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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.47 México ene./abr. 2015

 

Saberes y razones

 

COMENTARIO

 

De la curiosidad a la prioridad: el lugar del turismo en la antropología

 

From Curiosity to Priority: The Place of Tourism in Anthropology

 

Gabriela Coronado

 

University of Western Sydney Sidney, Australia. g.coronado@uws.edu.au

 

La relación entre la antropología y el turismo tiene una historia larga y controversial. A veces los estudios antropológicos —y los antropólogos— han influido de manera deliberada en la defensa de actores locales explotados por el turismo y han promovido su organización a favor de sus derechos o de su participación con autodeterminación y agencia en la industria turística (Nash y Smith, 1991). Pero las más de las veces su influencia ha sido indirecta, incluso invisible podría decirse. La construcción de imágenes culturales propagadas por trabajos antropológicos ha sido instrumental en la expropiación de representaciones y recursos culturales por la industria turística, en especial de aquellos que han difundido representaciones esencialistas de las culturas que enfatizan su carácter exótico. Dichas representaciones son lo más cercano a lo que se considera en el medio turístico "lo auténtico".

La promoción del turismo en países como México ha utilizado imágenes culturales cuyos enlaces con los grupos originarios históricos y su vitalidad cultural hasta el presente llaman la atención de visitantes. Es el caso dentro del llamado turismo cultural, patrimonial y étnico, que echa mano de imágenes provenientes de investigaciones antropológicas. Rituales, creencias, prácticas y productos culturales que antropólogos han estudiado en comunidades remotas —y no tan remotas— se han propagado más allá del medio académico y constituyen las imágenes empleadas para la comercialización turística de las culturas originarias. Estas representaciones de la llamada "autenticidad" son fomentadas tanto desde las acciones gubernamentales en la promoción del turismo como motor de desarrollo económico como por los agentes de la industria privada, involucrados sobre todo en el turismo de masas. Al usarse dichas imágenes para la comercialización de las culturas se generan de manera directa o indirecta procesos de cambio cultural y de los espacios en donde las culturas se reproducen.

Más allá de su influencia inadvertida, y quizá precisamente por el reconocimiento de impactos negativos ante la expropiación de las culturas y sus productos, la antropología se ha mantenido renuente a priorizar el estudio del turismo en sí. Si bien se reconoce su importancia, la presencia antropológica en este campo de estudio ha sido marginal y sesgada. Nash y Smith en 1991 predijeron su desarrollo dentro de las disciplinas antropológicas, sin embargo aún en el presente su aceptación es precaria. Los estudios antropológicos del turismo han ganado terreno lentamente y con dificultad. Los antropólogos que se han enfrascado en su estudio han reconocido su relevancia, la seriedad de sus impactos —tanto positivos como negativos— y la importancia de estudios críticos sobre su funcionamiento y su capacidad de influir sobre los procesos de transformación de las sociedades a partir de acciones turísticas (Van den Berghe, 1994 y 1995; Brunt y Courtney, 1999; Greathouse-Amador, 2005).

Dentro de los estudios antropológicos sobre el turismo aparece de una manera prominente lo que se ha denominado turismo indígena, étnico o cultural, que se basa fuertemente en la oferta de la llamada autenticidad cultural y de la ubicación de sus portadores dentro de territorios con prístina naturaleza (Butler y Hinch, 2007). Como es posible constatar en el trabajo de Xerardo Pereiro en el presente número de Desacatos, estos términos se han usado de manera indistinta, por lo que se han ignorado distinciones conceptuales relevantes para la comprensión del papel que juegan los agentes locales, originarios, tengan o no culturas consideradas como particularidad étnica. Lo más significativo es la diferencia entre el turismo que tiene como objeto lo indígena y aquel en el que los actores locales originarios se convierten en agentes del turismo y ejercen en mayor o menor medida el control cultural de la oferta turística.

En ambos casos, la atracción que ejerce la vinculación entre cultura originaria y naturaleza es significativa en la promoción turística a nivel global. El turista hoy recorre el mundo en busca de experimentar la diferencia cultural y la persistencia del pasado en el presente a través de los modos de vida de los pueblos originarios. Este hecho permite a los países con población indígena —ya sea con culturas consideradas étnicas o no— utilizar este importante recurso cultural como atracción turística. Aunque el uso de las prácticas culturales indígenas no es nuevo para el turismo, las condiciones en que se involucran los agentes culturales se han transformado bajo el impacto de las dinámicas ideológicas y políticas globales. Durante mucho tiempo las poblaciones indígenas han sido consideradas como un producto turístico único en la promoción de países con diversidad cultural y patrimonial; sin embargo, su importancia como recurso cultural comercializable y su ubicación territorial en localidades catalogadas como bellezas naturales que atraen al visitante no se tradujo en su derecho al control de su representación cultural y del acceso a sus territorios, menos aún en la recepción de los beneficios económicos. Es decir, las poblaciones originarias en todo el mundo ofrecen recursos culturales y mano de obra barata en los servicios de hospitalidad y entretenimiento cultural, pero por lo general son excluidas o sólo reciben los efectos negativos de la actividad turística (Smith y Robinson, 2006). En este sentido es posible afirmar, de acuerdo con Nash (1992), que el turismo étnico representa una nueva versión del imperialismo y en consecuencia su estudio requiere con urgencia de una antropología descolonizadora.

Esta línea crítica cuestiona a la industria turística por utilizar estrategias poscolonialistas como parte de los procesos de subordinación de sectores locales a los intereses económicos nacionales e internacionales, públicos y privados. En este caso los actores culturales constituyen el foco de la fascinación como otredad y en consecuencia como atracción turística y en tanto tales son excluidos de sus derechos a su autorrepresentación y autodeterminación. Si bien esta posición poscolonialista ha sido reconocida y criticada en los estudios del turismo —por ejemplo, Hall y Tucker (2004)—, su impacto no ha sido plenamente reducido. Las imágenes estereotipadas, como primitivos exóticos, constituyen el imaginario que el turista posee y el producto que se ofrece para satisfacer su búsqueda nostálgica del pasado (Markula, 1997). Aun en contextos en que el turismo ha sido apropiado por sectores indígenas, las imágenes poscolonialistas persisten como expectativa del mercado (Coronado, 2014; Smith y Robinson, 2006). Incluso agentes culturales con control sobre las representaciones también las utilizan y pueden encontrarse en la oferta del turismo operado por sectores locales indígenas.

Contrario a las tendencias de exclusión de los agentes culturales en el turismo convencional, el panorama de la industria turística se ha transformado en las últimas décadas y un número creciente de organizaciones —cooperativas, empresas sociales, microempresas o fundaciones— ha empezado a participar con la oferta de formas alternativas de turismo rural (Pastor y Gómez, 2010), entre ellas lo que se ha denominado turismo solidario, turismo voluntario, turismo vivencial, todo integrado al ecoturismo (Juárez y Ramírez, 2011; Zeppel, 2010). En esta misma línea es posible incluir al turismo de hacienda estudiado por Irma Gabriela Fierro Reyes en este número de Desacatos.

A pesar de que en estos tipos de turismo los sectores indígenas locales participan en mayor medida en el control de sus representaciones, en todos ellos la relación entre los agentes indígenas y los turísticos es más compleja y problemática. Estas iniciativas por lo general incluyen organizaciones locales y/o comunidades como agentes directos en la mercantilización de los recursos naturales —paisaje— y su cultura —imágenes, representaciones, artesanías—, pero como lo corroboran los trabajos incluidos en la sección "Saberes y razones" de este número de Desacatos, la complejidad de las relaciones en su contexto histórico, social y cultural genera formas diversas de hacer turismo y con dificultades para que los sectores indígenas ejerzan su control.

Los nichos de mercado atraídos por este tipo de turismo se consideran poseedores de conciencia social, cultural y ecológica, pero aun así esperan representaciones culturales que se basan en valores poscolonialistas profundamente internalizados respecto de los modos de vida de los llamados "primitivos". En ese sentido para que las formas alternativas de turismo sean exitosas sus agentes requieren manejar las tensiones entre sus representaciones culturales, que se encuentran en este caso bajo su control cultural —en el sentido propuesto por Bonfil (1987)—, y las imágenes expropiadas por la industria turística, que son demandadas por los clientes potenciales (Coronado, 2014).

Las modalidades de turismo alternativo en las que agentes culturales locales controlan la oferta turística en sus territorios emergen a partir de procesos e ideologías globales. Íntimamente relacionados con las características de los nichos de mercado para el turismo alternativo pueden mencionarse los discursos globales de la responsabilidad social empresarial, del mercado ético y del desarrollo sustentable (Coronado, 2014). Si bien estos discursos han sido ampliamente criticados por su retórica, han abierto nuevos espacios para la acción de organizaciones gubernamentales y civiles que promueven o apoyan la transformación de la industria turística al vincular a los pueblos originarios en condiciones diferentes. Los trabajos de Ángeles A. López Santillán y de Pablo Díaz Rodríguez, Agustín Santana Talavera y Alberto Jonay Rodríguez Darias incluidos en este número de Desacatos muestran las tensiones entre los discursos con carácter retórico y los impactos potencialmente positivos. Asimismo, resaltan la participación de nuevos agentes y la creciente complejidad de las interacciones en el manejo de la oferta turística. Entre los nuevos agentes se incluyen sectores interesados en la promoción del turismo como motor de desarrollo y, como menciona López Santillán, sectores interesados en la conservación del medio ambiente.

Múltiples organizaciones y comunidades han aprovechado esta coyuntura y han puesto en práctica proyectos turísticos alternativos en sus territorios (Pérez et al., 2009). Su estudio es todavía preliminar y no es claro cuáles han sido las transformaciones, de qué manera ejercen —o no— el control territorial y cultural, qué tanto éxito han tenido, cuáles son sus impactos positivos o negativos, cuál es su futuro. Estos nuevos fenómenos requieren un mayor estudio sistemático por parte de la antropología y de otras disciplinas (Nielsen y Wilson, 2012). Este número de Desacatos es una contribución en esa dirección. Los estudios que se incluyen dan testimonio del proceso de transformación de los estudios antropológicos sobre el turismo y son indicativos de la participación emergente de sectores nativos que acceden a un mayor control en el manejo de las empresas y las ofertas culturales. Son asimismo representativos de formas nuevas en las que la industria turística se recrea ante las presiones de un mercado más demandante en términos de conciencia ética, ambiental, social y cultural.

Los trabajos presentados involucran a sectores indígenas mexicanos con culturas étnicas y un caso en las Islas Canarias, donde los sectores locales son originarios pero no poseen una cultura étnica distintiva. En todos los casos, el énfasis está en las dinámicas de control local que han generado tensiones para el establecimiento de nuevas iniciativas turísticas bajo el supuesto de que el turismo redundará en desarrollo económico. En todas las contribuciones pueden encontrarse indicadores de las tendencias que los nuevos contextos ideológicos han abierto, los cuales permiten la participación de nuevos agentes culturales y muestran los retos en la negociación de espacios, identidades, derechos y privilegios entre sectores con intereses encontrados. Los artículos representan una diversidad de temas relevantes para incursionar en los procesos contemporáneos del turismo, así como de enfoques y niveles de atención para los estudios antropológicos.

En el primero de ellos, "Reflexión antropológica sobre el turismo indígena", Xerardo Pereiro Pérez discute la influencia recíproca que existe entre los estudios del turismo y la antropología, destaca la importancia de conceptualizaciones que permitan entender con mayor claridad el papel de los sectores afectados por iniciativas turísticas, pero sobre todo la relevancia del turismo indígena "como una forma diferente de hacer turismo". En esta revisión el autor hace hincapié en la bipolaridad en la que se ha movido la antropología del turismo, es decir, entre la "visión negativista" y la "visión optimista", y subraya nuevas visiones que se alejan de esa dicotomía e incorporan una "visión adaptativa", que considera la emergencia de formas alternativas de "hacer un turismo más reflexivo, ético y educativo". El artículo pone de relieve cómo autores e instituciones han influido en la conformación de los estudios turísticos caracterizados hoy por un marco más inclusivo de todos los agentes involucrados en el sistema turístico. Es importante el papel que el autor atribuye a la antropología del turismo en su revisión. Señala su incidencia en la comprensión de los procesos complejos en los que la realidad turística es interpretada y los modos en que nuevos enfoques podrán contribuir a su desarrollo. Enfatiza cómo las perspectivas desde la antropología del turismo han influido no sólo en nuevas formas de hacer turismo sino también en la antropología. Esta visión que advierte la reciprocidad de los efectos entre práctica y conocimiento representa una contribución fundamental para repensar los estudios del turismo y reconocer el impacto que su estudio tiene sobre las prácticas mismas.

Los demás artículos aterrizan sus planteamientos en estudios enfocados en espacios locales y temas clave en la emergencia de proyectos turísticos. El trabajo de Ángeles A. López Santillán, "Turismo y desarrollo sustentable en áreas protegidas o sobre los 'nuevos' contrasentidos para la producción y el marasmo en el ámbito rural", se refiere al caso de Quintana Roo, México, respecto de la promoción del turismo de naturaleza o ecoturismo en áreas naturales protegidas (ANP). La intención de la autora es realizar un "análisis crítico de los 'nuevos' escenarios de desarrollo rural". Considera la paradoja cultural que emana por un lado de las políticas de patrimonialización territorial y por otro de la reproducción de desigualdad consecuencia de procesos de "reterritorialización, desplazamiento y despojo".

El trabajo pone de manifiesto el papel que la naturaleza adquiere en el desarrollo de nuevas modalidades de turismo y la intervención de instituciones y políticas ecológicas. Resalta nuevas formas de gobernanza —más allá de las turísticas en específico— y nuevos actores no considerados en estudios anteriores. Por medio de un estudio detallado del caso Puerta Verde, el artículo cuestiona el mito del turismo como factor de desarrollo económico y profundiza en el estudio de los roles de diferentes actores y sus discursos en apariencia democratizadores, que tratan de incorporar la participación de "empresas comunitarias". Mediante un análisis crítico de los discursos y el estudio etnográfico, López Santillán subraya la continuidad de formas de participación controladas desde arriba, las respuestas de las poblaciones afectadas y los efectos "catastróficos" directos y en otras actividades productivas. Mediante relatos, hace evidentes los intereses públicos y privados detrás de las acciones de promoción turística.

Irma Gabriela Fierro Reyes analiza una de las maneras innovadoras de hacer turismo, el turismo de hacienda, en particular las estrategias de intervención con el fin de empoderar a las comunidades participantes. Su artículo, "Turismo de hacienda e intervención comunitaria en el contexto rural yucateco. El caso de la Fundación Haciendas del Mundo Maya", examina el trabajo de este organismo y su propuesta de participación comunitaria orientada a mujeres y jóvenes. No es de extrañar que la autora encuentre una serie de contradicciones. En sí, la combinación de formas de "intervención" con objetivos de "empoderamiento" implica ya una contradicción ideológica discursiva. La autora va más allá del discurso al identificar mediante el estudio histórico y etnográfico de la organización cómo esta contradicción se materializa en la re-reproducción de procesos de repatronaje, desigualdad y explotación. El trabajo ofrece un análisis significativo que remarca la importancia de las raíces históricas como contexto de las nuevas relaciones sociales. En este caso, la reconstrucción escenográfica de un sistema que en sí mismo está en las raíces de la sociedad indígena involucrada genera importantes reflexiones sobre la función simbólica que el turismo pudiera tener sobre las condiciones de reproducción o transformación de estructuras de dominación en contextos contemporáneos.

Por último, en el artículo "Re-significando lo cotidiano, patrimonializando los discursos", de Pablo Díaz Rodríguez, Agustín Santana Talavera y Alberto Jonay Rodríguez Darias, se tocan aspectos discursivos de reorientación territorial y se consideran las tensiones para que sectores locales se involucren en la creación de proyectos turísticos novedosos, en este caso por la vía arte-cultura-naturaleza mediante la creación de un parque nacional en Fuerteventura, Islas Canarias, España. Si bien su caracterización se centra en el turismo rural, comparte con el turismo indígena analizado en los otros trabajos la articulación entre naturaleza y cultura, y en este caso se incluye como parte del patrimonio cultural la obra de arte creada por Eduardo Chillida. A partir del estudio etnográfico, el trabajo también apunta al carácter retórico de los discursos, pero enfatiza la importancia de procesos sociales de resignificación de las imágenes patrimoniales, de los "conflictos de significación" que se encuentran en la base de los desajustes que emergen a partir de "desencuentros entre los diferentes colectivos vinculados a los espacios, eventos o utensilios protegidos o por proteger".

El conjunto de estos trabajos pone de relieve las tendencias críticas de la antropología del turismo, pero se mencionan también procesos orientados a la comprensión de nuevas formas de hacer turismo desde la perspectiva de los agentes culturales. Aunque de manera incipiente, estos nuevos espacios dentro del quehacer turístico abren oportunidades todavía no comprendidas del todo. Ellas representan un reto para la antropología del turismo y un detonador para la reflexión sobre cómo el quehacer antropológico puede apoyar una mayor participación de los agentes culturales, bajo su control, y revertir los procesos de exclusión en el manejo de sus culturas y territorios para la oferta turística. Los trabajos advierten la necesidad de una cabal conciencia del papel de la antropología crítica en el reconocimiento de las oportunidades productivas que desde la perspectiva de los sectores afectados son relevantes, aun cuando ello implique integrarse a una industria con todos los riesgos que esto conlleva. Como antropólogos es importante admitir que nuestro involucramiento también genera transformaciones en las sociedades y sus culturas y nos convierte en cierto grado en consumidores de los servicios de hospitalidad, idealmente turistas politizados (Coronado, 2008) ¿O acaso podemos honestamente negar que los antropólogos también somos turistas?

 

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Información sobre la autora

Gabriela Coronado es antropóloga mexicana con doctorado en investigación social de la Universidad de Western Sidney, Australia. En la actualidad es investigadora adjunta en el Instituto de Cultura y Sociedad en dicha universidad. En México investigó durante 28 años aspectos de cultura, lengua e identidad, con énfasis en temas de comunicación intercultural y política entre pueblos indígenas y no indígenas. Su investigación se enmarca en la política de la cultura y sus implicaciones para los grupos sociales. Su perspectiva interdisciplinaria incluye antropología, semiótica social y análisis discursivo y narrativo. Ha investigado y publicado sobre relaciones interculturales, organización indígena en México y América Latina, y las complejidades de la cultura, la sociedad y la política en la globalización, incluyendo nuevas tecnologías, formas de turismo alternativo, relaciones transnacionales y sus impactos culturales en las formas de organización social y cultural.

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