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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.53 México ene./abr. 2017

 

Legados

Stuart Hall: derroteros y estilo de trabajo intelectual

Stuart Hall: Itinerary and Style of Intelectual Work

Eduardo Restrepo* 

*Departamento de Estudios Culturales, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia eduardoa.restrepo@gmail.com

Cada uno de los momentos de la carrera

de Stuart fue un compromiso y una

relación con nuevas formas de trabajo

político e intelectual

(Grossberg, 2014: 12).

En plena hegemonía del thatcherismo, ante la desconcertada izquierda británica, Hall imparte una conferencia sobre la relevancia de Gramsci, que luego se publica en Marxism Today. En un pasaje, Hall argumenta: “no quiero sostener que, en forma simple, Gramsci ‘tiene las respuestas o la llave’ para los problemas de hoy. Sí creo que debemos pensar nuestros problemas de una forma gramsciana, lo cual es diferente” (Hall, 1991: 129). Del mismo modo, la relevancia de Hall hoy se encuentra principalmente en su estilo de trabajo intelectual y en sus objetivos al pensar los problemas. Esto no significa que deban desconocerse de tajo sus múltiples aportes en la clarificación o conceptualización de algunas cuestiones que, en gran parte, son todavía las nuestras.

La relevancia de su estilo de trabajo intelectual es resultado de sus particulares trayectorias biográfica e intelectual; no apareció de la noche a la mañana, sino que debe entenderse como una respuesta a los retos y condiciones de su existencia. Por eso, en la primera parte de esta colaboración se presentan rápidamente estas trayectorias. En la segunda parte, me centraré en explorar algunos de los aspectos más destacados de su estilo de trabajo intelectual, con especial atención a su contextualismo radical.

Derroteros

Nació en Kingston, Jamaica, en 1932, en una familia de clase media. Su padre era empleado de la United Fruit Company, su madre era una mujer identificada con el orden colonial inglés. Adelantó sus estudios básicos en el Jamaica College, un prestigioso colegio de Kingston, y los culminó hacia finales de la década de 1940.

En 1951 viajó a Gran Bretaña para estudiar en el Merton College, en Oxford, con una beca como Rhodes scholar. Aunque no dejó de considerarse jamaiquino, nunca residió de nuevo en Jamaica. Como lo explica en varias entrevistas, ésa fue la vida que eligió no seguir. Sobre la experiencia de su vida temprana en una Jamaica que era colonia inglesa, Hall precisaba:

Me fui a Inglaterra 12 años antes de la independencia. Toda mi formación había sido la de un niño de color de clase media, de la sociedad jamaiquina. Eso es experimentarse a uno mismo como “colonizado”, es decir, fundamentalmente desplazado del centro del mundo -que siempre representó para mí “en otra parte”- y al mismo tiempo dislocado de las personas y condiciones a mi alrededor (Hall, 2007: 272).

El hecho de que no haya residido durante su vida adulta en Jamaica no significa que su labor intelectual y política haya estado marcada por su relación de descentramiento y desplazamiento con el Caribe (Hall, 2007: 272), algunas veces de forma directa, como cuando considera su propia condición diaspórica y racializada como un sujeto colonial, otras de manera indirecta, como cuando su particular relación de dislocación con el Caribe signa su trayectoria intelectual por el tipo de preguntas y ciertas formas de tratarlas. Es lo que denomina “prisma de mi formación caribeña” (Hall, 2007: 271).

El contexto intelectual y político de la Gran Bretaña de los años cincuenta y sesenta también marcó el pensamiento de Hall. Allí se perfilan sus intereses políticos y se configura su formación intelectual. Entre los primeros intereses políticos, encuentra sus posiciones anticoloniales y sus búsquedas por comprender sus bagajes culturales jamaiquinos, con la dimensión racial y colonial que esto implicaba entonces. En este marco, Hall se involucra en el movimiento de los estudiantes del Caribe en el Reino Unido, en el que juega un importante papel:

Igual que el resto del pequeño número de estudiantes del “Tercer Mundo” en Oxford, mis principales preocupaciones políticas se centraban alrededor de las cuestiones coloniales. Me impliqué mucho en la política estudiantil sobre las Antillas occidentales. Debatíamos y discutíamos principalmente sobre lo que estaba ocurriendo en nuestra tierra, en la confianza de que, antes de que pasara mucho tiempo, todos estaríamos allí implicados en ello (Hall, 2010a: 165).

Las disputas respecto al totalitarismo marxista, que en lo teórico se expresaba como un abierto reduccionismo -lo que se conoce como el marxismo vulgar o economicismo- y en lo político como el rechazo de las políticas estalinistas y los partidos comunistas ortodoxos, confluyeron en lo que se conoció como la Nueva Izquierda (Hall, 2010a). Alrededor de las agendas y publicaciones adelantadas de la Nueva Izquierda, Hall confluye con Raymond Williams y Edward P. Thompson, es decir, con algunas figuras que luego aparecerán como fundadoras de lo que se conocerá como estudios culturales. Hall fue miembro fundador de la Universities and Le Review (1956-1959) y colaboró con la publicación New Reasoner:

Estando aún en Oxford, Stuart se unió a Raphael Samuel, Charles Taylor y Gabriel Pearson en la fundación de Universities and Le Review, cuyo New Reasoner, que fue dirigido por un grupo de disidentes del Partido Comunista expulsados, entre otros, Edward Thompson, Dorothy Thompson y John Saville, Universities and Le Review jugó un papel central en la conformación de la New Le en Gran Bretaña (Blackburn, 2014: 79).

Dada la afinidad política, a finales de los años cincuenta, Universities and Le Review y New Reasoner se unirían para conformar la hoy ampliamente conocida New Le Review. Hall fue el primer director (1958-1962) de esta revista bimensual, que se había convertido en un magazine y logró editar sus primeros 12 números. Esta publicación fue un referente importante en la conformación de docenas de clubes en toda Gran Bretaña. La cafetería Partisan, en Carlisle Street, Soho, fue la sede del club de la Nueva Izquierda en Londres (Hall, 2010a: 169-174).

Prometeo Lucero ► Festival de la Identidad Garífuna. San Pedro Sula, Honduras, 11 de abril de 2016.

En el marco de esta creciente participación política, en 1967 Hall fue uno de los tres autores en la redacción del May Day Manifesto, publicado el siguiente año en una versión más extensa editada por Raymond Williams. Asociado al despliegue de la Nueva Izquierda, Hall devino por primera vez en gura pública de la Campaña para el Desarme Nuclear (CDN), cuya primera marcha fue en Aldermaston, en 1958: “fue el comienzo de una estrecha vinculación entre la Nueva Izquierda, el moderno movimiento pacifista en Inglaterra y el nacimiento de la CDN como organización política de masas” (Hall, 2010a: 174).

Hall adelantó su disertación sobre Henry James, pero sus pasiones y compromisos políticos hicieron que la abandonara de manera definitiva: “para muchos de nosotros, la vida normal había quedado más o menos en suspenso en 1956” (Hall, 2010a: 169). Su carrera comienza como profesor de escuela secundaria y en educación para adultos. Empezó ejerciendo como docente en un centro de educación secundaria en Brixton, en una zona obrera. Fue profesor de literatura inglesa, matemáticas, geografía y hasta natación (MacCabe, 2008: 12).

Desde su fundación por Richard Hoggart, en 1964, Hall participó como investigador y docente en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos (CCCS, por sus siglas en inglés), en la Universidad de Birmingham. En 1968, asume la dirección de este centro, primero como interino, y en 1972 en propiedad, en la que permanece hasta 1979, cuando se incorpora como profesor a la Open University. Bajo su dirección, el CCCS se convierte en el más destacado escenario institucional de consolidación de los estudios culturales y en lo que algunos denominan la “escuela de Birmingham”.

Cabe anotar que la institucionalización de los estudios culturales británicos se encuentra asociada de manera indisoluble a la creación y consolidación del Centro en Birmingham. No obstante, Hall no considera a Birmingham la única manera de realizar estudios culturales, puesto que para él constituyen una práctica coyuntural: “los estudios culturales eran, y han sido desde entonces, una adaptación a su propio terreno: ha sido una práctica coyuntural” (Hall, 2010b: 17). Además, el trabajo adelantado en Birmingham fue más heterogéneo y contradictorio de lo que las mitologías convencionales sobre los orígenes de los estudios culturales tienden a conceder. No es de sorprender que Hall descarte, incluso, que se pueda hablar de la “escuela de Birmingham” y con ese su desconcierto cuando escucha que otros se refieren a tal escuela, como si hubiese existido (Hall, 2010b: 17).

El origen de los estudios culturales en Gran Bretaña se asocia a los debates intelectuales y políticos articulados sobre los cambios sociales y culturales que se experimentaban en la época de la posguerra. En gran parte, esta modalidad de estudios culturales constituye la búsqueda de respuestas tendentes a comprender e intervenir en las, a veces, dramáticas rupturas que se experimentaban en la sociedad británica de entonces y en las formaciones culturales de las clases obreras o de la cultura popular en particular. Hall (2010b: 18) asocia el nacimiento de los estudios culturales británicos con el surgimiento del movimiento de la Nueva Izquierda, en el cual figuras como Raymond Williams, Edward P. Thompson y él mismo ocuparían un lugar destacado.1 Los cuatro actores centrales en los orígenes de los estudios culturales eran profesores dedicados a la enseñanza de adultos en departamentos marginales en el centro del canon y del prestigio del establecimiento académico británico.

En 1997, Hall se retira como profesor activo de la Open University para obtener el título de profesor emérito. Posteriormente, da un giro hacia las artes, en concreto con el Instituto Internacional de Artes Visuales (INIVA, por sus siglas en inglés), conocido como Rivington Place. Inaugurado en 2007, en la galería pública del instituto se exponen trabajos de “artistas de diferente origen étnico” (Hall y Mellino, 2011: 10).

A sus 82 años, y luego de padecer una enfermedad renal durante varios años, que limitó grandemente su movilidad, Hall muere en Londres el 10 de febrero de 2014. Sus restos se encuentran en el cementerio de Highgate, en Londres, cerca de los de Marx.

Estilo

Según sus propias palabras, la coyuntura presente constituye el objeto de su trabajo intelectual (Hall, 2007: 279). Hall relaciona de manera explícita esta noción de coyuntura con lo que Foucault denomina la “historia del presente”, que se refiere a trazar una cartografía de las líneas de fuerza que ayudan a comprender cómo se ha constituido históricamente nuestro presente, es decir, cómo hemos llegado a ser lo que somos. Esta historización del presente no sólo pone en evidencia la contingencia de este tiempo, en tanto muestra que lo que existe no debió ser así necesariamente, sino que también subraya que puede ser transformado. Esto último inaugura la política de la teoría de imaginar que podemos llegar a ser algo distinto de lo que somos (Hall, 2007: 279).

El método, en Hall, apunta más hacia lo que podría denominarse coyunturalismo, es decir, un análisis de los contextos en los que confluyen múltiples tensiones y que marcan la formación social en un momento determinado. La diferencia es de escala, pero también de énfasis. El coyunturalismo es una pregunta por la posicionalidad, esto es, poner el acento en las relaciones singulares que en un momento dado ocurren entre los aspectos de una formación social permite comprender por qué lo que puede ser oposicional en una coyuntura no lo es necesariamente en otra (MacCabe, 2008: 42). Esto ubica a Hall como un pensador de la relacionalidad: “su tipo de contextualismo -coyunturalismo- ve los contextos como relaciones complejas de múltiples fuerzas, determinaciones y contradicciones. Para Stuart, esto es lo que define a los estudios culturales” (Grossberg, 2014: 13).

A partir del coyunturalismo, las idealizaciones o las interpretaciones morales no tienen sentido: las cosas son, independientemente de que nos guste o no que sean de esa forma. Presentarlas desde una hermenéutica del deseo puede ayudarnos a “dormir bien por las noches”, pero no es precisamente lo que Hall considera una característica del coyunturalismo. De ahí que “‘voltear la cara violentamente hacia las cosas como realmente son’, es lo que se requiere al ‘pensar coyunturalmente’” (Hall, 2007: 280). Esto no es un llamamiento a que el empirismo ingenuo entre por la puerta de atrás.

Otro de los aspectos del método, en Hall, se refiere al rechazo a los reduccionismos para pensar desde la perspectiva de un contextualismo radical, el cual se entiende a partir de la noción de articulación: “la articulación es el rostro metodológico de una teoría del contextualismo radical” (Grossberg, 1997: 260). Hall retoma de Ernesto Laclau la conceptualización sobre “articulación”, elaborada a mediados de la década de 1970 para responder al “reduccionismo de clase” imperante en el análisis de lo político:

La teoría de la articulación, como yo la uso, ha sido desarrollada por Ernesto Laclau en su libro Política e ideología en la teoría marxista. Su argumento allí es que la connotación política de elementos ideológicos no tiene una pertenencia necesaria, de modo que tenemos que pensar en las conexiones contingentes -no necesarias- entre diferentes prácticas: entre ideología y fuerzas sociales, entre diferentes elementos dentro de la ideología y entre diferentes grupos sociales que componen un movimiento social, etc. Él usa la noción de articulación para romper con la lógica reduccionista que ha determinado la teoría clásica marxista de la ideología (Hall, 2010c: 85).

De una forma general, por articulación Hall entiende el vínculo no necesario entre dos elementos de una formación social determinada:

Una articulación es entonces la forma de conexión que puede crear una unidad de dos elementos diferentes, bajo determinadas condiciones. Es un enlace que no necesariamente es determinado, absoluto y esencial por todo el tiempo (2010c: 85).

En este sentido, una articulación es una clase de vínculo contingente en la constitución de una unidad. Sin embargo, de esto no se puede concluir que cualquier vínculo es igualmente posible en un momento y contexto dado. De ahí que Hall argumente:

Uno tiene que preguntar ¿bajo qué circunstancias puede forjarse o crearse una conexión? La así llamada “unidad” [...] es realmente la articulación de elementos distintos, diferentes que pueden ser rearticulados de diferentes maneras porque no tienen una necesaria “pertenencia” (2010c: 85).

Aunque un enlace particular necesita ciertas condiciones bajo las cuales se hace posible, de ello no se puede concluir que la presencia de estas condiciones es garantía suficiente para la producción de dicha articulación. A pesar de que una articulación es contingente, esto no significa que cualquier articulación es igualmente posible ni que las articulaciones flotan libremente a fin de anclarse casualmente en cualquier tiempo y lugar. Por lo tanto, una articulación es histórica, depende no sólo de los contextos en los cuales emerge, sino también de que dicha articulación pase a configurar este contexto una vez producida. En palabras de Grossberg:

[Una articulación es] la producción de una relación de una no-relación o, más a menudo, la producción de una relación de una diferente [...] supone que no hay relaciones necesarias, pero que las relaciones son reales y tienen efectos reales (1997: 259).

Ricardo Ramírez Arriola / http://www.archivo360.com ► Fábrica de Tabacos H. Upmann, La Habana, Cuba, 24 de febrero de 2010.

Ahora bien, una vez producida, una articulación requiere ser renovada de manera permanente porque puede ser disuelta y otra puede ser creada en su lugar. Así, lo que se encuentra es un proceso permanente de articulación/desarticulación, una suerte de lucha continua en la cual no existe de antemano ninguna garantía de continuidad en una articulación que ha sido producida:

Por el término de “articulación” me refiero a una conexión o vínculo que no se da necesariamente en todos los casos como una ley o un hecho de la vida, sino que requiere condiciones particulares de existencia para aparecer, que tiene que ser sostenido positivamente por procesos específicos, que no es “eterno” sino que tiene que ser renovado constantemente, que puede bajo algunas circunstancias desaparecer o ser desplazado, llevando a los antiguos vínculos a ser disueltos y a las nuevas conexiones -rearticulaciones- a forjarse (Hall, 2010d: 195).

Además, esto no significa que las prácticas que entran en articulación diluyan sus especificidades y condiciones de existencia: “una articulación entre diferentes prácticas no significa que se vuelvan idénticas o que una se disuelva en la otra. Cada una retiene sus determinaciones distintivas y las condiciones de su existencia” (Hall, 2010d: 195).

El concepto de “articulación” constituye una crítica de las teorías sociales reduccionistas, tanto de los esencialismos como de los antiesencialismos -“posmodernos”- al igual que de los diversos tipos de determinismos, como el economicismo, el textualismo o el discursivismo. Esta crítica, no obstante, no abandona la noción de determinación social, pero sin ser determinista. Una determinación no determinista, es decir, “sin garantías”.

Este cuestionamiento de los reduccionismos no debe entenderse como que Hall desconoce cualquier tipo de determinación. Una cosa son las determinaciones y otras los determinismos, como vimos a propósito del concepto de articulación. Ahora bien, esta determinación no niega tampoco que haya una “estructura en determinación”, esto es, que no todo interactúa con todo así no más:

Una formación social no se estructura de manera compleja simplemente porque interactúa con todo lo demás; ése es el enfoque tradicional, sociológico, multifactorial que no tiene prioridades determinantes. Una formación social es una “estructura en dominación” (Hall, 2010d: 194).

El cuestionamiento a los reduccionismos, sin embargo, no hace de Hall un posmoderno como algunos quisieran ubicarlo. Critica los reduccionismos predicados en el determinismo simplista posmoderno, el cual plantea, en una negatividad absoluta, la imposibilidad de establecer cualquier determinación. El contexto constituye una suerte de “determinación”, pero “sin garantías”, ya que, aunque las nuevas articulaciones no se establecen en un vacío ni todas son igualmente posibles, no existe garantía de que se produzcan. Esto remite a la idea de determinación no determinista, o en otros términos, a constreñimientos -“estructuras de determinaciones en cualquier situación”- que operan como tendencias de posibilidades, pero no como certezas o determinismos.

En cuanto a las formas de examinar los problemas, a través de su larga trayectoria, Hall conformó un tipo de pensamiento que puede denominarse “contextualismo radical” (Grossberg, 2014), es decir, un contextualismo situado, que pone énfasis en la comprensión de las coyunturas, pero también un pensamiento que se sitúa en los intersticios de las posiciones extremas para no sólo transformar las respuestas a ciertas preguntas, sino también para buscar su reformulación y abrir nuevos horizontes problemáticos. Así, por ejemplo, al cuestionar el esencialismo, Hall no se inscribe en el otro extremo, del antiesencialismo -esencialismo en negativo-, sino que opera en un lugar intersticial de una historización del esencialismo que reconoce sus gravitaciones, densidades políticas y subjetivación, sin rei carlo ni descartar la relevancia del cuestionamiento en concreto de ciertas implicaciones de los cerramientos totalitaristas que éste puede implicar.

Otro ejemplo de este rasgo de los hábitos de pensamiento, en Hall, es su crítica a la concepción de que la teoría constituye un fin en sí mismo y a la “ fluidez teórica” desplegada y altamente valorada por algunos académicos. Esto no significa, sin embargo, que Hall abogue por un antiteoricismo ni por un rampante empirismo. No es un antiteoricismo lo que caracteriza el trabajo intelectual de Hall, sino un rechazo a fetichizar la producción teórica como un fin en sí mismo, cuyo único propósito es alimentar las carreras y el ego de los académicos. Hall no es del tipo de teóricos que encuentra su lugar en la fabricación de alambicadas elucubraciones sin ningún asidero en el mundo.

La teoría es necesaria, pero debe operar en un nivel de concreción y dar testimonio de la complejidad y densidad de las coyunturas, en aras de generar intervenciones más adecuadas. En sus palabras:

El propósito de la teorización no es para hacerse una reputación académica o intelectual, sino para permitirnos asir, entender y explicar -para producir un más adecuado conocimiento de- el mundo histórico y sus procesos, y de ese modo configurar nuestra práctica y así poder transformarlo (Hall, 1987: 36).

El propósito del trabajo intelectual, en Hall, no es producir teoría en sí misma y menos una teoría que adquiera sentido de forma autorreferencial, sin mayores conexiones con ciertos problemas del mundo que lo hacen a uno vibrar y a las que se hace imperativo comprender. De ahí que, a pesar de sus frecuentes elaboraciones teóricas, Hall no se quiera imaginar como un teórico y menos como uno desapasionado.

A estos hábitos de pensamiento y formas de tratar un problema se puede agregar la actitud profundamente pedagógica y la humildad con la que Hall asume su labor intelectual. La relativa sencillez de sus palabras y el propósito de hacerse entender, de ilustrar la relevancia de un concepto o de las implicaciones de un problema, son evidentes en su estilo y tono de escritura:

Humilde, generoso, apasionado, alguien que trataba a todos con el mismo respeto y que escuchaba lo que tenían que decir, alguien que creía que las ideas importaban, debido a nuestra responsabilidad como intelectuales con las personas y con el mundo. ¡Alguien que se negaba a jugar el papel de estrella! (Grossberg, 2014: 12).

En muchos de sus escritos, Hall opera como un hábil comentarista que busca identificar, traducir y aplicar los aportes y categorías de autores como Gramsci, Althusser y Foucault. El grueso de sus textos se constituye con base en un claro afán pedagógico. Un comentarista que en mucho construye sus argumentaciones, no sólo al mostrar la relevancia de conceptos y posiciones de estos autores, sino también al tomar distancia y cuestionar sus puntos esenciales en una a menudo respetuosa pero clara contraargumentación.

Estos hábitos de pensamiento y formas de aproximarse a los problemas son un estilo de trabajo intelectual que tiene claras sus implicaciones políticas. De ahí que no sorprende que Hall se considere a sí mismo un intelectual antes que un académico tradicional. Un intelectual, en el sentido gramsciano, puesto que resalta el poder y la necesidad de las ideas, sin caer, eso sí, en un mentalismo o idealismo, puesto que su enfoque sigue siendo materialista en tanto subraya que el mundo no se limita a las representaciones que de él construimos (Hall, 2007: 276-277).

Las ideas son indispensables para comprender e intervenir el mundo, pero no son suficientes, ya que los anclajes en las fuerzas sociales y en la materialidad del mundo son indispensables: “las ideas sólo se vuelven efectivas si es que, al final, se conectan con una constelación particular de fuerzas sociales” (Hall, 2010e: 150).

Prometeo Lucero ► Pescadores trabajan en las playas de Marquelia, Guerrero, México, agosto de 2010.

Conclusiones

Stuart Hall es un autor del que aún tenemos mucho que explorar y aprender. Su estilo de trabajo intelectual es inspiración para una generación que tiene el reto de transformar la imaginación teórica y política dominante de nuestro tiempo. Es urgente la labor de un cuestionamiento radical de los reduccionismos articulados desde lugares privilegiados de las elites, como el culturalismo, pero también de aquellos esgrimidos en nombre de los sectores subalternizados e históricamente marginados. No hay garantías epistémicas ni políticas derivadas de lugares nobles o de buenas intenciones. No hay atajos en la labor intelectual. Las facilerías sólo contribuyen a que los privilegiados duerman bien por la noche, a acallar sus malas consciencias al proyectar en unos idealizados “otros” sus frustraciones y ruidos: “estaba convencido, con toda la pasión de sus esperanzas políticas, de que las ideas y el conocimiento importan. Si se quiere cambiar el mundo, se necesita saber lo que se está tratando de cambiar” (Grossberg, 2014: 19).

Los conceptos, planteamientos y análisis de Stuart Hall son una inagotable cantera para descender de las angelicales y alambicadas elaboraciones de los iluminados hacia estudios contextuales de lo mundanal y lo concreto, en la que las cosas no son necesariamente como quisiéramos o como lo indican teorías plutónicas. Todo este esfuerzo es para conectar orgánicamente la labor intelectual con intervenciones políticas situadas, no para acumular conocimiento orero, que en últimas sólo sirve para impulsar carreras académicas grises.

Bibliografía

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1Entre las obras relevantes para establecer las condiciones de posibilidad teóricas y analíticas de los estudios culturales británicos, se han mencionado The Uses of Literacy, de Richard Hoggart (1957); Culture and Society, de Raymond Williams (1958) y The Making of the English Working Class, de Edward P. Thompson (1964).

Eduardo Restrepo es antropólogo por la Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Es maestro y doctor en antropología, con énfasis en estudios culturales por la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, Estados Unidos. Desde 2006, es profesor asociado en la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ), en Bogotá, y desde enero de 2010 está adscrito al Departamento de Estudios Culturales. Actualmente, es director del Departamento de Estudios Culturales y de la Maestría de Estudios Culturales, coordina el Grupo de Investigación de Estudios Culturales y del Centro de Estudios Afrodescendientes de la Facultad de Ciencias Sociales de PUJ. Es miembro del Centro de Pensamiento Latinoamericano Raíz-AL y de la Red de Antropologías del Mundo. Sus líneas de investigación son la teoría crítica social y cultural contemporánea, las genealogías de la colombianidad, las geopolíticas del conocimiento, las antropologías del mundo, las poblaciones afrodescendientes y la región del Pacífico colombiano.

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