SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número55Identidad, organización y estrategia en dos movimientos que pugnan por la soberanía alimentaria en MéxicoTiempos de identidad fronteriza índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.55 México sep./dic. 2017

 

Legados

Las literaturas indígenas y la Revolución mexicana

Indigenous Literature and the Mexican Revolution

Víctor de la Cruz* 

* Escritor bilingüe, profesor-investigador titular del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-Pacífico Sur y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. México


Y entonces, coléricos, nos desposeyeron,

nos arrebataron, lo que habíamos

atesorado: la palabra, que es el arca

de la memoria.

Castellanos (2004: 9).

Introducción

Conocí a Rodolfo Stavenhagen en 1985, durante la cuarta sesión del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas, celebrada del 29 de julio al 2 de agosto en el Palacio de las Naciones en Ginebra, Suiza. En calidad de observadores por México, participamos Efrén Capiz Villegas, asesor jurídico de la Unión de Comuneros Emiliano Zapata, presidente de la Alianza Nacional de Profesionales Bilingües; por los binnizá o zapotecos del Istmo un servidor y el doctor Stavenhagen por el gobierno de México. A casi 30 años de ese encuentro, retomo las palabras pronunciadas por Rodolfo en esa sesión como sustento y contexto históricos para el desarrollo de este trabajo, porque demuestran que el diagnóstico de la situación de los indígenas entonces no ha cambiado. La actualidad de las palabras del observador del gobierno de México debería avergonzar a todos los gobernantes mexicanos por la miseria y la discriminación que siguen padeciendo millones de mexicanos de tercera clase.

La intervención de Rodolfo Stavenhagen se dividió en dos partes. Primero comentó los acontecimientos relativos a la promoción y protección de los derechos humanos y las libertades fundamentes de las poblaciones indígenas. Después emitió algunas consideraciones sobre actividades normativas. Veremos, no obstante los avances normativos que ha habido sobre este punto en México, que estos avances en materia jurídica no se han traducido en un cambio de conducta para la mayoría de los mexicanos y las autoridades hacia la población indígena. Como durante la Colonia, pues: obedézcase, pero no se cumpla.

En el primer punto de su intervención ante los participantes en el grupo de trabajo, dijo, según se publicó en el número 25 de la revista Guchachi’ Reza, Iguana Rajada, que yo dirigía, y hasta ahora no ha sido desmentido por el doctor Stavenhagen:

En México los índices de pobreza, desnutrición, analfabetismo, escasa escolaridad, falta de asistencia médica y servicios sociales, etcétera, siguen siendo más elevados entre las comunidades indígenas que en cualquier otro segmento de la sociedad nacional. Las razones históricas de esta situación son complejas pero tienen que ver desde luego con la colonización primero, y después con el colonialismo interno y con la expansión de la economía agrícola capitalista. Los pueblos indios perdieron sus tierras y la base de su sustento material, fueron explotados en lo económico, discriminados en lo social y oprimidos en lo político durante siglos (1985: 27).

En esta primera cita haré una precisión gramatical. Por desgracia, todavía no podemos usar el verbo “ser” en tiempo pasado, “fueron”, porque a la luz de los acontecimientos actuales y como a todos nos consta, esta situación no ha cambiado para los indígenas, por más datos estadísticos y discursos políticos que emitan nuestros gobernantes. Sigo citando:

El movimiento revolucionario de 1910, en el cual participaron como protagonistas muchas comunidades indígenas del país, dio inicio a una serie de cambios estructurales que abrieron la posibilidad de una transformación sustancial en la situación de las poblaciones indígenas. El primero fue la reforma agraria. El segundo fue la educación implementada por el Estado, principalmente a través de la escuela rural y de lo que actualmente se llama la educación indígena (Stavenhagen, 1985: 27).

Sobre la situación contemporánea de los habitantes originarios del actual territorio del Estado mexicano, Stavenhagen agregó:

No es sino desde algunos años que el Estado mexicano reconoce oficialmente que nuestro país es una nación multiétnica (el presidente De la Madrid habló durante su campaña de un país multinacional) y que la política indigenista del Estado (que hasta hace poco era del clásico corte asimilacionista) debe encaminarse a la protección y fomento de las culturas indígenas como parte integral e integrante de la cultura nacional en su conjunto. Existen en el país 56 culturas distintas, con su lengua y su identidad propias, y en total, representan alrededor del 15% de la población total del país, tal vez más. Es enorme el reto que esta diversidad y riqueza cultural representa para la política educativa y cultural del Estado, la cual, como se ha dicho, fue de tipo asimilacionista durante muchas décadas. La elaboración, actualmente, de una política educativa bilingüe y bicultural, respetuosa de las lenguas y culturas indígenas, plantea múltiples problemas de tipo técnico, pedagógico, científico y organizativo, como ya lo han señalado los indígenas de México que han hablado en este foro. Pero con la activa y dinámica participación de las propias organizaciones y de los profesionales indígenas (maestros, pedagogos, lingüistas y antropólogos, entre otros) la educación bilingüe y bicultural tendrá que dejar de ser un día, pronto, un proyecto del futuro para transformarse en una realidad permanente del sistema educativo nacional (1985: 28).

No recuerdo bien si fue mi coincidencia con el diagnóstico del doctor Stavenhagen sobre la situación de los indígenas en México o mi aceptación del principio de “a la gorra ni quien le corra”, el caso es que acepté una invitación a comer con el observador por parte de nuestro gobierno ante el escándalo de los indígenas representantes de las naciones originarias del norte del continente americano. Ése es el origen de esta contribución.

Tradición oral y tradición escrita

Toda literatura, grande o chica, en cualquier lengua, tiene sus raíces, sus orígenes, en la tradición oral de los pueblos. Aunque no toda tradición oral llegue a cuajar en una tradición escrita, porque muchos prefieren hablar que escribir, como Goethe, quien al final de sus memorias de la universidad, concluye: “escribir es un abuso de la lengua” (1951: 209).

Desde luego, literatura, stricto sensu, se refiere a las palabras registradas con las letras, el cultivo de las letras. Por eso Walter Ong afirma escandalizado: “considerar la tradición oral o una herencia de representación, géneros y estilos orales como ‘literatura oral’ es algo parecido a pensar en los caballos como automóviles sin ruedas” (1999: 21). Sin embargo, entre nosotros, Carlos Montemayor, quien procuró darle dignidad a las literaturas indígenas mexicanas, defendió la idea de “literatura oral” como un concepto amplio, el “arte de la lengua”:

Un segundo error, acaso relacionado con los divergentes criterios que se aplican a lenguas europeas e indígenas, es el de creer que las lenguas con tradición escrita tienen literatura y que las lenguas indígenas y sociedades ágrafas tienen otra cosa que se llama tradición oral. El término literatura supone no sólo un ejercicio de escritura, sino un arte de la lengua. En cambio, en el concepto de tradición oral no se distinguen las fronteras entre arte de la lengua misma (escrita o no) y comunicación oral (1992a: 9-10; 2004: ix) [el subrayado es mío].

El nacimiento de la literatura indígena posrevolucionaria

Una vez triunfante la facción obregonista sobre los movimientos campesinos de Villa y Zapata, parecía que había llegado el tiempo de pagar las deudas de sangre y vidas que se tenía con los campesinos e indígenas que habían servido en las filas de los ejércitos revolucionarios. El proyecto de creación de una Secretaría de Educación Pública, presentado por el licenciado José Vasconcelos al general Álvaro Obregón, mencionaba la implantación de “escuelas especiales de indios en todas las regiones pobladas por indígenas y en las cuales se enseñará el castellano” (citado en Fell, 1996: 109).

Vasconcelos, que conocía el tratamiento anglosajón a los indios norteamericanos en las reservaciones, se oponía a la creación de “escuelas especiales de indios” y argumentaba: “pero siempre he sido enemigo de esta medida porque fatalmente conduce al sistema llamado de la reservación, que divide la población en castas y colores de piel, y nosotros deseamos educar al indio para asimilarlo totalmente a nuestra nacionalidad y no para hacerlo a un lado” (citado en Fell, 1996: 109-110).

Aunque el discurso de Vasconcelos era de inspiración tolstoiana, es decir, cristiana, según Claude Fell, Vasconcelos afirma contundente que se inspiró en lo que hacía Lunatcharsky en Rusia: “a él debe mi plan más que a ningún otro extraño” (1938: 25). Sin embargo, en cuanto a su proyecto de educación indígena también es determinante: “la inspiración para la enseñanza de los indios nos vino, como es natural, de la tradición española” (1938: 167). Por eso consideraba a los maestros misioneros de la educación, como lo habían sido los frailes durante la colonización hispana.

Octavio Hoyos ► Zona arqueológica de Tulum, Cancún, Quintana Roo, México, 2012.

Frente al proyecto vasconcelista se ha presentado el proyecto indigenista de Manuel Gamio, quien en 1917 quedó a cargo de la Dirección de Antropología de la Secretaría de Agricultura, como si fueran opuestos. Claude Fell ha aclarado que la diferencia entre ambos proyectos educativos era sólo cuestión de matices, pues el del segundo también era aculturante, aunque partidario de la conservación de las lenguas indígenas: “se declara a favor de un bilingüismo absoluto a escala nacional” (1996: 111, 114).

En el siguiente periodo de gobierno, de Plutarco Elías Calles, “se consideró la política educativa como parte de la política económica; aquélla contribuiría como sustento ideológico de la consolidación del Estado revolucionario” (Marsiske, 1996: 126). Así pasamos de una educación de inspiración cristiana y católica a una también cristiana pero protestante, introducida por el nuevo subsecretario de Educación: “en el proyecto educativo de Moisés Sáenz se mezclan las experiencias prácticas norteamericanas, las ideas educativas de John Dewey y la influencia de la ética protestante” (Marsiske, 1996: 126).

La decadencia del método de castellanización directa empezó cuando el subsecretario de Educación, Moisés Sáenz, hizo un viaje de inspección a la Sierra de Puebla en 1927 y descubrió que “en México muchos millares de gentes […] no entienden ni hablan el castellano” (citado en Teja, 1937: 37). A partir de ese momento, se abría el camino para el método de William C. Townsend: la alfabetización en lengua indígena y después la castellanización.

De acuerdo con Loyo (1996), durante el Maximato, los sucesivos presidentes se caracterizaron por la tibieza de sus acciones. Sólo el secretario de Educación Narciso Bassols destacó por realizar una labor revisionista que le dio un nuevo sesgo a la educación rural. Uno de sus cambios fue trazar una nueva estrategia para incorporar a la nación a los numerosos grupos étnicos, con culturas e idiomas distintos, que hacían del país un verdadero mosaico. Aunque era difícil determinar su número, ya que no había siquiera un criterio preciso para definir quiénes eran indígenas, se calculaba que más de cuatro millones poblaban el territorio nacional (Loyo, 1996: 141).

En ese contexto histórico y social surgió en la Ciudad de México, en 1935, el movimiento de reivindicación étnica de los binnizá o zapotecos del Istmo, con el cual comenzó la escritura y la producción de literatura en lengua indígena de la etapa posrevolucionaria. El movimiento se manifestó en tres aspectos: 1) la formación de la Sociedad Nueva de Estudiantes Juchitecos, presidida por Gabriel López Chiñas; 2) el periódico literario mensual Nesha -Neza, a partir del número 5-, cuyas primeras tres entregas dirigió Andrés Henestrosa, publicado de junio de 1935 hasta enero de 1937, con 20 números, y 3) la creación de la Academia de la Lengua Zapoteca, con el licenciado Vicente E. Matus como presidente y el coronel Enrique Liekens Cerqueda como vicepresidente; uno de sus miembros era el capitán Jeremías López Chiñas, profesor de táctica militar en el Colegio Militar.

Hasta entonces, la castellanización de los indígenas y su alfabetización en esta lengua habían sido directas, sin contemplaciones: “la letra con sangre entra”, se decía. Sin embargo, el presidente Cárdenas decidió cambiar de estrategia. Primero había que dar un rodeo: se partía de la alfabetización en lengua indígena para castellanizar después. Ese mismo año, el general Cárdenas, al comenzar su gobierno, permitió el establecimiento en el país del Instituto Lingüístico de Verano -sin convenio por escrito, el cual se firmaría oficialmente hasta 1951 (CEA, 1979: 29, 41-44)-. Este organismo no tuvo que ver con el surgimiento de la escritura del diidxazá -zapoteco de la planicie costera-, pues la discusión del alfabeto fue entre los colaboradores del periódico.

En el segundo número de Nesha, apareció el poema “Tih gueéla nacahui doo”, de Pancho Nácar, seudónimo de Francisco Javier Sánchez Valdivieso, quien escribiría toda su obra en su lengua diidxazá y jamás en castellano.

La Revolución mexicana, en el terreno de las letras, trajo como consecuencia la literatura indigenista en varias partes del país. En la planicie costera del océano Pacífico, no sólo surgieron escritores que trataron temas indígenas, en gran parte para rescatar y recrear la tradición oral -como en el caso mencionado de Andrés Henestrosa (1929), con su obra Los hombres que dispersó la danza, y de Gabriel López Chiñas (1960), con Vinnigulasa. Cuentos de Juchitán-, también entre los binnizá o zapotecos del Istmo aparecieron escritores que cumplieron con la exigencia del crítico José Luis Martínez: escribir en su propia lengua. Ellos fueron el poeta Pancho Nácar y el narrador Jeremías López Chiñas, quienes dieron origen a la literatura indígena contemporánea, antes de que apareciera en otras lenguas.

La distinción entre literatura indígena y literatura indigenista fue propuesta por José Luis Martínez, en la “Introducción” a una selección de la obra de tres autores mexicanos -Antonio Médiz Bolio, La tierra del faisán y el venado; Ermilo Abreu Gómez, Canek, y Andrés Henestrosa, Los hombres que dispersó la danza, incluidos en el libro Literatura indígena moderna-:

Sería preciso, para que los libros de que nos vamos a ocupar fueran con plenitud una “literatura indígena”, que estuvieran escritos en su propia lengua, con sus propios medios de expresión y que su meollo más sustancial fuera el de las propias culturas de donde parten. Ahora bien, su creación se realiza desde la cultura occidental que poseen sus autores, y desde su personal perspectiva literaria del pensamiento indígena arcaico. Son pues recreaciones modernas de antigüedades indígenas realizadas por hombres que guardan aún un sentimiento y un acervo de tradiciones autóctonas, pero cuyos medios de expresión literaria son occidentales (1942: 13-14).

Cuando José Luis Martínez escribió lo anterior, ignoraba que Pancho Nácar ya había compuesto gran parte de sus poemas en una lengua indígena, al igual que el capitán Jeremías López Chiñas ya había escrito en una espléndida prosa su relato Lexu ne Gueu’, aunque publicada post mortem por su hermano Gabriel, en 1943. En una dedicatoria a su abuela Vitu Lu -Victoriana López- aclara la fuente de su relato: “Vitu Lu, escúchalas ahora, éstas son las palabras que en tus brazos nos contaste en aquel tiempo” (López, 1943: i-v).1 Por supuesto, esta transmisión de la tradición oral de una generación a otra, precursora de las literaturas escritas en lenguas indígenas, fue posible gracias a que aún no llegaba la televisión a los hogares indígenas.

No obstante, el crítico José Luis Martínez vislumbró el surgimiento de una literatura indígena auténtica en nuestro país y señaló en quién depositaba su esperanza: “los zapotecas fueron de los pueblos mejor librados en la Conquista, y no son un pueblo destruido. Viven aún con gran frescura como un pueblo joven. Son quizá los únicos indígenas mexicanos de quienes se puede esperar una aportación capital” (1942: 22-23).

En la presentación de la primera edición de la antología bilingüe de la literatura zapoteca La flor de la palabra. Guie’ sti’ diidxazá (De la Cruz, 1983), en la ciudad de Oaxaca, el comentarista Carlos Monsiváis dijo:

Los mayas y los nahuas son en gran medida gloria pretérita, las columnas del mundo prehispánico, que en la poesía el padre Ángel María Garibay, y después Miguel León Portilla traducen fijamente como el escudo resplandeciente del pasado. Pero los zapotecas quieren ser presente y, así no lo sepan estos jóvenes de la Sociedad Nueva de Estudiantes Juchitecos, en los años veinte preparan las condiciones de una labor cultural que será decisión política (1983: 7).

A mediados de la década de 1970, el gobierno mexicano tomó cartas en el asunto de los indígenas por medio de la Confederación Nacional Campesina, la cual organizó el I Congreso Nacional de Pueblos Indígenas, del 7 al 9 de octubre de 1975, en Pátzcuaro, Michoacán (Barre, 1983: 65). Se intentó rescatar el valor simbólico del espacio y el tiempo cardenistas en la nueva etapa de manipulación de los indígenas mediante consejos supremos impuestos a cada grupo etnolingüístico. Se hizo caso omiso a las diferencias lingüísticas internas. Los consejos supremos nacionales de cada etnia fueron integrados como parte de la estructura del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas, creado ese mismo año. En el terreno de la educación indígena, el régimen echeverrista impulsó, en 1977, la creación de la Alianza Nacional de Profesionales Indígenas Bilingües (anpibac), en forma de asociación civil (Dietz, 2011: 149).

Que den sus flores todas las lenguas

Estos fueron los antecedentes inmediatos del resurgimiento de antiguas literaturas originarias de Mesoamérica, como la maya y la náhuatl, y el surgimiento de nuevas en lenguas que no tenían escritura en la época prehispánica, pero con una bien fundada tradición oral en el arte de la lengua.

Para tener una idea de la complejidad de la cuestión, revisemos la lista de lenguas de los miembros la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas (ELIAC). Esta organización enumera 51 miembros que escriben en: yokot’an -chontal de Tabasco-, tsotsil, mayo, maya, tenek -huasteco-, zoque de Chiapas, tseltal, mazateco, mazahua del Estado de México, mixteco de Oaxaca, p’urhépecha - tarasco-, tojolabal, diidxazá, zapoteco de la Sierra Norte, huichol, chocholteca de Oaxaca, ayuuk - mixe-, mochó de Chiapas y náhuatl de Guerrero, Veracruz, Ciudad de México, Hidalgo y Puebla.2 En total, 23 lenguas, que de hecho son familias lingüísticas, como en el náhuatl y el zapoteco, cuyos hablantes no se entienden entre sí.

Por su parte, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali) me envió una lista de 26 publicaciones en lenguas indígenas.3 Seis de ellas son literarias, en las siguientes lenguas: dos en diidxazá, uno en mixteco de Yosondúa, uno en yokot’an o chontal de Tabasco, uno en mixteco de la costa y uno en tepehuano.

Entre 1993 y 1994, Carlos Montemayor coordinó la publicación de la Colección Letras Mayas Contemporáneas, con el apoyo del Instituto Nacional Indigenista (INI) y la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) del gobierno federal. Hasta donde tengo noticias, la colección consta de 18 títulos. Los que llevan números impares están en maya peninsular y los números pares son las traducciones correspondientes. La colección empieza con el poeta Gerardo Can Pat, U k’aayilo’ob in puksi’ik’al (1993a), y su traducción al español, Cantos del corazón (1993b) y termina con dos volúmenes -33 y 35 en maya (1994a), 34 y 36 en español (1994b)- con canciones, letra y música del mismo autor.

En cuanto a las lenguas mayenses de Chiapas, la Colección Letras Mayas Contemporáneas, Chiapas, coordinada por Montemayor, con el apoyo de Sna Jtz’ibajon -la Casa del Escritor- y de la Unión de Escritores Mayas-Zoques, con el patrocinio del ini y la Fundación Rockefeller, consta de 15 títulos, todos bilingües en lengua indígena y español, publicados a lo largo de 1996. Los tres primeros, Renacimiento del teatro maya en Chiapas, volúmenes I, II y III, son obra colectiva bilingüe de Sna Jtz’ibajon (1996). Los demás están escri- tos en tseltal, tsotsil, tojolabal y zoque. De pequeño formato, estos 15 títulos siguen sin conocerse en el ámbito literario nacional y todavía esperan a sus críticos para que los evalúen y les den el lugar que les corresponde en la historia de las literaturas mexicanas.

Montemayor abrió una tercera serie de la colección Letras Mayas Contemporáneas, en 1998, con un poemario de la poeta campechana Briceida Cuevas Cob, titulado Je’ bix k’in/Como el sol (1998), volumen I. También con el patrocinio del ini y la Fundación Rockefeller, se anunció que constaría de 15 libros bilingües, pero no sé si se publicaron o no.

Otra colección importante fue la que lanzó la editorial Diana, en 1992, con la colaboración de las direcciones generales de Culturas Populares (DGCP) y de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), con el título Letras Indígenas Contemporáneas, la cual consta de 12 títulos hasta donde sé (León-Portilla, 1992a). Por su formato de mayor tamaño, y la casa editora, se esperaba que trascendiera y recibiera mayor atención en el mundo literario mexicano. Quizá los críticos no se ocuparon de estas obras porque desconocen que existen lenguas indígenas vivas y que en ellas se escribe, o simplemente no les importa otro mundo lingüístico y cultural más que el hispano o el inglés.

Un acierto de la ELIAC y el Inali fue preocuparse y ocuparse de los niños, las futuras generaciones que ya no hablan la lengua o están en trance de perderla, pues en su tiempo libre han quedado a merced de los monopolios televisivos con programas de ínfima calidad. ELIAC publicó en 2007 cinco folletos bilingües, en lengua indígena y español, con relatos ilustrados que forman parte de la tradición oral, patrocina- dos por la Secretaría de Educación Pública, en maya, mayo, mixe, tojolabal y diidxazá o zapoteco del Istmo (ELIAC, 2008b).4

Por su parte, el Inali reeditó el relato tradicional sobre las aventuras de Lexu ne Gueu’. Conejo y coyote (López, 2007), en la hermosa versión en lengua zapoteca de Jeremías López Chiñas, cuya primera edición en 1943 fue de lujo. Además de la elegancia de la lengua indígena que usó el recopilador y redactor, fue traducido al español por Gabriel López Chiñas y al inglés por José Vásquez Amaral -el traductor de los cantares completos de Ezra Pound al español- e ilustrado por el talentoso pintor oaxaqueño Francisco Gutiérrez. La segunda edición fue ilustrada por el pintor oaxaqueño Óscar Martínez Olivera y se acompaña de un disco compacto con la grabación de la narración a tres voces.

La alfabetización de una parte de la población indígena en cada una de las etnias no repercutió de manera negativa en la tradición oral, pues ésta ha logrado convivir con la tradición escrita y ambas han seguido su desarrollo en paralelo. Los creadores en una u otra lengua se apoyan en el uso de su arte verbal o arte de la palabra. De hecho, la alfabetización trajo como consecuencia que parte de la población indígena alfabetizada en cada etnia se haya especializado en el trabajo intelectual, en particular en el trabajo literario. Estos intelectuales se han dedicado a recopilar, traducir y publicar lo mejor de la tradición oral de su comunidad y su etnia, con lo que la han salvado de la muerte ante la invasión de la televisión, pues las telenovelas han sustituido los relatos de los ancianos como forma de entretenimiento en los momentos de descanso y de transmisión de los valores de una generación a otra en las comunidades.

Encontramos que todas las colecciones citadas están formadas por obras nacidas de la creación colectiva, la tradición oral. También hay libros escritos por creadores individuales, poetas, narradores o ensayistas. La DGCP del Conaculta publicó durante 1994 la colección Lenguas de México, bajo la coordinación de Martha Tello Díaz, integrada por cinco libros, hasta donde me consta: Relatos pai pai. Kuriut’ trab pai pai (Tello, 1994), Relatos chontales (yoko tz’aji) (DGCP, 1994a), Relatos tzeltales (Mondragón, 1994a), Relatos huastecos (tenek) (Mondragón, 1994b) y Relatos totonacos (DGCP, 1994b).

En 1982, también gracias a la DGCP, nacía en Mérida, Yucatán, el proyecto para la creación de talleres literarios en lengua maya, con la asesoría del escritor Carlos Montemayor (May, 1992: 113-127). El año siguiente, los binnizá del Istmo coronaban la tradición escrita en diidxazá con la primera antología literaria en lengua indígena de México: La flor de la palabra. Guie’ sti’ diidxazá (De la Cruz, 1983), también gracias a la misma dependencia y a Stefano Varese, jefe de la Unidad Regional de Culturas Populares en Oaxaca. La diferencia entre ambos proyectos era que los zapotecos o binnizá teníamos una tradición literaria que nos permitía hacer una antología, en tanto que los mayas empezaban el proyecto para formar escritores.

Octavio Hoyos ► Zona arqueológica de Toniná, Ocosingo, Chiapas, México, 2011.

Conclusión

El surgimiento de la literatura escrita de los binnizá no fue consecuencia de los proyectos de alfabetización indígena de los gobiernos posrevolucionarios, pues los miembros de la Sociedad Nueva de Estudiantes Juchitecos y los escritores en diidxazá del periódico Neza eran adultos que fueron alfabetizados con el método de castellanización directa en las escuelas oficiales. Para ellos, el método de alfabetización y el Instituto Lingüístico de Verano llegaron tarde y no participaron en la discusión de la escritura del diidxazá. Los miembros de esa generación sólo aprovecharon el ambiente nacionalista creado por el gobierno del general Lázaro Cárdenas.

El surgimiento literario en las otras lenguas indígenas, más tarde, fue consecuencia de los movimientos de reivindicación étnica de la década de 1970. No obstante la optimista opinión de Carlos Fuentes de que la “Antigua y nueva palabra es parte de la literatura mexicana en su sentido más plano. Y es también rescatado capítulo de una literatura en verdad universal”, la cual aparece en la cuarta de forros del libro, las literaturas indígenas no son aceptadas todavía como parte de la literatura mexicana, pues a excepción de Fuentes, Monsiváis y Montemayor, la mayoría de los escritores hispanohablantes mexicanos y avecindados en este país no consideran colegas a los escritores que escriben en idiomas indígenas y tampoco los publican en sus revistas ni reseñan sus obras. Una visita a las páginas de publicaciones periódicas, de izquierda o de derecha, como Nexos y Letras Libres, probaría nuestra afirmación. Sólo revistas independientes, como Blanco Móvil, o regionales, como Tierra Adentro y La Palabra y el Hombre, de la Universidad Veracruzana, de manera esporádica se han ocupado de las literaturas indígenas.

¿Cómo insertar las literaturas indígenas dentro de la historia hegemónica de la literatura mexicana en español? Beatriz Garza Cuarón y Georges Baudot (1996), en la Historia de la literatura mexicana, preguntaban: “¿cómo decir que el mundo de la creación contemporánea, a fines del siglo XX, aúna todas estas diversidades en una misma y cálida matriz?” (1996: 24). En seguida respondían:

Tiempo es de entender a carta cabal que la unidad cultural mesoamericana de los tiempos prehispánicos, unidad de inigualable fuerza y autenticidad que traspasa fronteras y límites entre Teotihuacan y Tikal, que va más allá de la distancia que media entre Palenque, Chichén Itzá y Tula, encontró su eco y su espejo al arribar la lengua castellana a dicha zona geográfica (1996: 24).

En otras palabras: la colonización española unificó a conquistadores y conquistados. Entonces, si la colonización ha causado que las culturas y las lenguas indígenas estén en el estado en el que se encuentran, los colonizados tenemos derecho a que nuestras literaturas aparezcan, no sólo como eran en el pasado, sino como son en la actualidad, al lado de los logros de la cultura occidental. Los indígenas también tienen derecho a gozar de las ventajas de la civilización actual, porque ésta se construyó sobre las ruinas de nuestro pasado y nuestras culturas, y de esa manera nos privó del derecho de construir un futuro propio.

Bibliografía

Barre, Marie-Chantal, 1983, Ideologías indigenistas y movimientos indios, Siglo XXI editores, México. [ Links ]

Bravo Ahuja, Gloria, 1976, Los materiales didácticos para la enseñanza del español a los indígenas mexicanos I. De la Conquista a la Revolución, Secretaría de educación Pública (Sep-Setentas), México. [ Links ]

Can Pat, Gerardo, 1993a, U k’aayilo’ob in puksi’ik’al. Cantos del corazón, Instituto Nacional Indigenista /Secretaría de desarrollo Social (letras Mayas Contemporáneas 1), México. [ Links ]

______, 1993b, Cantos del corazón, Instituto Nacional Indigenista/Secretaría de desarrollo Social (letras Mayas Contemporáneas 2), México. [ Links ]

______, 1994a, Maya k’aayo’ob suuk bejla’abeono’be, 2 vols., Instituto Nacional Indigenista/Secretaría de desarrollo Social (letras Mayas Contemporáneas 33, 35), México. [ Links ]

______, 1994b, La nueva canción maya, 2 vols., Instituto Nacional Indigenista/Secretaría de desarrollo Social (letras Mayas Contemporáneas 34, 36), México. [ Links ]

Castellanos, Rosario, 2004 [1957], Balún-Canán, Fondo de Cultura económica, México. [ Links ]

Colegio de Etnólogos y Antropólogos (Cea), 1979, Dominación ideológica y ciencia social. El I.L.V. en México, Colegio de Etnólogos y Antropólogos/Nueva lectura, México. [ Links ]

Cruz, Víctor de la, 1983, La flor de la palabra. Guie’ sti’ diidxaza. Antología de la literatura zapoteca, Premià (la red de Jonás), México. [ Links ]

______, 1999, Guie’ sti’ diidxazá. La flor de la palabra, universidad Nacional autónoma de México/Centro de Investigaciones y estudios Superiores en antropología Social (Nueva Biblioteca Mexicana), México. [ Links ]

Cuevas Cob, Briceida, 1998, Je’ bix k’in/Como el sol, Instituto Nacional Indigenista, México. [ Links ]

Dietz, Gunther, 2011, “Comunalidad e interculturalidad: por un diálogo inter-actoral entre movimiento indígena y escuela pública”, en Lois M. Meyer y Benjamín Maldonado a. (coords.), Comunalidad, educación y resistencia indígena en la era global. Un diálogo entre Noam Chomsky y más de 20 líderes indígenas e intelectuales del continente americano, Colegio Superior para la educación Integral Intercultural de Oaxaca, Oaxaca. [ Links ]

Dirección General de Culturas Populares (DGCP), 1990, Memoria. Primer Encuentro de Escritores en Lenguas Indígenas, dirección General de Culturas Populares-Consejo Nacional para la Cultura y las artes, México. [ Links ]

______, 1994a, Relatos chontales (yoko tz’aji), Secretaría de educación Pública/Consejo Nacional para la Cultura y las artes-dirección General de Culturas Populares (lenguas de México, 2), México. [ Links ]

______, 1994b, Relatos totonacos, Secretaría de educación Pública/Consejo Nacional para la Cultura y las artes-dirección General de Culturas Populares (lenguas de México, 5), México. [ Links ]

Escritores en Lenguas Indígenas (ELIAC), 2008a, México: diversas lenguas, una sola nación, t. I: Antología de poesía en lenguas indígenas mexicanas, escritores en lenguas Indígenas, México. [ Links ]

______, 2008b, México: diversas lenguas, una sola nación, t. II: Narrativa, escritores en lenguas Indígenas, México. [ Links ]

Fell, Claude, 1996, “la creación del departamento de Cultura Indígena a raíz de la revolución mexicana”, en Pilar Gonzalbo Aispiru (coord.), Educación rural e indígena en Iberoamérica, el Colegio de México/universidad Nacional de educación a distancia, México y Madrid, pp. 109-122. [ Links ]

Garza Cuarón, Beatriz y Georges Baudot, 1996, Historia de la literatura mexicana, desde sus orígenes hasta nuestros días, vol. 1: Las literaturas amerindias de México y la literatura en español del siglo XVI, universidad Nacional autónoma de México, México. [ Links ]

Goethe, Johann Wolfgang, 1951, Memorias de la universidad. Poesía y verdad, segunda parte, Espasa-Calpe, Buenos aires. [ Links ]

Henestrosa, Andrés, 1929, Los hombres que dispersó la danza, Compañía Nacional editora Águilas, México. [ Links ]

Johanson, Donald, Lenora Johanson y Blake Edgar, 1994, Ancestors. In Search of Human Origins, Villard Books, Nueva York. [ Links ]

León-Portilla, Miguel, 1986, “Yancuic Tlahtolli: palabra nueva. una antología de la literatura náhuatl contemporánea”, en Estudios de Cultura Náhuatl, vol. 18, pp. 123-169. [ Links ]

______, 1989, “Yancuic Tlahtolli: palabra nueva. una antología de la literatura náhuatl contemporánea” (segunda parte), en Estudios de Cultura Náhuatl, vol. 19, pp. 364-405. [ Links ]

______, 1990, “Yancuic Tlahtolli: la nueva palabra. una antología de la literatura náhuatl contemporánea” (tercera parte), en Estudios de Cultura Náhuatl, vol. 20, pp. 311-369. [ Links ]

______, 1992a, Narrativa náhuatl contemporánea. Antología, dirección General de Culturas Populares-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Fundación Miguel Alemán/Diana (letras Indígenas Contemporáneas), México. [ Links ]

______, 1992b, Literaturas indígenas de México, MAPFRE, México. [ Links ]

León-Portilla, Miguel y Earl Shorris, 2008, Antigua y nueva palabra. Una antología de la literatura mesoamericana, desde los tiempos precolombinos hasta el presente, Aguilar, México. [ Links ]

López Chiñas, Gabriel, 1943, Conejo y coyote, Jeremías López Chiñas (trad. zapoteco), José Vázquez Amaral (trad. Inglés), Francisco Gutiérrez (ilustr.), Vinnigulasa (Cuentos zapotecas de Juchitán), México. [ Links ]

______, 1960, Vinnigulasa. Cuentos de Juchitán, universidad Nacional Autónoma de México, México. [ Links ]

______, 2007, lexu ne gueu’. Conejo y coyote, Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, México. [ Links ]

Loyo Bravo, Engracia, 1996, “los centros de educación indígena y su papel en el medio rural (1930-1940)”, en Pilar Gonzalbo Aispiru (coord.), Educación rural e indígena en Iberoamérica, el Colegio de México/universidad Nacional de educación a distancia, México y Madrid, pp. 139-159. [ Links ]

Marsiske, Renate, 1996, “Universidad y educación rural en México (1924-1928)”, en Pilar Gonzalbo aispiru (coord.), Educación rural e indígena en Iberoamérica, el Colegio de México/universidad Nacional de educación a distancia, México y Madrid, pp. 123-137. [ Links ]

Martínez, José Luis (comp.), 1942, Literatura indígena moderna, ediciones Mensaje, México. [ Links ]

May May, Miguel Ángel, 1992, “la formación de escritores en lengua maya”, en Carlos Montemayor (coord.), Los escritores indígenas actuales, t. II: Ensayo, pp. 113-127. [ Links ]

Máynez, Pilar, 2003, Lenguas y literaturas indígenas en el México contemporáneo, universidad Nacional autónoma de México, México . [ Links ]

Mondragón Padilla, Lucila, 1994a, Relatos tzeltales, Secretaría de educación Pública/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Dirección General de Culturas Populares (lenguas de México, 3), México. [ Links ]

Mondragón Padilla, Lucila, 1994b, Relatos huastecos (tenek), Secretaría de educación Pública/Consejo Nacional para la Cultura y las artesdirección General de Culturas Populares (lenguas de México, 4), México. [ Links ]

Monsiváis, Carlos, 1983, “la flor de la palabra”, en Hora Cero, Oaxaca, Octubre. [ Links ]

Montemayor, Carlos, 1992a, “Prólogo”, en Carlos Montemayor (coord.), Los escritores indígenas actuales, t. I: Poesía, narrativa, teatro, Fondo editorial tierra adentro-Consejo Nacional para la Cultura y las artes, México. [ Links ]

______, 1992b, Los escritores indígenas actuales, t. II: Ensayo, Fondo editorial tierra adentro-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México. [ Links ]

______, 2004, “Prólogo”, en Carlos Montemayor (comp.), La voz profunda. Antología de la literatura mexicana en lenguas indígenas, Joaquín Mortiz, México. [ Links ]

Montemayor, Carlos y Donald Frischmann (eds.), 2004, Words of the True Peoples. Anthology of Contemporary Mexican IndigenousLanguage Writers/Palabras de los Seres Verdaderos. Antología de escritores actuales en lenguas indígenas de México, vol. 1: Prose, University of Texas Press, Austin. [ Links ]

______, 2005, Words of the True Peoples. Anthology of Contemporary Mexican Indigenous-Language Writers/Palabras de los Seres Verdaderos. Antología de escritores actuales en lenguas indígenas de México, vol. 2: Poetry, University of Texas Press, Austin. [ Links ]

Ong, Walter, 1999, Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra, Fondo de Cultura económica, México . [ Links ]

Sna Jtz’ibajon, 1996, Renacimiento del teatro maya en Chiapas, 3 vols., Instituto Nacional Indigenista, México . [ Links ]

Stavenhagen, Rodolfo, 1985, “Intervención ante el Grupo de trabajo sobre Poblaciones Indígenas”, en Guchachi’ Reza, Iguana Rajada, núm. 25. [ Links ]

Teja Zabre, Alfonso, 1937, “Clave del idioma mexicano”, en Universidad, núm. 20, pp. 37-39. [ Links ]

Tello Díaz, Martha (coord.), 1994, Relatos Pai pai. Kuriut’ trab pai pai, Secretaría de Educación Pública/Consejo Nacional para la Cultura y las artes-dirección General de Culturas Populares (Colección lenguas de México, 1), México. [ Links ]

Vasconcelos, José, 1938, El desastre. Tercera parte de Ulises criollo. Continuación de la tormenta, ediciones Botas, México. [ Links ]

Whittaker, Gordon, 1981, Los jeroglíficos preclásicos de Monte Albán, Instituto Nacional de Antropología-Centro Regional Oaxaca, Oaxaca. [ Links ]

Hemerografía

Blanco Móvil [ Links ]

Letras Libres [ Links ]

Nesha [ Links ]

Neza [ Links ]

Nexos [ Links ]

La Palabra y el Hombre [ Links ]

Tierra Adentro [ Links ]

1Vitu Lu: bicaadiagaluni yanna: ndi’ diidxa’ biui’nelu’ laadu ndaani’ nalu’ dxiqué”. Se ha actualizado la escritura en diidxazá conforme al alfabeto aprobado en la Mesa redonda de 1956, en la Ciudad de México.

2La lista se elaboró con base en el cuadro “asociación de escritores en lenguas Indígenas, a. C.”, enviado por la ELIAC el 22 de junio de 2009.

3Lista de publicaciones hasta septiembre de 2009.

4Agradezco a la poeta Irma Pineda, entonces presidenta de la ELIAC.

Falleció antes de ver publicada su colaboración. El equipo de Desacatos lamenta su partida.

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons