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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.6 México  2001

 

Presentación

 

Para algunas tradiciones académicas el equilibrio mental, el arpegio de lo sagrado, significa ir por el camino de una moral judeocristiana que renuncia al placer amable y se dedica sólo a aquel que provoca sufrimiento, al anteponer los prejuicios personales a la realidad sociosexual de los grupos humanos y así dejar de lado y desconocer la problemática profunda de las relaciones humanas; se acepta de forma hipócrita a todos los seres humanos como "hermanos" y se los mide con el rasero de la doble moral. Se los condena abiertamente pero se los acepta dentro de los valores entendidos de que se abstengan de pronunciarse sobre su sexualidad, sus deseos, su placer. Desacatos hoy presenta otras posibilidades de acercamiento hacia temas que han sido tabú o ignorados por algunas escuelas y proscritos por muchas religiones. El interés es el de conocer a diferentes segmentos de la sociedad y que este conocimiento sea tomado en cuenta cuando de describir o articular el razonamiento sobre las sociedades y sus múltiples variables se trate.

Nadie puede negar que el siglo pasado fue uno de transformaciones y cuestionamientos sobre lo que se creía eran "verdades absolutas". Se cruzó el cielo y se voló por la estratosfera; se llegó a la Luna, se utilizó con osadía la radio, la televisión, los aviones y las computadoras; se crearon otras realidades virtuales, se concibió la vida en probeta, se clonaron animales vivos y se descubrió el mapa completo del ADN. Se desactivó la idea de que los grandes descubrimientos podían poseerlos sólo unos cuantos; por el contrario, para los últimos adelantos tecnológicos se buscan los mercados y se utilizan los medios de comunicación para estimular a los individuos a involucrarse con nuevas tecnologías; la idea es vender y vender mucho, el capital sigue su vertiginosa acumulación.

Si por un lado los países ricos han globalizado la economía, por el otro también se ha globalizado la pobreza, la pobreza de miras, y la miseria de humanismo parece acampar en la realidad virtual globalizada. El egoísmo miope prevalece. Se han globalizado la ciencia y sus metodologías y los humanistas en el mundo defienden los derechos humanos. Temas, normas, leyes y autoritarismo son constantemente cuestionados porque se busca "otro modo de ser humano y libre". Los globalifóbicos y sus manifestaciones contra las reuniones de globalización económica aparecen en todas las cadenas televisivas del mundo.

En contraste con esta globalización, uno de los constituyentes humanos —el verdadero motor de muchos aconteceres individuales y colectivos— sigue siendo la sexualidad. A pesar de ello, se sabe muy poco de sus dimensiones sociales y los movimientos que desencadena. Estigmatizada durante muchos siglos por las religiones que quieren ignorarla, la sexualidad no se ha limitado a sí misma; sus manifestaciones han sido secretas y permitidas bajo aquel lema de "quien calla otorga", o cuando se han hecho públicas y rompen con los esquemas tradicionales han sido castigadas ejemplarmente como sucedió en Inglaterra con el caso de Oscar Wilde.

En el campo de la sexualidad hubo en las últimas décadas del siglo XX una revolución. En los años setenta, libros como El nuevo desorden amoroso de Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut utilizaron la lógica y las fuentes documentales de la historia para cuestionar algunos de los planteamientos tradicionales y desenmascarar otros, cuestionaban la pertinencia de la revisión de los valores que la sociedad enseñaba sobre la sexualidad, la hipocresía y los dobles vínculos, como señaló Gregory Beatson.

Las ciencias sociales han recibido también un impacto rotundo en el tratamiento de estos temas, que las ha sacado de su seguridad. Gracias a Michel Foucault y a sus libros sobre la Historia de la sexualidad, muchos estudiosos han vuelto los ojos hacia sí mismos, hacia sus deseos y realidades, y se han dado cuenta de que no pueden separar esta subjetividad del objeto de estudio. Las ciencias sociales comprometen cada vez más a los sujetos en sus investigaciones. Otros de los grandes cuestionadores de la sexualidad y su poder han sido Bourdieu, Weeks y Giddens.

Sin pretender abarcar todos los aspectos de la sexualidad ni todos sus problemas, estamos presentando otra mirada, no sólo en cuanto a temas, sino también a nuevos enfoques sobre un sector de la población al que durante años sólo se le vio para estigmatizarlo o esconderlo: el mundo gay, la sexualidad de los jóvenes y el cortejo. La propuesta de un número sobre sexualidad y género la hizo Patricia Ponce, quien ha estado investigando el tema en Veracruz. Rompiendo esquemas y tabúes, abriendo nuevos caminos en la búsqueda de un conocimiento más amplio de diferentes segmentos de la sociedad, este número de Desacatos aborda el tema de las sexualidades.

Si bien la práctica de la sexualidad se ha vuelto un tema político para muchos, y se han organizado grupos de homosexuales, lesbianas, trasvestis, trabajadoras-trabajadores sexuales y transgenéricos para defender sus derechos, aún se les persigue, se les discrimina y asesina. Todos los seres humanos tienen derecho al placer y reconocerlo como natural es una tarea que las ciencias han emprendido desde hace años. No se puede olvidar a Freud; tampoco los estudios sobre la sexualidad humana de William Masters y Virginia Johnson, que en su momento rompieron la forma tradicional de ver diferentes prácticas sexuales que el padre del psicoanálisis había señalado pero que ellos investigaron en el laboratorio.

La sexualidad como práctica social o espiritual aceptada y la sexualidad categorizada como distinta y diferente divide a los seres humanos y los esquematiza. Porque la sexualidad no es unívoca para ningún ser pensante y la inteligencia, que también nos vuelve sensibles, nos aleja del ejercicio de la sexualidad exclusivamente para la procreación. Entre la idea abstracta de la sexualidad a la práctica del goce, del placer y la conciencia de ello hay una humanidad experimentada y practicante. El placer y el goce son recurrentemente humanos y nos integran con lo que somos en lo profundo; como dice Fernando Savater: "Gozar es decir sí con cuerpo y alma."

Y surgen muchas preguntas. ¿Es práctica social o personal la socialización de la práctica sexual? ¿Hasta dónde entrará la vigilancia del comportamiento social sexual? ¿Al interior de la casa, debajo o arriba de la cama o dentro del colchón? ¿Quién vigila a quién? La inquisición fue el holocausto de los siglos XVI, XVII y XVIII y llegó a América con una corriente de miedo a la diferencia. En la actualidad, estos miedos parecen renacer y la homofobia que mata se hace recurrente. Es por tanto necesario hablar sobre el tema y conocerlo.

Margarita Dalton
Patricia Ponce

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