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La ventana. Revista de estudios de género

versión impresa ISSN 1405-9436

La ventana v.4 n.30 Guadalajara dic. 2009

 

En la mira

 

¿Dos sexos?

 

Ma. Candelaria Ochoa Avalos*

 

Fouque, Antoinette. Hay dos sexos. Ensayos sobre feminología. México, Siglo XXI, 2009.

 

* Doctora en ciencias sociales. Profesora investigadora y coordinadora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de Guadalajara. Miembro del SNI, nivel I. Correo electrónico: cande@cencar.udg.mx.

 

El movimiento de liberación de las
mujeres tan denostado, desprestigiado,
desfigurado, desnaturalizado,
maljuzgado, difamado, fue no obstante
el origen, el motor, el responsable
de los acontecimientos más
positivos que han venido transformado
la condición humana de nuestra
sociedad desde hace veintiún años.

Antoinette Fouque

 

Es un placer y un goce haber leído este libro. Quizá esta referencia sea una mala interpretación del psicoanálisis por desconocer muchos de los planteamientos psicoanalíticos, pero es cuando me digo que me interesa conocerlo más, sobre todo cuando Antoinette dice: "el psicoanálisis es mi madre, su intimidad cuestionante, su angustia vigilante; lo político, es mi padre, su rebelión de proletario, su compromiso con la resistencia...". La función de la resistencia, según la autora, tanto en política como en análisis, es compleja... yo también me he declarado en resistencia, pero éste no es momento para contarlo.

La autora se plantea, desde las primeras páginas, que siempre ha procurado "pensar como mujer de acción y actuar como mujer de pensamiento", y este planteamiento es problemático en sí mismo, porque el pensamiento y la acción están vinculados y eso hace distinto a un libro como éste.

Hace unos días estaba en una cena y alguien a mi lado me dijo algo así: "¿No está ya muy transnochado eso del feminismo? Las mujeres ya han alcanzado grandes puestos y están en donde quieren...". Y puede ser que sí, pero lo cierto es que reivindico a Antoinette cuando expresa que por todo

el orbe las mujeres aún siguen siendo víctimas de violencia unilateral y recrudecida, la de la dominación del varón, de toda índole: privada, pública, económica, social, cultural, religiosa, política, simbólica, real, imaginaria...

Y es que cómo no pensar que quizá el pensamiento feminista ha logrado impactar en algunos círculos más ilustrados y transformar algunas condiciones de vida de las mujeres, pero que permanece un sinfín de desigualdades por todo el mundo. Ah..., pero nos dicen que ya está superado hablar de esas desigualdades, es más, que ya los hombres se van a organizar en contra de las mujeres. ¿No será, como dice la autora, que a medida que se va afirmando la liberación una contraliberación machista la custodia?

Celia Amorós, filósofa feminista, señala que la palabra que más nos asusta es la de la igualdad. Para Fouque, la noción de igualdad es todavía muy somera y dice

hay que ponerla a trabajar, ponerla en movimiento... la igualdad es la parte visible de las diferencias y la igualdad sin diferencias no es más mera teoría y ruina del espíritu... La indiferencia no deja de producir nuevas discriminaciones.

¿Será por ello que la contraliberación machista está presente en casi todas las acciones que las mujeres emprenden? Y así se convierte en un movimiento para descalificarnos cuando expresamos nuestro accionar feminista, sobre todo cuando apenas treinta años de feminismo asustan demasiado. Si en Francia hace tres décadas reivindicaban el derecho al aborto, la paridad y la laicidad, hoy en México es una demanda por ganar. Tenemos un Estado laico en la Constitución, que los representantes de los gobiernos no respetan y nadie les exige que lo ha gan; la paridad en la política ha sido difícil de conseguir, desde 1994 se debate, discute y analiza y todavía nos dicen "no hay mujeres" y el aborto cada vez se nos escamotea más.

Si hasta 2007 en casi todas las constituciones estatales de México el aborto era legal por malformaciones congénitas, por poner en riesgo la vida de la madre o por violación, hoy ni siquiera se tiene acceso al mismo y, todavía peor, tenemos en Jalisco un gobernador ignorante de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, que es capaz de ampararse para que no se practique un aborto por violación. Eso sólo es posible en un Estado que viola los derechos de las mujeres. Un Estado que tiene Institutos de las Mujeres, pero que en los hechos, ese "feminismo de Estado" como le llama la autora, parece sustraer con una mano lo que dijo con la otra. No hay proyecto global ni voluntad política para las mujeres. Qué lejos estamos del Estado laico, todavía lejos de la paridad y muchos más del derecho al aborto...

Un campo en disputa es el cuerpo de las mujeres. Un cuerpo indescifrable e indescible porque, según Torres Arias (1997): "El cuerpo es una inscripción del inconsciente". Para Judith Butler, la materialidad del cuerpo no debe darse por descontada, porque en cierto sentido se le adquiere, se le constituye, mediante el desarrollo de la morfología; quizá por ello la necesidad de controlarlo, especialmente el Estado confesional, que se propone controlar ese cuerpo —el de las mujeres— y su sexualidad. Si para las propias mujeres el cuerpo está inscrito en el inconsciente, entonces ¿por qué se legisla sobre el mismo sin nuestro consentimiento? Quienes se presentan como paladines que "defienden la vida" han guardado un silencio ominoso y sepulcral sobre las mujeres muertas por violencia familiar, por las mujeres asesinadas en Guadalajara; no expresan su repudio al abuso, reprobación y castigo de curas pederastas que han agredido la vida de niños y niñas; no reprueban la conducta del procurador de Justicia, Tomás Coronado, y del ex director de alumbrado público de Guadalajara, Javier Aguirre, quienes han abusado de jovencitas; no se pronuncian en contra de los grandes poderes económicos que tienen la Iglesia y los clérigos de alto rango, cuyas actitudes no son congruentes con las virtudes cristianas, que tienen los intereses más mundanos.

Ah..., pero el aborto está prohibido, porque aspiran a seguir controlando nuestras vidas. La maternidad no es un derecho fundamental. ¿Será que a las mujeres nos prohíben el ejercicio de nuestros derechos porque tienen miedo? Sí, según la autora,

los miedos del 2000, son los mismos que los del año 1000, es el miedo al pensamiento y a la ciencia, el miedo al extranjero, el miedo al otro, el miedo verde, el miedo moreno, el miedo a las mujeres, el miedo misógino, el miedo que arruina las libertades fundamentales y los derechos inalienables y sagrados de todo ser humano, sea cual fuera su origen, religión, nacionalidad, creencia y sexo...

Ante estos embates, como dice Fouque, las mujeres feministas

nos mantenemos conscientes, vigilantes y combativas... ahora más que nunca tendremos que movilizar gestos complejos, poner en trabajo la noción de igualdad, construirnos identidades propias pero heterogéneas, adaptarnos sin denegarnos, integrarnos reintegrando también nuestra identidad primigenia, sexuada, original, en vez de reprimirla, de forcluirla o simplemente de ignorarla en beneficio de un género; tendremos que juntarnos, recomponernos, en vez de cercenarnos de una parte de nosotras mismas o fragmentarnos indefinidamente; concebir a nuestro cuerpo como el lugar único de un trabajo de intercreación de lo psíquico y de lo fisiológico; considera que nuestra carne piensa lo viviente hablante, que nuestra carne crea cuando procrea; considerar finalmente que ser genital no es una tara, ¡tal vez sea genial!...

¡Qué bueno que nos dice que el útero no por ser genital deja de ser sexual!

La autora plantea una relación muy interesante con la maternidad y dice:

nací niña y renací mujer por haber dado a luz a una hija... nunca pensé que el principal enemigo, fuera el patriarcado, pero en cambio sigo pensando que el principal adversario es el filiarcado.

Y es que éste también excluye a las mujeres de la democracia. Yo me atrevo a decir que ambos han sido contrarios a los derechos de las mujeres. Ambos se combinan muy bien, una especie de círculo de retroalimentación, el primero, como sistema de organización social, y el segundo, por considerar el cuerpo de las mujeres, destinado como medio u objeto para el hijo, del que se espera sea varón. De tal manera que el patriarcado y el filiarcado, uno a otro se mantienen vigentes.

Y me pregunto, ¿cómo en el imaginario cultural y simbólico, y después de los avances discursivos sobre la igualdad, permanecen tantas exclusiones?

Dice Torres Arias (1997) que para Lacan, como los seres hablantes no pueden ser hombres o mujeres en un sentido instintivo, no les queda más que parecerlo y es que sostiene que no tenemos una norma instintiva fija que daría esa realidad; por tanto, hay que parecerlo. El primer efecto de parecer es la búsqueda de una solución del lado de lo ideal y ese ideal se convierte en un esfuerzo que hay que alcanzar, cuando en realidad nos preguntamos: ¿es necesario preocuparse tanto?

Sobre todo cuando Fouque propone un contrato de vida como una extensión de la democratización y se trata de optar por su identidad y su vida, que significa

una cuestión de toda integración, armonizada al poder de decisión. Junto a los derechos, tenemos deseos y deberes. Algún día las mujeres tendrán que superar la inhibición y la repugnancia que tienen por el poder. Tendrán que aceptar entrar en responsabilidad y considerar que tienen un derecho de presencia y un deber de democratización en la polis.

En tiempos de debate sobre la democracia, termino con una cita de Fouque

El feminismo es una etapa adolescente de la democracia... por no haber avanzado lo suficiente, por no haber operado un pensamiento analítico, por no haber sabido elaborar una personalidad democrática, o sea, una personalidad capaz de acoger al otro.

Aquella demanda de los años setenta de "si la mujer no está, la democracia no va", cada vez resulta más vigente.