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Boletín médico del Hospital Infantil de México

versión impresa ISSN 1665-1146

Bol. Med. Hosp. Infant. Mex. v.62 n.2 México mar./abr. 2005

 

Estadísticas vitales en niños y adolescentes mexicanos

 

Mortalidad escolar

 

School children mortality

 

Dirección General de Información en Salud,
Secretaría de Salud

 

Se considera población escolar a la que se encuentra en el período que abarca desde que el menor ingresa a la escuela primaria hasta que llega a la adolescencia, independientemente del año escolar que esté cursando, es decir, abarca de los 6 a los 12 años de edad. En términos convencionales se trata de un segmento de la población que no sigue las agregaciones quinquenales usualmente empleadas en demografía. De hecho es muy común que al analizar la mortalidad de la población escolar, se dificulte la definición operativa de los límites. Con relación al límite inferior, la población preescolar abarca hasta los cuatro años (menores de cinco años) y la escolar empezaría a los seis. Lo anterior deja fuera de ambas agrupaciones a los niños de cinco años de edad, lo que equivale a dos millones de niños.

Por otro lado, el límite superior también se dificulta cuando la fuente considera sólo grupos quinquenales, el grupo de cinco a nueve años deja fuera a los niños de 10 a 12 años; o en su defecto si se amplía hasta los 14 años, se incluyen los adolescentes de 13 a 14 años ocasionando en ambos casos imágenes distorsionadas de lo que representa la mortalidad de la población escolar. Por ejemplo, en el cuadro 1 se muestran las tasas de mortalidad en niños de cinco a nueve años y de 10 a 14 años en países seleccionados, debido a que el Anuario Demográfico de Naciones Unidas1 publica las tasas de mortalidad agregadas en grupos quinquenales de edad. En dicho cuadro se observa que la mortalidad de los escolares en México es dos veces menor que en Guatemala y Egipto, pero tres veces más alta que en Francia, Japón o Singapur.

Para fines de este trabajo se incluyen en la edad escolar a los niños de 5 a 12 años puesto que se tuvo acceso a fuentes de datos que contienen registros por edad desplegada,1,2 advirtiendo a los lectores que las comparaciones con otras publicaciones en donde se usaron agrupaciones quinquenales deben ser realizadas con cautela.

En México, el Consejo Nacional de Población (CONAPO) estima que para 2005, hay 17.6 millones de escolares, lo que representa 16.6% del total de la población (51% hombres y 49% mujeres). Hace 35 años, este segmento de la población concentraba a 12 millones de niños, pero representaban casi una cuarta parte del total de la población.

La contribución de los escolares varía entre las entidades federativas. En Oaxaca, Guerrero y Chiapas contribuyen con una quinta parte a la población total, en cambio en Colima, Tamaulipas y Nuevo León lo hacen con 15%. El caso extremo es el Distrito Federal, en donde sólo 13% del total de los habitantes son escolares. A su interior, la estructura de edades también se ha modificado ligeramente. Mientras que en 1970, 54% de los escolares tenían entre cinco y ocho años, actualmente 48% caen en esta agrupación. Estos niños son hijos de las últimas grandes cohortes previas al fuerte descenso de la fecundidad, situada principalmente en los años setenta; de tal forma que ellos corresponden a una fecundidad baja pero con una población numerosa en edad fecunda, fenómeno que se conoce como inercia demográfica. Los niños de ocho y nueve años son los grupos de edad con mayor población en 2002, alcanzaron un máximo histórico en este año e iniciaron un descenso a partir de ese año. Los niños de cinco, seis y siete años de edad alcanzaron el máximo de población en 2000, mientras que los de 10, 11 y 12 años seguirán creciendo hasta 2003 y 2005, para después iniciar un decremento sostenido que se acelerará en el futuro, situación que contribuirá al paulatino envejecimiento de la población mexicana. En la mayoría de las entidades federativas la población del grupo de edad más numeroso se sitúa entre los 6 y 10 años, exceptuando aquellas de elevada migración en donde la selección de las familias migrantes –que tienden a rejuvenecer las estructuras de las poblaciones de destino y envejecer la de origen– afecta las tendencias de la transición demográfica.

En el cuadro 2 se presenta la evolución de las defunciones escolares de 1979 a 2003. En este período las muertes disminuyeron de 13 450 a 5 190, o sea, su contribución al total de las defunciones del país cayó de 3.2 a 1.1%, lo que representa en términos de riesgo de morir un descenso de 66% (de 86.5 a 28.7 por 100 000 escolares). La caída en el riesgo de morir se presenta en casi todas las causas de muerte aunque el cambio en la estructura de causas más importante se registra en el descenso de las enfermedades propias del rezago (infecciones y de la nutrición). Hace 25 años una de cada tres muertes escolares se debía a estas causas, en la actualidad concentran sólo 15%. En cambio, la contribución relativa de las defunciones por enfermedades no transmisibles ha aumentado en el mismo período de 22 a 47%.

Cuando se calcula el riesgo de morir en todas las edades se observa que la probabilidad de morir más baja en los hombres es a los nueve años y en las mujeres a los 11 años, es decir, durante la edad escolar se registra la etapa de la vida en la que existe menos riesgo de morir. En el cuadro 3 se presenta la evolución del riesgo de morir de los escolares de 1980 a 2003, divididos en tres grupos de edad, por entidad federativa. En dicho cuadro se observa que la brecha que existía en los años ochenta en el riesgo de morir de los escolares ha diminuido considerablemente, sin embargo todavía persiste un diferencial de más del doble entre Oaxaca y Chiapas, con respecto a Nuevo León y Campeche. La distancia se incrementa conforme aumenta la edad.

De manera complementaria, en el cuadro 4 se presentan las defunciones registradas y las tasas de mortalidad de 2003, en cada una de las edades que componen el grupo de escolares por entidad federativa. En este cuadro se confirma que en la medida que aumenta la edad, el exceso en el riesgo de morir en los estados rezagados es mayor. En este cuadro también se confirman ciertos problemas de la calidad del registro, como es el efecto de emplear cifras pequeñas pues las variaciones pueden resultar hasta cierto punto engañosas, la preferencia de dígitos al consignar la edad de la muerte y el subregistro de las defunciones como es el caso de Guerrero.

Las principales causas por las que mueren los niños escolares en México han variado en los últimos años. En los cuadros 5, 5.1, 5.2 y 5.3 se presenta un comparativo de lo que sucedía en 1983 y lo que se registra en 2003. Al agrupar a todos los escolares se observa que en la actualidad la principal causa de muerte es la leucemia, seguida de los accidentes de vehículo de motor (ocupantes) y de los atropellados. Es conveniente destacar que mientras en 1983 la diarrea aparecía en el primer lugar y las infecciones respiratorias bajas en el tercero, en 2003 se ubican en el décimo segundo y séptimo lugares respectivamente. En contraste, la parálisis cerebral infantil, las malformaciones congénitas del corazón, los tumores de encéfalo ascienden en el lugar de importancia.

En los niños de cinco a siete años (Cuadro 5.1) la tasa de mortalidad en México descendió de 69.3 a 29.4 por 100 000 niños, lo que equivale a una disminución de 57%. Lo cual contrasta con lo que acontece con la leucemia, la parálisis cerebral infantil, las malformaciones congénitas del corazón, las caídas accidentales y los tumores malignos de encéfalo, los cuales se mueven en sentido diferente, es decir, aumentaron. En este grupo de edad, los descensos más dramáticos en la mortalidad se registran en las enfermedades infecciosas intestinales y respiratorias que bajaron 92 y 81 % respectivamente. Por otro lado, aunque se mantienen dentro de los primeros lugares, la mortalidad por accidentes de vehículos de motor (atropellados y ocupantes) disminuyó en el período en cuestión.

En los niños de 8 a 10 años (Cuadro 5.2) se presenta un patrón muy similar al antes mencionado.

Se registra un importante progreso en la salud pues el riesgo de morir desciende a la mitad (55.5 a 28.7 por 100 000 niños) al final del siglo pasado, aunque también se registra un incremento en los tumores malignos (leucemia, linfomas y encéfalo), en las anomalías congénitas (corazón, espina bífida) y en contraparte un decremento en la mortalidad por enfermedades infecciosas.

Posiblemente, en los niños de 11 a 12 años (Cuadro 5.3) se registran otro tipo de modificaciones. El avance en salud es menor que en los otros grupos de edad, la mortalidad descendió sólo 33% (de 46.9 a 31.3 por 100 000 niños). En gran medida esto se explica por el tipo de riesgos que enfrenta esta subpoblación. Destaca el ligero descenso de las muertes ocasionadas por algunas causas externas (accidente de vehículo de motor, atropellados, homicidios); el incremento de los suicidios, de los tumores malignos, de las anomalías congénitas y la desnutrición.

Con respecto a la calidad de los registros, la población escolar concentra pocas defunciones mal definidas, aunque en algunas entidades federativas se mantiene por arriba de 5% del total. La mayor parte de estas defunciones suceden en hospitales y son certificadas por médicos. Llama la atención que la certificación la hace en muy baja proporción el médico tratante, lo que hace pensar en una calidad deficiente en las causas de muerte (Cuadro 6).

En el cuadro 7 se muestran las tasas de mortalidad de las principales causas de muerte en escolares por entidad federativa, resaltando importantes brechas entre los que presentan altas tasas de mortalidad por leucemia y accidentes de vehículo de motor. Finalmente, nos llama la atención que entre las principales causas de muerte en los escolares se ubique la parálisis cerebral infantil. Es conveniente mencionar que la supervivencia de los niños que presentan este padecimiento se ha incrementado en los últimos años. Mientras que en los años ochenta el promedio de edad de muerte era a los 10 años, en 2003 a los 17 años. Este tema merece mucho más atención, pues a pesar de tratarse de un padecimiento de alta letalidad, seguramente la tecnología existente está modificando la historia natural del padecimiento.

 

Referencias

1. Naciones Unidas. Demographic Yearbook. Nueva York; 2002.         [ Links ]

2. INEGI/SECRETARÍA DE SALUD. Base de datos de las defunciones, 1979–2003.         [ Links ]

3. Consejo Nacional de Población, Proyecciones de Población de México, 2000–2050.         [ Links ]