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Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.1 México  1999

 

Reseñas

 

Donald Martin Carter. States of Grace. Senegalese in Italy and the new European immigration

 

Cristina Oehmichen*

 

* Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM.

 

Donald Martin Carter tiene el propósito de mostrar la emergencia de una nueva formación social europea que pone en cuestión los conceptos de nación, identidad nacional, nacionalismo ante dos fenómenos asociados con el proceso de globalización. El primero tiene que ver con el incremento de la heterogeneidad étnica y cultural en Europa que se presenta a partir del "mundo en diáspora", es decir, de la presencia de inmigrantes procedentes de los más diversos puntos del planeta. El segundo se refiere al proceso de unificación europea a partir del Tratado de Maastrich, que pone en cuestión la redefinición de los Estados nacionales.

La sociedad europea ha incrementado su heterogeneidad a partir de la llegada de inmigrantes procedentes de Túnez, Marruecos, Somalia, Filipinas, Zaire, Etiopía, Brasil, España, Portugal, Perú, China, Egipto, Yugoslavia, Ghana, Argentina, Nigeria, entre otros, que convergen en Europa, sobre todo a partir de la década de 1980. El término Estados de Gracia, título de este libro, es empleado por el autor para llamar la atención sobre los encuentro de diversos mundos, que ocurren a la par de la crisis económica y de tensión.

El autor examina los discursos raciales, pasado y presente, y los relativos a la concepción de nación, clase y otras distinciones históricamente construidas, que convergen en los esquemas clasificatorios en el contexto contemporáneo de incremento de la heterogeneidad social y cultural europea.

Ante la nueva heterogeneidad étnica y cultural, el concepto de raza ha sido utilizado como referencia para construir un sistema de clasificaciones destinado a ubicar a los inmigrantes como no-nacionales, outsiders, como un "otro" que no sólo está ubicado fuera de los sistemas de seguridad, bienestar y empleo, sino también como un referente en torno al cual se construyen nuevos discursos nacionalistas.

Las formas de diferenciar están presentes en las representaciones sociales que se generan desde los medios masivos de comunicación, en los discursos políticos de la nueva derecha emergente, de nuevos actores sociales que la promueven, y en la ideología y en el sentido común popular. El nuevo inmigrante se construye bajo un sistema capaz de incorporar todo lo proveniente del Tercer Mundo.

Turín, Italia, es el lugar en donde el autor centra el trabajo de investigación empírica que da sustento a su obra. En esta ciudad, el inmigrante es clasificado bajo un modelo similar con el que anteriormente fueron ubicados los migrantes procedentes del sur de Italia. La supremacía de la ciudad sobre el campo, forma parte de una ideología de exclusión, en donde los procedentes del sur fueron identificados como analfabetos, descalificados, gente del campo. Esta imagen con la que fueron estigmatizados los migrantes del sur de Italia, es nuevamente reconstruida para ubicar a los nuevos inmigrantes procedentes del Tercer Mundo, bajo un sistema que excluye a los distintos outsiders racial y culturalmente diferentes.

El libro consta de dos partes. La primera se denomina "Ciudades invisibles". En ella, el autor se refiere ampliamente a los efectos de la globalización en la composición de la clase obrera industrial de Turín, Italia, y el contexto económico e ideológico en el que son recibidos los nuevos inmigrantes procedentes de Senegal. La segunda parte analiza los procesos de construcción de las identidades sociales en el nuevo contexto de la globalización y sus implicaciones en la construcción ideológica de la Comunidad Europea.

En la primera parte, Carter desarrolla el concepto de ciudad invisible, título que retoma del conocido escritor Italo Calvino, para referirse a aquellas ciudades que se construyen con base en la ideología acerca de las posibles ciudades: ciudades de memoria o ciudades imaginadas. Las ciudades invisibles son aquellas construidas en ideología, en memoria y en puntos de referencia de la identidad urbana de comunidades particulares.

Turín fue el lugar de los sueños forjados a partir de la continua expansión de la industria automotriz, en los que la sociedad participó de varias maneras. Fue el corazón del poder obrero centralizado en la industria automotriz, el corredor industrial en donde el movimiento obrero estableció su poderío; el centro de la economía y memoria de los trabajadores italianos industriales y del sindicalismo, identificado como la quintaesencia de la ciudad obrera.

A partir de la década de los setenta, la introducción de la automatización provocó el desempleo masivo y dio origen a la industria internacional. Ahora, el proletariado industrial ha disminuido enormemente y se ha perdido la centralidad del trabajo en la ordenación de la vida cotidiana de los turineses. En medio de la recesión global, en Turín permanece la sombra del trabajo industrial. El Turín del pasado es la ciudad invisible, presente en los sueños y en la memoria, es la ciudad que provee a los turineses de la base de sus significaciones y prácticas sociales cotidianas. El Turín de hoy es una ciudad postindustrial, degradada, en donde sólo queda el fantasma de lo que fue.

La automatización y la internacionalización del proceso productivo han provocado el crecimiento de la terciarización. El mundo del trabajo se ha evaporado, y con ello, se han redefinido las vidas de los turineses. Ha crecido un gran sector terciario retirado de la industria, en donde la competencia por la vivienda, el empleo, el comercio, forma parte del contexto en el que se integran los nuevos inmigrantes, cuya presencia ha provocando tensiones e incidentes de intolerancia.

Italia, al igual que otros estados europeos, busca cerrar las puertas a la inmigración a través de medidas proteccionistas, acción que se ha estado articulando con el chovinismo y lenguaje racista.

Por otra parte, Touba, lugar de origen de los migrantes senegaleses, es también una ciudad invisible. Touba es un centro espiritual del orden Sufí (místicos musulmanes que enfatizan la renuncia a las comodidades del mundo) y una referencia central de las prácticas religiosas de todos los musulmanes afiliados al Mourid.

Carter muestra la importancia de la ciudad sagrada de Touba en la articulación de la experiencia migratoria con las creencias y prácticas religiosas de los senegaleses. La religiosidad Mourid aparece como una innovación que por una parte les permite a los migrantes agruparse y distinguirse bajo la tradición, y por otra les asegura una autonomía frente al Islam. El Mourid sólo incorpora algunos elementos de la religión musulmana, razón por la cual es identificado por los sectores musulmanes más ortodoxos como una práctica "pagana". El Mourid también les permite mantener su distinción con respecto al cristianismo.

Para los Mourid, la religión es un refugio al que acuden los migrantes senegaleses en Europa, y también es una ideología que les permite interpretar la experiencia migratoria. Su situación de migrantes los ubica en aquellos lugares donde es posible llevar la palabra de Dios, y lograr la conversión al Islam de otros miembros de la sociedad de acogida. Alrededor de la religión y su renovación a través de la experiencia en la diáspora, los senegaleses han logrado la creación de centros religiosos urbanos, tanto en Turín como en otras ciudades de Italia, Europa y Estados Unidos. Estos centros religiosos urbanos constituyen una base firme de apoyo a sus miembros en diáspora, pues la religión también provee a los Mourid de una ideología sustentada en la igualdad, en la solidaridad y en el anticolonialismo.

La segunda parte del libro se llama "Estados de Gracia", y en él se analiza la configuración actual de las naciones europeas con vistas a su unificación. En esta sección se analizan los procesos de construcción de los sistemas de clasificación social que se presentan a partir de la presencia de los inmigrantes en Europa. Los migrantes procedentes del Tercer Mundo, como los del sur y este de Europa, son incorporados bajo una nueva etno-taxonomía de la diferencia, en donde los criterios raciales, étnicos y lingüísticos son empleados como "objetivantes sistemas de clasificación".

El autor señala la emergencia de una nueva formación social europea y analiza los procesos de articulación entre Estado e ideologías populares para referirse a diversos problemas asociados con la naturaleza de los Estados nacionales y las diferencias culturales.

Su tesis se centra en demostrar que las colectividades nacionales han sido un invento, una comunidad imaginada que hoy se emplea para excluir a "los otros", las minorías nacionales y los extranjeros, que se convierten en una nueva amenaza una vez que la Unión Soviética ha desaparecido de la geografía política y el comunismo ha dejado de representar un peligro. En este estudio, el autor demuestra cómo es que ahora se construye en torno a los migrantes un discurso tendiente a la exclusión. Carter muestra diversos indicadores de la rica diversidad cultural europea, que es encubierta bajo la forma de nación-Estado. Así, el problema de las fronteras se presenta como una construcción, a partir de lo cual el autor se pregunta: ¿Cuáles son las fronteras para la hermandad Mourid de los senegaleses dentro de un Estado italiano?

El problema de las fronteras nacionales es un problema de exclusión. La unificación europea bajo el Tratado de Maastricht se da al mismo tiempo en que emerge un universo europeo o mundos de significados que exaltan nuevas clasificaciones frente a todas las minorías. En este proceso de unificación, las fronteras están marcadas para excluir a las nuevas minorías, a través de medidas proteccionistas, deportaciones masivas y retorno del terrorismo neofascista que excluye a los italianos del sur y, en general, a los inmigrantes procedentes del Tercer Mundo, y de Europa del Este, la "gente de color", y a las mujeres.

En esta construcción de las nuevas fronteras, el racismo se ha convertido en el elemento central de articulación de la institucional de la exclusión. Para Carter, existe no una, sino diversas clases de racismos dirigidos contra los italianos del sur, los negros, los albaneses y otros. La generalizada atmósfera de reacciones racistas son revividas por la nueva derecha, que en el caso de Italia, articula su práctica política con los "pequeños nacionalismos" en forma de programas separatistas que distinguen a las lenguas del norte de las procedentes del sur. Hoy la gente negra es identificada como un peligro que trae consigo el VIH-sida y la adicción a las drogas. El reciente incremento de formas de xenofobia y racismo en Italia, Francia y Alemania ha sido trasladado en la lucha política y a las acciones de los Estados nacionales. La escalada de racismo alrededor de Europa occidental se da unida al resurgimiento de los partidos de extrema derecha y el terrorismo neonazi contra los inmigrantes. En estos puntos se debate el rostro de la nueva formación social europea.

Los elementos teóricos que presenta Carter al momento de analizar los procesos desencadenados por la globalización y la heterogeneidad cultural en la Unión Europea, son muy sugerentes para el estudio de la naturaleza del Estado y su relación con las sociedades, siempre pluriétnicas y pluriculturales. Sus conceptos y la discusión que introduce en torno a las relaciones entre pertenencias sociales, nación y Estado, bien pueden ser empleadas en el contexto latinoamericano. Carter cuestiona la naturaleza arbitraria del "Estado nación", y se refiere a ella, retomando a Benedict Anderson, como una comunidad imaginada, una construcción ideológica que enfatiza una supuesta unidad nacional, para clasificar, jerarquizar y a la vez ocultar y negar la existencia de la alteridad cultural, del Otherness. En el caso latinoamericano, el Otherness, son las comunidades originarias (conocidas bajo el apelativo común de "indios" o "indígenas"); las comunidades trasplantadas no europeas (como los "negros", los chinos) y otras colectividades culturales convertidas en minorías marginalizadas, estigmatizadas y ubicadas como foráneas en sus propios territorios.

Por otra parte, la aportación de Carter nos permite retomar algunos elementos para analizar la relación entre tradición-modernidad no en términos de dicotomías, sino como una relación dialéctica. Nos permite entender la emergencia de movimientos sociales reivindicadores de la pluralidad étnica y cultural en un contexto de globalización, en donde la "hibridización cultural" al igual que el "melting pot" norteamericano, están muy lejos de ser una realidad empíricamente demostrable, tanto en Europa como en Latinoamérica.

Finalmente, los movimientos migratorios internos e internacionales procedentes de las comunidades rurales, presentan un conjunto de semejanzas con la manera en que es vivida la experiencia migratoria en Latinoamérica. El estudio de Carter nos da una vía para comparar los procesos de exclusión de los migrantes indígenas en las ciudades mexicanas, así como también los mecanismos por los cuales los mexicanos son discriminados en los Estados Unidos. Con diferencias de contexto y de matiz, los migrantes procedentes de otras culturas, son ubicados como outsiders, y con ello, marginalizados. Éste es el mundo en diáspora que se incrementa con la globalización, y nos permite entender que la "discriminación

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