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La ventana. Revista de estudios de género

versão impressa ISSN 1405-9436

La ventana vol.4 no.32 Guadalajara Jul./Dez. 2010

 

Avances de trabajo

 

Dinero y obligaciones generizadas: las mujeres de sectores populares frente a las circulaciones monetarias de redes políticas y familiares

 

Ariel Wilkis y Florencia Partenio

 

Doctor en sociología, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas del Instituto de Estudios Sociales de la Universidad de San Martín (IDAES-Unsam). Correo electrónico: ariel.wilkis@gmail.com

Doctoranda en ciencias sociales. Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Correos electrónicos: florencia.partenio@gmail.com, fpartenio@ceil-piette.gov.ar

 

Recepción: 17 de agosto de 2010
Aceptación: 23 de noviembre de 2010

 

Resumen

Este trabajo parte del análisis de las circulaciones monetarias como estrategia metodológica que nos permita mostrar de qué forma los mundos sociales se encastran para afianzar o cuestionar determinadas valoraciones de género. En particular, nuestra propuesta apunta a problematizar los límites que organizan la vida económica familiar y el mundo político en los sectores populares.

El artículo se basa en una descripción etnográfica de la vida de una mujer que habita en un barrio popular conurbano de Buenos Aires, cuya cotidianidad transcurre entre las obligaciones que configuran su participación en una red política local y como responsable de la economía del grupo familiar.

Palabras clave: Mujeres, dinero, redes políticas, economía familiar, obligaciones generizadas.

 

Abstract

This paper uses the analysis of monetary circulation as a methodological strategy that allows us to show how social worlds fit together to reinforce or to challenge certain gender assessments. In particular, our proposal aims to problematize the boundaries that organize the family's economic life and the political world in the popular sectors.

The article is based on an ethnographic description of the life of a woman who lives in a poor neighborhood of the metropolitan area of Buenos Aires, whose everyday life takes place between the obligations that shape her involvement in a local policy network, and as a person in charge of the household economy.

Key words: Women, money, political networks, household economy, gendered obligations.

 

Una serie de estudios han reconstruido los efectos que generó la reestructuración económica en la Argentina en las últimas décadas, considerando cómo estos cambios afectaron la configuración de la estructura familiar (Wainerman y Geldstein, 1994; Jelin, 1998; Wainerman, 2003).1 Particularmente en lo que respecta a los arreglos económicos de hogares de sectores populares, se han identificado distintas estrategias familiares para afrontar su caída económica durante los años noventa (Sautu, 2000; Cerrutti, 2003). En este proceso, el protagonismo de las mujeres en la generación de ingresos económicos para la supervivencia familiar en tanto madres, amas de casa y administradoras, facilitaron tanto su inserción productiva como la búsqueda de recursos (Geldstein, 1994; 2004; 2009).

Desde otra serie de investigaciones se han reconstruido las prácticas y la politización de las mujeres en el contexto de aumento de la pobreza y el desempleo en nuestro país. En este punto, algunos estudios han arrojado luz sobre la forma de incorporación de las mujeres a la política a través de la administración de programas sociales,2 interrogando sobre las relaciones entre política y Estado, y entre género y política (Masson, 2004). Otros trabajos han reconstruido las responsabilidades asumidas por las mujeres en organizaciones territoriales3 del conurbano bonaerense, considerando los condicionamientos presentes en esta participación (Cross y Freytes, 2007; Partenio, 2009; Espinosa, barrio, 2009).

Parte de esta literatura buscó comprender estas nuevas modalidades de vinculación de las mujeres con las prácticas económicas y, por otra parte, con las prácticas políticas. Nuestra propuesta pretende ir un paso más allá y problematizar los límites que organizan la vida económica familiar y el mundo político en los sectores populares.

Como hemos argumentado en un estudio anterior (Wilkis, 2010), el análisis de las circulaciones monetarias es una estrategia metodológica muy productiva para provocar una ruptura con respecto a las representaciones discontinuas de los mundos sociales. Al observar cómo el dinero circula entre esos mundos comprendemos aquello que los conecta (Zelizer, 2009).

La literatura contemporánea ha mostrado los usos múltiples del dinero y su carácter irreductible a una esfera social —el mercado— y un vínculo social —relaciones mercantiles— (Bloch y Parry, 1989; Bloch, 1989; Dodd, 1994; Zelizer, 2005; Hart, 2005; Weber, 2008). Para Zelizer, el dinero no debe ser tratado como un mediador universal, abstracto e impersonal, sino que, por el contrario, en diferentes escenas y contextos su uso tiene anclajes en dimensiones sociales y morales. Prestarle atención a los sentidos asociados a la circulación del dinero significa que éste no es un dato homogéneo sino que las prácticas monetarias están simbólica y socialmente diferenciadas. Analizar las circulaciones monetarias para comprender los vínculos sociales que ellas permiten sostener implica dejar de lado tanto las tesis disolventes del dinero como aquellas que le atribuyen un sentido unívoco. Las exploraciones monetarias serán analizadas para mostrar lo que el dinero ayuda a mantener o crear, más que lo que disuelve.

En el caso específico de este artículo desarrollamos un análisis centrado en las circulaciones monetarias que permite mostrar cómo los mundos sociales se encastran para afianzar determinadas valoraciones de género. Las personas son medidas —valoradas— en función del cumplimiento de obligaciones. Interrogarse sobre las obligaciones que vinculan a las personas es indagar sobre las creencias profundas que ellas tienen acerca de las posiciones de los agentes en la jerarquía social. Las obligaciones son vectores estratégicos de legitimación de estatus sociales. De acuerdo con Bourdieu:

No hay universo social donde cada agente no deba contar, en cada momento, con el valor fiduciario que le es acordado y que define lo que puede permitirse, es decir, entre otras cosas, los bienes, ellos mismos jerarquizados, de los que puede apropiarse o las estrategias que puede adoptar y que, para tener posibilidades de ser reconocidas, y por ende simbólicamente eficaces, deben situarse a la altura justa, ni demasiado arriba ni demasiado abajo (Bourdieu, 2007: 223).

A través de las obligaciones se hacen legibles las virtudes de las personas, y estas virtudes funcionan como poderes. En determinados territorios sociales estos poderes se entrelazan con la circulación de bienes, o mejor dicho, estos bienes no circulan sin estar acompañados del trabajo moral específico de imponer y cumplir las obligaciones.

En función de ello nos preguntamos cómo se apoyan mutuamente los valores de género con las circulaciones monetarias. Nuestro artículo propone como unidad de observación la circulación monetaria para comprender la continuidad de estas esferas en el afianzamiento de valores de género. Los valores monetarios y los valores de género forman una unidad que devela esta continuidad.

La división en esferas autónomas (economía y política) fue dejada de lado en favor de una exploración etnográfica basada en el seguimiento del dinero y las personas. Esta perspectiva metodológica le da unidad a la indagación y permite descubrir la unidad entre circulación monetaria y juicios morales más allá de las lógicas de acción.

Nuestra perspectiva expone cómo la circulación de valores monetarios es una unidad de observación del universo moral de las clases populares. Sus argumentos muestran la unidad entre circulaciones monetarias y juicios morales en escenas y vínculos sociales tratados comúnmente por separado. En este sentido, la descripción etnográfica de la vida de una mujer que habita en un barrio popular del conurbano de Buenos Aires nos permite ilustrar esta propuesta. La selección de este caso supone el desafío de enfrentarse a aquello que tiende a analizarse de manera separada. La vida de esta mujer transcurre entre su participación en una red política de su barrio y siendo la responsable de la economía del grupo familiar. El desafío consiste en mostrar cómo las circulaciones monetarias conectan estos mundos de la política y la intimidad, viendo de qué forma se van delineando las relaciones de género. Se trata de descentrar el peso otorgado a una u otra esfera para comprender entonces cómo se encastran para sostener valores de género y circulaciones monetarias.4 El trabajo de campo se desarrolló durante el año 2008 en Villa Olimpia, un barrio del partido5 de La Matanza, en la localidad de San Justo. Originada a mediados de la década de los cincuenta, fruto de los procesos migratorios del interior del país hacia la capital federal y de las posteriores olas migratorias de los países limítrofes —en especial del Paraguay—, Villa Olimpia fue asumiendo los rasgos de las configuraciones urbanas asociadas a las villas miserias (Cravino, 2007).6

Desde hace cinco años en el barrio se realiza un proceso de "urbanización"7 financiado por diferentes instancias gubernamentales y organismos de crédito multilateral. El objetivo del "proyecto" es modificar las propiedades urbanas típicas de estos espacios de relegación: "abriendo" calles que reemplacen a los "pasillos", construyendo nuevas viviendas y dotándolo de infraestructura urbana (luz, agua, centros comunitarios con atención médica).

El artículo se organiza a partir de un relato etnográfico que intentará reflejar los equilibrios financieros ligados a la vida económica familiar y los ligados a la participación política, sin perder de vista que el encastramiento entre ellos se asienta —en parte— en valores generizados.

 

Las circulaciones monetarias familiares

Patricia tiene 45 años, nació en Paraguay,8 está separada y tiene seis hijos. Hace unos diez años su hermano, que ya vivía en Villa Olimpia, le había ofrecido el terreno donde tiene su casa, en el "asentamiento". Los hijos menores de Patricia viven con ella: Pato, de 18 años y Julio, de 22 años. Ariel, de 25 años, estaba viviendo junto a su pareja mujer en la casa del suegro, en el barrio 22 de Enero. Sus dos hijas también viven en Villa Olimpia, Sandra tiene su casa en el "asentamiento" y Rosa ya consiguió que le den una "vivienda". Ariel espera que le adjudiquen una casa nueva.9 El hijo mayor, que no conocimos, tiene su casa y familia en Lomas de Zamora.10 Durante nuestras primeras visitas a la casa de Patricia, su padre estaba viviendo junto a ella pero después retornaría al Paraguay; el camino inverso lo hizo la Nina, una de sus sobrinas, que llegó desde este país limítrofe para quedarse en la casa de su tía.

"Mirá la casa de los paraguayos", nos dice con cierta admiración Patricia. Nos aclara que éstos construyeron varias piezas para alquilarlas. " Yo quiero hacer lo mismo". Sin ir más lejos, en su terreno tiene una pieza que alquila a la hija de su vecina, que está embarazada. La búsqueda permanente de tener un "negocio" pareciera impulsar un engranaje de prácticas económicas ensambladas en vínculos interpersonales. Patricia ha sido la responsable económica de sus seis hijos desde que éstos eran pequeños.

Patricia se muestra preocupada por Julio, su hijo de en medio: "Para mí tiene una depresión o algo así". Lo nota caído y desganado. "No quiere trabajar." Sus otros hijos, Pato y Ariel, tienen una actitud opuesta. El primero siempre "se junta con los paraguayos", con quienes aprende el oficio de la construcción y a ganarse su dinero. Ariel "no le hace asco a nada, trabaja de lo que sea". Julio desentona con esta actitud que muestran sus hermanos y que Patricia resalta. Espera que él salga de esa especie de "depresión" en que se encuentra, la cual se manifiesta en el desgano por buscar trabajo. La percepción (y evaluación) de sus hijos bajo esta perspectiva se asienta en el "orgullo" que le produce saber que son "trabajadores". Este sentimiento repercute directamente en su autopercepción de "buena madre", y como representación se afianza al compararse con algunas de sus vecinas "madres".

En su estudio sobre las familias pobres del municipio de Guadalajara, en México, González de la Rocha argumenta que los intercambios económicos familiares no deben considerase como equivalentes, ya que "compartir no es sinónimo de equidad" (1994: 30). Este punto de vista refracta contra la visión unilateral de los universos familiares compartiendo un solo interés. Frente a esto, la autora sostiene que las familias son una unidad contradictoria atravesada por líneas de conflicto y poder, como las relaciones de género. En el mismo sentido, Bourdieu considera a las familias no sólo como un cuerpo sino también como un campo, es decir, tanto bajo el registro de la unidad como del conflicto (Bourdieu, 1994). Nuestra intención es hacer visible esta unidad contradictoria siguiendo las reglas de circulación monetaria.

Las reglas de circulación monetaria intrafamiliares

Durante los fines de semana, Patricia vende comida en la cancha de futbol del barrio o prepara empanadas en su casa. A raíz del trabajo en el frigorífico, Ariel y Julio suelen traer algunos kilos de carne, los que venden en su casa a los vecinos. Tienen permitido comprar un kilo diario a tres pesos, que luego venderán a seis o siete pesos. Usan una balanza que está en el patio de la casa y cuando pasa un vecino le ofrecen la carne. En el momento que observamos estas transacciones nos preguntamos cómo se distribuía el dinero entre los miembros de la familia. Para referirse a este tipo de circulaciones económicas vinculadas a la economía doméstica, Florence Weber (2005) habla de mutualización de recursos como principio de intercambio. Patricia gestiona11 las finanzas familiares, que se convierten en una arena de negociación de bienes económicos y estatus sociales. Al observar esta circulación monetaria encontramos que la misma sostiene y reafirma valores impregnados por la diferenciación genérica.

El equilibrio financiero marcha a la par de la inculcación de estos valores. Veamos en detalle este punto.

A diferencia de otras veces, Ariel está en la casa de Patricia. Hace varios días que no tiene trabajo, el frigorífico está parado. Se lo ve más gordo. Hacemos comentarios al respecto y nos reímos de todo lo que está comiendo. Después me doy cuenta de que no es tema de risa; para ellos su gordura es un signo de que no tiene trabajo ("Cuando trabajo, bajo enseguida", dice Ariel y Patricia asiente). Durante un rato averiguará sobre la posibilidad de trabajar desarmando la carpa de un circo que está cerca del barrio. Ahí pagan cinco pesos la hora y él calcula que trabajará entre 12 y 14 horas durante tres días. Unos 200 pesos. Le parece muy buen sueldo, al punto que tratará de convencer a su hermano Pato. Patricia me habló de Ariel como "alguien que no le da asco nada, que trabaja de lo que sea". [Una hora después] Pato volvió de la casa de Marga, donde estuvo arreglando una cerca de alambre. Patricia le pregunta si Marga le pagó por ese trabajo y Pato se hace el desentendido diciendo algunas bromas. Unos minutos después, Pato se sienta con nosotros y Patricia le habla en guaraní —su idioma natal— y su hijo le da 10 pesos (nota de campo, casa de Patricia, Villa Olimpia, septiembre de 2008).

En ocasiones anteriores presenciamos estos movimientos de dinero hacia Patricia, pero no estábamos en condiciones de captar las reglas que los organizaban. Éste es el caso que se suscitó cuando Patricia había utilizado todo el dinero de sus "ahorros" para pagar la heladera y un arreglo del televisor. Un martes sus hijos no quisieron ir a trabajar porque estaba lloviendo. Patricia los increpó a que fueran: "Les dije que ‘estaba muy mal, que había tocado fondo' [lo dice en guaraní y después nos explica qué significa]. Ellos saben qué significa: que no tengo plata, así que a partir del viernes todos me dan unos cincuenta pesos de su sueldo".

A partir de estos movimientos nos preguntamos cuáles son los principios que organizan esta circulación monetaria y cómo estos principios anudan valores generizados.12 La heladera está en el espacio donde se suele reunir la familia en la parte externa de la casa. Patricia la compró en cuotas a una señora que trae artículos del hogar para venderlos en el barrio. A raíz de la conversación acerca de las formas de pago de la heladera nos detenemos a dialogar sobre el dinero que recibe de sus hijos. Pato se hace el "piola" , el "vivo"13, ¿no va a madurar nunca?

¿Ellos no entienden que todo esto, si a mí me pasa algo, va a ser de ellos? Con las cuotas de la heladera y además se me rompió el televisor y tuve que pagar el arreglo, me quedé sin mis ahorros. Sí, puedo pedirle a Salcedo [se refiere al líder político local], él me da, pero no puedo pedirle siempre. A Pato lo vienen a buscar para jugar al pool y tomar unas cervezas. Es gente grande, mayor, yo prefiero eso antes que ande por ahí drogándose, pero igual se gasta su dinero ahí, un día lo voy a ir a buscar y va a ver. También gasta su dinero en ropa, invierte en sus zapatillas, pero es lento para darme la plata. Con la plata que me dan es para el ahorro, todas las semanas, yo sé lo que ganan. El otro día Pato [en referencia a la conversación que presenciamos] me dijo ‘Si yo ya pagué 20 pesos del cable'.14 La plata de los ahorros se la doy a mi hija [se refiere a la hija mujer que no vive en la casa de Patricia]. Si la tengo acá me la gasto. Con la mercadería, la tarjeta [se refiere a la tarjeta de débito que le otorgan por recibir dinero de ayuda estatal], la plata de Salcedo, lo que ellos me dan me lo puedo guardar. A veces hay mejores

meses cuando vendo mi medicina [en referencia a unos brebajes que hace Patricia en base a ‘plantas medicinales']" (nota de campo, casa de Patricia, noviembre de 2008).

El dinero se mutualiza al mismo tiempo que se diferencia. La legitimidad de la circulación de dinero desde los jóvenes hacia Patricia descansa en que ella organiza la comida de la casa y sus hijos menores "no tienen mujer". "Si está acá tiene que darme la plata para su comida. ¿Quién cocina? Si están solteros, viviendo acá, tienen que darme la plata. Ariel ya no me da porque tiene su mujer e hijos."

La gestión de las finanzas y la responsabilidad de la misma descansan en este aspecto doméstico de la relación de Patricia con sus hijos. El dinero circula apoyado en este valor que define a Patricia como sostenedora del cuidado de sus hijos. Ella preserva el cuidado alimentario de los varones a cambio de la transferencia de dinero hacia su persona. Pero, como vemos, mientras ellos aportan una fracción de sus ingresos, el dinero de Patricia es íntegramente comprometido en la reproducción familiar.

El dinero proveniente del trabajo de sus hijos se convierte en "ahorro" al ser separado (Roig, 2009) y guardado en la casa de su hija. Este dinero está marcado para financiar gastos imprevistos, como el arreglo o la compra de algún electrodoméstico. El resto de los ingresos (monetarios y no monetarios) está destinado a los gastos cotidianos. La diferenciación del dinero en "ahorro" sirve para marcar el compromiso y la obligación de sus hijos en la economía doméstica.

El dinero que Patricia considera que legítimamente puede quedar en manos de sus hijos menores es el destinado a la compra de indumentaria o calzado: a sus ojos, estas adquisiciones son "inversiones". En cambio, el gasto vinculado al consumo de alcohol le parece un signo de inmadurez de parte de su hijo menor, quien presenta cierta resistencia a darle dinero. La negociación sobre este aspecto implica presionar a sus hijos recordándoles que "tocó fondo", que necesita dinero y que ellos "deben" trabajar. El fracaso de esta negociación puede significar el aumento de la dependencia financiera con respecto a su jefe político de la red, Salcedo, lo cual implicaría pedirle dinero prestado. Patricia prefiere evitar esta petición y para eso necesita movilizar la fuerza de trabajo de sus hijos, anudándola a valores impregnados por la diferenciación de las obligaciones genéricas: "Mientras no tengan mujer, ellos deben darme el dinero a mí".

Como veremos a lo largo de este artículo, las finanzas de Patricia conforman una trama de equilibrios fuertemente generizados. El favor de Salcedo se comprende en el marco de las obligaciones entre un líder político y una integrante de su red, que remiten al reconocimiento de las actividades que una mujer "del barrio" como Patricia realiza, pero en tanto "mujer de Salcedo". Por otro parte, mientras el dinero que se separa como "ahorro" es una práctica entre la madre y una hija en quien puede confiar, los hijos varones tienen prerrogativas sobre el uso del dinero. Estas prerrogativas llevan a que el "ahorro" sea una práctica que requiera tejer la complicidad entre Patricia y su hija mujer para separar el dinero. En el próximo punto veremos cómo entre los hijos varones se produce una diferencia sustantiva que saca a la luz el equilibrio financiero basado en expectativas y valoraciones de género.

 

La diferenciación interna del dinero familiar

La mutualización del dinero no es homogénea para todas las relaciones de Patricia con sus hijos. La circulación cambia de destinatario cuando forman una familia propia, desde el punto de vista de Patricia, "cuando tienen a su mujer", es decir, cuando deben proveer para ese nuevo hogar. Por este motivo, en el caso de los hijos de Patricia, hay una regla para Julio y Pato, y otra regla para Ariel. Sin embargo, estas dos reglas sostienen diferenciaciones genéricas y orientaciones valorativas bien marcadas.

No obstante, puede suceder que los hijos no puedan cumplir con la circulación de los varones en calidad de proveedores a sus mujeres, como en el caso de Ariel con la suya. ¿Qué sucede en esta situación?

El tema de la comida y el dinero se mezclan. A raíz de que le preguntamos a Ariel si toma alcohol, pensando en aconsejarle que reduzca la ingesta de bebidas alcohólicas si quiere adelgazar, Patricia interviene y nos cuenta que Ariel se "tomaba todo". "Salía un viernes con 200 pesos y no regresaba hasta el lunes, borracho y sin un peso. Si hubiera cuidado la plata no estaría así. Yo le decía que cuide la plata, que ahorre". Era una época que "ganaba muy bien" y vivía con su mujer e hijos en la casa de Patricia. Pero por las continuas "desapariciones" la mujer le dijo que no volviera más. Patricia apoyó esta postura: "Él me decía que yo me ponía de su lado [se refiere a la pareja de su hijo], pero no era que yo me ponía del lado de su mujer, sino que no iba a consentir lo que estaba haciendo" (nota de campo, casa de Patricia, septiembre de 2008).

Esta escena tiene varios aspectos interesantes. Desde el punto de vista de Patricia, Ariel incumplía su deber como varón proveedor al malgastar el dinero que corresponde a la manutención de sus hijos y de su pareja. Sin embargo, su madre le presta dinero y ella se justifica: "Me dan lástima los chicos [los hijos de Ariel]", dice Patricia. El comportamiento del hijo tiene efectos sobre el presente porque ella considera que él cuando tuvo dinero "no lo cuidó" y "ahora está así". Por esta razón, apoya la decisión de la pareja de Ariel, lo cual a los ojos del hijo aparece como una actitud desleal. Patricia considera legítimo "ayudarlo" con préstamos. Estas reglas permiten que el honor masculino sustentado en el deber de sostener a su pareja y sus hijos tenga una garantía monetaria, que es la que se produce entre los hermanos solteros hacia el hermano "juntado y padre". Pero esta transferencia no se realiza entre ellos sino mediada por la madre, quien inculca a sus hijos que deben darle el dinero a ella como "mujer", preparándolos para cuando deban poner en juego una honorabilidad masculina reconocida como legítima. Al mismo tiempo, Patricia reafirma su posición como cuidadora del núcleo familiar, y con este valor moral compromete sus valores económicos (ella "cuida" a sus nietos "ayudando" a su hijo, usando el dinero "para ellos").

Las transferencias monetarias y las negociaciones adosadas a este movimiento definen el estatus de cada uno de los miembros de la familia, incluso de aquellos que no cohabitan en el mismo hogar. Desde este punto de vista, la exigencia de Patricia para que sus hijos salgan a trabajar cuando ella "toca fondo", y los préstamos que le hace a Ariel, forman parte de una misma socialización económica. Así, ciertas transferencias intrafamiliares (de los hijos menores a Patricia y de ella hacia su hijo mayor), que aparecen temporalmente discontinuas, adquieren un sentido de continuidad tanto por los valores económicos que ponen en circulación como porque organizan y distribuyen responsabilidades generizadas amarradas a una división sexo-genérica.

Este relato pretende volver perceptible esta unidad contradictoria que forma la familia de Patricia a través de la circulación del dinero. Al mismo tiempo que el dinero circula mutualizándose, también lo hace marcando las responsabilidades diferenciadas por género. La relación con el dinero en Patricia está marcada por el rol de madre cuidadora de su hogar que debe mantener a sus hijos. Todo el dinero que ingresa al hogar proveniente de sus actividades se mutualiza. En cambio, sus hijos pueden o bien utilizarlo para comprarse calzado, o bien gastárselo en el consumo de alcohol u otras diversiones. Cuando el hijo mayor utilizaba todo su dinero para estos consumos su madre lo "ayudaba" con algunos préstamos.

La unidad contradictoria está formada por un ingreso totalmente comprometido con la supervivencia económica del hogar (el dinero de Patricia) y un dinero que ingresa parcialmente al hogar.15 Mientras que el primero sostiene la figura de la mujer como sostenedora de los cuidados del hogar, el segundo es usado tanto para consumos enmarcados en un tipo de sociabilidad masculina (alcohol, juego, salidas nocturnas), como para sostener la percepción del varón proveedor de "la mujer" y la familia. Sintomático de esta contradicción es que el dinero más visible sea el marcado como "ahorro" y que la compra de zapatillas sea clasificada como "inversión". Estas dos categorías contrastan con el dinero de Patricia, que es menos visible porque es más constante y está comprometido en su totalidad con la reproducción del hogar. Entre estas circulaciones (y los valores que sostiene) se juega la unidad y contradicción de la familia de Patricia.

Como mencionamos en los párrafos anteriores, entre los posibles recursos financieros que Patricia evalúa se encuentra el dinero que le puede dar Salcedo, el líder político local. Nos interesa comprender cómo se constituye esta posibilidad financiera en el marco de obligaciones generizadas que configuran la participación de esta mujer en una red política. El seguimiento del dinero que ingresa a la familia proveniente de esta red nos permite destrabar la imagen de discontinuidad entre la esfera íntima-doméstica y la esfera pública. En su lugar, nos interesa comprender cómo los valores (monetarios y de género) sostienen los equilibrios financieros que conectan estos mundos sociales.

Considerando estas coordenadas, nos preguntamos si es posible comprender las obligaciones generizadas en la red política sin tener en cuenta las presiones al asumir esta diferenciación de roles en las relaciones de Patricia con sus hijos/as. Esta pregunta nos abre dos nuevos interrogantes íntimamente relacionados: ¿Cuánto nos enseñan los equilibrios financieros de su familia de los que se producen a partir de su participación en la red política? ¿Puede interpretarse uno con independencia del otro para visibilizar las obligaciones generizadas que pesan sobre Patricia, las cuales son cruciales para asegurar las circulaciones monetarias? En el próximo apartado nos concentraremos en explorar estas relaciones.

 

El "trabajo" de Patricia "para" una red política

Como respuesta al alza de los niveles de desempleo y pobreza, principalmente desde la mitad de los años noventa, se aplicaron programas de ayuda provenientes de fondos provistos por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM). En paralelo a estos programas vinculados al desempleo también se desarrollaron otros dirigidos a atender el déficit alimentario. A la par que el Estado fue desarrollando una cantidad importante de programas de asistencia social,16 se ha producido un proceso de extensión y diversificación de diferentes tipos de organizaciones sociales orientadas a la generación y/o transferencia de recursos hacia los hogares pobres —organizaciones no gubernamentales (ONG), movimientos sociales, redes religiosas, partidos políticos, etcétera—. El origen, el encuadramiento institucional y la orientación político-ideológica de estas organizaciones son heterogéneos, en muchos casos en competencia entre ellas; sin embargo, representan en su conjunto la configuración organizativa de las clases populares emergidas de las transformaciones sociales desde hace tres décadas. Esta transformación explica que para algunos analistas el peronismo se haya convertido en una "red de resolución de problemas" (Auyero, 2001), a través de la distribución de recursos estatales entre las clases populares. Levitsky (2005) es elocuente cuando afirma que durante los años del neoliberalimo el peronismo pasó de ser un partido político de base sindical a centrarse en las redes clientelares17 de las zonas de pobreza y empobrecimiento del país.

Patricia pertenece al "grupo de Salcedo", un líder político local que construyó su trayectoria política impulsando la "urbanización" en el barrio. La familia de Patricia la acompaña en sus actividades políticas, sus hijos/as van a "las marchas"18 junto con ella o la reemplazan cuando no puede ir. Aspira a que sus hijos varones puedan conseguir un puesto de trabajo "seguro" a través de Salcedo, por esta razón estaba interesada en que los papeles de radicación de Ariel, Pato y Julio estén en regla para cuando dicha "promesa" se cumpla.

Las obligaciones bajo las cuales son apreciados y evaluados los actos de Patricia están vinculadas a la interpenetración de la red de Salcedo en el "asentamiento". Desde este punto de vista, la autorización de Patricia a hablar en nombre de Salcedo es un indicador claro de las virtudes que se valoran en el "trabajo político" de ella.

La asociación entre trabajar y hablar en nombre de Salcedo, que sostiene la posición de Patricia en la red y en el "asentamiento", se apoya tanto en las obligaciones de ésta última con respecto al primero como a la inversa. Si Patricia es la representante de Salcedo en el asentamiento, eso implica que ella pueda contar con los indicadores materiales de esta representación. Pero esta representación puede ser desautorizada y entrar en un impasse.

"En las elecciones de 2003 con Kirchner19 trabajé a full, pero en las [elecciones presidenciales] de 2007 di un paso atrás".20 En estos términos, Patricia encontró la manera para referirse a un periodo en que dejó de "trabajar" para Salcedo. Las razones que nos dio estaban ligadas al desplazamiento que sufrió por parte de este último cuando "nombró" a su sobrina Teresa "para organizar el asentamiento". El sentimiento de defraudación reflejado en el relato de Patricia se correspondía con este momentáneo, en el cual sus virtudes dejaron de ser apreciadas y su "trabajo político" dejó de ser valorado. Su respuesta fue mostrar su descontento no participando en el "grupo político" durante un año; luego volvió a ser convocada por Salcedo cuando Teresa no logró tener el apoyo de "la gente" del "asentamiento".

La segunda vez que Patricia nos habló en estos términos fue después del ciclo de movilizaciones por las elecciones y días antes al festejo por el "Día el Niño".21 Daba "un paso al costado" en la organización de esta actividad. Una mañana antes del "Día del Niño" tuvimos esta conversación:

"Doy un paso atrás. Salcedo todo el tiempo dice que sí, pero nada". A Patricia le habían robado la garrafa [de donde obtiene el gas para cocinar], y cuando Salcedo se enteró le dijo que no se preocupara, que él le conseguiría una. Estuvo esperando que Salcedo o Kuko —su "mano derecha"— se la compraran o le dijeran algo pero no obtuvo respuesta. " Yo no la compro no porque no pueda sino porque me dijeron que me conseguían una." Hace un año se quemó la casa donde se hacía la "copa de leche"22 que era organizada por Patricia en el "asentamiento". Está esperando que Salcedo dé la autorización para iniciar las tareas de reconstrucción: " Yo tengo la mano de obra, los paraguayos de acá. Los chicos tienen que ir a la parroquia". Mientras conversamos la llama una de las sobrinas de Salcedo para preguntarle sobre la cantidad de leche y chocolatada necesaria para 1 000 niños/as. "Después le contesto", nos dice Patricia, contrastando con las veces que atendía el teléfono inmediatamente. Volviendo a la conversación nos explica: "A Tamara le exigí que vaya a las marchas, así Salcedo la tiene en cuenta, pero no le conseguí nada. ¿Te parece que vaya a hablar con Beto Ramírez? Si yo trabajo con Salcedo las ‘ampliaciones' de la casa de mi hija ya tendrían que estar terminadas. En marzo, le dijeron: "¡Parece mentira! Todas las casas vecinas suyas las terminaron, menos la de ella." Yo pongo plata de mi bolsillo para las movilizaciones. Tengo que llevar algo para comer y tomar, para la murga.23 Me dan los chicos sin comer y yo les tengo que alimentar. Salcedo sabe esto, por eso me da unos 100 pesos en cada movilización" (nota de campo, conversación con Patricia, 4 de agosto de 2008).

"Dar un paso atrás" implica disociar su "trabajo político" del nombre de Salcedo, ya sea asociándose con otro nombre o grupo, o bien dejando en suspenso su actividad política. Fundamentalmente, "dar un paso atrás" es una señal que lleva a "dejar de caminar el barrio". Esta señal tendría una doble resonancia: tanto al interior del asentamiento como hacia el exterior se propagarían los rumores que pondrían en evidencia el malestar de Patricia. "Si dejo de aparecer, todos empiezan a hablar", nos comenta. Con la decisión de no participar en el festejo del "Día del Niño" estaba llevando adelante esta alternativa, dado que se autoexcluía de una actividad que movilizaba al barrio entero.

El flujo de bienes que se interrumpe está compuesto por objetos cualitativamente diferenciados pero que son de un tipo específico. Son objetos que adquieren valor en relación con los vínculos que ellos permiten sostener y que su ausencia está poniendo en cuestión. La discontinuidad en la circulación implica desestabilizar la posición de Patricia, porque cuando los recursos "no llegan" es el nombre de ella el que se pone en cuestión. Le impiden seguir orientando su "trabajo político" en el "asentamiento" o descalifican su autoridad para gestionar recursos. Las propias promesas que ella realizó se ven desafiadas, por ejemplo, frente a las mujeres "del barrio" con la cuales asumió compromisos. Éste es el caso del trabajo de inculcación que venía realizando Patricia con Tamara al trasmitirle la necesidad de "mostrarse", de ir a "las marchas" para que Salcedo la "tenga en cuenta"; pero su autoridad queda resentida cuando tiene que solicitarle "mercadería"24 a otro "referente" o al padre Suárez de la red religiosa.

Dejar en suspenso su actividad política, interrumpir las inversiones y obligaciones que recaen en la figura de Patricia, permite dimensionar las tareas que implica "trabajar para Salcedo", asociadas principalmente a la reproducción material ("atender a los chicos", armar la "copa de leche", calcular la cantidad de "leche y chocolate" para una actividad con niños/as, "conseguir mercadería", etcétera). Mientras el flujo de recursos se mantiene, no se provocan mayores desarreglos en la dinámica de la red y el "trabajo" de Patricia se organiza a partir de sus tareas habituales, tales como caminar el barrio , preparar a su gente , hacer el censo 25 e ir a las marchas . Sin embargo, y precisamente porque la continuidad de la red también reside en su crecimiento y extensión, el malestar de Patricia la lleva a evaluar una serie de alteraciones en ese funcionamiento habitual, como por ejemplo el hecho de que le "dan a los chicos sin comer" y —como dice ella— "yo les tengo que alimentar en las movilizaciones"; esto también se vio reflejado en la imperiosa necesidad señalada por Patriciapara restablecer el espacio comunitario de la "copa de leche", que se incendió hace un año. Dentro de la competencia entre las redes del territorio, "dar un paso atrás" se convierte en una salida que implica cambiar de papel, desafiar al líder local y desestabilizar la dinámica de la red política. Volveremos en el próximo punto sobre las resonancias de esta desestabilización y las posibilidades de recomposición bajo nuevas circunstancias.

Por otra parte, el registro sobre el debilitamiento de la autoridad de Patricia a través de las obligaciones que ella no puede cumplir y, por lo tanto, de las promesas que no podrá concretar, dada la interrupción del flujo de bienes de origen político, comprende también las relaciones que ella mantiene con su familia. Bajo este escenario: ¿cómo podrá mantener su posición en la red y en el "asentamiento" si su propia hija debe "esperar" para recibir una "casa"? ¿Cómo mantener cohesionada en torno a su actividad a sus hijos, hijas, yernos y nueras, si Patricia tiene dificultades para conseguirles ciertos bienes que sean distribuidos entre ellos/as? Patricia los necesita para garantizar una cantidad mínima de personas en las movilizaciones, pero también los necesita de apoyo, son tanto su fuerza social como moral. En referencia a estos vaivenes ella nos comentaba que su familia: "Cuando ven que trabajo tanto para Salcedo me dicen ‘¡Dejá!, no te están dando nada'". Sin embargo, es importante señalar que mientras Patricia ve desafiada la concreción de sus promesas y obligaciones que ya no puede cumplir, continúa ocupando la figura de seguridad y continuidad en el flujo de los bienes prometidos entre esos lazos consanguíneos,26 aunque en este impasse no pueda garantizarlos.

 

La preocupación de Salcedo a través del dinero y la recomposición de un lugar

Las circunstancias posteriores modificarían nuevamente la posición relativa de Patricia con respecto a Salcedo. Finalmente "dio un paso atrás" en la organización del "Día del Niño". Su ausencia estuvo asociada a una nueva etapa de una enfermedad grave que hace unos años padece Patricia. Durante algunas reuniones del "grupo" tampoco asistió. Cuando volvimos a verla estaba muy preocupada por su salud, pero las palabras más beligerantes hacia Salcedo habían desaparecido: "Todo bien con Salcedo, yo pensé que había un poco de bronca, pero él sabe [que] cuando yo estoy con mi depresión... desaparezco. Además, cuando hay algo urgente sabe que ahí sí voy sin fallar".27

Su estado de salud dificultaba su disponibilidad para llevar adelante su puesto de comidas en la cancha de futbol del barrio los fines de semana, la economía de su hogar estaba resentida. Las veces anteriores que habíamos conversado sobre si recibía dinero por su "trabajo" en la red política, Patricia había sido elusiva. Las circunstancias de su situación económica parecían propicias para retomar el tema: "Salcedo sabe cómo estoy, algo me tira".

Esta transferencia en verdad supone un "sueldo" regular de toos los meses (200 pesos) y un complemento que se ajusta según la situación o, como dice ella, "cuando necesito algo más, me lo da". Ésta era una ocasión en que el complemento venía a indicar la "preocupación" de Salcedo por su salud. Patricia se encarga de señalarnos que este dinero es "como un plan [en referencia a los programas sociales del gobierno] pero no es un plan". A diferencia del "plan", el dinero que recibe es un "pago" personalizado. Esta modalidad de transferencia permite que el pago varíe enmarcando los equilibrios del vínculo entre Patricia y Salcedo. Si en la transcripción de más arriba Patricia habla del dinero que ella utilizaba durante las movilizaciones como un signo de las obligaciones que asumía en la red y con Salcedo, ahora el dinero circula como reconocimiento del capital moral28 de Patricia.

"Aparecer"/"desaparecer" modelan dos momentos diferenciados en la cotidianidad de Patricia. Cuando las transferencias vuelven a circular reconociendo el capital moral de ella, ese reconocimiento está impregnado por la generización de las obligaciones e inversiones de Patricia en el barrio: su trabajo convoca, "consigue", inculca, cuida, alimenta, organiza, "prepara" y lleva adelante —entre otras actividades— una tarea vital, como es la "campaña" de afiliación para el candidato que impulsa la red. Y Salcedo, como jefe político que es, "lo sabe". Aun así, el lugar de referencia que tiene Patricia en su rol de "delegada" fue cuestionado y durante un tiempo y Teresa —"la sobrina de" Salcedo— ocupó su posición. La disputa por esta posición se diluyó cuando Teresa no logró tener el apoyo de "su gente". Pero Salcedo también "sabe" que "cuando hay algo urgente" Patricia está ahí "sin fallar".

Al mismo tiempo es importante señalar que este pago marcado como "sueldo" es acompañado por otras transferencias de la red de Salcedo. Al cierre del trabajo de campo, su nieto había recibido una "beca" para el colegio, comenzó a reconstruirse la casa para la "copa de leche", su hija había logrado mudarse una vez finalizadas las "ampliaciones" y el hijo menor había conseguido un "puesto" en las "cooperativas del grupo". Patricia estaba orgullosa de la participación que había tenido en una serie de actos y reuniones. Salcedo la había señalado para que ella contase su trabajo en el "asentamiento" durante la "campaña" de afiliación en reuniones con habitantes de otras "villas" de La Matanza. De este modo, la posición de Patricia en la red no puede analizarse de manera autónoma respecto de la dinámica que adquiere su grupo familiar. La circulación de los recursos en estos dos ámbitos evidencia que es la figura de Patricia, con las obligaciones asumidas y las expectativas puestas en ella, la que permite mantener la continuidad y seguridad tanto de la red como de su familia. Si su posición en la red cambia y su autoridad se resiente, se desestabilizan engranajes que hacen la dinámica familiar, considerando, en este caso, no sólo el grupo conviviente sino la extensión y preponderancia que adquieren los lazos consanguíneos (por ejemplo, garantizar la finalización de la casa de su hija).

Así, las expectativas de Patricia reaparecen con respecto a sus aspiraciones y el futuro: conseguir que le hagan su casa y que sus hijos obtengan un "puesto seguro" en la municipalidad. Su capital moral que la une a Salcedo y la red política orienta estas aspiraciones. Las mismas, nos confiesa Patricia, no van más allá de un año, éste es el tiempo que va "a esperar".

 

Palabras finales: La espera, el dinero y los valores de género

(24 de diciembre de 2009). Hablé por teléfono con Patricia para desearle que pase con su familia unas felices fiestas. Contenta porque la había llamado me dice que muchas cosas tenía para contarme, entre ésas, que uno de sus hijos había conseguido un puesto en la municipalidad. Recuerdo que ella iba a "esperar un año" a ver si Salcedo lograba que algunos de sus hijos consiguiesen ese puesto.

Escribe Mauss: "No conozco otra noción generadora de derecho y de economía: ‘espero' es la definición misma de cualquier acto de naturaleza colectiva". Je m'attends à, escribe Mauss, y la traducción correcta en español es tengo esperanza de. Karsenti interpreta estas líneas de la siguiente manera:

Si la espera es preferible a la obligación para caracterizar el modo de determinación que opera en el origen del derecho y la economía es porque da cuenta de una disposición del sujeto bajo la forma de dar por descontado el porvenir, y no la imposición inmediata de actuar bajo el impulso de una autoridad exterior... El individuo "espera algo", y actúa en consecuencia: pero su modo de acción, la forma precisa que ésta toma y el resultado que produce, siguen estando suspendidos en una contingencia exactamente circunscripta por la red compleja de obligaciones en que se encuentra inserto (Karsenti, 2009 [1994]: 53-54).

El "pago político" interpretado más allá del momento puntual de la transferencia monetaria adquiere significado para diferenciar un vínculo social que es el que produce esta actitud temporal. A través del reconocimiento de las virtudes que son percibidas por el esquema que impone las obligaciones generizadas, cuyo indicador más objetivo es la circulación del dinero en calidad de "pago político" que demuestra la preocupación de Salcedo, se configura la esperanza de Patricia por el futuro de sus hijos/as. Esta actitud temporal simboliza la imbricación entre las circulaciones monetarias y los valores de género y, a través de ellos, se descifran los mundos conectados de la política y de la familia.

Patricia es reconocida en la red por realizar tareas asociadas con la reproducción, en este caso, de la vida comunitaria del barrio. Pero también la autopercepción de Patricia y de sus hijos sobre ella se asientan en valores generizados. Sin representarse a sí misma como quien debe brindar la seguridad a sus hijos, y que ellos avalen esta percepción participando en las actividades políticas que Patricia organiza, no se produciría la esperanza en el plano de la red política.

El equilibrio de los flujos monetarios al interior de la red y de la familia se sostiene al generizar el vínculo de Patricia con los varones (tanto con Salcedo como con sus propios hijos). El equilibrio financiero en su grupo familiar le permite que éste siga siendo su fuerza social en su participación política. Como vimos, este equilibrio se sostiene sobre valores generizados que se inculcan y reafirman. Al mismo tiempo, el reconocimiento de las virtudes descansa en llevar adelante actividades en la red asociadas a su condición de mujer. Y, como también vimos, este reconocimiento permite que el dinero que circula como "sueldo político" alimente la esperanza en relación con el bienestar de sus hijos, afianzándose la percepción de ellos y de Patricia misma sobre un rol generizado que garantiza el equilibrio financiero de la economía del hogar. Este equilibrio se apoya en una división sexo-genérica, en la cual se involucran alianzas y complicidades, en este caso, con mujeres que viven fuera del hogar (como las nueras y las hijas).

Esta interpretación permite controlar no sólo la autonomización de la transacción monetaria con respecto al ciclo amplio de obligaciones entre Patricia y Salcedo, sino también la propia autonomización de las circulaciones monetarias asociadas con la política. Éstas se inscriben, como vemos en las esperanzas de Patricia, en la reproducción social del grupo familiar, de aquí que ellas adquieren gran parte de su valor y valoración.

La valorización a través de las obligaciones, la puesta en valor moral de las personas de acuerdo con su condición de género y su estatus dentro de un orden social son tres elementos analizados en este articulo a través de la circulación monetaria. La vida económica y la vida política no son universos morales discontinuos sino que forman una unidad sostenida por el dinero que circula entre ellos. En este sentido, nos hemos propuesto explorar uno de los senderos posibles que vinculan las relaciones entre política, economía y género.

Ha sido la observación de las circulaciones monetarias la que permitió acercarnos lo más posible a la intención de emprender un análisis que, frente a las experiencias nativas (pero también las representaciones eruditas sobre ellas) que se orientan a resaltar lo discontinuo o la ruptura, restituya la unidad entre ellas. La intensidad social del dinero permite comprender cómo a través suyo los agentes evalúan sus obligaciones mutuas. Si para los agentes el uso del dinero puede ser una fuente de reconocimiento de virtudes, esto obedece a que puede ser tratado como una escala de obligaciones morales. Con esta perspectiva, las exploraciones se asocian con los sociólogos del dinero de cuneo durkheniano (Mauss, Simiand), quienes ponen en el centro de sus indagaciones las creencias y los sentimientos para darle especificidad al dinero como hecho social.

 

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Notas

1 En referencia a este punto es importante señalar que partimos de la concepción de la familia también como un lugar de conflicto, poder y negociación (González de la Rocha, 1994; Benería y Roldán, 1992; Cerrutti, 2003, entre otras).

2 El estudio de Masson (2004) reconstruye el trabajo de las mujeres que se convirtieron en "manzaneras" de barrios ubicados en la provincia de Buenos Aires en el contexto del llamado Plan Vida, en el cual 36 mil mujeres de barrios pobres desempeñaban hacia 1998 tareas de manera voluntaria para el programa alimentario más grande del país.

3 Nos referimos a una serie de actividades tales como la atención de comedores comunitarios, confección de planillas de seguimiento exigidas por los programas sociales, organización de donaciones, distribución de alimentos en el barrio, entre otras.

4 Sobre la relación entre prácticas financieras y relaciones de género consúltense Villareal, 2009; Guerin, 2008; Kreutzer, 2004; González de la Rocha, 1994; Benería y Roldán, 1992.

5 El área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) está conformada por la ciudad autónoma de Buenos Aires y 24 partidos conurbanos de Buenos Aires, entre ellos se encuentra el de La Matanza. La superficie del AMBA es de 3 830 km2, donde vive un tercio de la población argentina.

6 Las "villas miserias" se ubican en la historia de las clases populares como un locus empírico por excelencia de la relegación social y urbana. Los primeros asentamientos de este estilo en la ciudad de Buenos Aires (la capital federal) datan de la década de los treinta, bajo el influjo de la crisis económica y los desplazamientos de migraciones internas hacia esta ciudad, centro económico y político del país. Las décadas siguientes verán una expansión de la población de ésta última, alimentada tanto por las corrientes migratorias internas como por la de los países limítrofes. El partido de La Matanza presentó uno de los mayores crecimientos de población de "villas" entre 1956 y 1970 (de 1.1% a 9.1% del total de la población) (Yujnovsky, 1984). Desde el retorno a la democracia en 1983 la cantidad de "villas" siguió creciendo. El crecimiento con respecto a la población total ha sido considerable: en 1981 representaba 4.3%, en 1991 5.2%, en 2001 llegaba a 6.8% y en 2006 a 10.1% de la población total del conurbano (Cravino, Del Río y Duarte, 2008). En 1991 La Matanza tenía 22 655 habitantes en "villas" y "asentamientos", que representaban 2% de la población del municipio; y en 2001, 69 157, 5.5% del total (Cravino, 2007). Las estadísticas producidas tanto para "villas" como para "asentamientos" muestran los niveles más elevados de desempleo, pobreza, trabajo informal, incidencia de programas sociales, etcétera.

7 Usaremos las comillas para referirnos a términos nativos.

8 Los/as migrantes paraguayos/as constituyen el grupo más numeroso de extranjeros residentes en Argentina, alrededor de 325 mil personas de esa nacionalidad residen en el país (Cerruti y Parrado, 2006). Tradicionalmente los/ as paraguayos/as ocuparon las posiciones más bajas de la estructura ocupa-cional, sobre todo en empleos de baja calificación del sector servicios y de la construcción.

9 Mediante el programa que brinda viviendas fuera del barrio a los hijos de los habitantes.

10 Es otro de los partidos que integra el conurbano bonaerense, en este caso ubicado en la zona sur.

11 El rol de la mujer como "administradora de los ingresos" y su reconocimiento dentro del grupo familiar ha sido analizada por Geldstein (2004; 2009) en un estudio del AMBA.

12 En sintonía con Harding (1996), entendemos la generización como un proceso activo —y no geométrico— en el cual se analizan los soportes sobre los cuales se crean y recrean "dualismos" y nuevas divisiones del trabajo por género, o bien, se construyen y a signan lugares basa do s en la generización y sexualización de los/as integrantes de un grupo, en este caso una familia (Partenio,2010).

13 Hacerse el "piola" o el "vivo" son expresiones que aluden a una misma actitud, en este caso, del hijo hacia la madre, esquivando o eludiendo el pedido reiterado de Patricia con respecto al aporte de dinero.

14 Se refiere al pago mensual por el servicio de televisión por cable, el cual provee una oferta de más de 70 canales, a diferencia de los cinco que pueden sintonizarse por antena.

15 "Los ingresos de las mujeres son, como argumentan Benería y Roldán, comprometidos a la supervivencia de los hogares y, por lo tanto, las mujeres no tienen control del dinero" (González de la Rocha, 1994: 260). Este punto de vista debe ser compensado con el análisis que muestran las tácticas de diferenciar el dinero para eludir este control. Véase en este sentido Kreutzer, 2004.

16 Estos programas consistieron en la financiación, por parte del gobierno, de mano de obra para proyectos de mejoramiento comunitario que presentaban de manera descentralizada organizaciones no gubernamentales u otras entidades comunitarias. En 2002, estos programas se reorganizaron en torno al Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, en el marco de la Emergencia Económica, Alimentaria y Sanitaria dictada por el Poder Ejecutivo nacional. Este programa está dirigido a jefes y jefas de hogar desocupados/as con hijos/as menores a cargo, quienes reciben una suma mensual de 150 pesos a cambio de cumplir una contraprestación laboral de cuatro horas diarias en actividades comunitarias o productivas. Para aludir a la adjudicación de estos programas se utiliza la expresión "planes sociales", o simplemente "el plan". La redefinición de la política social impulsada a partir de la administración de la presidencia de Kirchner en mayo de 2003, ha implementado nuevos programas sociales, como el Manos a la Obra —orientado a emprendimientos productivos— o el Plan Familias, destinado a hogares en situación de vulnerabilidad. Durante la administración siguiente a cargo de la presidenta Fernández de Kirchner, se extienden los programas que fomentan el trabajo cooperativo (Argentina Trabaja) y otros destinados a la "inclusión", a partir del trabajo, en el ámbito de la economía social.

17 Generalmente, a esta transformación se le atribuye el término clientelismo político, desde los discursos políticos y mediáticos pero también académicos (Levitsky, 2005).

18 Hace referencia a las movilizaciones que puedan realizarse a partir de un reclamo puntual desde el barrio al municipio, o también a distintos puntos de la ciudad o la provincia de Buenos Aires por actos políticos o fechas conmemorativas.

19 En las elecciones presidenciales que tuvieron lugar en abril de 2003, los dos candidatos más votados fueron Carlos Menem y Néstor Kirchner, ambos pertenecientes al Partido Justicialista, pero presentados desde dos alianzas distintas. Antes de llegar a la definición por ballotage, Menem retiró su postulación como candidato para la segunda vuelta y finalmente Kirchner fue electo como presidente. En las elecciones presidenciales de octubre de 2007, la candidata justicialista Cristina Fernández —senadora nacional y esposa de Kirchner— fue elegida en primera vuelta y asumió el cargo en diciembre del mismo año.

20 El resaltado es nuestro.

21 En Argentina se celebra una vez al año el "Día del Niño", festejo en el cual se acostumbra entregar juguetes a los/ as niños/as durante el segundo domingo del mes de agosto. Esta celebración fue impulsada por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete desde 1960.

22 La "copa de leche" o "merendero" funciona durante las tardes en el espacio físico destinado a las actividades comunitarias del barrio, en él se sirve una infusión —a veces acompañada de pan o galletitas— a los niños/as y jóvenes que asisten a tomar la merienda. Tanto en espacios comunitarios como en las organizaciones territoriales, las mujeres suelen ser las que mayoritaria-mente atienden estas actividades vinculadas con la reproducción material (Partenio, 2009).

23 Se refiere al grupo de niños/as y jóvenes que integran el conjunto musical del barrio, para lo cual se visten con ropas coloridas —propias del festejo de carnaval— y bailan al ritmo de bombos y redoblantes.

24 Se alude a la distribución de alimentos frescos y secos, provenientes de programas municipales, provinciales y/o nacionales.

25 Esta tarea forma parte de la responsabilidad que implica "caminar el barrio". Patricia no dice afiliación sino "censo" o "relevamiento". Esta palabra tiene su historia en el barrio. Los censados del año 1999 son quienes tienen el derecho a acceder a una casa nueva y, por lo tanto, a obtener en el futuro los papeles de radicación. Quienes no aceptan ser afiliados en el marco de esa "campaña", le expresan a Patricia —en distintas oportunidades— su descontento con Salcedo y las "pocas cosas que hace por el barrio".

26 Al respecto, hemos considerado el análisis de Fonseca sobre la complejidad de estructuras familiares matrifocales. La autora advierte sobre la connotaciones que adquiere el término "mujer jefa de familia", si enfrentamos nuevos problemas concernientes a la distribución de poder entre varones y mujeres en el ámbito doméstico, y frente a lo cual se pregunta: "¿Los varones están realmente ausentes en las unidades clasificadas como ‘madre-hijos'?, ¿la madre ejerce realmente un liderazgo sobre los hijos adultos?" (2000: 63).

27 el resaltado es nuestro.

28 Como subespecie del capital simbólico, el capital moral saca a la luz el reconocimiento social basado en virtudes asociadas al cumplimiento de obligaciones (Wilkis, 2010).