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La ventana. Revista de estudios de género

versión impresa ISSN 1405-9436

La ventana vol.4 no.30 Guadalajara dic. 2009

 

Avances de trabajo

 

Iniciación sexual y unión conyugal entre jóvenes de tres municipios de la región fronteriza de Chiapas

 

Angélica A. Evangelista García* y Edith F. Kauffer Michel**

 

* Maestra en ciencias en recursos naturales y desarrollo rural. Técnica académica del área sociedad, cultura y salud en El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) Correo electrónico: aevangel@ecosur.mx.

** Doctora en ciencias políticas. Profesora–investigadora titular en el CIESAS–Sureste. Correo electrónico: ekauffer@ciesas.edu.mx.

 

Resumen

En México, en la actualidad, la investigación demográfica documenta la paulatina postergación de la primera unión y el rejuvenecimiento en la edad a la que inician las relaciones sexuales; es decir, se está observando una iniciación sexual más desvinculada de la unión conyugal. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en el contexto nacional, entre las mujeres y hombres jóvenes en Chiapas observamos el predominio de una sexualidad estrechamente vinculada a la unión conyugal. En este contexto, acudir con trabajadoras del sexo comercial (TSC) parece constituirse en la única opción de los varones jóvenes para tener relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio. En una investigación cualitativa realizada con jóvenes de entre 15 y 19 años de edad, residentes de tres municipios de la región fronteriza, analizamos las condiciones que permiten la no ocurrencia de un patrón que distinga claramente la iniciación sexual de la vida en pareja, como está documentado en el ámbito nacional.

Palabras clave: Iniciación sexual, unión conyugal, sexualidad rural, jóvenes, Chiapas.

 

Abstract

Current demographic research in Mexico evidences the gradual delay of the first union and the younger age at which people have their first sexual relationship: we observe that sexual initiation is becoming less linked to marital union than before. However, unlike what is happening at the national level, among young women and men in the state of Chiapas we have observed that sexuality is still closely linked predominantly with marital union. In this context, using the services of prostitutes seems to be the only option for young men to have sexual relations before and outside marriage. Our qualitative research with young women and men between 15 and 19 years old in three municipalities of the Southern border region of Mexico analyzes the conditions which allow the lack of a pattern that establishes a clear distinction between sexual initiation and married life, as has been documented nationally.

Key words: Sexual initiation, marital union, rural sexuality, youth, Chiapas.

 

En México, en la actualidad, la investigación demográfica documenta dos procesos de cambio importantes en la vida de las y los jóvenes: la paulatina postergación de la primera unión y el rejuvenecimiento en la edad a la que inician las relaciones sexuales; es decir, se está observando una iniciación sexual más desvinculada de la unión conyugal, misma que suele ser un poco más tardía, revelando que ambos procesos comienzan a estar más asociados con las decisiones individuales.

Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en el contexto nacional, entre las mujeres y hombres jóvenes en Chiapas observamos el predominio de una sexualidad estrechamente vinculada a la unión conyugal, particularmente entre parejas en ámbitos rurales e indígenas (Tuñón y Ayús, 2003). En trabajos previos hemos señalado que las normas hegemónicas de género rigen el ejercicio de la sexualidad de las y los jóvenes y permi ten comprender la imposibilidad para ambos de tener relaciones sexuales entre contemporáneos/as1 (Evangelista y Kauffer, 2007). En este contexto, acudir con trabajadoras del sexo comercial (TSC) con fines de iniciación o para el ejercicio de su sexualidad parece constituirse en la única opción de los jóvenes varones para tener rela ciones sexuales antes y fuera del matrimonio; así lo ilustra el alto porcentaje (45.7%) que dice haber tenido su primera relación sexual con TSC (Villers, 2003).

La investigación demográfica reciente en México analiza los cambios y permanencias en algunos momentos clave de las biografías sexuales, maritales y reproductivas a partir de la generalización de métodos anticonceptivos modernos y de la difusión masiva de información sobre sexualidad desde el advenimiento de la epidemia del VIH/sida (Solís, Gayet y Juárez, 2008; Rojas y Castrejón, 2008).

Por un lado, Rojas y Castrejón (2008), a partir del análisis de la "Encuesta nacional de salud reproductiva" (ENSAR), realizada en 2003, refrendan lo documentado por encuestas e investigaciones cualitativas previas acerca del inicio a edades más tempranas de la actividad sexual masculina (coital heterosexual) en comparación con las mujeres. Se destacan diferencias por lugar de residencia y grupos socioeconómicos. Por su parte, Solís, Gayet y Juárez (2008) utilizaron datos provenientes de la "Encuesta sobre niveles de vida de los hogares" (ENNVIH), realizada por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y la Universidad Iberoamericana (UIA) en 2002. Estos autores señalan que la investigación sociodemográfica ha mostrado que los cambios documentados sobre el inicio sexual, la unión y la fecundidad no se presentan de igual manera para el conjunto de la población, y que las diferencias en la ocurrencia de estos fenómenos están relacionadas con el ámbito de residencia, el nivel escolar y otras variables económicas. En términos muy generales, los autores concluyen que sus resultados ilustran la acentuación de un modelo de sexualidad mixto entre las mujeres mexicanas. Es decir, hoy en día encontramos un sector tradicional caracterizado por un patrón de unión temprana combinado con el inicio de la vida sexual y un inmediato inicio de la vida reproductiva a consecuencia de ambos eventos, donde los tres eventos se encuentran estrechamente vinculados en el tiempo. A este sector mayoritario se suma un grupo de aparición reciente, caracterizado por el ejercicio de la vida sexual anterior a la unión y sin empezar la vida reproductiva. En este nuevo patrón, si bien la relación entre la unión y la vida sexual se modifica, el vínculo entre la unión y la reproducción permanece. En este sentido, Solís, Gayet y Juárez (2008) afirman que los cambios sustanciales en los patrones de sexualidad, nupcialidad y reproducción se están presentando en particular entre las mujeres de los sectores medios y altos urbanos en México.

Sin embargo, coincidimos con Solís, Gayet y Juárez (2008) en el hecho de que estas interrogantes se inscriben en el contexto de una discusión más amplia sobre el cambio de los significados que se otorgan a la vida sexual en las sociedades contemporáneas. Así, por ejemplo, los autores afirman que la relación cada vez más débil del inicio sexual con el matrimonio en las generaciones recientes responde a tres fenómenos: el menor control sobre la sexualidad juvenil, cambios en las relaciones de género y la necesidad de avanzar en la intimidad antes de tomar la decisión de casarse, vivir juntos o tener hijos. Así mismo, afirman que la distancia entre la primera relación sexual y la primera unión entre las jóvenes mexicanas de cierta condición socioeconómica refleja un alejamiento del paradigma católico en torno a la prohibición del ejercicio de la sexualidad femenina fuera del matrimonio y de la finalidad de tener hijos.

Así, nos sumamos al interés por analizar, pero sobre todo comprender, las condiciones en las que las y los jóvenes inician su vida sexual no sólo por sus posibles efectos sobre la reproducción, sino también porque, a decir de Tuñón y Ayús (2003), constituye un indicador de cómo deviene la trayectoria vital de los actores sociales,2 es decir, de las formas en que los jóvenes asumen los roles adultos que se les asignan (Solís, Gayet y Juárez, 2008: 398). También, nos sumamos al interés de reconstruir, desde los propios jóvenes, el significado que le confieren al inicio de la vida sexual en la medida que se trata de un evento que suele ser considerado, en la bibliografía especializada, como indicador de transición a la vida adulta (Mora y Oliveira, 2009).

En este sentido, en una investigación cualitativa realizada con jóvenes de entre 15 y 19 años de edad, residentes de tres municipios de la región fronteriza de Chiapas, seleccionamos aquellos casos de quienes declararon haber iniciado su vida sexual —sin perder de vista a quienes no la han iniciado aún— para identificar las condiciones materiales y simbólicas que nos permitan comprender la no ocurrencia de un patrón que distinga claramente la iniciación sexual de la vida en pareja, como está documentado en el ámbito nacional.

En este proyecto de investigación3 utilizamos una estrategia metodológica centrada en el uso exclusivo de herramientas cualitativas. Iniciamos el trabajo de campo haciendo talleres participativos,4 con el objetivo de conocer la información que sobre el VIH–sida tenían las y los jóvenes, sus prácticas sexuales no protegidas y los factores de vulnerabilidad frente al virus. En este primer encuentro grupal los invitamos a participar voluntariamente en una entrevista individual, para lo cual les pedimos que en la ficha donde registraban sus datos socioeconómicos generales señalaran quién sí deseaba ser entrevistado. Así entonces, a partir de los 13 talleres participativos realizamos 73 entrevistas semiestructuradas,5 40 varones (54.8%) y 33 mujeres (45.2%) jóvenes urbanos y rurales.6 Audiograbamos las entrevistas previo consentimiento verbal de los y las jóvenes, y la codificación de las mismas se hizo en el programa de análisis cualitativo NUD*IST QSR N6. Las categorías y subcategorías de análisis fueron de dos tipos: 1) surgidas de los datos (in vivo) luego de la lectura de las entrevistas transcritas y 2) sugeridas a priori desde el marco conceptual propuesto.

Casi cuatro de cada diez (38.3%) declararon haber iniciado su vida sexual; más hombres (52.5%) que mujeres (18.2%); de los 21 hombres sexualmente activos, 18 eran solteros y sólo tres estaban unidos. Por su parte, de las seis jóvenes sexualmente activas, dos estaban unidas, dos alguna vez lo estuvieron y sólo dos eran solteras al momento de la entrevista.

Las entrevistas completas están centradas en temas propios de la sexualidad: información, conocimientos, experiencias y/o expectativas frente a la primera relación sexual no protegida y las relaciones de noviazgo. Para los fines de este trabajo sólo retomamos los contenidos de la entrevista que surgieron a partir de preguntarles explícitamente si sabían qué era una relación sexual no protegida, para inmediatamente preguntarles si ellos habían tenido una. Cabe señalar que siempre los jóvenes hicieron alusión a coito vaginal y, aunque para las autoras la relación sexual abarca también otras expresiones eróticas, en este trabajo, al hablar de relación sexual nos referimos sólo a coito vaginal tal y como lo definieron las y los entrevistados.

El material empírico en torno a la primera relación sexual con el que contamos nos permite un primer acercamiento al análisis y comprensión de las permanencias y la dificultad de los cambios en la ocurrencia de los fenómenos en la llamada secuencia normativa: "unión–primera relación sexual–embarazo".7 Es decir, ¿por qué esta secuencia sigue siendo predominante entre los y las jóvenes estudiados, por qué no está cediendo su lugar a otro tipo de trayectorias, qué significado tienen y cómo se viven las relaciones sexuales antes del matrimonio? ¿Qué condiciones materiales y simbólicas posibilitan estas permanencias en el tipo de trayectorias sexuales, maritales y reproductivas?

De tal manera, en el presente trabajo analizamos las condiciones materiales y simbólicas de las experiencias sexuales de jóvenes entre 15 y 19 años para identificar qué tipos de trayectorias sexuales, maritales y reproductivas están ocurriendo. En una primera parte, a partir de una revisión bibliográfica, damos cuenta de la construcción social de la normatividad que rige la sexualidad de las y los jóvenes. En un segundo momento, a partir de hallazgos de nuestra propia investigación, argumentamos el predominio de trayectorias pautadas por la secuencia normativa: unión–primera relación sexual–embarazo entre los y las jóvenes entrevistados en la región de estudio. Así mismo, abordamos de manera particular la migración como contexto que posibilita la primera relación sexual fuera de la unión, para reflexionar esta aparente alteración a la secuencia normativa, como un ejemplo de su predominio.

 

La secuencia normativa tradicional y el género

La sexualidad es una construcción social histórica, es decir, que cambia según el territorio, el grupo social, el sexo, la edad y el estado conyugal en que se inscribe. Retomando la definición que propone Weeks (1998: 182), se trata de "la serie de creencias, relaciones e identidades —históricamente conformadas y socialmente construidas— relativas a lo que Foucault ha llamado 'el cuerpo y sus placeres'".

En materia de construcción cultural de la sexualidad, Szasz (1998: 147) subraya que México se ubica en una vertiente característica de las culturas del mundo mediterráneo, latino y oriental. En ésta, la reproducción y la sexualidad femenina son inseparables y fuertemente controladas; la virginidad es una norma para las mujeres no casadas y existe una clasificación de las mujeres en dos grupos opuestos: las buenas: madres y esposas, y las malas: caracterizadas por una sexualidad abierta, más libre y por lo tanto no controlada. Por su parte, el ejercicio de la sexualidad masculina es clave para la identidad masculina y obedece a un patrón que favorece el número y la variedad de relaciones sexuales. Sin embargo, existen múltiples historias de transgresión de estas normas (Ayús, 1999; Amuchástegui, 1999: 153).

La categoría de género, entendida como la construcción social y cultural de la diferencia sexual (Lamas, 2000: 9–12), y "una forma primaria de relaciones significantes de poder" (Scott, 2000: 289), es clave para entender la construcción de las sexualidades masculina y femenina y sus relaciones. En muchas sociedades, aun cuando las sexualidades femenina y masculina son menos asimétricas,8 las prácticas, los significados, las normas que rigen ambas sexualidades, son diametralmente opuestas. En consecuencia, la primera relación y las prácticas sexuales pertenecen a la historia íntima de los individuos, pero no están desligadas de su contexto social, histórico y cultural (Bozon, 1993: 1318). La misma experiencia adquiere significados distintos en función del género, la cultura, el grupo etario y del grupo social en donde se realiza.

La existencia de normas diferenciadas para el ejercicio de la sexualidad masculina y femenina se traduce en prácticas diferenciadas, con significados distintos para los individuos y con sanciones sociales diferentes. Mientras para las mujeres prevalece la norma social de la virginidad que les prohíbe ejercer su sexualidad antes del matrimonio, para los varones existe un modelo que favorece el ejercicio de la sexualidad premarital. Por un lado, la norma castiga e impide el ejercicio de la sexualidad femenina y, por el otro, alienta la masculina, por lo que algunos autores hablan de doble estándar moral para los varones que les permite tener a la vez relaciones amorosas con algunas personas y sexuales con otras (Bozon y Heiborn, 1996: 30) o de doble moral (Castañeda et al., 1997), concepto que se refiere al no acatamiento de las prescripciones sexuales por los varones por medio de mecanismos socialmente construidos, tales como la dispensa o la justificación.

El siguiente testimonio afirma esta diferencia y establece la adscripción de las mujeres que ejercen su sexualidad en la categoría de trabajadoras sexuales.

Investigadora: —En este caso, ¿tú crees que los hombres y las mujeres tienen el mismo derecho a tener relaciones sexuales o los hombres tienen más derecho o las mujeres?
Entrevistado: —Pues, yo creo que los hombres.
I: —¿Por qué?
E: —Porque, como en el caso mío, nos vienen pue' nuestras ganas de tener relaciones sexuales, es donde pienso yo que el hombre tiene un poco más de derecho que las mujeres, porque las mujeres hay veces que nada más en eso trabajan, en tener relaciones sexuales con hombres que no son nada de ellos (soltero, 15 años, sin vida sexual activa, El Encanto).

Frente a las opciones masculinas, la virginidad femenina es una norma social que el grupo familiar y comunitario controla y su conservación otorga valor a la mujer virgen. La transgresión de la norma, es decir, la pérdida de la virginidad antes del matrimonio, afecta al grupo social porque no se trata de un asunto individual e íntimo, sino de un bien social, como lo evidencian Bozon y Heiborn en Brasil (1996: 23). En el siguiente testimonio la virginidad aparece valorada por las y los jóvenes, así como por su entorno familiar.

Investigadora: —¿Sí te importa mucho [la virginidad]?
Entrevistada: —Sí, porque ahorita, éste... un hombre aunque diga, porque los tiempos ya han cambiado, un hombre aunque a veces lo niega, para esa persona es muy importante que uno sea virgen, como le dicen, lo valora más y todo eso y entonces para mí es lo principal y tengo en la mente que es lo más valioso que le puedo dar a esa persona que en verdad amo y que voy a compartir mi vida.
I: —Ajá... ¿Quién te ha dicho eso "que es lo que más valoran"?
E: —Pues, yo misma es lo que creo y me ha comentado mi mamá.

La importancia de la virginidad femenina sustenta la clasificación de las mujeres por los hombres en función de su comportamiento sexual: las prostitutas por un lado, y las vírgenes por el otro, o las mujeres con las cuales tienen sexo y con las cuales se casa uno.

Este dualismo es incluso resaltado entre las mismas mujeres jóvenes entrevistadas.

Investigadora: —¿Qué es lo que te motiva a ir [con trabajadoras sexuales]?
Entrevistado: —Tal vez inquietudes de jóvenes, el deseo de estar con una mujer, como le digo. Ta l vez podemos tener nuestra novia, pero con la novia tal vez no es igual porque, si realmente la queremos, la tenemos que respetar, tenemos que respetar su decisión de ellas, no la vamos a obligar a tener relaciones sexuales con nosotros. Entonces pues se nos da pues la idea de ir viendo, por eso nos vamos allá (soltero, 18 años, con vida sexual activa, Santa Rita).

Hasta ahora hemos dado cuenta del predominio de una heteronormatividad que rige la sexualidad de las y los jóvenes estudiados y regula la secuencia y momentos de ocurrencia de la primera relación sexual, primera unión y el primer embarazo, estableciendo un modelo normativo moldeado por una serie de instituciones sociales donde se articulan significados y prácticas adecuados a cada edad, pero sobre todo diferenciados para hombres y mujeres. En este sentido, en nuestro estudio identificamos trayectorias sexuales9 de hombres y mujeres que apuntan a la permanencia de la primera parte de la secuencia normativa: unión–primera relación sexual. Sin embargo, también emergieron trayectorias donde la primera relación sexual se dio fuera de la unión y al margen de la reproducción. A continuación reflexionaremos sobre las condiciones en las que se dio esta aparente alteración de la secuencia normativa.

 

Relaciones sexuales antes del matrimonio: ¿cambios en la secuencia normativa?

Más varones que mujeres dijeron haber iniciado su vida sexual. La edad promedio de los 21 hombres, de un total de 40 jóvenes entrevistados, que declararon ser activos sexualmente, fue de 19.6 años y dijeron haber tenido su primera relación sexual a una edad promedio de 16.6 años. Once afirmaron haberse iniciado con una TSC, seguidos por seis que tuvieron esa primera relación sexual con las que hemos denominado contemporáneas (amigas, novias, conocidas); dos la tuvieron con la que actualmente es su pareja conyugal, con quien, además, jamás han usado protección e ignoramos esta información para dos de los entrevistados (véase cuadro 1).

Por su parte, las seis mujeres jóvenes sexualmente activas, de un total de 33 entrevistadas, tenían una edad promedio de 20.8 años y dijeron haber tenido su primera relación sexual a una edad promedio de 17.4 años. Más de la mitad la tuvieron con su pareja conyugal y sólo dos con contemporáneos (amigos, novios, conocidos) (véase cuadro 2).

A continuación analizaremos las circunstancias en las que se dieron estos pocos casos de relaciones sexuales antes de la unión conyugal entre mujeres y hombres jóvenes, con el propósito de comprender las tensiones entre la llamada secuencia normativa y las condiciones que posibilitan o no la emergencia de otro tipo de trayectorias sexuales, maritales y reproductivas.

 

Relaciones sexuales antes de la unión en mujeres jóvenes

Según datos de la "Encuesta nacional de juventud 2000", 80.3% de las mujeres en Chiapas dicen iniciarse sexualmente con su esposo o con quien consideran que lo será en un futuro inmediato (Villers, 2003). De tal manera, puesto que un gran número de mujeres jóvenes se inician sexualmente con el esposo, es inevitable poner nuestra atención en las dos cuyo inicio sexual no implicó la obligación o compromiso de casarse. A ellas sumamos las contemporáneas, identificadas de manera indirecta, con quienes al menos seis de los jóvenes entrevistados se iniciaron sexualmente sin la obligación o el compromiso de casarse. ¿Esto documenta un cambio, apunta éste a la desvinculación entre el inicio de la vida sexual y de la vida conyugal —propio de ámbitos urbanos y entre la población más joven— donde la iniciación sexual comienza a estar más asociada con las decisiones individuales?

Aunque pareciera que las jóvenes tienen motivaciones asociadas al reconocimiento de sus deseos sexuales para iniciar su vida sexual, al igual que las referidas por las jóvenes entrevistadas por Reartes (2008), en el siguiente testimonio se ilustra cómo se sigue viviendo con culpa la decisión de haber iniciado su vida sexual al margen del modelo hegemónico:

Investigadora: —¿Alguna vez has tenido una relación sexual no protegida?
Entrevistada: —Sí [voz baja].
I: —¿Sí has tenido?
E: —Sí, he tenido.
I: —Bueno... ¿Quieres contarme?... Yo sé que es algo muy íntimo, ¿verdad?, pero para nosotras es importante saber por qué en esa ocasión no te protegiste. ¿Qué pasó?
E: —¿Qué pasó? Ah, pues fue una... no me pasó ni por la mente tener relaciones... o sea, ese día que estábamos en la conferencia [se refiere al taller previo a esta entrevista] andábamos platicando sobre cómo nos gustaría que fuera nuestra primera vez y éste... muchas chavas decían "¡no, que en la playa, que con mi novio!" O sea, eso es lo mismo que pensaba yo, ¡con la persona que ame, el día que yo me case! No sé cuánto, pero es que desgraciadamente las cosas no salen como uno quiere, o sea, es como dijeran ahí los muchachos relajeando: "¡Te ganó! ¡Te ganó la gana!" ¿No?

Una vez con un chavo, ya tiene que lo conocía y éste... empezamos a... primero a platicar de ahí ya se fue dando la cosa, nos empezamos a besar y todo y pues llegó el momento... pero él no llevaba preservativos ni nada, pero éste... en esos transcurso pos éste... tenía una semana más o menos que no me bajaba mi regla, y dije: "¡Chin, a lo mejor y no pasa nada!"

Y éste... y bueno... tuvimos relaciones, de ahí se lo comenté a una prima y ya me dijo: "¡No, por qué no te cuidaste, no sé qué tanto!" "¡Perdón, se me fue, pus ya!" Y me dice: "¡No!, ¿sabes qué? Mejor tómate las pastillas del otro día...", pues ya ella me las compró y pus me las tomé... (soltera, 17 años, vida sexual activa, Las Margaritas).

El testimonio anterior ilustra una suerte de reproche de que el inicio de su vida sexual no fue como "debe dentro ser" (dentro del matrimonio y para la reproducción), en conflicto con el deseo expresado a nivel de impulso irrefrenable —"¡Te ganó! ¡ Te ganó la gana!" "¡...se me fue, pus ya!"— que justifica el no uso de anticonceptivos. Es decir, aunque se invierte el orden de la secuencia normativa persiste la continuidad relación sexual–embarazo ante el no uso de anticonceptivos. No obstante que el uso de anticoncepción de emergencia pueda leerse como una forma de alterar nuevamente la secuencia, también le subyace una dificultad de reconocer el deseo, pero sobre todo la decisión de iniciar la vida sexual.

En otro sentido, una de las dos jóvenes solteras con vida sexual activa entrevistadas lamenta su decisión de haber iniciado su vida sexual sin protección, en tanto que resultó en el padecimiento de una enfermedad de transmisión sexual (clamidia). Llama la atención que con otra pareja sexual reciente dice haber negociado sexo protegido en aras de evitar un embarazo no planeado que afectaría la continuidad de sus estudios. Dice no haber mencionado en ningún momento el riesgo de las infecciones de transmisión sexual con su pareja, con el propósito de resguardar a toda costa su imagen de joven estudiante: "... que sólo me dedico a la escuela". Aunque su caso parece responder a una nueva secuencia normativa de los fenómenos sexuales, maritales y reproductivos, evidencia tensiones con la normativa hegemónica al no permitirse el reconocimiento explícito del deseo sexual.

Investigadora: —Bueno, ¿con esta última pareja que tuviste, hablaron abiertamente de protegerse?
Entrevistada: —Sí... de hecho no, ahora no aceptaría una relación sin protegerme.
I: —¿Quién tocó el tema... tú o tu pareja?
E: —Él.
I: —¿Más o menos por qué te dijo que querría protegerse?
E: —Bueno, en primera, los dos estudiamos y un hijo es un compromiso grande... y además él al igual que yo tenemos un propósito en la vida.
E: —¿Cuáles son esos propósitos?
I: —Terminar la carrera, trabajar y darle lo mejor que se pueda a mi familia.
E: —Y dime sinceramente, ¿qué te preocupa más? ¿Un embarazo o una enfermedad de transmisión sexual?... ¿Qué te preocupó más con esa última pareja?
I: —Las dos cosas por igual, una porque lo de la enfermedad ya me pasó y un embarazo es un compromiso y los hijos necesitan de atención, algo que yo no tuve. Siento haber vivido las dos cosas aunque no haya tenido un embarazo no deseado.
E: —Pero, ¿a tu pareja le preocupó más un embarazo? ¿No?
I: —Sí, así es.
E: —¿Por qué crees que no le preocupó adquirir una enfermedad de transmisión sexual contigo?
I: —Porque sabe que no he andado con nadie, que sólo me dedico a la escuela.
E: —¿Tú le dijiste eso?
I: —No, pero sabe que es lo que hago... bueno actualmente sabe lo que hago.
E: —Según tú, ¿qué sabe... de ti, ahora?
I: —Ummm, que voy a la escuela y que no había tenido ninguna pareja desde hace un año (soltera, 20 años, con vida sexual activa, Comitán).10

Quizá la situación más elocuente que ilustra la tensión que viven las jóvenes se deja ver en la práctica del noviazgo. Nuestro estudio se suma a otros que ya han demostrado el predominio de un esquema de enamoramiento y unión todavía más o menos generalizado en las comunidades rurales de Chiapas, el cual inicia con la visita de los padres del joven a los padres de la joven, seguido por un período de visitas en las que se permite que la pareja platique, paseen y bailen juntos. Pasado el tiempo se establece la fecha del matrimonio o el acuerdo entre la pareja para llevar a cabo la huída (Evangelista et al, 2001). Aunque las jóvenes entrevistadas que migraron a los ámbitos urbanos por razones de estudio tuvieron la oportunidad de modificar esta práctica del noviazgo, más bien mencionan haber tenido que ocultar sus noviazgos ante el temor de que sus padres las obliguen a casarse, en tanto que andar con un joven desata los rumores y las dudas sobre la virginidad de la joven. A continuación una de las entrevistadas nos comenta su caso, en donde, ante los rumores, la unión apareció como una solución para proteger la reputación de la joven; así inició su vida conyugal y con ello su vida sexual:

Investigadora: —A ver, ¿nos quieres platicar cómo fue que decidiste casarte?
Entrevistada: —Pues... bueno estaba en la secundaria, de ahí pues lo conocí a él y me había dicho... porque aquí... bueno aquí se podría decir en esta comunidad no puede uno tener relaciones sexuales antes del matrimonio, así es la ley que tienen aquí... Entonces, yo y él hablamos y como mis papás... tenía problemas con ellos y me dijo que si me quería yo ir con él, yo le dije que no... no quería yo irme yo con él y que quería yo terminar mis estudios. Pero resulta que la gente de aquí se puede decir es muy chismosa y todo eso... dijeron a mis papás que yo tenía algo que ver con él, que ya había hecho cosas y todo eso y mi mamá lo creyó y me dijo que yo me casara pue' con él. Nos casamos...
E: —Y la gente te había visto con él en la calle o ¿de dónde sacó que te habías metido con él?
I: —No, es que, lo que pasa es que trabajaba yo, estaba yo trabajando ahí en Comitán, trabajaba yo aquí por San José y él me iba alcanzar. Pero no, o sea, veníamos ahí platicando y veníamos luego ahí, venía yo en mi bicicleta, veníamos los dos y es donde... y veníamos ya casi entrando la noche, pero nos íbamos directo a mi casa; y yo sabía que me respetaba, siempre fue respetuoso y nunca me decía: "¿Sabes qué? Tengamos relaciones sexuales". Jamás en su mente nunca le pasó eso.
E: —¿Y estuviste de acuerdo? ¿Aceptaste que te casaran con él?
I: —Bueno de principio no, no estuve de acuerdo, le dije yo que no, o sea que mejor que... como sabía pues cómo estaba yo y estaba bien, no acepté... pero por mis papás pues... tenía problemas, dije sí. Pues sí, yo pensaba que era así muy lindo casarse, dije yo, es bonito... (unida, 18 años, con vida sexual activa, Comitán).

Los escasos dos casos de alteración a la secuencia normativa, relación sexual–unión–embarazo, dan cuenta de la tensión y el conflicto para la emergencia entre las jóvenes entrevistadas de otras trayectorias sexuales, maritales y reproductivas. A diferencia de lo que las prácticas pudieran indicar, las tensiones que éstas conllevan en ambos casos ilustran la persistencia del vínculo estrecho entre relación sexual–embarazo, debido a la falta de uso de anticonceptivos, además de la exposición al riesgo de adquirir alguna ITS, incluyendo el sida.

 

Relaciones sexuales antes de la unión en varones jóvenes

Un punto de coincidencia en varios de los trabajos revisados sobre la sexualidad de las y los jóvenes en Chiapas es el significado y la relevancia del trabajo sexual para la iniciación sexual de los hombres jóvenes. Recordemos un dato que ya antes desencadenó nuestra reflexión en torno a las circunstancias en las que se dan las prácticas sexuales no protegidas entre los jóvenes, vulnerándose así a la infección del VIH/sida:

en el Estado de Chiapas, a diferencia de otras regiones del país, la primera relación sexual de jóvenes varones con TSC sigue siendo una práctica común incentivada por amigos y familiares. Según datos de la Encuesta Nacional de la Juventud 2000 (Villers, 2003), el 45.7% de los jóvenes en Chiapas se inicia sexualmente con TSC, seguido por los de Tabasco (11.3%), Yucatán y Campeche (ambos con 9.4%) y Colima (9.3%) (Evangelista y Kauffer, 2007: 78).

A partir de este dato sobre la sexualidad de los jóvenes en Chiapas nos preguntamos por qué entre ellos no se ha dado la transición, que sí se observa en otras partes del mundo y de México, de reemplazar el consumo del sexo comercial —para fines de iniciación e incluso de ejercicio sexual— por relaciones sexuales con mujeres contemporáneas, sean éstas amigas o novias (Bozon, 1993; Rodríguez y Keijzer, 2000; Guionnet y Neveu, 2004, cit. en Evangelista y Kauffer, 2007).

Los estudios revisados coinciden en señalar la vigencia de una normatividad sexual que, desde nuestra perspectiva, imposibilita tener relaciones sexuales entre contemporáneos/as. Esta normatividad se expresa y cristaliza tanto en las prohibiciones dentro de algunas comunidades estudiadas11 como en las posibilidades que da la migración, ambas claramente diferenciadas para hombres y mujeres. En este sentido, acudir con TSC con fines de iniciación o para el ejercicio de su sexualidad parece constituirse en la única opción de los varones jóvenes para tener relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio.

En nuestra investigación, más de la mitad de los jóvenes que refirieron vida sexual activa tuvo su primera relación sexual con una TSC en prostíbulos o bares. La mayoría dice haberse protegido con el uso del condón siempre porque la TSC lo propuso y hasta lo colocó; dos de los que no se protegieron fueron socializados en localidades rurales indígenas y dicen que desconocían la existencia del condón y de las infecciones de transmisión sexual: "además no sabía del condón, hagas de cuenta que mis ojos estaban cerrados" (hombre, 26 años, unido, vida sexual activa, Ejido Saltillo).

Todos los jóvenes relatan que fueron llevados por familiares (primos, hermanos, tíos) y amigos, los menos durante la migración laboral y la mayoría a las llamadas zonas de tolerancia de Comitán, San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez:12

Investigadora: —¿Ya has tenido relaciones sexuales?
Entrevistada: —Una vez.
I: —¿Me quieres platicar cómo fue; te protegiste esa vez?
E: —Sí, mis hermanos me dijeron. Desgraciadamente fuimos al centro de Comitán, mis hermanos estaban más chamacos, no sabían bien de éste y me dijeron "vamos" y sí —dice el otro— y fuimos llegando allá.
I: —¿A dónde fueron?
E: —Aquí a Comitán, a los bares de atrás de la Coca [empresa refresquera].
I: —¿Cómo se llama ese lugar?
E: —Aquí le dicen Zona, pero no sé bien cómo se llama y mis medios hermanos fuimos y me empezaron a decir: "no eres hombre, eres vieja" y uno se siente mal y sí fui y llegando allá la muchacha, muy amable, me dijo: "siempre que tengas relaciones sexuales siempre utiliza esto para no contagiarte de ningún tipo de enfermedad, como es el sida y otras que hay, utiliza esto siempre para no infectarte". Y me dijo cómo, esté bien, y le dije "¿Cuánto es?" Y me dijo: "Es $80"; y ya después me vine y no he ido otra vez, pues me di cuenta que corro muchos riesgos y aparte de ser joven qué me saco, mejor todo a su tiempo [...]
I: —¿Me quieres decir hace cuanto tiempo fue esa relación de la que tú me hablas?
E: —Como un año y medio.
I: —¿Y ésa era la primera vez que tenías relaciones sexuales?
E: —Sí.
I: —¿Y cómo te sentiste?
E: —Pues ahí se siente uno bien, pero ya después empieza uno a reflexionar de los errores y si uno ya capta bien y ve uno que hace mal, bueno para algunos es malo, pero algunos siguen yendo seguido y es donde hay veces que no funciona igual ya.
I: —En este caso me platicas que tus hermanos te presionaron y comenzaron a decirte que si no eres hombre, eres maricón algo así, ¿cómo te sentiste cuando te presionaron?, ¿fue difícil o fácil?
E: —Pues uno se siente mal porque están diciendo que uno no es hombre y pues sabe uno que no es cierto, pero muchas veces para demostrar que no, que sí es uno hombre y que no tiene uno miedo pues se hace, aunque después uno se arrepienta, pero ¿para qué? Ya se hizo no hay de otra... uno se siente mal porque lo están presionando y como quien dice a la fuerza más que nada se hace (soltero, 14 años, vida sexual activa, El Encanto).

En sus narrativas, las jóvenes entrevistadas justifican este ejercicio sexual premarital de los varones jóvenes con TSC, como parte de los comportamientos hegemónicos de la masculinidad, al igual que lo hacen las mujeres esposas de migrantes cuando aceptan que los hombres tengan otras parejas sexuales durante la migración, ya que "por naturaleza" no pueden tener tiempos prolongados sin vida sexual (Castañeda et al, 1997; Sánchez, Martínez y Tinoco, 2007; Evangelista, Tinoco y Martínez, 2007). En este sentido, las trayectorias sexuales que se documentan en la mayoría de los varones que declararon haber iniciado su vida sexual muestran prácticas y significados de las mismas que contribuyen a mantener la secuencia normativa; es decir, aunque son relaciones sexuales al margen de la unión, no son necesariamente por decisión propia y en reconocimiento del deseo sexual, sino con el propósito de demostrar que se cumple con el modelo de masculinidad hegemónica: ante la presión de otros hombres, con TSC y protegidas para evitar el riesgo de adquirir una ITS porque claramente la situación no representa un riesgo de embarazo.

 

Relaciones sexuales antes de la unión durante la migración

Varias investigaciones coinciden en señalar que la migración económica o por razones de estudio posibilita que las y los jóvenes tengan prácticas que están prohibidas en las comunidades rurales; específicamente estamos hablando de noviazgo, besos, caricias e incluso relaciones sexuales (Cabral y Flores, 1999; Reartes, 2008).

es una oportunidad y un espacio para iniciar anónimamente (en términos simbólicos) y sin mayores compromisos, su vida sexual–genital... se construyen mecanismos que socialmente dispensan la falta de acato a los códigos establecidos (que dictan que la sexualidad no se debe ejercer fuera del matrimonio y sin fines procreativos) (Castañeda et al, 1997: 78).

En este sentido, pareciera que la migración posibilita la emergencia de otras trayectorias sexuales, maritales y reproductivas entre los y las jóvenes entrevistados. Así, por ejemplo, cinco de los seis jóvenes que declararon haber iniciado su vida sexual con contemporáneas (amigas, novias o conocidas) siempre fueron estudiantes y residentes en las cabeceras municipales donde realizamos el estudio. Por lo tanto, seguimos afirmando que en los ámbitos urbanos "...la vigilancia social en torno al cumplimiento de la normatividad diferenciada pierde la eficacia que tiene en las comunidades rurales estudiadas (1 500 a 2 000 habitantes) 13 (Evangelista y Kauffer, 2007: 91).

Sin embargo, también es en este contexto de migración donde se da el acceso de los hombres jóvenes al trabajo sexual comercial. En este sentido apuntan los relatos de mujeres y hombres sobre el sida como un "virus y/o enfermedad mortal", que se transmite por vía sexual principalmente por medio de las relaciones sexuales que la población masculina emigrante tiene con trabajadoras sexuales de las ciudades que son foco de atracción para los migrantes (Castañeda et al., 1997; Cabral y Flores, 1999; Evangelista y Kauffer, 2007; Meneses et al., 2007; Reartes, 2008). Es decir, también posibilita trayectorias sexuales que alimentan, como ya lo dijimos, la permanencia de la secuencia normativa.

La situación de migración permite visualizar algunos obstáculos para la emergencia de otras trayectorias sexuales, maritales y reproductivas entre los y las jóvenes si tomamos en cuenta que las oportunidades en el ámbito de la vida sexual que da la migración no son iguales para hombres y mujeres. Nuestro trabajo se suma a estudios previos al documentar que las mujeres jóvenes solteras que migran generan sospechas sobre su comportamiento sexual, en tanto que no puede realizarse el resguardo familiar y social de su virginidad, como atributo que debe mantenerse hasta el matrimonio (Castañeda et al., 1997; Evangelista et al., 2001; Evangelista y Kauffer, 2007).14

Luego entonces, la virginidad femenina es una norma social que muchas jóvenes no se atreven a transgredir por varias razones. El principal elemento en contra de la transgresión es el temor a un embarazo, debido a que en su comunidad no existe promoción del uso de los métodos anticonceptivos para las mujeres solteras y el uso del condón es marginal entre los jóvenes. Tampoco la posibilidad de interrumpir el embarazo es visualizada como una opción. Asociado a este temor se encuentra la posible reacción de rechazo de la familia que puede traducirse en la expulsión de su casa y la sanción social que sigue inevitablemente al ejercicio de la sexualidad evidenciado por un embarazo. Finalmente, el embarazo, en el mejor de los casos, cuando la joven no resulta abandonada, se traduce en la obligación de contraer el matrimonio y la interrupción de los estudios para las jóvenes escolarizadas. En consecuencia, el imperativo de la virginidad femenina prevalece como norma y, en la mayoría de las prácticas de las jóvenes, mostrando la eficacia del control social y comunitario de la sexualidad femenina, incluso cuando las jóvenes migran para estudiar fuera de su comunidad de origen.

Investigadora: —¿Y con los otros [novios] nunca aceptaste las relaciones?
Entrevistada: —No.
I: —¿Por qué? ¿ Te daba miedo o qué?
E: —O sea, porque siempre me decían, nos decían que era un riesgo porque tener relaciones... como dicen aquí ¡ya no sirven! Y ya no se pueden casar y todo eso; y como decían los abuelitos de antes "¡no! ¡ Te tienes que casar virgen y si no, ¡no!" Bueno, y a todos los que fueron mis novios les decía: "¡si quieren, casada y si no, no!", les decía yo, pero sí, nunca acepté eso y me decían que a lo mejor era yo lesbiana, me decían... (unida, 17 años, sin vida sexual activa, El Rosario).

La migración, entonces, al dar cuenta de oportunidades diferenciadas para hombres y mujeres en el ámbito de la vida sexual, es un escenario privilegiado para comprender las dificultades para la emergencia de otras trayectorias sexuales, maritales y reproductivas entre las jóvenes. La vigencia, por ejemplo, del control social sobre su sexualidad deja ver la dificultad de cambios en la secuencia normativa relación sexual–unión–embarazo. Aunque los casos de hombres jóvenes que iniciaron su vida sexual con contemporáneas podrían estar anunciado el surgimiento de otras trayectorias, habría que revisar cómo vivieron esas parejas contemporáneas el inicio de la vida sexual al margen de la unión.

 

Reflexiones finales

Solís, Gayet y Juárez (2008) nos recuerdan que la difusión de la anticoncepción y el descenso de la fecundidad, en tanto grandes cambios que México ha experimentado en materia reproductiva, se observaron primero en mujeres de clase media y residentes en las ciudades, para más tarde difundirse y generalizarse al resto de la población. En este sentido, los autores se preguntan si los incipientes cambios en la disociación entre el inicio de la vida sexual y la vida marital y el incremento en la edad de la unión que documentan las investigaciones demográficas recientes anuncian amplias transformaciones cuando estas prácticas se generalicen entre el resto de la población. O si, por el contrario, estamos ante una heterogeneidad de comportamientos entre los y las jóvenes que más bien refleja profundas condiciones de desigualdad social.

En este trabajo nos sumamos a esta explicación última, en tanto que las prácticas y significados que nuestro material empírico nos permite documentar, dan cuenta de la desigualdad genérica, al menos en el ámbito de la sexualidad, en la que viven hombres y mujeres jóvenes entrevistados en tres municipios de la región fronteriza de Chiapas. Es decir, son más hombres que mujeres con vida sexual activa, ellos iniciando a una edad ligeramente más temprana (16.6) que ellas (17.4), y más de la mitad de las jóvenes iniciándose con su pareja conyugal contra casi la misma proporción de jóvenes haciendo lo propio con TSC.

Lo anterior nos permite, en primer lugar, identificar la permanencia de trayectorias sexuales, maritales y reproductivas que se apegan y recrean la secuencia normativa hegemónica: unión–relación sexual–embarazo. En este contexto se explica por qué sólo una minoría de varones y mujeres jóvenes ya habían iniciado su vida sexual al momento de la entrevista. Aun más ilustrativo de la existencia de modelos diferenciados, pero sobre todo opuestos de sexualidad, resulta el dato sobre con qué hombres y mujeres dicen haber tenido su primera relación sexual, donde se observa que los varones siguen en el imperativo de demostrar su actividad sexual, mientras las mujeres deben abstenerse de la misma.

Esto permite pocas transgresiones, debido al fuerte control familiar y comunitario sobre la sexualidad femenina, control interiorizado por las propias jóvenes, incluso durante la migración. Aparentemente para los varones la migración sí posibilita cambios en las trayectorias sexuales, al darles la oportunidad de iniciarse con una TSC e incluso con contemporáneas. Sin embargo, las condiciones en las que se tienen estas prácticas reflejan una permanencia de los significados que dan sentido a la secuencia normativa tradicional.

Las prácticas sexuales y maritales observadas no están asociadas a claros cambios en los significados que se otorgan a la vida sexual y donde mejor se ilustra lo anterior es en la falta de uso de anticonceptivos. Podría parecer que la actividad sexual al margen de la unión conyugal apunta a una nueva secuencia de los fenómenos sexuales, maritales y reproductivos; sin embargo, el no uso de la anticoncepción señala la ausencia del auto–reconocimiento del deseo sexual en el ejercicio de su derecho a decidir sobre su vida sexual.

Finalmente, observamos entre las y los jóvenes entrevistados en tres municipios de la zona fronteriza de Chiapas una permanencia de la diferenciación de la sexualidad por el género. Ésta se traduce en la continuidad del control de la sexualidad femenina juvenil y la dificultad para las jóvenes de reconocer la búsqueda de relaciones sexuales estimuladas por el deseo o, cuando éstas ocurren, por el surgimiento de tensiones. Así, la virginidad y el paradigma católico derivado del modelo hegemónico siguen muy presentes y de forma general impiden la ocurrencia de cambios significativos en la vida sexual de las jóvenes, aun durante los procesos de migración.

En cuanto a la sexualidad masculina, ante la imposibilidad de ser ejercida con las mujeres contemporáneas y la necesidad de cumplir con el modelo del varón sexualmente activo, sigue estrechamente vinculada al patrón tradicional de la iniciación sexual con TSC y estimulada por los procesos de migración.

Por lo tanto, no se presentaron elementos que permitan analizar cambios profundos en las trayectorias sexuales y en la secuencia normativa unión conyugal–iniciación sexual–reproducción en las jóvenes entrevistadas en los tres municipios, lo cual nos permite afirmar que estamos ante un patrón tradicional derivado muy probablemente de las características socioeconómicas de las y los jóvenes entrevistados y de su entorno cotidiano.

Rodríguez (2000: 40) afirma que los roles asumidos por las y los jóvenes rurales no los vulneran en el contexto de su comunidad; sin embargo, "sí serían vulnerables cuando se mudan a otras comunidades cuya trayectoria educativa o reproductiva se ajusta a patrones más 'modernos'". Valga la cita para reflexionar que cuando los y las jóvenes entrevistados experimentaron prácticas sexuales transgresoras de la secuencia normativa en la que fueron socializados, se vulneraron y expusieron a diversos riesgos: embarazo no planeado, infecciones de transmisión sexual, unión forzada, entre otros. Se revela así que la normatividad hegemónica que rige la sexualidad de las y los jóvenes actúa como freno u obstáculo para la emergencia de nuevas trayectorias sexuales, maritales y reproductivas asociadas al reconocimiento y actuar de los y las jóvenes como sujetos de derechos sexuales.

 

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Notas

1 Con el término contemporáneas nos referimos "a aquellas personas ubicadas dentro del alcance de la experiencia directa de los jóvenes, compartiendo tiempo y espacio; es decir, amigas, novias, vecinas o conocidas que no necesariamente tienen la misma edad" (Evangelista y Kauffer, 2007: 78).

2 Para comprender las trayectorias vitales de las y los jóvenes tras la iniciación sexual y la asunción de la maternidad–paternidad, estos autores proponen una interesante tipología para organizar lo que llaman quiebres o nodos biográficos, es decir, momentos en que las y los adolescentes se enfrentan a la toma de decisiones complejas e irreversibles y a partir de los cuales la vida adulta sobreviene intempestivamente y provoca la entrada a un mundo de relaciones y tensiones, valores y normas diferentes (véase Tuñón y Ayús, 2003).

3 El proyecto "Vulnerabilidad y riesgo ante el VIH–sida entre jóvenes rurales e indígenas en la región fronteriza de Chiapas", financiado por el FOMIX–Chiapas de noviembre de 2005 a enero de 2007, se realizó en las siguientes comunidades: cabecera municipal y Rosario Yocnajab (municipio Comitán de Domínguez); cabecera municipal, ranchería El Encanto y ejido Saltillo (municipio Las Margaritas) y Santa Rita y Venustiano Carranza (municipio La Trinitaria).

4 Al principio nos propusimos realizar grupos focales, pero en las escuelas y unidad médicas del IMSS, Oportunidades y Secretaría de Salud nos convocaron grupos numerosos, imposibles de trabajar con la técnica de grupo focal; por lo tanto, tuvimos que adaptarnos a la situación y facilitar talleres participativos que nos permitieron establecer un contacto previo con las y los jóvenes, incluso creemos que facilitó que aceptaran la invitación a la entrevista individual. También nos proporcionó valiosa información para orientar nuestras preguntas en la entrevista estructurada.

5 Siete de las entrevistas con jóvenes estudiantes del Instituto Tecnológico de Comitán se realizaron vía chat, en el marco de nuestra incursión en nuevas metodologías para el estudio del VIH/ sida con población joven. Así, entonces, realizamos entrevistas cara a cara (ECC), por chat ( ECHAT) y sólo una inició por chat y la continuamos cara a cara (ECC–Chat) (véase Kauffer y Evangelista, 2008).

6 En general los y las jóvenes fueron contactados en los espacios que las acciones de atención primaria a la salud generan para este grupo de población en Unidades Médico Rurales (UMR) del IMSS y de la Secretaría de Salud, específicamente para los becarios del programa Oportunidades. También realizamos entrevistas con estudiantes del Instituto Tecnológico de Comitán, de la escuela preparatoria "Lázaro Cárdenas del Río", en Las Margaritas, del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECYT) 08, en La Trinitaria y jóvenes que estaban trabajando en la Comunidad de Aprendizaje para el Desarrollo Jlekilaltic de la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de Chiapas, en el ejido Saltillo, en el momento que realizamos el trabajo de campo.

7 A decir de Mora y Oliveira (2009: 272), el foco de interés para la perspectiva sociodemográfica clásica es el estudio cuantitativo de estos eventos en sí mismos (ocurrencia, calendario, intensidad). En contraposición, y llamando la atención sobre las insuficientes analíticas de esta perspectiva clásica, los enfoques sociológicos plantean la necesidad de estudiar, desde la perspectiva del propio sujeto, el "proceso que conduce a tomar un mayor control sobre la vida, tanto como sobre las trayectorias posibles que emergen conforme el individuo va tomando decisiones vitales en este proceso de volverse adulto". Adicionalmente, estos enfoques sociológicos han mostrado la existencia de una multiplicidad de trayectorias vitales en diferentes contextos; por lo tanto, señalan la necesidad de investigar cómo se dan estas trayectorias en situaciones socioculturales particulares.

8 En un trabajo sobre la primera relación amorosa en París y Río de Janeiro, Bozon y Heiborn (1996) mencionan que en Francia prevalece un "contexto más simétrico de las relaciones entre los sexos", a diferencia de Brasil, que tiene muchas características parecidas a México.

9 "Una 'trayectoria sexual' narra los caminos generales y típicos por los cuales, las personas, de algunas sociedades y generaciones sexuales, han ordenado los eventos más relevantes de su vida sexual. Asimismo, describe la interacción entre el individuo y la sociedad: ésta provee de los contextos sociales y temporales para la planificación biográfica y el balance, como también, los caminos para adaptarse a los cambios tanto en la esfera pública, como privada" (Barrientos, 2006: 89).

10 Esta entrevista fue realizada por medio de un mensajero instantáneo; por lo tanto, los puntos suspensivos indican que la frase fue articulada en varias intervenciones, como es característico en la comunicación por medio del llamado chat.

11 Diversos estudios muestran la censura e incluso sanciones familiares y comunitarias que existe en las comunidades rurales respecto al noviazgo entre jóvenes, sobre todo hacia aquéllos que están estudiando, particularmente si abandonan la escuela por motivos de boda, unión o embarazo (Cabral y Flores, 1999; Castañeda et al., 1997; Reartes, 2008).

12 En un trabajo previo habíamos referido la ausencia de estudios que den cuenta de las condiciones en las que se da el trabajo sexual en Chiapas, menos aun del porcentaje de uso de condón entre TSC; por lo tanto, nos preocupan la situaciones de vulnerabilidad a las que se exponen los jóvenes usuarios "en la medida que se trata de una práctica que en sí misma conjuga factores que los rebasan y limitan pero sobre todo interfieren en la toma de decisiones para tener una relación sexual protegida: múltiples parejas, alcoholismo y violencia, por mencionar algunos" (Evangelista y Kauffer, 2007: 91).

13 La entidad se caracteriza por la eleva da dispersión de su población, pues exis ten 19 455 localidades de las cuales 99.2% no rebasan los 2 500 habitantes (INEGI, 2003, cit. en Sánchez, Martínez y Tinoco, 2007: 125).

14 Evangelista et al. (2001: 155) reportan que en el ejido Tziscao se denomina "viudas" a las "jóvenes solteras que alguna vez vivieron fuera de la comunidad y regresaron sin pareja". A dicha práctica le subyace el supuesto, aun cuando esto nunca haya ocurrido, de que éstas jóvenes tuvieron vida conyugal, pero fueron abandonadas o se separaron. Lo anterior estigmatiza y afecta sus posibilidades de noviazgo y matrimonio entre los varones de su comunidad. Otros estudios documentan que la vigilancia de la familia y la sociedad sobre la sexualidad de las mujeres no sólo se ejerce cuando son solteras, pero sobre todo vírgenes. Evangelista, Tinoco y Martínez (2007) encontraron que para garantizar la fidelidad de las mujeres, los esposos les exigen la suspensión temporal del método anticonceptivo durante la migración; además, la comunidad vigila que su comportamiento cotidiano no ponga en entredicho su fidelidad conyugal. Lo anterior orilla a las mujeres, entre otras cosas, a no demostrar interés en la información sobre el uso del condón durante las pláticas que imparten los servicios de salud. Por otro lado, Meneses et al. (2007) dan cuenta de una fuerte vigilancia social en Chamula para evitar que las esposas de migrantes "incurran en prácticas sexuales extramaritales durante la ausencia de su cónyuge", expresada ésta en el hecho de que 39.2% reside en casa de sus suegros durante la ausencia del esposo, 25% retorna al resguardo de la casa paterna y sólo 35.7% permanece en su propia casa junto con sus hijos.