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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.24 México may./ago. 2007

 

Saberes y razones

 

La disputa social por el Distrito Federal

 

Juan Reyes del Campillo Lona

 

Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México-Distrito Federal. juancampillo@prodigy.net.mx

 

Recepción: 15 de enero de 2007
Aceptación: 12 de marzo de 2007

 

Resumen

El presente artículo analiza las etapas del proceso electoral de 2006 en el Distrito Federal y tiene como hilo conductor la confrontación social que polarizó tanto a los actores políticos como a los electores. Aborda la selección de candidatos, en particular la del partido en el gobierno, las campañas y su medición en las encuestas, así como los resultados que evidencian el voto social en la ciudad de México. La elección explicitó una división o línea de tensión entre los electores que, además de ideológica, tiene un fuerte contenido social.

Palabras clave: partidos, elecciones, encuestas electorales, selección de candidatos, voto social.

 

Abstract

This paper analyzes the stages of the 2006 election in Mexico City and examines the social conflict that polarized the political figures as well as the electorate. It also talks about the selection process of the candidates, particularly those of the ruling party, as well as the campaigns and their impact on the public opinion polls and, finally, it analyzes the final results.The election showed an evident division or tension line among the electorate that entails a strong social and ideological content.

Keywords: Parties, elections, opinion polls, candidate selection process, social vote.

 

Exactamente un año antes de tomar posesión, Marcelo Ebrard Casaubon ganó la candidatura del Partido de la Revolución Democrática (PRD) a la jefatura de gobierno del Distrito Federal. Este proceso interno resultó más competido, ríspido y con mayores diferendos que el mismo proceso constitucional que llevó a la elección de julio de 2006. Después de la contienda interna todo fue miel sobre hojuelas para el candidato de la Coalición por el Bien de Todos, ya que sus adversarios, particularmente Demetrio Sodi y Beatriz Paredes, nunca lograron poner seriamente en riesgo su victoria en las urnas.

En los hechos, el candidato official llevó a cabo una campaña de bajo perfil, sin correr riesgos y con un mínimo de exposición en los medios masivos. Su postulación fue de la mano de la de Andrés Manuel López Obrador, quien, con altísimos niveles de aceptación en la capital del país, después de un gobierno exitoso por sus programas sociales, permitió que Ebrard sobrellevara su campaña y se dedicara a relacionarse con grupos de interés y con las diferentes expresiones sociales y políticas de la ciudad. De esa manera fue cómo el candidato, a quien se identificaba prácticamente como el siguiente jefe de Gobierno, desarrolló los vínculos políticos necesarios para un mejor ejercicio de su gobierno. Marcelo Ebrard, montado en caballo de hacienda, más que tener que construir una candidatura ante la ciudadanía, ejerció un poder real para el establecimiento de sus relaciones como autoridad política de la capital.

Aunque no alcanzó la impresionante votación que López Obrador obtuvo en la ciudad de México, la diferencia a su favor fue tan contundente que nunca se puso en tela de juicio su victoria. Al igual que la coalición que lo postuló, únicamente perdió en dos delegaciones, Benito Juárez y Miguel Hidalgo, que han sido bastiones del Partido Acción Nacional (PAN), así como en cuatro de los 40 distritos electorales que tiene el Distrito Federal. Con ello, la Coalición obtuvo el triunfo en 14 de las 16 delegaciones y ganó 36 diputados, que le otorgan la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Con la constancia de mayoría en sus manos, Marcelo Ebrard se dedicó durante varios meses a definir sus prioridades y su equipo de gobierno. Desde luego, se vio inmerso en el complicado proceso poselectoral de la elección presidencial, que tuvo su centro de acción en la capital del país. No obstante, sin dejar de apoyar al gobierno "legítimo" de López Obrador, es obvio que su administración tendrá que tomar la distancia necesaria para establecer los puentes que se requieren con el gobierno federal, pues es evidente que no puede estar interesado en una confrontación permanente que termine por desgastar su propio ejercicio de gobierno.

En este trabajo se desarrollarán cuatro apartados, los cuales están relacionados con el proceso de selección de candidatos, con las campañas y su medición en las encuestas, con los resultados electorales y, como corolario, con la etapa poselectoral, en la que en un ambiente complicado se avanzó en el cambio de legisladores y de autoridades de gobierno. En estas etapas se puede resumir, a grandes rasgos, el proceso electoral del Distrito Federal, el cual, a pesar de que en algunos aspectos pudiera parecer bastante terso, tuvo una intensa carga ideológica en lo que corresponde a la disputa entre los diferentes adversarios. El objetivo central que habrá de servirnos como eje articulador es mostrar que la elección tuvo como trasfondo una confrontación entre dos proyectos sociales radicalmente distintos, los cuales fueron capaces de deslindar los campos políticos, además de polarizar a los diferentes estratos socioeconómicos de la ciudad.

 

EL PROCESO DE SELECCIÓN DE CANDIDATOS

Mucho antes de que se regulara el tópico de las precampañas en la legislación electoral local, la mayoría de quienes resultarían los candidatos a la jefatura de gobierno habían iniciado su promoción política. De hecho, cuando se establecieron las nuevas reglas sobre el tema a mediados de octubre de 2005, quienes serían los candidatos de los principales partidos estaban prácticamente perfilados, aun y cuando las fechas oficiales para el registro habían quedado establecidas entre el 29 de marzo y el 4 de abril del año electoral. No obstante, de manera formal nadie reconocía haber iniciado actividades de precampaña, ya que, argumentaban, se presentaban ante la opinión pública como ciudadanos interesados en el acontecer de la ciudad.

En el PRD, desde tiempo atrás habían empezado a conocerse los nombres de los posibles candidatos. Marcelo Ebrard, secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal, de reciente integración al partido, identificado como el favorito de López Obrador y con una vieja carrera política en la ciudad desde la década de 1980. Pablo Gómez, líder de la fracción parlamentaria en la Cámara de Diputados del PRD, ex dirigente del Partido Comunista de México (PCM), del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y del Partido Mexicano Socialista (PMS), también fue presidente del PRD. Sin ninguna experiencia en cargos de gobierno, ha hecho una exitosa carrera parlamentaria. Jesús Ortega, dirigente del Partido Socialista del Trabajo (PST), del PMS y máximo dirigente de Nueva Izquierda, una de las principales corrientes internas del partido. De último momento se promovió Armando Quintero, dirigente de Unidad Nacional y Renovación (Unyr), otra de las importantes corrientes internas, además de haber sido presidente del partido en el Distrito Federal y responsable en ese momento de la delegación Iztacalco.

Lo cierto es que ante la sólida precandidatura de Ebrard, los otros tres precandidatos se unieron con el fin de evitar la dispersión de sus fuerzas. Formaron un frente que fue conocido como el Tucoi (Todos Unidos con la Izquierda), que buscaba precisamente desacreditar a Ebrard como político de izquierda. Los precandidatos decidieron, para enfrentarlo, definir una candidatura única a través de una encuesta, la cual terminaría por favorecer a Jesús Ortega, quien sería en diciembre el contrincante de Marcelo Ebrard en una contienda abierta a la ciudadanía.

Algunos estudios de opinión dieron cuenta de la superioridad del PRD sobre las demás fuerzas políticas en la ciudad. En julio de 2005, por ejemplo, Reforma1 le otorgaba al PRD una distancia de más de 30 puntos sobre su más cercano perseguidor. Asimismo, Ebrard sacaba una clara ventaja sobre sus compañeros de partido. El estudio señalaba que, en ese momento, éste duplicaba en preferencias a cualquiera de los otros tres precandidatos en una posible contienda interna.

En la perspectiva de la disputa interna perredista, un nuevo estudio, ahora de El Universal2, indicaba que el margen de victoria de Ebrard se había reducido de 30 a 20% sobre Jesús Ortega, pero seguía muy por encima de Pablo Gómez. Este estudio destacaba que, con diferencias mínimas, cualquiera de los tres vencería fácilmente a los candidatos del PAN o del Partido de la Revolución Institucional (PRI). Asimismo, se valoraban las virtudes de los precandidatos y se hacía hincapié en que Ebrard era el más conocido y con mayor experiencia, Gómez el más honesto y preparado, y de Ortega se destacaba también su preparación y que sería el más confiable.

Unos días antes de dar a conocer que Jesús Ortega había resultado el ganador en las encuestas para enfrentar a Ebrard, El Universal había realizado otro estudio3, en el que la ventaja de Marcelo Ebrard se mantenía sobre los demás precandidatos. La única novedad (si así puede considerarse) es que, después de dos meses, los precandidatos del PRI y del PAN habían avanzado alrededor de tres puntos cada uno.

Marcelo Ebrard tuvo que remontar su descalificación como hombre de izquierda4, y basaba su argumentación en que siete expresiones del partido, todas reconocidas de izquierda, lo apoyaban. En particular, cuatro importantes corrientes le brindaron su apoyo: Izquierda Democrática Nacional, vinculada con René Bejarano; la corriente de Izquierda Social, encabezada por el presidente del partido en el Distrito Federal, Martí Batres; Foro Nuevo Sol, identificado con la gobernadora de Zacatecas, Amalia García, y Alternativa Democrática Nacional, que encabeza Héctor Bautista. Ebrard puso como elemento distintivo de la precandidatura su experiencia de gobierno y su conocimiento de la ciudad.

A la intención de descalificarlo se sumó Cuauhtémoc Cárdenas, quien declaró que Ortega era el "candidato de la verdadera izquierda"5. Con ello, la precandidatura de Jesús Ortega creció lo suficiente como para poner en riesgo el triunfo de Ebrard, con el apoyo de su propia corriente, Nueva Izquierda, y la de Unidad Nacional y Renovación, que dirige Armando Quintero, así como de gente cercana a Cárdenas, como Leonel Godoy y Javier González Garza.

Ante la preocupación de los dirigentes del partido sobre la experiencia de los conflictivos procesos internos, los precandidatos empezaron a enviarse mensajes de que su contrincante debería declinar. Lo cierto es que en la contienda se enfrentaron dos grandes aparatos que dieron muestra de sus habilidades para el acarreo y el uso de recursos públicos, hasta finalmente presumir que las encuestas les otorgaban ventajas o, al menos, de acuerdo con Reforma, un empate entre los perredistas6. Hacia finales de noviembre hicieron sus cuentas territoriales respecto a elecciones anteriores y tensaron sus fuerzas al máximo.

El 4 de diciembre se instalaron 1 322 centros de votación con 2 103 casillas, ya que se calculó que habría una participación de entre 350 mil y medio millón de ciudadanos7. Se cumplieron las expectativas sobre la elección, con lo cual la votación se acercó al medio millón de sufragios. En dos conteos rápidos de las empresas Parametría y Mitofsky, se dio a conocer la ventaja de Marcelo Ebrard de 20 puntos porcentuales sobre Jesús Ortega. Esa misma noche, los dos candidatos, junto con Leonel Cota, presidente nacional del partido, ofrecieron una conferencia de prensa en donde se reconocieron los resultados8.

Al día siguiente, el Sistema Nacional Electoral confirmó el triunfo de Ebrard con un poco más de 17 puntos porcentuales: 58.67% contra 41.33% (274 297 sufragios contra 193 195 de Ortega). Además, ganó en 15 de las 16 delegaciones de la ciudad; sólo perdió en Iztapalapa por unos siete mil votos. En las delegaciones Cuauhtémoc, Coyoacán y Benito Juárez, la victoria de Ebrard fue con más de 70% de los votos. El promedio de participación por casilla fue de 250 personas9 (véase cuadro 1, p. 114).

Para el PRD la elección resultó todo un éxito, ya que no se recibió ninguna queja sobre la jornada electoral y los focos rojos que se detectaron fueron desactivados de inmediato. Las leves anomalías reportadas fueron respecto a la tardanza en la instalación de las casillas. Sin embargo, la única forma de explicar la transparencia y tranquilidad del proceso es, por una parte, por los acuerdos políticos a que llegaron los contendientes bajo la tutela del Comité Ejecutivo Nacional, además de la misma diferencia que se dio en el resultado.

El PAN y el PRI, por su parte, desarrollaron un limitado proceso interno para seleccionar a sus candidatos a jefe de Gobierno. Desde julio del año anterior se habían dado a conocer los nombres de Demetrio Sodi y Beatriz Paredes como los candidatos. En el caso de Paredes, fue destapada por el futuro candidato presidencial Roberto Madrazo, quien le prescribió la candidatura al señalar que sería una excelente nominación para el Distrito Federal. Lo cierto es que desde entonces iniciaron su proselitismo, además de que la encuesta de julio de Reforma señalaba que Beatriz Paredes era considerada como la mejor candidata entre los priístas, mientras los simpatizantes panistas estaban mayoritariamente de acuerdo en que su partido postulara a Demetrio Sodi.

Beatriz Paredes es una mujer con una larga trayectoria en la política. Fue gobernadora de Tlaxcala entre 1987 y 1992; fue también secretaria general del partido, subsecretaria de Gobernación, diputada local y federal, senadora y, recientemente, en 2002, había luchado por la presidencia del partido como contrincante de Roberto Madrazo. Prácticamente sin adversario al frente, y con una precampaña de más de seis meses en la que realizó un gasto desmedido para posicionarse, su candidatura fue finalmente oficializada en el PRI el 5 de febrero de 200610.

Demetrio Sodi, después de militar durante mucho tiempo en el PRI, decidió en la década de 1990 formar parte del PRD. Al terminar su periodo como diputado del PRI (1988-1991) se incorporó al movimiento ciudadano que luchaba por democratizar el país. Como miembro del PRD fue diputado federal y senador de la República. Su interés por gobernar a la ciudad de México había iniciado desde el año 2000, cuando en una contienda interna en el PRD perdió la postulación ante Andrés Manuel López Obrador. Con muy pocas probabilidades de ganar la candidatura en 2006, decidió emigrar del PRD para buscarla en el PAN como candidato externo.

Sodi participó en un proceso interno en el que compitió contra dos reconocidos militantes del partido, Fernando Pérez Noriega y Jesús Galván. No obstante, los dados estaban cargados a favor de Sodi, quien como ex perredista garantizaba una campaña de descalificaciones hacia sus ex compañeros de partido. De hecho, fue el único que dedicó fuertes gastos para posicionar su candidatura, la cual obtuvo en una asamblea del PAN en el Distrito Federal.

Quienes se registraron para contender por la jefatura de gobierno del Distrito Federal fueron: por el PAN, Demetrio Sodi de la Tijera; por la Coalición Unidos por la Ciudad (PRI y Partido Verde Ecologista de México [PVEM]), Beatriz Paredes Rangel; por la Coalición por el Bien de Todos (PRD, Partido del Trabajo [PT] y Convergencia), Marcelo Ebrard Casaubon; por Nueva Alianza, Alberto Cinta Martínez, y por Alternativa Socialdemócrata y Campesina, Gustavo Jiménez Pons11.

Por ser la fuerza política a vencer en el proceso constitucional, la selección del candidato que concentró la atención fue la del partido en el gobierno. La diferencia estuvo marcada por el formato utilizado, pues mientras los opositores lo hicieron en un contexto cerrado, el PRD

abrió su decisión a la participación de la militancia y de sus simpatizantes. El mecanismo de selección tenía que ser abierto, porque si una posición importante se encuentra en la mira de los dirigentes de las corrientes internas de un partido, una decisión reducida a las cúpulas puede tener consecuencias muy negativas. Para Marcelo Ebrard, ganar la candidatura del PRD en un proceso masivo fue también librar su principal obstáculo en su carrera hacia la jefatura de gobierno, además de sortear los intentos de descalificarlo como un hombre ajeno a las posiciones de izquierda.

 

LAS CAMPAÑAS ELECTORALES

Aun antes del registro de candidatos, diversas empresas de estudios de opinión midieron las preferencias electorales en el Distrito Federal. Parametría12 y Grupo de Economistas Asociados-Investigaciones Sociales Aplicadas (GEA-ISA)13 realizaron desde el mes de enero estudios en los que Marcelo Ebrard arrancaba con una intención de voto de 58%. En este caso, sin ningún prurito que las detuviera, las casas encuestadoras preguntaban a la ciudadanía su preferencia sobre las candidaturas de Ebrard, Paredes y Sodi.

Otras empresas, como Reforma y El Universal, sí esperaron a que los candidatos estuviesen oficialmente definidos por sus partidos, pero los resultados que encontraron fueron prácticamente los mismos que Parametría y GEA-ISA. Marcelo Ebrard se ubicaba muy por encima de sus contrincantes en el momento de iniciarlas campañas14. A pesar de los fuertes gastos efectuados, las candidaturas de Paredes y de Sodi no lograban aumentar significativamente sus preferencias, aunque ya se situaban, según las encuestas, en alrededor de 20% de la intención de voto de los capitalinos.

De acuerdo con Reforma, los probables votantes definían su preferencia así: 57% por Ebrard, 23% por Sodi y 18% por Paredes, mientras Parametria15 ubicaba a Ebrard con 55% de las preferencias y prácticamente empatados (22 y 21%) a Sodi y a Paredes. Por su parte, GEA-ISA, la empresa que más saltos tuvo a lo largo de la campaña, le otorgó en marzo16 42% a Ebrard y 33% a Paredes, aun cuando un mes antes había ubicado a Ebrard con 65% y a Paredes con 17%. La diferencia de 48 puntos se reducía a 9, a lo que difícilmente puede encontrársele lógica y que se presentaba sin explicación alguna. De hecho, a lo largo del proceso electoral en la capital, ésta fue la única ocasión en que los resultados de una encuesta se presentaron un tanto cerrados.

Los candidatos definieron sus propuestas y compromisos, además de sus prioridades. Marcelo Ebrard, aligual que López Obrador, presentó 50 compromisos17 articulados en siete grandes apartados: "nuevos derechos sociales y beneficios para los pobres"; "gobierno eficaz, austero, transparente y cercano a la gente"; "ciudad segura y con justicia para todos"; "capital cultural en movimiento"; "ciudad sustentable"; "servicios urbanos modernos y eficientes" y "desarrollo económico e inversiones". Entre las propuestas destacan las del mejoramiento de las 1 200 unidades habitacionales; lograr la descentralización educativa; dotar a la ciudad de México de una constitución política; 20 mil nuevos policías de barrio; aumentar las actividades que definen a la ciudad como capital cultural; una segunda generación de medidas ambientales, así como desarrollar el metrobús y mantener y expandir las líneas del metro.

Ebrard se presentó como un "chilango" que ha sido tres veces secretario en el gobierno del Distrito Federal. Bajo el posicionamiento de que "siempre me ha afectado la injusticia", hizo resaltar su experiencia como su mayor fortaleza para el cargo de jefe de Gobierno, además de su contribución a la reforma política, a la legislación ambiental ("hoy no circula" y cambio de gasolinas), su lucha contra el Fobaproa, su apoyo a López Obrador en 2000 y en contra del desafuero, así como los programas enfocados a la seguridad social. Su mensaje termina con la frase: "Por eso tengo la capacidad, experiencia y compromiso". Y remata: "Ganando López Obrador, gana la ciudad de México"18.

Demetrio Sodi definió "mis propuestas"19 en cinco apartados: 1) seguridad y estado de derecho; 2) desarrollo económico, empleo y bienestar; 3) servicios de calidad; 4) gobierno eficiente, y 5) participación y corresponsabilidad ciudadana. Entre sus propuestas destacan una ciudad segura con cero tolerancia a la delincuencia y la transformación de 30 mil policías preventivos en cuerpos de élite; aumentar la competitividad de la ciudad y el empleo formal; una ciudad de oportunidades, con infraestructura, servicios públicos de calidad y sustentabilidad ambiental; gobierno eficiente y desconcentración administrativa, y participación activa de los ciudadanos.

Las propuestas de Sodi son básicamente las mismas que las de Ebrard, aunque deja de lado la política social. Su diagnóstico es, en primer término, para denunciar la falta de seguridad y crecimiento económico. Sus propuestas son, a fin de cuentas, las mismas políticas que bien o mal ya desarrollaba el gobierno. Realiza también una sólida crítica al bando 2 (relacionado con el desarrollo urbano y la vivienda en la ciudad), con lo que propone la planeación de la metrópoli hacia el año 2025. Empero, a pesar del acertado diagnóstico, sus propuestas no parecen estar dirigidas a los ciudadanos, sino más bien a los desarrolladores urbanos.

En su página de Internet, Beatriz Paredes también presentó "mis propuestas"20, las cuales no son tan articuladas como las de sus adversarios. En ellas pasa revista a casi todos los temas y problemas de la ciudad y plantea soluciones de manera genérica. Paredes señala de entrada que tiene la experiencia y la vocación para "conducir el cambio que requiere el Distrito Federal y que demandan sus habitantes". No obstante, nunca planteó a qué tipo de cambio se refería, ni mucho menos se definió hacia dónde debía dirigirse. Lo que realmente hizo fueron buenos diagnósticos y muchas propuestas de planes, programas y políticas integrales que, en los hechos, son las políticas que ya desarrolla el gobierno de la ciudad.

Algo que destaca en los programas de Demetrio Sodi y de Beatriz Paredes es que atienden de manera secundaria la política de desarrollo social, que es una de las principales propuestas del candidato de la Coalición por el Bien de Todos y, desde luego, una de las plataformas fundamentales y sustantivas del gobierno perredista de la ciudad. No obstante, existen diversas coincidencias entre la propuesta de Ebrard y la de Sodi, ya que ambos plantean que el control de la educación básica pase a manos de la entidad; Ebrard propone 200 mil acciones de vivienda y Sodi 32 500 al año que, para el caso, es lo mismo; y ambos postulan el desarrollo del metrobús y el apoyo al metro.

No obstante, en una contienda electoral, realizar el mismo diagnóstico y las mismas propuestas que el partido del gobierno tiende a beneficiar únicamente a este último. Sodi hizo una campaña de medios que cuestionaba básicamente la gestión de los gobiernos perredistas, resaltaba la falta de eficacia en la lucha contra la delincuencia, la obra del segundo piso y la falta de crecimiento económico de la capital. Paredes, por su parte, estableció una plataforma de 234 puntos21, en la que destaca su experiencia y la necesidad de hacer una ciudad más amena.

En mayo, un mes después de iniciadas formalmente las campañas, dos encuestas —Reforma22 y GEA-ISA23— ubican claramente una amplia ventaja del candidato Marcelo Ebrard. La primera otorga 51% al candidato de la Coalición por el Bien de Todos, 25% a Sodi y 23% a Beatriz Paredes. La segunda da 48% a Ebrard, 27% a Paredes y 23% a Sodi. Por lo que se observa, las encuestas únicamente difieren en quién se ubicaba en el segundo lugar.

El 12 de mayo los candidatos a la jefatura de gobierno celebraron un debate, el cual no modificó las preferencias o las intenciones de voto. El sentir general sobre el debate fue que Ebrard demostró su conocimiento de los problemas de la ciudad, Sodi aprovechó para cuestionar acremente a su adversario y Beatriz Paredes no se destacó prácticamente en nada. Por su parte, el candidato Alberto Cinta, de Nueva Alianza, ante la rispidez a la que Sodi condujo el debate, se vio un tanto mediador y propositivo, con lo cual su candidatura resultó lo único novedoso del encuentro.

Las últimas encuestas de la serie mantienen la distancia favorable a Marcelo Ebrard. Parametría24 sintetiza que en el Distrito Federal, a diferencia de la contienda nacional, habría una elección sin sorpresas y el candidato de la Coalición por el Bien de Todos es percibido como el candidato triunfador con una sólida ventaja, con 52% de las preferencias, Sodi con 25% y Paredes con 22%. También señala que, a diferencia de la elección presidencial, en el Distrito Federal la intención de voto no se modificó a lo largo del año, por lo cual las campañas no tuvieron ningún impacto entre los electores capitalinos. Para GEA-ISA25, la distancia se redujo a 19 puntos porcentuales, al ubicar a Marcelo Ebrard con 46% de las preferencias, a Demetrio Sodi con 27% y a Beatriz Paredes con 26%. De acuerdo con esta empresa, las intenciones de voto sí habrían cambiado durante la campaña, aunque no lo suficiente como para modificar el resultado.

 

LA VOZ DE LOSVOTOS

El 2 de julio hubo elecciones concurrentes en la ciudad de México para elegir jefe de Gobierno, 16 jefes delegacionales y 66 diputados a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (40 por vía mayoritaria y26 de representación proporcional). Como ha sido tradicional en la entidad, hubo una alta participación, la cual alcanzó 67.05% en la elección de jefe de Gobierno, ocho puntos y medio más que el promedio nacional de asistencia a las urnas en la elección federal26. Si bien la participación ciudadana en las elecciones ha disminuido en el país, la votación en la ciudad de México fue la segunda más alta después de la del estado de Tabasco.

De esa alta votación, el candidato de la Coalición por el Bien de Todos obtuvo 46.37%, muy por encima del resultado de 27.26% del candidato de Acción Nacional y de 21.59% de la candidata de la Coalición Unidos por la Ciudad. Sin embargo, es de destacar que Marcelo Ebrard ganó la elección en el Distrito Federal con 12 puntos porcentuales menos que los que alcanzó López Obrador en la entidad, mientras que Beatriz Paredes logró 13 puntos más que Roberto Madrazo. El postulado por el PAN, Demetrio Sodi, tuvo en el Distrito Federal prácticamente la misma votación que alcanzó Felipe Calderón27 (véase cuadro 2, p. 118).

En las otras elecciones, la coalición PRD-PT-Convergencia ganó en 14 de las 16 delegaciones, únicamente perdió en Benito Juárez y Miguel Hidalgo, las que desde el año 2000, cuando se eligieron por primera vez a los jefes delegacionales, han sido ganadas por los candidatos del PAN. Este partido ganó también los distritos XIV, XVII, XX y XXVII, mientras la Coalición por el Bien de Todos los otros 36. La votación más alta que obtuvo la coalición fue en la elección de delegados, en la que alcanzó casi 52%. También es relevante que la otra coalición —la integrada por el PRI y el PVEM— obtuviera en delegaciones y diputados alrededor de 12.80%, muchos votos menos que su candidata a la jefatura de Gobierno. Finalmente, cabe destacar que las mejores votaciones para los partidos Nueva Alianza y Alternativa se dieron en la elección de diputados locales, en la que alcanzaron cuatro y dos diputados respectivamente28.

Los resultados oficiales de la elección nos ofrecen una idea muy nítida de la presencia de las fuerzas políticas en la ciudad, donde la supremacía de la Coalición por el Bien de Todos es abrumadora, ya que ésta obtuvo uno de cada dos de los votos emitidos. Aun con la disminución en la elección de jefe de Gobierno, la posición mayoritaria de la Coalición en la entidad nunca estuvo realmente en riesgo. El PAN alcanzó una cuarta parte de los votos (un poco más en la elección de jefe de Gobierno), mientras la coalición PRI-PVEM se quedó muy atrás, con uno de cada ocho votos. También es significativo que los dos nuevos partidos políticos hayan logrado tener presencia en la Asamblea Legislativa.

Sin embargo, con la finalidad de tener una visión más amplia y precisa de lo que sucedió en el Distrito Federal, realizamos un análisis un poco más complejo. Para ello nos acercamos a los resultados a partir de una muestra de casillas, lo cual nos permitió analizar el comportamiento electoral de los diferentes sectores sociales en la ciudad. Lo cierto es que en el Distrito Federal puede observarse un comportamiento segmentado, claramente vinculado a los estratos socioeconómicos, en el que subyace en buena medida un voto ideológico a favor de los candidatos de la izquierda y la derecha.

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Mediante la muestra de casillas —la misma que utilizó el Instituto Electoral de la ciudad para recolectar y comprobar la autenticidad de la tinta indeleble29— logramos desagregar el voto de los distintos niveles socioeconómicos30. La calidad de la muestra de ochenta casillas es indudable, ya que los resultados son prácticamente los mismos obtenidos en las 12 194 urnas que se instalaron el 2 de julio en la ciudad, igual que el nivel de participación. Lo interesante, entonces, fueron los niveles de participación y los resultados que se observaron en los diferentes estratos socioeconómicos.

El Buró de Investigación de Mercados, S.A., en los planos de su "Mapa mercadológico de la ciudad de México", establece niveles de ingreso en las diferentes zonas de la ciudad. Con los datos de este mapa y con la cartografía digital de los 40 distritos electorales locales, el IEDF procedió a clasificar cada una de las secciones electorales. De las 5 535 secciones del Distrito Federal, es posible ubicar 4 373 en un solo nivel de ingreso, mientras que en las 1162 secciones restantes confluyen diferentes zonas de ingreso. En estas últimas se realizó un análisis demográfico y espacial de superficie, con el propósito de definir el nivel socioeconómico correspondiente a cada sección electoral. Esta información nos permitió ubicar el nivel de ingreso de cada una de las secciones de la muestra.

Es importante señalar que de las 5 535 secciones electorales que tiene la ciudad, 6% corresponde al nivel uno (ingresos familiares por encima de 77 mil pesos); 9% al nivel dos (de 30 mil a 76 999 pesos); 21% al nivel tres (de 10 mil a 29 999 pesos); 49% al nivel cuatro (de 6 mil a 9 999 pesos); 12% al nivel cinco (de 2 250 a 5 999 pesos) y 2% al nivel seis (menos de 2 250 pesos)31. Cabe destacar que la muestra tuvo también de manera aproximada estos porcentajes, con lo cual nos encaminamos a analizar el nivel de participación y la votación de acuerdo con los distintos niveles socioeconómicos32.

En primer término resulta que, tal y como se aprecia en el cuadro 4 (p. 119), las áreas de la ciudad en las que se ubican los tres niveles de ingresos más altos tuvieron una participación por encima de los tres niveles más bajos.

Aunque existe una tendencia en el mundo respecto a que hoy en día resulta prácticamente inexistente la diferencia en la participación de acuerdo con los niveles de ingreso33, en México todavía es posible percibirla fuertemente a favor de los grupos con mayores ingresos, lo cual es, además, una situación que se recrudece entre los electores más pobres. También se observa que la mayor participación de los niveles socioeconómicos más altos, sobre todo los dos primeros, benefició mayoritariamente a los candidatos de Acción Nacional. No obstante, debe destacarse el comportamiento electoral del tercer nivel socioeconómico, el cual, aunque también con un alto nivel de participación, votó mayoritariamente por el candidato de la Coalición.

En los resultados es notorio el vínculo social del voto tanto para el candidato del PAN como para el de la Coalición por el Bien de Todos. Puede observarse que en la medida en que disminuye el nivel de ingresos, la votación por Demetrio Sodi disminuye, mientras la de Marcelo Ebrard tiende a aumentar, de tal suerte que el candidato panista tiene en los dos niveles más altos una clara ventaja sobre el candidato de la Coalición. Pero es a partir del tercer nivel que Marcelo Ebrard se perfila como el ganador de la contienda, hasta llegar, en el último nivel, a alcanzar tres veces la votación de Demetrio Sodi.

En la ciudad de México no sólo se observa un comportamiento distinto en relación con el nivel de participación, sino también con su preferencia electoral, ya que es muy notoria la diferencia que se presentó entre los niveles más altos y los más bajos a favor de una y otra fuerza política. Es en este sentido que se explica la fuerza e importancia de la política social en la candidatura de Marcelo Ebrard, la cual busca fortalecer su posición en los sectores de menores ingresos en la ciudad. Debe destacarse el nivel cuatro, pues éste representa casi a la mitad de los habitantes del Distrito Federal y los que en mayor medida han sostenido el éxito electoral de la izquierda representada por el PRD.

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Por otra parte, de acuerdo con la clasificación que se establece en el "Plano condensado con la estimación del salario predominante de los distritos electorales locales"34, podemos apreciar que los cuatro distritos en donde se alza con la victoria el Partido Acción Nacional, el XIV, XVII, XX y XXVII, están clasificados, en términos socioeconómicos, en el más alto nivel, en este caso el dos, con ingresos que van de 30 000 a 76 999 pesos. Uno de ellos, el XIV, corresponde a la delegación Miguel Hidalgo; otro, el XVII, a Benito Juárez; uno más, el XXVII, a Coyoacán, y el último, el XX, es compartido entre Benito Juárez y Álvaro Obregón. Es precisamente en estas cuatro delegaciones, además de Tlalpan, en las que se ubican los sectores de ingresos más altos de la ciudad, lo cual explica también por qué Acción Nacional ha logrado ganar en dos de estas demarcaciones desde el año 2000.

Existe, sin lugar a dudas, un comportamiento electoral que tiene un alto contenido social, ya que los datos obtenidos de la muestra nos indican que la polarización ideológica en la ciudad de México se encuentra claramente vinculada con los niveles de ingreso. Algunos estudios recientes sobre comportamiento electoral indican que los elementos sociológicos han dejado de tener la misma incidencia que tenían en épocas anteriores sobre los resultados electorales. Desde luego, es cierto que existen otros elementos vinculados con la cultura política y con la racionalidad del electorado que intervienen en la decisión a la hora de emitir un sufragio, sin embargo, en la última elección, las condiciones socioeconómicas definieron en buena medida lo que aconteció en las urnas. La elección en el Distrito Federal es una muestra clara de una confrontación, en la que sin ser un enfrentamiento de clase, sí se dibujan claramente fuertes diferencias ideológicas.

 

LA DIFÍCIL CONCLUSIÓN POSELECTORAL

La ciudad de México vivió intensamente el conflicto suscitado por la incertidumbre del resultado de la elección federal. Al ser el bastión fundamental de López Obrador, además de la entidad que más votos le otorgó, se desarrollaron amplias movilizaciones para combatir lo que se consideró como fraude electoral. Ante la ausencia de juego limpio en la elección y la incapacidad del árbitro para evitar la rudeza de los contendientes, buena parte de la ciudadanía puso en duda la legitimidad de la elección presidencial. El rechazo a contar de nueva cuenta los votos de todas las casillas dio motivos suficientes para cuestionar el resultado.

En este complicado contexto se confirmó el triunfo de Marcelo Ebrard y de la mayoría de los delegados y diputados de la Coalición por el Bien de Todos, quienes se sumaron mayoritariamente a la protesta. De hecho, Ebrard decidió no reconocer al presidente Felipe Calderón, aunque sabe que tiene que convivir y negociar muchas cosas con el gobierno federal. Se trata, sin duda, de una medida estratégica que pretende mantener una cercanía tanto con las fuerzas políticas que le han dado su apoyo a López Obrador como con los electores que sufragaron por los candidatos de la Coalición. Unos y otros son, a fin de cuentas, quienes lo llevaron con su estructura y su voto a la jefatura de gobierno.

Por eso mismo, habrá de seguir la política hacia los que menos tienen que marcó López Obrador durante sus años de gobierno, tanto porque es sabido que resulta exitosa, como por los compromisos y lealtades no sólo del mismo Ebrard, sino de las fuerzas políticas que lo habrán de apuntalar en el gobierno. En su discurso de toma de protesta como jefe de Gobierno del Distrito Federal presentó las líneas generales de lo que será su administración, estrechamente vinculadas con sus propuestas de campaña: "reforma política", "equidad y desarrollo social", "seguridad y justicia expedita", "economía competitiva e incluyente", "intenso movimiento cultural", "desarrollo sustentable y de largo plazo" y "nuevo orden urbano, servicios eficientes y calidad de vida para todos". Dentro de esas siete líneas generales y estratégicas se plantea una política para enfrentar las políticas neoliberales, y un gobierno de izquierda, austero, en el que los intereses populares deben presidir toda acción política35.

Para llevar adelante esta política, Marcelo Ebrard conformó un equipo de trabajo con varias líneas distintivas. En primer lugar, a diferencia del gabinete federal, los secretarios son casi todos egresados de instituciones públicas de educación superior, lo cual establece un vínculo y un compromiso social. Por otra parte, se observa un conjunto de equilibrios, primero entre políticos y técnicos, es decir, entre secretarios que han hecho de la política un oficio permanente y secretarios que se distinguen por su capacidad y especialidad en un área específica de gobierno. Asimismo, hay un equilibrio entre políticos del partido y políticos que han hecho política en el grupo de Marcelo Ebrard. Por último, es obvio que hay un interés por mostrar un equilibrio de género entre quienes se responsabilizaron de las distintas áreas de gobierno.

Un asunto importante tiene que ver con aquellos dirigentes del partido que se integraron al equipo de gobierno. Es notoria la presencia de políticos que participan en las corrientes que apoyaron a Ebrard en su lucha por la candidatura al interior del PRD y que han establecido su estrategia política a partir del desarrollo de la lucha social. Entre las corrientes incorporadas al equipo de gobierno se encuentran Izquierda Social, particularmente con la integración de Martí Batres en Desarrollo Social; gente cercana a René Bejarano, de Izquierda Democrática Nacional, así como de Foro Nuevo Sol y de Unyr, con la designación de Armando Quintero como secretario de Transporte y Vialidad.

Dos cuestiones parecieran estar claras en la elección del Distrito Federal. La primera es que estaba básicamente definida por la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, la cual, como era de esperarse, propició un resultado en cascada a favor de los candidatos de la Coalición. Con ello, el PRD se queda seis años más en el gobierno de la ciudad, que seguirá siendo una plataforma para su candidato presidencial, cualquiera que éste sea, en 2012.

Otra cuestión tiene que ver con la diferenciación social del voto en la ciudad, en cuanto a que los sectores de más altos ingresos votaron mayoritariamente por los candidatos de Acción Nacional y, a partir del nivel de ingreso de entre 10 mil y 30 mil pesos, la tendencia predominante fue favorable a los candidatos de la Coalición por el Bien de Todos. Este comportamiento, que podría parecer coyuntural y específico de la elección de 2006, es más bien una cuestión que habrá de tomar forma y acentuarse en el Distrito Federal. Empero, detrás de ese voto con claros indicios de carácter social, subyace un voto ideológico que ha terminado por polarizar a las fuerzas políticas.

 

Notas

1 Encuesta realizada por Reforma entre el 23 y el 25 de julio de 2005 en la ciudad de México.

2 Encuesta realizada por El Universal entre el 5 y el 7 de agosto de 2005 en el Distrito Federal.

3 Encuesta realizada por El Universal los días 24 y 25 de septiembre de 2005 en el Distrito Federal.

4 Cambio, núm. 181,16 a 22 de octubre de 2005.

5 Arturo Cano, "Batalla cuerpo a cuerpo", La Jornada, 13 de noviembre de 2005.

6 Ibid.

7 Únicamente dejaron de instalarse siete casillas.

8 La Jornada, 5 de diciembre de 2005.

9 La Jornada, 6 de diciembre de 2005.

10 El Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) tomó el acuerdo de revisar y fiscalizar lo que consideró actos anticipados de campaña (con base en una queja presentada por el prd). No obstante, el Tribunal Electoral del Distrito Federal anuló el acuerdo del iedf al considerar que las actividades de Beatriz Paredes se realizaron en su carácter de ciudadana.

11 Instituto Electoral del Distrito Federal, Candidatos a Jefe de Gobierno del Distrito Federal registrados para el proceso electoral ordinario de 2006, en <www.iedf.org.mx>.

12 Parametría, "Ebrard consolida su delantera" Encuesta DF / 400 casos, del 14 al 18 de enero de 2006.

13 GEA-ISA, Novena encuesta nacional de opinión ciudadana en el Distrito Federal (21-22 de enero de 2006).

14 Reforma, 27 de marzo de 2006, yEl Universal, 8 de mayo de 2006.

15 Parametría, "Marcelo Ebrard, puntero en la ciudad de México con menor ventaja" Encuesta en vivienda / 400 casos, del 25 al 29 de marzo de 2005.

16 GEA-ISA, "Décima y décimo primera encuesta nacional de opinión ciudadana en el Distrito Federal" (18-19 de febrero y 18-19 de marzo de 2006).

17 <http://marcelo.org.mx/compromisos.php>.

18 Marcelo Ebrard, Dale tu voz a la ciudad. Cumplir es nuestra fuerza.

19 Mis propuestas, Demetrio Sodi, candidato al gobierno del D.F.

20 Beatriz Paredes, Mis propuestas.

21 El Universal, 5 de mayo de 2006.

22 Reforma, 3 de mayo de 2006.

23 GEA-ISA, "Décimo tercera encuesta nacional de opinión ciudadana en el Distrito Federal" (26-28 de mayo de 2006).

24 Parametría, Excélsior, 22 de junio de 2006.

25 GEA-ISA, "Décimo cuarta encuesta nacional de opinión ciudadana en el Distrito Federal" (16-18 de junio de 2006).

26IEDF, Evolución estadística del padrón electoral y de la lista nominal por demarcación territorial de la ciudad de México, Cuaderno electoral, núm. 11, noviembre de 2006; iedf, "Urna. Carta informativa del iedf", núm. 42/43, agosto/septiembre de 2006.

27 IEDF, "Urna. Carta Informativa del IEDF", op. cit.; IFE, Resultados del cómputo distrital de la elección de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos de 2006 por entidad federativa.

28 Además de las cuatro curules de mayoría, el pan obtuvo doce escaños plurinominales. Unidos por la Ciudad logró ocho diputaciones plurinominales.

29 IEDF, Relación de las casillas electorales de donde se obtendrán las muestras de líquido indeleble, 2 de julio de 2006.

30 IEDF, Características de los 40 distritos electorales locales del Distrito Federal, 3ª ed., mayo de 2006. En esta edición se realiza en cada distrito, a partir de información de bimsa, una estimación del nivel salarial por sección electoral.

31 IEDF, Características de los 40 distritos electorales locales del Distrito Federal, op. cit.

32 El porcentaje de participación de cada casilla lo obtuvimos de los resultados del Programa de Resultados Electorales Preliminares del IFE y los resultados por casilla de la elección de jefe de Gobierno del Programa de Resultados Electorales Parciales del IEDF.

33 Eva Anduiza y Agusti Bosch, Comportamiento político y electoral, Ariel, Barcelona, 2004.

34 IEDF, Características de los 40 distritos electorales locales del Distrito Federal, op. cit.

35 Reforma, 6 de diciembre de 2006.

 

Información sobre el autor:

Juan Reyes del Campillo Lona. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco desde 1980. Doctor en estudios sociales. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Ex consejero electoral del Instituto Electoral del Distrito Federal. Especialista en procesos político-electorales. Ex presidente y actualmente secretario académico de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales, A.C. Cuenta con diversas publicaciones en revistas especializadas y en libros colectivos. Además de coordinador de tres libros, es autor de la obra Modernización política en México. Es integrante del Comité Editorial de la revista El Cotidiano y ex director de la revista Política y Cultura.

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