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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.17 México ene./abr. 2005

 

Reseñas

 

Entre Anáhuac y Europa, o la forma de (re)presentar el yo frente a los otros

 

Julia Preciado Zamora

 

Salvador Velazco, 2003. Visiones de Anáhuac. Reconstrucciones historiográficas y etnicidades emergentes en el México colonial: Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Diego Muñoz Camargo y Hernando Alvarado Tezozómoc. Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 304 pp.

 

Julia preciado Zamora: Archivo Histórico del Municipio de Colima. julia_preciado@yahoo.com

 

Primeras palabras

El libro Visiones de Anáhuac. Reconstrucciones historiográficas y etnicidades emergentes en el México colonial: Fernando de Alva lxtlixóchitl, Diego Muñoz Camargo y Hernando Alvarado Tezozómoc, de Salvador Velazco, no es para neófitos. Está dirigido a "iniciados" y por un iniciado, es decir, alguien más que un especialista en historia colonial. La búsqueda del doctor Salvador Velazco no pretende sólo establecer un diálogo con otros historiadores especialistas en la descripción de la meseta central mexicana. Salvador Velazco está lejos de esto. Él utiliza la obra de tres autores (dos de ellos nobles indígenas y otro mestizo) a manera de situ estratégico de investigación para analizar un problema general: la forma en que, dentro de una sociedad en transición (que pasaba por el difícil lance de una sociedad conquistada a otra hegemónica), los tres autores citados se autoevaluaban y se presentaban frente a sus lectores.

En el marco de la literatura sobre estudios poscoloniales, Velazco propone un término nuevo, el vocablo indígena nepantla, para definir (y lo digo en términos muy prosaicos) el estar a caballo entre dos culturas. Nepantla significa estar en medio, es el equivalente al concepto de in between que emplea Homi Bhabha, especialista en estudios culturales, originario de India. Entonces, Salvador Velazco analiza cómo en la situación de nepantla, o in between, Anáhuac y Europa repercutieron en la obra misma de los tres autores que seleccionó.

Velazco cita un pasaje de la Historia de las Indias de Nueva España y Islas de Tierra Firme, escrita por Diego Durán alrededor de 1579. Fue a propósito de la reprimenda de Durán a un indígena que conocemos el significado de nepantla:

y así riñendole el mal que había hecho me respondió Padre no te espantes pues todavía estamos nepantla y como entendiese lo que quería decir por aquel bocablo y metáfora que quiere decir estar en medio torné á insistir que medio era aquel en que estaban me dijo que como no estaban aun bien arraigados en la fé que no me espantase de manera que aun estaban neutros que ni bien acudían á la una ley ni á la otra ó por mejor decir que creían en Dios y que juntamente acudían á sus costumbres antiguas y ritos del demonio y esto quiso decir aquel en su abominable escusa de que aun permanecían en medio y estaban neutros (p. 25).

Salvador Velazco quiso, a través de la letra escrita de tres cronistas del México colonial, tener una perspectiva particular de Anáhuac, no necesariamente viciada por la cultura hegemónica.

Es decir, buscó viajar a través de añejas páginas en la compañía de Alva Ixtlilxóchitl para instalarse en Texcoco; con Muñoz Camargo en Tlaxcala y con Alvarado Tezozómoc en México-Tenochtitlan y así mirar y remirar esa zona. Velazco quiere dejar en claro que el suyo no es un trabajo que retoma la obra de los tres cronistas como "fuente histórica".

A cada uno de los tres historiadores le concede un capítulo de su libro. Inicia presentando al cronista para enseguida proceder a examinar su obra historiográfica y amarrar el final del capítulo con sus conclusiones. Debo decir que quien decida ingresar a las páginas de esta publicación se verá forzado a analizar con detenimiento la información complementaria que ofrecen los extensos y documentados pies de páginas. Es allí donde se encuentra una historia que corre paralela al texto principal.

Desde mi punto de vista, la contribución de Visiones de Anáhuac radica en que el autor se acercó a la obra de los historiadores desde la perspectiva de los estudios transculturales: formuló preguntas nuevas y encontró nuevas respuestas. Contrario a lo que muchos estudiosos hicieron antes que él, Salvador Velazco se negó a caracterizar como mestizas las crónicas de los tres historiadores que analizó. Para su estudio propuso el concepto de trans-culturación, que es más extenso y neutral que el de mestizo. Al utilizar el concepto de transculturación, explica el autor,

se evita la connotación más inmediata que tiene la de "mestizaje" que remite inmediatamente a una mezcla racial, biológica, mientras que transculturación se refiere más bien a interacciones culturales entre miembros pertenecientes a culturas diferentes (p. 22).

El término transculturación remite a un proceso dinámico, según el cual el sujeto se encuentra justo a la mitad de dos culturas, oscilando entre una y la otra. Por lo tanto, dentro del discurso transcultural de los cronistas, su postura no es de disidencia, y esto lo identifica Velazco. Los tres autores que se encuentran nepantla buscan reposicionarse entre los dos mundos que les toca vivir. Sin duda que ellos tres y el grupo étnico al que pertenecían perdieron mucho con la conquista. Sin embargo, en sus crónicas no expresan resistencia cultural: la posición de los colonizados es compleja, contradictoria. Pareciera que se dejan asimilar, para poder resistir.

 

Negociar con la palabra

Negociar con el lenguaje escrito y reacomodarse en la sociedad que recién emerge es el cometido de la obra de los tres cronistas. Tres lugares diferentes, e igual número de estrategias para convenir con los colonizadores. Enseguida enumero lo esencial de cada uno del terceto de cronistas según lo analiza Salvador Velazco.

a) "La imaginación historiográfica". Fernando de Alva Ixtlilxóchitl escribe desde la óptica de la nobleza indígena. Hace una historia ensalzadora de Texcoco para que la "burocracia" española considere los derechos de dicha nobleza indígena. De Alva Ixtlilxóchitl pretende que la historia de Texcoco se "empalme" en la historia "occidental cristiana". Al negociar de esta manera y aceptar al nuevo dios pone en marcha una maniobra: resalta el pasado prehispánico para reposicionarse. La colonización no es una ruptura, sino una preparación para el futuro. El discurso historiográfico es el arma con que negocia para volver a retener, al menos, una parte de los privilegios que ve parcialmente perdidos. La palabra clave es el acomodo. Un acomodo al nuevo orden social, sin perder las raíces indígenas. De entre las páginas enmohecidas Salvador Velazco rescató un punto básico que confirma su tesis central: de que lejos de querer cortar de tajo con el pasado prehispánico, los cronistas buscaban mantener el lazo entre ambas culturas y así perder lo mínimo en el regateo cultural: "El discurso historiográfico de Alva Ixtlilxóchitl representa el advenimiento del cristianismo como un suceso profetizado por sus antepasados para la realización del más alto destino indígena: recibir la luz de la verdad evangélica" (p. 54).

b) El "discurso etnográfico e historiográfico"

Diego Muñoz Camargo se considera autor español y rechaza su identidad "indígena". Muñoz Camargo escribió su obra pensando en el rey Felipe II como destinatario. En ella asevera que no se dio una guerra entre los indígenas y los españoles comandados por Hernán Cortés, "sino un coloquio de conversión que sella el pacto de la alianza con Cortés". El discurso que desarrolla Muñoz Camargo descansa en dos de los elementos que legitiman la dominación hegemónica española: la idolatría y el culto diabólico. Como se pronuncia contra ambos elementos por considerarse español, su obra se inscribe dentro de una corriente que alaba la divinidad cristiana y agradece a Felipe II por su labor evangelizadora. Pero la dualidad de Muñoz Camargo no se detiene allí. Considera a los indígenas (o "naturales") seres inferiores pero no puede evitar describir con asombro la visión que ante sus ojos despliega la sierra de Tlalocan, dentro del área de Texcoco. Con su autodefinición como español, Muñoz Camargo busca justificar la labor "civilizadora" de los españoles y abre ante sus ojos la extraordinaria belleza —aún por explotar— del valle del Anáhuac. ¿Quiénes mejor para realizar tan excelsa tarea que los propios españoles? Muñoz Camargo da la bienvenida al proyecto de la Corona de imponer un imperio regido por una sola fe, una lengua y una cultura: la de los bienhechores y civilizados peninsulares.

c) "El nacimiento de una nación"

Hernando Alvarado Tezozómoc construyó una historiografía desde el punto de vista de la nobleza indígena, basada en la oralidad. Su propósito era el de acomodarse entre dos mundos, porque Alvarado Tezozómoc vivió el drama de ser indígena y ser cristiano. Era difícil para alguien como Alvarado Tezozómoc el glorificar por una parte el pasado indígena en su totalidad, dado que su presente cristiano se oponía a ciertas prácticas que iban contra sus creencias. Me refiero en particular a la costumbre indígena de realizar sacrificios humanos. Así lo explica Salvador Velazco: "Surge la paradoja de que al mismo tiempo que [Alvarado Tezozómoc] hace una apología de la historia antigua de México-Tenochtitlan condena la práctica sacrifical de sus antepasados. Juzga la cultura de sus antepasados desde la perspectiva religiosa que le impone el colonizador" (p. 264).

Por ello la historiografía de Alvarado Tezozómoc pretende rescatar ciertos aspectos indígenas al tiempo que impugna otros que van contra su nueva identidad religiosa. No busca necesariamente la ruptura sino entender cómo puede alcanzarse una transición hacia el nuevo mundo cristiano en donde prácticas cristianas reemplacen las prácticas profanas.

Los tres cronistas, como puede verse, imaginaron y reconstruyeron muy a su manera la historia de sus antepasados glorificando ciertos aspectos y suprimiendo otros. Al hacerlo, en el proceso mismo de la hechura de sus crónicas, moldearon sus identidades propias: no sólo buscaban que el pasado indígena fuera aceptado con sus "asegunes", sino que ellos mismos —con su vaga, inestable y cambiante identidad— acabaran también aceptados para luego ser admitidos en el mundo exclusivo de los colonizadores.

 

Información sobre la autora

Julia Preciado Zamora: Doctora en ciencias sociales, investigadora del Archivo Histórico del Municipio de Colima. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y autora del libro Anatomía política de un gobernador: J. Trinidad Alamillo (2001).

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