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La ventana. Revista de estudios de género

versión impresa ISSN 1405-9436

La ventana v.3 n.29 Guadalajara jul. 2009

 

En la mira

 

¿El sexo fuerte?

 

Alfonso Hernández Rodríguez*

 

Fairman, Silvia. El hombre maltratado por su mujer: una realidad oculta. Buenos Aires, Lumen, 2005.

 

* Profesor investigador del Centro de Estudios de Género de la UdeG. Profesor de la Escuela Normal Superior de Especialidades de Jalisco. Correo electrónico: uyalfonso7@yahoo.com.mx.

Cualquier forma de violencia
es reprobable

 

Desde hace algunos años se ha presentado una tendencia notable a reducir la violencia de género, y sobre todo la violencia doméstica (que no son lo mismo), a un esquema simplista y a veces hasta sesgado, en el cual se "naturaliza" la diada hombre–violencia mujer–víctima, a pesar de que existen estudios realizados con rigor científico donde se puede ver y demostrar que, dependiendo de la forma de preguntar, se asigna el papel de víctima o victimario, independientemente del género de los sujetos a quienes se investiga; así, si se le pregunta exclusivamente a mujeres, obviamente ellas serán las víctimas. Si se le pregunta a los varones, el resultado será diferente, pero ellos se asumirán como víctimas en mayor o menor grado; sin embargo, cuando se pregunta a ambos, los resultados obtenidos son polémicos y contrarios a la corriente principal, ya que reflejan un nivel de violencia estadísticamente igual (Informe Iceberg e Informe I I I de Álvarez Diez y las investigaciones Straus, entre otras), lo que rompe el esquema del binomio hombre–victimario, mujer–víctima.

En concordancia con la polémica, El hombre maltratado por su mujer: una realidad oculta, en palabras de su autora, no pretende cerrar el debate; por lo contrario, lo que quiere es iniciarlo y que se hable abiertamente del hombre maltratado por su mujer y cumplir con su objetivo: que la sociedad reconozca esta situación y actúe en consecuencia, y como sostiene en el epígrafe:

No existen los hombres castigados por su mujer. Tampoco existen las brujas... Pero que las hay, las hay.

Así, las preguntas que surgen casi en automático en quienes estudiamos el tema de género al ver el título del libro pueden ser: ¿a quién le importan los hombres golpeados si son tan pocos comparados con la cantidad de mujeres golpeadas? ¿Qué caso tiene hablar del tema si no está en la corriente principal?, y eso es precisamente lo que se espera de este libro, que sea un llamado para que la sociedad reconozca la existencia de otra realidad y se actúe en consecuencia para prevenirla y, si es posible, erradicarla.

La autora casi siempre desde el psicoanálisis intenta responder a preguntas clave; la primera y fundamental: ¿por qué hay una falta casi absoluta de material al respecto? ¿Es que verdaderamente no existen en la sociedad hombres castigados por su mujer? ¿Y si los hay, por qué se desconoce su existencia? ¿Qué oculta esta fachada de silencio? Es a estas preguntas, entre otras, que se intenta responder en esta obra.

Para dar cuenta de la situación de los hombres maltratados, la autora divide su trabajo, más que en capítulos, en temas uno tras otro; sin embargo, deja ver tres partes por sus relaciones entre sí:

La primera se interna en la búsqueda y definición del concepto de violencia, sus tipos, su desarrollo, sus causas y sus modelos de operar, así como de las víctimas de la violencia, a través de lo cual va despejando el origen en el que convergen factores pluricausales, como lo personal, lo laboral y, por supuesto, las causas sociales.

La segunda parte presenta tres casos de sujetos entrevistados y el proceso que siguió para dar con ellos; así mismo, presenta los tipos de instrumentos (cuestionarios) empleados además de la entrevista, haciendo énfasis en la dificultad extrema para encontrar a un varón que reconociera ser maltratado por su pareja. Aquí mismo presenta sus argumentos acerca de la invisibilidad y el silencio que hay en la literatura especializada sobre el tema del maltrato del hombre por su pareja, asunto que está entretejido en todo el texto.

En la tercera parte se acerca a los temas de la prevención y la recuperación del hombre maltratado, haciendo un llamado enérgico hacia la solución del problema, a través de entablar preguntas y respuestas sobre el hombre maltratado por su pareja.

Por otro lado, una argumentación que permea el texto y que no puede pasar desapercibida por su importancia es la que manifiesta la autora al cuestionar si la violencia entre la pareja es asunto de la diferencia sexual (género) centrando la polémica en el ejercicio del poder del fuerte (?) sobre la más débil, o es cuestión de posición (posicionarse en el lugar del más poderoso, independientemente del género).

Como se mencionó antes, en la primera parte se indaga sobre las definiciones de violencia y se señala que no hay una que sea aceptada, por lo contrario, hay una diversidad de formas de entenderla, según sea la disciplina o el punto de vista del que la trata, ya que al formar parte de la vida cotidiana se mimetiza, se hace habitual y se invisibiliza, lo que dificulta en su caso hacerla notar como tal; sin embargo, los afanes por definirla han contribuido a veces a aumentar la confusión, al hablar de violencia de género, doméstica e intrafamiliar, tratándolas muchas veces como si fueran lo mismo.

Para Pichón, cita la autora, la violencia es una reacción ocasionada por la acumulación de frustraciones que un individuo experimenta; para Ferreira es una comportamiento que ya sea por acción o por omisión provoca daño y pone en riesgo a los demás; para Grapsa es lo desencadenado, lo que queda fuera de la palabra, lo que no se puede simbolizar; para Grosman es multifactorial y en ella intervienen variables individuales, familiares y socio–culturales y se combinan entre sí aumentando el riesgo y su reforzamiento. Finalmente parece haber acuerdo en que es multicausal, pero que sí es un factor determinado el que puede desencadenar la violencia, y entre ellos se encuentran causas biológicas, psicológicas, comportamientos aprendidos, el aislamiento social, la aceptación cultural de la violencia y el aislamiento social y emocional, entre los más relevantes.

Para la autora es fundamental pensar que la violencia es evitable, ya que aunque todo ser humano tiene el potencial para manifestarla, ésta puede presentarse o no, asumiendo que cada sujeto, en teoría, sería capaz de mantener bajo control sus impulsos.

Al hablar de la perspectiva reduccionista, señala que el argumento manifestado por algunos/as investigadoras acerca de que biológicamente el varón es potencialmente más agresivo que la mujer ha sido desmentido por investigaciones recientes que demostraron la falencia de ese argumento. Otros investigadores como McNeely afirman que es la violencia doméstica una característica del ser humano y no de un género en particular, y Lorenz expresa que la agresividad es parte de la naturaleza del ser humano. Queda aquí manifestada esa confusión y la dificultad de hablar de violencia, ya que no es lo mismo que agresión, situación que se repite en diversas investigaciones y escritos acerca del tema y que en general puede pasar desapercibida; además que se habla de violencia de género como sinónimo de violencia contra las mujeres.

Fairman define que se

denomina como violencia no solamente al abuso físico o psicológico ejercido sobre el otro. Es también violencia no hacer o decir algo que es necesario a este otro... se la ejerce tanto por acción como por omisión, y su objetivo es doblegar y anular al otro en una situación de desequilibrio de poder.

De esta definición parte para entender el fenómeno de los hombres maltratados por su mujer.

Como ya se comentó, en la segunda parte de esta división arbitraria hecha por quien esto escribe, se presentan los casos de los sujetos entrevistados, las diferentes actividades que se llevaron a cabo para dar con ellos y las dificultades para encontrarlos, dado que es muy difícil, dice la autora, que un varón asuma que es maltratado por su pareja, e incluso en uno de los casos el hombre maltratado no se reconocía como tal, sino como hombre maltratador de su pareja, ya que como tal fue remitido a un centro de "rehabilitación para este tipo de hombres".

La autora manifiesta en este apartado la gran dificultad para rastrear datos que dieran cuenta de la situación de los varones maltratados por su pareja; así mismo, refiere lo frustrante que resultó el no encontrar antecedentes claros del problema, incluso indagó en otra áreas y disciplinas como la historia, la literatura, etc., en donde los casos fueron pocos, como el de Medea en la mitología griega, o los casos de Dalí, que al parecer fue maltratado por Gala, o el de Chopin, ya estando enfermo, por George Sand; finalmente, en este caso resultó frustrante la búsqueda y menciona que tal vez no se habla o escribe de este hecho porque fueron los hombres quienes escribieron la historia o la literatura en general y le parece lógico que éstos no hicieran notar un hecho que los denigraba.

En cuanto a los cuestionarios utilizados por la autora, éstos más bien fueron empleados como un primer instrumento de acercamiento a los sujetos entrevistados y que aquí presenta tres casos reales que le dan motivo a la presentación de este trabajo, y menciona que son el resultado de una ardua tarea para encontrar a quien, siendo varón, reconociera ser maltratado por su pareja.

Afirma, desde la perspectiva psicoanalítica, que cada caso de maltrato es único y que se necesita hacer un trabajo amplio y detallado para conocer el significado que el sujeto le confiere a esa relación de maltrato.

La autora, siguiendo a Corsi, quien asegura que el victimario varón tiene sentimientos de hostilidad, desvalorización e indiferencia con respecto a la víctima y que en esta investigación estas mismas variables se presentan en la victimaria (mujer) con respecto a la víctima (varón) y manifiesta algo muy importante para la problematización y conceptualización del problema al señalar que éste no es cuestión de género, sino de posición, idea que abre nuevas vetas para la discusión.

En la tercera y última parte manifiesta la autora su interés y preocupación por la atención y la prevención del problema, haciéndose algunas preguntas y dando tentativas respuestas al problema.

Una de las preguntas acerca del tema es la siguiente: ¿hay alguna etapa cronológica de la pareja en que se pueda presentar la situación de maltrato? A lo que responde que, de acuerdo con su investigación, se presenta en una amplia franja que va de los 25 a los 45 años y que va decreciendo con el aumento de la edad de la pareja, acotando que puede aparecer más tarde por factores como la menopausia, que altera el equilibrio de algunas mujeres o por la aparición de enfermedades, o en parejas en que hay una gran diferencia de edad entre el marido y la mujer.

También se pregunta: ¿en qué franja socioeconómica de población se puede dar la situación del hombre maltratado por la pareja? Y en la búsqueda de la respuesta, entrevistó a investigadores, y especialmente a terapeutas, y coincidieron todos en que no existen diferencias de contexto socioeconómico o de estructura familiar que hagan alguna diferencia sobre el problema del maltrato a los varones por su pareja.

Con respecto a la pregunta: ¿en qué otras circunstancias puede aparecer la violencia de la mujer contra su cónyuge? Responde que se presenta en el caso de la defensa de los hijos o de sí misma en una situación de abuso sexual, o de castigo infligido por el marido, o en el caso de pareja con un nivel sociocultural que es muy distinto o cambia en el transcurso de la vida de la pareja.

Una pregunta que no podía faltar: ¿por qué la invisibilidad del maltrato a los hombres por su cónyuge? y por raro que parezca, los varones, aun como víctimas, siguen pensando que lo que sucede en familia es un asunto privado, en el cual nadie debe entrometerse y, como en el caso de las mujeres maltratadas, al varón le es muy difícil denunciar, porque rompería la privacidad de hechos que se consideran privados.

Éstas son algunas de las interrogantes que la autora hace en esta última parte del libro y

su objetivo estará cumplido si actúa como disparador para que nuestra sociedad finalmente reconozca esta situación y actúe en consecuencia.