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La ventana. Revista de estudios de género

versão impressa ISSN 1405-9436

La ventana vol.4 no.32 Guadalajara Jul./Dez. 2010

 

Avances de trabajo

 

"Queridísima Frieducha"!... Cartas de Guillermo Kahlo a su hija Frida

 

Annette B. Ramírez de Arellano y Servando Ortoll

 

Maestra en planificación urbana. Consultora en política de salud. Voluntaria en el Museo Nacional de Arte Africano en Washington. Correo electrónico: annette@ramirezdearellano.com

Doctor en sociología histórica. Profesor investigador del Centro de Investigaciones Culturales del Museo de la Universidad Autónoma de Baja California. Correos electrónicos: servando.ortoll@gmail.com, ortoll@yahoo.com

 

Recepción: 30 de septiembre de 2010
Aceptación: 26 de noviembre de 2010

 

Resumen

Entre 1932 y 1933, Guillermo Kahlo escribió una docena de cartas extensas a su hija Frida, quien se encontraba en Estados Unidos en compañía de su esposo Diego Rivera. Estas cartas revelan un padre afectuoso, preocupado por el bienestar de su hija y empeñado en aconsejarle contra algunas de las "fallas" del temperamento que ambos compartían. También muestran el luto y la soledad que embargaban a Guillermo luego de la muerte de su esposa, la madre de Frida, y los intentos de la hija por buscarle distracciones y actividades. Las misivas también revelan el sentido del humor de Guillermo y su tendencia a lanzar dardos epistolares cuando quería recalcar su punto de vista.

Palabras clave: Frida Kahlo, Guillermo Kahlo, cartas, relación paterno-filial, pintura.

 

Abstract

Between 1932 and 1933, Guillermo Kahlo penned dozen long letters to his daughter Frida, who was in the United States accompanying her husband, muralist Diego Rivera. These letters reveal an affectionate father, concerned about his daughter's welfare and intent on sparing her some of the effects of the personality traits which they shared. They also show a grieving and lonely Guillermo, having suffered the loss of his wife, Frida's mother. In addition, the letters reflect Frida's attempts to engage her father in activities that would distract him from his self-absorption. Guillermo's wicked sense of humor is manifested in his writing, as is his use of epistolary barbs to underscore his point of view.

Key words: Frida Kahlo, Guillermo Kahlo, letters, father-daughter relationship.

 

Las cartas constituyen un género particular. Generalmente se piensa que la correspondencia escrita es muy personal y que las personas se retratan en sus palabras, exponiendo un lado privado que de otra forma permanecería oculto. Este lado oculto se contrapone al lado público, que puede o no coincidir con el privado. Pero, como bien señala el autor Louis Menand, no hay por qué asumir que las cartas o diarios son más auténticos que otros medios o formas de presentarse ante el público (Menand, 2007: 64-65). Después de todo, las mentiras, exageraciones u omisiones no acarrean ninguna penalidad cuando aparecen en una carta o anotadas en un diario. Además, muchas personas utilizan las cartas para una variedad de propósitos, como cotillear, desahogarse, saldar cuentas y confesarse, en ocasiones reflejando sentimientos pasajeros que no obstante quedan plasmados en el papel para la posteridad.

La correspondencia entre Frida Kahlo y su padre, Guillermo Kahlo, es de interés no sólo porque se trata de dos personajes en la historia cultural de México, sino también porque tiene el potencial de abrir una ventana a las personalidades de cada uno de los corresponsales, así como a la relación entre ellos. Las cartas están circunscritas en tiempo y espacio; aquí nos referimos a las escritas por Guillermo Kahlo entre 1932 y 1933,1 años durante los cuales su hija estuvo en Estados Unidos, expuesta a experiencias novedosas y teniendo una vida muy distinta a la que llevaba en México. Aunque las misivas reflejan un periodo corto de tiempo, fueron años de profundos cambios para ambos.

Estas cartas nos demuestran la confianza que había entre padre e hija, una relación aparentemente muy distinta de la que sostenía Guillermo Kahlo con el resto de sus hijas. También arrojan luz sobre las actividades y sentimientos de Frida durante un periodo formativo en su vida, cuando se inició como la esposa de Diego Rivera ante sus mecenas los Ford y los Rockefeller, entre otros. Frida vio el mar y voló en avión por primera vez; tuvo que desenvolverse en una lengua extranjera y en un ambiente cambiante, y empezó a pintar no sólo para entretenerse, sino con miras a exponer y vender su obra. En el ámbito personal, padeció un aborto que la dejó exhausta física y emocionalmente. Además, sufrió la muerte de su madre, evento aún más penoso debido a que la gravedad de la madre ocurrió cuando Frida se encontraba en Detroit, así que realizó un viaje largo e inesperado que no podía hacer sola, debido a la fragilidad de su propia condición.

Para Guillermo, estos años los marcó sobre todo la muerte de su esposa, pérdida que lo dejó desorientado y deprimido. Aunque sus hijas lo visitaban con frecuencia y lo incluían en sus salidas y actividades, Guillermo se percató de que la cómoda cotidianidad de su vida había cambiado irreversiblemente. Pensaba que ya no volvería a ser la misma persona, profecía que se cumpliría, ya que la soledad acentuó sus tendencias hacia la introspección. Él padecía de ataques epilépticos desde joven, y ahora sus problemas de salud se complicaban con la sordera de un oído y disturbios intestinales. Además, su carrera de fotógrafo, la cual alcanzó sus años más productivos entre 1904 y 1908, cuando el gobierno de Porfirio Díaz lo contrató para documentar fotográficamente el patrimonio arquitectónico de México, entraba en el ocaso. Ahora sólo lo procuraban algunos viejos clientes, y no tenía suficiente oficio para mantenerse entretenido y empleado.

Aunque la correspondencia de Guillermo Kahlo parece bastante completa,2 sólo contamos con una que otra de las cartas que le escribió su hija. Lo que debería ser un diálogo es por lo tanto más bien un monólogo. No obstante, Guillermo sintetiza las noticias y comentarios de Frida al contestar sus cartas, por lo cual el lector logra entender la "trama" detrás de este intercambio epistolar. Así mismo, es importante tener en cuenta que Frida dirigía sus cartas exclusivamente a uno de sus padres y no a los dos.3 Ella también llevaba una nutrida correspondencia con su madre y sus hermanas, de la cual nos quedan algunos ejemplos. No obstante, en este ensayo nos limitamos a la correspondencia con su padre, y en ella se centran las secciones que siguen.

 

Los personajes: breve trasfondo

Guillermo Kahlo era de origen alemán y emigró a México a los 19 años. A pesar de que muchos autores indican que provenía de familia judía (entre otros, Herrera, 1983: 5), origen que Frida destacaba y alrededor del cual algunos historiadores han tejido una complicada madeja,4 investigaciones más recientes señalan que Guillermo procedía de una larga estirpe luterana por ambos lados (Franger y Huhle, 2005; Ronnen, 2006). Aunque era de familia acomodada y no salió de su país buscando fortuna, sí buscó un mejor hogar y una oportunidad para hacer su propio destino. Su madre había muerto, su padre se había vuelto a casar y el joven no congeniaba con su madrastra. El padre le proporcionó suficientes fondos para zarpar a México, país que el joven adoptó como suyo: cambió su nombre Wilhelm por el de Guillermo, aprendió español y nunca más regresó a su país de origen. En México, Guillermo consiguió empleo en distintos comercios de inmigrantes alemanes. También se casó con una mexicana, quien murió en su segundo parto luego de haberle dado dos hijas. A la edad de 26, Guillermo contrajo segundas nupcias con Matilde Calderón. Ella lo entusiasmó para que se dedicara a la fotografía, oficio del padre de ella, y fue ésa la carrera a la que se dedicó el resto de su vida. Según su tarjeta de presentación, su especialización era en la fotografía de "vistas, edificios, interiores".5

Para 1904, Guillermo se encontraba establecido en su profesión. Esto le permitió comprarse un terreno y construir una casa en Coyoacán. Para esas fechas ya él y Matilde habían procreado dos hijas, familia que completarían con el nacimiento de Frida en julio de 1907 y de Cristina, apenas unos 11 meses después. Guillermo Kahlo nunca perdió su acento alemán, pero aprendió a escribir correctamente en español. Sus cartas, contrario a las muy espontáneas de su hija, son ejemplos de un pensamiento deliberado, esmerada caligrafía y ágil redacción. Éstas revelan una relación basada en amor, respeto y deseos de proteger a su hija de lo que él veía como las fallas de personalidad que él y ella compartían. Años después, Frida describiría a su padre como "interesante, de bastante elegancia al moverse [...] tranquilo, laborioso, valiente, de pocos amigos" (carta citada en Tibol, 2005: 43). Como ha señalado Raquel Tibol, fue él quien inculcó a su hija "la capacidad de sobreponerse al dolor físico adhiriéndose a la vida no con lamentaciones sino con hechos y productos" (Tibol, 2005: 44).

Frida tenía 25 años durante la mayor parte de la correspondencia que analizamos. Apenas había salido de Coyoacán y del Distrito Federal antes de 1931, pero había tenido vivencias singulares que le daban cierta sofisticación y ampliaban su visión del mundo. Como estudiante en la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México, Frida (una de sólo 35 mujeres entre un estudiantado de 2 000), se había unido a un grupo de jóvenes intelectuales autodenominados "Las Cachuchas", quienes compartían el nacionalismo romántico que caracterizaba el pensamiento del ministro de Educación, José Vasconcelos.

Dos largas convalecencias contribuyeron a cimentar la relación estrecha entre Frida y su padre. La primera ocurrió cuando Frida tenía seis años y contrajo polio. Estuvo recluida por nueve meses y quedó con una pierna más delgada y corta que la otra. Guillermo se dedicó a facilitar su recuperación y a estimularle el gusto por el ejercicio y los deportes. Siempre solícito y tierno hacia su hija, Guillermo se aseguró de que Frida participara en juegos de pelota y natación, además de andar en bicicleta, correr con patines y trepar árboles (Herrera, 1983: 15). Frida correspondería luego sus atenciones cuidando a su padre cuando éste sufría ataques epilépticos. En palabras de ella:

Era tal su temple, que se me hacía difícil convencerme de su epilepsia. Y eso que muchas veces al ir caminando con su cámara al hombro y llevándome de la mano, se caía repentinamente.

Aprendí a asistirlo durante sus ataques en plena calle. Por un lado procuraba que aspirara prontamente éter o alcohol, y por el otro vigilaba que no le robaran la máquina fotográfica (Tibol, 2005: 50).

La segunda convalecencia, también extensa, ocurrió cuando Frida tenía 18 años. Un accidente de tranvía lastimó su espina dorsal y uno de sus hombros, laceró su cadera y fracturó su pelvis, heridas que la mantuvieron incapacitada durante varios años y que le dejaron huellas para toda la vida. El mantenerse confinada por meses le brindó la oportunidad de leer, escribir y reflexionar. Más importante aún, durante su larga recuperación, la joven, con el incentivo y apoyo de su padre, comenzó a pintar, abriéndose así un nuevo campo para promover sus talentos y ambiciones. Siendo aún aficionada, Frida no tuvo reparos en acudir a Diego Rivera, 20 años mayor y célebre por sus impresionantes y originales frescos, para que avalara su potencial en el mundo de la pintura. Esto a su vez resultó en una relación romántica que culminó en matrimonio.

Como esposa de Diego Rivera, Frida se inició de lleno en la vida política, intelectual y artística de México en el año 1929, cuando la economía mundial amenazaba con desmoronarse pero los muralistas mexicanos empezaban a descollar y a ser reconocidos internacionalmente. Para esa fecha, Rivera ya había recibido importantes comisiones y estaba próximo a trasladarse a Estados Unidos, donde habría de pintar murales en las ciudades de San Francisco, Detroit, y Nueva York.

Las cartas de Guillermo Kahlo a su hija, además de ser una crónica de sus actividades y de las aflicciones de los integrantes de la familia Kahlo en toda su extensión, son un reflejo de amor paterno-filial y un recuento de sus consejos y pensamientos. Dos temas constituyen motivos recurrentes: 1) su intento por evitarle a Frida algunos de los problemas que le aquejan a él; y 2) las descripciones de lo que él percibe como su deterioro físico y emocional. A la vez, las cartas recogen algunas de las ideas que Frida proponía para sacar a su padre de la depresión que padecía, así como las reacciones de su padre.

 

Abrazos epistolares

Guillermo Kahlo tenía fama de poseer una personalidad fuerte, atribuida a su cultura teutónica. Sus hijas se mofaban de su temperamento iracundo, dándole el mote de "Herr Kahlo". No obstante, las cartas presentan otra faceta de su carácter: era un padre afectuoso y expresivo, sin reparos de lanzar una crítica cuando la consideraba justificada. La correspondencia provee numerosas muestras de su cariño. Así, se dirige a su hija con una variedad de encabezamientos efusivos:

"Mi querida Frieda!"
"Querida Frieducha!"
"Queridísima Frieducha!"
"Frieduchita linda de mi corazón!"
"Frieducha adorada".

En repetidas ocasiones, el corresponsal muestra su pena por la ausencia de Frida, así como su deseo de que su hija regrese a su patria:

Ayer llegó otra carta tuya para Mamá, y espero que a fin de la semana entrante llegará una para tu papá, a quien le da mucho gusto recibir noticias de parte de la que más quiere, ya lo sabes (8 de agosto de 1932, NMWA).6

Ay, educha, cada vez cuando leo tu carta, me salen las lágrimas por tristeza, por dos personas, porque a una no pude enseñar tu carta porque se marchó para siempre bajo la tierra, y la otra por encima de la tierra a una distancia espantosa y no tengo la garantía de que la volveré a ver (2 de diciembre de 1932, NMWA).

Ten respeto antes que nada a Dios, quien rige todo (aunque muchos digan que no), después a tu marido, porque es muy bueno contigo y lo merece, y en tercer lugar acuérdate algunas veces, cuando tus pensamientos están de vacaciones, que aquí en el Distrito Federal tienes gentes quienes te adoran, entre ellos quien firma esta carta! (5 de febrero de 1933, NMWA).

Acuérdate, Friducha, que cada vez, cuando recibo una carta tuya, me da mucho gusto y a la vez tristeza, favor de no olvidar eso (21 de abril de 1933, NMWA).

Tengo tantas pequeñeces que quisiera platicar contigo, pero mejor me espero hasta que estés presente, porque las cartas no sirven para eso (29 de agosto de 1933, NMWA).

En un par de ocasiones, cuando se entera de que Frida y Diego han pospuesto su regreso a México, Guillermo expresa su desilusión:

Anoche me dijeron que [no] volverás a México hasta que acabe tu marido su trabajo. Por un lado me da mucho gusto que estés siempre junta con él, y por el otro lado siento mucho que se alejó todavía por mucho tiempo el gusto que me dará dar un abrazo y un beso a mi Frieducha (8 de agosto de 1932, NMWA).

Vaya un consuelo! Ahora nos cuentas que van a pasar por lo menos 6 ó 7 meses hasta que podamos soltar las gruesas de besos y abrazos que están depositados. Pero tengo un consuelo, que siempre has sido y serás de un carácter muy enérgico. La prueba ya la hemos tenido muchas veces, y esto te ayuda mucho. No te pongas cobarde como yo! [...] Ya vendrá el momento en que te podremos dar lo que estamos depositando (14 de enero de 1933, NMWA).

 

Consejos paternos

No obstante considerarla "enérgica" y "con calzones", Guillermo Kahlo se preocupaba por Frida, a quien también percibía como frágil e indefensa. Además, pensaba que ella había heredado su temperamento (y lo que él llamaba la "testarudez kahliense"), por lo cual indudablemente creía que sus vivencias y lo que había aprendido durante sus más de 60 años serían útiles a ella. Cuando Frida anunció que viajaría de Detroit a México durante la gravedad de su mamá, su padre le informó que él se quedaría intranquilo "no por tu llegada, sino por una desgracia que te podría pasar en el viaje, sin tener a nadie que te cuide" (30 de junio de 1932, NMWA).

Comentando el fin de una huelga de tranvías que había paralizado a los habitantes del Distrito Federal, Guillermo confesó no haber leído los periódicos, por lo que ignoraba quién había ganado la disputa, pero sería "probablemente la compañía, y no los pobres empleados. Ya sabes, qué infame es la humanidad!". Esta exclamación a su vez dio pie al siguiente comentario:

Te aconsejo siempre que te metas lo menos posible con ella. Llévate siempre bien con tu marido, y a todo lo demás trátalo con risita, pero aparte de eso con indiferencia. Así no tendrás ni amigos ni enemigos y te quedarás con tranquilidad (8 de agosto de 1932, NMWA).

En otra carta, Guillermo aconseja a Frida lo siguiente:

Si crees que heredaste de mí la antipatía contra la gente y el deseo de tratarla lo menos posible, puede ser que tengas la razón, pero te puedo asegurar, y con todo corazón y experiencia, que con eso ganaste mucho. No tendrás lo que se llama amigos, porque generalmente te engañan, pero tampoco enemigos. No sé cual de los 2 tiene más importancia (5 de febrero de 1933, NMWA).

...lo mejor es no meterse con la gente, pero algunas veces no hay remedio, y lo que sufre es el estómago o la cabeza (5 de febrero de 1933, NMWA).

Guillermo anticipaba al mismo tiempo que sus consejos no serían acatados necesariamente, porque Frida ejercía gran autonomía y tenía un carácter dominante. Así, Guillermo le escribe a su hija:

Para conocer a fondo a una gente, tiene que pasar mucho tiempo, y por eso algunas veces dudo que tú y yo nos entendamos hasta el fondo del alma, después de 24 años! (29 de agosto de 1933, NMWA).

Lástima que no te dedicaste al estado de orador, por no decir dictador, porque tienes mucha capacidad y, después de haber leído tus cartas, me pongo como un perro sometido, es decir, un rato, porque luego vence la testarudez ... (29 de agosto de 1933, NMWA).

Antes de que Frida supiera que estaba embarazada, cuando estaba sintiéndose muy mal, su familia se mostró muy preocupada por su salud. Su papá repitió la recomendación de su hija Mati, quien aconsejaba a su hermana "hacer todo lo que el Dr. te ordene. Sé buena y obediente para que todos estemos tranquilos". Poco más de dos semanas después, Guillermo recalca lo siguiente:

En tu carta dices que no me preocupe por ti, porque estás bien de salud. Frieda, no seas tan mentirosa, porque sé muy bien que sigues mala. No puedo hacer más que pedir a Dios que te alivie aunque sea poco a poco, pero con seguridad, porque tu enfermedad no es de las que se desaparezcan de hoy a mañana (21 de diciembre de 1932, NMWA).

Toma de Frida por Guillermo Kahlo en 1932.

 

Quejas y consuelos

Si bien Guillermo es el padre preocupado por el bienestar de su hija, también usa las cartas para comunicar sus propios pesares. Así, utiliza a Frida de paño de lágrimas al describir su pobre estado de ánimo y la pérdida del deseo de vivir. De hecho, el recuento de las actividades familiares está frecuentemente eclipsado por la letanía de sus padecimientos. Guillermo menciona con frecuencia su deteriorada salud, así como su luto, su tristeza y soledad. "Herr Kahlo" se retrata sobre todo como ensimismado, aislado del resto de la humanidad y ansiando el final de su vida:

Ahora, el sujeto que está más fregado es el firmante de esta carta. Aparte de las enfermedades físicas, como nerviosidad, inflamación continua de la garganta, zumbido de oídos y por eso casi sordera, algunas veces imposibilidad de hablar, el sábado pasado le pasó una desgracia [el hurto de un lente fotográfico] que él mismo hubiera podido evitar, si no fuera tan testarudo (30 de junio de 1932, NMWA).

De humor estoy de la pedrada; no me faltan trabajos, y sin embargo, ahora los hago no solamente sin ganas sino con una tristeza que me abandona solamente durante el sueño (3 de noviembre de 1932, NMWA).

...lo único que se aumentan diariamente son las arrugas y las lágrimas (14 de enero de 1933, NMWA).

Cuando más esfuerzo hago, no puedo suprimir las lágrimas que me acompañan a todas horas, más cuando estoy solito, cosa que casi siempre me encuentro (29 de marzo de 1933, NMWA).

Ay, Frieducha, cuánto tiempo durará todavía esa época, en que tienes que presentarte a la gente con esta cara tan fingida, mientras que en tu alma hay constantemente revoluciones (2 de abril de 1933, NMWA).

...tu papá está desordenado de ánimo, por tantos corajes estúpidos que se pega siempre y que no le sirven para nada. No hay cosa más linda que el sueño, lástima que con cada despertamiento [sic] volvamos a entrar a la misma basura (21 de abril de 1933, NMWA).

...no sería malo que se efectúe pronto el viaje final, porque ya es tiempo que me lleven y sobre todo me sobran las ganas, que es lo principal. Ilusiones [...] ya no se presentan porque habrán comprendido que ya no les sirvo, para qué me engañan. Algunas veces me salen como risas [...] pero esas risas son engaños! Lo verdadero son las lágrimas, aunque sean ocultadas, porque delante del público se pone uno como ridículo (21 de abril de 1933, NMWA).

Probablemente van a colocar en mi futuro sepulcro una piedra que dice: Recuerdos a un desnivelado, quien hubiera podido hacer "cosas divinas" si no hubiera sido tan testarudo ... (21 de abril de 1933, NMWA).

Todo marcha como de costumbre, triste y monótono (21 de abril de 1933, NMWA).

...yo solo, con toda fuerza de voluntad que tengo todavía, de repente ya no puedo trabajar, porque algunas veces me abandona el ánimo y me siento en la ventana de mi pieza, llorando por lo que pasó el 15/IX/1932 [fecha en que murió su esposa] y por la soledad en que me encuentro siempre desde entonces (14 de junio de 1933, NMWA).

Como estas expresiones dominan en las cartas, no sorprende que Frida buscara distracciones para su padre. Además de pedirle copias de fotos tomadas por él, Frida le encomienda fotografías de la casa que ella y Diego Rivera estaban construyendo en San Ángel, en el Distrito Federal. La residencia, diseño del arquitecto Juan O'Gorman, combinaba las líneas rectas del arquitecto suizo Le Corbusier y el funcionalismo del Bauhaus alemán, con toques del vernáculo arquitectónico mexicano. Reflejo de sus dueños, la casa consistía de dos viviendas unidas, de distintos tamaños, de "tono coloradillo la grande y azul claro la chica" (carta de Guillermo Kahlo a Frida Kahlo, 8 de agosto de 1932, NMWA). Guillermo le escribe a Frida detalles de la obra, y le envía retratos de la casa que tomó usando un lente panorámico de 135 grados, que le permitía "sacar las dos fachadas juntas, sin que salgan los árboles" (carta de Guillermo Kahlo a Frida Kahlo, 8 de agosto de 1932, NMWA).

Frida también tenía empeño en que su padre se lanzara a un proyecto que culminaría en un libro. Sugirió que Guillermo redactara una serie de apuntes sobre la fotografía, de manera que sus obras y experiencias quedaran plasmadas en una obra para la posteridad. Pero él vetó esta idea rápidamente, indicando lo siguiente:

Cómo quieres que escriba una especie como [sic] libro, cuando solamente me cuesta un triunfo para ejecutar una simple carta? Para cada cosa se necesita tener talento; yo lo tengo para leer y no comprender el contenido de un libro, pero para escribirlo, no lo tengo. Sobre todo, ya se escribieron tantos libros que sobra, indudablemente, el papel para el excusado, y no quieres que mi obra se aplique para el mismo propósito (5 de febrero de 1933, NMWA).

 

Una pluma viperina

Como sugiere lo anterior, la tendencia de escribir sobre sus penas y aflicciones no significa que a Guillermo Kahlo le faltara sentido del humor. Las cartas muestran su chispa cómica y ojo crítico, frecuentemente siendo su parentela y él mismo el blanco de sus comentarios. Como dos de sus hijas (Mati y Adriana) tendían a ser gruesas y parlanchinas, su padre se refiere así a ellas:

Tanto Mati como Adriana te deberían ceder parte de su volumen, porque constantemente se les está aumentando, hasta que se revienten. Lástima que la cantidad de palabras que les sale de la boca no se podrá aplicar para la disminución de su circunferencia corporal! (14 de junio de 1933, NMWA).

Los esposos de estas hijas eran muy distintos entre sí: uno era muy hablador; el otro apenas abría la boca. Así los describe Guillermo:

Hace dos días que nos invitó Adriana para la comida y durante 1½ horas tuve el gusto de oír el fonógrafo, que estaba aplastado en mi lado izquierdo (donde oigo un poquito). Las palabras que despachó Veraza [el yerno] a la atmósfera no las pude distinguir exactamente, pero tuve el gusto de notar un ruido continuo, que no se interrumpió ni cuando su fabricante estuvo mascando. Adriana en compañía de Mati hicieron la lucha de vencerle, porque también hablan como papagayos, pero él siempre salió como vencedor. No sé si platicaba de astronomía, matemática o filosofía... (2 de diciembre de 1932, NMWA).

Lástima que antes no hicimos una apuesta, a favor del más callado, y estoy segura que el Sr. Hernández [otro yerno] o yo la hubiera ganado (2 de diciembre de 1932, NMWA).

Refiriéndose a Hernández, Guillermo comenta:

Hace 4 días que no quiere comer y tampoco habla. Ayer lo visité y estábamos sentados uno en frente del otro, tocando el papel de un par de brutos (3 de noviembre de 1932, NMWA).

Lo que me encanta en él es que su boca parece tener un candado bien cerrado y te cuesta mucho trabajo de [sic] conseguir la llave para abrirlo. Esas bocas son divinas. Lo que le falta a él, le sobra a Mati, porque ya sabes, tiene cuerda! (21 de abril de 1933, NMWA).

Guillermo Kahlo también se burla de sí mismo, recalcando lo que entiende que son sus faltas y estupideces. Luego de describir la pérdida de un lente fotográfico, señala:

Si has dudado hasta ahora que soy un bruto, con esa descripción de lo que me pasó, estarás convencida que sí lo soy! Fíjate nomás en las facciones de mi cara. En comparación con la cara de Mamá, quien salió muy bien, yo tengo la expresión de un idiota! (30 de junio de 1932, NMWA).

Espero que la próxima vez estaré de mejor humor, pero para [sic] hoy estoy insoportable para mí mismo! (30 de junio de 1932, NMWA).

Cuando intenta pintar, se topa con frustraciones:

Como actualmente me vuelvo a dedicar un poquito con la pintura, de repente me dan muchas ganas de bofetearme, porque sabes: No es lo mismo tener colores, pinceles, etc. etc. y la capacidad de copiar una pintura que tienes en frente de tus ojos, que tener en primer lugar el talento de inventar el modelo y después despacharlo del cerebro a las manos y por conducto de los pinceles transportarlo a la tela [...] Soy muy bruto y por eso me salen de repente derrames de bilis y mucha tristeza (5 de febrero de 1933, NMWA).

...cuando estoy encerrado en las 4 paredes, revelando o copiando, etc., me bofeteo por tantas estupideces que hacía y que sigo haciendo, pero ya no consigo nada más que el convencimiento que la mayor parte de mi vida he sido muy bruto! (14 de junio de 1933, NMWA).

A pesar de todo el cariño que le demuestra Guillermo a Frida en sus cartas, ella tampoco está exenta de sus dardos. Y las críticas deben de haberle dolido, por tratarse del oficio en el cual ella se iniciaba: la pintura. Cualquier censura en ese ámbito ha de haber calado profundamente en su autoestima. En cartas consecutivas, Guillermo le escribe a Frida:

Yo pensaba que ya no me escribirías jamás por los regaños que te hice por tu obra de arte, pero se conoce que, con todo eso, me quieres (17 de agosto de 1933, NMWA).

Lo principal es [...] que te aliviaste completamente del pié, de manera que pudieras venir a pata a México, por si acaso pasara algo en los ferrocarriles. No sería malo que en un rato disponible hicieras cálculos (pero naturalmente bien hechos, no como tu pintura) [de] cuánto tiempo necesitarías [...] para hacer el viaje de N. York al D. F. de México, a pura pata (29 de agosto de 1933, NMWA).

No tenemos copia de la carta a la que se refiere Guillermo en la primera crítica, ni sabemos a qué obra se refiere. Pero para ese momento ya Frida había completado varias de las pinturas que medio siglo después le asegurarían la fama.7 Además, se había enfocado en el género del autorretrato, aunque con resultados inconsistentes.

El tono de la crítica y la cronología sugieren que Guillermo se refería a un retrato de 1933 que va acompañado de varios comentarios en el fondo, rodeando la cara de la pintora. Entre los grafitis de la propia Frida se incluyen los siguientes epítetos: "Oh! boy", "No sirve", "Very ugly" (Carpenter, 2007: 148). No obstante, existe la irónica posibilidad de que "Herr Kahlo" aludiera a otro cuadro, titulado Autorretrato con collar (1933), que se ha convertido en una de las imágenes icónicas y más frecuentemente reproducidas de Frida, habiendo sido utilizado como imagen filatélica tanto en México como en Estados Unidos (Ramírez de Arellano y Ortoll, 2002: 72-73).

 

Posdata histórica

Pese al juicio de su padre —o tal vez gracias a él—, Frida continuó desarrollándose en la pintura. Y no sólo recibió la aprobación y el apoyo de su marido, sino también de Picasso y del surrealista francés André Breton. Durante la vida de Guillermo, se exhibieron las obras de Frida en Nueva York y París, aunque no en México. A pesar de que ella misma le restaba importancia a su arte —"De la pintura voy dándole. Pinto poco pero siento que voy aprendiendo algo [...]", dice (carta del 14 de julio de 1941, citada en Tibol, 2001: 227)—, la pintura para ella era más que un mero oficio; era su vocación.

Aunque Guillermo decía ansiar "el viaje final" (esto es, la muerte) después de quedar viudo, habría de sobrevivir a su esposa por nueve años. Cuando murió de un infarto cardíaco en 1941, su hija favorita quedó devastada. Frida le confió a su ex médico y amigo, el doctor Leo Eloesser: "La muerte de mi papá ha sido para mí algo horrible. Creo que a eso se deba que me desmejoré mucho y adelgacé otra vez bastante. ¿ Te acuerdas qué lindo era (Tibol, 2001: 228).

A Frida le tomó unos 10 años honrar la memoria la forma más apropiada para ella: con un óleo en que aparece él esquivando la mirada, con el equipo fotográfico de su oficio. Como en los exvotos tradicionales, el retrato incluye una banderola explicativa: "Aquí pinté a mi padre Wilhelm Kahlo, de origen húngaro-alemán, artista-fotógrafo de profesión, de carácter generoso, inteligente y bueno, valiente porque sufrió durante sesenta años de epilepsia pero nunca se rindió trabajando y luchó contra Hitler.8 Con adoración, su hija Frida Kahlo".

Retrato de mi padre (1951).

Probablemente Guillermo Kahlo nunca pensó que su retrato "hablaría desde las paredes" ni que quedaría inmortalizado a través de ese medio. En años recientes, la obra de Guillermo Kahlo ha encontrado un nuevo público, y sus fotografías han sido el tema de exhibiciones y libros. Sus tomas de iglesias han sido reunidas en un volumen especial (Griñó y Martínez, 1998), y una selección de sus fotografías sobre arquitectura mexicana ha sido el tema de un calendario publicado por una institución privada (Guillermo Kahlo, 2009). Él ha entrado, por lo tanto, al panteón de los héroes culturales de México, adquiriendo gran fama póstuma debido en parte a que la obra de Frida llevó a otros a considerar la figura de su padre, dándole un renombre que su autor desconoció en vida. A este renombre nosotros también contribuimos, al crearle a Guillermo Kahlo un nicho como autor de misivas a su hija.

 

Referencias bibliográficas

Carpenter, Elizabeth (coord.). Frida Kahlo. Minneapolis, Walker Art Center, 2007.         [ Links ]

Franger, Gaby y Rainer Huhle. Fridas Vater: Der Fotograf Guillermo Kahlo. Munich, Shirmer-Mosel, 2005.         [ Links ]

Griñó, Amador y Ramón Martínez (coords.). La lente de Guillermo Kahlo en la arquitectura religiosa de México. Valencia/México, Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana/Academia de San Carlos, 1998.         [ Links ]

Herrera, Hayden. Frida: A Biography of Frida Kahlo. Nueva York, Harper and Row, 1983.         [ Links ]

Kahlo, Guillermo. Guillermo Kahlo. México, Fideicomiso Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, 2009.         [ Links ]

Menand, Louis. "Lives of Others: The Biography Business", The New Yorker, 6 de agosto de 2007, pp. 64-65.         [ Links ]

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Notas

1 Las cartas a que nos referimos forman parte de un acervo de correspondencia en el National Museum for Women in the Arts en Washington, D. C., hecho público en 2007. Son parte de la colección designada The Nelleke Nix and Marianna Huber Collection: The Frida Kahlo Papers. Las obsequió Frida Kahlo a su amigo y médico el doctor Leo Eloesser, quien las guardó por años antes de donárselas a su ayudante, Josefa Rodríguez. Ésta las vendió en subasta, y Nelleke Nix y Marianna Huber las adquirieron, para luego donarlas al museo donde permanecen achivadas actualmente. Los autores agradecen la amabilidad de Jason Stieber, director de la biblioteca y los achivos del museo en 2007, y a Krystyna Wasserman, por facilitar el acceso a la citada correspondencia. En las referencias, indicamos con las siglas NMWA las cartas procedentes de esta colección del National Museum for Women in the Arts.

2Decimos "bastante" porque siguen una secuencia irregular. Pero sabemos que no están todas las cartas, pues Guillermo menciona que ha escrito a su hija y que no aparecen en la colección

3 Dirigiéndose a su mamá, Frida le indica: "Le dices a mi papá que todo lo que te cuento y te escribo a ti es como si se lo contara a él, que le mando muchísimos besos, que no sea tan corajudo, y que se acuerde de mí y que me escriba" (carta del 10 de noviembre de 1930, NMWA ).

4 Véanse, por ejemplo, los escritos de Gannit Ankori, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien en 2004 organizó una muestra de la obra de Frida Kahlo en el Jewish Museum en Nueva York.

5 La tarjeta forma parte de la correspondencia de Frida Kahlo que se encuen

6 En este texto estan da rizamos la orto grafía y la sintaxis en la correspondencia entre los dos Kahlo. Sólo pusimos un "sic" en los lugares que nos pareció que el texto original era digno de notarse.

7 Podemos mencionar las siguientes pinturas, entre otras: Retrato de Luther Burbank (1932), Henry Ford Hospital (1932), Mi nacimiento (1932), Autorretrato en la frontera entre México y los Estados Unidos (1932, y Mi vestido cuelga ahí (1932).

8 Ignoramos cuán cierta sea la aseveración de que Guillermo Kahlo haya luchado contra Hitler o, si lo hizo, cómo condujo dicha lucha. En una de sus cartas a Frida, él confiesa: "Si tú no me hubieras comunicado en tu última carta que pronto habrá otra guerra entre Alemania y Francia, pues no lo sabría, porque nunco leo los periódicos y no me interesa nada de las peleas que siempre se están haciendo en todas partes. Que haya paz en las 4 paredes de tu casa y lo demás me importa un pito!" (carta del 14 de junio de 1933, NMWA). En enero de ese año Hitler había sido nombrado canciller de Alemania; para junio, ese país prohibió la existencia de todos los partidos que no eran de filiación nazi.