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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.15-16 México  2004

 

Saberes y razones

 

De acomplejado a arrollador. Semiótica de la masculinidad*

 

Juan Carlos Ramírez Rodríguez

 

Programa Interdisciplinario de Estudios de Género (PIEGE). Departamento de Estudios Regionales-INESER. Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas. Universidad de Guadalajara.

 

Resumen

La masculinidad es una construcción social del sujeto varón en constante transformación. Lo que se pone en juego en tal construcción son las premisas simbólicas que sustentan la práctica social, las relaciones que establece el sujeto consigo mismo y con otros sujetos individuales y colectivos. Este proceso estructurado socialmente también se ve modelado por la acción del sujeto individual. Con el propósito de mostrar el devenir de la construcción de la masculinidad, el autor utiliza un acercamiento interdisciplinario que involucra a la etnografía, la sociosemiótica y la perspectiva de género. Se presenta el análisis del discurso a partir de la autorrepresentación que un varón hace sobre sí mismo y de las relaciones sociales que establece en su entorno familiar y social más amplio. Múltiples actores participan e influyen, en distinto grado, en la forma como se va configurando la masculinidad del sujeto. Éste hace un balance de las diferentes opciones que se le presentan en su contexto sociocultural. Adopta y adapta una forma de construirse como sujeto de masculinidad, aquella que considera la más apropiada por el reconocimiento social que puede lograr. El universo simbólico sobre el género, en particular sobre la masculinidad, es apropiado por el varón y así fundamenta su práctica social.

 

Abstract

Masculinity is a social construction of the male subject in constant transformation. What is at stake in this construction is the symbolic premises that support the social practice, the relationships established by the subject with himself and with other individual and collective actors. This socially structured process is also modified by the actions of the individual subject. With the aim of showing how the construction of masculinity comes into being, the author uses an interdisciplinary approach that includes ethnography, socio-semiotics and the gender perspective. An analysis of the discourse is presented from the self-representation of a male and the social relationships he establishes with his family and wider social spheres. Multiple actors participate and have an impact on —to different degrees— the way in which the subject's masculinity is formed. He makes a balance of the different options presented in his socio-cultural context. He adopts and adapts a way of constructing himself as a masculine subject, the one he believes is the most adequate for the social recognition that could be achieved. Man appropriates the symbolic universe about gender, especially concerning masculinity, and thus establishes his social practice.

 

El propósito de este trabajo es explorar la construcción simbólica de la masculinidad, la que entiendo como un proceso de búsqueda permanente y reafirmación constante de asimetrías y alternativas de cambio en las relaciones entre los géneros e intragenéricamente. Promover y mantenerlas o romper con ellas es parte de un proceso que está estructurado socialmente. La participación de los sujetos en este proceso de relaciones asimétricas se da tanto de forma consciente como inconsciente. Es un enfrentamiento de visiones del mundo y un espacio de prácticas sociales; es la construcción de un universo simbólico en constante cambio. Los significados que sobre el significante se construyen se modifican con el tiempo. El universo de significantes encierra el mundo material y las relaciones sociales. En ese sentido, el cuerpo es una instancia primaria de significación que no se limita a la estructura física y biológica, sino que abarca lo que representa y lo que es posible hacer con él. También tiene implicaciones psíquicas que el sujeto pone en juego para mantener una relación creativa con su contexto sociocultural.

El abanico de posibilidades simbólicas da cuenta de la multiplicidad de perspectivas en torno a los objetos. El varón como objeto de significación también tiene diversidad de interpretaciones. La que en este trabajo he ido recuperando es la del sujeto varón, sobre sí mismo y sobre las relaciones sociales que establece en sus distintos ámbitos de acción cotidiana. La significación que él tiene de sí mismo como sujeto de masculinidad sufre transformaciones a lo largo del ciclo vital, que son producto de la influencia de otros sujetos individuales o colectivos. ¿Cuáles son los sujetos que influyen en la transformación de la masculinidad a la que aspira el varón? ¿Qué papel tienen en la transformación de la masculinidad los sujetos con quienes establece vínculos sociales un varón en particular? ¿Cómo logra conciliar las diferentes perspectivas que interpretan el mismo fenómeno social, esto es, la masculinidad? ¿Cómo se adopta la violencia como una forma relacional socialmente legítima y deseable de expresión de la masculinidad?

A fin de dar respuesta a estas preguntas, empleo algunos planteamientos provenientes de la sociosemiótica, la etnografía y de los estudios de género; en este sentido podría considerarse como una perspectiva interdisciplinaria. La información proviene de una investigación que llevé a cabo entre varones residentes de la colonia Constitución (la Consti), ubicada en la zona metropolitana de Guadalajara, México (Ramírez Rodríguez, 2003). La Consti es un asentamiento popular surgido en la década de 1960, producto de la migración rural-urbana y de una creciente población urbana con necesidad de vivienda. De su población económicamente activa una proporción es obrera, otra es empleada en los servicios y de manera creciente también comprende trabajadores por cuenta propia con oficios diversos. Es una colonia con una intensa organización social y comercial. Cuenta con servicios educativos, de salud, áreas recreativas y culturales. Como dicen: "puede uno vivir aquí sin salir porque hay de todo".

En las siguientes secciones expreso los recursos teórico-metodológicos utilizados, el corpus discursivo sobre el que centro el análisis, la aplicación de los modelos y cierro con un apartado de notas finales a manera de conclusión.

 

APUNTES ACERCA DEL MÉTODO

Existen distintas opciones en las ciencias sociales para afrontar problemas como el que me ocupa. Aquí recurro al análisis del discurso como un recurso metódico. De manera breve, presento algunos elementos conceptuales de la semiótica greimasiana a partir de dos modelos: uno permite la identificación de cada actor que interviene en el proceso; otro da cuenta del sentido, del significado contenido en la narrativa que se analiza, en este caso la masculinidad. La semiótica permite identificar el juego simbólico que los sujetos establecen con los objetos y la forma de apropiarse de ellos (Blanco y Bueno, 1983;Greimas, 1993)1 en contextos socioculturales particulares. En otras palabras, la semiótica proporciona los elementos conceptuales y metodológicos para dar cuenta de la producción y circulación de discursos sobre un objeto particular de significación (en este caso es el varón), lo que se denomina como género y, de modo más específico masculinidad, que tiene un carácter social.

 

El elemento semiótico para lo simbólico

Existe un isomorfismo entre el plano de la expresión del discurso, referido al ámbito lingüístico fonológico, y el del contenido, que es el semántico, del que se ocupa la semiótica. El contenido sólo puede ser comprendido si se considera la estructura inmanente y trascendente del sentido del discurso. Ello refiere, por una parte, al sentido que el discurso tiene en sí mismo (inmanencia) y, por otra, a las condiciones contextuales (trascendencia), socioculturales, en las que es producido el discurso por el sujeto. Esto quiere decir que todo objeto del cual se elabora un discurso está socialmente comprometido (Blanco y Bueno, 1983).

En el plano del contenido se puede trabajar el nivel superficial y el profundo. La narración sólo accede al nivel superficial del texto, en el que se muestran las transformaciones aparentes que se identifican por medio del modelo actancial. Los componentes del modelo se muestran en el esquema 1 (p. 36).

El elemento central del modelo es la relación que el "sujeto" del discurso establece con el "objeto" de deseo, lo que se puede identificar como "eje 1", que es el del deseo (por ejemplo: sujeto = varón; objeto = un atributo masculino). Por medio del modelo se pueden identificar las transformaciones que afectan la relación sujeto-objeto, a lo que se denomina como programa narrativo. Éste va mostrando el estado al que accede el sujeto (S) con relación al objeto (O). Puede estar en un estado de conjunción (S A O) o de disyunción (S V O) con el objeto de deseo y modificarse en una u otra dirección. Las posibilidades de conjunción están dadas por un proceso de apropiación o atribución. Las relativas a la disyunción, mediante un proceso de renuncia o desposesión.

Un segundo eje es el constituido por el destinador-destinatario (eje 2). El destinador es un rol ejecutado por un actante que provee el objeto de deseo. El destinatario es el rol actancial ejercido por un actante que recibe el objeto de deseo. Este eje denominado de la "comunicación" supone el canal a través del cual se dota al destinatario del objeto de deseo.

El tercer eje es el de ayudante-oponente (eje 3). El rol ejercido por uno u otro posicionan al actante como aliado o enemigo del sujeto en la consecución del objeto de deseo.

El proceso que emprende el sujeto está alentado por la existencia de un objeto que es presentado por el destinador y tiene como depositario un destinatario. Las transformaciones de estado del sujeto operan en la medida en que participan ayudantes y oponentes. El proceso es matizado por modalidades que implican una acción; éstas son: saber, poder, querer, deber. Las dos primeras son actualizantes (refieren competencia) y las segundas, virtualizantes (motivación). Estas modalidades operan en la modificación de estado del sujeto. Un ejemplo es el siguiente: un sujeto disyunto del objeto de deseo saber pelear (S V O saber pelear) puede transformarse mediante un proceso determinado (en el que se pueden identificar roles de destinador y destinatario; roles de actante ayudante y oponente) en un sujeto conjunto del objeto del deseo saber pelear (S A O saber pelear). Así, se coloca como sujeto instaurado mediante una modalidad actualizante (saber-hacer).

El modelo actancial da cuenta de las transformaciones que sufre el sujeto semiótico con relación al objeto. Identifica la participación de los actantes que ejecutan distintos roles actanciales.

A diferencia del modelo actancial, el cuadrado semiótico da cuenta del nivel profundo del discurso. Esto es, el sentido, el significado que no se muestra de forma aparente, sino que tiene que ser construido a partir de las estructuras semánticas de los "términos-objeto" (lexemas) contenidos en el discurso, que permiten identificar los semas (unidades mínimas de sentido).

Una representación didáctica del cuadrado semiótico es presentada por Blanco y Bueno (1983: 53). Si se aplica a las representaciones de género, éste se expresaría como aparece en el esquema 2 (p. 36).

Este esquema muestra la estructura básica del cuadrado semiótico. Identifica, por una parte, los semas en juego (s1,s2,s2, s1') y, por otra, la articulación entre ellos por medio de tres tipos denominados como "relación de contrariedad", "relación de contradicción" y "relación de implicación". Una posibilidad de utilización del mismo sería a partir del término-objeto (lexema) "hombre de verdad". Este lexema identifica el sema /masculino/ que está en oposición al sema /femenino/; entre esos dos semas se mantiene una relación de contrariedad. Éste es el eje sémico básico porque identifica la oposición entre semas. A la vez el sema /masculino/ mantiene una relación de contradicción con lo identificado como /no masculino/ que no necesariamente corresponde a lo femenino. A su vez, el sema /femenino/ mantiene una relación de contradicción con lo /no femenino/. Entre el sema /masculino/ y el /no femenino/ se mantiene una relación de implicación, esto es, aquello que se identifica como /no femenino/ implica lo /masculino/. A partir de la identificación de cualquiera de los semas se puede construir el cuadrado semiótico; en otras palabras, es posible identificar lo que en el discurso no está expresado, lo que se da por supuesto y que forma parte del mismo campo semántico.

Así, los cuatro semas que son el sentido profundo de "hombre de verdad", están articulados estructuralmente por tres tipos de relaciones: de contrariedad, de contradicción y de implicación. De manera breve, éstos serían los elementos estructurales del modelo. Una descripción y explicación más amplia y detallada se encuentra en Blanco y Bueno (1983) y Greimas (1989; 1995). Para las aplicaciones del modelo tanto actancial como del cuadrado semiótico se puede consultar a Greimas (1993), Blanco y Bueno (1983), Landowski (1993) y Reguillo (1991).

 

El elemento etnográfico para la otredad

El trabajo etnográfico (Hammersley y Atkinson, 1994; Thomas, 1993) me proporcionó la información requerida para elaborar el discurso del análisis semiótico. He seleccionado una entrevista de un conjunto de 22 posibles, que tenían como objetivo identificar la violencia masculina contra la pareja.2 Si bien éstas en su conjunto tuvieron como característica central la reflexión, algunas de ellas alcanzaron mayor profundidad. La entrevista seleccionada tiene particularidades y una potencia singular para ser sometida a un análisis semiótico como el anotado. Muchos elementos influyen en la construcción discursiva: la disposición para llevar a cabo la reflexión y tratar temas conflictivos o los que no se han abordado abiertamente y que requieren un esfuerzo de introspección. La conflictividad puede estar asociada a las experiencias vividas; la honestidad con que se afrontan durante la entrevista; el tiempo dispuesto por ego para la entrevista; el lugar; el nivel de intimidad alcanzado; y la secuencia y periodicidad de las entrevistas.

La información que se ofrece para el análisis se obtuvo en una serie de tres entrevistas con ego. Las dos primeras tuvieron una duración aproximada de una hora y media cada una y la tercera alrededor de cuatro horas. Las sesiones se llevaron a cabo en tres meses. Durante ese periodo ego se encontraba en un momento de cambio laboral, disminución de ingresos y revaloración de su relación de pareja y familiar. Estas circunstancias contribuyeron a que en varias ocasiones las sesiones acordadas no se efectuaran. Ego no llegaba, lo que me creaba incertidumbre por considerar que existía un trasfondo de rechazo a la entrevista. Con cierta frecuencia lo veía en reuniones con amigos mutuos, en las que le reiteraba la invitación a continuar.

La disposición de ego no bastó para obtener información; otros elementos fueron: su capacidad para expresar ideas y su esfuerzo reflexivo, el pensar en preguntas que nunca antes se había planteado y el caer en situaciones contradictorias y buscarles solución, en otras palabras, construir un discurso que le implicó un proceso dialógico consigo mismo: ego se miraba a la distancia de los años y se pensaba a sí mismo. Este proceso de reflexión podría considerarse una autoetnografía, concepto utilizado por Pratt (1997) para referir el autorreconocimiento, la autorrepresentación ante el otro. Pratt lo utiliza para mostrar cómo los colonizados elaboraron formas de autorrepresentación ante la representación que los imperialistas europeos hacían de la otredad, del mundo americano y asiático. El concepto de autoetnografía es aplicable también a nuestro caso, puesto que los varones tienen un modo de elaborarse a sí mismos como objeto de interpretación, de presentarse ante el otro, el etnógrafo, quien a su vez hace una interpretación de los mismos varones.

La conducción de la entrevista también influyó en la profundidad de la información; tener una guía facilitó la identificación de temas y permitió también la flexibilidad para incorporar otros no previstos, que eran relevantes para ego, y a partir de ello entretejer en conjunto su historia: identificar tiempos, secuencias, desenlaces, plantearse escenarios hipotéticos, solventar problemas no vividos y expectativas.

La selección de la entrevista también obedeció a la diversidad de situaciones límite que ego ha experimentado a lo largo de su vida y que lo obligaron a definir rumbos en sus relaciones sociales. En este caso particular me referiré a aquellas que se presentaron durante la adolescencia y en la juventud.

 

DEVENIR DE CIERTA MASCULINIDAD: UN CASO PARADIGMÁTICO

La biografía

Ego, de 31 años de edad, es el hermano menor de seis varones y dos mujeres. Sus padres son originarios de Zacatecas y se avecindaron desde hace más de treinta años en la Consti, donde él ha residido casi toda su vida. Los escasos años en que no vivió en la colonia mantuvo vínculos muy estrechos con sus amigos y familiares; por eso se podría decir que siempre ha vivido ahí. Acudió a la escuela primaria y secundaria de la Consti; luego estudió una carrera técnica en refrigeración en unos cuantos meses en un centro de capacitación industrial (Cecati). A los 14 años hizo trámites para estudiar la preparatoria en la Universidad de Guadalajara, pero no fue admitido y para no estar "rebotando" mientras volvía a intentar ingresar, decidió emplearse por un tiempo.

Trabajó como técnico en refrigeración y luego como empleado temporal en el Ayuntamiento de Zapopan; ahí supo lo que era traer dinero en la bolsa. Cuando llegó el tiempo de iniciar los trámites para continuar estudiando, ya no quiso. El dinero lo enganchó, lo sedujo de tal modo que aun el ofrecimiento de su padre de pagarle incluso una carrera si él así lo quería, no lo hicieron regresar. Después tuvo diversidad de empleos: peón en la construcción, ayudante de carpintero y obrero en varias empresas (fibra de vidrio, calzado, embotelladora). Una vez que empezó a trabajar, su padre dejó de darle dinero para gastar; se terminaron los "domingos". Lo que ganaba ego era para él; si quería daba a la casa. No era una responsabilidad. Él se compraba su ropa y solventaba sus gastos. Alrededor de los veinte años de edad entró a trabajar a un taller de mofles, cerca de la Consti. Duró cinco años y aprendió el oficio; llegó a ser el maestro del taller. También aprendió a manejar, lo que fue importante en sus futuros empleos. En ese tiempo se casó y tuvo a su primera hija. El dueño del taller le ofreció un cuartito para vivir y ahí duró un tiempo.

El taller de mofles, que tenía un futuro promisorio, fue perdiendo clientela, porque tanto el dueño como ego empezaron a beber y descuidaron el negocio. Cuando su hija nació, fue evidente la necesidad de contar con servicios médicos y buscó un empleo que le ofreciera prestaciones; trabajó seis meses en una planta de acumuladores para automóviles, pero los bajos ingresos lo orillaron a buscar otro empleo; entonces ingresó a una de las corporaciones policiacas del estado, donde duró seis años. Fue una época de estabilidad económica y el propio ego asegura que ganaba más o menos bien, siempre traía dinero y se cambió a vivir a una casa que su padre le prestó en una colonia al oriente de la ciudad; después regresó a vivir a la Consti y de ahí ya no se ha movido.

Cuando fue policía nació su segunda hija. El trabajo monótono, con jornadas largas (24 horas de trabajo por 24 de descanso) mellaron su estado general, siempre andaba con sueño, de mal humor en la casa, "cualquier ruidito me molestaba". Un día, durante una temporada invernal, cuando se arreglaba el uniforme para irse al trabajo sin ganas de ir, se lo dijo a su esposa como un comentario intrascendente y ella le respondió: "Ya no vayas, busca otro trabajo". Esa respuesta lo hizo decidirse a dejar la policía. Ese mismo día ya no se presentó a la comandancia y buscó un empleo en la sección de aviso de ocasión del periódico El Informador; encontró trabajo como chofer en la empresa Nopasa del ramo de impermeabilizantes.

En esa empresa recorrió diferentes puestos: de chofer a almacenista, de control de inventarios a auxiliar administrativo. Llegó a ser el empleado mejor pagado de la empresa, incluso más que su jefa, responsable de contabilidad. Los conocimientos que adquirió en el taller de mofles (manejar) y de la ciudad cuando fue policía, sumados a su responsabilidad, dedicación al trabajo y lealtad hacia la empresa, le sirvieron para ganarse la estima de los dueños. Cuando trabajaba ahí nació su tercera hija, la última que tendrá con su esposa, quien decidió hacerse la salpingoclasia por motivos de salud.

En esa etapa se involucró sentimentalmente con una compañera de trabajo y mantuvo una relación durante un tiempo. Renunció al empleo para evitarse problemas con ella. Él no mencionó a los dueños el motivo y antepuso otros de carácter personal. En esta ocasión, encontrar empleo fue más complicado. Trabajó en varias empresas a las que asistió por varios días, pero no consiguió acomodarse. En ninguna le pagaban el sueldo que tenía. En el tiempo que entrevisté a ego hacía trámites para ingresar de nuevo a un cuerpo policiaco en la zona metropolitana de Guadalajara. Lo aceptaron, pero los dueños de Nopasa lo buscaron y le ofrecieron mejores condiciones de trabajo (sueldo y prestaciones); finalmente, ego volvió a esta empresa, y se mantiene distanciado de la mujer con la que había mantenido una relación. Así pues, ha reanudado una actividad laboral que le agrada.

Cuando era todavía un niño lo cautivaba el ejército. Desde los 11 o 12 años de edad formó parte de grupos paramilitares como el Pentatlón y Amigos del Ejército. Después que se casó, poco a poco fue dejando de participar hasta que abandonó la agrupación. En su adolescencia fue líder de la banda en su barrio; era reconocido en la colonia como tal.

Existen varias etapas en la vida de ego que han impactado su percepción sobre la masculinidad y la forma como él la ha ido configurando. He elegido algunos aspectos que considero clave para comprender cómo ego construye su masculinidad, como una muestra de lo que a muchos varones les acontece en torno a su identidad de género, lo que se asocia a la violencia que ejercen contra las mujeres, contra otros varones y contra sí mismos; esto ha sido denominado como la tríada de la violencia masculina (Kaufman, 1987). Insisto, género-masculinidad hay que verlo como un proceso relacional.

 

CONSTRUYENDO UN UNIVERSO SIMBÓLICO MASCULINO

La autorrepresentación

Entre los 12 y los 24 años de edad, ego participó en diferentes agrupaciones paramilitares. La relación social que mantuvo con sus distintos grupos de pares impactaron sensiblemente su práctica cotidiana. Mientras fuma un cigarro tras otro y bebemos un refresco en mi casa se expresa:

EGO: Yo al ejército le tenía un aprecio, un respeto por las armas, por todo eso ¿no? [...] me gustaba el uniforme, como andaban, ¿edá? Entonces desde chico empecé en Amigos del Ejército. Los veía, parecían, se me hacían como soldaditos pero en "chirris" [ja], ¿edá?, porque traían su pantalón camuflajeado y su camisa aquí y acá, ¿edá? 'Tonces me metí ahí y no costaba nada. Pos nomás iba a entrenar, por ahí te apuntaban [.]. Me formé un criterio que después se me quitó. Yo sentía disciplina en la casa, ordenado, me levantaba y salía a campamentos donde nos quedábamos en el campo. Nos hacían doblar, te levantabas y bien dobladito y de alguna manera tenía su doblez [la cobija y la sábana], ¿edá? Entonces, yo veía en las películas de acá del ejército que tendían su cama y dobladita así, no hasta arriba si no que a medio. Me empecé a hacer, como se dice, nacionalista, patriota, ver por mi patria y todo ese rollo, al grado de que empecé a comprar "casets" de, más bien los conseguía, de música del Colegio del Aire y todo ese tipo de música, el Himno Nacional y me dormía en la noche, por ahí ponía el "caset", se me hacía tan bien. 'Tonces me iba a los desfiles del 16 de septiembre y hay veces que ¡me daban ganas hasta de morir pues por algo! Yo siempre tuve en la mente y lo comentaba, que nunca iba a morir a manos de un cholo, de una persona, sino que iba a morir defendiendo algo, algún ideal. Ya [en] el transcurso del tiempo, incluso las modas a mí nunca me llamaban la atención. ¡No era la excepción!, lógico, pero eso me ayudó. En Amigos del Ejército nos mencionaban pos de no tatuarnos ni la chingada. No aretes y somos hombres y la chingada, ¿edá? Traía el pelo corto, ahí no podía usar arete, no podía usar nada de eso. Se nos enseñó hasta el caminar. Nunca me pinté ni me tatué, ¿verdá? Oía música, y no oía en inglés. Sí oía de aquí, de chico me gustaba, ¿cómo se llama?, el Jorge Negrete, ¿edá?, y sobre todo la canción ésa que dice: [cantando] "Yo soy mexicano". Todo ese tipo, ¿edá?

JC: Tus amigos del barrio, ¿eran muy distintos a ti?

EGO: Sí eran distintos, lógico, ¿verdá? Había otros cuates que traían el pelo largo y con su colilla. Al salir de la casa siempre estaba una bolita en la esquina. No podía hacerlos cambiar, ¿no? Entonces de alguna manera yo sentía que tenía que hablarles y todo y q'íubole, íbamos a fiestas y todo eso. Pero de alguna manera yo sentía que me distinguía de esas personas, ¿edá? Incluso a mí siempre me gustaban los guamazos, ¿edá? Yo sentía que, de alguna manera, sentían un gran respeto hacia mí, ya sea por miedo, aunque después todo eso se perdió, pero sí duró mucho tiempo. En Amigos del Ejército me enseñaron valor y arrojo. Nos íbamos a Ixcatán. Había unas barrancas. Por ahí nos aventábamos y vamos ¡todo ese miedo! La preparación que nos daban, el correr. Hacíamos un círculo y nos daban un fajo, nomás a uno. Salíamos dos, y a ver, tú quítaselo y el otro dándote y dándote y me dolía, hasta que no lo abrazabas y lo tumbabas y pos ya, ¿edá? Luego nos agarrábamos a fregadazos, tratando de no pegarnos en la cara, ni en los bajos, y donde fuera hasta inmovilizar, ¿edá? 'Tonces todo ese tipo de terapias, se puede decir, ¿edá?, me hizo sentir un poco más de valor. Me creía con mayor habilidad para pelear, con el coraje de poder decirle a cualquier persona: tú y yo vente, ¿edá? Y vamos, no medir la estatura ni nada de eso. Entonces se presentaron varias ocasiones, era cuando llegaban de otro barrio así de que, venimos buscando a fulano de tal porque nos lo vamos a fregar, bueno en otras palabras, ¿edá? 'Tonces me empecé a destacar porque nunca me gustó que llegaran al barrio ¡a azorrillarnos! ¡Era también de las personas que tenía hasta su terreno medido! Y, ¿oye, ese cabrón qué onda? O iban a echar lío [baja la voz y apenas se escucha], ¿oye este cabrón de qué barrio es? No que es de acá, no pos a chingar [a su madre] [baja la voz y apenas se escucha]. Entonces me destaqué. Era sobresaliente en ese aspecto, ¿edá?, de que, le echaban bronca a otro y no a ver usted conmigo, ¿edá?, y ¡órale! Y, gracias a Dios, casi todas las veces salía ganando, ¿edá? Entonces fue cuando empecé a agarrar respeto, empezó a sonar un poco más mi nombre por ahí, ¿edá?

Al aludir nuevamente su participación en el grupo identifica otros aspectos:

EGO : Me gustaba Amigos del Ejército porque acá en el barrio donde me desenvolvía había mucha pinche raza de mi edad, pues cabrona y la chingada, ¿edá? Entonces, más que nada, yo me sentía acomplejado, en la forma de que todos mis hermanos3 yo oía que eran buenos pa' pelear ca' on, ¿edá? Entonces de ahí me fui agarrando, ¿no? Yo según para enseñarme y me empezaron a quitar el miedo. El miedo de que el hombre debe de ser ¡arrollador y la chingada! [Ahueca la voz para dar la impresión de que se dice con mucha firmeza.] A ver, aviéntese de aquí [en la barranca], y pos todo ese tipo de cosas. No me llenaba el pentatlón tanto y después con Amigos del Ejército me llené un poco más. Íbamos a invitaciones a las escuelas a hacer demostraciones. En los desfiles, entrábamos a mero atrás, donde están que el Penta, el Rescate Juvenil y que las Águilas Negras y tantas agrupaciones paramilitares. Entonces fuimos de los iniciadores del desfile. Los primeros en cuestión de agrupaciones paramilitares que les dieron permiso. Abríamos nosotros, cuando eran las agrupaciones, o sea, cuando ¡entraba el ejército por delante!, después policías, bomberos y Cruz Roja y la chingada, y seguían las agrupaciones paramilitares. Nosotros íbamos ahí, le seguían que el Penta y los demás grupos. ¡Que vamos a encabezar nosotros! Y nos sentíamos ahí los chingones.

También había patrones de comportamiento diferentes a los que ego encontraba en Amigos del Ejército y en el barrio. Uno de sus hermanos (que atiende la farmacia de una unidad médica) no era "pelionero" y tampoco sus hermanas. Había voces de disuasión: no pelees, no tomes, no..., a las que ego no atendía. Dice que su padre les marcó una disciplina, una hora en que tenían que estar en la casa.

EGO: [Mi papá] me decía que no fuera tan pelionero, ¿edá? Y pos yo le comentaba: "¡Pos ni modo que me deje, jefe! No, pero pos la cosa es de que yo veo que tú eres el que hasta le sales delante."
En una ocasión estábamos en la esquina. Entonces pasó por ahí un cuate de otro barrio ¿edá? y otro bato chifló. Mi papá iba pasando, ¿edá?, pero, como camina bien despacito, aunque estaba joven, pero era de los señores que, bien despacio, entonces alcanzó a ver todo. Se regresó el bato y éste:
-¿Quién hijos de la chingada chifló y qué?
Pero con un chiflido no de rayada de madres, sino de otro tipo, ¿edá?, y la primera persona que le salió fui yo.
-Yo, yo chiflé hijo de tu chingada madre.
Y empezamos. Y mi papá me estaba observando, yo no lo vi, él después me dijo, ¿edá?, que me estaba viendo pelear ahí, ¿edá?, y éste, vamos hasta que ya me dicen:
-¡No, ya estuvo, ya estuvo!
Entonces pos ya me acuerdo que lo paro de las greñas, sópele, pues a chingarle, y todavía le [...] y fue cuando se metió:
-Óyeme no -dice mi jefe-, no pos si ya te dice que ya, para qué lo golpeas más.
A consecuencia de eso pues, de alguna manera fue metiéndose, dándose más cuenta de cómo era yo. 'Tonces, siempre me decía:
-Yo no digo que no te peliés, ¿edá? Peléate, pero cuando sea necesario, cuando te veas agredido, cuando tu integridad física esté en peligro, pero nomás por nomás, por defender a otras personas, yo creo que no está bien, te vayan a dar un mal golpe o algo y todo, ¿para qué? Nomás por defender a otros, no.
-Jefe, es que son mis amigos y qué.
-No, no.
Y total de decirme que pos no había amigos, ¿edá? Entonces sí, sí se enteró mi papá.

JC: ¿Y tu mamá?

EGO: Mi mamá fue de las preocupadas siempre, ¿edá? Sobre todo los fines de semana, que era cuando más relajo se hacía y la chingada. Yo salía por ahí, a veces que llegaba rasgado de la camisa, a veces que cicatrices aquí y acá [se señala con un dedo la cara y un brazo]. A veces que traía el ojo hinchado y me decía:
- 'Ira nomás m'ijo, y ya no te peliés y ya no te juntes y...
Ya después llegaba el momento en que me sentía con mis años, 18, 20 años que me salía y llegaba a las doce, una de la mañana y mi jefa, mi mamá por ahí sentada, esperándome:
-Ay m'ijo qué bueno que ya veniste, ya duérmete, ¿edá? Y cuando llegaba así medio golpeadón o que llegaba con sangre:
-Mira nomás, te.
-No, es que éste fue del otro.
-[Baja la voz y apenas se escucha] No, ya no te peliés.

La novia de ego vivía a unas cuadras de su casa. Su fama de peleonero también la conocía su futura suegra (a quien él temía porque era regañona). Cuando fue a pedir permiso para noviar, ésta le dijo que no quería problemas. Ego prometió portarse bien, pero con el tiempo iba "cuete" a "echar lío". También llegaban sus amigos para que les hiciera un "paro" en las broncas. A causa de la bebida, su novia le dijo que en ese estado mejor no fuera. Al tiempo, la muchacha lo buscó y ego puso sus condiciones: él iría en el estado que quisiera y se iría cuando quisiera. Ella aceptó y trataba, según ego, de darle consejos: "Ya no tomes", "Ya no te pelees". Ya casado, en la última agrupación paramilitar en la que participó, formaba parte de un "grupo élite". Probaron su capacidad enfrentándolo a pandillas de alta "reputación", las de "Santa Mago". Ego, en esa incursión, era quien abría en el grupo.

EGO: [Cuando nació mi primera hija] pos ya le empecé a agarrar más cariño y quería estar con ella y poco a poco, a veces que me iba a salir y ándale que te vaya bien, y pos de hecho, pos lloraba la niña por casualidad, pos estaba bien chiquilla, ¿edá?, y se me hacía doloroso [aspira por los dientes echando una fumada] dejarla llorando. Según yo, ¿sabes qué m'ija?, mejor aquí me quedo ahí con ella. Luego me bañaba, me ponía un "chor" y la agarraba y la acostaba aquí en la panza y se quedaba bien dormida, entonces empecé a inclinarme un poco más a estar con mi familia.

 

La lectura simbólica

El programa narrativo general muestra una etapa inicial donde ego se encuentra disyunto del objeto ser hombre, que se caracteriza por la disciplina, el orden, el respeto y también una apariencia específica. La transformación que sufre está influida fundamentalmente por los grupos paramilitares en los que participa por espacio de doce años. El estado narrativo final muestra a ego como conjunto del objeto figurativo "ser hombre".

 

La adquisición de la competencia:

La posición de partida que muestra ego = S1 es de un sujeto carente de la habilidad de pelear y del respeto que encierra la membresía a una institución, "el ejército":

El encuentro con Amigos del Ejército coloca a S1 como sujeto en búsqueda del objeto "saber pelear" y del objeto "respeto", a los que logra acceder por influjo del actante Amigos del Ejército:

La motivación que S1 encuentra en S2 (Amigos del Ejército) lo lleva a tomar conciencia de las carencias que tiene para posicionarse como sujeto de poder y entra en un proceso de transformación, de pruebas. Así, Amigos del Ejército (S2) influye en estas modificaciones de ego (S1), en el orden, la disciplina, la adquisición de un criterio:

Una vez que S2 instaura a ego como sujeto de poder, este último encuentra objetos inertes que le ayudan a adquirir una identidad nacionalista y patriota. Estos objetos (películas, música militar y vernácula, símbolos patrios) tienen una función como sujetos (S4) con una fuerza transformacional sobre ego (S1):

Una vez en posesión del sentimiento de identidad patriótico y nacionalista (lo que nunca se llega a definir), accede a un objeto de querer ofrecer su vida por un ideal, un algo que no llega a identificar en medio de la euforia. En cambio, sí logra ubicar a un actante oponente: "el cholo". También en otra parte del relato identifica al oponente como "raza de mi edad., cabrona". Incluso, los hermanos de ego tienen el mismo estatus. Este conjunto que encarna al oponente es poseedor del objeto poder pelear. Así, ego se encuentra en una posición disyunta:

Amigos del Ejército es el S2 que provee y habilita a S1 con las herramientas para enfrentar a sus oponentes S5:

No basta adquirir, desarrollar y fortalecer habilidades mediante pruebas constantes como lo presenta ego, sino que lo que se ha obtenido ha de corresponder con una imagen que debe ser exhibida. Por tanto, S2 (Amigos del Ejército) refuerza la imagen de hombre, el objeto hacer ser. Un objeto imaginario denominado "hombre", el sujeto de poder instaurado por las pruebas debe corresponder con un objeto saber ser hombre que con el influjo de S2 se materializa en una apariencia determinada, esto es, en un hacer ser. Con base en este esquema, ego se suma a Amigos del Ejército y S1 adquiere una conformación colectiva:

El conjunto de objetos que S1 (ego) visualizó como deseables, que obtuvo y que ejercita, lo coloca frente a su otredad, frente a aquellos con quienes no comparte ideales, pero con quienes tiene que convivir (S5), los del barrio, en una posición de reconocimiento y respeto, tal cual lo observaba en el ejército o en Amigos del Ejército:

Esta transformación coloca a S1 como sujeto de respeto por parte de S5:

Una vez colocado como sujeto de respeto frente a su otredad, hace su aparición otro sujeto colectivo: la sociedad (S6), que asiste como espectadora de los desfiles y también a las escuelas donde hacen demostraciones ego + Amigos del Ejército (S1), con los que se adquiere reconocimiento social. S1 ya no actúa solo, sino en conjunto con el grupo paramilitar del que forma parte:

Manifestar la primacía es fundamental. No sólo se trata de formar parte de los grupos similares (paramilitares) Penta, Rescate Juvenil, Águilas Negras, sino de una agrupación líder. El desfile les da oportunidad de mostrarse como tales, ya que aparecen en primer término del conjunto de agrupaciones paramilitares. El sujeto (S7) que les otorga esta posición no aparece, no es identificado por ego:

Colocado como sujeto instaurado, ego (S1) ocupa un lugar de primacía como parte del grupo, y además dentro del propio grupo es punta. Se prueban frente a aquellos identificados como "cholos", "raza", "pandillas de otros lugares", en este caso las de "Santa Mago" (S5). S1 formado ahora por ego y el "grupo élite" instituye a ego como operador principal de la incursión frente a S5:

El proceso de instauración de S1 como sujeto de poder/ saber hacer enfrenta a sujetos que juegan roles de oponentes. Entiendo como tales, en este caso, a quienes tratan de desalentar a ego (S1) a dejar sus actividades como peleonero. S8 agrupa al padre y a la madre de ego, a uno de sus hermanos y a sus hermanas, a la novia-esposa y a la suegra, y finalmente a la hija. De este conjunto, quien logra tener un impacto sobre ego es su hija. Ella vuelve a conjuntarlo con sentimientos de los que Amigos del Ejército lo había separado:

En el cuadro 1 (p. 45) se muestran los actores que intervienen en el primer programa narrativo de acuerdo con el modelo actancial. Se identifican los distintos roles temáticos que asume cada uno de los actantes. Cada actor tiene la posibilidad de sobrellevar distintos roles actanciales y diferentes roles temáticos. Las relaciones que ego va entretejiendo con los demás actores están orientadas a la construcción de la identidad de sí mismo.

La identificación de los roles temáticos orienta la búsqueda para analizar el sentido profundo del discurso. Para cada uno hay una o más "figuras sémicas" que forman un campo de significación particular, un campo semántico organizador del sentido. Los semas nucleares y dominantes que encontré para cada una de las figuras sémicas están relacionados con el rol temático que representa cada actor. Este conjunto de elementos se presentan en el cuadro 2 (pp. 47-49).

Ego, como sujeto virtual, aparece gobernado por el sema disminuido. Su entorno social lo mantiene retraído; carece de habilidades para compartir con varones de su edad y quizás otros mayores que él. Amigos del Ejército es la instancia que lo guía y en la que aprende que la identidad masculina es producto de la prueba, del logro, que tiene como resultado la dominación. Esta última es ante todo un proceso de conocimiento y control de sí mismo para después enfrentar a los demás y dominarlos. Disciplina, hombría y valentía son semas dominantes que muestran al actor ego como un sujeto instaurado, que ha logrado internalizar los principios rectores que lo guían continuamente. Lo llevan a enfrentar al oponente que está representado por la bolita de la esquina, los del otro barrio, el cholo, o todos aquellos que en algún momento los "azorrillaban", cuyo sema dominante es intimidar. Ego, como sujeto instaurado, los enfrenta y logra su reconocimiento. La otredad actualizada con el rol de oponente está regida por el sema dominante debilidad. Este conjunto de sujetos que actúan al oponente reconocen el liderazgo de ego, y lo colocan como sujeto de poder, gobernado por el sema del poder y de la jefatura.

Otros oponentes que aparecen con recurrencia ante el despliegue de las habilidades internalizadas por ego son sus familiares, quienes no logran impactar en ego y a quien consideran como abusivo y peleonero. Esto no modifica la práctica social con la que él ha logrado reconocimiento. Quien ha despertado sentimientos opuestos a los inspirados como sujeto masculino es su hija, la que ha logrado que aflore una faceta de la que él había mantenido distancia, dominada por el sema compasión.

El conjunto de semas dominantes puede organizarse como se ve en el esquema 3 (p. 50).

Dentro del mundo masculino, en el de los varones que se hacen a sí mismos, ego se presenta como un sujeto raro, que no se ha definido como varón. Requiere mostrarse ante sus pares con una identidad definida.

Del universo simbólico sobre lo masculino, ego puede optar al menos por tres posibilidades: mantenerse lo más posible al margen de la participación con sus pares y conservar una identidad rara, no definida; ingresar al mundo de lo masculino en una posición de inferioridad, de subordinación, donde hay que obedecer las disposiciones de otros e incluso ser cobarde, en síntesis, ser varón, pero débil, siempre a merced del otro; y entrar en un proceso de disciplina, formación del carácter, forjarse en la batalla, en la lucha constante, en la refriega por la subordinación de los propios sentimientos y emociones para lograr el temple, la integridad, la fuerza con que es posible enfrentar el desafío de la vida cotidiana, plagada de "raza... cabrona", de tipos que "azorrillan". Entre estas opciones, ego opta por la tercera y se forja a tal grado que puede mostrarse como un sujeto performativo junto a Amigos del Ejército. La superioridad es reconocida y tomada como modelo de masculinidad, modelo que es exhibido en actos públicos, en los que es aclamado y sin duda, motivo de orgullo. Ego, entonces, forma parte del grupo líder y, de entre los líderes, el que "abría en el grupo".

El recorrido semiótico realizado por ego parte de la "no debilidad"; parece identificarse como un sujeto raro. Pasa por un periodo de pruebas y logra situarse como un sujeto de poder. Como tal tiene que seguir mostrando su competencia y constantemente enfrenta a una diversidad de oponentes. A pesar de que el grupo de oponentes familiares insiste en que ego se observe a sí mismo como abusivo y peleonero, niega que el despliegue del ejercicio de poder esté gobernado por un campo semántico de "no poder", esto es, por la intimidación y el abuso. En todo caso, su identidad es la de un sujeto varón respetado, que ha ganado el reconocimiento de los demás. Por la relación que mantiene con su hija, al final parece volver al punto de partida (no debilidad), y se ubica como un sujeto compasivo.

 

NOTAS FINALES

Para concluir quiero hacer un señalamiento sobre el método y la configuración de la masculinidad.

La semiótica es un campo teórico y metodológico que da cuenta del mundo simbólico, del sentido que colectivamente se le asigna a las acciones, relaciones, objetos, en síntesis, al mundo que nos rodea. En el caso particular analizado, su uso ha favorecido la observación de la construcción que da sustento al discurso expuesto por ego, la (auto)etnografía, la autorrepresentación sobre el ser, las motivaciones del qué hacer, cómo hacer, para qué hacer. Lo que parecen acciones de carácter reactivo e individual (enfrentar, luchar, vencer), en realidad esconden una estrategia con un trasfondo socialmente aprendido y colectivamente armado.

La aplicación de lo socialmente aprendido no se traslada y se reproduce de manera íntegra en los distintos escenarios donde ego establece relaciones, sino que se matiza, se modela. Como nos hemos percatado, muchos elementos participan en distinto momento delineando las acciones de ego en el marco social de las relaciones que mantiene y va cambiando durante su vida. En este sentido, ego es un sujeto no sólo producto de su contexto sociocultural, sino que va transformando su entorno.

Lo valioso de recurrir al discurso es identificar su origen. Resulta claro que "el poder de las palabras reside en el hecho de que quien las pronuncia no lo hace a título personal, ya que sólo es 'portador': el portavoz autorizado sólo puede actuar por las palabras sobre otros agentes y, a través de su trabajo, sobre las cosas mismas, en la medida en que su palabra concentra el capital simbólico acumulado por el grupo que le ha otorgado ese mandato y de cuyo poder está investido" (Bourdieu, 1999: 69 ). La semiótica es entonces un recurso que favorece la identificación del sentido profundo de la investidura masculina y, como se observó, de las transformaciones que el propio sujeto investido sufre producto de su relación social.

Otro elemento de orden metodológico es la observación sobre los cambios de estado. Las transformaciones son producto de cambios acumulativos: una vez alcanzado un cambio de estado parecería no haber marcha atrás. Hay una recomposición de fuerzas. El fundamento de la relación social alcanza nuevas premisas sobre las que se estructuran arreglos sucesivos.

La masculinidad que se ha forjado ego será su armadura física y psíquica, pero ante todo, la estructura simbólica a partir de la cual mirará, se mostrará y enfrentará el mundo en su vida cotidiana. Ego se vive en un contexto de competencia, incluso dentro de su propia familia (hermanos que saben pelear), en los distintos grupos de pares con los que tuvo que convivir (barrio) y con aquellos que buscó (Amigos del Ejército). Del universo simbólico a su disposición ha seleccionado aquello que le proporciona seguridad, con lo que logra respeto, reconocimiento social, aunque no de todos. Los actores (oponentes) que llaman su atención, no logran disuadirlo a pesar de ofrecerle opciones alternas. Éstas no llegan a constituirse en un objeto de deseo para ego y son eliminadas porque sus significados no alcanzan a contrarrestar el peso valorativo que ego ha depositado en lo que para él constituye un ideal de masculinidad: valentía, hombría, disciplina, superioridad que, en conjunto, permiten acceder al liderazgo, a la dominación, al ejercicio de poder.

Desde esa perspectiva que le ha dado todo aquello por lo que ha luchado, establecerá sus futuras relaciones con quienes tendrá que pactar acuerdos, tomar decisiones, compartir anhelos e ilusiones. Si en su mundo simbólico sólo hay lugar para la competencia, la lucha abierta y frontal, es probable que enfrente dificultades para comprender procesos de acompañamiento, producto de la renuncia personal, donde no hay como motivación el reconocimiento social.

 

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Notas

* Este trabajo forma parte de un proyecto más extenso denominado "Género y violencia". Agradezco a la Fundación Carlos Chagas el apoyo financiero para la realización de esta investigación intitulada "Masculinidad y violencia doméstica" en el marco del III Programa de Treinamento e Pesquisa sobre Direitos Reprodutivos na América Latina e Caribe/ PRODIR. Asimismo, extiendo mi reconocimiento al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), a la Universidad de Guadalajara y al Programa de Doctorado del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS-Occidente. Hago patente mi deuda con Rossana Reguillo por su generosidad.

1 Resulta revelador la profundidad que el método proporciona para entender fenómenos sociales como las bandas juveniles (Reguillo, 1991); el análisis político y del derecho (Landowski, 1993); el análisis de desastres (Reguillo, 1996).

2 Al respecto puede consultarse a Ramírez Rodríguez (2003).

3 De los hermanos de ego, al mayor lo mataron en un asalto en los Estados Unidos, otros tres trabajan como policías y uno más atiende una farmacia.

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