editada en vida de Hjelmslev. Acotamos, de paso, que del Résumé no existe edición en español, al tiempo que agregamos la aclaración que hemos retenido: resumen, no quiere decir aquí que se trate de un compendio abreviado de lo esencial de una teoría ya elaborada, sino, más bien, la puntualización precisa, la recapitulación de una epistemología en proceso de desarrollo y que asegura el carácter deductivo de la teoría.

El autor del libro que nos ocupa sugiere que se trata de una transformación interna en el trabajo integrador de un solo y mismo científico, de allí que su estudio se focalice en esas dos obras escritas en paralelo: Prolegómenos y Résumé, haciendo escasa referencia y sólo para lo estrictamente necesario al resto de la obra de Louis Hjelmslev. Aclara, del mismo modo, que esta transformación de un lingüista que es Hjelmslev, y que nunca deja de serlo, al epistemólogo en el que se convierte por radicalizar, justamente, los hallazgos conceptuales de Ferdinand de Saussure, tiene una clave: su idea del lenguaje.

Según se explica de muchas maneras pero, en especial, en el capítulo III, para la teoría de Hjelmslev, lenguaje y semiótica son sinónimos. Las vicisitudes del uso, de uno y otro término en la totalidad de su obra, se deben a la dificultad de encontrar las equivalencias, en cada una de las lenguas en las que Hjelmslev era traducido o bien escribía, de un mismo concepto tomado de Saussure y que en un origen le llamó semiología. Después, en danés, donde no existen términos diferentes entre lengua -que no es objeto de interés primordial para Hjelmslev - y lenguaje, le llamó sprog, para designar lenguaje. De modo que lenguaje y semiología indican el mismo objeto, el objeto de su teoría, pero no el nombre de la ciencia que lo estudia como hablaba Saussure de la semiología o teoría general de los signos. Fue en la traducción inglesa de los Prolegómenos -revisada por Hjelmslev - donde el término semiotic aporta una desambigüedad esperada.

Así, recomienda Sémir Badir que es muy necesario tener en claro que la expresión teoría del lenguaje es estrictamente equivalente, desde el punto de vista de esta misma teoría, a la expresión teoría semiótica y que, de igual manera, en el capítulo de los Prolegómenos titulado "Lenguaje y no-lenguaje" lo que se trata de demarcar es el objeto semiótico del objeto no-semiótico. Señala, además, que la atención que se le presta a ese objeto es menor en los Prolegómenos que en el Résumé. En los primeros, obra que tiende más hacia la lingüística, el término semiótica aparece poco y no desde las primeras páginas. En cambio, en el segundo, donde la teoría se independiza de la necesidad de fundar a la lingüística como ciencia otorgándole un objeto más general, la semiótica aparece en primer plano y se la instaura como el objeto principal. Aquí la especificidad de la semiótica prevalece sobre cualquier otro objeto con el que puede entrar en relación.

Sin salir de los comentarios que nos merece este tercer capítulo, queremos destacar una advertencia de Sémir Badir: la definición del objeto semiótica es por demás abstracta y totalmente alejada de cualquier carácter realista que se le quiera encontrar. Por lo tanto, es difícil visualizar cuál sería la aplicación de tal objeto.

Bajo la impronta de esta advertencia el autor transcribe la definición de semiótica que conocemos, pero la cita es del Résumé (déf. 24), lo cual la hace ganar en exactitud pero también en abstracción. Esto nos lleva a preguntarnos si es la noción que conocemos, o debemos agregar: que "casi" conocemos: "Una semiótica (símbolo: y°g°) es una jerarquía de la que cada uno de sus componentes admite un análisis ulterior en clases definidas por relación mutua, de tal suerte que cada una de sus clases admite un análisis en derivados definidos por mutación mutua" (Rés., 11).

A partir de este punto la lectura se hace muy densa, pues Sémir Badir se da a la tarea de ofrecer un análisis deductivo de dicha definición y, para ello, toma cada uno de sus términos y los va aclarando según los trazos que ellos han ido dejando en el resto del Résumé. Su propósito es no dejar nada en la opacidad e ir haciendo ver cómo la teoría del lenguaje va alcanzando su propio objeto. Se detiene, así, largamente en el término mutua (mutuelle) hasta que logra brindarle al lector una serie de razonamientos como para que él mismo pueda elaborar una explicación. Y, del mismo modo, lo sigue haciendo con los demás términos de la definición precedente e incluso con otros, que están emparentados con estos. Estas consideraciones sugerentes se hacen de manera especial por la vía de otro postulado de capital importancia, el que es, además, aplicable a todos los estudiosos que trabajan con representaciones visuales y los provee de una sólida argumentación: las gráficas no son transparentes, éstas y las definiciones verbales son equivalentes en la exposición teórica de Hjelmslev y existe entre ellas un gran dinamismo. Más allá de lo que él diga sobre el uso que hace de las gráficas, en tanto representaciones subsidiarias de las definiciones, Badir toma en cuenta lo que Hjelmslev hace y no lo que dice. Así, afirma que no sólo su pensamiento teórico se hace con las gráficas sino que en el Résumé las gráficas determinan el propio pensamiento teórico.

En el capítulo IV, dedicado al texto y así titulado, la obra que nos ocupa se focaliza en una noción que, según allí se dice, fue en su momento una novedad en el ámbito de la lingüística pues los textos no parecían entrar bajo su circunscripción. Pero la cuestión es delicada ya que el texto como clase, es decir, como término genérico que da cuenta del conjunto de textos entendidos como objetos empíricos -estos últimos llamados individualmente texto - es diferente del texto no numerable, objeto texto, objeto de conocimiento de la teoría del lenguaje. Este texto epistémico tiene ciertas características pero, al mismo tiempo, no se pueden distinguir fuera del texto mismo, pues, siendo sus constituyentes dependen de él. Así, este cuarto capítulo está consagrado a dar cuenta de esas dos cosas a la vez, siempre mediante una búsqueda minuciosa en y desde la misma obra de Hjelmslev. Surgen así otros términos de la teoría semiótica que nuestro lector reconocerá bien y que le ayudarán a seguir la definición: sentido, soporte, materia; todos ellos poniendo en compleja relación los órdenes de lo sensible y lo inteligible.

El texto se va perfilando como indefinible y como una totalidad absoluta sólo asible por el poder del análisis, lo cual pareciera en principio una suerte de paradoja. Sucede que el análisis no presupone ninguna definición y, por el contrario, es el punto de partida del conjunto de una definición teórica que se despliega en una suerte de componente universal. Su operación es la disección, la selección y la clasificación. Aquí, Sémir Badir se detiene a mostrar cómo esto procede y, luego, cuáles son sus funciones: interdependencia, determinación y constelación. Este capítulo termina con la problemática de la textualización que, de manera muy sintética, vendría a ser aquello que determina al texto como un todo particular. Por medio de un análisis realizado sobre un escrito de Claudine Normand, el autor demuestra que la interpretación pertenece al texto ya que es el comienzo de la manifestación textual, su instancia ad quem, y ésta, a su vez, permite advertir que el dirigirse a de todo texto y la respuesta esperada son inherentes al propio texto y constituyen una suerte de instancia ab quo. Las reflexiones sobre la textualidad cierran este capítulo con una afirmación que necesitaría un despliegue mayor: interpretar, leer y escribir son actos éticos que fundan nuestra relación con el mundo y con nuestra cultura.

El lector podrá constatar que los capítulos de esta obra se van sucediendo según un orden argumentativo bien determinado. Así, el tratamiento del texto y de la textualidad da acceso al examen de una problemática que de allí se deriva: la de las metasemióticas. ¿Cómo y por qué? Resulta que el análisis del texto conduce a instaurar el objeto de conocimiento: una semiótica. A su vez, el texto alcanza el estatuto de semiótica gracias al análisis al que es sometido, mientras que este último especifica al texto como semiótica por la mutación de la sustancia a la forma que el proceso de análisis provoca entre sus planos, a saber: expresión y contenido. Por su parte, el análisis sigue un procedimiento mediante dos funciones, sintagmática y paradigmática, que se articulan entre sí.

El llegar a establecer el procedimiento de un análisis semiótico es una finalidad de la teoría y así la teoría del objeto semiótico, en virtud del procedimiento que es puramente deductivo, se establece a sí misma como una semiótica; ella es, pues, una teoría semiótica inmanente a su objeto. En este quinto capítulo, Sémir Badir, aborda, como él mismo lo anuncia, una dificultad más de la teoría del lenguaje que es la de estudiar la metasemiótica, y sus derivados, lo cual resulta de un procedimiento entendido como deducción. Para llevar a cabo esta empresa efectúa una interpretación intrínseca de dichos conceptos y se sirve de otras interpretaciones, tales como la de Francis Whitfield y la de François Rastier, quienes realizan sendos esquemas para dar cuenta de la clase de objetos descrita por Hjelmslev en el Résumé. Estas gráficas, que son arborescentes, le permiten al autor realizar sus propios esquemas mediante los que expone sus hipótesis y proposiciones.

El problema de la expresión. Así se denomina el sexto apartado de este libro del que quisiéramos ofrecer una noticia que dé cuenta de su valor y, además, que cumpla con el propósito de acercar su contenido a los semiotistas de habla hispana. Pensamos que para estos fines, el hecho de que el plano de la expresión esté enunciado como un problema resultará sumamente atractivo. En efecto, para cualquiera de tales semiotistas, mayoritariamente lectores de los Prolegómenos, nunca habrá quedado demasiado en claro por qué Hjelmslev decidió llamarle así al significante saussureano. Lo de cambiar contenido por significado les habrá resultado quizás más entendible, así como semiótica por signo. En Saussure esa familia terminológica es armoniosa en sí misma y coherente con su teoría del signo; en Hjelmslev, aunque también acorde con sus postulados epistemológicos, la nueva nomenclatura trae consigo una cierta extrañeza. Y ésta se debe, sobre todo, al término expresión.

Sin embargo, tal como se explica en este capítulo, expresión -que puede indicar tanto a todo el signo como a una de sus partes- apareció primero en la terminología de Hjelmslev y haciendo par con expresado. La coincidencia de éste último con contenido fue posterior y se debió más bien a la traducción francesa. De todos modos, afirma el autor, que los nombres para indicar los dos planos del signo, rasgo fundamental de la estructura formal y condición primera del lenguaje, fue tan dificultosa para Hjelmslev -lo cual se advierte en sus argumentaciones - como lo fuera para Saussure, según lo atestiguan los Escritos. Lo importante para Hjelmslev, nos transmite Badir, era dejar fuera la significación -así como al locutor y al receptor - de los constituyentes fundamentales del lenguaje, el cual sí significa. La formalización estaría así asegurada.

Por otro lado, la importancia que la teoría del lenguaje le otorga a la expresión distingue su perspectiva epistemológica de aquella que proviene de la filosofía, puesto que orienta sus problemas hacia la expresión por ser ésta constituyente del propio conocimiento.

Antes de las No conclusiones, y del importante documento inédito de Hjelmslev que se anexa, la exposición de Sémir Badir termina en el séptimo capítulo titulado "La cuestión epilingüística". Vemos que el autor continúa con la tendencia, iniciada en el encabezado anterior, de presentar los temas que abordará como nudos problemáticos. En este caso, como lo hizo con el de las metasemióticas, utiliza un medio intersemiótico para la consecución de sus argumentaciones. Pero aquí dicho recurso es más decidido ya que una buena parte de este capítulo está dedicada a una cita de Antoine Culioli, inventor del término epilingüística. Mejor dicho, se trata de una entrevista que Claudine Normand le hace a Culioli y, de esa manera, el concepto que tal término recubre va emergiendo por sí solo; lo cual es un estilo expositivo caro a Badir y frecuentado en el resto de Épistémologie Sémiotique.

Hay que decir que la partícula epi, en español, proviene del griego y quiere decir sobre, y va siempre unida a la palabra a la cual determina. Al estar adosada a lingüística hace referencia, necesariamente, a metalingüística y ésta a metasemiótica, o incluso, a episemiótica. De esta manera, el capítulo vii establece conexiones con el v, con el que hay que volver a leer desde esta perspectiva ya que Sémir Badir se pregunta si sería posible que la teoría del lenguaje acogiera a esa "actividad epilingüística que es una actividad metalingüística no consciente", según la primera definición de Culioli. Después, en la entrevista que le hace Claudine Normand, aparecen otras, tales como "la racionalidad del locutor, una suerte de práctica, diferente de la racionalidad demostrativa del lingüista", la cual refiere a la Traumdeutung o lengua profunda de Freud. En consecuencia, la epilingüística aparecería como una suerte de psicoanálisis lingüístico.

La reflexión es por demás compleja, especialmente frente a la búsqueda de un lugar epistemológico para el concepto de epilingüística, pues la sospecha es que descubre una zona inexplorada entre el lenguaje y la lengua y, en ese sentido, aporta una heurística a la teoría general. Y, mientras esta última pone el acento más en el análisis que en el objeto, la epilingüística acuerda mayor atención al objeto. Así, Sémir Badir, al final de su inmersión en el pensamiento de Hjelmslev, no contentándose con hacer una exégesis, le acerca un complemento crítico que serviría, por un lado, como una puesta en discusión de su propia lectura, y, por otro, como prueba indirecta de que la interpretación pertenece al propio texto que uno se da para el análisis.

Las anteriores palabras que le he citado casi textualmente me conducen a cerrar esta nota. Retomo la metáfora con la que Sémir Badir dice no concluir su libro. Si observando los diagramas, los esquemas y los símbolos que aquí aparecen nos dan la idea de que las estructuras son frágiles, tales como un castillo de cartas -donde el mínimo defecto en su base puede hacerlo caer - la imagen puede, también, ser otra: la teoría del lenguaje es como una montaña hecha con las piezas del dominó, cuya caída es un acontecimiento: devela su estructura en el despliegue e invita, en sus prolongaciones ambiciosas, al continuo recomienzo.

 

Luisa Ruiz Moreno

 

Actividades académicas

* La Asociación Internacional de Semiótica Visual (AISV) realizó su XI Congreso, bajo el título "Theorein. La influencia de las imágenes en el conocimiento y viceversa", en la ciudad de Lieja, Bélgica, del 8 al 11 de septiembre. Desde diversas vertientes semióticas se discutieron temas tales como la visión, el conocimiento a través de las imágenes, uso de la imagen y conocimiento visual.

* Del 14 al 16 de octubre se celebró el IX Congreso Internacional Chileno de Semiótica, bajo la temática Semiótica, Cultura y Poder, en la ciudad de Pucón, Chile. En esta reunión se discutió, en términos generales, la relación entre los procesos culturales y el poder, entendiendo éste como un tejido social significante. Las instituciones convocantes fueron la Asociación Chilena de Semiótica y el Departamento de Lenguas, Literatura y Comunicación de la Universidad de la Frontera.

* Organizado por el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras de la Universidad Autónoma de México, se llevó a cabo el Segundo Coloquio Internacional de Semiótica "Miradas Semióticas", los días 28, 29 y 30 de octubre. Este evento fue un espacio para reunir y discutir trabajos propuestos desde diversas metodologías y puntos de vista de distintas prácticas semióticas.

* El XVI Congreso Internacional de la Asociación Española de Semiótica y el V Congreso Internacional del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad del País Vasco/EHU, tuvo por tema "Historias del presente. Del documento al documental", y se llevó a cabo los días 4, 5 y 6 de noviembre, en Bilbao, España.

* El VIII Congreso Venezolano Internacional de Semiótica se realizó del 24 al 27 de noviembre, con el tema "Diversidades. Miradas semióticas a un mundo globalizado". Este evento fue organizado por el Laboratorio de Investigaciones Semióticas y Literarias de la Universidad de Los Andes, la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela, Caracas y el Laboratorio de Investigaciones Semióticas y Antropológicas de la Universidad del Zulia. El Congreso tuvo como objetivo reflexionar, desde múltiples perspectivas semióticas, sobre el mundo contemporáneo, tomando para ello como eje el concepto de diversidad, en tanto matriz de la producción de significación.

 

Notas

* Sémir Badir es investigador del FNRS en la Universidad de Lieja, donde también enseña. Su proyecto de investigación son los aspectos epistemológicos de las teorías lingüísticas y semióticas. Su interés intelectual es el de una epistemología acorde con las prácticas discursivas del saber.

1 Sémir Badir, Hjelmslev, París, Les Belles Lettres, 2004 [2002]         [ Links ].

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