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Archivos de cardiología de México

On-line version ISSN 1665-1731Print version ISSN 1405-9940

Arch. Cardiol. Méx. vol.85 n.1 Ciudad de México Jan./Mar. 2015

https://doi.org/10.1016/j.acmx.2014.01.004 

Artículo de opinión

 

Obras cardiológicas en la Nueva España y en el primer siglo de la independencia

 

Cardiology writings in New Spain and in the first century of the Independent period

 

Alfredo de Micheli*

 

Investigador, Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, México, DF, México

 

* Autor para correspondencia.
Juan Badiano n.0 1, Col. Sección XVI,
Tlalpan, CP. 14080. México, DF.
Teléfono: +52 55 55 73 29 11x1310.
Correo electrónico: alessandro.mecheli@cardiologia.org.mx

 

Recibido el 2 de octubre de 2013
Aceptado el 28 de enero de 2014

 

Resumen

Se mencionan las principales obras de carácter cardioangiológico presentes en las bibliotecas públicas y particulares novohispanas desde el siglo XVI hasta el primer siglo de la independencia nacional. Estas van desde los verdaderos incunables, libros impresos hasta el año 1500, a los tratados de fisiología publicados por autores europeos en los siglos XVII y XVIII así como a los textos de cardiología de autores franceses de la primera mitad del siglo XIX. Tales obras figuraban en los catálogos de la biblioteca universitaria, fundada en 1762, así como en la biblioteca de un maestro de obras de la catedral metropolitana del siglo XVII y en la de un médico del siglo XVIII, el Dr. José Ignacio Bartolache. Este, a su vez, editó durante una breve temporada, desde octubre de 1772 hasta febrero de 1773, un periódico científico–médico: el «Mercurio Volante», primera publicación científica hebdomadaria de América. En bibliotecas novohispanas se hallaban asimismo varias revistas científicas europeas como la editada por el abate Rozier, en la cual aparecieron los escritos iniciales de Lavoisier. Los intercambios de ideas y conocimientos aquí señalados atestiguan el interés siempre vivo de elementos novohispanos selectos para los extensos y apasionantes dominios de la cardioangiología.

Palabras clave: Bibliotecas novohispanas; Revistas científicas; Libros de cardioangiología; México.

 

Abstract

The first writings on cardioangiology found in public and private libraries of New Spain from the XVI century to the first century of the Independent period in Mexico are mentioned. These go from the truly incunabular ones, books printed until the year 1500, to the physiology treatises published by European authors in the XVII and XVIII centuries, as well as the cardiology texts from French authors of the first half of the XIX century. The writings were depicted in the catalogs of the University library, founded in 1762, as well as in the library of a master builder of the Metropolitan Cathedral of the XVII century and that of a physician of the XVIII century, Dr. José Ignacio Bartolache. The latter, in turn, edited for a brief period, from October 1772 to February 1773, a scientific-medical journal, «Mercurio Volante», which was the first scientific-hebdomadary publication in the Americas. Likewise, in the libraries of New Spain, several European scientific journals could be found, such as the one edited by the abbot Rozier, in which the initial writings of Lavoisier appeared. The exchange of ideas and knowledge, pointed out herein, attests to the always enthused interest of given individuals from New Spain on the boundless and passionate domains of cardioangiology.

Keywords: Libraries in New Spain; Scientific journals; Books on cardioangiology; Mexico.

 

Verdaderos incunables relacionados con la medicina y la cardioangiología. Es justo mencionar que, entre los incunables verdaderos, i.e. libros impresos hasta el año 1500, conservados en la Biblioteca Nacional de México1, al lado de uno de los más antiguos textos de pediatría De infantium aegretudinibus et remediis de Paolo Bagellardo (Padua, 1472) y de la Historia naturalis de Plinio el Viejo (Parma, Andrés Portella, 1481), se hallan Parva naturalia de Aristóteles, en la edición de Enrique Quentell (Colonia, 1498). Es esta la denominación colectiva, tradicional desde la Vetus Translatio latina, para los 7 escritos aristotélicos sobre los procesos psicosomáticos; en la introducción al primero de ellos, el autor enumera tales fenómenos a los que designa como Koinái práxeis, es decir, los procesos del cuerpo y del alma comunes a los seres vivos. Los elencos alejandrinos de las obras del Estagirita no mencionan ninguno de los breves tratados de dicha colección. Probablemente esta fue ordenada y publicada por Andrónico de Rodas y figura en el catálogo establecido por este2. Amerita subrayar el hecho de que Aristóteles consideraba el corazón como el centro, en orden de importancia, del cuerpo humano. Y Descartes le siguió por esta senda tanto en el Tratado de las pasiones (enfoque psicológico) como en el ensayo De homine (enfoque psicofisiológico).

Un inventario de 5,433 libros, hecho el 24 de julio de 17783, i. e. a los 16 años de instalada la biblioteca universitaria (1762), señala la presencia de un opúsculo español de botánica medicinal del siglo XVI en una traducción italiana de la época: Delle cose che si portano dalle Indie occidentali, pertinenti all'uso della Medicina (Venecia, Giordan Ziletti, 1575). El texto original, debido a Nicolás Monardes con el título Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias occidentales... había salido a la luz en Sevilla (Impr. de Alonso Escribano, 1574). Tal publicación se mencionará más tarde en la rica biblioteca del maestro de obras Melchor Pérez de Soto (1665)4, junto con el tratado de materia médica de Dioscórides Pedanio, en la traducción española de Andrés Laguna (Amberes, 1555) y con la Historia natural de Plinio, traducida por Jerónimo de Huerta (Madrid, 1624). En esta obra (libro VIII. cap. LIII) se relatan casos de muerte súbita posprandial, debida probablemente a infarto miocárdico. En el catálogo que estamos considerando figura también, entre otros libros de autores italianos, el ensayo De presagienda vita et morte aegrotorum... de Prospero Alpini (Venecia, 1751) acerca del pronóstico quoad vitam de los enfermos.

Por su parte, el catálogo de la llamada Biblioteca turriana5 –del apellido Torres de sus fundadores– que se formó el 15 de octubre de 1758, cita varios textos de interés cardioangiológico. Así, el tratado De sanguinis missione de Galeno, al cuidado de Eustacio Guiberto; las Observationes anatomicae de Gabriele Fallopio (Venecia, 1561); el epítome de los apuntes del protomédico Francisco Hernández por el Dr. Antonio Nardo Recchi (1651); los tratados de anatomía de Juan Valverde de Amusco (1556) y de Realdo Colombo (1559), en los que se describe la circulación sanguínea pulmonar, ya relatada por Miguel Servet en 1553. Figuran asimismo las obras del cirujano francés Ambroise Paré (1585). El libro séptimo, capítulo XXXIII, de la sección de anatomía, expone la descripción del aneurisma arterial: «Un tumor, blando, que contiene sangre y aire y se desarrolla bajo la carne por dilatación o relajación de una arteria... Tiene pulsaciones... Los aneurismas que se producen en los vasos internos del organismo son incurables y con frecuencia se originan en sujetos quienes padecieron de sífilis...»6. El autor relata también el caso de un sastre, que debe ser quien se quejaba de pulsaciones en todas las arterias y de lipotimias y murió súbitamente cuando estaba jugando a la pelota. En el estudio anatómico se encontró una gran cantidad de sangre en la cavidad torácica por la rotura de un aneurisma aórtico; la aorta estaba tan dilatada que permitía la introducción del puño y su capa interna estaba osificada.

El inventario formado el 26 de octubre de 18337, con motivo de la primera clausura de la Nacional y Pontificia Universidad de México, y ampliado después, comprende numerosos escritos médicos de diferentes épocas. Entre los autores del siglo XV destaca el humanista italiano Nicola de Lonigo (Leoniceno) con el ensayo crítico Plinii et aliorum plurium auctorum qui simplicibus medicaminibus scripserunt, errores notati (incunable), Ferrara, 1492. Por su lado, los investigadores del periodo de la contrarreforma, y de su manifestación artística el Barroco, pensaban que la naturaleza debe ser explicada según sus propios principios8. Se citan, en el inventario, muchos autores como el italiano Gerolamo Mercuriali con su De arte gymnastica (Venecia, 1601); el español Pedro de Arévalo con De cordis structura...; el flamenco Andreas Vesalio con una edición italiana de su famoso tratado anatómico (Venecia, 1568) y Charles de l'Écluse (Carolus Clusius) con Exoticorum libri decem9, en donde están reproducidos algunos vegetales con acción cardiaca, como la Scila marítima, hierba considerada con efecto diurético. Hay también dignos representantes del mundo médico italiano del siglo XVII como Bernardino Genga, defensor de la doctrina de la circulación sanguínea, con la obra In Hippocratis aphorismas ad chirurgiam pertinentes, commentaria (Bolonia, 1697); Marcello Malpighi, descubridor de los capilares pulmonares, con Opera postuma (Venecia, 1689), y Giovanni Battista Scaramucci con su opúsculo De motu cordis mechanicum theorema (Senigallia, 1689), en el que se plantean ciertos problemas relacionados con la circulación coronaria. No faltan Giovanni Maria Lancisi con Opera medica en 3 tomos, y el ensayo De motu cordis et aneurysmatibus (edición de Venecia, 1739) y el médico poeta toscano Francesco Redi, quien iniciara estudios sobre la embolia gaseosa mediante inyección de aire en las venas de animales, con sus Opera omnia en una edición tardía. Figura asimismo el compendio de las observaciones del protomédico Francisco Hernández, elaborado por el Dr. Antonio Nardo Recchi y publicado en Roma (1651) bajo el patrocinio de la Academia de los Linces con las primeras 13 Tabulae phytosophicae de Federico Cesi, fundador en 1603 de dicha Academia10. Se cita la edición italiana de la monografía De motu cordis... de Harvey (I en 16.o. Estante 151, cajón 1.o). Asimismo se menciona un escrito del holandés Esteban Blankaart De circulatione sanguinis per fibras et de valvulis in eis repertitis... (1689). Figuran las Opera omnia (1671) del Dr. Francisco de la Boe (Sylvius), partidario de la doctrina circulatoria y abanderado de la corriente iatroquímica. Se mencionan la Anatomie de l'homme suivant la circulation du sang et les nouvelles découvertes por el cirujano Pierre Dionis, catedrático de anatomía en la «Escuela Real» del «Jardín des Plantes» de Paris (1690,) y el volumen De la structure et du mouvement naturel du coeur por Raymond Vieussens, en la edición de 1715; así como las obras de René Descartes en 11 tomos, que incluyen su tratado de fisiología11. Está representada asimismo la literatura cardioangiológica del siglo XVIII, autoproclamado «Siglo de las Luces», correspondiente al auge del movimiento de la Ilustración cuyos ideales sintetizara Immanuel Kant con el lema horaciano: Sapere aude ¡Atrévete a conocer!12. Este movimiento sociocultural, basado esencialmente en el principio de la tolerancia, típico legado erasmiano, fue preconizado en Inglaterra por Bacon y Locke y se impuso en la Europa continental a partir de la publicación de las Lettres philosophiques de Voltaire (1734). Pertenecen a esta época los Elementa physiologiae corporis humani del médico suizo Albrecht von Haller, en donde se afirma, con base en observaciones experimentales, que «el corazón late de manera espontánea, independiente de conexiones nerviosas u otras, de acuerdo con la teoría de la irritabilidad intrínseca». Junto a esta obra, estaba el Traité de la structure du coeur, de son action et de ses maladies de Jean Baptiste Sénac13, precursor de los modernos tratados de cardiología. El primer tomo trata de la estructura cardiaca: embriología y anatomía del corazón, de sus vasos y nervios. En el capítulo V del libro I, se analizan las características de las arterias coronarias y sus ramas, así como de las venas coronarias, según Lower, Vieussens, Rujsch Lancisi, Winslow y Haller. El libro II se refiere al pericardio, a la topografía del corazón, a la circulación sanguínea y sus mecanismos, a la circulación fetal y al cálculo del trabajo cardiaco en la línea de la corriente iatromecánica. El segundo tomo comprende las enfermedades del pericardio y del miocardio, las heridas cardiacas, las cardiomegalias y las palpitaciones, definidas como latidos más enérgicos y rápidos relacionados con causas psíquicas y padecimientos de otros órganos. En fin, se explica el síncope, cuya causa inmediata reside en el «paro o, mejor, la debilidad del movimiento cardiaco». Esta obra termina con un suplemento que concierne a las arterias y venas coronarias, así como al foramen ovale —señalado aun en la carta XV del tratado de anatomía patológica de G. B. Morgagni—, al conducto arterioso y a los corpúsculos sanguíneos. En fin, se cita el tratado De sedibus et causis morborum per anatomen indagatis del mencionado Morgagni (Venecia, 1761)14, sistematizador de la anatomía patológica, redactado en forma epistolar, en el que por lo menos 12 cartas se consagran a padecimientos cardiovasculares. Completa la serie de obras cardioangiológicas una adquisición de 1857: el Traité clinique des maladies du coeur, del francés Jean Bouillaud15, pionero de los estudios sobre la enfermedad reumática, llamada todavía «maladie de Bouillaud» por los franceses. En el primer tomo, se presentan la anatomía cardiaca y un cuadro general de las cardiopatías. En el segundo, se examinan la endocarditis y sus secuelas, la carditis, la hipertrofia ventricular concéntrica y la excéntrica, la atrofia cardiaca, el hidropericardio, la lipotimia y el síncope, la rotura cardiaca, los defectos septales y las malposiciones del órgano. Un apéndice se refiere a los coágulos y trombos endocárdicos (pólipos).

Por lo que toca a las bibliotecas particulares, baste decir que la lista de los libros del Dr. José Ignacio Bartolache16 menciona el De humani corporis fabrica de Vesalio, la anatomía cardiaca de Vieussens y la monografía de Gaspare Aselli acerca de los vasos quilíferos en el perro: De lactibus sive de lacteis venis17.

En conclusión, lo aquí relatado demuestra claramente la pluralidad y la continuidad, a través de los siglos, de las corrientes de pensamiento que fluían entre el viejo y el nuevo mundo. Tales intercambios de ideas y conocimientos evidencian el interés siempre vivo de elementos novohispanos selectos para los extensos y fascinantes dominios de la cardioangiología. Por lo que toca al valor que se le reconocía a la botánica y a la química, como ciencias auxiliares de la medicina, puede mencionarse la presencia de la versión española del tomo I del Tratado elemental de química de A. L. Lavoisier. Esta fue efectuada probablemente por el botánico Vicente Cervantes y destinada a los alumnos del Colegio de Minería (fig. 1). Y también una pintura alegórica de fines del siglo XVIII. Se trata de Almacén (fig. 2), conjunto de varias tablas que servían de puertas a un gran almacén para guardar los tarros de especias, minerales en polvo, sales y toda clase de medicamentos, en la botica poblana de Ignacio Rodríguez Alconedo. El cuadro fue pintado por el artista poblano Miguel Jerónimo Zendejas en 1797. Lo describe cuidadosamente don Francisco de la Maza y concluye con la aseveración de que la obra es «una gran pintura de aquel movimiento de ideas tan necesario, tan optimista y feliz, que fue el padre intelectual del siglo XIX y se llamó 'La Ilustración'18.

 

Conflicto de intereses

El autor declara no tener ningún conflicto de intereses.

 

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