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Desacatos

On-line version ISSN 2448-5144Print version ISSN 1607-050X

Desacatos  n.2 México  1999

 

Esquinas

 

Entre el río y el mar

 

por Martha Patricia Ponce Jiménez Martha López Castro y Juan Fernando Rodríguez Ruiz*

 

* CIESAS / Golfo

 

Para Yomi, Conga, Beba y Eli por su amistad y confianza

 

Contexto

Boca del Cielo, colinda al norte y este con el municipio de Alvarado y con el golfo de México; al oeste y el sur con el municipio de Medellín; y, al norte y oeste con el puerto de Veracruz. Según datos del INEGI, en 1995, el 99.4% de sus 135 mil habitantes vivían en el ámbito urbano; representando las mujeres el 52.5% de la población, los hombres el 47.5%, y los jóvenes el 31.32%. La PEA era de 47-454 personas las cuales laboran: el 64.7% en el sector terciario, el 28.5% en el secundario y el 1.8% en el primario. Cuenta con 38 colonias populares, 22 fraccionamientos, 7 unidades habitacionales y 2 ejidos.

La cabecera municipal, lugar donde trabajo, cuenta con aproximadamente diez mil habitantes, y es desde hace muchos años, un punto importante de visitar dentro del circuito turístico jarocho debido a su tradicional buen gusto por la comida, bebida y música regional que se manifiesta en la gran cantidad de restaurantes afamados que cotidianamente —más aún en épocas festivas y vacacionales— se encuentran invadidos por turistas nacionales y regionales. Muchos de ellos, han comprado un apartamento para pasar sus días de descanso en los diferentes condominios construidos a lo largo de los últimos veinte años. Sin embargo, estos turistas se mueven hacia el bello puerto, y poco conviven con los boqueños, lo que ha permitido que se conserve esa vida pueblerina que aún se respira en el ambiente, aunque sin duda a lo largo de los años ha habido transformaciones en la vida local.

Rayando el año 2000, poco queda de aquella pequeña villa de pescadores de los años sesenta con tres mil habitantes, cuando la única diversión era mirar el circo que año con año llevaban los húngaros, o la televisión de algún vecino por lo cual pagaban veinte centavos. El oficio de pescador, que se heredaba a los hijos varones, ha caído en desgracia. Hoy los jóvenes no gustan de él por considerarlo un trabajo que nunca les permitirá salir de pobres. Ciertamente, la pesca no da más para vivir, se ha vuelto un arte de mera sobrevivencia.

Los habitantes en general, no requieren viajar a la ciudad y puerto de Veracruz para satisfacer sus necesidades más elementales, pues el centro histórico es el asiento del palacio municipal con todas sus oficinas y poderes. Ahí mismo se localizan las dependencias estatales-federales, y los diferentes establecimientos comerciales. Esto permite que el área funcione como un pueblo en donde todos se conocen, se saludan, se visitan, y refrendan su orgullo boqueño. Se casan entre ellos, ahí nacen y crecen sus hijos, ahí entierran a sus muertos.

 

Ser homosexual en la costa veracruzana

En el mestizaje de indios, africanos y europeos, también se mezclaron sus códigos, su risa, su lenguaje, sus mitos, su música, su religión, sus placeres y sus sexualidades... Y con todos esos hilos, unos finos, otros burdos, se tejió la trama donde hemos bordado, retomando el hilo o rompiendo y rehaciendo. Y tantas huellas, cadencias y pasiones que esa mezcla étnica sembró a su paso, le dan a la costa del Golfo un aire particular; lugares que atrapan, donde el olor de la sensualidad se confunde con el olor de la mar.

"Es el clima el que nos hace tan calientes" —exclaman los costeños entre risas y con miradas llenas de picardía. Lo cierto es que la sexualidad, como parte de la vida, también se enfrenta y se practica con otras modalidades.

Los pobladores de Boca de Cielo abrieron su corazón e intimidad para hablar de su vida sexual, amorosa, sus inquietudes, sus creencias, sus deseos. Existe, en estas regiones, una mayor tolerancia al ejercicio de la sexualidad.

Es común el inicio de la vida sexual en la adolescencia temprana, las relaciones sexuales de hombres con otros hombres, y con mujeres se considera una etapa necesaria para la formación, se convive sin violencia con los homosexuales, se aceptan hijos nacidos fuera de matrimonio, esposas con relaciones extramaritales por causa de "la alta naturaleza", entre otros. Quizá en estos hilos que se tejen y entretejen, en los roles sexuales asignados, en los condicionamientos culturales, en el concepto del sexo como pecado, y todo aquello que se dirige desde la infancia, están los que hacen frente de diversas maneras a la disparidad entre sus necesidades sexuales y los deberes sociales. Es aquí donde la sexualidad se torna "clandestina", donde el placer puede transformarse en "práctica de riesgo", es decir, abierta o encubierta, hay una diversa expresión sexual, pero no hay campañas de información y prevención para evitar embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, y muchos menos el VIH-SIDA. Especialmente, orientados para las mujeres y los hombres de la costa veracruzana, para quienes amar, sin miedos ni culpas, es seguir de la mano con la vida.

Fabio es un varón. Alto, guapo, de barba cerrada, con una mirada azul chispeante y juguetona. "Yo soy como una palomita, brinca y brinca, pica y pica" —dice— y dentro de su blanquísimo atuendo jarocho, realmente lo parece, zapateando con la misma facilidad que sonríe y seduce. Al son de la jarana agita su pañuelo, va de un extremo a otro. En el giro de su cabeza al quitarse el sombrero y sacudir la ensortijada melena, en el vaivén de su andar, en el aleteo de sus manos cuando habla, y se revela como un varón diferente.

 

Aunque no lo quieran acectar, también somos parte de la sociedá1

Me dedico a bailar jarocho, nací con la luna de plata... no, mentira, en Boca del Cielo, Veracruz, en 1973. Me gusta ser muy sociable, muy amiguero, muy llevadero con todo el mundo. Mi papá murió cuando tenía un año, no lo conocí, al año mi mamá se casó y me crié con mi padrastro, nunca he tenido problemas con él. Por mi sexo me considero hombre, varón, pero soy homosexual... hay que estar conscientes de lo que somos, pero también hay que pensar en cómo nacimos. Algunas gentes dicen que somos así porque somos hombres que caemos, pero, yo al menos, desde que tengo uso de razón soy así; no sé si es de naturaleza, pero para mí siempre el tiempo, lo más importante ha sido mi lado femenino.

La gente me critica por ser homosexual, vas por la calle te chiflan, te dicen cosas: gansos, maricas, chotos, putos, puñales o gueis. Que sé yo, eso lo dicen para ofender a uno... eso no está bien. Guei es una palabra extranjera, no me gusta; puñal pienso que está mal porque se supone que el puñal se entierra, y nosotros no vamos a andarnos enterrando, puñales serían ellos, los hombres que nos buscan; maricón es el que le gusta andar de chismoso, es el maricón de la boca, y puede ser un hombre; puto es él que anda con muchas mujeres. Por eso me asumo como homosexual, esa es la definición que nosotros tenemos porque abarca nuestro ámbito. Un homosexual o choto es el que le gusta andar con los hombres, que tiene preferencia por andar con los hombres, o sea, homo, de un solo sexo. A nosotros nos gusta tener relaciones con puros hombres, y punto.

Desde la edad de seis años me di cuenta que tenía inclinaciones femeninas. Me encantaba andar jugando a las muñecas y la comiudita, pero como no tengo hermanas me iba con las vecinas, yo era la mamá y uno de los chamacos el papá. Todavía no me gustaban los hombres, pero después, como a los diez años empecé a buscar a los chamacos nomás para jugar a las escondidas, siempre me escondía con un chamaco siempre, siempre... y ahí quedé. Tengo amigos varios, amigos chotos que me cuentan que igual que yo, cuando eran chiquitos se les murió el papá o los abandonó, entons los criaron sus hermanas, los cuidaron y protegieron mucho porque eran los más chicos, entons ellos creen que se volvieron así porque crecieron entre puras mujeres, bajo la influencia femenina, sin el ejemplo de lo que es ser hombre. Pero no es mi caso, porque nosotros fuimos puros hermanos hombres, soy el más chico, y siempre tuve a mi padrastro como figura masculina.

Nací con inclinación femenina. Cuando mi mamá se dio cuenta, porque la mamá es más intuitiva, me llevó con un doctor, tenía como trece o catorce años, me hizo unos estudios, y le explicó a mi mamá que en el ser humano siempre hay mitá de hormonas masculinas y mitá de hormonas femeninas, y que cuando llegas a la época del desarrollo uno se define por lo que quiere ser. También le dijo que yo tenía más hormonas femeninas que masculinas y que era algo biológico. Entons, me empezaron a picar, a picar y a picar... me gustaba que me picaran, no, no es cierto, pero me llenaron de hormonas y nada, sólo me salieron vellos que parezco mona, perdón, mono.

Al principio se opuso, como todas las mamás, pues decía que por qué había nacido así, mis hermanos se enojaron mucho, decían que me estaba haciendo, me golpearon, física y emocionalmente, y me corrieron de la casa. Una vez, un señor me encontró en los hechos y le fue a contar a mi mamá, entons se molestó y me pegó.

—No tienes puta madre. A mí, esas pendejadas no me gustan...

Me pegó con un cinturón, pero se lo agarré.

—No tengo la culpa de haber nacido así, si me quieres acectar como hijo así bien, si no también, es tu problema.

Y salí corriendo. Me fui a la casa de mi abuelita, y mi tía empezó hablar con mi mamá, que si yo era así qué le iba hacer, que ya no me estuviera pegando. Pero no regresé a la casa, me fui de dieciséis años porque ya tenía unos añitos de andar con chavos, pero me llegó mi príncipe azul y me tuve que ir a vivir con él a un cuarto, y hasta la fecha...

Al principio todos se enojaron mucho, pero después me tuvieron que acectar como soy. Mis amigos chotos me cuentan que todos han pasado más o menos por lo mismo en su casa. Algunos los han llevado con el doctor, a otros no; casi todos han sido golpeados por su papá o sus hermanos; con todos se ha enojado su familia; pero en lo que coinciden es en que su mamá los ha respetado, ha llorado, pero les ha dado apoyo moral. Incluso, tengo uno que es trasvesti, y me cuenta que su mami lo ayuda a escoger los modelos para su actuación. Pero eso ya pasó. Actualmente me llevo bien con mi familia, mi mamá ya acectó mi relación con ese muchacho, ni me pregunta ni se mete, y yo pienso que para mí ella es un apoyo principalmente moral, estando bien con ella lo demás no me importa. Eso sí, el tema no lo tocamos ¡Ah no!

Mi primera experiencia sexual fue con hombre, nunca me he inclinado por mujeres. Mi padrastro como quería que fuera hombre me daba dinero para que fuera con las mujeres, pero como yo ya tenía eso de que era homosexual, le decía que sí, pero no me iba con mujeres, me iba con hombres. Mi mamá le había comentado a una amiga que yo era así, entons le pagó para que tuviera relaciones conmigo, y un día me dice.

—Fabio, te buscan allá en el patio...

—¿Quién?

—Lucrecia.

Agarré y fui.

—Dime.

En el patio teníamos una casita, y me dice.

—Ven, acá estamos más cómodos.

Me estuvo agarrando... entons por la ventana se veía que mi mamá me estaba espiando. ¿Pues qué le voy hacer? En ese entons era un poquito más tímido, tenía pena que se dieran cuenta que era así... Sí hubo relación pero fue obligada, hice lo que tenía que hacer, y la verdá no me gustó, no me gustó nada, lo hice para no darle una desección más grande a mi mama, para que le dijera que sí sirvo ¿no? A mí las mujeres no me atraen para nada, me gusta verlas, admirarlas cuando son bellas, me gusta decir.

—¡Ay qué bonita mujer!

Las admiro, reconozco su belleza, pero no deseo sus piernas o sus nalgas, para nada. Simplemente es reconocer a la mujer. Me caen bien, se llevan bien conmigo, las abrazo pero namás. Claro, hay mujeres que son ofensivas con nosotros, nos dicen.

—Pinches maricones...

Nos tienen muina porque hay hombres que prefieren tener más amistá con uno como nosotros que con una mujer, y ellas, cuando se dan cuentan nos empiezan a aventar habladas, chismes o babosada y media. Por eso es que a esas mujeres, si nos agreden las tenemos que agredir, pero en sí, nosotras siempre nos hemos llevado bien con las mujeres. Con los hombres es más difícil porque al estar junto o platicando con ellos otros empiezan a decir.

—Mira, se anda tirando al puto, quiere con el puto, le está sacando dinero al puto...

Antes me molestaba, pero me he ido acostumbrando. Las mujeres nos respetan, nos acectan más.

No me considero mujer, no, para nada, jamás, nunca. Porque si te pones a pensar ¿De quién nací? De una mujer... ¿Voy a dejarla opacada? Tampoco. Nunca me voy a llegar a comparar con una mujer, nunca, sería ofender a mis propias hermanas, en general, a todas las mujeres, y principalmente, a mi mamá.

Tenemos un amigo que cuando estaba más joven tenía un pensamiento equivocado, estaba en tratamiento en México para operarse como mujer, y estuvo dos meses en tratamiento psicológico onde le pasaban videos de homosexuales que se habían operado, y el doctor le daba pláticas.

—¿Realmente quieres ser mujer?

—Sí.

—Pero primero tienes que acectarte como lo que eres, como homosexual. Amás, esta operación tiene pros y muchos contras. El pro es que si te meto más hormonas y te arreglo puedes quedar realmente como mujer, físicamente vas a parecer mujer, pero fisiológicamente no, porque te voy a hacer namás un conducto, mentiras que te voy a poner matriz, mentira que te voy a poner ovarios. Realmente nunca vas a llegar a ser mujer, simplemente va a ser una ilusión. Además, tienes que estar yendo a revisión médica porque hay hombres que son bruscos, si te llegan a lastimar y no te cuidas se te puede infectar. Ora, al principio vas a tener placer, pero con el tiempo, como namás es un hueco el que te hacen, no vas a sentir nada, después vas a querer tener pene para tener relaciones, y ya no te lo podemos poner.

Le decía que muchos se volvían locos, se traumaban o se suicidaban porque ya no tenían el pene que tenían antes. Nosotros nos molestábamos con él, y un tiempo le dejamos de hablar porque se creía mujer, le decíamos que eso nunca podría ser, simple, sencillamente y namás porque uno es varón, física e interiormente.

Hubo un tiempo en que hacía show de trasvesti pero no me gusta, me desespero mucho estar vestido de mujer porque tiene uno que usar muchas cosas... Como tengo mucho pero mucho vello tengo que ponerme como siete pares de medias para cubrirme los vellos, luego los bustos postizos, el pene se lo tiene uno que meter para atrás, el maquillaje, la peluca... claro que me desespera estar sudando mucho. Después del show uno se queda un rato vestido así para tomar una cerveza con alguien que te invita, para ganar tantito dinero... pero no me gusta para nada. Yo pienso, respetando la decisión de cada quién, pero no necesito vestirme de mujer para llamar la atención ni agradarle a la gente, a uno lo deben acectar como eres.

Cuando era chamaco en el pueblo había gente más cerrada, más tradicionalista, pero ahora no. Había mamás que se enojaban si ibas a buscar a sus hijos, los negaban o los regañaban si salían con uno, por lo mismo que no nos acectaban en su casa como éramos. Hoy, en el pueblo no nos sentimos rechazados por nadie, probablemente porque gente que no es de aquí, que viene y no nos conoce. Aquí, en Boca de Cielo nos acectan, nos conocen desde que éramos niños, nos han visto como lo que íbamos a ser, nunca hemos andado con hipocresías ni nada Al contrario, la verdá, el día que pasemos por la calle y no nos griten.

—¡Pinche puto, chinga tu madre!

Ahí sí nos vamos a sentir mal. No nos sentimos agredidos, es relajo, lo tomamos como un saludo. Porque cuando ya no te pelan, entons, sí preocúpate ¿no?

—¿Oye, ya no estoy bonita? ¿Oye, qué pasa?

Los homosexuales de Boca no estamos organizados, sabemos que en Veracruz hay un grupo que se llama Claroscuro que luchan por sus derechos, pero a mí, por ejemplo, no me interesa que la gente se entere o no se entere de lo que somos, me da igual, pero ya salir, manifestarse me parece que es faltarle el respeto a los valores o los principios de la familia.

He visto casos en la tele y todos hemos visto en el periódico: "Mataron al homosexual fulano." ¿Por qué? ¿Por qué los agreden? Porque nosotros mismos provocamos que nos agredan. Si veo un hombre que está simpático, si no lo conozco, no sé quién es, ni de dónde es, no sé que piensa él. ¿No? A lo mejor odia las personas como nosotros, si le coqueteo, puede ser que me acecte o me rechace. Digamos que me rechazó, en ese momento ya no lo volteo a ver, pero si soy terco y estoy encima de él, me paro y voy hablarle después de que me rechazó, por lo menos con la mirada, ahí lo estoy agrediendo porque él no quiere nada conmigo, ahí lo estoy provocando, sí. O sea, ¿cómo voy a acercármele si ya me rechazó desde un principio, a distancia? Entons, provoco que se pare, me meta una golpiza ¿no? En la calle pienso lo mismo, agreden más a los que andan vestidos de mujer... vestirme como mujer no me gusta, siento que eso es como estar frustrado, no me gusta compararme con las mujeres porque jamás lo vamos a ser. A veces también engañan a los hombres... Me han platicado los muchachos del rancho que se han ido con un choto sin darse cuenta, pues no les dicen que es hombre, después lo agarran abajo y se encuentran esa cosa. Yo soy honesto, les digo que soy hombre. ¿Para qué engañar a los hombres?

Estuve trabajando en una cabaré, hacía trasvesti. Vestido de mujer llamaba mucho la atención, estaba más delgado, y con las zapatillas me veía alto... todo hombre que llegaba me mandaba a traer. En una ocasión el mesero me dice.

—Te hablan, pero no vayas, porque ese hombre ve putos y los madrea.

—¿Pero él sabe que soy puto?

—No, no sabe.

—¡Ah bueno, pos orita se va enterar!

Llegué.

—Buenas noches ¿qué paso?

—Quiero que te sientes conmigo.

—¿Sabes qué? Soy hombre, homosexual.

—Te juro que me gusta tu sinceridá, siéntate, me vale madre...

Nos tomamos una, dos botellas, tres botellas y hasta la cama fuimos a parar... Me siento así a gusto, porque no engaño a nadie, nunca he andado con hipocresías ni nada, y pienso que por eso no me agreden tanto.

Pienso que los homosexuales de Veracruz están en su derecho de organizarse. Ellos quieren sentirse acectados, pero aquí, estamos contentos con lo poquito que hemos ganado, nosotros pensamos que sí somos acectados por la sociedá. No tenemos que juntarnos para luchar porque somos acectados por la razón que te decía, nos conocen desde que éramos niños y ellas saben lo que somos nosotros. Hay cierto señalamiento, cierto rechazo, pero podemos vivir con nuestra homosexualidad sin estar encerrados o en un rincón... hay cierta tolerancia.

Claro que faltan muchas cosas, porque sí hay descriminación... Por ejemplo, ojalá en las credenciales de elector un día pusieran hombre, mujer, lesbiana y homosexual, que sean cuatro, no sólo hombre y mujer. Eso es discriminatorio porque somos un ser humano como cualquier otro, con derechos iguales. Lo que también debería cambiar aquí en México, es la forma de ver de las personas del gobierno porque ellos no nos acectan... hasta en la religión, no nos acectan... pero ellos son los primeros que meten el desorden, porque hay unos sacerdotes y unas monjas que... Y los que están en el gobierno se oponen a nosotros ¿por qué? Porque son igual que nosotros, pienso que la persona que se opone a que uno haga aquella cosa es porque es igual. Ellos no nos acectan porque están en ese lugar, allá arriba y no pueden ser como nosotros, por el tipo de sociedad en que viven.

A mí no me gustaría que hubiera una ley que permitiera el matrimonio entre nosotros, no veo bien el matrimonio hombre con hombre. Imagínate entrar a la iglesia, ora sí, yo vestida de novia y él de novio... como que siento que voy a burlarme de Dios. Algunos de mis amigos dicen que desde que Dios hizo el mundo existen los chotos, pero la ley de Dios es hombre y mujer. Ni nosotros sabemos por qué nacimos así, creo que soy un producto de la naturaleza, pienso que al estar en este mundo soy un producto de Dios, pero no me considero como para irme a la iglesia a casar, ni siquiera por el civil. Otros piensan que sí debía existir esa ley porque se sentirían más seguros, porque les gustaría salir a la calle con su pareja y que los reconocieran como esposos... Sí salimos con nuestros chavos pero tenemos que andar a escondidas, si le quiero agarrar de la mano en un restorán o una cantina no se puede porque la gente está viendo. Preferirían que hubiese esa ley para que fueran acectados como hombre y mujer... somos acectados pero con ciertas reglas.

Tampoco nos ponemos de acuerdo si debemos tener el derecho a la adocción de niños. Unos dicen que no porque ese niño va crecer y se va a enterar de las preferencias sexuales de su papá, y la gente... ya ves cómo son aquí en México, lo podrían estar molestando. A lo mejor tendría que ocultar que soy así... es difícil, porque finalmente nos acectan, pero hay cierto señalamiento. Y aunque lo eduques a tu manera, la sociedá se encarga de hacerlo a su modo. Otros dicen que sí porque si la gente los acectó a ellos así, porque no van a acectar a su hijo. Unos lo adoctaría y otros lo quisieran de ellos mismo. Yo estaría dispuesto a hacer un trato con una mujer, encontrarme con ella con tal de tener un hijo mío, porque quiero un hijo que sea de mi carne y de mi sangre. Quiero un hijo, pero si sale niño, quiero que sea varón, no como yo, porque qué va decir la gente.

—Choto el papá y choto el hijo...

Como que no. Además no quiero que pase lo que yo pasé. Ninguno de nosotros quisiéramos tener un hijo así, porque todos sabemos que al principio es difícil, doloroso. Si Dios no lo quiere me sale así, pues lo acectaría, lo apoyaría como no lo hicieron conmigo. Mira, eso es muy importante, evitarle cuestiones que has vivido.

Tengo ocho años viviendo con mi pareja, aquí, en Boca de Cielo, ya la gente se acostumbró a vernos. No soy fiel... no tengo broncas con él porque no se da cuenta, si no ya me hubiera dejado. Nosotros ligamos igual que las mujeres, coqueteamos... soy muy coqueto. Si veo un hombre ahí sentado y me gusta, me le quedo viendo, siento que con la pura mirada lo domino. Si con la mirada me rechazó pues adiós, no seguirle, me busco otro. Si se me queda viendo es que le gusto, entons, agarro, hago como que voy al baño, vuelvo a regresar... ya coqueteando porque voy con el gusanito. Los hombres que me llaman mucho la atención son los negros, negros, negros ¡Ay sí! Que se les vea la piel brillosita. Y sabes qué, que no es mito que los negros lo tienen grande... tengo como diez años de experiencia y es verdá. Pero no creas que soy golosa, no los busco por eso, voy buscando la forma como me trate, porque si me trata de la madre, ahí se queda, con todo y eso, pero ahí se queda... Además, el tamaño del pene no tiene nada que ver, para nada... Es el honor, el honor, darle envidia para que aquel choto se entere que lo tiene así de grande.

—¡Es así y así manita! Luego así jugamos.

—Que anoche, no sé si para bien o para mal, no sé si fue mi suerte pero me tocaron cinco hombres.

—¿Y cómo le haces mana? Yo soy menos glotona, sólo me comí cuatro.

—Pues ustedes están para el libro de Récord de Guinness porque si hubiera una revisión entre ustedes y el filete relleno de marisco más grande del mundo que se hace en Boca de Cielo, se lo ganan de grosor y de largo, de tanto que han comido.

—Sí manita, de pulpo, jaiba, camarón... de todo.

Pero nada de violencia. Jugamos, nos empujamos pero namás. No somos masoquistas... Si acaso un hombre me llegara a pegar, cuando menos me volteo y le doy un madrazo como la chingada...

—¡Y chinga tu madre! Hay algunos hombres que les gusta mucho, incluso hasta llegan a pegarle a uno, pero por lo menos a mí me encanta que empiecen desde los pies hasta la punta de los dedos para que me pongan a punto de turrón. Me gusta que me den mis nalgaditas... No todos son iguales, vulgarmente hay unos hombres que nomás van... te voy a decir la palabra.

—Mámamela, voltéate, y ahí te va...

La verdá, sí. Pero de hecho, pienso que a todos nos gusta que nos traten suave, rico, con amor. En los últimos años esto de la chotería ha aumentado. Cuando vamos a una fiesta, llegamos y sí hay hombres, nos voltean a ver, enseguida nos llaman y nos invitan una cerveza porque les gusta tener amistá o relaciones con nosotros. Hay de todo, hay unos que son... varoncitos, por decir así ¿no? Pero pienso que son bisexuales porque tanto están con una mujer como están con un homosexual... Siempre lo he dicho, el hombre que se va con un hombre, ese, es igual a nosotros, vaya aunque no te toques su parte, las nalgas, nada... ¿Pero el hombre que se va con otro hombre no es homosexual? Es estar acectando que le gustan un hombre... La verdá... para mí un hombre que me busca no es hombre, es homosexual, si fuera hombre buscaría a una mujer.

Por ejemplo con mi marido, a él nunca le he tocado las nalgas, nunca me ha dado por manosearlo, lo agarro, pero le agarro lo que a mí me gusta... o sea, el pene. Él me agarra la espalda, las nalgas, pero yo nomás me estoy dejando, no él se está dejando... pero sí nos besamos.

Me encantan los hombres. Me gusta que me penetren, no voy buscando penetrar... Ora, si cuando estás en la cama se volteó, no hay pedo, chinga su madre, le seguimos... ya te tocó pues ni modo, lo haces. Pero no buscamos eso, me gusta hacer el papel de mujer en la relación, el papel pasivo. Tampoco buscamos chotos, si veo una persona que está sentada como hombre, veo que se para y hace puterías así, entonces ya no me gustó. Ya ni lo voltea uno a ver. Si es un puto, no, pa putos aquí estamos nosotros... es un decir.

Ora con los mayates... así llamamos a los chamacos que se van con nosotros, que nos buscan para penetrarnos. Mayate es un insecto muy cochino que siempre se para en la suciedá, en el excremento... Otros dicen que esos animales no tienen sexo, o sea, que pueden tener relación uno con el otro que y el otro con uno, o sea, se viran ellos dos. De ahí viene eso de mayate. Mira, orita los que más nos buscan son los chamacos, de doce años en adelante... pero ya están bien proporcionados, y nos buscan a cada ratito. Generalmente, su primera relación sexual es con homosexuales, a esa edá quieren probar y no buscan mujeres porque saben que tienen que pagar, además no los dejan entrar a esos lugares por la edá. Entons, ellos nos buscan para tener relaciones sexuales, ellos nos penetran, pero después se aburren y piden ser penetrados... la mayoría, al final pide ser penetrados. Algunos se vuelven homosexuales porque les empiezan a gustar los hombres, otros no, pero regresan a buscarnos; y otros, una vez que tienen mujer no vuelven. La verdá no nos gusta mucho meternos con ellos porque nos da miedo, pavor de que nos puedan acusar de violadores, de pervertidores de menores.

Me gustan los hombres casados, son los mejores porque ya tienen experiencia. Soy apasionado de los hombres casados, no los busco, pero si me toca uno pues ni modo. Tenía un chavo que estaba casao, tiene hijos grandes, y ese me buscaba también porque le daba... pero a mí me gustaba andar con él. La mujer lo sabía ¿por qué? Porque él se lo contaba. Por eso me odia esa mujer, no me puede ni ve, veces me ve parado por ahí y si él lo ve cerca de mí ¡uf! Me está comiendo con la mirada, ni lo volteo a ver, nomás simplemente me quito. No quiero que se vaya a parar y me dé una cachetada porque la voy a arrastrar. Pero la culpa no es mía, la culpa es del marido por irme a buscar ¿no? Y por decirle a la mujer... porque es no tener puta madre irle a decir a la mujer que anda con un maricón, el problema es de ellos, no de nosotros, porque si ellos nos buscan; ora sí, comparando lo calenturiento, pues que asuman su responsabilidá.

No me prostituyo. Hay quienes sí, pero nosotros, los chotos de Boca del Cielo, por lo general no cobramos. Algunas personas dado el caso nos dan... tenía un viejito de un vosvaguen que siempre me iba a buscar, y siempre, aunque no tuviera nada que ver con él en ese momento, me dejaba cien pesos. Ya no podía, pero nomás él quería estar besándome adentro del carro, lo hacíamos en el bulevar, pero vaya, la verdá, ya no podía, pero él se daba gusto decirme.

—Voltéate y quédate en tanga...

Tengo un amigo que durante un tiempo se prostituyó en el Puerto, pero dice que no le gustó porque es muy duro estar aguantando... y como le está pagando, tienes que estar con ese hombre, aunque no te guste. Dice que pagan bien... bueno esto que te estoy platicando fue hace como cinco años más o menos, los homosexuales cobraban ciento cincuenta, las prostitutas unos doscientos, ora las que están jodidas, desparramadas, cincuenta... pobres. Nunca usaría mi cuerpo para explotarlo. Pues se agota uno, se debilita, y se va matando poco a poco. La verdá, nosotros acá, lo hacemos porque nos gusta, por amor, por placer, por deseo, pero no por lana, ni cuando la necesitamos. Los chamacos a veces nos dicen.

—Aquel me dio cincuenta pesos...

Es que tenemos un amigo choto que está grande y cuando viene acá les paga.

—Pues vete con él. Nosotros estamos jóvenes, cuando estemos viejos, entons, algún día ven por mí y te voy a pagar no cincuenta, te voy a dar hasta ciento cincuenta.

Pero orita estoy joven y bonita, cuando esté jodida sé que nadie me va a voltear a ver ¿no? Pero si todavía estoy joven no tengo porque pagar.

Ora con lo del SIDA hay que andar pendiente, nos tenemos que cuidar porque está peligroso. Antes pues valía queso todo. Con la persona que vivo no uso condón, pero con los de la calle sí, porque ya los conozco y no nomás se meten conmigo, sino que se meten con otro y con otro y con otro, por eso lo uso. Muchos se enojan porque no tenemos relaciones con ellos sin condón, pero ahora los chamacos te exigen el condón, tienen trece, catorce años y te lo exigen, es lo bueno de la educación. Otros, si tienen un chavo fijo, que lo ven cada ocho días, cada quince, y ya lo conocen, pues tranquilos, no pasa nada; pero si van a un lugar, no conocen a las personas, y hacen algo, pues sí.

Hasta orita gracias a Dios ninguno de nuestros conocidos se ha infectado de SIDA. Enfermedades venéreas uno que otro sí... Claro también a veces así se arman los chismes, por envidia. Haz de cuenta que ando con un chavo y te quieres meter con él, entons te digo que no te metas porque tiene gonorrea. Nosotros cada seis meses nos vamos a hacer el análisis del SIDA y gonorrea... pero los chamacos nunca van a que los revise un doctor. El otro día estábamos con un chamaco de quince años y dice.

—A su... tengo unas ganas de coger...

Entons, agarra y se saca esa madre y nos enseñó...

—Oye chamaco, se te va a pudrir la verga.

—¿Quién te lo pego eso?

—Fue fulano... Un choto...

Me siento bastante normal, soy feliz así como soy. Mis amigos me comentan que también, que solamente les falta su príncipe azul para ser totalmente felices... aunque sea un sapo verde. Nos llegamos a enamorar profundamente, pero no nos gusta mucho porque cuando amas entregas todo, y sufres... pero a la vez, nos enamoramos, como un hombre y una mujer. No tiene que haber amor para que haya placer, puede ser una relación sin amor pero muy placentera, siempre y cuando te traten bien, sí, porque cuando te vas con uno, te vas con la idea de que quieres todo ¿no? Y si te trata bien, te comienza a acariciar... una cosa bonita, pues está uno satisfecho; pero si es nomás de uno dos tres sale, pues me pudo gustar mucho el chamaco desde el principio, pero si no me da satisfacción... pues sale, la verdá así es.

Nunca acectaría quitarme un pedazo de mi cuerpo, o sea del mío, que cada quién piense como quiera, porque me pongo a pensar, si yo nací varón, me opero y me quito el pene, por ejemplo, después ¿qué voy a ser? Mujer, nunca. ¿Hombre? ¿Varón? O sea, varón tampoco porque me voy a quitar el pene, no voy a servir para nada, entons ¿qué voy a ser? Nunca me he definido exactamente qué sería si me quitara el pene. Hombre no porque no voy a satisfacer a nadie, ni a mí mismo, porque si tu quieres nos masturbamos y sientes satisfacción. Pero imagínate cuando ya no tenga eso... me dan ganas de hacerle el amor a alguien ¿y cómo? No sé cómo se llamará eso, pero para mí sería un fenómeno.

El hombre es hombre por el pene. Claro, me puedo conseguir uno de plástico, un consolador con vibrador... A mí me lo regalaron, pero como no lo puedo tener en la casa me lo llevé a la estética de unos amigos, pero les dije que no lo usaran porque me lo regaló uno que trabaja en la limpia pública. Lo usamos cuando hacemos despedidas y nos hace falta esa madre para agarrar de pendeja a la gente.

—Órale, échale mana. ¿No? Entons, mejor guárdamelo...

Jamás he pensado en meterme hormonas, eso no nos gusta. Últimamente estaba yendo al gimnasio porque me gusta verme como un hombre normal, entre más hombre me vea, mejor. Lo que sí me hubiera gustao es ser mujer, haber nacido mujer para tener un hijo, sentir lo que es realmente ser mujer... la única ilusión por lo que hubiera querido ser mujer es para tener un hijo, pero que fuera mío. Un amigo me dice que él está contentísimo con ser choto, que mujer nunca; otro sí le gustaría, pero cuando se pone a pensar que una mujer cada mes mestrúa, ora para hacer el amor tiene a fuerza que cuidarse porque si no se embaraza, y parir un hijo cree que es el dolor más grande que pueda sentir uno, o sea, la mujer... por eso dice que pensándolo bien, no le hubiera gustao ser mujer.

Entre nosotros no nos peliamos por los hombres, sólo una que otra envidia. Pero al menos no soy de esas personas, vamos a suponer, que anda conmigo, y otro choto se lo quiere comer, no le digo.

—No te vayas con él.

Al contrario.

—Mira mana, está bueno. Si te lo quieres echar, échatelo. O, ten cuidao porque después de hacerte el amor te pega un madrazo...

Sólo doy recomendaciones. Una vez, cuando tenía quince años, que me estaba convirtiendo de niña en mujer, sí me pelié por un hombre porque me gustaba, pero cuando reaccioné vi que hice mal, porque la verdá andar peliando por un hombre ni vale la pena.

Aunque hay cierta tolerancia, me gustaría que la poca o bastante gente que nos molesta no lo hiciera, que no nos viera como un defecto, sino como una virtú. Hay personas que piensan que como somos homosexuales somos raros, enfermos, anormales, defectuosos, pero no. Somos personas normales, estudiamos, amamos, trabajamos, razonamos como todos... También tenemos principios, valores, derechos. Mis derechos serían que nos acectaran como somos, que no se metieran en nuestra vida privada, que antes de criticarnos se criticaran ellos mismos porque también tienen cola que pisarse... Que nos respetaran como seres humanos que somos, que nos dieran nuestro valor, porque aunque no nos quieran acectar, nosotros también somos parte de la sociedá.

 

Notas

1 Este testimonio es el resultado de una entrevista abierta y colectiva realizada por los autores con cuatro hombres-homosexuales de la costa veracruzana. Respetamos los giros lingüísticos, el lenguaje coloquial, la secuencia y la estructura de la propia entrevista, pero retomamos características de los cuatro entrevistados para constrir un personaje ficticio y real al mismo tiempo, logrando una sola voz, que es la que nos narra la historia.

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