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Boletín médico del Hospital Infantil de México

versión impresa ISSN 1665-1146

Bol. Med. Hosp. Infant. Mex. v.62 n.3 México may./jun. 2005

 

Estadísticas vitales en niños y adolescentes mexicanos

 

Mortalidad en adolescentes

 

Adolescents mortality

 

Dirección General de Información en Salud, Secretaría de Salud.

 

Se considera población adolescente a la que se encuentra entre los 10 a los 19 años de edad. Para algunos autores, esta etapa de la vida se divide en adolescencia temprana (10 a 14 años) y adolescencia tardía (15–19 años).1 En términos simples y convencionales se trata de un período de desarrollo de los individuos entre la niñez y la edad adulta. Se refiere al momento de la vida durante el cual una persona joven debe establecer un sentido personal de identidad individual, a pesar de las alteraciones de su cuerpo y de su imagen, y de las presiones sociales porque adquiera su madurez.2

Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo, una de cada cinco personas es adolescente, 85% de ellos viven en países pobres o de ingresos medios y alrededor de 1.7 millones de ellos mueren al año.

En México, el Consejo Nacional de Población (CONAPO) estima que este año 2005, hay 22 millones de adolescentes, lo que representa 21 % del total de la población (5 1 % hombres y 49% mujeres). Hace 35 años, este segmento de la población concentraba un poco más de seis millones de habitantes aunque, como ahora, representaban una quinta parte del total de la población.

En el cuadro 1 se muestran las tasas de mortalidad en adolescentes en países seleccionados.3 En dicho cuadro se observa que la mortalidad en la adolescencia temprana en México es tres veces más alta que en Japón o Canadá; 1.5 veces más alta que en Estados Unidos de Norteamérica (EUA), España o Corea y tienen el mismo riesgo de morir que los adolescentes de Costa Rica, Cuba o Argentina. En cambio, en la adolescencia tardía la brecha se acorta y el riesgo de morir de un adolescente de 15 a 19 años en México es dos veces más alto que en Japón y Canadá, pero el mismo en los EUA. En ambos grupos de edad la sobremortalidad masculina es constante en todos los países.

En el cuadro 2 se presenta la evolución de las defunciones en adolescentes de 1955 a 2003. En este período las muertes disminuyeron de 15 167 a 11 131, o sea, su contribución al total de las defunciones del país cayó de 3.7 a 2.4%, lo que representa en términos de riesgo de morir un descenso de 79% (de 241.8 a 50.6 por 100 000 adolescentes). La caída en el riesgo de morir se presenta fundamentalmente en las enfermedades propias del rezago (infecciones y de la nutrición). Hace 50 años una de cada dos muertes en adolescentes se debía a estas causas, en la actualidad concentran sólo 11 %. En cambio, la contribución relativa de las defunciones por lesiones accidentales e intencionales ha aumentado en el mismo período de 20 a 52%.

En el cuadro 3 se presenta la evolución del riesgo de morir de los adolescentes de 1980 a 2003, divididos en cuatro grupos de edad, por entidad federativa. En dicho cuadro se observa que la brecha que existía en los años ochenta en el riesgo de morir de los adolescentes ha disminuido considerablemente; sin embargo, todavía persiste un diferencial importante entre Oaxaca, Chiapas y Tabasco con respecto a Nuevo León y Coahuila. Llama la atención que en el año 2003 la mortalidad en adolescentes más alta del país era la mortalidad más baja en 1980.

Al desagregar aún más las edades de los adolescentes se observa que el riesgo de morir va aumentando con la edad tanto en hombres (Cuadro 4.1) como en mujeres (Cuadro 4.2). A diferencia de lo que sucede en escolares, en los adolescentes, en la medida que aumenta la edad, el exceso en el riesgo de morir en los estados rezagados es menor, es decir, disminuye la brecha cuando se incrementa la mortalidad. En este cuadro también se confirman ciertos problemas de la calidad del registro, como es el efecto de emplear cifras pequeñas pues las variaciones pueden resultar hasta cierto punto engañosas, preferencia de dígitos al consignar la edad de la muerte y el subregistro de las defunciones como es el caso de los estados de Guerrero, Michoacán y Baja California Sur.

Las principales causas por las que mueren los niños adolescentes en México, han variado en los últimos años como se mencionaba anteriormente. En los cuadros 5, 5.1, 5.2, 5.3 y 5.4 se presenta un comparativo de lo que sucedía en 1983 y lo que se registra ahora en 2003. Al agrupar a todos los adolescentes se observa que en la actualidad laprincipal causa de muerte son los accidentes de vehículo de motor (ocupantes), seguido de los homicidios y de los suicidios. Es conveniente destacar que mientras en 1983 la diarrea aparecía en el quinto y las infecciones respiratorias bajas en sexto lugar, en 2003 se ubican en el vigésimo segundo y noveno lugares, respectivamente. En contraste, la parálisis cerebral infantil, las malformaciones congénitas del corazón, la desnutrición y el suicidio ascienden en el lugar de importancia y en la frecuencia.

En los adolescentes varones de 10 a 14 años (Cuadro 5.1) la tasa de mortalidad en México descendió de 70.5 a 39.3 por 100 000 habitantes, lo que equivale a una disminución de 44%. Lo cual contrasta con lo que acontece con la leucemia, las malformaciones congénitas del corazón y los suicidios, las cuales se mueven en sentido diferente, es decir, aumentaron. En este grupo de edad los descensos más dramáticos en la mortalidad se registran en las enfermedades infecciosas intestinales y respiratorias que bajaron 90 y 73% respectivamente. Por otro lado, aunque se mantienen dentro de los primeros lugares, la mortalidad por accidentes de vehículo de motor (atropellados y ocupantes), así como los ahogamientos y los homicidios disminuyeron en el período en cuestión.

En las adolescentes de 10 a 14 años (Cuadro 5.2) se presenta un patrón muy similar al antes mencionado. Se registra cierto progreso en la salud pues el riesgo de morir desciende de 44.9 a 27.9 por 100 000 mujeres de 10 a 14 años. Aunado a la disminución de la mortalidad se modifica el patrón de causas. En la actualidad es mayor el riesgo de morir por leucemia, accidentes de vehículo de motor, nefritis, y parálisis cerebral infantil que hace 20 años. En contraparte se observa decremento en la mortalidad por enfermedades infecciosas. En la adolescencia temprana de las mujeres en México, el suicidio ha cobrado mucha importancia ascendiendo de lugar 33 al 8.

Las principales causas de muerte en la adolescencia tardía de los hombres se presentan en el cuadro 5.3. En este caso el avance en salud es menor que en el otro grupo de edad, la mortalidad descendió 38% (de 68.9 a 43.5 por 100 000 habitantes). En gran medida esto se explica por los factores de riesgo que enfrenta este segmento de la población. Destaca el ligero descenso de las muertes ocasionadas por algunas causas externas (ahogamientos, atropellados y homicidios), así como el incremento de los suicidios, la leucemia y la nefritis. Por su parte las adolescentes de 15 a 19 años, tampoco muestran importantes ganancias, si bien la mortalidad por todas las causas desciende 37%, causas relacionadas con los accidentes de vehículo de motor (atropelladas y ocupantes), con la violencia (homicidios y suicidios) aumentan en el período en cuestión. Llama la atención que a pesar de que disminuyó el riesgo de morir por causas maternas en este grupo de edad, se mantienen dentro de las primeras 15 causas las toxemias y las hemorragias, acusando un ligero incremento en el orden de importancia.

Con respecto a la calidad de los registros, la población adolescente concentra pocas defunciones mal definidas, sólo en el estado de Chiapas se mantiene por arriba de 5% del total. La mayor parte de estas defunciones suceden en hospitales y son certificadas por médicos. Debido a que la mayor parte de las defunciones están asociadas a causas externas es muy baja la proporción de certificados que expide el médico tratante (Cuadro 6). En el cuadro 7 se muestran las tasas de mortalidad de las principales causas de muerte en adolescentes por entidad federativa, resaltando que fuera de la leucemia, el resto corresponden a lesiones accidentales e intencionales. El exceso de riesgo de morir que se registran en los adolescentes va de 18 veces en el caso de los accidentes de vehículo de motor a cuatro veces en el caso de leucemia. Finalmente, llama la atención el importante incremento que ha tenido el suicidio en este grupo de edad. Además del incremento en la magnitud en todas las entidades federativas, se observa que el riesgo de perder la vida de un adolescente que se suicida en Yucatán es ocho veces más alto que en Chiapas.

 

Referencias

1. Santos–Preciado JI. La salud de los adolescentes: cambio de paradigma de un enfoque de daños a la salud al de estilos de vida sana. Salud Publica Mex. 2003; 45 Supl 1: S5–7.         [ Links ]

2. Sawyer S, Bowes G. Adolescent on the health agenda. Pediatrica. 1999; 354:31–3.         [ Links ]

3. Naciones Unidas. Demographic Yearbook. Nueva York; 2002.         [ Links ]