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La ventana. Revista de estudios de género

versão impressa ISSN 1405-9436

La ventana vol.4 no.32 Guadalajara jul./dez. 2010

 

En la mira

 

¿Quién mordió la manzana?

 

Patricia García Guevara

 

Araceli Mingo. ¿Quién mordió la manzana? Sexo, origen social y desempeño en la universidad

 

México, UNAM/ CESU/PUEG/FCE, 2006.

 

Doctora en género y educación. Profesora investigadora del Departamento de Estudios en Educación de la Universidad de Guadalajara. Miembro del SNI nivel I. Correo electrónico: guevarap@cencar.udg.mx

 

¿Qué México tendríamos si en vez de abrumar a las mujeres con responsabilidades domésticas ellas hubieran tenido la misma oportunidad que los varones de cursar estudios universitarios y de ejercer sus profesiones en los distintos campos sustantivos para el desarrollo del país? ¿Qué México tendríamos si no se hubiera marginado, además de a las mujeres, a poblaciones como la indígena, la campesina y la trabajadora?. Éstas son las dos preguntas que la autora plantea a lo largo de su obra, muy acorde con estos tiempos de reflexión bicentenaria sobre el destino del país.

Este libro es el resultado de un extenso estudio sobre las diferencias en rendimiento escolar del alumnado de las licenciaturas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la generación 1997-2001, por sexo y por estrato social. El problema se aborda desde una perspectiva de género y un análisis multifactorial sobre el fenómeno de la educación formal.1

El primer capítulo abre una rica puerta hacia el estado de la cuestión y nos muestra cómo convergen los ordenamientos de género con la educación en distintas sociedades, escuelas y universidades. La revisión de la literatura especializada enmarca el análisis. Así, se presentan extensos estudios internacionales, tales como el de Evaluaciones Internacionales en Matemáticas y Ciencias (TIMSS, siglas por su nombre en inglés), sobre el rendimiento escolar en materias como matemáticas y ciencias, que demuestran que las diferencias en rendimiento en 41 países no son significativas en el cuarto año de primaria, pero conforme se avanza hacia el octavo comienza a haber diferencias por sexo y en el 12° grado éstas son claramente marcadas. El estudiantado manifiesta que la influencia parental alentaba más a los varones en su desempeño y éstos a su vez trataban de complacer a los progenitores. También, más hombres que mujeres declaran que tales materias eran importantes para su trabajo, mientras que las mujeres expresan no necesitarlas para ese fin. Por su parte, estudios estadounidenses, argentinos y mexicanos confirman la misma información: el rendimiento escolar es mayor en las niñas, sin embargo, éste va decayendo en el transcurso de su carrera escolar. Estudios más puntuales encuentran patrones diferenciados por sexo o por regiones. En Inglaterra, los hombres alcanzan los mejores y peores promedios, mientras que las mujeres obtienen los intermedios. En México, en 2002, en el Examen Nacional de Ingreso a la Educación Superior (EXANI II) destaca que sólo en Coahuila las mujeres superan a los hombres.

La relación entre el género y el rendimiento escolar tiene lugar en un complejo interjuego de prácticas y agentes. ¿Cuáles son? Araceli Mingo argumenta de diversas maneras cómo interac-túan y se relacionan las y los docentes y el estudiantado para generar las diferencias en el espacio escolar.

Las prácticas que recrean el orden de género hegemónico en los centros educativos se ven claramente en las expectativas diferenciales que los adultos (padre y madre) tienen de mujeres y hombres, en el trato hacia ellos y ellas, en las interacciones que se dan entre los docentes y el estudiantado y entre el estudiantado mismo, en el lenguaje que emplean éstos, los discursos que utilizan, los contenidos en la enseñanza y la forma en que son transmitidos, la manera en que se apropian de los espacios y los materiales escolares físicos y simbólicos, lo que se penaliza o no, los modelos de masculinidad y feminidad que se promueven como regla, etcétera (p. 30).

Un punto nodal en la extensa literatura que revisa la autora aparece en la marcada ventaja que presentan las mujeres en lengua2 en comparación con las ciencias y matemáticas, ya que estas disciplinas siguen siendo terrenos masculinos (aun cuando la participación femenina se ha incrementado en las últimas décadas) (pp. 77 y 78). Sin embargo, algunas poblaciones muestran incrementos porcentuales y mejores rendimientos a través de los años en ambas materias sin importar el sexo, por ejemplo, la población blanca de estrato socioeconómico alto, en una escala que deja al final a poblaciones de mujeres y hombres negros y latinos en sociedades como la estadounidense. De esta forma, la autora deja claro que los análisis sobre los ordenamientos de género no pueden perder de vista los ordenamientos sociales, económicos y culturales, como la clase y la etnia, pero tampoco los cambios que los movimientos feministas han generado en la transformación de lo que se considera femenino.

Las ideas feministas de las madres pertenecientes a la clase trabajadora cuestionaron el papel tradicional que ellas vivieron, en muchos casos, impulsan a sus hijas a utilizar la educación universitaria como recurso para transformar su rol tradicional y así optar por el mundo profesional, los ordenamientos sobre las masculinidades y feminidades y los cambios necesarios que por clase exige el éxito académico. Otro impulsor del cambio, más evidente, es el que ambos progenitores estén involucrados positivamente en su educación escolar (p. 134).

En suma, la relación escuela-género-familia-clase social3 tiene una importancia trascendente. La falta de atención —indican de diversas maneras los distintos análisis que recoge la autora— impide tener una radiografía completa del fenómeno. El problema con tales ordenamientos de género es que generalmente pasan inadvertidos por las instituciones educativas y la planta de maestros/as, y son tomados como algo “anecdótico o individual” y no como parte de un fenómeno más amplio, que debemos visibilizar las y los estudiosos del tema.

Estas diferencias y muchos otros referentes históricos y culturales sobre la construcción social de la mas-culinidad y la feminidad sirven de base para exponer la problemática en la UNAM. El análisis de datos proviene de la encuesta aplicada por la universidad a los alumnos de primer ingreso a licenciatura y que el presente estudio depura por cuestiones metodológicas y dada la enorme población.

Finalmente, cabe dar algunos de los resultados que confirman algunas de las tesis revisadas a lo largo del trabajo, como aquellos que indican que la proporción de padres con estudios universitarios de los aspirantes a enfermería es de 17.4% y de los de medicina 74.3%, mientras que de los de pedagogía es de 24%. O los que arrojan que en las áreas de ciencias naturales y exactas

Gracias a la titánica revisión que Araceli Mingo hace de la década de los noventa y principios de la del 2000, se tiene una rica panorámica sobre el tema, por lo que este libro es una obra imprescindible para quienes investigan y enseñan en el campo de la educación.

alumnos de escuelas privadas superan claramente el promedio general de sus compañeras que asistieron sólo a instituciones públicas […] lo cual no sucede en las demás áreas (pp. 281-286).

 

Notas

1 Con referencias a Bourdieu en lo concerniente a capital cultural, origen social y su teoría en ese campo.

2 Que en México equivale la materia de español.

3 Apuntalada a lo largo de la obra por la tesis de Bourdieu.