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Boletín médico del Hospital Infantil de México

versión impresa ISSN 1665-1146

Bol. Med. Hosp. Infant. Mex. vol.62 no.1 México ene./feb. 2005

 

Carta al editor

 

Dr. Homero Heredia García. Un ser humano

 

Dr. Carlos Manzano–Sierra

 

Definir qué es el hombre ha sido una gran tarea: los griegos le llamaban Antropos "el que se levanta"; los romanos le llamaron sencillamente hombre "el formado por humus"; los Mexica como Quetzalcoatl "materia y espíritu".

En cualquier caso el hombre ha tratado de buscar su felicidad identificando dos caminos: el primero atendiendo a satisfacer sus instintos biológicos (hedonismo), para lo cual todas sus acciones tienen como único objetivo el tener; el segundo buscando fundamentalmente la salvación de su alma a través del éxtasis espiritual.

Lo peor que nos puede suceder lo manifiesta Borges en uno de sus poemas en el que expresa que no fue feliz porque su mente se aplicó a las simétricas porfías del arte que entreteje naderías; en otro nos dice: /si pudiera vivir nuevamente mi vida no intentaría ser tan perfecto, me relajaría más, correría más riesgos, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos; si pudiera volver a vivir viajaría más ligero, comenzaría a andar descalzo a principio de la primavera y seguiría así hasta el otoño/.

Homero fue un hombre feliz porque identificó su razón de ser.

Es necesario hablar de su vida: nació en Camargo, Tamaulipas, pueblo aledaño a la frontera norte del país, ahí fue a la escuela, aprendió a leer y escribir, fue campeón de Ortografía; ahí caminó descalzo, sintió la tierra, contempló atardeceres, nadó en el río, montó a caballo.

Su secundaria, preparatoria y carrera profesional la hizo en la Ciudad de México con algunas privaciones; sus vacaciones las pasaba en la biblioteca lo cual le permitió tener una gran cultura. Había que oírlo declamar cuando la charla lo requería, a Jorge Manrique, Quevedo, García Lorca, etc.; bailó como buen norteño con la redoba, asistió a la bohemia; recordaba toda la producción de boleros cubanos, la de Gabriel Ruíz, Agustín Lara.

Cuando terminó su carrera regresó a Camargo. Fue un médico con gran éxito económico; compró sus casas, tenía carro último modelo, patrocinó el equipo de baseball; pero un día se le muere un niño, comprendió que fue debido a su ignorancia, entró en crisis y como solución a ésta vio la necesidad de realizar otra carrera. En el Hospital Infantil de México (hoy Federico Gómez) hizo los méritos necesarios para conseguir la plaza de médico interno; continuó con la subresidencia médica y posteriormente la residencia en radiología. Al término de ésta se siente depositario de una gran información y cultura médica, decide transmitirla para que no le sucediera lo que el Maestro Chávez había reclamado: "que conocimiento y conciencia no se pudran en la misma valija".

Es Jefe de Servicio de Radiología del Hospital Infantil de México durante 20 años. En ese lapso es su colaboración en todos los departamentos y su bonhomía lo que le distingue. Planea y colabora en cuanto curso sobre Radiología Pediátrica se realiza en la Ciudad de México: en Nezahualcoyotl, Coyoacán, Ixtapalapa, Hospital General, Centro Médico Nacional, Sociedad Mexicana de Radiología; en el extranjero: Venezuela, Panamá, etc.

Muchas veces escuchó el canto de las sirenas: "Homero puedes ganar mucho dinero, las condiciones son éstas". Él nunca vio en la atención del niño un objeto de lucro, siempre el motivo de su preparación, su realización como médico.

Por azares de la vida formó dos familias, procreó seis hijos, gozó de cinco nietos. Todos buenos y sanos.

Homero: donde te encuentres deben haberte recibido como lo mereces por haber cumplido con el máximo de los preceptos: ¡Haber vivido!