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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.47 México ene./abr. 2015

 

Esquinas

 

"Machos que se la bancan*": masculinidad y disciplina fabril en la industria petrolera argentina**

 

Masculinity and Manufacturing Discipline among Argentina Oil Industry Workers

 

Hernán M. Palermo

 

Centro de Estudios e Investigaciones Laborales, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Buenos Aires, Argentina. hernanpalermo@gmail.com

 

Resumen

En la ciudad de Comodoro Rivadavia, Argentina, es un secreto a voces que en los espacios laborales de los petroleros tienen lugar prácticas habituales y cotidianas entre hombres como demostraciones de hombría, exposiciones de fortaleza, "rituales de iniciación" o "actos bautismales". Cabe remarcar que es frecuente que estas "bromas" posean claras connotaciones sexuales. Este artículo analiza las prácticas y representaciones de los trabajadores petroleros vinculadas a la construcción de la masculinidad. Nos interesa develar la relación entre masculinidad, políticas empresariales y disciplina fabril, proceso que culmina moldeando un sujeto fabril-petrolero-masculino acorde a los intereses de la producción.

Palabras clave: masculinidad, disciplina fabril, políticas empresariales, trabajo, petroleros.

 

Abstract

In the Comodoro Rivadavia city, Argentina, is an open secret that in the workplace of oil workers there are certain standard practices relative to masculinity, such as demonstrations of manhood, exhibitions of strength, "initiation rites" or "baptismal acts". It should be noted that these "jokes" often contains clear sexual connotations. This article analyzes the practices and representations of the oil workers involved in the manufacture of masculinity. We are interested in uncovering the relationship between masculinity, management policies and factory discipline that shapes a subject-oil-male factory according to the interests of production.

Keywords: masculinity, discipline manufacturing, management policies, work, oil worker.

 

"el trabajador se torna tanto más pobre cuanta más
riqueza produce, con cuanto mayor poder y volumen
incrementa su producción. El trabajador se convierte
en una mercancía tanto más barata cuanto más
ías produce" (Marx, [1844] 2006: 106).

 

Introducción

En 2003 iniciamos nuestra investigación sobre los trabajadores petroleros inscrita en lo que podemos denominar las ciencias sociales del trabajo. En ella hemos estudiado fundamentalmente cuestiones vinculadas al control y la disciplina de los trabajadores, a los conflictos laborales, la consolidación de disciplinas fabriles y la articulación de políticas empresariales destinadas a modelar a un trabajador ideal. Durante estos diez años el proceso de descubrimiento antropológico, según argumenta Peirano (2004), fue resultado del diálogo entre teoría acumulada y observación etnográfica. No obstante, por falta de herramientas analíticas fuimos dejando de lado una recurrencia que el trabajo de campo arrojaba: en las entrevistas y observaciones surgían con frecuencia prácticas y discursos asociados con cierta demostración de masculinidad por parte de los trabajadores del oro negro. Algunas de estas cuestiones han sido descritas en anteriores artículos y ponencias, pero nunca analizadas en profundidad.

En Comodoro Rivadavia, ciudad patagónica de Argentina, todos saben que en los pozos de perforación tienen lugar prácticas habituales entre hombres: demostraciones de hombría, exposiciones de fortaleza, "rituales de iniciación" o "actos bautismales", bromas pesadas para los más jóvenes o para los que recién se inician en el trabajo, etc. Algunas de esas bromas suponen claras connotaciones sexuales y más de una vez altos niveles de violencia. Por indiferencia, de alguna manera fuimos cómplices en nuestros análisis del secreto a voces sobre tales prácticas entre los petroleros, como lo es el conjunto de la sociedad de Comodoro Rivadavia. Este trabajo intenta empezar a indagar sobre aquellas recurrencias dejadas de lado en estudios previos. Con una aproximación rigurosa a una perspectiva de género, podemos afirmar que dichas constantes conforman un corpus de prácticas y representaciones que juegan un papel central en la construcción de la masculinidad. Dado que las prácticas sociales —con toda su capacidad de agencia— se generan dentro de indicios definidos y signos que indican qué y cómo hacerlo, como un memorándum que condiciona acciones, nos preguntamos cuáles son los procesos sociales que activan la configuración de una masculinidad en el mundo petrolero o, más en específico y en espera de contribuir a los estudios del trabajo, cómo incide este corpus de prácticas y representaciones en la conformación de un sujeto trabajador.

Por lo expresado hasta aquí, en este artículo nos interesa analizar las prácticas y las representaciones de los trabajadores petroleros vinculadas a la construcción de la masculinidad, no en tanto puñado de anécdotas subidas de tono o como parte de la socialización de un estado de patriarcado que excede todo tiempo y espacio, sino en la medida en que están inscritas en el capitalismo y en el proceso de consolidación de una determinada disciplina fabril. Parafraseando a Mariana Sirimarco (2004) acerca de cómo la institución policial abona a la configuración de un "sujeto policial masculino", en nuestro caso el lugar reservado para los trabajadores petroleros histórica y socialmente consolidado habilita pensar la conformación de un "sujeto fabril-petrolero-masculino". En ese sentido, queremos detenernos en la praxis1 de estos trabajadores, en los procesos y las relaciones que enmarcan una relación de explotación potenciada a partir de una construcción jerarquizada de género.

Los estudios sobre género y trabajo son abundantes. Estudian sobre todo el lugar subordinado de la mujer en el mercado laboral (Rodríguez, 2010) o profundizan en la construcción de la masculinidad y la feminidad en el mismo mercado (Strassmann, 1993). Desde una perspectiva histórica, otras investigaciones también han examinado esas desigualdades de género (Lobato, 2000; Barrancos, 2008; Partenio, 2011), así como las organizaciones de mujeres trabajadoras de mediados del siglo XX y sus luchas en Argentina (Ullivarri y Partenio, 2006). Se ha indagado asimismo sobre los procesos de industrialización, la participación de la mujer en la producción (Anker y Hein, 1986) y, desde la antropología, en el caso de las maquilas de México, el papel de la fuerza de trabajo femenina (Reygadas, 2002). Otros estudios se han preguntado por las motivaciones que influyen en la decisión de migrar de las mujeres (Camacho, 2009).

Como observamos, la mayoría de estos trabajos se concentra en la mujer —subordinada laboralmente al hombre— y en las consecuencias de ese mundo laboral jerarquizado.2 Compartimos con todas estas producciones la idea de que el género funciona como una suerte de ordenamiento social jerarquizado sobre el cual se construyen las relaciones sociales. No obstante, y a partir de los aportes de Iris Young (1992), nos interesa pensar cómo el capitalismo se alimenta del conflicto de género para instituir una formación social, histórica y particular que amalgama un único sistema. Nuestra propuesta, en cierta forma poco explorada, es situar la mirada en los trabajadores hombres y analizar la relación entre masculinidad y disciplina fabril.

La hegemonía empresarial (Palermo, 2012a; Figari y Palermo, 2007) impulsa una concepción ideal de trabajador acorde con un determinado orden sociolaboral en un eje temporal-espacial específico. La pretensión hegemónica consiste en que esa concepción —o doctrina empresarial— devenga "cultura", es decir, disciplina laboral. La masculinidad es un ordenamiento social e histórico por medio del cual hombres y mujeres se comprometen en una posición de género. Así, configura efectos concretos en las prácticas, las experiencias corporales y las representaciones acerca de lo masculino y lo femenino (Connell, 1995). En tal sentido, la consolidación de la masculinidad reafirma una disciplina fabril promovida por las políticas empresariales y contribuye, en definitiva, a la valorización de capital.

El privilegio de lo masculino, como expresa Bourdieu (2012), no deja de ser una trampa que tiene su contrapartida en el deber del hombre de afirmar su virilidad ante cualquier circunstancia. De hecho, los trabajadores del oro negro soportan ritmos de trabajo acelerados, con su consecuente desgaste físico, y sufren durísimas condiciones laborales con insuficiente tiempo de descanso. Asimismo, los accidentes cotidianos son ocultados, no sólo por las posibles sanciones de las empresas, sino por una concepción de virilidad que se sintetiza en "aguantarse los golpes como hombres". De esta manera fortalecen una disciplina fabril cuyos resultados acumulados contribuyen a alcanzar los niveles de productividad estipulados por las empresas. Esta relación entre masculinidad y disciplina fabril encuentra su correlato en un proceso histórico y social desde los inicios de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). Para este artículo nos hemos enfocado en una aproximación cualitativa sobre un trabajo de investigación de varios años en la ciudad de Comodoro Rivadavia que nos permitió observar los sitios donde se realiza la extracción de petróleo y realizar entrevistas en profundidad —individuales y grupales— a trabajadores de distintas jerarquías.

 

Reinas que no gobiernan y masculinidades heroicas

Desde el comienzo de la empresa YPF,3 las políticas empresariales delinearon una división del trabajo profundamente ideológica: el espacio de la producción para los hombres y el de la reproducción para las mujeres. En el plano de las representaciones, Ciselli (2002) sostiene que durante el periodo de consolidación de YPF el lugar de la mujer era el de la casa y su obligación principal —de acuerdo con la división del trabajo jerarquizada por género— era el trabajo doméstico. La probabilidad de incorporarse al mercado laboral era escasa. De concretarse, sería en tareas que de alguna manera fueran una prolongación de las realizadas en el ámbito doméstico: trabajos en la cocina, oficinas o escuelas,4 en definitiva, actividades secundarias o poco valoradas en comparación con el proceso de producción central y estratégico vinculado al petróleo, destinado a los hombres. A mediados de la década de 1940 —en consonancia con los derechos conquistados durante el peronismo— se acrecentaron las alternativas laborales de las mujeres y accedieron a puestos de telefonistas o enfermeras.

Para la fijación de una fuerza de trabajo arraigada en el territorio era prioridad la conformación de las autodenominadas "familias ypefeanas" como parte del tipo ideal de trabajador. Las políticas empresariales consolidaron un mundo sexualmente jerarquizado en el que las mujeres estaban confinadas a la reproducción de la fuerza de trabajo, al cuidado y a las labores domésticas. Llamadas a aceptar como natural y obvia una proscripción arbitraria construida sobre las necesidades de un orden capitalista, contribuyeron a institucionalizar un orden sobre los cuerpos. El trabajo para las mujeres era opcional, pero aquellas que lo hacían no quedaban relevadas de las tareas domésticas, por lo cual estaban sometidas a una doble jornada de trabajo (Ciselli, 2002). El valor de la familia era, para la empresa estatal, uno de los pilares fundamentales, el semillero donde, casi en su totalidad, se reclutaba la fuerza laboral. En este sentido, era común el otorgamiento de beneficios por parte de la empresa —bonificaciones por maternidad, por ejemplo— que consolidaron un universo exclusivamente femenino.

No obstante, las mujeres tenían una oportunidad, institucionalizada por la empresa, de romper el velo del espacio privado y adquirir protagonismo en la escena pública: todos los 13 de diciembre, en la conmemoración del descubrimiento del oro negro,5 se convertían en heroínas populares cuando se elegía a la reina del petróleo. Edda Crespo ha analizado en profundidad este ritual de pertenencia y adscripción cargado de fechas patrias, reinas e inauguraciones de monumentos en tanto poleas de transmisión de determinados consensos y lealtades entre los trabajadores, así como entre el resto de los habitantes de Comodoro Rivadavia. Pero la irrupción de la mujer en la esfera pública revalorizaba el ideal de maternidad, afianzando la idea de fragilidad y debilidad de las reinas y princesas (Crespo, 2005). En definitiva, la consagración de la mujer en el espacio público no hacía más que reforzar ese ideal femenino de mujeres y madres dulces y encantadoras.

En oposición al lugar de la mujer, el destino de los hombres era el de la masculinidad heroica, el de la épica de la construcción de la patria. Las placas de bronce en el monumento a los caídos por el trabajo petrolero recuerdan a los trabajadores hombres que murieron realizando sus tareas. Las leyendas de esas placas —"cumplimiento del deber", "sacrificio", "patria" y "progreso", entre las más recurrentes y elocuentes— son potentes transmisores de valores desde las agencias simbólicas de la hegemonía empresarial y configuran un colectivo de trabajo comprometido con la labor desempeñada en YPF. Estas expresiones significativas, talladas para siempre en el bronce, dieron sentido a un trabajo asociado a la épica nacional y a la masculinidad heroica. En este horizonte, las muertes en YPF pasaron de ser un suceso trágico a convertirse en un acontecimiento heroico en la vida cotidiana de los trabajadores:

Trabajar en YPF era saber que se arriesgaba la vida siempre. El trabajo de los petroleros es así. Hacíamos un trabajo único para la patria. Si había que enfrentar un frente de fuego, nos arrojábamos para apagarlo. Y cuando hablo de fuego hablo de lenguas de tres metros... Es un trabajo superriesgoso, pero había que ser fuertes y saber que estábamos trabajando en YPF. Muchos compañeros lo dejaron todo (extrabajador de YPF, Comodoro Rivadavia, 2012).

¿Qué te voy a decir? La verdad que muchos compañeros míos y amigos han puesto todo en el trabajo. Muchos de ellos hasta sus vidas dejaron por YPF. Cuando hubo que poner el pecho lo han hecho (extrabajador de YPF, Comodoro Rivadavia, 2007).

Como argumentamos en textos anteriores

el orgullo de los trabajadores convirtió las descripciones trágicas en retratos heroicos vinculados al trabajo y las reubicó como parte de un acontecer natural. Lo que se sitúa en primer plano, en las representaciones de los trabajadores, es el "haber dejado la vida por YPF" tal como lo hizo el general Mosconi, su símbolo máximo (Palermo, 2012a: 106).

Esta valentía, sustentada en el orgullo de trabajar allí, y la combinación de nacionalismo y masculinidad dieron lugar a una fuerza de trabajo que en lo cotidiano demostraba "bravura" y un constante desafío al peligro. Trabajadores temerarios y arriesgados eran el reflejo inverso de la delicadeza, la dulzura y la gracia propias de las reinas del petróleo. La fuerza superior que permitía aceptar duras condiciones de trabajo e incluso la muerte confirmaba una ética laboral que se jugaba día a día al disponer hombres "duros" y "fuertes" respecto de su propio sufrimiento. De hecho, en palabras del propio general Mosconi, primer presidente de YPF, se puede encontrar el llamamiento a estos valores:

Al encarar la organización del personal de YPF, lo hicimos con criterio humano, social y práctico, en bien de los intereses generales y del progreso de la nación. Nos proponíamos formar [...] un personal de hombres fuertes, sanos de cuerpo y de espíritu, porque sólo con ese material humano se podría realizar el plan trazado [...] Exigimos del personal, conducido con estricta equidad y justicia, una disciplina inflexible y una rigidez absoluta en el cumplimiento de deberes y obligaciones (Mosconi, 1984: 71) [las cursivas son nuestras].

La representación más acabada de los "hombres fuertes", "sanos de cuerpo y de espíritu", de una "disciplina inflexible" y una "rigidez absoluta", como requería el presidente de YPF, se sintetiza en los monumentos al trabajador petrolero. Por ejemplo, "El Gorosito" de Caleta Olivia, de más de 10 m de altura, fue construido a finales de la década de 1960 y simboliza a quienes formaron parte del progreso de la ciudad a partir de la explotación petrolera. Al igual que el monumento de Comodoro Rivadavia, actualmente destruido, representa al trabajador hombre —con el torso desnudo en el caso de "El Gorosito"— en actitud de fortaleza y esfuerzo, exhibiendo una exuberante musculatura. En definitiva, una imagen digna de ser mostrada, una actitud de virilidad.

Este proceso histórico que involucra a reinas y trabajadores valientes y fuertes convertidos en bronce en el marco de una actividad asociada a la grandeza de la nación dejó profundas huellas en el universo del oro negro. Ciertos elementos de este corpus de prácticas, discursos y símbolos siguieron jugando un papel central en lo cotidiano a pesar de la privatización de YPF. Sin lo heroico y la épica nacional, subsistió una masculinidad que incorpora, como en la época de YPF estatal, las actitudes requeridas para la pretensión empresarial de un sujeto fabril-petrolero-masculino.

 

Prisioneros de la virilidad: la trampa de la disciplina fabril

Bourdieu afirma:

si las mujeres sometidas a un trabajo de socialización que tiende a menoscabarlas, a negarlas, practican el aprendizaje de las virtudes negativas de abnegación, resignación y silencio, los hombres también son prisioneros y son víctimas subrepticias de la representación dominante (Bourdieu, 2012: 67).

Según esta idea, los hombres son compelidos a ser viriles y fuertes, no sólo en lo que respecta a capacidad sexual y social, sino también en función de aptitudes como la fortaleza, la resistencia, la tenacidad, la firmeza y el empeño. Tales aptitudes configuran una marcada disciplina para el trabajo y son calificadas por las políticas de recursos humanos en las evaluaciones de desempeño. En este contexto, los trabajadores aceptan como inevitables ciertas condiciones de trabajo, en las cuales además se ocultan los accidentes. Los petroleros trabajan a la intemperie, sometidos a las inclemencias del clima patagónico: vientos con ráfagas de más de 100 km/h, inviernos extremadamente fríos y veranos con altas temperaturas. Estas circunstancias implican cierta peligrosidad en las condiciones de trabajo, que incluso se potencian por el uso de componentes inflamables, estructuras y herramientas sumamente pesadas.

A esto hay que sumarle los escasos tiempos de recuperación y descanso entre una jornada laboral y otra. Así, teniendo en cuenta también el peso de las herramientas, las presiones, los gases, etc., cualquier accidente, por más tonto que sea, puede revestir gravedad. Todo petrolero ha sufrido golpes, cortes y hasta amputaciones. A pesar de que muchos carteles en los yacimientos indican los días sin accidentes — como es habitual observar en los equipos—, los pequeños, y a veces no tan pequeños, cortes, golpes y raspones son parte de la cotidianidad. Como nos dijo un company man, máxima autoridad en los pozos: "las estadísticas están todas inventadas, acá suceden accidentes casi todos los días". Es común no "blanquearlos" por temor a una posible sanción,6 aunque también influye el código petrolero que hace de los accidentes un secreto a voces.

 

"Este trabajo es cosa de hombres"

Según el artículo 197 de la Ley de Contrato de Trabajo, "entre el cese de una jornada y el comienzo de la otra deberá mediar una pausa no inferior a doce (12) horas". Esta regulación, imprescindible para la recuperación, no se cumple. Dos de los formatos más extendidos de diagramas de turnos son el de 12 horas por día y el de 14 x 14. En el primero los trabajadores cumplen diariamente un horario de 12 horas. En el segundo cumplen con una jornada laboral de 14 días en los cerros y tienen luego 14 días de descanso. En el diagrama 14x14, dada la característica del proceso de producción en continuo, los trabajadores mantienen una atención flotante, como la hemos caracterizado, que los obliga a estar alertas y preparados para cualquier situación que pudiese requerir un rápido conjunto de maniobras y operaciones. Incluso cuando duermen en los tráilers7 están pendientes de los sonidos de los equipos y logran alcanzar niveles asombrosos —al menos ante la mirada del investigador— de atención flotante. Entonces no existe descanso de 12 horas seguidas durante los 14 días que pasan en los cerros. Por otra parte, los petroleros reconocen que no es fácil para ellos emprender actividades de descanso y ocio debido a la falta de espacios de recreación en los pozos, a excepción de algún juego de cartas, dados y otros juegos de mesa. Esto potencia su desgaste, pues para matar el "tiempo libre" realizan tareas menores de trabajo, entendidas como forma de recreación pero que contribuyen al proceso productivo. Nos han revelado que a partir del décimo día en los turnos de 14x14 comienzan a sentir una especie de "embotamiento" vinculado al cansancio.

En el caso de los trabajadores encuadrados en el turno de 12 horas, tampoco se cumple con la especificación de la Ley de Contrato de Trabajo. Como los pozos de perforación están ubicados a varios kilómetros de distancia de la ciudad de Comodoro Rivadavia, los trayectos de ida y vuelta suman aproximadamente cuatro horas de viaje. Por esas "horas de viaje" —denominación empresarial— las empresas petroleras pagan una retribución que a fin de mes resulta significativa en el salario. En el mejor de los casos el tiempo real de descanso es de ocho horas diarias: una rotunda reducción del tiempo necesario para la recuperación entre jornadas. En las entrevistas realizadas a los trabajadores encuadrados en los dos turnos, se reiteran afirmaciones como "dormís cuando podés", "si trabajás en turno, no dormís", "vivo con insomnio", "duermo de a ratos", "tomo pastillas para dormir" y otras que nos brindan algunos indicios sobre el profundo agotamiento que produce la extensa jornada y los reducidos tiempos de recuperación.

Pese a esto, la categoría nativa utilizada con mayor frecuencia por los trabajadores del oro negro al momento de discutir las condiciones laborales resulta absolutamente significativa: "el pozo manda". Cuando hemos indagado en torno al significado de dicha expresión, reponen con rapidez un discurso construido sobre la masculinidad: "el pozo manda y este trabajo es cosa de hombres. Hay que bancársela". Este ethos apropiado y ejercido por los trabajadores del oro negro consolida un trabajador ideal o sujeto fabril-petrolero-masculino que se "banca" que el "pozo mande" y niega las condiciones laborales. De hecho, las reivindicaciones de los petroleros se circunscriben casi exclusivamente a lo salarial y las voces que intentan discutir cuestiones vinculadas con los turnos, los descansos, las horas de viaje, etc., son marginales.

 

Accidentes y vulnerabilidad

Es común que los accidentes de trabajo no se informen a las empresas o a las aseguradoras de riesgos del trabajo (ART). Como han expresado en reiteradas ocasiones, las estadísticas se dibujan, todo se inventa. En efecto, en nuestro trabajo de campo hemos leído en un equipo de perforación un cartel que indicaba —con sarcasmo— 3 109 días sin accidentes. Éstos ocurren, pero debido al mandato de hacer el trabajo como hombres, o por temor a las sanciones, prevalece el silencio:

Golpes, raspones, cortes pasan todos los días. No vas andar parando el trabajo por cualquier cosita. No estamos en una escuela de señoritas. Si te fijás, en las manos todos tenemos marcas (company man, 2012).

Como no es una "escuela de señoritas", los hombres soportan los accidentes cual marcas de guerra que pueden exhibirse como medallas. Esta demostración de masculinidad tiene su contraparte en la minimización de los accidentes como "cositas". Se fortalece así una disciplina fabril que, en su práctica cotidiana, ignora los accidentes en pos de no detener el trabajo. La virilidad, la capacidad de soportar golpes, raspones y cortes, podría tener un índice de medición cuantificable a partir de las marcas en las manos de los petroleros. Y las marcas no sólo se muestran ante el investigador que pregunta, también son ostentadas al interior del grupo de trabajadores en tanto signos de virilidad. Son, al igual que las medallas colgadas en el pecho, signos de masculinidad cuantificable, es decir, dentro del entorno social de referencia de los petroleros, las marcas expresan el "aguante" de los trabajadores.

En este sentido, el sujeto fabril-petrolero-masculino hace propia la idea inevitable de "resolver sin preguntar" y al mismo tiempo "no interrumpir el trabajo" si ocurre un accidente. Feminizarse sería detener el trabajo a causa de un golpe, demostrar dolor por un corte o preguntar cómo se resuelve alguna situación que suscita dudas. Ahí está la trampa, a decir de Bourdieu, en la que caen los hombres. Terminan siendo prisioneros de una disciplina fabril que se vale de la masculinidad para garantizar un trabajador resistente, resolutivo e invulnerable. Los golpes, cortes y raspones, consecuencias de la explotación laboral, se transforman, por el velo de la masculinidad, en marcas personales dignas de ser mostradas y cuantificadas. El privilegio masculino no deja de ser un engaño que tiene su contrapartida en la contradicción inexplicable de arriesgar la propia vida ante cualquier circunstancia en los espacios de trabajo. De esta forma la virilidad, entendida como la capacidad de "bancarse los golpes" y "no comportarse como señoritas", tiene efectos concretos en el ocultamiento de los accidentes y en el sostenimiento de los ritmos laborales. Como es sabido, las empresas ganan dinero al demostrar índices bajos de accidentes, pues pueden acceder a créditos internacionales con mayor facilidad que aquellas que presentan altos índices de accidentes. Al mismo tiempo, las empresas petroleras se benefician a partir de una imagen construida sobre la base del cuidado de sus trabajadores. La masculinidad conduce de manera paradójica a la inversión de los sentidos: mientras el que lo ejerce se siente dominante a partir de una posición jerarquizada de género, al ejercerlo contribuye indefectiblemente a una inmensa vulnerabilidad frente a los intereses empresariales.

 

Masculinidad como proactividad

En el "ambiente de perforación" o de "los viejos",8 como también se autodenominan los trabajadores del oro negro, se valoran actitudes y expresiones asociadas con la masculinidad. Son, según Baeza (2010), modos de ser hombre del "macho petrolero", un universo excluyente y exacerbadamente masculino en el que se legitiman valores como "vivir al palo"9 o "hacer el trabajo como hombre". En el siguiente fragmento de entrevista se aprecian estas exigencias:

El ambiente de perforación es un palo de hombres. No te podés comportar como una señorita. Siempre le digo eso a mi equipo: ¡Acá no quiero señoritas! Imaginate si tenemos un quilombo y hay que poner el pecho... Me pasa con los pibes nuevos que vienen un poco blandos... y cuando ven cómo es este ambiente se asustan (jefe de equipo, 2012) [las cursivas son nuestras].

Varias cuestiones pueden ser analizadas. En primer lugar, el concepto de género devela relaciones jerárquicas en la estructura de los petroleros. Son las jefaturas, en este caso un jefe de equipo, las que demarcan claramente cómo se hace el trabajo —"como hombres"— y cómo no debe hacerse —"como señoritas"—. Es decir, que las jefaturas se benefician en mayor medida, en un mundo exacerbadamente masculino, del dividendo patriarcal: aquella ventaja que obtienen los hombres de la subordinación de la feminidad. De esta forma, se distinguen los comportamientos deseados —y masculinos— de aquellos no deseados —y femeninos—. El "pecho" lo ponen los hombres para hacer frente a "cualquier quilombo" y eso implica exponerse y arriesgarse más de una vez hasta terminar el trabajo.

Lo interesante es cómo se relacionan estas actitudes con los itinerarios laborales. Al momento de realizar ascensos en los equipos de perforación —drilling—, terminación —work over— y/o reparación —pulling—, las empresas valoran la experiencia, vale decir, el conocimiento, experticia y aptitudes que de alguna manera se emparentan con la masculinidad. Los jefes de turno determinan quiénes están preparados para ascender. En una entrevista, un jefe de turno de uno de los pozos donde hicimos trabajo de campo nos contó cómo planificaba el ascenso de uno de los operadores de boca de pozo:

Hace poco ascendimos a un viejo de enganchador a maquinista. Lo primero que hago yo es darle una tarea y ver cómo la resuelve. Si pregunta o si lo resuelve solo. Si se la banca y pone huevo, si es guapo para afrontar los problemas. Vino el company man y me preguntó cuál me parecía que estaba para maquinista. Yo ya lo tenía marcado. Le dije "este pibe". Le dije al company: "Si a este pibe le decís hacé tal cosa, se queda día y noche hasta resolverlo, caiga lluvia o nieve". Así es la gente con la que me gusta laburar. No quiero blandos en mi equipo (jefe de turno, 2012) [las cursivas son nuestras].

Este fragmento nos permite entender las actitudes valoradas en el universo de los petroleros, las cuales son un factor esencial al momento de los ascensos. No sólo es necesario el saber técnico-productivo-profesional sino una actitud masculina para el desempeño del trabajo: "tener huevo", "bancarse el laburo", "ser guapo", "resolver el trabajo caiga lluvia o nieve", lo que consolida una marcada disciplina fabril acorde con los actuales requerimientos de la organización del trabajo. Dichas actitudes son propias del trabajador ideal proactivo, que busca por todos los medios la resolución y el cumplimiento de los objetivos corporativos. En otras palabras, la actitud proactiva en el trabajo busca formar trabajadores con iniciativa, resolutivos, determinados a cumplir los objetivos pautados en pos de alcanzar los niveles de producción. La masculinidad robustece esta "nueva cultura corporativa". De hecho, los trabajadores que cumplen con los objetivos de las empresas son valorados positivamente y beneficiados con "incentivos" salariales y con la planificación de rutas profesionales para los ascensos. Esta actitud es la que las empresas pretenden medir a través de las evaluaciones de desempeño que alcanzan a todos los niveles de trabajadores. El universo petrolero es un ámbito en el que la masculinidad se exacerba, sobre todo por ser excluyentemente masculino. Los pozos de perforación están ubicados a varios kilómetros de la ciudad de Comodoro Rivadavia, son espacios distantes de instituciones como el matrimonio y la paternidad, que acercan a los hombres, de alguna forma, a la feminidad que se encuentra fuera del espacio de la producción.

Como se desprende de la entrevista anterior, lo que no se quiere en los pozos son trabajadores "blanditos". Es frecuente calificar así a los trabajadores que recién se integran, como si trajeran consigo significantes femeninos del mundo no petrolero. Llamar "blandos" a los nuevos trabajadores de un equipo de perforación implica feminizar sus cuerpos, cargarlos de atributos no deseados para el desempeño de la labor. Por esta feminización que se les atribuye a los jóvenes que recién se inician es "normal" que deban "pagar derecho de piso" para ser "fogueados". Por ello, es común realizar ritos de iniciación o pruebas vinculadas con el trabajo. Se asignan tareas pesadas a los principiantes y las jefaturas van poniendo a prueba así el carácter de los jóvenes y si son capaces de "bancarse" el trabajo petrolero. Son rituales en los que se demuestran los niveles de masculinidad de los jóvenes y por medio de los cuales se miden su fuerza, resistencia, tenacidad, etc. También son habituales las bromas o los juegos sexuales, entre ellos obligarlos a tocar partes íntimas del cuerpo de las jefaturas o simular que deben tener sexo con otro hombre:

La vez pasada nos mandaron un pibe para operador de boca de pozo. Estaba muy blandito. Le hicimos una joda que por poco se muere. Yo me fui a mi tráiler y le dijimos que todos los recién llegados tenían que entregar el culo al jefe de equipo. Cuando viene al tráiler a hablar conmigo, yo lo estaba esperando con otro compañero, como haciendo que estábamos en la cama... Y le digo: "Esperá tu turno afuera que ya te va a tocar". Nos moríamos de risa (jefe de equipo, 2012).

Estas bromas de carácter sexual simulan, al parecer, rituales de pasaje que marcarían cuáles son los atributos necesarios y aceptados para las prácticas laborales y cuáles no. El ritual que transforma al "joven blando" en un "hombre duro" —sujeto fabril-petrolero-masculino— implica transitar a un nuevo estado a partir de una serie de degradaciones asociadas con la violencia —la violación metafórica— que tiene por objetivo subordinar aquello que se considera como femenino. La broma como ritual de pasaje busca, por un lado, doblegar el cuerpo femenino, "blando", violentándolo; y, por el otro, marca explícitamente la jerarquía laboral y demuestra quién manda en los pozos, demarca atributos fundamentales que se requieren para la conformación de una disciplina fabril, es decir, el que manda es el jefe de equipo y es él quien recibe a los jóvenes en su tráiler para el "bautismo". Finalmente, genera un reconocimiento y una relación de complicidad entre el grupo de hombres sobre la base de un código masculino.

Según Rita Segato (2003), la violación es una práctica disciplinadora contra la mujer genérica, aunque no implica la ejecución real del acto. Es un atributo propio de la masculinidad, pero no es una práctica exclusiva del hombre ni es únicamente la mujer la que la padece. Una violación se comete contra aquello que exterioriza o expresa rasgos marcadamente femeninos. Como la masculinidad o la feminidad no son monopolio de la división de los sexos, pueden ser los cuerpos de los hombres, presumiblemente femeninos o blandos —que es lo mismo para el caso—, los que también sean víctimas de este acto disciplinador. El mandato de la violación en el sentido metafórico es una estructura —construcción social— de la condición masculina, concebida como un acto de dominación de la feminización del cuerpo. Como argumenta Segato, desnuda el conjunto de reglas que recrean la "normalidad" socialmente digerible.

En este contexto sale a la luz un hecho de gravedad: durante 2008 se presentó una denuncia judicial por violación en un pozo de petróleo. A raíz de la investigación policial y judicial se constató que un jefe de turno había perpetrado un acto de violación contra un joven de una empresa contratista que se iniciaba en el trabajo petrolero. A partir de esta denuncia, y del suicidio del joven unos meses después, muchos testigos interrogados aseveraron que las violaciones a los jóvenes no son una práctica excepcional entre los hombres petroleros. Este suceso, lejos de ser una anécdota subida de tono, confirma uno de los mecanismos de instauración y afirmación de la masculinidad en relación con la subordinación de la feminidad. La violación, metafórica o literal, según expresa Segato, se reafirma en ese conjunto de reglas creadas y recreadas por un proceso de relaciones de género coercitivo e intimidador.

 

Consideraciones finales

Lo relevante para los estudios del trabajo es que esta construcción de la masculinidad —producto histórico en el que se conjugan políticas empresariales, formas de ser generalizadas en la sociedad y particularidades del mundo de los petroleros— no hace más que reforzar una disciplina fabril de acuerdo con los requerimientos de un trabajo en específico. Cabe decir que la masculinidad como parte de una disciplina fabril puede encontrarse a su vez en otros espacios, por ejemplo en las industrias siderúrgicas. La masculinidad refleja un corpus de prácticas y representaciones que fortalecen una ética del trabajo en sintonía con las construcciones hegemónicas de las empresas. Así se contribuye a una ética del trabajo, a un ideal imposible de trabajador viril y disciplinado, que no hace más que aumentar la inmensa vulnerabilidad de los empleados frente a la hegemonía empresarial. La virilidad construye un sujeto prisionero de un ethos que lo obliga a aceptar ritmos de trabajo acelerados y a ocultar accidentes para sostener una actitud que termina siendo una carga.

En definitiva, el dividendo de un patriarcado capitalista10 favorece una lógica de acumulación de capital en la que las mercancías se subjetivizan y los sujetos se objetivizan. Instado a comportarse como un sujeto fabril-petrolero-masculino, el trabajador se siente obligado a estar a la altura de las circunstancias en los pozos de petróleo y busca algún tipo de honor o gloria en la esfera de la producción. De esta manera, los significantes femeninos en un mundo de "machos que se la bancan" son la contrapartida más temida por los trabajadores del oro negro, quienes llegan a perpetrar actos de violencia, como la violación, contra los cuerpos de otros hombres supuestamente feminizados.

La relación entre masculinidad y disciplina fabril ha sido poco explorada en Latinoamérica. Este estudio preliminar abre una puerta de análisis imprescindible para comprender las configuraciones hegemónicas en los espacios de trabajo. No obstante, quisiéramos dejar planteadas algunas preguntas que ameritan seguir profundizando esta línea de investigación: ¿existen masculinidades que cuestionen o resistan la dominación empresarial?, ¿habrá situaciones en las que las prácticas machistas se conviertan en un obstáculo o en un freno a la disciplina fabril? A partir de una perspectiva dialéctica, es factible pensar que se puedan rastrear prácticas y discursos asociados con la construcción de la masculinidad que generen tensiones, fricciones y desajustes en la hegemonía empresarial. Para finalizar, parafraseando el epígrafe de este artículo, en el universo de las mercancías, donde se valoriza el mundo de las cosas y se desvaloriza el mundo del ser humano, el trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuanto más exacerbado y fortalecido se encuentra el mandato de la masculinidad.

 

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Notas

* "Bancar" o "bancársela", expresión con la que titulamos este trabajo, se refiere a soportar con estoicismo determinadas condiciones laborales desfavorables para la salud física y/o psicológica del trabajador.

** Este trabajo pudo producirse, en gran medida, gracias a las extensas charlas con Deborah Rifkin de la Colectiva de Antropólogas Feministas. Le agradezco las lecturas y los comentarios que hiciera oportunamente al borrador de este texto.

1 El concepto de praxis remite a las prácticas por medio de las cuales los sujetos se apropian de la realidad. Para Karel Kosik (1967) este concepto filosófico es central pues constituye la principal articulación para estudiar la actividad humana.

2 Mucho se ha investigado acerca de las consecuencias del mundo del trabajo. Por ejemplo, el fenómeno denominado "techo de cristal", que da testimonio de la dificultad de las mujeres para prosperar en sus carreras laborales en comparación con los varones, o el fenómeno conocido como "piso pegajoso", que describe la dificultad de las mujeres para "despegarse" de los trabajos con baja remuneración y menores perspectivas.

3 Primera empresa petrolera del Estado en el mundo creada en 1922.

4 Según la estructura ocupacional hegemónica destinada a las mujeres en Argentina (Lobato, 2000).

5 El 13 de diciembre de 1907 fue el corolario de la acción del Estado: una cuadrilla de operarios del Ministerio de Agricultura descubre en Comodoro Rivadavia el primer pozo de petróleo en Argentina.

6 Para profundizar en este tema, véase Palermo (2012b).

7 El lugar donde se monta el equipo está rodeado de tráilers, usados como lugares de vivienda y comedores. Sus comodidades varían según la jerarquía de los trabajadores en la escala laboral.

8 Denominación común entre los petroleros. Se trata de una tradición que proviene de la época de YPF estatal para nombrar a todos los trabajadores del oro negro sin distinción de edad. Es común escuchar "mandame una cuadrilla de viejos" o "traé un viejo".

9 Expresión que significa vivir con intensidad y llevar al límite las capacidades físicas y psíquicas durante la jornada laboral.

10 Término acuñado por Iris Young (1992) para analizar el patriarcado y el capitalismo como manifestaciones de un único sistema.

 

Información sobre el autor

Hernán M. Palermo es doctor en ciencias antropológicas. Es investigador del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL) del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Se desempeña como docente en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Forma parte del Grupo de Antropología del Trabajo (GAT): <http://grupoantropologiadeltrabajo.blogspot.com/>.

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