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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.4 México  2000

 

Reseñas

 

Una mirada oaxaqueña a los usos actuales de la etnografía

 

Julieta Valle Esquivel *

 

* ENAH/CIESAS.

 

Discutir el papel actual de la antropología, poner en el banquillo de los acusados a sus procedimientos, reevaluar críticamente las maneras tradicionales de estudiar al otro y pensar el potencial de la etnografía como herramienta de conocimiento en sociedades crecientemente complejas son asuntos que circulan sin cesar desde hace varios años en nuestro medio académico. Y ponderar la viabilidad, las bondades y los alcances de las diversas propuestas y exigencias autonómicas de multitud de minorías a nivel mundial es un tópico que desbordó a la política para sentar sus reales en el mundo de las ciencias sociales. Pero el enlace de ambas problemáticas no ha sido un efecto recurrente de esta efervescencia intelectual.

Como resultado del proyecto de investigación Sistemas políticos y autonomías étnicas en Oaxaca, Alicia Barabas y Miguel Bartolomé publican ahora este trabajo —en el que colaboraron más de una docena de antropólogos y profesionales indígenas— compuesto por quince monografías sobre sendos grupos etnolingüísticos asentados en el territorio de esta entidad sureña. Aprovechando la pluralidad étnica y el volumen de población indígena de Oaxaca, al que se refieren como un lugar privilegiado "para la reflexión y la imaginación sociales, en momentos en que se necesita nutrir las utopías de futuro", presentan un compendio de textos semiindependientes que tienen su origen en un abordaje etnográfico interesado: uno que busca dar cuenta de los aspectos de las sociedades bajo estudio que tengan relevancia para los procesos autonómicos, pero sin separar los asuntos políticos del contexto general en el que están inmersos.

Para la pareja de antropólogos, ampliamente conocidos por su vasta obra conjunta y de autoría individual, esta obra enlaza una serie de preocupaciones de orden metodológico, teórico y político, varias de las cuales ya habían sido planteadas en trabajos anteriores. Entre otras, son de destacarse las que conciernen a las limitaciones de los estudios de comunidad, a la utilidad relativa de los criterios convencionales de caracterización de los grupos étnicos y a la (im)procedencia de modelos unívocos de autonomía para las sociedades indígenas de México.

Para enfrentar estas tareas, articulan una propuesta que tiene como objetivo remontar las insuficiencias de los estudios micro, mediante la adopción de una óptica comprensiva de las diferentes configuraciones étnicas. Es decir, la investigación y las monografías resultantes admiten la singularidad y las regularidades de los grupos etnolingüísticos, pero también se fijan la meta de dar cuenta de la heterogeneidad interna de cada uno de ellos. A partir del análisis de los datos, tanto etnográficos como los que provienen de las estadísticas oficiales, ponderan la viabilidad de diversos modelos de autonomía para los grupos de Oaxaca, entendida ésta como "una totalidad multidimensional, que debe ser reconocida y ejercida integral y no parcialmente y que no puede existir en la subordinación".

La obra está presentada en tres volúmenes que organizan los ensayos de acuerdo a un criterio etnodemográfico: el primero versa sobre las macroetnias (cientos de miles de hablantes de una lengua), el segundo sobre las mesoetnias (decenas de miles) y el tercero, sobre las microetnias (menos de 10 000 locutores). Los ensayos monográficos que los componen fueron elaborados por sus autores siguiendo un esquema general, que cada quien adaptó a la información disponible y a las particularidades del grupo de interés. Todos cuentan con una serie de cuadros estadísticos, uno o varios mapas y un número variable de apartados sobre temas específicos. Algunos incluyen profusa información histórica, como los que versan sobre los zapotecos, los mixtecos, los triquis y los chocholtecos; otros dan un lugar importante a la diversidad dialectal, organizacional o identitaria al interior de los grupos, como en el caso de los zapotecos, los triquis y los chontales; otros más ponderan al impacto de la migración o las relocalizaciones forzadas, así como de la sustitución lingüística, siendo el caso extremo de esto último el de los ixcatecos, seguidos de cerca por otras microetnias.

Todos los ensayos incluyen información sobre los sistemas de autoridad, la territorialidad y la relación con los vecinos mestizos y otros grupos indígenas, así como entre las comunidades del propio grupo. Las organizaciones políticas y supracomunitarias son referidas y someramente descritas cuando involucran a los grupos en cuestión. En este aspecto, los zapotecos, los mixtecos, los mixes, los triquis, los chinantecos y los mazatecos parecieran llevar la batuta en cuanto a potencial organizativo, los primeros por su condición más abarcativa, los demás por hechos coyunturales que les permitieron remontar las miras estrechas de la identidad residencial. Lugar aparte merecen los trabajos sobre los negros de la Costa, los zoques chimas y los tzotziles inmigrados a los Chimalapas, pues son acercamientos pioneros a grupos que tradicionalmente no habían sido considerados dentro del mosaico cultural oaxaqueño, unos por ser indios, otros por haber sido asimilados de manera convencional a otras sociedades y los últimos por haber ingresado recientemente a la entidad.

Lo hasta aquí señalado muestra que Configuraciones étnicas bien puede convertirse en un texto de consulta casi obligada sobre la diversidad lingüística, cultural, política e identitaria del estado de Oaxaca, no sólo para el especialista sino también para el lego: posiblemente lo será debido a su correcta y atractiva presentación, aunque el tiraje tal vez se quede corto para la potencial demanda. Pero también contiene interesantes aristas que invitan al debate entre profesionales de las ciencias etnológicas. Me referiré solamente a tres de ellas.

La primera tiene que ver con un problema de larga historia dentro de la antropología mexicana: ¿cómo definir a los indios? No hay duda de que se ha avanzado un gran trecho desde que esta pregunta se planteara por primera vez; incluso desde que se contestara críticamente a las pautas seguidas por las instituciones oficiales, allá por la década de los setenta. Pero la tentación de recurrir insistentemente a la situación lingüística de las poblaciones no deja de estar presente en obras como ésta. Barabas y Bartolomé complejizan el tema con agudeza, introduciendo variables como la autoidentificación, el uso de etónimos específicos, la participación de tradiciones culturales distintivas, la membrecía a la comunidad adquirida por el principio de participación, la aceptación del carácter estructurador de la reciprocidad. Pero, a fin de cuentas, mediante la estrategia de encontrar en la pérdida de la lengua un factor crucial de descaracterización étnica, se apoyan indefectiblemente en las estadísticas de uso de lengua para delimitar los diferentes universos étnicos a los que se enfrentan. Se trata de un problema teórico que merece un debate profundo e informado que promueven obras como la que aquí se comenta.

Segundo. Desde un punto de vista que pudiera pecar de esquemático, las tendencias actuales de nuestra disciplina se mueven entre dos polos: uno que descalifica el potencial científico de la antropología y otro que clama por una profunda reconceptualización que dé lugar a los procesos de cambio, a la agencia humana, a la negociación entre actores sociales en conflicto. Este último, definido por algunos como posestructuralista, es el que da pie a una polémica en positivo, al introducir al devenir histórico como un elemento insoslayable del análisis antropológico.

Los autores de este trabajo no están al margen de dicha posición, lo que permite que una de las grandes virtudes de su propuesta sea mirar a los indios de Oaxaca como parte de un engranaje amplio en el que el Estado, la migración, las disputas por la tierra, la estratificación interna de las comunidades, las transformaciones en las preferencias matrimoniales son piezas insoslayables de un gran rompecabezas analítico. Pero, no obstante que todo esto los lleva a declararse ajenos a cualquier postura esencialista, hay momentos en los que su exposición los acerca peligrosamente a ello. Su evaluación de los procesos de pérdida lingüística, ya señalado, es uno; su posición frente al papel de las nuevas denominaciones religiosas (sectas) es otro. Lo que esto trae a la mesa de discusión es un tema de relevante importancia: ¿Existe un núcleo duro de las culturas que, al ser vulnerado, las hace estallar? ¿Puede hablarse de un límite crucial de los procesos de cambio que, una vez transgredido, impide la reproducción cultural? ¿Qué es, en estas situaciones de intenso contacto cultural, lo propio y qué lo ajeno? Tampoco éstas son preguntas nuevas, pero es claro que no han dejado de ser vigentes.

Por último me referiré a un tópico que, a diferencia de los anteriores, apunta hacia una discusión nueva en la disciplina y que se relaciona directamente con lo concerniente a las autonomías.

Hasta hace poco tiempo, tierra y territorio fueron tratados como un mismo problema, lo que trajo por consecuencia que los conflictos agrarios fuesen entendidos como expresión unívoca de la competencia territorial entre los indios (en tanto campesinos) y los demás actores sociales (el Estado, los terratenientes, los ganaderos, la burguesía agraria). La manera como los autores de esta obra abordan el primer concepto es otra y mucho más compleja: los territorios étnicos deben comprenderse desde las propias categorías indígenas; es decir, desde su cosmovisión, desde sus particulares maneras de sacralizar el espacio, desde su forma de poblar los cerros y las cuevas con Dueños, Patrones y otras entidades espirituales.

Así, la identidad étnica, la inserción de los indígenas en la nación y las reivindicaciones autonómicas cobran un cariz tal que pone en entredicho no sólo el trazo de municipios, distritos, entidades federativas y, en última instancia, de las naciones, sino la idea misma de frontera y lo que hasta ahora parecía un tema intocable: el ejido y demás estructuras derivadas de la Reforma Agraria. Que la municipalización y distritación vigentes debieran ser modificadas por arbitrarias, con el objeto de dar lugar a comunidades y regiones autónomas, no es tan novedoso: el neozapatismo lo ha venido señalando desde hace tiempo. Pero poner en tela de juicio los límites de la propiedad social y los fundamentos mismos de la organización territorial del país es algo que obliga a someter a una reconceptualización radical los parámetros a partir de los cuales pensamos hoy la viabilidad de la autonomía. Pareciera entonces, que el provocador ensayo introductorio de esta obra empuja a la antropología a establecer una nueva categoría de entendimiento con nuestros sujetos de estudio en el que autonomía y territorio debieran ser una diada inseparable. ¿Será este el primer paso hacia la construcción de "las utopías de futuro"?.

 

Alicia M. Barabas y Miguel Á. Bartolomé (coords.)
Configuraciones étnicas en Oaxaca.
Perspectivas etnográficas para las autonomías

INI-INAH, México, 1999.         [ Links ]

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