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Desacatos

On-line version ISSN 2448-5144Print version ISSN 1607-050X

Desacatos  n.2 México  1999

 

Reseñas

 

Kath Weston. Families we choose. Lesbian, gays, kinship.

 

por Patricia Ravelo Blancas*

 

* CIESAS / México.

 

Este libro constituye un aporte novedoso a los estudios de familia. A partir de un referente histórico como es el desarrollo de la familia en los años setenta y ochenta, Kath Weston va planteando las diferentes modalidades no sólo de la familia extensa, sino principalmente de la aparición de las familias gays (homosexuales y lesbianas). La identidad sexual, la clase, la raza, la etnicidad y el parentesco son los ejes del estudio realizado con población gay y lesbiana de los Estados Unidos. Desde una perspectiva filosófica y de crítica literaria, está descrito bajo la forma narrativa de los escritos y monografías etnográficas.

En la década de los ochenta los debates giraban en torno de las nuevas tecnologías reproductivas, la maternidad sustituta, las adopciones abiertas, los derechos del aborto, el aumento en el número de madres adolescentes, de madres trabajadoras, de madres y padres solteros, generalmente pobres, la alta tasa de divorcios y de familias mezcladas que consistían en mujeres y hombres que se volvieron a casar y que tenían hijos de matrimonios anteriores. Esta era la década de lidiar con las diferencias, donde las identidades se movían, cambiaban, se transformaban y se multiplicaban.

Este estudio atiende a un conjunto de preguntas sobre las familias gays: ¿de dónde vinieron estas familias? ¿por qué aparecieron hoy en día?, ¿cuál es la relación del nuevo discurso emergente hacia los movimientos sociales y al cambio social?, ¿son las familias gays asimilacionistas de manera inherente o acaso representan una salida radical de un entendimiento del parentesco convencional?, ¿las familias gays acaso tendrán un efecto en las relaciones de parentesco y en las relaciones sociales en general?

Con las narraciones que enriquecen este libro se cuestiona el estereotipo del gay aislado, ausente de relaciones de parentesco y de relaciones estables para dar paso a una visión diferente, mucho más amplia y profunda que considera el enramado de nuevas relaciones sociales, no sólo de lazos sanguíneos, sino los de parentesco y de género a partir de otros lazos cercanos, como los emotivos, amistosos, solidarios y amorosos. El punto central del texto gira en torno de las discusiones sobre las familias gays que han resignificado políticamente el reclamo del parentesco. Estas discusiones se centran en que este dominio de parentesco va en el futuro a mover a las personas gays en una dirección más conservadora; otros argumentan que este tipo de familias son un intento fallido por convertirse en familias heterosexuales; algunos más piensan que las familias escogidas están llevando a un rompimiento decisivo con las relaciones calculadas genealógicamente. Esta última postura es la más sugestiva y la que va desarrollando y enriqueciendo la autora en todo el texto que se compone de ocho capítulos.

Kath Weston habla de las diversas relaciones que se van creando con los lazos de amistad. Todas las redes de apoyo entre las lesbianas, por ejemplo, y también el apoyo emocional de amigas y amigos lo asocia con lo que los antropólogos consideran como parentesco ficticio. Sostiene que aunque esta categoría ha caído de la gracia de las ciencias sociales es intuitivamente válida para muchas personas en los Estados Unidos cuando se aplica a las familias escogidas.

Según la autora, cuando asumimos que las familias nucleares con una cabeza paterna son las unidades centrales del parentesco y todos los patrones alternativos son extensiones o excepciones de ésta, aceptamos un aspecto de la hegemonía cultural en vez de estudiarla en el proceso; perdemos de vista el dominio contextuado en el cual la innovación simbólica puede ocurrir. En ausencia de una noción genealógica, el parentesco tendrá otro significado, pues fuera de los fundamentos de la biología, el parentesco no es nada.

Kath Weston va enriqueciendo los planteamientos del discurso gay como respuesta a la ideología hegemónica centrada en la heterosexualidad. En el discurso gay las familias que se escogen están definidas a través del contraste con la familia biológica o consanguínea; la familia biológica y las familias escogidas son categorías mutuamente constituidas, relacionadas a través del principio del determinismo que opone el libre albedrío con los supuestos biogenéticos. El discurso sobre las familias gays refuta cualquier reclamo de que la procreación debe ser privilegiada y debe ser el centro del parentesco y de las relaciones sociales en general.

Todas las dificultades de la construcción de estas familias gays, a menudo son reducidas a una relación metafórica de arreglos más convencionales de parentesco y las tratan como relaciones familiares que no son reales y que nunca le llegarán a los estándares heterosexuales. Pero en realidad, dice la autora, es la historia de los gays y de las lesbianas que se mueven del aislamiento hacia el parentesco.

En los setenta algunas activistas consideraban que no tener familia era un orgullo, el homosexual representaba el rechazo más infiel contra la familia nuclear que aún persiste y por lo tanto es perseguida por la necesidad de mantener la hegemonía del concepto de familia nuclear. Pero, de acuerdo con Kath Weston, los gays deben inventar una terminología para describir sus experiencias en vez de adoptar el lenguaje y las instituciones de los heterosexuales.

Otro aspecto que aborda este texto en esa construcción de parentesco gay, es el amor incondicional. A menudo invocan el amor como la necesidad y el criterio suficiente para definir el parentesco, poniendo al parentesco en el amor, en la distinción entre las relaciones eróticas y no eróticas; lo colocan en un mismo concepto con respecto a los lazos de amor hacia los amigos y los amantes.

La autora sitúa a las familias escogidas en el contexto específico de una oposición ideológica entre las familias definidas como heterosexuales y gays y familias identificadas con biología y con escoger. Esta oposición generalizada simplifica de sobremanera las complejidades de la organización de parentesco ignorando otras identidades. También hay que considerar de manera importante que la familia puede significar diferentes cosas cuando está atravesada por la clase, la raza, la etnia y el género.

Otros de los aspectos que aborda Kath Weston es el momento de descubrir la identidad gay, el salir del clóset, el salir con identidad homosexual ante los parientes, así como los tiempos y el contenido del discurso gay y la posibilidad de construir solidaridades no eróticas entre los gays. El recolocar los límites entre heterosexual y gay dentro del dominio de mediatización del parentesco, hizo posible el establecimiento de la familia gay y que ésta significará no una asimilación sino un punto de salida de la heterosexualidad.

El salir ante un pariente o un padre biológico pone a prueba el amor incondicional y la solidaridad que debe existir. En este sentido produce un discurso destinado a revelar la verdad, no meramente el ser sino la verdad de una relación de parentesco. El significado de salir ha cambiado de manera lenta a través de los años, asumiendo su sentido dual de reclamar la identidad lesbiana o gay para uno mismo y comunicar esa identidad para los otros. Para que una declaración de identidad sexual sea clasificada como salir, un sujeto lesbiana o gay debe ser el autor; ser descubierto no cuenta aunque los individuos algunas veces quisieran que sus parientes, sus padres, se dieran cuenta de esto para evitar la ansiedad de tener que decírselo. El salir está estructurado en términos de una posición conceptual entre esconder o mentir y ser honesto, una oposición elaborada a través de la imaginación espacial que sitúa al ser dentro de un paisaje social implícito.

En la mayoría de las narraciones de este libro sobresale de una manera bien lograda la división entre un ser interior auténtico y la presentación superficial dirigida al mundo externo; la experiencia de tener la realidad de la propia vida, el goce, el lamento no confirmado por la realidad que te rodea. El salir crea un puente entre este rompimiento quitándole a uno la máscara para revelar las verdades escondidas, los secretos y las mentiras. Esta imagen de un ser interno, nos dice Kath Weston, de un ser de corazón, implica las nociones de autoestima y autoaceptación, existe una reflexibilidad que hace que el ser sea simultáneamente el sujeto y el objeto de un acto o de un proceso de pensamiento.

Al salir una persona actúa para crear un sentido de ser completo estableciendo la congruencia entre la experiencia interior y la presentación externa, moviendo lo interno hacia lo externo, trayendo lo oculto a la luz y transformando la realidad privada en realidad social; el closet simboliza el aislamiento, el individuo sin sociedad, un extraño aun para sí mismo.

Lo que resultó claro de las entrevistas con cientos de lesbianas y gays realizadas por Kath Weston, es que el salir representó para ellas y ellos una profundización de sus relaciones. Además de que cuando intentaron predecir lo que iba a resultar del salir del clóset, sus juicios reflejaron presunciones culturales respecto al género, el poder y las categorías específicas de las relaciones de parentesco y de cercanía. Aunque la cercanía es generalmente el criterio más invocado sobre el cual basan esta decisión, los individuos argumentan en pro y en contra de salir. La cercanía o las distancias se refieren a términos que incorporan dimensiones geográficas, socio-emocionales y genealógicas. Una relación íntima con algún familiar inmediato, un hermano, o distantes, como con un primo o un amigo, ilustran las tres posibles combinaciones de estos diferentes sentidos de cercanía.

Otro aspecto que aborda este estudio son las expectativas de rechazo/aceptación hacia los gays. Los padres gays describieron grandes temores de ser repudiados por sus hijos, muy similares a la ansiedad que ellos sintieron cuando contemplaron el hablar con sus propios padres. También se cree que las predicciones de aceptación o rechazo tienen que ver con la educación, la religión y la ocupación.

Volviendo al aspecto central del libro que es la familia, la autora sostiene que en la práctica las nociones de familias relacionan la identidad sexual con otros tipos de identificaciones incluyendo las de raza, clase y parentesco. En las teorías que explican las formas en que estas identidades tienen un impacto con respecto al salir, la autora ubica tres áreas generales. Primero, el énfasis en la familia como una unidad de solidaridad más que como una colección de miembros. Segundo, el contraste entre las familias cercanas atribuidas a las personas de color y a las de clase trabajadora. Las clases blancas y de empresarios son descritas como fragmentadas. Tercero, la distinción entre el amor incondicional que se considera como característica de las familias del mismo origen que el amor que se da en las familias de las categorías sociales dominantes. La falta de una conexión necesaria entre la clase, la etnicidad y el amor incondicional es igualmente evidente. Según las apreciaciones de Kath Weston, la incidencia del rechazo o aceptación en los diversos grupos étnicos necesita de mayor investigación.

Los individuos no son definidos por su sexualidad solamente, cada uno tiene su historia y su propio erotismo, están involucrados en situaciones específicas; forman parte de la humanidad no como una especie en sí misma, enraizada en las vías procreativas de una cultura que disocia a los gays y a las lesbianas de la familias definiéndolos como seres no procreativos. La noción de la diferencia que divide a los gays de los heterosexuales coloca de una manera estratégica a las personas gays fuera del dominio del parentesco, pero llevan el parentesco de otra manera, al igual que la clase, el género, la etnicidad y no sólo como personas absortas en sí mismas y obsesionadas por el sexo.

La autora considera, después de exponer los resultados de su investigación, que el discurso sobre las familias gays ofrece una respuesta a la diferencia. Estas familias no están opuestas al colectivismo ni son privatizadoras, por el contrario, han sido capaces de integrar las relaciones a través de diferentes casas de asistencia material, emocional, de arreglos de paternidad y de apoyo para personas con sida. Según la autora, la tendencia es crear lazos con personas que sean similares y desaparecer las diferencias entre el horizonte de lo personal y lo político. Tarea por demás compleja.

Sólo cuando se ponga en un lado la relación que opone a los heterosexuales con las familias gays el parentesco organizado procreativo será marcado como familia biológica y calificado como un subgrupo del universo más amplio del parentesco. Esta transformación no reta a la interpretación de la biología como un hecho natural, esto representa una salida significativa para construcciones convencionales de parentesco que produce un tipo particular de familia.

Algunos gays y lesbianas han escogido crear familias y otros no; unos son padres y otros no, pero todos asociaron sus identidades sexuales con la liberación de cualquier tipo de imperativo procreativo. En este sentido, el potencial radical del discurso sobre las familias gays no está limitado a contestar las diferencias de la "especie de homosexualidad", reproducción o relaciones de clase o aun el individualismo implícito en las nociones de escoger.

Si el hablar de identidad los llevó hacia el rechazo, ellos recordarían que los lazos consanguíneos no eran el término de las opciones para ellos en el dominio del parentesco. Por ello hay que atender cuidadosamente al contexto del cual el parentesco gay ha emergido: la rica historia de amistad, de elecciones eróticas, de construcción de comunidades y otras modalidades de la solidaridad gay y lesbiana que han precedido el discurso contemporáneo sobre las familias que se escogen.

Kath Weston en su reflexión va más allá sobre cómo las personas en el proceso de tomar una identidad nueva y ostensiblemente sexual se encuentran a ellos mismos hablando tanto sobre el parentesco como sobre la sexualidad. Las mujeres lesbianas y los hombres gay han cuestionado la centralidad del coito heterosexual, anteponiendo el modelo de género y las relaciones de amistad o de parentesco a la paternidad y maternidad.

Las familias que se escogen y el lugar de la oposición simbólica entre las familias derechas (heterosexuales) y las gay; los cambios en la conceptualización de las relaciones entre amigos y amantes, así como los retos hacia la visión de una comunidad gay unificada, aparecen en este libro como antecedentes históricos adicionales que han ayudado a modelar el discurso contemporáneo sobre las familias gays. Esta parte del análisis no presenta un estudio de comunidad en el sentido tradicional, sino de la comunidad como una categoría cultural implicada en la renegociación de las relaciones de parentesco y de género.

La autora también expone el interés creciente en el parentesco gay y lesbiano en una época en la cual el sida ha tenido un mayor impacto sobre los hombres gays en los EUA.

Otro aspecto importante que aborda la autora es von referencia a la paternidad entre los gays y las lesbianas. A mitades de los setenta en la costa oeste de los EUA crecieron las fantasías de mujeres lesbianas que querían tener hijos. Aquellos que aceptaron sus identidad y no tenían hijos tenían una inmensa cantidad de opciones: podían ser padres o madres adoptivas, padres o madres que iban a pagar la crianza de un niño o de una niña, podían compartir la paternidad y la maternidad con otra persona, podían utilizar la inseminación artificial, la manera tradicional de procrear hijos en una relación heterosexual y también podían ser padres sustitutos.

Muchas madres lesbianas describieron la maternidad como un status que hacía su identidad sexual invisible. Si la maternidad puede hacer a la identidad lesbiana invisible la identidad lesbiana puede también oscurecer la paternidad-maternidad. La inseminación era una innovación que motivó a las lesbianas, facilitando la paternidad/maternidad biológica sin requerir del matrimonio, del refugio, del coito heterosexual, etc.

Según Kath Weston la distinción entre las familias biológicas y no biológicas convierte a lo biológico en un referente categórico para las relaciones de parentesco pero no es el único ni el principal.

En fin, este libro vale por su sentido narrativo, testimonial y por su estilo original de combinar el análisis entrelazando varios aspectos alrededor de la identidad gay y lesbiana y de constitución de las familias gays. Es un libro que ofrece muchas sugerencias y pistas para continuar indagando sobre estas nuevas familias gays que están surgiendo en los marcos heterosexuales, pero con amplias necesidades de legitimar otros lazos de parentesco fundados en los lazos de amistad y amor.

Kath Weston

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