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Tópicos del seminario

versão impressa ISSN 1665-1200

Tóp. Sem  no.25 Puebla  2011

 

Presentación

 

Hace un par de años, María Isabel Filinich y el abajo firmante estuvimos platicando, primero de manera informal y luego en términos cada vez más puntuales, sobre la conveniencia de dedicar una entrega especial de Tópicos del Seminario a los problemas teóricos de la traducción.

Confieso que la temática respectiva ha sido para mí una preocupación constante durante toda mi vida profesional. Por mi condición de "hispanista in partibus infidelium", y además perteneciente a una comunidad de lengua estrictamente confinada a su territorio etno-estatal de origen, tuve que percatarme desde muy joven de que el abrirse lingüística y culturalmente al ancho mundo era de vital necesidad para las tribus pequeñas (y a menudo hurañas) como la mía. El que al encuentro de esta obsesión saliera una publicación académica del país más populoso entre los que hablan español (segundo idioma del universo por su grado de globalización), me pareció una feliz coyuntura, preñada de significado.

Me gustaría, pues, que este número, resultado final de mis esfuerzos como editor, conservase algo de la emoción y el simbolismo iniciales. Al lector corresponderá juzgarlo.

A consecuencia de su expansión instrumental, la traducción se ha ido constituyendo en un lenguaje sui generis. Y no en uno entre muchos: antes bien —y desde hace largo tiempo— en el lenguaje —quintaesencial— que el mito de Babel le otorga, según George Steiner, "la necesidad y la dignidad de un origen cósmico".

Meditar sobre la traducción significa escudriñar la naturaleza misma del hablar humano, su textura semiótica, sus poderes cognoscitivos, sus funciones sociales y culturales. Significa, en última instancia, indagar la onto-gnoseología de la Lengua y la Lengua como ontognoseología.

En este contexto hay que situar la contribución de François Rastier, quien pretende deducir los "fundamentos semióticos de la traducción" de una perspectiva epistemológica centrada en el texto, la cual trasciende la problemática del signo y así puede "reintroducir la actividad interpretativa dentro de la lingüística". Semejante hermenéutica, en tanto lingüística del texto, es igualmente —o antes que nada— una lingüística intertextual, en el sentido de que está capacitada para dar cuenta de las relaciones establecidas tanto en el seno del texto como entre los textos. Ahora bien, cuando tal intertextualidad abarca textos en idiomas diferentes, la interpretación se cubre con el arte de traducir. Amén de su tenor cognoscitivo, la teoría de Rastier también tiene, pues, una dimensión claramente ontológica, que el autor resalta al citar en exergo a Hamann, para quien la "palabra de la Creación" se hace oír en cualquier idioma y "hablar es traducir de una lengua angélica a una lengua humana".

Cierta afinidad con los planteamientos del teórico francés (debida, desde luego, no a influencias sino, como diría Octavio Paz, a confluencias) me parece vislumbrar en "Algunas reflexiones sobre la traducción como representación" de Christine Calfoglou. Pese a que la autora griega se mantiene dentro de la semiótica "clásica" (en la descendencia de Charles Sanders Peirce), su aproximación a la "iconicidad diagramática" del signo adopta asimismo una postura onto-gnoseológica, pues por un lado, se adscribe a la "lingüística cognitiva de la traducción" y por otro lado asume al traductor como interpretante que "determina las relaciones entre el signo y el objeto".

*

Como ya lo había visto Borges hace años, "ningún problema es tan consustancial con las letras como el que propone una traducción". Por consiguiente, la onto-gnoseología suscitada por (valga el barbarismo) los "estudios traductivos" (translation studies), constituye un marco idóneo para abordar lo que el argentino llama, con la misma sencilla elegancia, el "modesto misterio" de la literatura.

El aporte del ilustre teórico israelí Itamar Even-Zohar a la presente entrega de Tópicos... —me refiero a su breve pero denso ensayo "'Textemas' vs. 'repertoremas'"— parece desarrollar justamente la intuición borgeana. "La traducción interlingüística", manifiesta Even-Zohar —"implica una descomposición de las relaciones textuales, haciéndolas, pues, relativamente explícitas". Es que, la mayoría de las veces, el traductor adopta una "estrategia modelo-a-modelo", fundada sobre análisis lingüísticos comparativos, que forzosamente hace caso omiso de las "negociaciones textuales específicas". Esta problemática nos ayuda a discernir "en qué términos concretos un texto literario se diferencia de uno no literario". La diferencia en cuestión se sitúa en el nivel de la "sintagmática literaria", cuyas unidades básicas, que el autor llama 'textemas', consisten en "relaciones textuales expresamente locales" (tales como matrices rítmicas, de entonación, recursos de tipo impresionista, manipulación intertextual, etc.) y resultan de las antemencionadas "negociaciones específicas". Por otro lado, en el texto también rigen modelos paradigmáticos o "repertorios". El juego de relaciones entre sus segmentos minimales, llamados 'repertoremas', puede conservar o, al contrario, cambiar las funciones "textemáticas".

Hay un género textual, el paremiológico, donde semejantes funciones y relaciones tienen, a mi parecer, una relevancia decisiva. Dicha característica los recomienda, por excelencia, para ser examinados en una perspectiva teórica como la anterior. Al estudiar la búsqueda de "equivalencias" en la traducción de proverbios, Silvia Cobelo constata a este respecto la presencia de un dilema que, en los términos de Even-Zohar, sería el de elegir entre las "estrategias orientadas al texto" y las "orientadas al modelo". En honor a la verdad, hay que decir que la investigadora brasileña no emplea precisamente estos conceptos sino los de Lawrence Venuti, quien plantea la alternativa "estrategias domesticadoras" vs. "extranjerizantes". Por otra parte, sin embargo, Cobelo hace profusamente referencia al ideal de que la traducción se convierta (según se lo exige Antoine Berman) en lugar de manifestación de la otredad cultural. Pues bien, me parece evidente que el ideal en cuestión sólo puede actualizarse mediante "negociaciones textuales" como aquéllas señaladas por el teórico israelí.

*

La consustancialidad entre la reflexión sobre la "práctica traductora" (pratique traduisante) y la poética lato sensu se manifiesta en todo momento y a todos los niveles de la comunicación literaria.

En el inicio de la cadena comunicativa, forman legión los grandes creadores que a la vez ejercen con soltura y autoridad el oficio de traductores, y cuya poética original interactúa con la traductiva, y viceversa, para mayor provecho de ambas.

Es el caso de los Nobel griegos Yorgos Seferis y Odysseus Elytis, a quienes David Connolly estudia precisamente "como traductólogos". Ambos practicaron tanto la traducción interlingüística (de otros idiomas hacia el griego) como la intralingüística (del griego clásico al griego moderno). La terminología empleada por los dos poetas-traductores resulta esclarecedora. Seferis llama "copias" (antigraphés) sus versiones del primer tipo y "transcripciones" (metagraphés), a las del segundo tipo. Por su lado, Elytis utiliza para las traducciones interlingüísticas el rótulo "segunda escritura" (défteri graphí) y el de "recomposición" (anasynthesi), para las intralingüísticas. Ambos miran la traducción con bastante desconfianza, como una "tarea ingrata" (Elytis) o "poco gratificante" (Seferis), pero sí le reconocen una gran utilidad personal y cultural. En lo personal, tanto las "copias" seferianas como la "segunda escritura" elytiana (conceptualmente asimilables) contribuyen al afinamiento del instrumento expresivo propio: de la misma manera "se hacen la mano" los aprendices de pintores, copiando en los museos obras de los grandes maestros. En lo cultural, tanto estas traducciones como las intralingüísticas ponen a prueba (y despliegan) las capacidades expresivas del griego moderno como lengua literaria. En una cultura como la neohelénica, confrontada durante siglos con la situación de diglosia ('purismo' vs. 'demoticismo'), la traducción adquiere, pues, una relevancia histórica (sobre la cual me reservo el derecho de volver más adelante). Sólo cabe añadir aquí que, según sugiere otro estudioso del tema,1 Seferis y Elytis se muestran, lingüísticamente hablando, más conservadores en sus traducciones,2 que en su creación original. Dato del cual puede inferirse que, en la interacción entre ambas actividades, la primera absorbió determinadas inhibiciones de los autores, dejándolos libres de ellas para la segunda. En la esfera del mensaje cada vez está cobrando más crédito la idea de que al texto literario le sucede, en cierto modo, algo semejante a lo que ocurre con el folklórico: así como éste existe exclusivamente bajo la forma de variantes, el otro vive de hecho en grandes intertextos de traducciones, que abarcan las distintas versiones de una obra primigenia, incluida esta misma obra como una de ellas.

En la parte aplicativa de mi propia contribución a este número, titulada "Hacia una poética de la traducción", examino un tal intertexto, compuesto del famoso Sonnet en x, de Stéphane Mallarmé y sus versiones al griego (Takis Varvitsiotis), español (Octavio Paz) y rumano (Şt. Aug. Doinaş). No puedo sino lamentar el que, al momento de redactarla, desconocía la "lingüística interpretativa" de François Rastier, que me hubiese proporcionado las herramientas adecuadas para una aproximación más cabal a ciertos aspectos de la intertextualidad.

Por último, al final del trayecto en cuestión, la traducción presenta afinidades y analogías más que evidentes con la función interpretativa de la lectura (que constituye la dimensión básica de la recepción). A este respecto, el caso ideal sería, según George Steiner, que la función respectiva se actualice como "intercambio de energía sin pérdida". Por ejemplo, de la condición de existencia del texto literario como intertexto de traducciones se deduce la posibilidad de que alguna que otra de sus versiones se sitúe en relación de complementariedad hermenéutica con el original, es decir que un lado o aspecto inadvertido de la obra se haga patente justamente en traducción.

En este punto, no tengo más remedio que referirme una vez más a mi artículo ya citado, donde el feedback interpretativo ocasionado por las versiones del poema mallarmeano viene enfocado tanto en sus rasgos puntuales como en otros, más generales.

*

El contexto "orgánico" de lo anterior apunta, a todas luces, a una problemática sociocultural. Brevemente refiero tres ejemplos de esta índole:

1. Las obras traducidas pueden estudiarse como un subsistema del polisistema que es una determinada literatura o cultura nacional (Even-Zohar). El subsistema de las traducciones produce síntomas altamente significativos para la historia literaria. Comenzando por la posición que ocupan dentro de dicho polisistema: principal si participan en la modelación de su centro, secundaria si languidecen en la periferia de éste. Ahora bien, una literatura "dominante", sólida y prestigiosa, asigna un sector más bien periférico a la traducción. Su centralidad denota, contrariamente, que la literatura de la cual forma parte se encuentra en condiciones precarias o atraviesa una crisis.

Semejante precariedad representó, por ejemplo, la diglosia del griego moderno, cuya variante vernácula estaba relegada a una condición ancilar. En este orden de ideas, el artículo de Connolly ofrece detalles interesantes sobre el aporte de las figuras cimeras del Modernismo helénico de entreguerras, con su teoría y práctica traductoras, a la dignificación del "demótico" como lengua literaria.

Aún más aguda fue la crisis que padeció la cultura en Rumanía durante las últimas décadas del Antiguo Régimen, debido al aislacionismo y el autoctonismo implantados por la dictadura de Ceauşescu. El auge que cobraron las traducciones en ese mismo período equivalió a una reacción de resistencia desde el centro del polisistema, tendiente a reinsertar la literatura rumana en su ámbito cultural normal. Esto sugiere que, en determinadas condiciones, la dimensión histórico-literaria de la traducción puede adquirir hasta tintes políticos.

2. De una evidencia casi perogrullesca es el estrechísimo vínculo entre la traducción y la literatura comparada. Este vínculo no se reduce a un mero soporte o vehículo de "influencias", como sostiene la comparatística tradicional. Hoy en día hay señales de que tal relación se ha invertido y ya la propia literatura comparada nos aparece como un "arte de la comprensión focalizado sobre las posibilidades y los reveses de la traducción" (Steiner).

Se sabe, verbigracia, que la gran cantidad de poemas rusos vertidos al hebreo moderno (ivrit) acabó imponiendo a la propia poesía neo-hebrea modelos y convenciones de tipo "ruso". En una versión anterior de su artículo ya citado, Even-Zohar aduce un ejemplo puntual, el de grupos sonoros como ad-at u ov-of, los cuales entraron a formar parte del repertorio hebreo de rimas sólo por su interferencia con el sistema ruso. En otro estudio, de 1975, el teórico israelí examina el caso de la poetisa Lea Goldberg, traductora de Baudelaire; dado que la traducción poética implica la trasposición de un código o sistema literario a otro antes que de una lengua a otra, y que "el de la poesía hebrea moderna se ha desarrollado bajo el impacto del ruso", la traductora se pliega espontáneamente al sistema constituido (traduce de "modelo-a-modelo"), resultando de ello un poema hebreo muy compatible con su propia poesía, pero harto alejado de Baudelaire.3

3. Siendo la traducción el principal canal de contacto y comunicación entre culturas, ante ella se erige una opción, ya entrevista por Schleiermacher; específicamente, al traducir debemos o bien aclimatar el mensaje ajeno al ámbito cultural propio o bien conservarle su otredad espacial, temporal, etnológica, etc. En la actualidad, un teórico como J.R. Ladmiral, por ejemplo, plantea la terminante disyuntiva sourciers vs. ciblistes,4 y falla decididamente a favor de los segundos, manifestando que incluso cuando los primeros tienen razón, la tienen por motivos "ciblistas", pues para "violentar" la lengua-meta se requiere cierto consentimiento por su parte. Frente a esta tradición autoritaria, propia a la práctica traductora y la traductología francesas (pero bastante común también en otras culturas hegemónicas, donde la traducción ocupa una posición secundaria) Antoine Berman aboga por brindar a las "bellas extranjeras" una acogida hospitalaria, que permita a los anfitriones disfrutar de (y enriquecerse con) el acervo exótico de las huéspedes.

Ahora bien, cabe sin embargo preguntarse si acaso podemos salir de semejante dilema prescriptivo, vale decir si sus términos siempre son excluyentes o hay veces que se complementan. Lawrence Venuti, quien se refiere asimismo a dicha alternativa, pero en términos más bien descriptivos y constatativos —"estrategias domesticadoras" vs "extranjerizantes" (cfr. supra)—, hace reiteradamente hincapié en la relatividad de la dicotomía entre lo 'propio' y lo 'foráneo', en función de la mutación de los valores culturales. El aporte del teórico norteamericano al presente número de Tópicos... enfatiza el carácter "local" de la práctica traductora, en el sentido de que "La idea misma de lo que es una traducción —y de si se distingue o se confunde con una adaptación o una imitación, una paráfrasis o una parodia— es algo que difiere de una cultura traductora a otra". Por otro lado, el autor insiste igualmente sobre el hecho de que los parámetros locales (e históricos) que determinan la traducción, constituyen en sí mismos un rasgo "universal".

Descifrar esta paradoja, aprender a sacar provecho de ella, puede constituir uno de los incentivos más generoso para la inagotable labor teórica y práctica del traductor.

Victor Ivanovici

 

Notas

1 Nasos Vayenás, Poesía y traducción (en griego), Atenas, Stigmé, 1989.         [ Links ]

2 Por ejemplo, Seferis, tras llevar a cabo su versión de Tierra baldía, renunció a traducir los Cuartetos de Eliot, considerando que el griego de su época "no lo resistiría".

3 Even-Zohar, "Decisions in Translating Poetry: Baudelaire's Spleen in Hebrew Translation of Lea Goldberg". Ha-Sifrut, 21, pp. 32-45 (en hebreo,         [ Links ] con sinopsis en inglés).

4 De langue source ('lengua-fuente') y langue cible ('lengua-meta'), respectivamente.