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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.47 México ene./abr. 2015

 

Testimonios

 

Los visitantes "pobres": un aspecto del turismo en Oaxaca*

 

The "Poor Visitors": An Aspect of Tourism Back in the Early 70s

 

Manuel Esparza

 

Instituto Nacional de Antropología e Historia-Oaxaca, Oaxaca, México. esparzacamargo@hotmail.com

 

Desde la apertura de la carretera internacional, hace más de 25 años, la ciudad de Oaxaca ha experimentado una creciente corriente turística. Pero ha sido en la última década que tanto el turismo como los programas de desarrollo nacionales han contribuido a producir cambios notables en la economía y en la composición de la sociedad. La inmigración de jubilados extranjeros, el personal y familiares de las dependencias federales que trabajan en el estado y el continuo éxodo de campesinos del interior del estado que van a la ciudad de Oaxaca en busca de trabajo han ayudado a multiplicar la población de la ciudad y a cambiar su fisonomía.1

Oaxaca es actualmente más una empresa que la ciudad apacible y aislada de hace 20 años. Se especula con los bienes de propiedad: donde antes había terrenos de cultivo o muladares, hoy hay fraccionamientos, fábricas y almacenes. Se remodelan las casas coloniales para su renta o venta. El gran mercado central se cambia a las afueras de la ciudad. Las expresiones artísticas son otras tantas comercializaciones: se representan "mayordomías" fuera de contexto para la promoción turística; se venden zarapes con letreros en inglés y diseños pedidos por las casas exportadoras; se construye un enorme anfiteatro para representar las mal llamadas "guelaguetzas" de los Lunes del Cerro. Los hoteles están pedidos con años de anticipación para el mes de julio. El interés de la federación por el desarrollo del Istmo y la preocupación de un estado pobre por atraer bienes de capital han abierto a Oaxaca al capital nacional y extranjero prestando facilidades de inversión sin impuestos y multiplicando los servicios turísticos.

Dentro de esa política y del nuevo cambio de escena, ha hecho su aparición una clase de turismo que no llega por avión ni usa los servicios que proporciona la industria del turismo. Brevemente, se caracteriza localmente como "turismo pobre" a los grupos de personas jóvenes provenientes sobre todo de Estados Unidos que viven durante largos periodos en las playas, los pueblos y en la ciudad de Oaxaca. En su país de origen son llamados hippies, drop-outs, freaks y tanto allá como en Oaxaca se destacan externamente por su manera de vestir, de viajar y por el uso de drogas. No es del interés de esta ponencia examinar las causas del fenómeno social de los hippies en su país de origen, sino más bien analizar, aunque sea de forma somera, quiénes son y qué efectos causan en la sociedad estas corrientes migratorias que se han hecho parte de la sociedad receptiva, que se han convertido en un segmento de la misma.

Durante el verano de 1973 se hicieron cuestionarios y entrevistas a turistas de la ciudad de Oaxaca. Un cuestionario se aplicó a los visitantes del Museo Regional durante las fechas de mayor afluencia con el fin de saber cuántos días permanecerían en la ciudad. Se practicaron 40 entrevistas extensas a personas que podrían, por su apariencia, caber dentro de la caracterización de "turismo pobre"; se hicieron varias entrevistas a jubilados extranjeros y personas del "turismo caro"; se auscultó la opinión de algunos funcionarios y estudiantes, y finalmente se elaboró un estudio de caso que será publicado en forma de autobiografía.

De los 40 entrevistados, sólo 25 cumplieron con las características buscadas.2 De ellos, 21 eran de Estados Unidos, en su mayoría de los estados de California y Texas, y los demás provenían de Canadá y Europa. La edad promedio fue de 26.6 años. Tres eran judíos, seis protestantes, siete católicos y nueve dijeron no pertenecer a ninguna religión establecida. De ellos, diez llevaban en promedio seis años en ese tipo de vida. Fuera de unos cuantos, los demás habían estado en otros países y estados de México. Su promedio de estancia en México fue de siete meses y hubo quienes llevaban desde dos semanas con la intención de estar más tiempo hasta tres años en el país.3 Cuatro habían dejado la high school, otros cuatro habían completado el college y otros años de estudios superiores, y 17 habían dejado incompleto el college. 19 se identificaron como de clase media, tres de clase media alta y los otros tres de clase media baja.

Ordinariamente, son personas que han entrado al país con suficiente dinero para probar que pueden mantenerse durante el plazo que se les concede en las visas de turista. Las más codiciadas son las de seis meses. Una vez en el país, consumen en alimentos lo mínimo necesario para que su estancia dure lo más posible. Algunos viven en pequeños grupos o en comunas y se mantienen de lo que producen. Otros hacen artesanías que venden aquí o intercambian por alimentos, a otros más se les ve asociados con hippies mexicanos, viviendo de lo que otros les dan y robándose mutuamente. Por lo común, la mayoría sale del país, trabaja durante un tiempo y regresa con ahorros. El promedio de lo que trajeron al país los 25 entrevistados fue de 13 685 pesos por persona, que dividido entre los siete meses de estancia resulta en 1 955 pesos mensuales.4

Las razones por las que dejaron su país de origen son semejantes a las reportadas en estudios sobre el movimiento counter-culture en Estados Unidos.5 Lo que más les disgusta de Oaxaca es de lo que vienen escapando: la policía, la clase media, el número creciente de estadounidenses. El machismo y la extrema pobreza fueron las dos causas principales de disgusto en su nueva residencia. Las mujeres, en concreto, resienten el trato diferente que se les da en México. La pobreza de los campesinos y las diferencias económicas entre las clases sociales mexicanas son percibidas por ellos y en diferentes formas hicieron críticas acerbas contra la burguesía acomodada.6

Lo que más les gusta de Oaxaca es la cultura diferente, en especial la indígena, el ritmo de vida diferente, el paisaje, más libertad, la marihuana y los hongos.7 Los lugares en donde más les gusta estar son San José Pacífico, las playas de Puerto Ángel y Puerto Escondido, Huautla de Jiménez, la comuna de Ocotlán. Hay parejas o pequeños grupos en la ciudad de Oaxaca y pueblos vecinos. Sobre todo pueblos de artesanías textiles como Mitla y Teotitlán del Valle atraen a muchos aprendices.

La gente con la que más se asocian, aparte de otros visitantes semejantes, son los campesinos. Desde su experiencia con la gente con la que viven opinan del resto de la sociedad. Un joven estadounidense de 23 años que se dedicaba a curar campesinos hasta que lo persiguió la policía comenta:

me llevo muy bien con la gente sencilla, los campesinos, sean indios o mestizos. Son acogedores y tienden a tratarlo a uno como igual. Los ricos burgueses están tan preocupados pensando si son mejores o peores que uno, que el intercambio que he tenido con ellos, ha sido sin ningún valor.

Los campesinos —dice un comprador de artesanías de 26 años— me tratan con menos inseguridad cultural que los de la clase media." Las mujeres coincidieron por su parte en que los campesinos las tratan como personas y no como objetos sexuales. Una mujer de 30 años que lleva tres de vivir en Oaxaca, casada con un mexicano, matiza más la experiencia de vivir con los campesinos: "en el pueblo donde vivimos seis meses había un sentimiento de hostilidad. Nos robaron varias veces. Nunca hubo una verdadera integración con los asuntos y vida del pueblo". Esta relación entre ella y el pueblo indígena es semejante a la que hay entre la comuna de Ocotlán y el pueblo, nunca han logrado aceptarlos en el pueblo, que los mira como a ricos y algunos, incluyendo a las autoridades, han querido abusar de las extranjeras. La misma informante resume varias opiniones respecto de esa comuna:8

allí vivíamos dentro de las paredes de la vieja hacienda un número cambiante de americanos, mexicanos, canadienses y algún europeo. Los objetivos de esa comunidad eran trabajar la tierra y vivir lo más apartados que pudiéramos del sistema.

Teníamos buenas relaciones con las familias que vivían cerca, pero su amistad con nosotros los estaba alienando del resto del pueblo. Con frecuencia éramos invitados como padrinos, pero me temo que era más por la esperanza del dinero que por un deseo de tener verdadera relación con nosotros. Fue allí donde tuve las peores relaciones con la gente del campo. Me sospecho que eso tuvo que ver con el número de gente rara que de repente se hicieron elementos permanentes en el pueblo. El número es siempre más temible que los individuos.

Las opiniones y las actitudes de la sociedad respecto de los hippies revelan diversos intereses e ideologías. Los campesinos que van los fines de semana al mercado y a oír la banda de música encuentran en la manera de vestir de los visitantes y en su forma de comportarse en público una ocasión de diversión y para hacer comentarios. A pesar de que la presencia de los hippies ha añadido al centro de la ciudad un aire de internacionalismo que se ha sabido explotar en la literatura turística, la gente acomodada desaprueba el modo de vivir de los visitantes porque lo ven como nocivo para las buenas costumbres del lugar.9

La acción más directa contra ellos ha venido del sector comercial. La Asociación de Hoteles y Moteles de Oaxaca decidió negar servicio a esa clase de turismo. Con letreros en inglés y en español, prohibiendo la entrada a los "jipis" en hoteles y restaurantes, se trató de atraer más turismo "caro". Sin embargo, varios restaurantes los siguieron atendiendo y otros sencillamente se negaron a servirlos cuando se sentaban en las mesas o pedían cuartos. Esta medida no dejó de ser percibida por la prensa nacional. Se hizo conocida la opinión del delegado de Turismo cuando declaró que no era "legal ni ilegal" discriminar este tipo de turismo.10 Uno de los agentes del Ministerio Público Federal tampoco vio nada ilegal en esa medida al ser entrevistado sobre el particular: "lo que necesitamos es el turismo que sí deja, éstos [los hippies] sólo comen en el mercado".

La actitud de los estudiantes oaxaqueños es más bien de indiferencia y de hostilidad. Las preocupaciones políticas y la identificación con el proletariado y el campesinado de Oaxaca llevan al estudiante, con frecuencia, a identificar indiscriminadamente como enemigos a todos los norteamericanos. Hubo quienes veían en los hippies una nueva forma de infiltración imperialista. Dos profesores universitarios llegaron a decir que era necesario deshacerse de ellos cuanto antes, pues los consideraban "mercenarios del imperialismo" que en un momento de confrontación revolucionaria se convertirían en soldados en defensa de las propiedades y tierras que ellos piensan que los hippies poseen.

"Donde hay hippies hay drogas", decía el mismo agente del Ministerio Público, quien añadió que 90% de todos los casos de delitos federales que se atienden en Oaxaca son causados por el uso de las drogas.11 La campaña contra los sembradíos de marihuana ha afectado directamente a los campesinos. Aunque los principales ganadores en el tráfico de la marihuana son los intermediarios, el campesino ordinario ha encontrado con la marihuana y el cultivo de los hongos un complemento a su economía de subsistencia. Asimismo, en Huautla de Jiménez los pequeños comerciantes y dueños de posadas fueron los más afectados con la prohibición de entrada a los hippies.

En las entrevistas con los hippies se les hizo saber las opiniones y quejas de la sociedad. Si bien la mayoría respondió que provenían de las clases acomodadas de sus países, insistieron en que ellos no representaban los valores de su cultura ni que su presencia en México se deba a una "infiltración imperialista" o que conlleve una forma de "imperialismo cultural". Al contrario, varios dijeron que los campesinos se beneficiaban de ellos económicamente y también por el intercambio de ideas y valores diferentes. "Somos de más ayuda económica al campesino que los turistas mexicanos", aseguraba un albañil estadounidense de 23 años. Una estadounidense de 40 años reaccionó violentamente a las preguntas: "¡Eso es pura mierda! El pequeño propietario es una carga para los campesinos, no los indefensos hippies... El hippie no anda comprando tierras o abriendo tiendas".

En las entrevistas se insistió en preguntar si su modo de vida tenía implicaciones políticas o no. En varias respuestas se expresó el interés por realizarse individualmente y de no importarles lo que sucediera a su alrededor. "A mí no me importa qué efecto puedo producir en la gente de mi alrededor. Al único que quiero influir es a mi esposo", contestó la mujer anterior de 40 años. Una joven de 23 años que vive en una granja afirmó: "Siento que vivo en los días de los cowboys y los indios, lo que me divierte mucho. Quisiera influir en la gente que nos rodea para que caigan en la cuenta de que son civilizados y nunca se les ocurra cortarnos la cabeza por pleitos de chivas". Esta misma preocupación por el círculo de su familia la expresó también una madre de 22 años que tiene una hija de tres y viven con un hippie mexicano: "supongo que mi vida tiene implicaciones políticas, pero raramente pienso en esos términos. Nosotros tres somos felices, a veces tenemos 'viajes' con hongos, lo que realmente es increíble cuando lo hacemos los tres juntos".

La búsqueda de uno mismo como principal objetivo en la vida y el fatalismo ante los acontecimientos que no creen que se puedan cambiar fueron también temas recurrentes en algunas de las respuestas. La misma madre de 22 años dice: "He oído mucho sobre la drop-out scene, pero pienso sólo en mí y cómo ir hallando mi camino. Primero hay que tener armonía dentro de uno antes de querer influir en los demás". Una mujer de 24 años de Canadá declaró:

Mis intereses son lo oculto, leer las palmas, la astrología. No creo en el sistema o en la revolución o en la ecología ni en nada de eso. Creo en el espíritu y en la posibilidad de que paremos de estar reencarnando y quedarnos en la Nirvana. Así evitaremos toda esta mierda. Creo en que hay que trabajar en el alma de uno. No creo en cambios políticos.

Otra canadiense de 22 años también confiesa la imposibilidad de cambiar las cosas:

Mis valores son anarquistas, cada uno tiene derecho a su propia vida. Pero también me doy cuenta de que nosotros, como especie, no estamos listos para una anarquía real. Así que lo único que hay que hacer es tratar de ensanchar uno sus propias perspectivas y esperar que los demás estén haciendo lo mismo y orar para que el sistema no nos lleve a una destrucción total antes de que aparezca otra estructura mejor.

Otros creían que el testimonio mismo de su modo de vivir, que es el del rechazo a los valores materiales, era suficiente para provocar cambios en la estructura de la sociedad y que por tanto su modo de vivir sí tenía implicaciones políticas. De esta forma el campesino se beneficiaría al confrontar sus propios valores y costumbres con los de ellos. El problema entonces es "enseñarles criterios humanistas, reeducarlos en valores no materiales", decía un joven de Suiza de 21 años. Una mujer estadounidense de 26 años que se dedica a comprar artesanías y revenderlas expresó la misma posición:

Siento que mi existencia está afectando un cambio al cuestionar los valores y costumbres tanto en Estados Unidos como en México. ¿Si es cierto que no estamos haciendo nada de importancia social por qué somos tan temibles para la estructura? ¿Qué hay en mí que amerite que no se me sirva en los restaurantes?

De todos los entrevistados sólo dos personas tuvieron una posición teórica y una conducta de compromiso ante los problemas de su nueva residencia. Uno era un estadounidense de 36 años que se dedicaba a filmar la vida de las comunidades campesinas para hacerlos conscientes de su explotación. La otra fue la trabajadora social estadounidense que ayudó a hacer las entrevistas y que también escribió su autobiografía. Fue interesante el cambio sufrido en ella al ponerse en contacto con los hippies como interrogante de sus vidas. Al principio mostraba gran interés en las entrevistas y hablaba con entusiasmo de los hippies y la falta de comprensión hacia ellos. Terminó desilusionada de ellos. Le hastió la complacencia en la que viven y su ignorancia de los problemas y de lo que acontece a su alrededor.

La presencia de los hippies en Oaxaca y el estudio de algunos de sus efectos invitan a reflexionar sobre posibles temas de investigación, algunos de los cuales se presentan como conclusión de esta ponencia:

• Las causas de esas corrientes migratorias deben buscarse en los países que les dieron origen. En el caso de Estados Unidos, el desplazamiento de un numeroso excedente de desocupados hacia otros países es una descarga económica para la economía del país.

• La intensidad de la persecución contra las drogas en México se debe en gran parte a la presión de Estados Unidos para evitar el tráfico de drogas que se consumen en ese país.

• Las medidas tomadas por la policía y el ejército mexicanos contra los que producen y usan las drogas han afectado a personas con sólo la apariencia de hippies y causado destrucción en las propiedades y la muerte de campesinos.

• La siembra de marihuana y el cultivo de hongos alucinógenos a escala menor en algunas comunidades campesinas no se debe sino a la necesidad de complementar su economía.

• El crecimiento económico que representa para Oaxaca el turismo "caro" no beneficia necesariamente al campesinado del estado.12

• El turismo "pobre" en Oaxaca beneficia a los sectores pobres de la población.

• La competencia entre artesanos extranjeros y las comunas con medios económicos afectan negativamente a los campesinos y artesanos de Oaxaca.

• No hay evidencia de que la presencia de los hippies en Oaxaca haga disminuir el turismo "caro". Los hoteles y los restaurantes de lujo no los usan los hippies.

• La reacción contra los hippies en Oaxaca viene más de un moralismo provinciano y del afán de lucro rápido y sustancioso de los comerciantes.

• Medidas discriminatorias en lugares públicos contra el turismo "pobre" revelan la inconsistencia de la política turística nacional. Se les prohíbe el uso de servicios turísticos a personas a quienes se les permitió la entrada en las fronteras.

• El interés por la ganancia inmediata aunada a la falta de medidas de vigilancia para la industria del turismo en Oaxaca son las causas de la falta de profesionalismo en el servicio de restaurantes y de los precios no autorizados en los hoteles.

• No se prevé una integración social de estos grupos de nuevos residentes en Oaxaca. En el campo se les acepta sólo a nivel individual. No entre la clase acomodada que es portadora de valores que los hippies rechazan en su país de origen.

• Finalmente, el efecto de su presencia en comunidades campesinas más bien parece ayudar indirectamente al sistema económico y político que oprime al campesinado. Semejantes a otros grupos religiosos como los bahai y los testigos de Jehová en Oaxaca. Los hippies, con su actitud de negarse a saber lo que sucede a su alrededor, de desear un cambio de valores y costumbres a nivel individual o de esperar una solución a los problemas sociales, en un mundo futuro de hermandad universal, no influyen de hecho en la toma de conciencia de las clases explotadas con las que conviven.

 

Bibliografía

Departamento de Turismo, 1973, Estadísticas básicas 1973, Dirección General de Estadística-Departamento de Turismo, México.         [ Links ]

Excelsior, enero 21, 1974.         [ Links ]

Facultad de Comercio y Administración (FCA), 1973, Turismo extranjero mercado inagotable, Facultad de Comercio y Administración-Universidad Nacional Autónoma de México, México.         [ Links ]

Greenwood, Davydd, 1972, "Tourism as an Agent of Change: A Spanish Basque Case", en Ethnology, vol. XI, núm. 1, pp. 80-91.         [ Links ]

Partridge, William L., 1973, The Hippie Ghetto. The Natural History of a Subculture, Holt, Rinehart and Winston, Nueva York.         [ Links ]

Secretaría de Industria y Comercio, 1950, 1960 y 1970, Censos Generales de Población, Secretaría de Industria y Comercio, México.         [ Links ]

Yablonsky, Lewis, 1973, The Hippie Trip, Penguin Books, Baltimore.         [ Links ]

 

Notas

* Ponencia preparada para el 73 Congreso Anual de la American Anthropological Association, México, noviembre de 1974.

1 Población de la ciudad de Oaxaca: 1950: 49953; 1960: 72376; 1970: 99535, según datos de la Secretaría de Industria y Comercio. Datos recientes del antropólogo John Jacobi muestran que el aumento notable de inmigrantes de la Mixteca Alta en la ciudad de Oaxaca ha ocurrido durante los últimos diez años. Comunicación personal.

2 Se consideraron los siguientes indicadores para la muestra: haber dejado un modo de vida estable, tiempo en ese tipo de vida, dinero que poseen, tiempo en Oaxaca, lugares donde viven, gente con la que se asocian, medios de transporte, uso de drogas, ideología. Por razones de brevedad, se les llamará aquí hippies o "turismo pobre".

3 Durante la Semana Santa de 1973, 15-22 de abril, época de turismo especialmente nacional, se obtuvieron 524 respuestas de turistas extranjeros. De ellos, 66% sólo permaneció en Oaxaca de dos a cuatro días. De 2 000 respuestas del turismo nacional para el mismo periodo, 52% permaneció de dos a cinco días. Aproximadamente esa misma proporción de días de estancia se observó para el turismo extranjero del 23 al 30 de abril y del 25 de mayo al 10 de junio. El total de la muestra de turistas nacionales y extranjeros para los periodos mencionados fue de 5616. En la nación, el promedio de días estancia del turismo extranjero en 1971 fue de 13.2 días (Departamento de Turismo, 1973: 17).

4 En 1970 el gasto per cápita del turismo receptivo, que incluye nacionales y extranjeros, fue de 258 dólares. Calculado con base en el gasto turístico proporcionado por el Banco de México (citado en Departamento de Turismo, 1973: 47).

5 Véase, por ejemplo, Yablonsky (1973) y Partridge (1973).

6 Durante mayo y junio de 1972 estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México hicieron 3 277 entrevistas a turistas en la ciudad de México. En contraste con las respuestas obtenidas en Oaxaca, lo que más le desagradó al turista de la capital fue: el esmog, los vendedores ambulantes, la pobreza, la suciedad y el ruido (FCA, 1973: 17).

7 En la nota 6 del mismo estudio se indica que lo que más le agradó al turista fue: la gente, el clima, el paisaje, la cultura y el folklore (FCA, 1973: 10).

8 Esta comuna ameritaría un estudio propio. Fundada por dos mujeres, una mexicana y otra estadounidense, esa comunidad de extranjeros y mexicanos quiere presentar una opción de vida diferente y parece tener problemas semejantes de convivencia y autoridad de otras comunidades similares en Estados Unidos. A pesar de los ideales de sus integrantes, se pudo observar la discriminación del sexo femenino y la discriminación racial.

9 Esta actitud moralizante se pudo también observar en 1972 en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Entonces, se pasó un decreto municipal que autorizaba a la policía a pedir papeles de identificación a los hippies. Al preguntarles a los "ladinos" influyentes qué pensaban de esa medida, la respuesta más repetida fue que la aprobaban totalmente. La razón principal que se daba era que las costumbres "escandalosas" de los hippies eran un mal ejemplo para los "inditos" que tienen costumbres "conservadoras". Era irónico oír a comerciantes preocupándose por la moralidad del indígena.

10 Excélsior (1974). Cfr. otras opiniones semejantes.

11 En concreto, se refirió sólo al uso de la marihuana.

12 Greenwood prueba que el crecimiento económico que produce el turismo no necesariamente es a nivel local (Greenwood, 1972).

 

Información sobre el autor

Manuel Esparza es investigador del Centro Regional Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de Oaxaca desde hace 40 años. Es maestro en antropología social por la Universidad de Cornell. Fue director de ese Centro durante ocho años y tuvo a su cargo el Archivo General del Estado de Oaxaca durante cinco años. Ha escrito sobre la historia de la Iglesia durante los siglos XIX y XX, la historia de la fundación de la ciudad de Oaxaca y de la orden dominicana. Actualmente estudia el reto que presentan las neurociencias para las ciencias sociales. Ha escrito más de 250 artículos periodísticos, en especial sobre el patrimonio cultural y política. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I.

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