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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.15-16 México  2004

 

Saberes y razones

 

Intimidad en venta: ¿cómo se llega a ser trabajador sexual?*

 

Michel Dorais

 

Universidad de Laval, Quebec.

 

Resumen

A partir de una investigación empírica realizada por un equipo de investigación de la Universidad de Laval, en Quebec, Canadá, que involucró a 40 hombres jóvenes, trabajadores sexuales (prostitutos de la calle, bailarines nudistas o strippers y acompañantes) se desprendieron cuatro perfiles o escenarios de vida de los entrevistados: 1) "la deriva", en el cual la toxicomanía y la prostitución van de la mano; 2) "el sobresueldo", en el cual la prostitución representa un medio provisional u ocasional de aumentar los ingresos de los jóvenes; 3) "la pertenencia", escenario en el cual la prostitución ya existía en la familia o ha llegado a ser para el joven "su familia", y 4) "la liberación", escenario en el cual los jóvenes consideran que las actividades de prostitución les permiten una realización personal en diversos planos de su vida. Concluimos que la prostitución de los jóvenes es un fenómeno plural, algo que deberían tomar en cuenta los programas sociales que intervienen en este sector (particularmente los relacionados con las ETS y el VIH).

 

Abstract

Stemming from an empirical investigation led by a research team from the University of Laval, in Quebec, Canada, which involved 40 young men, sexual workers (street prostitutes, nudist dancers or strippers and escorts) four profiles or life scenarios were derived from the interviewed: 1) "drift", in which drug addiction and prostitution go hand in hand; 2) "extra income", in which prostitution represents a temporary or occasional means of increasing young people's earnings; 3) "belonging", a scenario in which prostitution already existed in the family or has become to be "the family" for the young person, and 4) "liberation", a scenario in which young people consider that the activities of prostitution enable them to achieve personal fulfillment in different areas of their lives. The author concludes that prostitution of young people is a plural phenomenon, something which the social programs (especially those related to STI and HIV) concerning this sector should take into account.

 

BREVE HISTORIA DE UN ESTUDIO

Las investigaciones, como las personas investigadas, tienen una historia. La presente investigación sobre los trabajadores sexuales jóvenes1 tiene múltiples orígenes. Por una parte, es el resultado de una subvención recibida de Santé Canada (1999-2002),2 con el fin de conocer más adecuadamente las estrategias de los jóvenes trabajadores sexuales frente a la transmisión del VIH. Por otra parte, esta investigación marca una continuidad con la obra Les Enfants de la prostitution (1987), publicada hace ya quince años. En ese estudio, mi colega Denis Ménard y yo, en aquel entonces trabajadores sociales inmersos en el campo, tratábamos de entender un fenómeno en gran medida clandestino: la prostitución de niños y de adolescentes. En esta ocasión retomo la historia de este tipo de jóvenes justo donde la dejamos: su entrada a la vida adulta y más allá (la edad media de los entrevistados al momento de su incorporación de tiempo completo a la prostitución se sitúa alrededor de los 20 años). He constatado que la investigación y la documentación sobre el tema siguen siendo escasas. La prostitución de los hombres jóvenes es, en general, un tema poco tratado. Cuando se aborda esta problemática, los sujetos privilegiados suelen ser los niños y los adolescentes y no los jóvenes adultos, como en el presente estudio (Weisberg, 1985; Gauthier-Hamon y Teboul, 1988; West, 1993).

En esta investigación nos hemos interesado principalmente en tres tipos de trabajo sexual, sin duda los más comunes: 1) la prostitución de la calle (que se extiende a veces a los bares y los saunas de clientela homosexual o bisexual); 2) el baile nudista,3 y 3) el oficio de escorts o acompañante. Este último, en el medio de la prostitución, se considera como "de más alto nivel" que la prostitución de la calle, pues es más selectivo, mejor pagado y mejor organizado. Decidimos limitarnos a estudiar a los hombres jóvenes porque su realidad es más desconocida que la de las mujeres trabajadoras sexuales; pero sobre todo, porque nos preocupa la manera en que estos jóvenes se exponen a los riesgos de transmisión de las ETS y del VIH, según señalan los médicos, trabajadores sociales y trabajadores de la calle4 que laboran en este campo.

Cualesquiera sean sus actividades, contactar a hombres jóvenes trabajadores sexuales para una investigación no es fácil. Valiosísima fue la participación, sobre todo en el arranque del estudio, del Projet Intervention Prostitution Québec,5 uno de los organismos comunitarios con más antigüedad que trabajan con estos jóvenes en Quebec, Canadá. Los trabajadores de calle de este organismo nos evitaron muchos inconvenientes al enseñarnos los pormenores del medio. Nuestros entrevistadores, Ginnete Paré y Olivier Charron en Quebec y Patrick Berthiaume en Montreal, dieron pruebas de creatividad, a veces de temeridad, para acceder a ambientes donde a menudo reina la desconfianza. Sus esfuerzos fueron recompensados; pero por cada entrevista que lograron hubo otros tantos rechazos. En ocasiones casi nos desanimamos: el medio de la prostitución no se deja "infiltrar" fácilmente, incluso por jóvenes investigadores bien preparados y con las mejores intenciones del mundo.

No éramos clientes, ni siquiera curiosos capaces de pagar una buena suma de dinero (sólo se le entregaba un cheque de 20 dólares a cada entrevistado); las entrevistas duraban de una hora a una hora y media, en promedio, y les reportaban menos que la mayor parte de sus actividades más comunes. Más importante aún, les pedíamos que nos develaran gran parte de su intimidad, que salieran un instante de la clandestinidad que rodea al mundo de la prostitución; en resumen, que nos otorgaran una confianza poco común en su propio universo. En contrapartida, aprendimos mucho de esos jóvenes que aceptaron hablarnos de sus vidas de trabajadores sexuales; nos permitieron conocer aspectos desconocidos incluso para ellos mismos, de su oficio y de la percepción que tienen del mismo.

Desgraciadamente existen muchos prejuicios y estereotipos sobre los jóvenes trabajadores sexuales. Deseamos que este estudio contribuya a ponerlos en tela de juicio, si atendemos lo que esos jóvenes cuentan, y que se considere sin a priori el análisis sumario (se trata de una investigación exploratoria) que ofrecemos de estos relatos. ¿Acaso no es uno de los primeros deberes de quien oficia como investigador darles la palabra a aquellos que no la tienen, al menos no públicamente? Finalmente, debemos señalar que este artículo presenta sólo una porción de nuestros resultados y análisis y que, después de la redacción inicial del mismo, "el todo" ha tomado la forma de un libro.6 Las personas interesadas en conocer la totalidad de este estudio podrán referirse a éste.

 

PREGUNTAS Y MÉTODO DE INVESTIGACIÓN

Hemos definido el trabajo sexual como toda actividad consistente en dar servicios sexuales únicamente o principalmente a cambio de una retribución. Más específicamente consideramos: 1) la prostitución de la calle (o de bares, que es su continuidad); 2) el baile nudista y 3) el trabajo de escort o acompañante sexual. Nuestro esfuerzo de reclutamiento de entrevistados se dirigió hacia jóvenes que practican esas actividades de manera regular o que lo han hecho así en el pasado reciente.

En el proyecto financiado por Santé Canada, nuestra pregunta inicial era la de conocer mejor cuáles eran las estrategias de los jóvenes trabajadores sexuales en lo relativo a la prevención de la transmisión del VIH. No obstante, nos percatamos rápidamente que para comprender cómo y bajo qué circunstancias los jóvenes trabajadores sexuales se protegen o no, era necesario conocer sus antecedentes personales y familiares, sus modos de entrada y de operación en el trabajo sexual, sus prácticas amorosas y sexuales (tanto en su vida íntima como con su clientela), así como la percepción que tienen de sus actividades, de sus clientes y, por supuesto, la capacidad que tienen para negociar con estos últimos (y lo que puede alterar esta capacidad, especialmente el uso de psicotrópicos). En otras palabras, nos planteamos la siguiente pregunta: ¿cómo podemos conocer adecuadamente las conductas, sean "de riesgo" o no, sin antes conocer mejor las motivaciones y las racionalidades de quienes las realizan?

Como lo señalan los metodólogos Miles y Huberman (1994), un estudio científico de tipo cualitativo gana en claridad haciendo explícito su marco conceptual. Nuestro marco conceptual se inspira en la propuesta del interaccionismo simbólico. Según los investigadores estadounidenses Simon y Gagnon (1986), la conducta sexual (y lo que la rodea) es efectivamente modelada, actualizada y evaluada en el interior de las interacciones con los otros. Los contextos personales, interpersonales y sociales son los que le dan toda su significación. Partiendo del principio de que las acciones humanas no tienen finalidades o significaciones predeterminadas y que, por ejemplo, ningún acto es en sí mismo sexual, los seguidores del interaccionismo subrayan el carácter contingente y complejo de las conductas sexuales. Simon y Gagnon señalan que las actividades sexuales adoptadas por un individuo responden a tres niveles de significación: un nivel social o cultural (¿qué sentido da a su comportamiento la cultura en la cual vive el individuo?), un nivel interrelacional (¿qué significación adquiere la actividad sexual en la relación misma?) y un nivel biográfico (¿qué sentido da el individuo a tal o cual gesto en virtud de su historia pasada y de sus expectativas?).

Lejos de ser inmanentes, las significaciones o racionalizaciones de su conducta emergen de la experiencia de la persona, sus antecedentes, las circunstancias en juego y las interpretaciones disponibles para evaluar la situación. En contra de todo determinismo, los partidarios del interaccionismo simbólico creen que es a través de estos acontecimientos de su existencia que los individuos desarrollan (más o menos conscientemente) los escenarios que los guiarán en sus interacciones; de allí la importancia de conocer y comprender sus relatos de vida. Es por medio de ellos que se llegará a identificar los perfiles o escenarios de vida propios de los jóvenes trabajadores sexuales, tratando siempre de comprender cómo estas regularidades han tomado forma a partir de sus experiencias pasadas, en particular, las interacciones que estos muchachos han vivido en sus entornos vitales.

Consecuentemente con lo anterior, hemos utilizado un enfoque cualitativo, teniendo como material de base la observación discreta de los entornos en cuestión, pero sobre todo, los relatos de vida de los entrevistados (en particular lo que se ha convenido en llamar sus "trayectorias sexuales", es decir, la sucesión de acontecimientos, de prácticas y de relaciones que han marcado su experiencia amorosa y sexual). Los relatos se recogieron a través de entrevistas semidirigidas. El análisis de este material, por su parte, se realizó a partir del método llamado de teorización anclada y de introducción analítica.7 La teorización anclada consiste en desarrollar, en comparar y en confrontar las hipótesis generadas por el análisis de los datos provistos por los entrevistados, conforme sus relatos van siendo recogidos. Este método parece particularmente pertinente cuando se trata de analizar las dinámicas o las regularidades cuyo estado o evolución son poco conocidos, con el fin de hacer surgir los elementos determinantes. Este paciente bricolage no tiene como objetivo verificar teorías existentes (por eso no involucra una hipótesis), sino generar nuevos conceptos o apuntalar hipótesis originales, todo esto, únicamente a partir de datos empíricos.

El método de inducción analítica, por su parte, complementa muy bien la teorización anclada exigiendo a los investigadores que cuestionen constantemente, a lo largo del proceso de recolección de datos, las representaciones de la realidad que hasta entonces se habían hecho. Dicho de otra manera, una vez que emerge una cierta saturación o convergencia de datos, se aplica uno a confrontarlos al analizar los nuevos casos recogidos y examinar en particular los "casos negativos", que contradicen en mayor o menor medida los análisis precedentes. Así, aquí hemos analizado las entrevistas recogidas con el fin de remarcar las similitudes y las divergencias entre los relatos de los entrevistados. Las similitudes permitían circunscribir el fenómeno estudiado, mientras que las divergencias ayudaban a identificar los perfiles o escenarios de vida diferentes entre los entrevistados, tema que es el corazón del presente artículo.

 

DE LA DIFICULTAD DE ALLEGARSE ENTREVISTADOS

Reclutar entrevistados para responder a una investigación sobre el trabajo sexual planteaba desafíos que habíamos subestimado. La mayoría de los hombres jóvenes abordados rehusaron participar o incluso nunca se presentaron a la entrevista, aun cuando la hora y el lugar habían sido convenidos claramente y de común acuerdo. Mientras que la calle nos permitía abordar a los entrevistados potenciales de manera más fácil (eso gracias a la colaboración de trabajadores de la calle ya familiarizados con el medio), los bares y las agencias de acompañantes dieron prueba de desconfianza, para decir lo menos. Felizmente, después de haber entendido el propósito de nuestro trabajo, el gerente de un bar de baile nudista se mostró receptivo a nuestra presencia y un propietario de una agencia de escorts aceptó colaborar.

Deseábamos obtener 50 entrevistados, a falta de tiempo para alcanzar el número planteado inicialmente. Debido a la dificultad de convencer a los entrevistados y al hecho de que nos parecía haber ya alcanzado un cierto nivel de saturación de nuestros datos (una impresión creciente de déjà vu luego de la recolección de nuevos relatos) nos quedamos en 40 entrevistados. Asimismo, aunque habríamos preferido no entrevistar sino a trabajadores sexuales de la región de la ciudad de Quebec, la muestra final se compone de un tercio de hombres jóvenes de Montreal. Rápidamente constatamos que los jóvenes trabajadores sexuales provenían de diferentes regiones de la provincia de Quebec y se desplazaban libremente de una gran ciudad a otra. Sus idas y venidas entre Quebec y Montreal, las dos ciudades más importantes de la provincia de Quebec, nos convencieron finalmente de que agrandar la cantidad de entrevistados no iba a sesgar nuestros datos, ni a cambiar la homogeneidad relativa de nuestra muestra.

Al final, aceptaron conversar con nosotros 40 hombres jóvenes que se reconocían como trabajadores sexuales, es decir, que trabajaban o habían trabajado de manera regular en la prostitución de calle y de bar (casi tres cuartas partes de nuestros entrevistados la han practicado), en el baile nudista (oficio ejercido por poco más de un joven sobre cuatro), en el acompañamiento sexual (prostitución a domicilio, ya sea en la casa del acompañante o del cliente, en un motel o un hotel, actividad practicada por poco más de un cuarto de los entrevistados). Además de participar en al menos una de las actividades precedentes (en varios relatos de vida se encuentra, en efecto, más de un tipo de trabajo sexual), un entrevistado se dedicó al masaje erótico y otro más dio un giro hacia los videos pornográficos homosexuales.

El promedio de edad de los entrevistados al momento de su inicio en el trabajo sexual es de 20 años. Al momento de la entrevista tenían en promedio 27 años. Diecisiete se consideraban homosexuales, trece se declararon heterosexuales y diez son más o menos bisexuales. Sus primeras relaciones sexuales voluntarias acontecieron entre los 13 y los 15 años. Al menos la mitad fueron víctimas de abusos sexuales generalmente durante la infancia. (Algunos de ellos vacilan, no obstante, en definir como abusivas las actividades sexuales impuestas por alguien cercano.)

Solamente seis realizaron estudios universitarios, la mayoría dejó sus estudios durante la adolescencia. Solamente dos entrevistados han continuado estudios universitarios sin terminarlos. Muchos de los entrevistados tienen pareja y casi la cuarta parte (nueve) tienen uno o varios hijos. La mayoría trabaja o ha trabajado "como varones", aprovechando, en ciertos casos, una apariencia joven, digamos andrógina y, en otros casos, su virilidad física. Solamente algunos, y durante ciertos periodos de sus vidas únicamente, han trabajados travestidos.

 

DIFERENTES TIPOS DE PROSTITUCIÓN, DIFERENTES MANERAS DE PRACTICARLA

En términos generales, la prostitución de la calle (o de bar, la mayoría de las veces las dos aparecen asociadas entre los entrevistados, sobre todo en invierno, cuando la calle se vuelve menos acogedora en Quebec) se desarrolla en el área urbana o, más precisamente, en una sección de la calle (o del bar) reconocida como "propicia" para el encuentro rápido entre los clientes y los hombres jóvenes prostitutos. Estos lugares se encuentran generalmente cerca de los sitios comerciales de clientela homosexual (restaurantes, bares, etc.) o de bares de baile nudista (a excepción notable de ciertos centros comerciales que, por ser muy concurridos, son propicios para la prostitución masculina, sobre todo de los más jóvenes). Este tipo de trabajo sexual es considerado por los entrevistados mismos como "lo más bajo de la escala", porque en general es menos remunerado y más peligroso, pues se corre el riesgo de ser detenido por la policía por "ofrecimiento" (aunque la prostitución no es ilegal en Canadá, el ofrecimiento sí lo es). También se puede sufrir un robo, ser agredido y golpeado por uno o más clientes o ser intimidado por otros trabajadores sexuales, ya sea porque desean el control de un determinado territorio o por simples celos. A pesar del hecho de que la competencia en la prostitución de la calle es a veces feroz y la relación con los clientes a menudo efímera y violenta, muchos sólo se interesan en este tipo de prostitución. Un joven relata: "Al inicio éramos varios amigos. Pero yo, que ya tenía rato en la calle, a veces me iba con un cliente. A los otros no les gustaba que los clientes me buscaran a mí. Hasta me amenazaron con romperme las dos piernas, de desfigurarme, de arrancarme la cabeza..."

Otro joven señala: "Los clientes, sobre todo los más fortachones, a veces son muy bruscos. Cuando se las mamo, algunos se ponen muy violentos. Me agarran de la cabeza con fuerza y me hunden el pene en la garganta hasta que me ahogo. Cuando tengo relaciones anales, hay quienes, adrede, tratan de que te duela."

Los jóvenes se pasean por la acera para esperar o ligar a los clientes potenciales. "Todo está en el cuerpo, en la actitud, en la postura, sobre todo en la mirada", declara uno de ellos, que coincide con otros entrevistados. La vestimenta o lo que sugiere cuenta mucho para otros jóvenes. Los clientes de los trabajadores sexuales de calle circulan comúnmente en automóvil, dan varias vueltas a la manzana para evaluar las ocasiones que se les presentan y se paran sólo algunos instantes para negociar con el joven e invitarlo a entrar a su carro.

¿Cómo reconocer a un trabajador sexual de la calle? Es un hombre joven que espera en un lugar ya identificado como "lugar de encuentro de clientes", al menos durante ciertas horas del día o de la noche. ¿Cómo reconocer a un cliente? Se trata lo más a menudo de un automovilista, raramente un hombre a pie, que pasa y vuelve a pasar, cada vez más lentamente, hasta que haya hecho su elección o hasta que se aleje por no haber encontrado un joven de su gusto. Las cantidades solicitadas por los trabajadores sexuales de la calle varían según el acto pedido, el tiempo requerido, la época del año, la riqueza de los clientes, las necesidades inmediatas del joven. Estas tarifas son, en general, más bajas que las de sus colegas: los strippers o los acompañantes.

El bar de los bailarines nudistas es un lugar forzosamente cerrado. Un portero, un recepcionista o un administrador controlan discretamente las entradas y salidas de la clientela, así como de los bailarines. En el bar de baile nudista, los strippers (quienes no reciben generalmente un salario, sino un monto mínimo por su presencia) ofrecen dos tipos de baile. En primer lugar tenemos un espectáculo individual, presentado sobre un pequeño escenario central. Esta actuación se desarrolla generalmente en dos tiempos: primero el joven se desviste lentamente, desnudándose más o menos el torso, acompañado de una música rítmica; luego realiza un baile que se antoja más lascivo, con una música adecuada al momento y se desviste completamente o casi (en Quebec se nos dijo que el reglamento municipal impedía a los bailarines mostrar sus órganos genitales al público; no es el caso de Montreal).

En el segundo tipo de baile, el cliente tiene siempre la posibilidad de invitar al bailarín de su elección a presentarse únicamente para él, ya sea cerca de la mesa donde consume sus bebidas o en un espacio reservado para este fin (lo que acostumbra la mayoría). Hay dos precios para estos bailes privados: los de cinco o seis dólares que se parecen en todo a los realizados en el escenario, pero en esta ocasión vistos más de cerca, obviamente, y los de 10 dólares o más, que involucran ciertos contactos físicos (de caricias mutuas en general) entre el cliente y el stripper, dejándolo todo a discreción de los dos, aun cuando la vigilancia en ciertos bares de bailarines nudistas está atenta para evitar los "abusos", es decir, una felación o una relación sexual anal en el mismo sitio (no obstante, la instalación reciente de reservados privados y cerrados vuelve inoperante, para todos los fines prácticos, esta vigilancia).

Dicho esto, es necesario agregar que algunos bailarines admiten que a veces trabajan "tiempos extras" al final de la jornada, cuando acompañan a un cliente al hotel. La cantidad negociada es fijada dependiendo de la popularidad del stripper, la riqueza aparente del cliente, los actos sexuales solicitados y el tiempo requerido. Un joven comenta: "Mientras más guapo es el bailarín, mientras más está en forma (físicamente), más exigente será, más cobrará por el tiempo extra." Algunos strippers admiten que es "después de su tiempo", cuando se van con un cliente al hotel, que el trabajo recompensa. Éste es un tema tabú para los bailarines o strippers (ninguno quiere ser considerado por sus pares como un "vulgar prostituto", pues los bailarines tienen su rango en la jerarquía del trabajo sexual) y a fortiori se declaran heterosexuales: "Hacer tiempo complementario es un tema tabú. Nadie lo comenta con nadie. Ningún bailarín va a decir que tiene clientes, incluso yo, que los tengo. Nadie va a pasar por un prostituto. Hay que mantener una imagen de machos."

Los bailarines nudistas identifican de entrada dos tipos de clientes: los "puercos", que tratan de gozar sexualmente al máximo pagando lo menos posible, y los "amistosos", que "tienen más necesidad de hablar que de tocar y que nos buscan para contarnos sus problemas". De hecho, no es exagerado decir que los bailarines observan tanto como sus clientes y viceversa. Casi todos afirman que su encanto se debe, al menos, tanto a la mirada como a su físico. La mayoría de los bailarines nos explicó que sólo una observación muy atenta de los clientes presentes en la sala les permite distinguir a los que parecen interesarse en ellos o al menos en sus cuerpos: "Yo observo a los clientes. Observo a los que me miran. Observo cómo están vestidos, cómo caminan, cómo sostienen su bebida. Los analizo de los pies a la cabeza. Trato sobre todo de saber si se interesan en mí o no, si tienen dinero. Me doy unos cinco minutos de tiempo y me les acerco. Hay que encontrar un tema para iniciar la plática. [... Tienes] que hablarle de cosas que puedan interesarle. Si después de cinco minutos el cliente no tiene nada que decir, no tiene caso quedarse con él. Si le ofreces un baile en el reservado y no quiere, está claro que no ha venido por ti [.] No tiene caso perder el tiempo. Mi objetivo es ganar dinero."

También hay bailarines más tímidos o más independientes. Uno de ellos comenta: "En realidad yo no abordo a los clientes. Espero a que vengan a verme. Bailo y me paseo un poco alrededor de la sala, es todo. Si alguien se acerca a platicar conmigo o me ofrece una bebida, lo buscaré, querré bailar para él, platicarle. Pero rara vez soy yo el que busca a los clientes."

En cuanto al trabajo de acompañante, éste consiste en anunciar de manera más o menos explícita (algunos describen su anatomía en el más mínimo detalle, otros son más bien alusivos; además hay toda clase de fotos en los más importantes periódicos y sobre todo en las revistas gay) sus servicios sexuales a través de una agencia, que se quedará con un porcentaje, o por sus propios medios. Luego, es necesario permitir que los clientes potenciales entren en contacto con ellos a través de un número telefónico (casi siempre se trata de un teléfono celular). Generalmente, los acompañantes se ven con el cliente en un hotel, un motel o un sauna. Algunos clientes los invitan a sus casas; los menos aceptan que el cliente (sobre todo si es un cliente asiduo) los busque en su domicilio. La mayor parte de estos hombres jóvenes perciben sus actividades como una "empresa", así trabajen por su cuenta o para una agencia (lo primero no excluye lo segundo, por otra parte, incluso si las agencias en principio prohíben que sus protegidos trabajen además por su cuenta). Los acompañantes son los que llegan a pedir las tarifas más altas en la jerarquía del trabajo sexual.

 

CUATRO ESCENARIOS DE VIDA

A lo largo del análisis de los cuarenta relatos de vida recogidos, identificamos cuatro escenarios de vida en los jóvenes trabajadores sexuales. He aquí una descripción sucinta. Luego ilustramos cada uno de estos escenarios con un caso relativamente típico.

El escenario de vida más común, encontrado en poco más de la mitad de los entrevistados (22 precisamente) es la deriva. Estos jóvenes viven a menudo en la pobreza, incluso en la miseria, y sienten que están "sobreviviendo". El perfil de "la deriva" se caracteriza por una tan fuerte asociación entre toxicomanía y prostitución que es difícil distinguir cuál de estas actividades trajo consigo a la otra. En el caso de los jóvenes de "la deriva", las ganancias de la prostitución les sirven ante todo para financiar su (sobre)consumo de drogas y alcohol, incluso su toxicomanía: cocaína, heroína y todo lo que les pueda caer en la mano para modificar su estado de conciencia. Salvo algunas excepciones, es el único grupo en el cual podemos identificar a los usuarios de drogas por vía intravenosa —al menos la mitad de los entrevistados se declaran adictos— y todos los casos de transmisión de VIH confirmados (sin embargo, muchos entrevistados no conocían su estatus serológico). Es también en este grupo donde se encuentran los jóvenes que se iniciaron en el trabajo sexual de manera regular a más temprana edad (la mitad antes de los 16 años de edad): 11 años el más joven; el mayor cerca de los 30, esto para una edad promedio que se sitúa alrededor de los 18 años.

La estima que estos jóvenes tienen de sí mismos es muy negativa y su desesperanza es tangible: "Mi cuerpo es un objeto, un pedazo de carne. Es muy duro para la autoestima"; "Me veo como un bote para la basura, un bote que ha sido manchado, que ha sido lavado, que ha sido blanqueado con cloro, pero que sigue manchado, sobre todo porque agarré el VIH allí adentro"; "Con los años, tus problemas emocionales, psicológicos, sexuales se acumulan. Porque no te puedes imaginar las bajezas que los clientes te pueden pedir, pueden hacerte."

Casi la totalidad practican o han practicado de manera regular, a menudo cotidianamente, la prostitución de la calle ( 20 de 22), muy pocos son strippers o acompañantes. Algunos han estado en prisión por robo. Casi todos presentan también la característica de haber tenido una infancia o una adolescencia difíciles: padres negligentes, rechazantes (en particular en el caso de los jóvenes que se revelan homosexuales), criminales, incestuosos, alcohólicos o violentos. Asimismo, el abandono temprano de la escuela, la huida del domicilio familiar y el hecho de encontrarse muy joven en la calle en situación de sobrevivencia fueron, a menudo, los elementos disparadores de su prostitución. En este grupo se encuentra la mayoría de quienes han sido víctimas de abusos sexuales. Con carencias en diversos aspectos de su vida, algunos de estos hombres jóvenes evocan a través de sus actividades de prostitución, una cierta búsqueda de atención o de afecto, a pesar del costo que implica: "Comprendí que para buscar afecto tenía que dar sexo"

Los otros tres escenarios identificados se encuentran en partes iguales (seis entrevistados en cada categoría) en la mitad restante de los entrevistados. Ciertamente, esos escenarios no son exclusivos: el mismo muchacho pudo haber vivido varios, pero parece que siempre hay uno que predomina.

Llamamos el sobresueldo a la dinámica de los hombres jóvenes que optan por el trabajo sexual principalmente porque puede, en ocasiones, permitirles "salir a flote" y pagar sus deudas, sea de estudio, de compra de bienes, de un automóvil (la droga sólo raramente está implicada en estos casos, y cuando lo está, es de manera secundaria). El trabajo sexual les permite agregar un ingreso no declarado a la ayuda social o al seguro de desempleo que reciben, o incluso pagarse un "lujo" que los ingresos de sus empleos regulares no les permite. Estos hombres se iniciaron más tarde en el trabajo sexual, entre los 22 y los 40 años, con una media que se sitúa alrededor de los 28 años. En este escenario se encuentran también los entrevistados con mayor escolaridad. Uno de ellos llegó a comparar su situación a la de cualquier "trabajador por su cuenta". Sólo uno de estos jóvenes practica la prostitución callejera; se trata más bien de bailarines nudistas cuando son heterosexuales, o acompañantes cuando son homosexuales. Otra particularidad de estos entrevistados es que se identifican poco con el trabajo sexual, actividad que perciben como secundaria en sus vidas. Muchos están casados y tienen hijos. Por todas estas razones, sus actividades como trabajadores sexuales son generalmente discretas y desconocidas para su familia y su círculo cercano, aun cuando les aportan a estos jóvenes cierta valoración personal (por seducir y conocer a personas de cierto nivel social o intelectual que no conocerían de otra manera). Consumen poco o nada de drogas o alcohol, algo obligado en su trabajo, pues buscan mantener el control de sí mismos cuando están "en servicio".

La pertenencia designa una situación en la cual un joven se ha desarrollado en el medio del trabajo sexual o en la periferia y entrar a trabajar sexualmente le parece la cosa más natural del mundo. La motivación viene a menudo de su medio familiar (una madre prostituta, un padre que fue bailarín nudista), o del hecho de que el joven se busque un medio de pertenencia (un adolescente al que corren de su casa porque le descubren su orientación homosexual, por ejemplo). Estos jóvenes se iniciaron muy pronto en el trabajo sexual, entre los 15 y los 21 años, con una media que se sitúa alrededor de los 17 años. Pero sus motivaciones son distintas a las de los entrevistados que hemos identificado como a "la deriva": el trabajo sexual no aparece aquí como un camino descendente, sino como una continuidad, como un medio honorable de ganarse la vida a pesar de las dificultades que esta ocupación trae consigo. Muy integrados en el medio de la prostitución ("La calle es el único lugar que conozco, donde me siento cómodo, tus amigos están allí, se vuelve como tu familia, no estás nunca solo"), todos consumen, aunque a niveles diversos, alcohol y drogas. Estos jóvenes parecen tener más relaciones sociales que los de "la deriva"; la mayor parte tienen o han tenido relaciones amistosas y amorosas relativamente estables. En este subgrupo, casi todos practican o han practicado la prostitución de calle, la mitad pasaron luego al baile nudista o al trabajo de acompañante.

Finalmente, el modelo de la liberación es el del hombre joven, homosexual, para quien la prostitución es una manera de vivir sus fantasmas iniciales, conocer nuevas experiencias y nuevas parejas, a la vez que le permite obtener ingresos. La edad de inicio en el oficio es variable: entre los 16 y los 30 años, con una media que se sitúa en los 20 años. La mayoría de ellos no informa haber tenido problemas particulares en su infancia y conservan muy buenas relaciones —aunque lejanas— con sus respectivas familias. Su escolaridad es en general superior a la de sus colegas. Contrariamente a los jóvenes de "la deriva", estos muchachos tienen una buena estima de sí mismos y una visión positiva de sus actividades. Les gusta lo que hacen, sienten un cierto apego por algunos clientes, aun cuando su visión al respecto es, a veces, ambigua (es verdad que hay toda clase de clientes: desde aquel que ve al joven como un objeto hasta el que llega a ser un amigo). Todos afirman haber escogido este oficio por las numerosas ventajas personales y relacionales que ofrece, principalmente la de encontrar hombres de mayor edad, lo que corresponde a menudo a una atracción ya presente en ellos. En resumen, ven su trabajo sexual, en principio y ante todo, como una ocasión de afirmar su orientación o preferencia sexuales y desarrollarse como individuo, al menos durante un periodo de sus vidas. Si llegan a consumir drogas son las llamadas "suaves", como la mariguana o el alcohol. Este escenario tiene sus bemoles: esta vida aparentemente "fácil" hace muy difícil cualquier transición hacia otra actividad, incluso puede incitar al joven a seguir en el trabajo sexual cuando ya no le interesa y cuando tiene la impresión de que ya consiguió y aprendió todo lo que había por conseguir y aprender. Así, el sentimiento inicial de libertad puede convertirse con el tiempo en decepción ("A uno se le paga por una fantasía; se vive en un mundo de fantasía finalmente..."). Sin embargo, todos afirman que este trabajo ha traído consigo, al menos durante un tiempo, muchos aspectos positivos para ellos.

 

JÓVENES COMO LOS OTROS: CUATRO RELATOS TÍPICOS

Un muchacho a "la deriva": Christophe

Christophe, de 21 años, nació en una familia de diez hermanos, de un padre alcohólico y violento con sus hijos y de una madre con discapacidad física que se convirtió en la sirvienta de su marido. Siete niños, de los mayores, fueron albergados con otras familias y posteriormente adoptados, pues sus padres fueron considerados negligentes. Christophe, por su parte, se fugó de su casa a los 11 años, poco tiempo después de que un tío abusara sexualmente de él, y se encontró viviendo en la calle. El único medio posible de sobrevivencia fue el de prostituirse:

Para mí, fue el elemento que desencadenó todo. Mi tío abusó de mí por la fuerza y luego me pagaba para que cerrara el hocico. Fue él quien me enseñó el mundo del sexo. Cuando me fugué, sabía dónde esconderme y me dije: ya que estamos, ¡vas a vender el culo!

Rápidamente se volvió toxicómano y casi muere de una sobredosis a los 16 años. Su visión de la prostitución es muy negativa, pues ha sufrido mucho: "Al principio, veía la prostitución muy positivamente, pensaba incluso que encontraría el amor en ese ambiente. Pero me desengañé muy rápido: para prostituirse no es necesario amarse"

Después de conocer la prostitución de calle, alrededor de los 14 años, Christophe comenzó a flirtear con clientes potenciales en los bares gay. Luego se dedicó al oficio de acompañante y de bailarín nudista: "Como a los 16 o 17 años fui acompañante, primero por mi cuenta, luego para una agencia, porque me sentía más seguro así: puedes filtrar tus clientes, además tienes cierta protección de la agencia, del chofer que te lleva. En esa misma época también fui bailarín nudista. Cuando te dejas tocar, llegas a hacer un buen dinero. Todavía más si después te vas a acostar con el cliente."

Para Christophe, como para la mayor parte de los hombres jóvenes interrogados, la prostitución de calle es "lo más bajo de la escala", mientras que la danza nudista representa un "nivel intermedio" y el trabajo de acompañante, "la cima de la escala". Aun cuando Christophe admite que durante algunas semanas ganó mucho dinero, también señala que siempre dilapidó lo que ganaba: "Buena ropa, coca, mucha coca, perfumes, estilistas, sesiones de gimnasio. Qué loco, cuidaba al máximo mi cuerpo, al que al mismo tiempo destruía con el sexo y la droga..."

Desde hace poco, Christophe tiene un novio, algo que le da cierta esperanza de mejorar la calidad de su vida. En lo que respecta a la protección contra las ETS, Christophe adopta una actitud por lo menos ambigua: "Normalmente, yo advierto a los clientes que sin condón nomás no, pero si media una buena cantidad. He tenido muy buena suerte pues nunca he contraído una ETS, sólo ladillas. ¡Cómo pican las desgraciadas! Me hago la prueba del sida cuando he hecho cosas, así, que me meten luego miedo, como cuando me voy con clientes que no quieren saber nada del condón. Tú sabes, no es nada fácil tocar el tema con los clientes; y pues, agarras valor... Sobre todo porque para irme con un cliente, ya me eché algunos tragos antes. Además, lo confieso, casi siempre estoy drogado."

 

Un muchacho del "sobresueldo": Billy

Billy proviene de una familia donde el padre tenía serios problemas de alcoholismo. No ve a sus padres desde que tenía 16 años, cuando decidió irse solo a un departamento, pues ya estaba más que harto de los pleitos entre ellos. Desde la edad de los 12 años tuvo actividad sexual, siempre con mujeres. Aunque siempre ha vivido solo, ha tenido, hasta el presente, algunas relaciones duraderas con diversas muchachas. Una de ellas le dio un hijo cuando tenía 19 años. Actualmente comparte la custodia del niño. Al inicio de sus 20 años comenzó a trabajar como bailarín nudista en un bar gay. Tiene otro oficio, el principal según él, de obrero de fábrica. Como este oficio le retribuye poco dinero, en parte a causa de paros regulares en el trabajo, poco a poco llegó a considerar el oficio de bailarín. De hecho, la idea de bailar desnudo en los bares surgió en la época en que frecuentaba a una bailarina nudista: "Veía que hacía bastante dinero y yo tenía problemas de dinero, sobre todo de deudas: mi auto, la renta. Empecé por esa razón."

A Billy no le ha sido fácil integrarse en el mundo de la danza nudista para hombres, en la cual entró rápidamente: "Lo que se me hizo más difícil es el lado homo. Yo, el hetero que baila para hombres. Aunque bailé al principio para mujeres, en Montreal los hombres constituyen el mercado más grande para un bailarín nudista. Pero no es el mismo ambiente, al menos para mí. Con las mujeres es más fácil, tienes que jugar a ser un seductor, mientras que con los hombres es más lo sexual, más la provocación."

Aun cuando se tiene que "poner en onda", Billy no consume drogas duras: "la mota" (mariguana) y el alcohol le bastan. No obstante, confiesa que ya tuvo serios problemas con las drogas en la adolescencia. El principal móvil de Billy para el trabajo sexual es el dinero. Su percepción de los clientes está llena de matices: "Algunos son buena onda, te respetan. Pero para otros, eres como un pedazo de carne, tratan de tocarte el sexo, incluso si les dices que están yendo demasiado lejos, no se detienen. Los mejores son los que hablan, que te toman casi por un psicólogo, sólo tienen necesidad de una presencia. Tú sólo les hablas, sin bailar o casi sin bailar. Pero sólo entre 15 y 20% de los clientes son así."

En este oficio de bailarín nudista que él considera difícil, el consuelo es el aspecto artístico de sus coreografías que le permitiría expresar un lado inexplorado, que le gusta. Billy admite que cuando bailaba para mujeres sí llegó a pasar la noche con algunas clientes, pero en aquel entonces él las miraba más como amantes de paso que como clientes. Afirma que siempre tomaba las precauciones necesarias para evitar una ETS o un embarazo no deseado, 64 4 incluso si la compañera tomaba píldoras anticonceptivas. Hoy día encuentra cómico y patético que él, hombre heterosexual, baile para hombres que, a menudo, se dicen también heterosexuales...

 

Un muchacho de "la pertenencia": Jean-Loup

Jean-Loup es un hombre joven de 19 años, fornido y deportista. Se prostituye desde hace tres años de tiempo completo. Nació en el seno de una familia monoparental; su madre ya había practicado la prostitución y experimentado graves problemas de toxicomanía. Una parte de su familia está relacionada con el crimen organizado. A Jean-Loup lo separaron de su madre a muy temprana edad, luego que la juzgaran incapaz para cuidarlo y casi sin interrupción fue colocado en distintos hogares y centros de abrigo desde los dos meses hasta los 18 años. Apenas empezó un curso de nivel medio superior; no obstante, adora la poesía y la escribe para seducir a sus compañeras femeninas, afirma. En esos numerosos desplazamientos a menudo sufrió tocamientos sexuales de parte de muchachos mayores, algo que él se muestra reticente a considerar como abusos sexuales. La idea de prostituirse se la sugirió su madre una vez que estaba en su casa de visita: "Teníamos necesidad de dinero. Ella dijo: me voy a hacer dos o tres clientes. Le dije: mamá, yo también voy a probar. Me puse mi abrigo de cuero, fui a donde debía y lo hice con hombres. Al principio me estresaba, no sabes lo que te puede pasar."

Este muchacho se dedica exclusivamente a la prostitución de calle, aunque hizo una breve incursión en el mundo de los acompañantes, actividad que abandonó muy rápido porque no estaba de acuerdo en compartir con alguien sus ganancias. Rápidamente se hizo un lugar en la calle, constata: "Tengo mi esquina en la calle, mi rincón, y nadie se pone allí, aunque yo no esté."

Jean-Loup agrega que, para alguien como él que tiene poca instrucción, la prostitución es un oficio práctico y un medio acogedor: "Si yo quisiera otros empleos, tendría que regresar a la escuela y la verdad, yo y la escuela, no nos llevamos muy bien. El último día de la escuela le tiré los cuadernos en la cara al profesor, tan harto estaba... Sin embargo, yo podría ser muy bueno en informática [...]." Jean-Loup también trabajó por un tiempo como mensajero para un grupo de delincuentes, trabajo que abandonó después de haber escapado a un tiroteo y romperse unas costillas, por lo que no extraña el empleo.

Jean-Loup "despilfarra su dinero como quiere". Su departamento no le cuesta muy caro, pero le encanta pasarla a gusto en los cafés y bares y comprarse de vez en cuando material de informática. Como recibe un ingreso del sistema de ayuda social, sólo le quedan 275 dólares canadienses8 al mes para vivir, oficialmente al menos. Los ingresos que obtiene por prostituirse los necesita para mejorar su situación, por lo que no ve por qué tendría que dejar dicha actividad. Como es muy seguro de sí mismo y de su fuerza física, no vacila en invitar a los clientes a su casa, sobre todo si no tienen una sugerencia de lugar para tener la relación sexual (en particular los hombres casados).

En relación a su vida sentimental, Jean-Loup comentó que sufrió mucho la muerte trágica de su última novia, asesinada brutalmente. Después empezó a salir con un hombre, pero no por mucho tiempo: "Su computadora me interesaba más que él. Además, no paraba de comentarle a todo el mundo que me había conocido en la calle. Era verdad, pero qué necesidad tenía de gritarlo a los cuatro vientos."

Jean-Loup dice limitarse desde entonces a las fuck friends (amigas sexuales), muchachas que describe como conocidas con las cuales se puede tener relaciones sexuales sin otros compromisos mutuos: "Con una fuck friend ni siquiera tienes que ofrecerle el desayuno. La tomas, es todo, y después se va." Como él las conoce poco, se protege igual que con los clientes, "porque el sida es parte de mi vida diaria, conozco a varios que tienen sida, así que no corro riesgos". También en relación a la protección contra las ETS y el sida, Jean-Loup es pro-activo:9 "Siempre traigo condones de menta. Si mamo y hay secreciones o si el glande se ve medio raro, le pongo un condón y así en la boca tengo el sabor de la menta y no el del lubricante. Con mis clientes el asunto es muy simple: se usa el condón, si no, no hacemos nada y, además, me debe la mitad de la cantidad si ya empezamos."

 

Un muchacho de "la liberación": Sid

De estilo punk, Sid es el más instruido de nuestros entrevistados, pues asistió a la universidad (aunque sin haber obtenido un título), "justo el tiempo necesario para contraer una hermosa deuda por diversos préstamos para mis estudios", dice con amargura. Comenzó el trabajo sexual a los 27 años, ahora tiene 30. Sus padres son mayores y nunca los visita, para que no se enteren de sus actividades.

A Sid siempre le han atraído los hombres más viejos, algo que se relaciona con su ocupación actual y el placer que obtiene (tuvo su primera relación sexual a los 24 con un anciano). Para Sid, la apariencia física no es primordial en la atracción: el diálogo, las afinidades, el afecto, cuentan mucho.

Sid comenzó a fantasear con la idea de la prostitución durante una corta estancia en prisión en la cual estuvo por robo. Allí, otro interno le solicitó una relación sexual a cambio de su protección contra los otros detenidos: "Me dije que si podía hacer eso en condiciones semejantes, para nada ideales, ¿por qué no podría hacerlo afuera, para ganarme la vida honestamente?"

Sid ve su oficio como trabajador sexual de manera muy racional. Se inició de inmediato como acompañante, oficio que sigue practicando de manera autónoma, gracias a los pequeños anuncios que coloca por todos lados. Sólo tiene clientes varones, pues él trabaja en parte por placer y porque no se siente atraído por las mujeres. En el plano de las actividades sexuales no rechaza nada, aparentemente, aunque prefiere proyectar la imagen de un hombre que desempeña el papel activo en el coito y rechaza el papel de "esclavo sexual"10 pues no le gusta sentirse dominado. Aparte de eso, agrega, "podemos llegar hasta donde la imaginación nos lleve, de mi parte y de su parte". Sus clientes son de todas las edades, de 18 a 75 años (aunque los jóvenes son más raros) y de todos los grupos étnicos, lo que le hace decir: "Me he acostado con gente de todos los rincones del planeta y de todos los colores y religiones." Generalmente, acude a la casa del cliente o al lugar acordado por éste (hotel, sauna, etc.) y puede pasar de cinco minutos a 12 horas "dependiendo del dinero del cliente y de su excitación".

En relación a la prevención contra las ETS y el SIDA, se protege pro-activamente: condones en todos los casos (trae de todas las medidas, así como su propio lubricante y su aceite para masaje), utiliza guantes de látex cuando le parece necesario y evita tragarse el esperma de sus clientes. Sid consume drogas en pequeñas cantidades: cannabis y alcohol, pero no de manera sistemática y, sobre todo, de forma tal que no interfieran en el control de sí mismo mientras trabaja. A los clientes regulares les comparte sus propios gustos sexuales porque "si la intimidad es más grande, será mejor, más intenso". Sid cree que es importante "poder ser uno mismo, no cambiar sólo para darle gusto a la gente, sino hacer las cosas que a uno le gustan. Lo más difícil es tener relaciones sexuales activas con alguien que no me gusta mucho... ¿Pero de quién es la culpa si el tipo es repugnante? La mayor parte de los clientes son capaces de ver la diferencia entre un prostituto que lo hace por placer y uno que lo hace solamente por dinero, por droga o por la bebida. Por esa razón me aprecian."

Sid cuida su dinero, reconociendo al mismo tiempo que no es algo común en este medio. Cree que el trabajo sexual, tal y como lo practica "es seguramente la manera más divertida, creativa de ganar mi vida, la manera sobre la cual tengo más control. Además están la seguridad en mí mismo —mis clientes consideran mi cuerpo más bello de lo que yo mismo pudiera imaginar— y el dinero, que nunca habría ganado tanto de otra manera y honestamente. La libertad sobre todo. "Admite, sin embargo, que es necesario ser muy fuerte psicológicamente para encarar las dificultades y las consecuencias de este oficio. Deplora que esta ocupación sea tan mal vista, estigmatizada incluso, mientras que para él: "Es un oficio tan respetable y honorable como cualquier otro. Compartir dos soledades, la del cliente y la del prostituto, es una relación humana; hay personas entrañables, como ese hombre mayor que conocí, nada guapo, amputado, lleno de arrugas, pero tan sensible... Me hizo llorar, ya no fui capaz de irme esa noche, me quedé con él ¡por el precio de una hora! Los que nos dan una mala imagen son los reflectores que los medios de comunicación echan sobre la prostitución de la calle, los drogadictos, los que roban a los clientes. Cuando pides y recibes un trato honorable, no deseas que el cliente pierda la confianza en ti. Además, a mí me gusta el sexo, me encanta de verdad. Me gusta hacer el amor tantas veces como sea posible y todos los días, si no fuera así no me dedicaría a esto. Espero poder hacerlo por mucho tiempo. Quiero seguir joven por mucho tiempo..."

 

LOS RIESGOS DEL OFICIO: VIOLENCIA, DROGAS Y VIH

Incluso los muchachos que se acomodan relativamente bien admiten que el trabajo sexual trae consigo peligros y trampas. Es por eso que todos coinciden en sugerir que las decisiones más importantes que tienen que tomar en este oficio son: practicarlo y permanecer (o eventualmente dejarlo). Para los prostitutos de la calle la violencia puede sobrevenir en cualquier momento. Un muchacho cuenta, por ejemplo, que un cliente le robó lo poco que tenía; a otro lo violaron un grupo de muchachos borrachos que después lo abandonaron a la orilla de un camino vecinal. Eso sin tomar en cuenta las pequeñas y grandes disputas entre los jóvenes por el control de un lugar en la calle, los altercados con ciertos clientes, con los vendedores de drogas, etc. Si los bailarines y los acompañantes parecen estar más protegidos, en realidad no saben qué pueda pasar cuando están solos, aislados con uno o varios clientes.

En lo que concierne a los riesgos frente a las ETS o al VIH, el panorama que se desprende de las entrevistas es tan tranquilizador como inquietante. Aunque muchos trabajadores sexuales parecen protegerse adecuadamente y ser quisquillosos en cuanto a la protección, otros están dispuestos a todo para conseguir el dinero necesario para el consumo de drogas. Corren riesgos adicionales cuando además son usuarios de drogas por vía intravenosa y se encuentran en abstinencia. Ciertos jóvenes de la "pertenencia" se enfrentan a riesgos adicionales cuando se encuentran bajo el efecto de drogas y alcohol (algo que forma parte de su modo de vida), lo que pone a prueba su capacidad de vigilancia. Los muchachos del "sobresueldo" parecen tanto más prudentes y organizados sobre este asunto, cuanto más quieren que su trabajo sexual, ocasional, tenga el menor efecto sobre su vida privada, de pareja o familiar. "No vas a arriesgar la vida sólo por unas decenas de dólares extras", nos han dicho muchos jóvenes, independientemente del tipo de trabajo sexual que realicen. Finalmente, podemos decir que los adeptos de "la liberación" parecen correr más riesgos en su vida privada que en la profesional, aunque las dos coinciden a veces, de tal manera que ponen en peligro los reflejos de protección que han desarrollado con los clientes.

 

¿CÓMO CONCLUIR?

Este informe presenta sólo una parte de nuestro estudio y de los análisis que se han desprendido, no obstante, podemos concluir que el trabajo sexual en los hombres jóvenes no es un fenómeno unitario, sino asaz plural. Las motivaciones, las maneras de entender y los escenarios de vida de los hombres jóvenes interrogados difieren a tal punto que hemos llegado a agruparlos en perfiles muy diferentes: entre el joven toxicómano que ejerce el oficio para satisfacer su necesidad apremiante de drogas y el que se prostituye por un sentimiento de liberación personal, hay una gran distancia. Tanta como la diferencia que existe entre el hombre joven que practica este oficio 68 4 clandestinamente con el fin de completar su ingreso familiar a fin de mes y el que, a falta de algo mejor, ha hecho precisamente de la prostitución su familia.

En resumen, tanto la visión "decadentista" del trabajo sexual como aquella que lo considera "un oficio como cualquier otro" encuentran en nuestro estudio datos que las apoyan y que las refutan. La razón es simple: no hay una prostitución y todavía menos, una sola manera de iniciar, de encarar o de practicar el trabajo sexual, sino varias maneras.

Aunque nuestra investigación se enfrentó con dificultades de muestreo que trajeron como consecuencia un límite sobre nuestra visión de conjunto del fenómeno estudiado, hemos hecho notar que los trabajadores sexuales de calle son los más fácil de contactar y quienes están más dispuestos a responder a nuestras preguntas: los 20 dólares de compensación que les dábamos representaban, más o menos, la cantidad que podían perder al darnos una hora o un poco más de su tiempo. La situación era diferente con los bailarines nudistas, habituados a ganancias mayores, y más aún con los acompañantes. No es mera casualidad que el número de prostitutos "de calle" y de jóvenes de "la deriva" sea tan elevado en este estudio: su disponibilidad y su motivación eran mayores. Sin duda, habríamos tenido un panorama más completo si hubiéramos podido tener acceso a otros tipos de prostitución. Ése será el reto de aquellos y aquellas que continúen explorando este territorio que, por nuestra parte, hemos querido analizar con los medios, el tiempo y las posibilidades a nuestro alcance.

¿Cómo no señalar, finalmente, qué tanto hemos aprendido escuchando y analizando los relatos de estos trabajadores sexuales? Si nuestro trabajo lograra desaparecer algunos tabúes, estereotipos y prejuicios, de los cuales se quejan tan a menudo nuestros entrevistados, nos sentiríamos de lo más satisfechos. Es que el oficio que algunos todavía llaman "el más viejo del mundo" no es por fuerza el mejor comprendido, sobre todo cuando son los hombres los que lo llevan a cabo.

 

Bibliografía

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Notas

* Con la colaboración, en la investigación, de Simon Lajeneusse y Ginnete Paré. Traducción: Guillermo Núñez Noriega.

1 El concepto mismo de "trabajo sexual" es controvertido; ciertas autoras feministas, en particular, ven en este concepto una manera de banalizar la prostitución. En este ensayo no entraremos en este debate. Véase Y. Geada, La prostitution, un métier comme un autre?, VLB, Montreal, 2003. Vale agregar, sin embargo, que nuestros entrevistados preferían generalmente la expresión "trabajador sexual" que la de "prostituto".

2 "Salud de Canadá" es el ministerio de salud del gobierno de Canadá. (T.).

3 He optado por usar indistintamente los términos "bailarines nudistas" o "strippers". (T.)

4 Trabajador de la calle o travailleur de rue es un oficio con gran presencia en Quebec y en otras sociedades desarrolladas que cuentan con un amplio sistema de seguridad y asistencia social. Normalmente ejercido por trabajadores(as) sociales adscritos a dependencias de gobierno u organizaciones civiles, este oficio consiste en llevar a cabo acciones en favor de las personas más desprotegidas que viven en situación de calle: jóvenes o personas sin hogar, trabajadores sexuales, toxicómanos, entre otros. (T.)

5 "Proyecto para la intervención en materia de prostitución en la provincia de Quebec". (T.)

6 M. Dorais, Travailleurs du sexe, VLB, Montreal / Les Cowboys de la nuit, H & O, Montblanc, 2003.

7 Para más detalles sobre este tema, véase K. Charmaz, "Grounded Theory", en N. K. Denzin y Y. S. Lincoln, Handbook of Qualitative Research, Sage, Thousand Oaks, 2000; B. G. Glaser y A. Strauss, The Discovery of Grounded Theory, Aldine, Nueva York, 1967; A. Strauss y J. Corbin, Basics in Qualitative Research, Sage, Newbury Park, 1990;B. A. Turner, "Some Practical Aspects of Qualitative Data Analysis", Quality and Quantity, núm. 15, Amsterdam, 1981.

8 A mayo del 2004 equivalen a 2 300 pesos mexicanos, aproximadamente. (T.)

9 Ser "pro-activo" en relación a la protección significa realizar acciones concretas, de manera consciente, para prevenir la infección. (T.)

10 El papel de "esclavo sexual" es un papel existente en el ambiente leather o sadomasoquista, con cierta visibilidad en las grandes ciudades de los países desarrollados con una amplia comunidad gay, como Montreal, San Francisco, entre otros. No es sinónimo de "papel pasivo", aunque lo pueda incluir.

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