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Desacatos

On-line version ISSN 2448-5144Print version ISSN 1607-050X

Desacatos  n.3 México  2000

 

Esquinas

 

Los últimos años de Efraín González Luna a través de su correspondencia con Manuel Gómez Morín

 

Jorge Alonso*

 

* CIESAS/Occidente.

 

Introducción

Realicé una investigación sobre la personalidad política de uno de los fundadores del Partido Acción Nacional, Efraín González Luna. Durante años hice múltiples gestiones para que se me diera acceso a su archivo, que sólo había sido consultado por uno de sus hijos y una de sus nietas. La familia no se pudo poner de acuerdo en la decisión de abrirlo, y opté por apoyarme en la correspondencia entablada entre González Luna y Manuel Gómez Morín que se encuentra en el archivo de este último y que ha organizado su hijo Mauricio. El resultado fueron dos tomos de una obra titulada Tras la emergencia de la ciudadanía (ITESO, Guadalajara, 1998-1999). A finales de 1999, Ana María González Luna Corvera me permitió consultar el archivo de su abuelo, que estaba organizando. Confirmé lo que había encontrado en el archivo Gómez Morín. Allá estaban las cartas originales que mandaba González Luna y copias de las respuestas de Gómez Morín. En el archivo del primero se invertía la imagen. Tal vez por razones de una organización en proceso, en el archivo de la ciudad de México abundaban las cartas de la primera época y escaseaban las de los últimos años de Efraín. En el archivo de Guadalajara pasaba lo contrario. En un primer momento traté de dar cuenta de aquellos temas que no se habían destacado en la publicación. Pero se me pidió atinadamente que no dispersara la temática. Tocaré cuatro cuestiones que han suscitado una discusión en torno a la personalidad de González Luna: su relación con los cristeros, si tuvo una identificación con posiciones reaccionarias, si estaba inclinado en convertir al PAN en partido demócrata cristiano, y si era partidario de transformar a esta organización política en una instancia sólo de educación política que dejara de lado las frustrantes contiendas electorales en las que un partido de Estado cometía fraudes sistemáticos. Todos estos puntos tienen que ver con la manera como Efraín vivía sus convicciones democráticas compaginadas con su fe.

 

1. Efraín González Luna y los cristeros

Fernando González en su escrito "Efraín González Luna, el hombre, el político"1 plantea la tensión existente entre el abogado jalisciense y el movimiento armado en contra del Estado revolucionario a finales de la década de los años veinte. González Luna había sido amigo de Anacleto González Flores. Por la persecución religiosa este último encabezó primero un boicot, coordinó la Unión Popular, impulsó la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa y pasó a encabezar la rebelión armada. En 1927 Anacleto murió a manos del gobierno. Posteriormente el grupo secreto formado alrededor de la Universidad de Occidente (que se convirtió en la Universidad Autónoma de Guadalajara) se dedicó a construir la leyenda negra de González Luna y a hacerlo el centro de muchos de sus ataques. Uno de ellos fue acusarlo de haber entregado a Anacleto. El autor del escrito señala que esa versión cobra forma hasta diez años después de los arreglos del conflicto religioso. En un escrito de 1931 Efraín compara la guerra religiosa a la campaña electoral vasconcelista. A las dos las califica de estar libres de cálculo y compromiso, divorciadas del éxito, "llamas de fuego inmanente bajo el soplo de lo imposible".2 Al comentar esta cita Fernando González señala que esa alusión exalta la generosidad de los cristeros sin criticar la posición del episcopado mexicano en los arreglos. Considera que esa forma de enfrentar esa realidad pudo haber irritado a los que estando en desacuerdo con esos acuerdos la emprendieron en contra de Efraín. Éste también prologó el libro de Anacleto, El plebiscito de los mártires, en donde asegura que una aureola de santidad unge su memoria, y que su muerte fue heroica. Veintitrés años después González Luna se vuelve a referir a la guerra cristera. Las entrevistas de Fernando González a la esposa de González Luna en 1983 muestran a un Efraín que no tomó parte directa en la guerra; pero que no desaprobó el movimiento. Es más, aceptó que algunos jefes cristeros hicieran reuniones en su casa. Esto pone en cuestión mi apreciación, plasmada en el libro sobre González Luna, de que no había sido partidario de la lucha armada y que se había puesto al margen.3 Lo que la refuta contundentemente es el hecho de que cuando se estaba organizando el archivo de Efraín, en lo más recóndito se encontró un sobre grande tamaño carta repleto de papeles que casi lo hacían reventar. El contenido no se había colocado en carpetas. Como llegó a manos de González Luna pasó a ocupar un sitio seguro en el archivo. Contenía una gran cantidad de hojas de diferentes tamaños dobladas o enrolladas, y hasta maltratadas. Su contenido era diverso. La mayoría eran comunicados de la jefatura civil de la guardia cristera a diferentes jefes de los Altos. Existían detalladas relaciones de préstamos de guerra con cantidades, nombres y lugares. También especificaciones de distribución de parque por calibre, cantidad y destinatario. Había comunicados de reglamentos y normas del movimiento cristero. Las fechas correspondían al período de la cristiada hasta 1929. Se trataba de un material muy comprometedor para una gran cantidad de personas. Por la distribución de las hojas, a manera de estar acomodadas y los temas, se apreciaba que el conjunto correspondía a la integración de varios pequeños archivos. Este conjunto de documentos le fue entregado en resguardo a Efraín porque se le consideraba muy confiable. Ninguno de los jefes cristeros que le entregó dicho material lo acusaba de haber entregado a Anacleto, ni temía que le fuera a traicionar. Una traición hubiera implicado haber hecho uso de esos papeles. Como llegaron, se quedaron: intocados hasta el inicio de la organización del archivo en 1999. Era comprometedor tener esa información. Tal compromiso Efraín no lo rehuyó. González Luna corrió el riesgo. Y como un abogado con ética profesional, guardó el silencio sobre esa custodia. De estos papeles no encontré alusión en las cartas a Gómez Morín.

 

2. González Luna y Maurras

Efraín y Manuel comentaban las impresiones que tenían sobre diversas personas y sus obras. Así, a raíz de que Efraín recibió el libro de E. Weber, publicado en 1962 por Stanford University Press, acerca de la Acción Francesa, González Luna recalcó que el movimiento de la Acción Francesa siempre le había interesado. Juzgaba que era "uno de los esfuerzos políticos más admirables de la historia moderna". Consideraba que Maurras merecía "la inmortalidad no sólo como pensador y hombre de letras, sino como luchador y jefe en la arena de la política". Destacaba sus virtudes humanas y la entereza con la que había afrontado la adversidad. Manuel acotó que Maurras era admirado sin medida, pero también odiado sin medida.4 Gutiérrez Vega ha destacado que no habría que asociar a González Luna con Maurras, porque nada tenía que ver con los extremismos de la Acción Francesa.5 Y efectivamente, un análisis de la trayectoria política de González Luna nos lo pone del lado de Maritain. Sin embargo, no dejan de ser preocupantes las alabanzas que recibe de su parte este literato, periodista y político francés nacido en 1868 y muerto en 1952, pues fue el teórico del nacionalismo integrista. Enemigo del liberalismo y de la revolución francesa, defendía la necesidad de volver a las fuentes históricas francesas que remitían al tradicionalismo y al regionalismo. Maurras fue por una parte un antiprotestante y antisemita, y por otra un defensor de la herencia católica nacional. Sostenía que la democracia podía significar la destrucción del país. Fue el líder del movimiento nacionalista conservador denominado Acción Francesa, que tuvo pocos militantes, pero gran influencia política. Sus ideas inspiraron el movimiento de Salazar en Portugal. Maurras estuvo en la cárcel por haber colaborado con los nazis.

 

3. Participación electoral y organización partidista

Todo lo relativo a los procesos electorales fue una cuestión central para González Luna y Gómez Morín. Desde mediados de la década de los cincuenta era un problema conseguir llenar las candidaturas para diputados locales y para el ayuntamiento de Guadalajara. Era el servicio que más rehuían los militantes. La agudización del fraude obligó a los panistas jaliscienses a retirarse de la campaña local en 1955. El intento de movilización electoral por parte del partido de estado fue tan burdo que subrayó los efectos de la ausencia de Acción Nacional.6 El fraude electoral en las elecciones federales de 1958 subió de tono. En respuesta el panismo nacional decidió que los seis candidatos a quienes se les había reconocido el triunfo no acudieran a la Cámara de Diputados. Sólo dos acataron esa determinación. La conducta de los cuatro diputados que aceptaron las curules causó descontento entre los militantes. La dirección esperó que el daño al partido no fuera importante.7

La situación electoral empeoró en las elecciones locales de 1959. Comenzó en Chihuahua, siguió en Yucatán y remató en Baja California. Efraín temía que el fraude en Chihuahua provocara reacciones extremas de exasperación o de depresión. Gómez Morín estaba preocupado por lo que pasaba en su tierra. Pero los panistas no acaban de sufrir ese golpe cuando resentían el caso yucateco. Efraín consideraba que era claro que "la dictadura estaba resuelta a acabar con las garantías constitucionales para imponerse por la corrupción y el terror". Las actitudes de dureza ante los procesos electorales los interpretaba González Luna como señales de descomposición de la dictadura. Esa situación implicaba una grave responsabilidad para Acción Nacional, pues también veía que se corría el riesgo de que en México se desatara una situación similar a la cubana. El conflicto yucateco se escalaba por la irritación popular no sólo ante la problemática municipal, sino sobre todo ante la respuesta de los funcionarios. Habían aprehendido a un dirigente panista y lo habían acusado de homicidio calificado y disolución social, cuando los muertos estaban del lado de los manifestantes panistas. El régimen aflojó un poco y dejó en libertad al dirigente yucateco. Pero Manuel empezó a considerar que Efraín tenía razón cuando calificaba al régimen como dictadura. Proponía pensar en cómo generalizar ese calificativo.8

Los fraudes producían reacciones de resistencia entre los ciudadanos. A veces ésta se extremaba. A mediados de 1959 la lucha poselectoral de los panistas chihuahuenses había librado un grave peligro. La impaciencia había llevado a tentaciones de violencia. Pero ya para entonces esos "absurdos" habían sido conjurados. Sin embargo, al percibir Gómez Morín que todavía no veían claro el camino, le pidió a Efraín que enviara una carta a todos los que luchaban contra el fraude en Chihuahua. González Luna respondió que las experiencias de los últimos años inevitablemente habían causado heridas, cicatrices e incapacidades que no sólo lo habían vuelto incorregiblemente escéptico respecto de sus capacidades de acción orientadora, sino incluso habían paralizado sus proyectos de libros y escritos en general.9 Posteriormente hubo reuniones poselectorales muy concurridas. Manuel se alegraba de que, pese a lo aciago del momento, había cosecha de excelentes elementos.

En el segundo semestre de 1959 el PAN sufrió las consecuencias de otro gran fraude, el de Baja California. Hubo promesas, amenazas y finalmente represión en contra de los panistas que protestaban. El jefe regional fue torturado. Cientos de panistas fueron encarcelados. Los primeros días de agosto González Luna vivía con gran expectación esos acontecimientos. Se había corrido el rumor de que los presos habían sido llevados a la Ciudad de México. Afortunadamente eso no era cierto. Efraín y Manuel vivían días de extraordinaria tensión por los colegas tan injustamente encarcelados. Efraín recalcaba la expectación y angustia que le producía lo que sucedía en Baja California. Le desesperaba la falta de reacción pública "contra la desvergonzada exhibición del régimen" que había llegado a extremos "inconcebibles de arbitrariedad y cinismo". Propuso ir pensando en formas nuevas "de oposición todavía legal, pero fuera ya de los cauces electorales". Preveía que si se fracasaba en Baja California, Acción Nacional difícilmente lograría nuevos movimientos electorales de importancia. Era consciente que echar a andar por esa nueva vía era muy peligroso, pues se corría el peligro de llegar a la inacción total. Pedía a Dios que los iluminara y condujera en esa encrucijada. Constataba que el gobierno estaba decidido a todo con tal de cerrar el paso a la ciudadanía. Sin embargo, no se dejaba caer en la desesperación, pues calculaba que cualquiera que fuera el final, la batalla librada había sido extraordinariamente valiosa. Con crudeza evaluaba que se tenían que esperar "infamias y crímenes innumerables y exhibiciones de más desvergüenza".10 La liberación de todos los presos políticos bajacalifornianos le llevó a Acción Nacional todo un año.

Un mes después de que Acción Nacional celebrara su vigésimo aniversario, en la reunión de jefes regionales se examinó la situación de mayores fraudes y gran represión que el régimen aplicaba en contra de los panistas. Los agravios eran muy graves. Eran increíbles "la torpeza y el cinismo utilizados oficialmente para tratar de evitar el efecto inocultable del voto". Acción Nacional planeó seguir el camino cívico. Buscaría la presencia de la doctrina del partido en los medios sociales no políticos (universidades, sindicatos, cámaras empresariales, etc.) Sólo cuando tuviera organización eficaz, recursos suficientes y candidatos idóneos se lanzaría a campañas electorales.

La tensión iba en aumento. A finales de octubre de 1959 Efraín le confiaba al amigo sus temores: "Tengo la impresión de que se prepara la cancelación del registro del partido. La megalomanía imperante combinada con la rápida configuración de la dictadura y la actitud y procedimientos específicos del régimen en relación con el caso de Baja California autorizan la interpretación más pesimista de las amenazas veladas y francas de la Secretaría de Gobernación." Propone pensar en la forma de trabajo futuro. Manuel compartía esos temores. "Por todos lados se advierte el mismo deseo de negar y destruir al partido y de hostilizar a todos los que en él trabajan." Sin embargo considera que el partido seguirá existiendo con registro.11

Pese a todos los obstáculos, la XV Convención Nacional de Acción Nacional decidió participar en el proceso electoral federal de 1961. El primer problema que surgió fue que no se podía ir a las elecciones con el padrón de tres años atrás. Efraín recalcó que le parecía un acierto el acuerdo sobre participación electoral. Esperaba que la campaña resultara benéfica para el partido. Advertía que se tenía que trabajar con empeño y se debían evitar los errores de método y de tono en los que se había incurrido en las campañas anteriores. No se cubrieron ni la mitad de los distritos. Otro de los grandes obstáculos era el financiero. También era un problema el estado de ánimo de la ciudadanía. El gobierno había logrado estrangular el espíritu ciudadano. Se hizo una edición de la plataforma, que era "fea, pero aprovechable". Tenían que hacer una nueva, pues había ejemplares ilegibles.12 Finalmente su usó una nueva edición de la plataforma. Las noticias de la campaña eran buenas en cuanto al esfuerzo hecho y la respuesta de mucha gente. Sin embargo, el padrón seguía con las irregularidades de siempre, y muchas credenciales podían ser usadas falsamente. Efraín creía que no habría enmienda ninguna de los procedimientos fraudulentos del PRI y del gobierno en materia electoral. Pensaba que podían ser peores. Las elecciones se caracterizaron por lo exiguo de la votación. En Guadalajara apenas llegaría a veinte mil votantes. Había sido notoria la falta de votantes, a pesar de los métodos de coacción. Hubo muchos fraudes. En las regiones campesinas no faltó el robo de ánforas y la expulsión de representantes panistas. No había confianza en cuanto a que hubiera reconocimiento de los resultados que habían sido favorables para Acción Nacional. Sin embargo, la evaluación seguía siendo favorable en el punto de que el proceso electoral propiciaba el fortalecimiento del partido.13

En lo relativo a los procesos locales, un amigo chihuahuense de Gómez Morín se le acercó, y sin atreverse a decirlo explícitamente, intentó que el PAN no postulara candidato a gobernador. Quería que Manuel, sin mostrarse, ayudara a que saliera un candidato oficial distinto a los cinco que parecían tener probabilidades. Gómez Morín no accedió. Efraín consideraba que el caso de Chihuahua era también el de Monterrey y el de San Luis y el de todas partes. La gente con influencia en esas regiones no quería hacer sino lo que el gobierno aprobara o tolerara.14 En Jalisco se participó en las elecciones locales. La plataforma, elaborada por González Luna le pareció "magnífica" a Gómez Morín. Efraín le confesó a Manuel que pese a todo, venciendo repugnancias, que tal vez eran fatigas disfrazadas, los panistas jaliscienses estaban dispuestos a realizar una campaña electoral para los comicios locales. González Luna recalcaba que le parecía el camino acertado. Alababa el espíritu de perseverancia y esa tenacidad que no podría quedar sin fruto.15 Como Manuel supo que la campaña jalisciense fue muy buena quiso conocer de inmediato los resultados. La respuesta fue decepcionante. Las elecciones en Guadalajara habían sido las de más baja votación en toda la historia del partido. La abstención afectaba también al partido oficial.16

El régimen no tenía remedio. El fraude se repetía en todos los procesos electorales. Así pasó en los comicios locales de 1962 en Michoacán y Chihuahua. Se repetían los vicios ya conocidos. Uno de ellos era la no entrega de las credenciales a los legítimos ciudadanos y su uso por parte de priistas. Efraín se quejaba con Manuel. "Ojalá que la inmunda falsificación electoral no desaliente a nuestros compañeros." Ante eso, propuso iniciar un sistema de enjuiciamiento público del régimen por medio de un folleto impreso en gran número de ejemplares que se hiciera circular profusamente en el país y en el extranjero. Aconsejaba contrastar la documentación gráfica de la demanda del pueblo (mítines y actos principales de campaña) con los resultados oficiales para evidenciar "en la forma más contundente" que fuera posible "las sucias y criminales maniobras de las autoridades y del partido oficial". González Luna condenaba la "complicidad perversa o estúpida de los comentaristas extranjeros, inclusive profesores universitarios", que estaban dando autoridad "a la patraña de una 'democracia sui generis'' en México, sin retroceder ante el reconocimiento del sistema de partido único". Proponía suscitar comentarios fundados en otros países sobre la realidad política mexicana. Esta idea le pareció excelente a Gómez Morín. Habría que hacer un enjuiciamiento del régimen.17

Como respuesta a la tensión que causaba en los partidos electorales opositores la tendencia oficial del llamado "carro completo", consistente en hacer los fraudes necesarios para que los candidatos oficiales ocuparan los puestos electorales, el régimen ideó una de las tantas reformas que había ido sufriendo la legislación electoral.18 Tres aspectos destacaban en las modificaciones de ese año: 1) Se establecía la posibilidad de que los partidos conocieran las listas de electores, la cual había sido una de las demandas más reiteradas por el PAN; 2) se establecían sanciones tanto para los candidatos que habiendo sido electos legisladores no se presentaran a desempeñar su cargo, como para los partidos que decidieran esa táctica (esto en respuesta a la protesta que había realizado el PAN en 1958) y 3) finalmente se concedía como una apertura el que a los partidos que alcanzaran un porcentaje se les concediera por ese hecho diputados denominados de partido. Con esto último se quería impedir que los partidos opositores dejaran la vía electoral por impracticable. Como todos los pequeños avances de apertura democrática ofrecidos pro el régimen de partido de estado, esta concesión también fue trampeada: se ofreció esa clase de diputados a partidos que no habían alcanzado el porcentaje señalado por la ley, y el gobierno determinó quiénes de los opositores deberían ocupar esas curules, dejando fuera a candidatos incómodos que habían alcanzado votaciones mayores que los elegidos.

El año de 1964 había elecciones federales importantes porque había cambio de presidente de la República. El PAN siguió participando electoralmente. Desde principios de año Manuel se quejaba de que las noticias de prensa sobre la campaña panista eran minimizadas. Efraín planteó la necesidad de buscar la manera de romper "la corrupción del silencio". Sugirió que el Comité Nacional enviara cada semana a los Comités Regionales un boletín telegráfico que imprimirían en el mayor número de volantes para que se distribuyeran gratuitamente en todo el país. Si eso no se hacía, la dosificación de noticias en manos del gobierno produciría efectos muy nocivos. La sugerencia le pareció acertada a Manuel, porque las noticias sobre las campañas panistas eran dadas por los periódicos a cuentagotas y con aspecto negativo.19 Una vez más problema grande era el de conseguir recursos. Efraín anunciaba en febrero que había colectado 17 mil pesos. Lo más curioso era que la mayor parte de esas contribuciones provenían de personas de las que no esperaba que colaboraran. Se logró una planilla de 174 diputados (de los 178 que debían integrar la Cámara). Eso le parecía a Manuel un récord que merecía felicitaciones. Preveía que, salvo un fraude como el de 1958, el PAN lograría una votación sustancial en la República. Vino la jornada electoral, y ninguno de los candidatos panistas triunfó. Se volvió a dar el caso de robo de ánforas. Prosiguieron los métodos de presión y fraude "con especial desvergüenza".

Foto 1

El nuevo presidente panista Christlieb20 reconoció los resultados electorales. Efraín habló con él acerca de esas declaraciones.

Las aprobó. Pero le comentó a Manuel que hubiera deseado que se hiciera una referencia especial al proceso fraudulento y a la responsabilidad del Estado. Manuel contestó: "yo también hubiera preferido una más clara y directa referencia al proceso fraudulento, incluyendo especialmente las formas ilegítimas de presión".21 Al pasar la atención a las siguientes elecciones locales en Jalisco, Manuel aconsejó especial énfasis en la lucha municipal.

Efraín promovía la organización de un equipo que preparara iniciativas y proyectos de ley para el grupo de diputados panistas. Advertía, que si eso no se hacía, su presencia en la Cámara podía resultar nociva. Cada proceso electoral le reforzaba la convicción de que había que pugnar por una reforma política. No era posible continuar con los viejos sistemas.

El régimen hacía reformas. Pero éstas podían llevarse ya por el rumbo totalitario ya por el democrático. Los desastres del estatismo del régimen de López Mateos, y los continuos fraudes podían explicar la fatiga y el asco de algunos y aun la sensación de la inutilidad y la inviabilidad del esfuerzo. El problema era que las fuerzas democráticas existentes no tenían recursos, no se comunicaban entre ellas, estaban desorganizadas, pese a ser mayoritarias. Su acción mostraba muchas carencias. Efraín veía que bastaría un esfuerzo sistemático y esforzado de unos cuantos grupos convencidos para vencer la confusión. Proponía que se insistiera en la raíz política de las desviaciones y de los errores, y en la indispensable acción política para lograr cambios de sentido y de dirección de esa reestructuración social que ni debía contenerse ni podría ser eludida. Efraín analizaba que la corriente social profunda en la sociedad a principios de los sesenta era favorable a la sociedad. Esa corriente estaba orientada hacia el cambio. Si cuando se había fundado Acción Nacional el ánimo era en el sentido de buscar reposo, en los sesenta la acción estaba encaminada hacia un cambio que se reconocía y se deseaba. Ciertamente había inquietud en torno a la dirección de ese cambio. Si al inicio de Acción Nacional había que promover desde la misma inquietud, en los sesenta la inquietud existía, sólo había que encauzarla. Veía un momento muy oportuno para la acción.22 A mediados de 1964 volvió a insistir en la propuesta de realizar una asamblea para el estudio de las reformas al sistema electoral.

No sólo había que participar en los procesos electorales. Se tenía que ir construyendo el partido día a día. Por eso tanto Manuel como Efraín hacían giras, daban conferencias. Sobre todo en momentos difíciles insistía Efraín en que la clarividencia y decisión defensiva, y sobre todo constructiva, exigían serenidad. Para orientar hacía y promovía textos claros que señalaban principios y metas. Escribir, viajar, dar conferencias, hacer círculos de estudio, fortalecer o crear nuevos, denunciar errores y abusos del gobierno, señalar desviaciones y exponer problemas, señalar caminos, puntualizar direcciones. Esas actividades las promovía con insistencia. Efraín exhortaba a aprovechar todas las circunstancias electorales para dar mayor amplitud a la educación popular. Llamaba a buscar contactos con todas las fuerzas afines. Examinaba el programa. Promovía su publicación. Lo ponía al día. Buscaba romper la llamada cortina del silencio interna y externa. Promovía activación. Planteaba la necesidad de preparar una redeclaración de principios. Hacía ver la importancia de la organización de las giras como las que se habían hecho en la primera etapa del partido.

González Luna evaluaba los métodos de construcción del partido. Las experiencias electorales había que aprovecharlas. Pero eso no bastaba. Temía que se impusiera el criterio de lo inmediato y se abandonaran los trabajos fundamentales. La falla de organización era algo grave. Proponía modificaciones. A los que le habían ayudado a crecer había que volverlos a poner a prueba. A los que le habían dado prestigio, capacidad de movimientos populares y fuerza política, no había que dejarlos de lado. Criticaba que se abandonara el trabajo de organización. Señalaba que en los años sesenta se había abandonado el trabajo de atención constante a los comités y grupos para poner la confianza en maniobras políticas más bien imaginarias, "en mítines inútiles y en propaganda estridente". Se quejaba de que la más grave falla era la carencia de una organización juvenil. En una organización revitalizada se debían encontrar las mejores fuerzas de propaganda y de trabajo. Si eso no se reivindicaba, preveía la liquidación misma del partido. Para revisar todo lo concerniente a la revitalización de la organización Efraín proponía a Manuel que tuvieran reuniones de donde saliera una orientación y un programa.23 Una reunión de esa naturaleza la tuvieron en un lugar intermedio (Irapuato) a finales de 1962. A mediados de 1963 consideró que la designación de Christlieb había sido providencial, pues era acertado y hábil en materia de publicidad. Este dirigente fortaleció el aparato electoral.

 

4. González Luna y la democracia cristiana

Una crisis fuerte padeció Acción Nacional por la determinación de un grupo de jóvenes que pretendieron convertir al partido en demócrata cristiano. Desde 1957 el director del periódico partidista La Nación, Alejandro Avilés, había visitado al presidente venezolano, Rafael Caldera. En el periódico del PAN se publicaron muchos artículos de tendencia demócrata cristiana. Fueron ganados a esta causa muchos jóvenes brillantes.24 En 1960 jóvenes panistas crearon el Instituto Técnico de Estudios Sociales, que tenía nexos con el movimiento internacional demócrata cristiano. Querían recibir fondos de ese movimiento y aprovechar becas. En 1962 algunos de estos jóvenes se inconformaron porque Caldera había manifestado que para viajes y becas la Democracia Cristiana se entendería con el PAN. Los jóvenes recordaron que dichas relaciones se habían acordado directamente, ya que existían desventajas en la comunicación con el PAN,25 pues sus principales dirigentes se oponían a convertir a Acción Nacional en partido demócrata cristiano. Efraín en 1961 consideraba que a veces era nociva la actividad de un grupo de jóvenes, inteligentes y bien intencionados, a quienes nada interesaba como no fuera la dirección del partido y del país.

A mediados de 1962 Gómez Morín planteó a González Luna la necesidad de considerar lo que a nombre de la democracia cristiana se estaba haciendo. Opinó que en algunos casos eso no parecía explicable por ignorancia, sino por manifiesta infiltración organizada con todos los medios conocidos.26

El 19 de noviembre de 1962 en las oficinas de Acción Nacional en la Ciudad de México Caldera habló con Efraín. Caldera le trató lo relativo a la clasificación oficial del PAN como demócrata cristiano. Efraín le hizo notar que, además de otras razones, estaba la constitucional, que por sí sola era bastante para considerar improcedente la idea. Efraín le leyó el texto constitucional prohibitivo que Caldera no recordaba, o no conocía. Efraín le hizo notar además que sería interpretado no por los panistas, sino por el gobierno. Ante esos razonamientos, Caldera ya no insistió. González Torres, quien no había sabido dirigir el problema con quienes pretendían convertir al PAN en partido demócrata cristiano, le pidió a Efraín que hiciera la presentación de Caldera en la sesión del día 19. González Luna había manifestado que no estaba de acuerdo con la invitación de Caldera a un acto partidista. No obstante, conocedor de este hecho, González Torres mantuvo su solicitud de que Efraín presentara a Caldera ante los panistas, porque se le consideraba el más indicado dada la vieja amistad entre Caldera y González Luna. Efraín aceptó por esa razón; pero también para evitar que se incurriera en afirmaciones que pudieran interpretarse como vinculación del PAN con la democracia cristiana. Efraín tuvo cuidado de ajustar sus palabras a este propósito. En la Comisión de Política Exterior, el doctor Corral planteó el problema de la vinculación. Efraín se opuso a la idea categóricamente. González Luna consideró prudente, para dejar formalmente establecida la posición del PAN en la materia, proponer la fórmula que fue aceptada unánimemente tanto por la Comisión como por la Asamblea. Se trató de una recomendación al Comité Nacional para que mantuviera relaciones con partidos auténticamente democráticos que existían en otros países, para fines de información e intercambio amistosos. El doctor Corral había insistido en que se añadiera el término relaciones culturales. Efraín fue enfático en la absoluta autonomía teórica y práctica de todos los partidos. Caldera intervino con un emotivo discurso que fue un alegato a favor de la democracia cristiana. Los jóvenes de Chihuahua y del DF respondían con gritos de afirmación demócrata cristiana. Cuando le tocó el turno al presidente del partido, el licenciado González Torres, dejó constancia de la comprobación del trabajo por parte de elementos juveniles a favor de la organización de un partido político con pretendida afinidad respecto de Acción Nacional. El presidente panista enfatizó la incompatibilidad de eso con la membrecía de Acción Nacional. Informó que había pedido su renuncia a los elementos aludidos. También informó que hasta entonces no la habían presentado.27

Gómez Morín, al minucioso informe que le mandó sobre el caso Efraín, contestó que en Nueva York había platicado con Rafael Caldera. La conversación fue cordial. Caldera le dijo que le había producido gran alegría volver a México, haber estado en la convención del PAN, y haber tenido la oportunidad de oír y platicar con González Luna. Sin embargo, Manuel, por la conversación, y sobre todo por las intervenciones que hizo el jefe o secretario de Acción Demócrata Cristiana en Nueva York, tuvo la impresión neta de que ellos habían venido alentando la conjuración, y de que lo seguirían haciendo de una u otra forma. Hizo el recuento de que habían tenido relaciones con algunos de los jóvenes desde hacía cuatro años. Gómez Morín estaba convencido de que su objetivo no era organizar un nuevo partido, sino apoderarse de Acción Nacional desde dentro. Creía que dicho objetivo no lo habían cambiado y que lo perseguirían a todo trance. La conversación entre González Luna y Caldera y su presentación en la convención habían salvado una situación muy difícil. Serían útiles para que la nueva jefatura pudiera manejar el asunto con clara decisión.28

Efraín contestó que tenía la misma impresión que Manuel sobre los propósitos de Caldera y sus colaboradores. Consideró indispensable una definición que debía tener lugar inmediatamente. Criticó a los órganos de dirección porque habían estado perdiendo el control y la iniciativa en materia de tanta importancia. Para agravar esta situación la publicación oficial del PAN difundió un mensaje de Caldera en donde decía que esperaba que México estaría pronto a la cabeza de las democracias cristianas del continente. Al ver esto Gómez Morín juzgó que se había ido bastante lejos en la conspiración. Propuso que tanto González Luna como él mismo se comunicaran fuertemente con Caldera.29 Una publicación del Mensaje Demócrata Cristiano de Nueva York correspondiente al trimestre enero-marzo de 1963 traía una nota titulada "Juventud Popular Social Cristiana Mexicana". Efraín le comentó a Manuel que ahí se encontraban las bases ideológicas del nuevo movimiento. Juzgó que se trataba de una muestra contradictoria y caótica de irresponsabilidad moral.30

Un mes después siguió refiriéndose a los "incoherentes intentos demócrata cristianos". En abril tres importantes dirigentes juveniles renunciaron al PAN. El nuevo presidente de Acción Nacional, Christlieb propició la salida de los demás jóvenes comprometidos con la democracia cristiana. Meses después el Comité Regional de Jalisco expulsó a los jóvenes ligados con este grupo. Efraín y Manuel lamentaron este hecho. Pero consideraron que el partido había eliminado de su balance una molesta partida de déficit. Esos jóvenes de hecho ya estaban fuera del partido. Era preferible tener a los enemigos francamente enfrente.31 Posteriormente comentaba González Luna que la ayuda económica que los demócrata cristianos recibían de otros países estaba constituyendo uno de los más seguros factores de su fracaso en México, tanto por la ruindad de algunas afiliaciones, cuanto porque inevitablemente les cerraba el camino de organización y trabajo en México, y los mancharía con un pecado político original imperdonable.32

 

Conclusiones

Hugo Gutiérrez Vega ha destacado que Efraín era un hombre justo y equilibrado, que practicaba la tolerancia con genuina convicción. Fue un político capaz, sereno, prudente, de lucidez reflexiva, de amplia y ordenada cultura, que poseía una elegancia intelectual.33

En el proceso de la cristiada influyó en Efraín su convicción religiosa. Conocía la justificación de la teología española de la defensa del pueblo en contra de la tiranía. Participó discretamente como protección civil de los alzados. Por entonces no veía otra alternativa. Ya existía el sello democrático de defensa de la libertad de creencias. Sintetizó la defensa de su fe y una trinchera en defensa de derechos democráticos, pues a una mayoría católica se le perseguía por sus creencias.

El deslumbramiento que causó en González Luna la figura del francés Maurras no se puede explicar sino dentro de sus antinomias.34 Ciertamente había afinidad en lo religioso, en la entereza frente a la adversidad, en la decisión de construir un órgano político y en el aspecto literario; pero Maurras era un antidemocrático, y González Luna fue un pensador consecuente en el campo democrático. Precisamente su ruptura con los integristas tecos fue porque éstos iban en contra de las normas religiosas (por ser una organización secreta) y contra métodos democráticos.

González Luna se dio cuenta de que la sola participación electoral dentro de un régimen de partido de Estado conseguía avances democráticos exiguos y efímeros, y que la lucha habría que centrarla en el desmantelamiento de un régimen que parecía inexpugnable. Sin embargo también captó que precisamente su gran fortaleza consistía en haberse metido en las mentes de las mayorías, en haberles hecho creer que no había más alternativa que el someterse. Contra esto se sublevó. Y planteó que la manera de enfrentar esa situación era a través de una consistente educación política que deconstruyera los falsos argumentos de la dominación e hiciera ver las posibilidades cívicas de liberación. Utilizó las campañas políticas como formas para fortalecer a un partido de oposición y como oportunidades de educación masiva. Sabía que la tarea era ardua y larga. Lo que no se podía era abandonar la tarea. Advirtió que no había que caer en la desilusión. A través de la cristiada aprendió que la vía armada no conseguiría el cambio. Se requería convencer a las personas de sus derechos, de su dignidad, para que en una lucha democrática fueran avanzando. Tuvo y transmitió un pensamiento creativo.

Efraín González Luna y Manuel Gómez Morín no podrán ser entendidos al margen de una interacción que ambos construyeron persistentemente, y que se constata en la copiosa correspondencia que mantuvieron.35 Se comunicaban vida cotidiana de sus familias y del partido. Comentaban lectura y proyectos. Discutían la situación de Acción Nacional y de México en las coyunturas nacionales e internacionales. Leían mucho, e intercambiaban puntos de vista sobre las lecturas. Estaban al día en lo más importante que se publicaba en el país, en Estados Unidos y en Europa. Planeaban traducciones. Profundizaban sobre temas económicos y políticos.

Efraín González Luna y Manuel Gómez Morín, durante su militancia en Acción Nacional, fueron conformando conjuntamente una manera de ver la realidad y una forma de hacer política. Hacían sus análisis de acuerdo al marco interpretativo que fraguaron.

Eran lectores ávidos. El hábito de la lectura propició en ellos un espíritu abierto, pero sobre todo crítico. Se movían en seis campos: el filosófico, el histórico, el económico, el político, el literario y el religioso. Habría que subrayar su oposición a las medidas económicas liberales, que obligaban a las masas a un consumo precario y que no resolvían el problema de la ocupación. También fueron enemigos del estatismo.

Se ha ido haciendo lugar común en los análisis sobre Acción Nacional decir que a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta el declive electoral panista se debe a una dirección confesional. Este tipo de estudios olvida una cuestión fundamental. Fue precisamente en esa época cuando arreciaron las tácticas fraudulentas del régimen. El problema se encuentra más bien de lado de un régimen de partido de Estado, concentrador del poder, supeditador de las elites regionales, defraudador y represor. En lo concerniente a lo electoral tanto González Luna como Gómez Morín fueron defensores tenaces de la libertad del voto y la auténtica representación. No decayeron ante los embates fraudulentos y represivos del régimen. En particular los años de 1958 y 1959 fueron aciagos para la democracia en México. Tanto los panistas como la izquierda mexicana sufrieron los embates de un régimen intolerante y represor. Los dos principales fundadores del PAN indagaron diversas tácticas para enfrentar los embates del régimen de partido de Estado esencialmente antidemocrático, pero siempre defendieron la vía electoral y cívica del PAN. Aunque desconfiaban de los frentes cívicos, tenían muchas esperanzas en la acción de los organismos intermedios. El régimen había logrado ahogar el espíritu cívico. Por eso el incremento en esa época de un gran abstencionismo. Pese a todas las adversidades mantuvieron al PAN en la opción electoral. Pese a que los pocos avances que se iban logrando, como la representación de diputados de partidos, la trampeaba de inmediato el régimen, los dos hacían el señalamiento e indagaban las formas de consolidar avances en cualquier terreno de la democracia. Buscaron alternativas para enfrentar una larga y necesaria democratización del país. Calificaron al régimen mexicano como dictadura. Hacia lo exterior vendía una imagen democrática que no pocos aceptaban. Internamente había una falta de democracia y un gran autoritarismo. Los dos estaban convencidos de que la labor de desenmascaramiento del régimen era una tarea esencial en la lucha política y académica. Había que ir en contra de la sumisión y el silencio. Proponían buscar los espacios que iba conquistando la lucha democrática para hacer propuestas de ley. Una de esas propuestas fundamentales era la reforma política. Como el régimen de partido de Estado es inherentemente antidemocrático, idearon la forma de desnudarlo haciendo enjuiciamientos al régimen a través de la documentación precisa de todos sus actos ilegales en contra de la democracia. Cuando la dirección panista optó por cambiar de táctica ante el gobierno en 1964 con el fin de consolidar posiciones electorales, los dos estuvieron de acuerdo con esto, pero no en que se soslayara el hecho de que las maniobras fraudulentas proseguían. Pero su crítica nunca fue simplista. Siempre estuvo afianzada en datos. No se quedaban en las señalamientos. Hacían propuestas tanto en torno a la modificación de las leyes como en los aspectos que atañían a las necesidades sentidas de los ciudadanos. Eran partidarios de una política alternativa viable. En particular González Luna criticaba a los católicos su sumisión ante el régimen antidemocrático mexicano. Fueron partidarios del pluralismo. Su convicción democrática los enfrentaba a las posiciones fundamentalistas (y fascistas) de organizaciones como los Tecos y el Muro.

La defensa de la democracia implicaba construir fuerzas democratizadoras. Fueron lúcidos y tenaces organizadores de un partido. No querían que fuera confesional, y por eso su postura en contra de los que pretendían darle el carácter de demócrata cristiano. Aunque tanto González Luna como Gómez Morín en la época descrita no estaban formalmente en los puestos de dirección, y respetaban las instancias orgánicas de su partido, representaban una instancia crítica dentro del mismo. Eran enemigos de cualquier tipo de demagogia, de respuestas insuficientes a problemas profundos. Los dos se oponían a tácticas de organización insuficientes. Demandaban que se construyeran núcleos partidistas y que se atendieran. Lejos estaban de cualquier actitud burocrática dentro del partido. Cuidaban la autonomía del partido, y por lo tanto que no fuera a caer en dependencia de partidos extranjeros. Constituyeron una oposición autónoma y nacionalista. No aceptaban pasivamente la falta de educación política ni en los militantes ni entre los ciudadanos. Estaban atentos a las maneras de remediar ese mal. Deseaban que los jóvenes militantes estudiaran. La organización partidista sufría carencias económicas. Ambos buscaban las formas de que militantes y simpatizantes aportaran recursos económicos al partido. Cuidaban que no por lo inmediato se perdiera lo fundamental. El quehacer cotidiano partidario debía regirse por una visión de largo alcance. Los dos insistían en que había que aprovechar las campañas electorales para educar.

Los dos fueron políticos muy completos. Daban lo mejor de su tiempo a la investigación y a la acción. Tenían extensas bibliotecas personales. Eran muy cultos e informados. Al mismo tiempo eran intelectuales y políticos. Estos dos polos los interrelacionaban y los reforzaban con mucha disciplina. González Luna murió cuando estaban entablando una batalla intelectual en contra de cuestionables interpretaciones sobre la realidad mexicana y cuando se disponía a entrar a una dura campaña electoral en Jalisco. Esto sintetiza lo que fue toda su vida política: un intelectual comprometido con las tareas de la democracia. Los dos fueron intelectuales respetados que construyeron un intelectual orgánico. No cedieron ante el absolutismo del régimen del partido de Estado. Sabían que podían contribuir a la demolición de esa onerosa carga antidemocrática e ir construyendo una alternativa. Buscaron la forma de comunicar sus conocimientos a través de una educación a los militantes y a votantes en los que inculcaron el espíritu ciudadano.

La lucha por la democracia ha ido consiguiendo importantes avances. Se han logrado mejores padrones, el partido del Estado ya no tiene el control de los organismos electorales, etc. Pero ese partido todavía echa mano del recurso que atenta contra lo más elemental, la libertad del sufragio, a través de la compra del voto. La democratización todavía tiene un buen trecho que recorrer.

 

Notas

1 Este artículo forma parte de la obra colectiva de varios autores, Seminario Internacional del Pensamiento de Don Efraín González Luna, PAN, Guadalajara, 1999: 537-569.

2 Efraín González Luna, "Revolución y espíritu burgués", en Obras, tomo VII, Editorial JUS, México, 1976: 102.         [ Links ]

3 Me había construido esa imagen a través de entrevistas con hijos de González Luna.

4 Cartas entre Efraín y Manuel, 16 y 24 de julio de 1964, AEGL.

5 Hugo Gutiérrez Vega, "González Luna. Una herencia olvidada" en: Masiosare, núm. 92, septiembre de 1999, pp. 7-9.         [ Links ]

6 Carta de Efraín a Manuel, 24 de septiembre y 13 de diciembre de 1955, AMGM.

7 Carta de Efraín a Manuel, 29 de noviembre de 1958, AMGM.

8 Cartas entre Efraín y Manuel, 4 ,10 y 14 de marzo de 1959, AEGL.

9 Cartas entre Manuel y Efraín, 13 de julio y 1 de agosto de 1959, AEGL.

10 Cartas entre Manuel y Efraín, 6, 10, 13 y 20 de agosto de 1959, AEGL.

11 Cartas entre Efraín y Manuel, 26 y 29 de octubre, 4 de noviembre de 1959, AEGL.

12 Cartas entre Efraín y Manuel 12 de enero, 14 de febrero, 17 de marzo, 3, 13 y 17 de abril de 1961, AEGL.

13 Cartas entre Efraín y Manuel, 22 y 27 de junio, 7, 11 y 20 de julio de 1961, AEGL.

14 Cartas entre Efraín y Manuel 12 y 16 de mayo de 1961, AEGL.

15 Cartas entre Efraín y Manuel, 19 y 26 de septiembre de 1961, AEGL.

16 Cartas entre Efraín y Manuel, 4 y 8 de diciembre de 1961, AEGL.

17 Cartas entre Efraín y Manuel, 4, 8 y 13 de junio, 2 de julio de 1962, AEGL.

18 Después del triunfo de la revolución mexicana con el lema "sufragio efectivo, no reelección", apareció la ley electoral de 1911, que experimentó una reforma al año siguiente. Después de la Constitución de 1917 vino un nuevo ordenamiento legal electoral en 1918, el cual tuvo reformas y adiciones en 1920, 1921, 1931, y 1942 y 1943. Se volvió a emitir una ley electoral en 1946, la cual tuvo una reforma en 1949. En 1951 se aprobó otra ley electoral. Ésta tuvo modificaciones en 1954 y en 1963.

19 Cartas entre Manuel y Efraín, 11, 15, 18 de enero de 1964, AEGL.

20 Adolfo Christlieb Ibarrola había asumido la dirección del PAN en 1962. Había dado un giro, pues había abandonado los tonos confesionales de sus dos predecesores y hacía esfuerzos por abandonar el clima de enfrentamiento con el gobierno, para ensayar nuevos espacios de diálogo político.

21 Cartas entre Manuel y Efraín, 12 de febrero, 22 de abril, 6 , 11, 21 y 24 de julio de 1964, AEGL.

22 Carta de Efraín a Manuel, 6 de octubre de 1961, AEGL.

23 Cartas entre Efraín y Manuel 13 de octubre, 8 y 13 de diciembre de 1961, AEGL.

24 Entre ellos estaban Hugo Gutiérrez Vega, Manuel Rodríguez Lapuente, Carlos Arriola, Horacio Guajardo y Emilio Tiessen.

25 V. Fuentes Díaz, La Democracia Cristiana en México, ¿un intento fallido?, Altiplano, México, 1972.         [ Links ]

26 Carta de Manuel a Efraín, 9 de julio de 1992, AEGL.

27 Carta de Efraín a Manuel, 1 y 4 de diciembre de 1962.

28 Carta de Manuel a Efraín, 5 de diciembre de 1962, AEGL.

29 Cartas entre Efraín y Manuel, 10 y 15 de diciembre de 1962, AEGL.

30 Carta de Efraín a Manuel, 25 de enero de 1963, AEGL.

31 Cartas entre Efraín y Manuel, 3 de abril, 29 de agosto, 4 de septiembre de 1963.

32 Carta de Efraín a Manuel, 9 de marzo de 1964, AEGL.

33 Hugo Gutiérrez Vega, op. cit.

34 Para profundizar en estas antinomias véase Jorge Alonso, Tras la emergencia de la ciudadanía. Un acercamiento a la personalidad política de Efraín González Luna, t. II, El pensamiento político, ITESU, Guadalajara, 1999, páginas 181-184.

35 Sus numerosas cartas se encuentran en el archivo Gómez Morín (AMGM), y en el archivo González Luna (AEGL).

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