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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.3 México  2000

 

Reseña

 

William V. Flores y Rina Benmayor (eds.) Latino cultural citizenship: Claming Identity, Space and Rights

 

María Ana Portal*

 

Beacon Press, Boston 1997

*UAM- Iztapalapa.

 

Este fin de milenio parece caracterizarse por dos procesos sociales fundamentales: por la emergencia en todo el mundo de las identidades étnicas, que luchan por el derecho a ser reconocidas en la diferencia, y por una creciente movilidad de la población, situación muchas veces favorecida por las contradicciones del sistema económico que ha provocado el empobrecimiento y la falta de oportunidades para grandes capas de población. Estas dos cuestiones abren nuevas problemáticas en la construcción de las identidades sociales y generan inquietudes sobre los procesos de identificación y de adscripción colectivas.

El libro que aquí se presenta toca aspectos cruciales de esta problemática, proponiendo una mirada novedosa alrededor de las cuestiones identitarias y culturales que han surgido, producto de estos procesos sociales, que están generando grandes contradicciones al interior de las sociedades altamente industrializadas como es el caso de Estados Unidos.

El texto está dividido en dos grandes apartados, el primero de corte teórico y el segundo con un contenido fundamentalmente etnográfico, en donde a través de siete ensayos y un epílogo se reflexiona sobre conceptos como el de ciudadanía cultural, derechos ciudadanos e identidad, en grupos de latinos que residen en cuatro ciudades de Estados Unidos: San José y Los Ángeles en California, San Antonio, Texas, y el barrio de Harlem en Nueva York.

Estos ensayos son producto de nueve años de discusión y de experiencia en investigación sobre el tema, que desde distintas disciplinas —que incluyen la antropología, la educación, las ciencias políticas, la historia, la literatura, el derecho, y estudios culturales— realiza el Latin Cultural Studies Working Group, fundado en 1987.

La preocupación de este conjunto de investigadores de origen latino se teje en torno al problema de cómo se incorporan los latinoamericanos a la sociedad norteamericana, al mismo tiempo que logran desarrollar una cultura con formas de expresión propias, que se expande y que genera procesos identitarios particulares que enriquecen al todo nacional. No se trata entonces sólo de un problema de aculturación o asimilación de un grupo subalterno frente a uno hegemónico. La cuestión fundamental aquí planteada tiene que ver con distintas formas de adecuación, de refuncionalización y de producción de nuevas formas culturales que tienen una presencia importante sobre todo en los estados sureños de la Unión Americana, y que se resume en el término latino.

Un aspecto que atraviesa esta discusión es la crítica al concepto de raza hasta ahora empuñado en Estados Unidos y la mirada dicotómica que lo reduce al conflicto entre blancos y afroamericanos, dejando de lado la experiencia del latino que trasciende lo racial y trastoca aspectos culturales y lingüísticos muy complejos.

Asimismo, se critica la forma en que se aborda la diferencia o la alteridad en ese país multiétnico, en donde tanto políticos como sectores de académicos la piensan como una amenaza, como el origen de la desintegración de los valores sociales "tradicionales", siendo que desde esa concepción se dictan políticas sociales y culturales como la Propuesta 187 o la 201 que tienden a excluir en distintos planos de la vida social a los inmigrantes latinos que viven y nacen en Estados Unidos.

Para este grupo de investigadores el problema de la raza y de la diferencia cultural no se restringe a negros y blancos, y no se puede comprender sólo desde la idea de la integración. Los latinos en Estados Unidos son una realidad sociocultural imposible de negar aunque se pretenda ignorarla. Para ellos es justamente en la diversidad y no en la homogenización donde se construye la grandeza de las naciones y donde se explican los fenómenos mundiales contemporáneos.

A pesar de que cada estudio incluido se realizó desde perspectivas disciplinarias diversas y con métodos de investigación no homogéneas, se encuentra claramente un eje conductor en lo teórico —la discusión en torno a ciudadanía cultural— y otro en lo referente al interés por la descripción etnográfica de los fenómenos sociales. Me parecen particularmente interesantes las preguntas que William Flores y Rina Benmayor se hacen en la introducción del texto, pues éstas se constituyen en claves para entender el tipo de propuesta que este libro promueve: ¿qué papel juega la cultura en los movimientos ciudadanos?, ¿cómo se constituyen las prácticas culturales en prácticas políticas? Y ¿de qué manera los movimientos sociales trastocan o inciden en los procesos culturales?

Al intentar contestar estas preguntas, observamos que en el nivel teórico el libro aporta una rica reflexión en torno al concepto de cultura y articulado a ello, se repiensan algunos aspectos de los derechos sociales y de la ciudadanía.

Aquí el concepto de ciudadanía cultural está pensado como un concepto arraigado a las prácticas cotidianas, a ese quehacer diario que se constituye en la materia prima de la reproducción cultural, y es desde esa mirada de donde surge una de las cualidades a mi parecer, más importantes del libro: esto es, que tanto en el nivel teórico como en el etnográfico, la voz del "otro", del subordinado, del silenciado, aparece constantemente como el punto de partida para la reflexión, mostrando un trabajo de campo minucioso, de una riqueza enorme.

Con esta orientación, en los dos primeros ensayos se desarrollan los lineamientos teóricos básicos que de alguna manera serán retomados en los siguientes capítulos sirviendo de sustento para el trabajo etnográfico. En el primero de ellos, "Cultural Citizenship, Inequality and Multiculturalism", Renato Rosaldo analiza el concepto de ciudadanía y los derechos ciudadanos en un país como Estados Unidos que históricamente ha luchado por expandirla y consolidarla. Parte de la idea de que el concepto de ciudadanía ha sido entendido como un concepto universal y unívoco y que implica igualdad entre los sujetos que la comparten. Sin embargo, a lo largo de su texto y utilizando algunos ejemplos históricos demuestra cómo la ciudadanía es un proceso constituido en el tiempo y que tiene una importante dimensión de diferenciación y exclusión. Desde su perspectiva esta construcción de lo ciudadano no puede entenderse sin el concepto de cultura. Para ahondar en su propuesta conceptual, ilustra el texto con fragmentos de entrevistas realizadas a chicanos y a habitantes de San José, California. Desde este marco reivindica la mirada etnográfica y plantea que no basta hacer análisis sólo desde la hegemonía; es necesario mirar a los grupos subordinados más allá de la idea de "problema". Para comprender la cuestión de la ciudadanía y de los procesos de interrelación social hay que profundizar en la determinación cultural de los grupos subordinados y en las necesidades específicas que ello genera. Es en este sentido que acuña el concepto de ciudadanía cultural, como una alternativa de explicación de los complejos procesos sociales y políticos que la adscripción a una nacionalidad conlleva. Este concepto parece favorecer explicaciones más útiles que las enmarcadas en conceptos recurrentemente utilizados por las ciencias sociales como lo son los conceptos de asimilación, aculturación o multiculturalismo, que evocan más al desdibujamiento o la desaparición de las diferencias culturales que a su interdependencia y posibilidad creativa. De allí que es propuesto como un concepto que permite incorporar la idea de oposición, de conflicto, de restructuración y de reordenamiento social, haciendo más plástico el propio concepto de cultura.

El segundo capítulo "The World We Enter When Claiming Rights: Latinos and Their Quest of Culture", a cargo de Blanca Silvestrini presenta una reflexión en torno a la complicada problemática del sistema legal norteamericano, frente a las demandas culturales específicas. Ejemplifica su reflexión con el caso de los portorriqueños que viven en San José, California, los cuales, aun cuando son ciudadanos norteamericanos por nacimiento, de hecho no tienen los mismos derechos que la población sajona, cuando de demandas culturales se trata. Esto se refleja en los usos del espacio público y de los eventos sociales. La autora muestra como esta lucha intercultural frecuentemente pone en cuestión el sistema legal mismo, redefiniéndolo cada vez.

El tercer artículo signado por Rosaldo y Flores titulado "Identity, Conflict, and Evolving Latino Communities: Cultural Citizenship in San José California" analiza, como su nombre indica a comunidades chicanas establecidas en San José, California. Su preocupación central está en la imbrincada articulación entre familia, Iglesia y trabajo que marca el espacio de la ciudad, así como la construcción de espacios sagrados que se mantienen como parte de la memoria colectiva del grupo. A través de un intenso trabajo etnográfico sustentado en entrevistas directas, retoman la experiencia generacional y étnica que orienta la construcción de un imaginario en torno al ser americano y las posibles vías de construcción de una identidad propia en el futuro.

El cuarto ensayo del libro se construye en referencia a los barrios y pequeñas ciudades que constituyen el sureste de la ciudad de Los Ángeles, California y está a cargo de Raymond Rocco. El autor examina el crecimiento de la población de origen latino en esta área geográfica y las estrategias de apropiación espacial a través de restaurantes y centros nocturnos, que se constituyen en enclaves de reproducción cultural a través de la música, la comida, el baile, etc.

Al igual que en algunos de los ensayos anteriores, la cuestión de la apropiación espacial como un elemento central en la reproducción cultural, cobra aquí un significado particular. Y es en este proceso "expansivo" donde las particularidades nacionales que en otro contexto serían determinantes (lo colombiano, lo cubano, lo mexicano o lo peruano) se desdibujan para articularse a través de la idea de "lo latino". Esta conciencia latina posibilita un nuevo rango de identificaciones sociales y formas más amplias de adscripción colectiva, rompiéndose en muchos sentidos los regionalismos o localismos específicos y generándose una conciencia comunitaria de mucha mayor envergadura.

En el quinto capítulo encontramos una rica reflexión que realiza William Flores en torno al caso de una teatralización religiosa navideña conocida en San Antonio Texas como "Los Pastores". A través de esta representación o ritualización religiosa cuya tradición se remonta a los tiempos de la Colonia, el autor explora la construcción y reproducción de la memoria grupal y su incidencia en la generación de procesos identitarios. Estos procesos no son vistos de manera estática o esencialista, por el contrario, el cambio y la resignificación cultural ocupan el eje del análisis, mostrándonos cómo se incorporan los cambios sociales a través de los rituales.

Del sur de los Estados Unidos se traslada al lector a una experiencia relativamente diferente: la del El Barrio del este de Harlem, en la ciudad de Nueva York. Aquí las investigadoras Benmayor, Torruellas y Juarbe nos muestran la vida de mujeres portorriqueñas en un pequeño centro educativo desde donde entretejen en la cotidianidad un conjunto de acciones que les dan sentido de colectividad y les permite generar una imagen de autoidentificación. Estas autoidentificaciones están determinadas en este caso por la nacionalidad, la cultura, la clase social y el género. Originalmente trabajadoras manufactureras que quedaron desempleadas en un momento de crianza de sus hijos pequeños, se vieron involucradas en un interesante proceso de enseñanza local llamado El Barrio Popular Education Program, que se constituyó en una suerte de foro femenino y que les hizo generar una experiencia colectiva de fuerte impacto favoreciendo en este proceso la autoafirmación como mujeres y como portorriqueñas.

En esta misma línea analítica William Flores presenta un trabajo titulado "Mujeres en huelga: Cultural Citizenship an Gender Empowerment in a Cannery Strike", que versa sobre mujeres mexicanas trabajadoras de Watsonville, California, que logran desarrollar un importante proceso de autoconciencia durante la experiencia de una huelga ocurrida de 1985 a 1987. El autor describe las duras condiciones laborales de estas mujeres y los procesos de discriminación y segregación al interior de la fábrica. La lucha de estas mujeres les fue permitiendo recobrar su autoestima y sobretodo un sentido de pertenencia como mujeres mexicanas trabajadoras.

Un libro de esta envergadura no podría concluir su discusión sin incluir la cuestión de los indocumentados. En el epílogo "Citizens vs. Citizenry: Undocumented Inmigrants and Latin Cultural Citizenship", William Flores se enfoca en aspectos de la expresión cultural entre miembros de una comunidad chicana de San José, California, y las formas en que incorporan a los indocumentados ilegales como parte de una comunidad mexicana más amplia. A partir de la recreación teatral que incluye la participación infantil, el autor nos recrea los procesos de incorporación simbólica y real de las demandas culturales y los derechos civiles al norte de la frontera.

Para finalizar quisiera destacar dos elementos relevantes sobre el libro. El primero, es que el texto como producto de una colectividad científica diversa, incluye en sí mismo lo que a nivel de objeto de estudio y de reflexión teórica propone: tolerancia a la diferencia. En sus páginas encontramos en efecto, formas diversas de hacer etnografía y de concebir cuestiones teóricas. Esta diversidad analítica permite al lector apropiarse de un amplio abanico de experiencias. Llama la atención que se rompe la idea de "feudo" tan fuertemente arraigada en la comunidad de antropólogos y ciencias afines, es decir, una misma comunidad —como es el caso de San José— puede ser estudiada desde diferentes ópticas, sin que haya "desgarres académicos" ni conflictos de legitimación del material. El segundo elemento se refiere al trabajo de equipo. Al leer el texto encontramos que a pesar de la diversidad de miradas, lo que tenemos enfrente no es una sumatoria aislada de reflexiones. Por el contrario es un libro articulado y consolidado que muestra la validez del esfuerzo de una comunidad científica con capacidad de convocatoria y de discusión sistemática y permanente. Importante ejemplo a seguir.

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