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La ventana. Revista de estudios de género

versión impresa ISSN 1405-9436

La ventana vol.6 no.49 Guadalajara ene./jun. 2019

 

Avances de trabajo

El causante de la violencia (dominante): el jaguar de La ciudad y los perros (1963) de Mario Vargas Llosa

The causer of violence (dominant): The time of the hero (1963) by Mario Vargas Llosa

Jesús Miguel Delgado Del Aguila1 

1 Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú. Correo electrónico: tarmangani2088@outlook.com

Resumen

En la primera novela de Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros, se observan múltiples manifestaciones de violencia que se desarrollan con fines disciplinarios y estratégicos para la construcción óptima de una identidad en los alumnos del Colegio Militar Leoncio Prado, sin embargo, estas se asimilan de una forma diversificada por ellos, sobre todo, por el Jaguar, quien ya asume una agresividad exponencial y transfiere una imposición temeraria y respetable hacia los demás personajes. Para que este planteamiento resulte posible, expongo algunas cualidades propicias que se extraen principalmente de propuestas teóricas de la Literatura y la Psicología para determinar esa identidad negativa y violenta que instauraría una nueva manera de sobrevivir en aquel universo militar por parte del Jaguar. Entre los conceptos por desarrollar, fundamentaré las nociones de protagonista, amo, dandi, manipulador, violento, agresor, temerario, vengativo y obsesivo, las cuales serán de utilidad para diferenciar las distintas modalidades con las que se desenvuelve este personaje en aquella institución.

Palabras clave: análisis literario; personaje; violencia; identidad; representación; régimen de sentido

Abstract

In the first novel by Mario Vargas Llosa, The time of the hero(1963), multiple manifestations of violence are observed that are developed with disciplinary and strategic purposes for the optimal construction of an identity in the students of the Leoncio Prado Military Academy; however, these are assimilated in a diversified way by them; above all, by the Jaguar, who already assumes an exponential aggressiveness and transfers a reckless and respectable imposition towards the other characters. For this approach to be possible, I expose some favorable qualities that are extracted mainly from theoretical proposals of Literature and Psychology to determine that negative and violent identity that would establish a new way of survival in that military universe on the part of the Jaguar. Among the concepts to develop, I will base the notions of protagonist, master, dandy, manipulator, violent, aggressor, reckless, vengeful and obsessive, which will be useful to differentiate the different modalities with which this character develops in that institution.

Keywords: literary analysis; character; violence; identity; representation; regime of meaning

Introducción

La ciudad y los perros es la primera novela escrita por el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, la cual cuenta con una trama relacionada con las vivencias violentas que tienen los cadetes internados de los tres últimos años de Educación Secundaria del Colegio Militar Leoncio Prado en la capital del Perú, Lima. Principalmente, la atmósfera que se construye desde el inicio de la obra está basada en la investigación que realizan las autoridades militares para hallar al responsable del robo del examen de Química. Aquello conducirá a que se castiguen a algunos estudiantes que se encargaban de la seguridad durante ese día (como el Jaguar, el Poeta y el Esclavo) y se expulse a uno de los alumnos, el serrano Cava (el responsable de la extracción indebida de la prueba), luego de que Ricardo Arana (apodado el Esclavo) delate al culpable. La expulsión del estudiante provocará que Alberto Fernández asocie al asesino de su compañero con la venganza por la delación del serrano Cava; es decir, para él, el asesino será el Jaguar.

Algunos críticos literarios han manifestado ciertos indicios para referirse al tratamiento de la violencia en el Jaguar de La ciudad y los perros; entre ellos, están Casto Manuel Fernández (1977), Sergio Vilela Galván (2003), Claudio Naranjo (2000) y Tzvetan Todorov (Oviedo, 1981). El Jaguar (Fernández, 1977, p.21) sería para ellos un personaje que se impone por violencia en el Colegio Militar Leoncio Prado, puesto que este factor es indispensable para que exista una jerarquía y una organización machistas en aquel ámbito (por precaución, un alumno no debe desafiar a alguien que considere mayor que a sí mismo, ya sea por cualquier rango que los distinga: ésta será una manera de demostrar el respeto). Se ha señalado también que podría tratarse hasta de una psicopatía (Naranjo, 2000, p.93), por el hecho de no causar sufrimiento al individuo, sino a los demás. Del mismo modo, se hallan temas polémicos en esta obra literaria, como el deseo, la crueldad y la muerte, que enfatizarían la caracterización del Jaguar.

La crítica sobre el tipo de actitud que rige al Jaguar no es tan directa, ni estructurada, por lo tanto, lo que postulo al respecto es que algunos planteamientos teóricos proporcionarían una nueva significación a este personaje. Para ello, segmentaré esta sección en nueve partes. La primera abarca la constitución textual y discursiva del personaje en toda la novela. La segunda, el término lacaniano que se usa para indicar un modo de regir a los sujetos -me refiero a la categoría del amo-. La tercera pauta que se analizará es la que postula Landowski, al referirse al dandi. La cuarta, el tópico de la manipulación desde la perspectiva del manipulador. La quinta, el tema de la violencia. La sexta característica alude a la composición del sujeto agresor. La séptima se refiere a la visión que tienen los demás al confrontarse con una persona que les infunde temor. La octava aborda la definición y la aplicación de la venganza y finalmente, se desarrollará el tópico psicoanalítico del obsesivo. Estas nueve categorías permitirán conocer mejor al Jaguar, a la vez, se comentarán planteamientos de críticos literarios asociados con el estudio de este personaje para algunas secciones de esta investigación.

El protagonista

El Jaguar es un personaje que cumple el rol de protagonista en la historia narrada, aunque muchas veces se le oculte la propiedad de algunos hechos que se insertan en sus vivencias (con alteraciones y confusiones sobre su verdadera identidad), como su experiencia de vida fuera del Colegio Militar. El Jaguar destaca por su violencia y su agresividad en aquella institución, ya que él ha podido enfrentarse con chicos mayores, que pretendían golpearlo por ser ingresante (o “perro”). Se hace apodar con esa denominación por su capacidad de pelear. En general, estos motivos le permiten convertirse en un líder para su sección, y a la vez, infundir temor y respeto hacia ellos. Muy pronto, forma una banda delincuencial llamada el Círculo, en el que se incluyen el serrano Cava, el Rulos y el Boa; el Jaguar será quien asuma el cargo principal de mandar.

Todos estos comportamientos violentos son explicados a partir de su propia raíz familiar que estaba mal constituida, al igual que su entorno degradado (gente de mal vivir y amistades que lo conducían a los vicios, como el robar, que lo aprendió del flaco Higueras). Su dirección a la perdición se acelera al vengarse del Esclavo, con el asesinato, por la denuncia que hizo este a uno de sus mejores amigos, el serrano Cava, quien fue el culpable del robo del examen de Química. Los problemas se agravan cuando se entera de que alguien lo ha acusado, y para salir ileso de esa denuncia negará cualquier ataque y acusará a toda su sección de estar infringiendo la ley del colegio. Esto ocurre cuando está conversando con el teniente Gamboa.

-El Círculo -dijo Gamboa-. Robo de exámenes, robo de prendas, emboscadas contra los superiores, abuso de autoridad con los cadetes de tercero. ¿Sabes lo que eres? Un delincuente.

-No es cierto -dijo el Jaguar-. No he hecho nada. He hecho lo que hacen todos.

-¿Quién? -dijo Gamboa-. ¿Quién más ha robado exámenes?

-Todos -dijo el Jaguar-. Los que no roban es porque tienen plata para comprarlos. Pero todos están metidos en eso.

-Nombres -dijo Gamboa-. Dame algunos nombres. ¿Quiénes de la primera sección?

-¿Me van a expulsar?

-Sí. Y quizá te pase algo peor.

-Bueno -dijo el Jaguar, sin que se alterara su voz-. Toda la primera sección ha comprado exámenes. (Vargas Llosa, 1963, p.367)

Al delatar a su sección, el Jaguar sería un soplón, aunque, antes de que él hablase, ya el Poeta había ejecutado la delación, pero lo que él realiza es reafirmar esos malos hábitos de sus compañeros. Se siente ofendido por la manera como lo trata Alberto, así que ambos pelean, momentos después, las autoridades del colegio creen conveniente que la denuncia se retire, puesto que podría traer consecuencias graves para la institución. Al volver a la sección, el Jaguar es agredido y tildado de “soplón”, no obstante, él se desentiende de la situación u olvida que mencionó algo sobre el teniente Gamboa. Se decepciona de sus compañeros y no vuelve a hablar con ninguno de ellos, al mismo tiempo que su trato con Alberto es peor, debido a que lo considera un verdadero soplón, sin pensar ni un momento en que él también lo es y lo será, tal como lo indica de modo contradictorio el siguiente fragmento:

-Eres un soplón […]. Lo más asqueroso que puede ser un hombre. No hay nada más bajo y repugnante. ¡Un soplón! Me das vómitos […]. Los soplones como tú […] deberían no haber nacido. Puede ser que me frieguen por tu culpa. Pero yo diré quién eres a toda la sección, a todo el colegio. Deberías estar muerto de vergüenza después de lo que has hecho. (Vargas Llosa, 1963, p.411)

Al momento de amenazar al Poeta con delatar la forma como son llevados toda la sección y el colegio, estaría revelando su intención de acusar, por lo tanto, sus deseos de ser un soplón. Sobre la base de la historia de la novela, el Jaguar se siente arrepentido y busca al teniente Gamboa para someterse a la Justicia, aunque ya no es tomado en cuenta. Al salir del Colegio Militar, el Jaguar pretende cambiar su vida, con la consideración de valores y el trabajo. Después, azarosamente, halla nuevamente a Teresa, a la chica que instruyó en conocimientos y que conoció en su adolescencia, pero esa amistad que se generó entre ambos se distanció cuando las actitudes violentas del Jaguar se pusieron de manifiesto de una manera espantosa. A pesar de todo, el reencuentro generó que se reconciliaran en ellos y se casasen.

Al respecto, Gustavo Correa (1977, p.90) ha argumentado que el Jaguar contaría con su propio código de justicia y una forma de ser endurecida, debido a su formación delincuencial que ya había adquirido antes de estar en el Colegio Militar Leoncio Prado. A pesar de que esta caracterización no la tendría él considerada como parte de asumir al Jaguar como un protagonista, es identificable que se le atribuye una peculiaridad distinguida y resaltante a diferencia de los demás personajes, es decir, reconoce una forma de ser que se ha evidenciado por su actuar en aquella institución militar: propio para demarcar un rol, una función, un aspecto importante en su desempeño.

El amo

Lacan (1975, p.192) define al amo para referirse al significante que se muestra como inatacable, pero a la vez, castrado, es decir, es una figura de autoridad que se mantiene como tal (inamovible en su configuración). La puesta en torno a su discurso se define por escisión, precisamente por la distinción del significante amo respecto al saber -el goce es su privilegio, sin que se sepa cuál es la verdad que se oculta detrás de su intencionalidad-. En ese sentido, el Jaguar conoce lo primordial para desempeñarse como tal: infunde miedo, domina, resquebraja el orden, llama la atención con sus propuestas inatacables e incuestionables, muestra de estos es que los alumnos de grados mayores no puedan golpearlo en el “bautizo”.

Según Slavoj Žižek (2004, p.108), el discurso del amo proporciona la matriz básica: un sujeto es representado por un significante para otro significante (dentro de una cadena o un campo de significantes ordinarios). En este caso, el Jaguar sería una réplica de aquel modelo agresivo, y no recomendable para la sociedad, que se encarga de subyugar a todas las personas posibles, es eso lo que logra al tener a su disposición, especialmente, a los integrantes del Círculo y con ello, a toda la sección de su colegio. Por ese motivo, cuando el Jaguar es acusado de “soplón” por el brigadier Arróspide, desata toda su agresividad sobre él: “[…] el Jaguar, sin inclinarse, comenzó a patear al brigadier, salvajemente, como a un costal de arena” (Vargas, 1963, p.425).

Con respecto a la denominación de amo en el Jaguar, existen algunas variantes como las de Cristóbal Macías Villalobos (2007) y Alonso Cueto (2011, 2012, 11 de diciembre de 2013). El primero (Macías, 2007, p.24) critica su forma de imposición que se ejecutaría mediante la perspectiva determinista y darwinista, en la que se asume que los fuertes sobrevivirán y los débiles perecerán, siendo el Jaguar quien logra la victoria. Por otro lado, Alonso Cueto (2011, p.571, 2012, pp.5-6, 11 de diciembre de 2013) ha calificado a este personaje en distintas ocasiones de poderoso y, a la vez, de rebelde, pero con la diferencia de que ese control sobre los demás se iría perdiendo en cuanto se desarrolla la trama de la novela.

El dandi

Este concepto lo interpone Eric Landowski (1997, pp.54-55) -teniendo como antecesor a Walter Benjamin-, con la finalidad de proponer la existencia de un tipo de sujeto que se caracteriza por estar siempre dispuesto a todo debido a que busca desmarcarse, diferenciarse del resto y desjuntarse de su sociedad. Una particularidad importante con la que cuenta es que vive en función del otro, pero no para asemejarse o agradarlo, sino para construir una vertiente alterna y distinta con la que se definirá y actuará, por lo que su instauración en cuanto a su representación o su parecer precederá a su forma de ser, y la constituirá. Esta categoría sería aplicable en el Jaguar, ya que él quiere ser una figura autoritaria, similar a la del teniente Gamboa, pero en interacciones de su misma naturaleza, es decir, con compañeros de aula, sin lugar a que exista una correspondencia arbitraria o fingida en su persona, ya que es el temor lo que debe infundir como sea y no pretender agradar a los demás. Requiere instaurarse en ese pequeño grupo social como una muestra de heroísmo -tal como entendía Walter Benjamin (1972, p.116) el concepto de dandi-, de la que cualquier alumno del Colegio Militar Leoncio Prado quisiera imitar en ese universo violento.

Un ejemplo asociado con este caso es cuando el personaje se impone desde el inicio sobre los cadetes de grados mayores, ya que irrumpe lo tradicional al sublevarse a la normatividad establecida en la formación castrense. De esta manera, el Jaguar no se deja golpear, ni participa en el ritual de bienvenida (al que se le denomina el “bautizo”) por los alumnos mayores (actos violentos que normalmente asume cualquier ingresante en esa institución militar). Aquel suceso se aprecia cuando el serrano Cava está relatando la forma violenta y particular que tuvo durante el intento de “bautizo” realizado por los cadetes del cuarto grado, además de que se llega a conocer de dónde se deriva su apodo de Jaguar:

Él es distinto. No lo han bautizado. Yo lo he visto. Ni les dio tiempo siquiera. Lo llevaron al estadio conmigo, ahí detrás de las cuadras. Y se les reía en la cara, y les decía: “¿Así que van a bautizarme?, vamos a ver, vamos a ver”. Se les reía en la cara. Y eran como diez. […]. Le dijeron: “Oiga, perro, usted que es tan valiente, aquí tiene uno de su peso”. Y él les contestó: “Me llamo Jaguar. Cuidado con decirme perro”. […]. No pelearon mucho rato […]. Y me di cuenta por qué le dicen Jaguar. Es muy ágil, una barbaridad de ágil. No crean que muy fuerte, pero parece gelatina; al Gambarina se le salían los ojos de pura desesperación, no podía agarrarlo. Y el otro, dale con la cabeza y con los pies, dale y dale, y a él nada. Hasta que Gambarina dijo: “Ya está bien de deporte; ‘me cansé’, pero todos vimos que estaba molido”. (Vargas Llosa, 1963, pp.62-64)

Por otro lado, este personaje observa a sus demás compañeros con indiferencia, pues él sabe que su postura violenta y de autoconfianza es la más adecuada para no contar con problemas de abuso, como sí le ocurrió al Esclavo. Sus acciones irán revelando ese carácter de organizar y dirigir una banda delincuencial, robar, fumar, alcoholizarse, planear el robo del examen de Química, faltar el respeto a la autoridad y estar implicado en el asesinato de Ricardo Arana.

La crítica literaria no ha usado el concepto de dandi, pero ha empleado indirectamente la composición significativa del mismo para cuestionarlo; por ejemplo, Mario Benedetti (Angvik, 2004, p.99) y Sergio Cházaro Flores (1993) resaltan el carácter inventor del Jaguar en cuanto que propone nuevas normas y leyes, en contraste con lo ya establecido en el Colegio Militar Leoncio Prado, como acatar el reglamento del colegio o los hábitos y las costumbres que hay entre estudiantes. De la misma manera, Carlos Franz (2011) identifica la capacidad que tiene el personaje para actuar con suma libertad frente a un grupo social.

El manipulador

Landowski (2009, pp.23-24) menciona que el régimen de la manipulación busca inmiscuirse en la vida interior de otra persona, con la intención de influir en los motivos que pueda tener al actuar en un sentido determinado -la adulación y el desafío son modos que usa muchas veces el manipulador para lograr su fin-. El Jaguar cumple el rol de manipulador constantemente, ya que dirige al grupo y a su sección a su antojo, por ejemplo, es capaz de hacerles creer a los miembros del Círculo que cuentan con la necesidad de saber las respuestas del examen de Química, asimismo, orienta a sus compañeros a que no se resignen de carecer de algunos vicios como el alcohol, el sexo, la pornografía, los cigarros, etc., ya que él, a cambio de dinero, les facilitará todo aquello que va en contra de las reglas de su institución. En un fragmento de la novela, el Jaguar le dice lo siguiente al teniente Gamboa al ser detenido en el colegio: “Todos […]. Los que no roban es porque tienen plata para comprarlos. Pero todos están metidos en eso. […]. Toda la primera sección ha comprado exámenes” (Vargas, 1963, p.367).

Los personajes manipulables se introducen en la lógica de “hacer querer” y “hacer hacer”, gracias al intercambio o el contrato dejarán de actuar con normalidad para someterse a lo requerido por el Jaguar. El agresor es muy cuidadoso con su víctima al implantarle un daño, ya que este resultado violento no debe generar el rechazo al control y la manipulación, que son las finalidades.

La manipulación transforma el mundo, provoca un relevo en el modelaje estratégico previo, el estado del alma o el querer hacer del individuo para dirigirse a la acción propiamente dicha -la manipulación elemental coloca los sistemas modales en una situación dominante, por lo que bloquea el impacto de todos los demás-. Los agresores cuentan con una gran capacidad de persuasión, por ejemplo, atribuyen el problema a la propia conducta de la víctima, la familia, el trabajo o la situación socioeconómica, pero también, puede representar una imagen social opuesta a la que tiene en el ámbito privado. En el caso de La ciudad y los perros, el Jaguar trata de portarse de forma educada, amable, solidaria, atenta y respetuosa cuando se trata de relaciones interpersonales con Teresa, mientras que en el Colegio Militar esa actitud no es la propicia, pues allí debe canalizar su actitud con quienes lo admiran, ya que tendrá que sorprenderlos constantemente. Es un recurso que se usa para orientar al público hacia la adopción de creencias, actitudes y conductas predeterminadas, tal como lo percataron Sarah García Sílberman y Luciana Ramos Lira (2000, p.206).

Ante estos planteamientos que configurarían al Jaguar como un manipulador autónomo y dominante, se precisaría lo siguiente: ¿sería este personaje realmente alguien que ejerce este oficio de manera autónoma o actúa de ese modo por seguir una conducta aprendida y reconocida de otros modelos o el Otro (aquel que se construye utópicamente y que resulta inalcanzable)? La respuesta a ello es sencilla, pues existirían dos causas por las que se ejecuta la manipulación, mientras que del Otro se piensa en la construcción de un sujeto violento ideal y poderoso. El Jaguar adopta ese modelo como suyo de manera inconsciente para poder dominar a la mayoría de estudiantes bajo su criterio, o, mejor dicho, a través del régimen de la manipulación que le ofrece indirectamente el Otro. El Jaguar no sería solo de un manipulador en cuanto el Jaguar tiene la capacidad para dar órdenes a los integrantes del Círculo, como lo sostuvo Mary E. Davis (1981, p.121), sino que altera la ideología de todos los estudiantes con tan solo apreciar su desenvolvimiento distinto en la institución militar.

El violento

La violencia es una transgresión de lo humano que se va propagando cada vez más, debido a que esta se sostiene en sí misma y la justifica. Su representación no es de manera restringida, debido a que se sirve de las formas de la venganza, la cólera y los múltiples excesos de la pasión (la desmesura o la locura) -planteamiento que defiende Jean-Marie Domenach (Domenach, Joxe, Galtung et al., 1981: 34)-. Por ello, esta se vale del ejercicio de la fuerza física, que pretende dañar o causar perjuicio a las personas o sus propiedades, en consecuencia, atenta contra su libertad personal. Para este caso, hago mención de lo ocurrido en el “bautizo” que se realizó a Ricardo Arana (el Esclavo):

El Esclavo no recuerda la cara del muchacho que fue bautizado con él. Debía ser de una de las últimas secciones, porque era pequeño. Estaba con el rostro desfigurado por el miedo y, apenas calló la voz, se vino contra él, ladrando y echando espuma por la boca, y, de pronto, el Esclavo sintió en el hombro un mordisco de perro rabioso y entonces todo su cuerpo reaccionó, y mientras ladraba y mordía, tenía la certeza de que su piel se había cubierto de una pelambre dura, que su boca era un hocico puntiagudo y que, sobre su lomo, su cola chasqueaba como un látigo. (Vargas Llosa, 1963, p.61)

Maurice Merleau-Ponty (1947, p.198) sustenta que la razón se convierte en violencia al alcanzar el poder o la hegemonía, es decir, se busca constituir la unidad y la dominación de los hombres, sobre ese punto, los cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado se sienten admirados por cómo el Jaguar domina las situaciones de peligro sobre aquellos enemigos que les resultan imposibles de derrotar:

Ellos lo miraban medio asombrados […]. Eran como diez, fíjense bien. Pero solo cuando nos llevaban al estadio. Allá se acercaron más, como veinte, o más, un montón de cadetes de cuarto. Y él se les reía en la cara; “¿así que van a bautizarme?”, les decía, “qué bien, qué bien”. (Vargas Llosa, 1963, p.63)

Algunas veces, se presenta como un intento desesperado por recuperar la supremacía perdida en el único ámbito donde se ejerce el poder con impunidad. Por un lado, esta modalidad ofensiva puede destruir el poder, pero, por otro, nunca podrá alcanzarlo, por ejemplo, el Jaguar se ha constituido de manera muy importante entre sus compañeros por contar con un grado de violencia indomable, esto hace que nadie lo remplace posteriormente, por ese motivo, les resulta complicado sublevarse, por lo tanto, el ataque que realizarán será masivo, no de forma individual:

Él se había dejado caer en el lecho, para evitar los golpes, los brazos levantados como un escudo. Desde allí, emboscado en su litera, vio por ráfagas que uno tras otro los cadetes de la sección arremetían contra el Jaguar, un racimo de manos lo arrancaba del sitio, lo separaba de Arróspide y del Boa, lo arrojaba al suelo en el pasadizo y, a la vez que el vocerío crecía verticalmente, Alberto distinguía, en el amontonamiento de cuerpos, los rostros de Vallano y de Mesa, de Valdivia y Romero, y los oía alentarse mutuamente -“¡denle duro!”, “¡soplón de porquería!”, “¡hay que sacarle la mugre!”, “se creía muy valiente, el gran rosquete”- y él pensaba: “Lo van a matar. Y lo mismo al Boa”. (Vargas Llosa, 1963, p.426)

Amartya Sen (2007, p.24) argumenta que la violencia se fomenta mediante la imposición de identidades singulares y beligerantes (gente crédula, engalanada detrás de eximios artífices del terror). Las bases de esta degradación se generan al tener la ilusión de esa identidad singular que otros deben atribuir a la persona que ha de envilecerse. No son culpables las opiniones ni el número de personas, sino esos instrumentos que aumentan y multiplican el potencial humano, los cuales muchas veces no están muy visibles para quienes intentan contrarrestar al agresor. Es más, aquella singularidad genera que otras personas sientan interés por asimilar, copiar e imitar las conductas y las acciones del aludido, tal como se muestra en la escena en la que Alberto Fernández admite algo que ha detectado Ricardo Arana: “Me estoy riendo como el Jaguar. ¿Por qué lo imitan todos?” (Vargas Llosa, 1963, p.26).

Para V. P. Shupilov (Domenach, et al., 1981, p.160), la violencia puede ser también muy destructiva, sobre todo, cuando se trata de delincuencia -esta se inicia en la calle, y es allí donde se aprende-. Con el Jaguar, el aprendizaje de estos hábitos se irá acentuando con la concurrencia del flaco Higueras, quien lo involucra en varios robos y le entrega dinero a causa de sus acompañamientos: “El flaco había sacado muchas cosas. […]. El flaco me dio algunos paquetes, que escondí entre la ropa, […]. ‘Mañana te daré más si es que esta misma noche vendo lo que sacamos’” (Vargas Llosa, 1963, p.319).

Las representaciones de la violencia configurarán una originalidad y un modo no cotidiano de manifestar estas acciones que se irán perpetrando -erróneamente, podría justificarse que el acceso a la delincuencia y la criminalidad es permisible para que los individuos hallen su identidad y mejoren sus relaciones interpersonales, aunque también esta elección de conducta podría ser propia del resultado de una excesiva tensión nerviosa o algunas situaciones de crisis-, por ejemplo, el Jaguar tiene como recurso la pelea ante instancias que él puede considerar complejas, es decir, situaciones que se distancian de un arreglo habitual con una conversación, como cuando el personaje encuentra en una playa de La Perla a Teresa junto con unos chicos: “Regresé donde el primero, que estaba limpiándose la cara. Pensaba hablarle, pero apenas lo tuve al frente me enfurecí y le di un puñetazo” (Vargas Llosa, 1963, p.349).

El problema para una persona violenta es que tiene pocas oportunidades para responder a estas exigencias de la vida, por lo tanto, no puede imaginar otra solución que recurrir a la agresión. El uso de armas, para defensa o ataque, sería un indicador de que la violencia social está en aumento para la respectiva persona. Las arremetidas o los asaltos efectuados por el victimario solo podrán clasificarse si se ejecutan con cierta rutina; el emplearlos provocará placer en él (Aristóteles, s. IV a. C., p.262), puesto que se están realizando actos acostumbrados que provienen de los hábitos cultivados. El Jaguar cuenta con un conocimiento formado de la calle, incluso sabe en qué parte del cuerpo se hace más daño, cuenta con una habilidad especial, por lo tanto, no duda en luchar: “Pero esa vez yo me lancé a la bruta contra los dos y los gané” (Vargas Llosa, 1963, p.349).

Asimismo, el concepto de violencia se asocia con el de ira, ya que el estereotipo humano que cuenta con esas características y los procedimientos que lo conforman son similares. Fernando Savater (1997, pp.86-88) plantea que la ira difícilmente logra resolver abusos e injusticias, ya que su manifestación es imprescindible para buscar una solución, siempre y cuando, se acompañe de momentos de calma que permitan pensar cómo encontrar el canal -normalmente, los que son coléricos, no llevan la ira a un nivel destructivo, pero si se trata de personas que poseen un umbral de ira muy alto, se mantendrán, sin mostrar señales, hasta que al final se representa de una forma explosiva, por ello, el problema de la ira es que lo instintivo y lo emocional llevan a una situación descontrolada de considerable perjuicio-. Normalmente, el Jaguar no resistirá que discutan con él, mayormente querrá desembocar el malestar en una pelea, por ejemplo, a continuación se aprecia cómo Alberto Fernández incita al Jaguar a que concluyan su intercambio de palabras en una lucha física:

-¿Y eso qué importa? Lo fregabas y todos lo fregaban por imitarte. Le hacías la vida imposible. Y lo mataste.

-No grites, imbécil, van a oírte. No lo maté. Cuando salga, buscaré al soplón y delante de todos le haré confesar que es una calumnia. Vas a ver que es mentira.

-No es mentira -dijo Alberto-. Yo sé.

-No grites, maldita sea.

-Eres un asesino.

-Chist.

-Yo te denuncié, Jaguar. Yo sé que tú lo mataste. (Vargas Llosa, 1963, p.399)

Añade Savater (1997, p.94) que la ira genera que se produzca un afán de llevar el castigo hasta, prácticamente, la destrucción del otro (con una consecuencia desproporcionada, porque el daño resulta de un volumen muy grave). Al respecto, también se podría relacionar la ira con la soberbia, por el hecho de que el victimario quiere infringir un daño mayor a su víctima, así esta se haya expresado o no con un mínimo de violencia. Aquello se demuestra cuando se ven los resultados de haberse peleado el Jaguar con el Poeta, siendo este último el más dañado: “Lo han desfigurado. Habría que meter al rubio en el equipo de box del colegio” (Vargas, 1963, p.406). Sobre esta atribución al Jaguar, Casto Manuel Fernández (1977, p.21) sostiene que el personaje usa la violencia para imponerse en el colegio, actitud que será elemental para establecer rangos de autoridad, respeto y miedo entre los cadetes, es decir, la apreciación que le otorga es meramente favorecida para su composición ética.

El agresor

Sarah García Sílberman y Luciana Ramos Lira (2000, pp.24-25) señalan que el agresor tiene la finalidad de destruir a su víctima, a través de la violencia física directa, todo ello por su tendencia a atacar -esta permanece como un factor oculto y constante de amedrentamiento, sin necesidad de que sea continua, solo será repetida y prolongada en caso de que se tratara de situaciones de cautiverio-; aunque, a la vez, se resiste al medio social al cual pertenece, por ejemplo, se asume que el Jaguar mató al Esclavo porque fue este quien acusó al serrano Cava del robo del examen de Química, tal como se lo delata el teniente Gamboa al personaje: “¿Por qué mataste a Arana? […]. Responde. Todo el mundo está enterado. […]. Deja de hacerte el loco y contesta. […]. Alguien te ha denunciado. […]. Estás fregado” (Vargas Llosa, 1963, pp.367-368).

Ricardo Ruiz Carbonell (2002, p.29) plantea que los agresores de formación cultural y social precaria se deterioran más fuera del hogar que quienes cuentan con un nivel más alto, aquellos que se rigen bajo las convenciones sociales, pero son más violentos en la familia. Esto no es así en el caso del Jaguar, ya que la máxima representación de esta modalidad se halla únicamente en el Colegio Militar y, de un grado menor, en la calle.

Lacan (1998, p.168) menciona que la perversión trata de manifestaciones patológicas en las cuales el campo de la realidad está profundamente perturbado por imágenes. El perverso no sabe al servicio de qué goce ejerce su actividad y, a pesar de ello, siente la necesidad exagerada de sobresalir, ganar, llamar la atención y demostrar mucha agresividad frente a otros, es más, puede tener conceptos errados con los que justifica su accionar, tal como ocurre con el Jaguar al explicar su forma de ser al Poeta: “En el colegio todos friegan a todos, el que se deja se arruina. No es mi culpa. Si a mí no me joden es porque soy más hombre. No es mi culpa” (Vargas Llosa, 1963, p.398).

Los maltratadores emplean las agresiones, las amenazas, las intimidaciones y el abuso psicológico para coaccionar y controlar a la víctima -usan estos mecanismos ofensivos con el fin de doblegar la voluntad del agredido, además de que crean inseguridad y fomentan la dependencia-. Ellos son también selectivos en el ejercicio de la violencia deshumanizadora, lo que demuestra que son capaces de controlarse en cualquier otra situación con extraños -escogen a la víctima y el lugar del ataque-. Es notoria la evidencia de que el Jaguar consigue lo que quiere en cualquier momento, como cuando el Poeta descubre que el Esclavo lo está sustituyendo en su función de imaginaria (hacer guardia durante toda la noche en el colegio según horarios establecidos por las autoridades militares) por temor más que nada: “Estás reemplazando al Jaguar […]. Me das pena” (Vargas Llosa, 1963, p.25).

Por otro lado, tienen fuertemente interiorizados los valores tradicionales de la superioridad masculina, los cuales se exteriorizan con las cinco características que Ángeles Álvarez A. expone en Guía para mujeres maltratadas (2002), ya que desvían el problema, olvidan, racionalizan, proyectan y minimizan.

  • A) Desvían el problema: justifican su comportamiento por la falta de trabajo, el exceso en los gastos o su dependencia por el alcohol, pues poseen una gran capacidad para improvisar y mentir. Trasladan la responsabilidad a cuestiones ajenas de sí mismo con este mecanismo. El Jaguar logra su cometido al confesar al teniente Gamboa que la muerte de Ricardo Arana provocaría un bienestar a su sección: “[…] ahora comprendo mejor al Esclavo. Para él no éramos sus compañeros, sino sus enemigos. […]. Yo quería vengar a la sección, ¿cómo podía saber que los otros eran peores que él, mi teniente?” (Vargas Llosa, 1963, p.445). Por otro lado, Ángeles Álvarez A. (2002, p.23) señala que alcanzan un resultado excelente para transferir la responsabilidad de la agresión a la víctima con las estrategias defensivas empleadas por el victimario, por consiguiente, se genera una doble victimización cuando afirma que “miente”, “está loco” o “él provocó”. El individuo está logrando que se autorregule a una doble moralidad al defender el delito, en la que el bien y el mal son buenos para la posición ética en la que se encuentra el agresor.

  • B) Olvidan: dicen no recordar o no haber estado conscientes de lo que se les recrimina. Niegan abiertamente los ataques utilizando como defensa este mecanismo para restar credibilidad al relato de la víctima. En La ciudad y los perros, el Jaguar llega a revelar el motivo por el que golpeó a dos muchachos que acompañaban a Teresa a la playa, sin embargo, se infiere que su forma de pensar no ha sido corregida, ya que justifica su accionar por los impulsos que sentía en ese momento:

-¿Por qué hiciste eso? -preguntó Teresa.

El Jaguar no contestó: había sacado las manos de los bolsillos y jugaba con sus dedos.

-¿Estabas enamorado de mí? -dijo Teresa; él la miró y ella no había enrojecido; su expresión era tranquila y suavemente intrigada.

-Sí -dijo el Jaguar-. Por eso me peleé con el muchacho de la playa.

-¿Tenías celos? -dijo Teresa. En su voz había ahora algo que lo desconcertó: una indefinible presencia, un ser inesperado, huidizo y soberbio.

-Sí -dijo el Jaguar-. Por eso te insulté. ¿Me has perdonado?

-Sí -dijo Teresa-. Pero tú debiste volver. ¿Por qué no me buscaste?

-Tenía vergüenza -dijo el Jaguar-. Pero una vez volví, cuando agarraron al flaco (Vargas Llosa, 1963, p.464).

  • C) Racionalizan: explican coherentemente las conductas y los hechos violentos con fundamentos efectivamente sostenidos (Álvarez, 2002, p.18) (hace parecer que lo ocurrido está bien hecho), pero estos no son admitidos como legítimos por la instancia moral del entorno social. En La ciudad y los perros, el Jaguar justifica su acto homicida como recomendable para hacer justicia contra alguien que ha traicionado a la sección. Asimismo, se vale del deterioro moral que tienen los demás compañeros para no hacerse responsable de su accionar, tal como se lo hace notar el teniente Gamboa: “El Círculo […]. Robo de exámenes, robo de prendas, emboscadas contra los superiores, abuso de autoridad con los cadetes de tercero. ¿Sabes lo que eres? Un delincuente” (Vargas Llosa, 1963, p.367).

  • D) Proyectan: atribuyen a la víctima la responsabilidad de las conductas violentas. Por ejemplo, cuando el Jaguar confiesa que ha asesinado al Esclavo, le importa más su estado de salud que la muerte misma, incluso, ni piensa en el castigo que le ha ocasionado al teniente Gamboa: “No puedo dormir -balbuceó el Jaguar-. Esa es la verdad, mi teniente, le juro por lo más santo. Yo no sabía lo que era vivir aplastado. No se enfurezca y trate de comprenderme, no le estoy pidiendo gran cosa” (Vargas Llosa, 1963, p.444).

  • E) Minimizan: restan importancia a la agresión para conseguir distanciarse del daño causado; para ello, argumentan que este no ha sido tan grave. En el caso del Jaguar, luego de que es golpeado por su sección al acusársele de “soplón”, se victimiza para no abordar el tema del asesinato con Alberto Fernández, es más, se sigue considerando mejor que el resto en muchos aspectos:

¿Crees que todos son como tú? -dijo el Jaguar-. Te equivocas. Yo no soy un soplón ni converso con soplones. Sal de aquí. […]. Yo les enseñé a ser hombres a todos esos -dijo el Jaguar-. ¿Crees que me importan? Por mí, pueden irse a la mierda todos. No me interesa lo que piensen. Y tú tampoco. Lárgate. (Vargas Llosa, 1963, p.434)

Para Sharon Magnarelli (1976, p44), Sarah Osgood Brooks (2005, p.123), Silvia Hopenhayn (2011, p.71), Alonso Cueto (11 de diciembre de 2013), José Miguel Oviedo (2012, XLIII) y Gerald Martin (2012, p.28) no solo sería un agresor, sino un delincuente, un opresor, un rebelde, un machista y quien se encargaría de trastocar las leyes éticas del Colegio Militar Leoncio Prado. Incluso, Efraín Kristal (2012) lo ha calificado de maleante, pero sin que él tenga completamente la culpa, sino por las circunstancias mismas de su pasado, de las que es víctima.

El temerario

Al mencionar al Jaguar, se puede hacer alusión también a una representación temeraria. Aristóteles (s. IV a. C., p.269) indicaba en Retórica que producían miedo quienes han cometido injusticias, por el hecho de que ellos, en cualquier otro momento, serán capaces de hacer daño. La invasión psicológica de euforia que posee el Jaguar permite que el miedo aumente en sus contrincantes y gane; aunque no siempre será así, cuando este personaje es tildado de “soplón”, los cadetes se unen para poder derrotarlo, por lo tanto, un mayor número de personas sería equivalente o superior a un sujeto que infunde terror hacia los demás. En el siguiente fragmento de la novela, se aprecia cómo la mayoría de los cadetes siente temor hacia el Jaguar; sobre todo, cuando atraviesan una situación de riesgo en la que es acusado por el brigadier Arróspide (enfrentar al personaje, sabiendo que él es más fuerte que varios juntos): “Solo ver caras de cobardes […]. Nada más que eso. Caras de maricones, de miedosos. […]. A ver […]. Me enferma lo cobardes que son. ¿Por qué no grita nadie más? No tengan tanto miedo” (Vargas Llosa, 1963, p.424). Para Bert Bono Carrillo (1970, p.182), el Jaguar sería una muestra de poder absoluto, sin lugar a cuestionamientos, mientras que para Cristóbal Macías Villalobos (2013) esa composición de fortaleza se produciría por sus vivencias delincuenciales, junto con ese entorno que lo rodea.

El vengativo

Para Aristóteles (s. IV a. C., p.269), esta peculiaridad es placentera, al igual que el hecho de vencer, ya que uno pasa de un estado de indignación (un pesar sentido por alguien que disfruta un éxito inmerecido) a otro de satisfacción. Fernando Savater (1997, p.94) plantea que, si se pretende castigar a una persona con acciones sin ferocidad, esta consigue resultados controlables, pero de no ser así, se estaría haciendo mención de una venganza, la cual no tiene ninguna consecuencia satisfactoria -la pena de muerte carece de toda connotación reformadora-. El Jaguar es una muestra de la venganza, que se evidencia por el asesinato realizado hacia el Esclavo, el mismo que no conduce a nada óptimo para la familia y el entorno de Ricardo Arana. El personaje admite al final de la novela haberlo matado:

-Sí -dijo Gamboa-. Ahora sí lo escucho. ¿Por qué mató a ese muchacho? ¿Por qué me ha escrito ese papel?

-Porque estaba equivocado sobre los otros, mi teniente; yo quería librarlos de un tipo así. Piense en lo que pasó y verá que cualquiera se engaña. Hizo expulsar a Cava solo para poder salir a la calle unas horas, no le importó arruinar a un compañero por conseguir un permiso. Eso lo enfermaría a cualquiera. (Vargas Llosa, 1963, p.444)

Por otro lado, los críticos José Miguel Oviedo (2012, XXXIX), Ricardo González Vigil (17 de marzo de 2013) y Carlos Garayar (16 de diciembre de 2013) plantearían que este personaje jamás traicionaría su código de honor, basado en la violencia, es decir, no sería un “soplón”, propuesta cuestionable, ya que su accionar agresivo no es competitivo y del mismo rango, porque pelea y abusa mayormente de quienes cuentan con una capacidad inferior a la de él, además de ser manipulador y rebelde, por lo tanto, no existiría ningún indicio para pensar que el personaje no intenta llegar a la cúspide de su propia identidad violenta, sin órdenes, ni leyes, ni sometimientos.

El obsesivo

Lacan (1998, p.408) indica que este tipo de sujetos, el cual vive en el significante, se defiende perpetuamente de la locura, destruye su objeto y se empeña por aniquilar el deseo y la dimensión del Otro. Por tal motivo, el Jaguar sería también una representación del obsesivo, debido a que lucha consigo mismo para defender su honra (se mantiene como significante), incluso, sus pensamientos resultan incoherentes y delirantes, como se aprecia luego de la lucha que tiene con Alberto Fernández, con la intención de validar sus palabras con la vinculación de sus recuerdos con sus culpas:

-Mi madre también me decía eso -Alberto se sorprendió, no esperaba una confidencia. Pero comprendió que el Jaguar hablaba solo; su voz era opaca, árida-. Y también Gamboa. No sé qué les puede importar mi vida. Pero yo no era el único que fregaba al Esclavo. Todos se metían con él, tú también, Poeta. En el colegio todos friegan a todos, el que se deja se arruina. No es mi culpa. Si a mí no me joden es porque soy más hombre. No es mi culpa. (Vargas Llosa, 1963, p.398)

Esta organización de ideas que lo conducen a ser un criminal es posible gracias a la necesidad que tiene él de autodeterminarse, identificarse y diferenciarse del resto.

Conclusiones

En La ciudad y los perros, hay ciertas normas que se asignan en el Colegio Militar Leoncio Prado para que los personajes sean percibidos como hombres de verdad (principalmente, disciplinados y temerarios), requisitos que irán asimilando y cumpliendo para no ser atacados con reprimendas y críticas, de esta forma, el Jaguar se preocupa mucho por ello, no obstante, conforme se desarrollan sus acciones en el tiempo, se desligan algunos parámetros ideológicos que identifican su forma particular y diferenciada de percibir el mundo, distanciada de su adiestramiento militar, que le permitirá sobrevivir mejor que el resto, pero que lo conducirá a situaciones más complejas y distorsionadas. De esta manera, derivaré las conclusiones que se obtuvieron del artículo de investigación con respecto a las nueve caracterizaciones que se le designaron al Jaguar.

Primero, se le atribuyó a este personaje el concepto de protagonista debido a la configuración violenta y constante que se hace de su personaje, a través de múltiples representaciones que destacan en su colegio (como ser alguien de temer y organizar el Círculo) y la calle (donde aprenderá algunos vicios, como robar, fumar o tomar, guiados por el delincuente el flaco Higueras). Por otro lado, su identidad logra una evolución en el desarrollo de la novela, a partir de la muerte de Ricardo Arana y la separación con Teresa. Su autonomía y su distinción permitirán que el Jaguar sea un personaje al que se le designa una importancia particular en la trama.

Segundo, el concepto lacaniano de amo se extrapoló en el Jaguar, puesto que su figura de poder se demuestra mediante las constantes luchas que él ganaba y las nulas derrotas que él debía haber pasado (como el hecho de someterse al “bautizo” por los alumnos del cuarto grado). Aquella configuración de modelo agresivo le permite gozar de algunos privilegios: el respeto de los cadetes hacia su persona, dominar distintas situaciones, atentar el orden militar a su antojo, plantear nuevas maneras de delinquir, etc. Las formas de asegurar su rol de dominancia son inalterables en su mayoría, ya que ha recibido una instrucción extrainstitucional (la delincuencia en la calle), que le permite afianzar su confianza y su éxito en pelear.

Tercero, la denominación de dandi al Jaguar, tal como la entienden Eric Landowski y Walter Benjamin, resulta aplicable debido al interés que tiene por diferenciarse del resto, ya que este personaje pudo alterar la formación tradicional que se llevaba a cabo en el Colegio Militar Leoncio Prado, ya que no se dejó “bautizar” y comercializó en el interior de su institución cigarrillos, bebidas alcohólicas, revistas pornográficas, exámenes resueltos, etc.

Cuarto, la denominación de manipulador al Jaguar parte principalmente del régimen de sentido que aborda Eric Landowski, al precisar que una de las intenciones del mismo es influir sobre las decisiones de los demás, considerando que es necesario que estos lleguen a sentir las necesidades que él les transfiere de modo convencional (con intereses personales y aprendidos indirectamente del Otro). El Jaguar aprovecha esa situación persuasiva para negociar con los demás cadetes, es más, empiezan a tener una vida dirigida por este personaje, ya que hacen lo que él les ofrece: consumen sus productos (cigarros, alcohol, revistas, etc.).

Quinto, el Jaguar indefectiblemente es violento al igual que sus demás compañeros del Colegio Militar Leoncio Prado; pero su manifestación sobrepasa los límites, ya que no puede controlarse en la calle (agrede a chicos indefensos por no saber dominar sus celos) y tiene problemas de socialización normal con personas mayores que él (en una oportunidad, intenta pasar de la discusión a los golpes con el teniente Gamboa). Esa modalidad de interactuar es autodestructiva para él, sin embargo, le costará hallar una cosmovisión distinta para que la reemplace por la errónea. En palabras de Maurice Merleau-Ponty, la manifestación de la violencia es posible porque el personaje ha alterado la jerarquía que se impone en toda organización social, se ha reinvertido o deteriorado el respeto a los grados militares (por ejemplo, el alumno ingresante no se deja “bautizar” por los de cuarto), además, ha adquirido una singularidad, tal como confirma Amartya Sen cuando se trata este tipo de manifestación exorbitante.

Sexto, se asume la propuesta de Sarah García Sílberman y Luciana Ramos Lira de que el agresor destruye a su víctima, aquello se comprueba en situaciones cada vez más riesgosas en el Jaguar con respecto al trato que le infiere al Esclavo (hasta asesinarlo). Todo ello es acompañado con otras particularidades que explican Ricardo Ruiz Carbonell y Jacques Lacan, tales como el goce por maltratar, la perversión y la selección de la víctima. Por otro lado, la propuesta de Ángeles Álvarez A. que es expuesta en Guía para mujeres maltratadas (2002) determina las cinco cualidades que denota un agresor, las mismas que se cumplen en el Jaguar, tales como desviar el problema, olvidar, racionalizar, proyectar y minimizar.

Séptimo, un personaje es temerario cuando infunde terror y con quien menos se desea uno enfrentar, para el caso del Jaguar, este se ha visto expuesto a situaciones desniveladas en grados de instrucción y fuerza en el Colegio Militar Leoncio Prado (luchar contra bastantes alumnos de cuarto grado, cuando él ingresó a ese colegio), sin embargo, ha resultado siempre victorioso, este es el motivo por el cual la mayoría de los cadetes respeta su presencia en la institución.

Octavo, al hacer referencia al Jaguar como vengativo, se retoma lo propuesto por Aristóteles y Fernando Savater con respecto al deseo de satisfacción o reivindicación, que se asume en la novela como un castigo que se ejecuta a Ricardo Arana por haber delatado al serrano Cava. El hecho de que el personaje no hubiese actuado de tal modo implicaría que se estaría presentando una situación no dominada por él mismo, por lo tanto, la no venganza habría significado el temor a la amenaza que resultaba el Esclavo. Finalmente, considerando la propuesta lacaniana, el Jaguar es obsesivo porque permanece en el significante, es decir, su configuración violenta y empedernida generan que luche consigo mismo para obtener siempre la victoria y conseguir una autonomía (la aniquilación del deseo y la dimensión del Otro).

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Recibido: 25 de Enero de 2018; Aprobado: 20 de Abril de 2018

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