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La ventana. Revista de estudios de género

versión impresa ISSN 1405-9436

La ventana v.3 n.29 Guadalajara jul. 2009

 

Avances de trabajo

 

Entre la represión y los derechos sexuales y reproductivos: socialización de género y enfoques de educación sexual de adolescentes que se embarazaron

 

Graciela Irma Climent*

 

* Socióloga, investigadora del Instituto Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Integrante de la Asociación de Especialistas Universitarias de Estudios de la Mujer (ADEUEM). Correo electrónico: zycl@arnet.com.ar.

 

Resumen

El objetivo de este artículo es describir los distintos enfoques prevalentes en la educación sexual de adolescentes que se embarazaron enmarcada en determinada socialización de género y su relación con algunos comportamientos reproductivos de las mismas. Se basa en una investigación realizada mediante 40 entrevistas abiertas efectuadas a adolescentes que se embarazaron y 40 a sus respectivas madres. Se considera la relación entre la valoración de los aprendizajes escolares de las madres, la actitud permisiva/restrictiva en cuanto a la sexualidad, la valoración de la maternidad como proyecto inmediato/mediato que dan lugar a diversos enfoques de educación sexual que difieren según predominen los valores morales–religiosos, el énfasis en los aspectos biológicos–preventivos o el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos.

Palabras claves: Educación sexual, socialización de género, embarazo adolescente, comportamientos reproductivos, derechos sexuales y reproductivos.

 

Abstract

This paper aims to describe the different prevailing approaches to the sexual education of adolescents who got pregnant in the context of a particular gender socialization and its relationship with some of these girls' reproductive behaviours. It is based on research which included 40 open interviews with adolescent girls who got pregnant and 40 interviews with their mothers. Aspects considered include the relation between the mothers' appraisal of their daughters' school performance, their permissive or restrictive attitude towards sexuality, their valuation of maternity as an immediate or more remote project leading to various approaches to sexual education that differ according to the predominance of moral–religious values, and the emphasis on the biological–preventive aspects or the recognition of sexual and reproductive rights.

Key words: Sexual education, gender socialization, adolescent pregnancy, reproductive behaviors, sexual and reproductive rights.

 

La educación sexual ha asumido distintos enfoques en diferentes épocas históricas. El enfoque moral–religioso tiene como objetivo preservar valores tradicionales y religiosos y lograr que los sujetos se ajusten a ellos mediante normas que definen lo permitido y prohibido que, generalmente, son restrictivas de la sexualidad.

El enfoque biológico–preventivo o médico–preventivo tiene como objetivo que los sujetos conozcan fundamentalmente los aspectos biológicos relacionados con la sexualidad y tomen las medidas necesarias para evitar las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos inesperados. Así, el énfasis está puesto en la enseñanza del aparato reproductor femenino y masculino, las formas de contagio y prevención de las enfermedades transmisibles, los métodos anticonceptivos, etcétera.

Un enfoque más integral que va ganando terreno es el que, sin dejar de lado el objetivo del preventivo, toma también en cuenta las perspectivas de género y de los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes y, particularmente, los derechos sexuales y reproductivos, que trata de superar las limitaciones de los enfoque anteriores (Villa, 2007; Morgade, 2009; Báez y Díaz, 2008). Sin embargo, cuando se aborda la educación sexual coexisten diversos aspectos de estos enfoques.

El objetivo de este artículo es describir los distintos enfoques con que se aborda la educación sexual en el ámbito familiar de adolescentes que se embarazaron y su relación con los estilos de socialización de género en las que se enmarcan. Para ello se analizan los valores, actitudes, creencias y temores subyacentes en los mismos por medio de las pautas educativas de las madres y algunas relaciones con los comportamientos sexuales y reproductivos de las hijas.

Se basa en una investigación cualitativa1 en la que se efectuaron, por separado, 40 entrevistas abiertas a adolescentes embarazadas y 40 entrevistas a sus respectivas madres —ambas pertenecientes a sectores populares urbanos— en 2004.

Para comprender la implicación de los diferentes enfoques será preciso referirse brevemente al concepto de socialización de género en los que éstos se inscriben.

 

SOCIALIZACIÓN DE GÉNERO

Ya es suficientemente conocido y aceptado que a partir de una categoría biológica —el sexo— se adjudica a hombres y mujeres pautas sobre cómo deben o no deben pensar, hacer, sentir y hablar. Y es en la familia donde emergen distintas expectativas acerca de los roles femeninos y masculinos, constituyendo las imágenes de género que incluyen los conocimientos, valores y representaciones sociales en torno a la sexualidad, la familia, el rol de la mujer, la maternidad. Estas imágenes están presentes en las conductas sexuales y reproductivas que se adoptan: inicio sexual precoz, uso de métodos anticonceptivos, aceptación o rechazo del aborto, formación de la pareja, negociación sobre el uso de anticonceptivos, etc. También están presentes en la definición de los proyectos de vida.

Esa adjudicación diferencial de roles implica un problema cuando la diferencia sexual se convierte en desigualdad social al adjudicarse a los varones las posiciones de dominación y a las mujeres las posiciones de subordinación.

Otro problema surge cuando, mediante un proceso de naturalización de lo social, las creencias acerca de lo que significa ser varón y mujer se constituyen en estereotipos de género al considerarse a determinadas características, aptitudes, sentimientos y responsabilidades como los únicos "propios de" y "apropiados" para cada sexo.

Uno de los elementos constitutivos de las identidades de género ha sido considerar que la condición biológica que permite a las mujeres engendrar, parir y amamantar, se acompaña de una habilidad innata para educar, criar y cuidar. Así, las mujeres parecerían identificarse con ser madres, esposas y amas de casas, jugando un papel subordinado en relación con los hombres. Los estereotipos estipulan, además, que los varones deben ser activos sexualmente, heterosexuales y reunir todos los atributos que lo identifican con el "macho" —poder, saber, autoridad, fuerza—. Por el contrario, de las mujeres se espera la pasividad, la preservación de la virginidad, la inocencia y la disponibilidad para otorgar placer a la pareja masculina (Ministerio de Salud, 2001).

Los padres, docentes y adultos en general se dirigen diferencialmente a niños y niñas reforzando las feminidades y masculinidades propuestas por la cultura (Echeverría, 2004). A la vez, también son diferenciales los dispositivos de control social y familiar que se ejercen sobre la sexualidad de mujeres y varones (Ministerio de Salud, 2001). De esa manera se conforman las subjetividades de los niños, niñas y adolescentes.

Sin embargo, las prácticas sexuales, reproductivas y afectivas han cambiado notoriamente cuando las mujeres se incorporaron masivamente al mundo del trabajo y pudieron controlar su fecundidad. La escisión del placer y la reproducción y la mayor independencia económica de la mujer alteraron profundamente los modelos de socialización y las relaciones entre mujeres y hombres, dando lugar a nuevos modelos identitarios de feminidad y masculinidad. El amor, el deseo y el sexo se significan de manera distinta que en épocas anteriores, se van aceptando múltiples formas de ser varones y de ser mujeres, de paternizar y maternizar (Banchs, 1999; Jelin, 1998).

Pero junto con las marcadas transformaciones conviven arraigadas permanencias que evidencian fuerzas en pugna y contradictorias, hegemónicas y contrahegemónicas, que operan como fuertes anclajes identitarios. Persiste el machismo y la doble moral, se sigue considerando a la mujer como la principal responsable del cuidado de los hijos y el hogar y se cuestiona su actividad sexual si no se da dentro de una relación estable de pareja, mientras se promueve que los hombres mantengan múltiples experiencias sexuales (Guerrero, 2001; Echeverría, 2004).

Estas representaciones permanecen hoy en día tras las expectativas de que las jóvenes posterguen su inicio sexual. Y es en ese marco donde se genera la valorización de la maternidad como destino para las mujeres, así como el rechazo del aborto y hasta de la anticoncepción. De ahí deriva también la persistencia de representaciones que vinculan al embarazo adolescente con relaciones sexuales promiscuas o con el consumo de alcohol y drogas. De estas concepciones derivan también las dificultades de las mujeres en la negociación con las parejas sobre el uso de métodos anticonceptivos. De ahí deriva la justificación de las relaciones sexuales prematrimoniales de las mujeres y del embarazo sólo si se dan por amor o por el deseo de ser madres. En ese marco se origina también el repudio a la homosexualidad o al travestismo (Mayen, s. f.; Climent, 2005).

Por otra parte, las identidades femeninas y las masculinas se construyen en medio del cruce de los mensajes de los medios de comunicación, la fuerza de los mitos y las tradiciones, los tabúes religiosos y las demandas contradictorias de la familia, los pares y las parejas. Así, las adolescentes se enfrentan a varias tensiones: la virginidad como valor a preservar, la presión de sus padres para que se abstengan de relaciones sexuales prematrimoniales y para que prolonguen sus estudios; la presión de sus pares del mismo sexo para tener experiencia sexual, la presión de los muchachos para tener sexo y su propio interés de experimentar una sexualidad vinculada con los sentimientos amorosos, a la curiosidad o al deseo sexual. Y los adolescentes se enfrentan al reto de demostrar su virilidad más allá de sus deseos e inclinaciones.

Ante estas múltiples demandas parece difícil que las y los adolescentes puedan tomar decisiones autónomas en cuanto a la sexualidad, demandas que además se ven reforzadas por el temor a un embarazo o una enfermedad de transmisión sexual, por los limitados conocimientos acerca de la reproducción y la anticoncepción, por la dificultad de acceso a los cuidados y métodos preventivos y la falta de poder en la negociación con la pareja sobre estos temas (Stern y Gracía, 2001; Echeverría, 2004).

Es en ese marco de contradicciones en el que el placer no está incorporado "legítimamente" como la finalidad de las relaciones sexuales, que la experiencia sexual adolescente se sitúa aún en el campo de lo "prohibido" y de la transgresión. Así, los cuidados preventivos se constituyen en comportamientos doblemente transgresores: implican planificar lo prohibido y tomar medidas para que no acarree consecuencias. Entonces, los comportamientos que serían deseables en el campo de la prevención se asocian a una transgresión de las normas aún mayor (Quintana, 2003).

En síntesis, los y las adolescentes viven la sexualidad en un contexto que no asegura un ejercicio de la sexualidad placentera y saludable ni se reconoce el derecho a ello.

 

DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS

También es preciso referirse brevemente a los derechos sexuales y reproductivos que constituyen una nueva generación de derechos que son indivisibles de los derechos humanos, ya que no son separables de los derechos civiles, políticos y sociales. Se refieren a los derechos que tienen las personas a tomar decisiones libres —sin coacciones, discriminación ni violencia— sobre la propia sexualidad y reproducción, incluyendo la decisión sobre tener o no tener hijos (Checa, 2005). Además, se reconoce a los niños y adolescentes la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones o ideas de todo tipo, que incluye la referida a la salud reproductiva.

El ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos constituye un derecho personalísimo, es decir, una opción privada no sujeta a la voluntad de los padres quienes, si bien tienen el deber y el derecho de aconsejar a sus hijos, formarlos y educarlos de acuerdo con sus convicciones, no pueden impedirles decidir sobre el tema según sus creencias, expectativas y proyectos de vida (Grosman y Herrera, 2005).

Por otra parte, el ejercicio de tales derechos no queda condicionado a una edad determinada ni sujeto a la autorización de los padres. En este sentido, cuando el adolescente está en condiciones físicas de procrear ya goza del derecho de cuidar de ese aspecto de su salud y de buscar información y decidir sobre tener relaciones sexuales, utilizar métodos anticonceptivos o tener un hijo. Por su parte, los padres no pueden restringir ni impedir esas decisiones.

Pero la legislación en Argentina, por ejemplo, también establece que el Estado respetará los derechos y deberes de los padres de guiar al niño en el ejercicio de sus derechos según su desarrollo evolutivo. En este sentido el compromiso y la responsabilidad de los padres deben ser estimulados y promovidos. Recibir educación sexual por parte de los padres es un derecho de los hijos y darla, una obligación de los padres.

Por su parte, los hijos tienen el derecho de mantener en reserva las decisiones que tomen respecto a su vida sexual y reproductiva. Si bien no están obligados a informar a los padres si tienen o no relaciones sexuales o usan anticonceptivos, es deseable que exista una buena comunicación entre padres e hijos, de modo que estos últimos puedan recibir orientación adecuada al respecto. Lo contrario expondría a los adolescentes a prácticas sexuales favorecedoras de enfermedades de transmisión sexual, embarazos inoportunos, abusos sexuales, etcétera.

 

PAUTAS EDUCATIVAS EN RELACIÓN CON LOS APRENDIZAJES ESCOLARES Y LA SEXUALIDAD

Este artículo se centra en la relación entre dos aspectos centrales en la socialización de género de las adolescentes: los aprendizajes escolares y la sexualidad, a partir de cuya combinación se puede obtener un modelo teórico conformado por varios estilos.

En relación con los aprendizajes escolares se consideró la importancia que las madres confieren a los estudios, el control y el apoyo que brindan para que las hijas estudien —les preguntaban cómo les iba en la escuela, estaban al tanto de las notas y las inasistencias y brindaban un ambiente propicio al estudio —tiempo, exención de otras obligaciones—. Además, se consideró la insistencia o exigencia de que las hijas estudien y la actitud ante el abandono de los estudios si esto ocurrió.

En cuanto a la sexualidad se tuvo en cuenta la actitud —aceptación, rechazo, resignación— de las madres ante las relaciones sexuales, la unión conyugal y el embarazo de las hijas, la educación sexual brindada, la actitud ante el uso de anticonceptivos y el aborto y la valoración de la maternidad como proyecto de vida. También se consideraron los permisos para las salidas y bailes, el cuestionamiento de la vestimenta y maquillaje de las hijas y la aceptación de sus amistades. De la combinación de esos dos aspectos —las actitudes y pautas educativas de las madres respecto a los aprendizajes escolares y a la sexualidad de las hijas— se obtuvo un modelo conformado por varias categorías–estilos. Cabe señalar que dichas categorías no han de considerarse como etiquetas que obturen el pensamiento, sino como puntos de partida para pensar. La realidad es mucho más compleja, difícil de explicar y de comprender, por lo tanto las categorías y tipologías son aproximaciones y debe tenerse en cuenta que en general no se dan en forma pura.

Así se agruparon a las madres en varias categorías según su actitud:

1. No exigente en estudios y permisiva (1a) o moderada (1b) en sexualidad.

2. Moderadamente exigente en estudios y permisiva (2a) o moderada (2b) en sexualidad.

3. Exigente en estudios y permisiva (3a) o moderada (3b) en sexualidad.

4. No exigente en estudios y restrictiva en sexualidad.

5. Moderada (5a) o exigente (5b) en estudios y restrictiva en sexualidad.

Además, se encontró un grupo de madres, que son prescindentes, es decir, que se desentienden de la educación de las hijas y no ejercen control en los aprendizajes escolares y/o en la sexualidad o son exigentes en los estudios y prescindentes en sexualidad o viceversa, es decir, inconsistentes.

 

1. NO EXIGENTE EN ESTUDIOS Y PERMISIVA (1A) O MODERADA EN SEXUALIDAD (1 B)

Estas madres no consideran importante los aprendizajes escolares: "No, porque el día de mañana capaz que tenés estudio y capaz que no tenés trabajo, bah, no sé. Y las chicas enseguida se casan, tienen un chico..."

Las hijas tampoco valoran los estudios: "Es importante para trabajar, para llegar a ser alguien pero a mí no me gusta, yo no voy a trabajar, yo quisiera quedarme en mi casa y cuidar a mi hija".

Las madres aceptan que las hijas abandonen los estudios (1a), aun los obligatorios, o no insisten si los abandonan, resignándose (1b). El privilegio de la pareja o la unión conyugal son los motivos en los que se basa esa aceptación junto a los problemas de violencia escolar, falta de acceso a la escuela —medio rural o lugares considerados inseguros— unido a la falta de interés en los estudios y a dificultades de aprendizaje.

• A ella no le gustaba y como ya estaba de novia me pareció bien que deje.

• Repitió primero y no quiso seguir; le parecía que no era capaz. Le dije que siguiera, pero no podía forzarla; no iba a gastar en útiles y después no iba a ir... y después como se juntó y quedó embarazada, ya está, no volvió.

• Fue hasta segundo polimodal, pero no lo terminó. Dejó porque decidieron juntarse y yo les dije, que igual sigan estudiando pero ellos decían que no, que el presupuesto ya es otro y bueno, está bien, los dejamos.

Estas madres estaban de acuerdo con que las hijas tuvieran relaciones sexuales reconociéndolas como un derecho (1a), aunque algunas hubieran preferido que esperaran un poco para el inicio sexual (1 b).

• Me parecía bien que tuviera relaciones, nunca me opuse a su felicidad.

• Sí, porque ya había cumplido los 15 años, me parecía lo más normal.

Sabían que las hijas tenían relaciones sexuales porque éstas se lo comentaron o porque las madres se lo preguntaron:

• No me gustaba mucho la idea porque ella tenía catorce años y me parecía muy chica, pero me pareció bien que me lo comentara, que estaba bien con el chico, que ya hacía rato que salían y que querían tener relaciones y bue...

• Yo le pregunté si había tenido relaciones y ella me dijo que sí. Entonces yo le dije de llevarla al médico.

Las madres están de acuerdo con que las hijas tengan novio y algunas (1a) aceptan que las hijas se queden a dormir en casa de los novios. La mayoría de las madres están conformes con la pareja de la hija porque es "responsable", "trabajador", "respetuoso", "tiene estudios". La mayoría acepta que las hijas se unan conyugalmente cuando se embarazan y algunas aceptan que se unan antes de embarazarse (1a).

• Sí, porque ellos ya iban a tener un bebé, iban a iniciar una nueva vida, el chico estaba trabajando. Aparte tuvimos una charla con la mamá de él y estábamos de acuerdo en que los íbamos apoyar en todo a los chicos.

• Sí, porque se querían los dos.

En cuanto a la socialización de género parece ser tradicional, considerándose que el hombre debe trabajar y la mujer permanecer en el ámbito doméstico:

• El hombre tiene que mantener a la familia porque es el que tiene que poner el pecho por la familia porque la mujer tiene el trabajo en la casa; así me enseñaron a mí. Además, él no quiere que trabaje, no quiere y no quiere.

• Es preferible que la mujer se ocupe sólo de la casa y que los hombres trabajen y mantengan a la familia, porque vendría a ser que a ellos no saben hacer o no les gusta hacer algunas cosas de la casa y a las mujeres sí.

Además, según esta socialización tradicional se da una sobrevaloración de la maternidad como proyecto de vida para la mujer como un proyecto inmediato. Estas madres aceptan los embarazos de las hijas a los que conciben como "normal" y "natural" y hasta esperable e inevitable:

• Es normal que ella se embarazara porque ella tenía un novio.

• Ella ya quería tener un hijo, hacer su vida, como siempre cuidó chicos.

• ... ella lo buscaba, quería mucho a los sobrinos y ahora quería tener ella.

De esta manera el embarazo a temprana edad no es considerado un problema:

• No, no es un problema, es lo más hermoso que puede pasar, si viene, viene.

• No, porque la mayoría de las chicas saben cómo criar un hijo.

La información que el total de las madres dan acerca de la sexualidad se centra en aspectos tales como la menstruación y los cuidados ante la misma, la posibilidad de embarazo y la existencia de métodos anticonceptivos. A veces se agregan veladas referencias a "cuidarse de con quién están", "fijarse con quién salen". Se soslayan otros aspectos como homosexualidad, prostitución e incluso aparato reproductor, embarazo y parto. La falta de información y la vergüenza son los motivos para no abordar estos temas. Incluso hay palabras como "vagina", "pene" u "orgasmo" que no se atreven a mencionar. El placer es el tema ausente por excelencia.

A su vez, todas las chicas sabían que podían embarazarse o adquirir alguna enfermedad de transmisión sexual y que podían adoptar medidas preventivas.

Las madres de este grupo informan sobre métodos anticonceptivos, pero no sugieren usarlos ni consultar al médico por ellos. Las hijas preguntan sobre algunos otros aspectos relacionados con el embarazo y las relaciones sexuales:

• Ella me preguntaba. "¿Mami, por qué todas mis compañeras que tienen mi edad tienen un bebé y yo no quedo?".

• Ella me preguntaba si es cierto que la primera vez nunca se queda embarazada, si es verdad que duele cuando tiene la primera vez y cosas así.

Las hijas de estas madres son las que en mayor proporción buscan un embarazo y por lo tanto no utilizan métodos anticonceptivos. Sin embargo, muchas chicas deciden tener un hijo sin haber pensado cómo lo iban a mantener y cuidar o dónde iban a vivir. Dan por supuesta la ayuda y la aceptación de los padres. En estos casos prevalece la lógica del instante, un deseo que se tiene que cumplir sin prever las consecuencias.

• Yo quería un bebé y no pensaba en nada, ni cómo era el embarazo, ni cómo lo iba a tener, cómo iba a comprar las cosas. Después empecé a pensar.

• No, no había pensado cómo lo íbamos a mantener, no sé, con la ayuda de todos..., total, te regalan todo, la ropa, la cuna; no es tan difícil.

• Y, con la ayuda de los padres de él, de los míos, como él aún va a la escuela.

En promedio se inician sexualmente a los 14.9 años y se embarazaron a los 15.7.

 

2. MODERADAMENTE EXIGENTE EN ESTUDIOS Y LIBERAL EN SEXUALIDAD

Aunque estas madres insisten en que las hijas continúen los estudios, se resignan si los abandonan —incluso los obligatorios— porque privilegian la formación de la pareja.

• Hizo hasta octavo pero no lo terminó; no quería, quería estar más con el novio. Yo le dije que por ponerse de novia no me va a terminar el colegio y la llevaba al colegio y no sé cómo hacía y se escapaba del colegio y bueno, dejó.

• No quiso estudiar más; no quiso y no quiso. No le gustaba estudiar. Llorando le decía que tenía que ir al colegio y "no voy a ir, no voy a ir" decía y no siguió.

Como las anteriores, estas madres estaban de acuerdo con que las hijas tuvieran relaciones sexuales, sabían que las hijas las tenían porque éstas se lo comentaron o porque ellas se lo preguntaron; están de acuerdo con los noviazgos y algunas aceptan que las hijas se queden a dormir en casa de los novios. También están conformes con las parejas de las hijas y aceptan que éstas se unan conyugalmente cuando se embarazan. Algunas están de acuerdo con que se unan antes de embarazarse y tienen una actitud de aceptación ante el embarazo de las hijas.

La socialización de género también es tradicional, con valoración de los roles tradicionales de la mujer centrados en la maternidad como proyecto inmediato, aunque se insiste un poco más en que estudien.

En cuanto a la información sobre sexualidad son más activas que las anteriores, ya que además de informar sobre métodos anticonceptivos, sugieren usarlos y consultar al médico por ellos.

• Yo le decía que se cuide para no quedar embarazada, que se cuide ella o que se cuide él, que no vaya a quedar embarazada tan jovencita, que yo igual no iba a tener problemas (si se embarazaba) pero que lo pensara bien.

• Que el día que ella quiera tener relaciones que ella se tenía que empezar a cuidar, que tenía que ir al médico, que no sé qué le irían a dar para que tome.

Algunas hijas preguntan sobre otros temas, como en el caso anterior. La mayoría de las hijas querían embarazarse, aunque tampoco habían previsto cómo mantener al hijo y, junto con las anteriores, son de las que se inician sexualmente y se embarazan más tempranamente (14.1 y 1 5.3, respectivamente).

 

3. EXIGENTE EN ESTUDIOS Y LIBERAL O MODERADA EN SEXUALIDAD

Estas madres valoran los estudios como un medio para que las hijas logren independencia y progreso económico y se realicen profesionalmente.

• Para que tenga un mejor futuro, porque hoy para entrar a una fábrica si no tenés quinto año, si no sabés computación, si no sabés inglés, de última, le digo, va a tener que ir a limpiar casas; todo se basa en el estudio.

Las hijas también consideran importante estudiar e internalizan la opinión y expectativas de los padres.

• Porque es para mi futuro y ellos me dijeron siempre: "si vos no tenés un estudio, no tenés un futuro" y ellos no querían que nosotros nos rompamos el lomo como se rompieron ellos limpiando pisos.

• Querían que terminara el secundario; decían que era un porvenir para mí.

Las madres insisten en que las hijas estudien y hasta les exigen que lo hagan, lo cual es, a veces, motivo de conflictos. Apoyan y estimulan a las hijas para que estudien y las controlan: les proporcionan los materiales de estudio, las eximen de tareas domésticas, están al tanto de notas e inasistencias.

• Y bueno, soy muy exigente. Yo le decía: "Vos querés salir un sábado, vos me tenés que traer buenas notas, si no, no hay nada". Un día me trajo un cuatro y yo le dije: "todo el mes no salís" y bueno así la iba llevando bien en el colegio.

• El secundario lo tenía que terminar sí o sí. Si le iba mal en una materia, no la dejaba ir al baile. Mintió diciendo que había aprobado y no era cierto; la entré a agarrar de los pelos y a cachetearla; no la dejamos ir al viaje de egresados.

• Ella estaba mucho en la calle, iba a la escuela y se rateaba, pero terminó el colegio a la noche, porque yo se lo exigí y el padre también.

Algunas madres consienten que las hijas tengan relaciones sexuales antes de unirse conyugalmente ante el reconocimiento de que las jóvenes suelen tener relaciones sexuales y como una concesión para que sigan estudiando (3a).

• Si por mi fuese prefería que no tuviesen hasta que se casaran, pero por ahí es algo que no se puede evitar. Porque para ellos una persona cuando es virgen es sinónimo de que es nerd o tonto e incentivan a otros para que las tengan.

• No, no estaba de acuerdo, o sea, yo la veía muy chica y, bueno, lo acepté porque a todos le llega su hora, digo yo, nada más que hay que cuidarse.

Otras madres se resignan a que las hijas tengan relaciones sexuales y hubieran preferido que no las tuvieran por temor a un embarazo, una enfermedad o a que pasaran por situaciones traumáticas como las que ellas debieron enfrentar, como el maltrato o el abandono de la pareja (3b).

• ...yo sufrí tanto y no quería que a mi hija le pase lo mismo. Yo volvía de trabajar y lo encontraba borracho y me sacaba la plata, me pegaba mucho... no es fácil tener un hijo a esa edad.

• Cuando le dije que estaba embarazada, él se borró, no quiso saber nada. No quería que a ella le pasase eso.

Algunas de estas madres sabían que las hijas tenían relaciones sexuales porque éstas se lo comentaron o porque las madres se lo preguntaron y otras lo suponían:

• Yo sabía que tarde o temprano iba a quedar embarazada porque ella tenía novio. Ella me decía que no tenían relaciones, pero yo mucho no le creí.

Aunque la mayoría está de acuerdo con que las hijas tengan novios, varias de las madres no están conformes con las parejas de las hijas. Algunas aceptan que las hijas se unan conyugalmente antes de embarazarse (3a) o cuando se embarazan (3a, 3b), aunque otras prefieren que posterguen la unión hasta que finalicen los estudios y logren una mejor situación económica (3b).

• Por ahora no, hasta que él tenga un trabajo seguro y puedan hacerse algo ahí, en mi terreno, en el fondo.

• Quiero que ella retome el colegio y vamos a ver cómo hacemos con el bebé. Ella se quiere ir a vivir con él, pero sé que si ella se va, va a dejar el colegio".

• Ellos piensan en un año o dos irse a vivir juntos, casarse. Me parece razonable, ahora no. Yo quiero que mi hija retome sus estudios y los termine y que la beba por lo menos el primer año de vida esté controlada por mí.

• Primero no y bueno después tuve que aceptar, no porque él sea una mala persona, sólo el que ella que era chica y además no estaba segura. Él ya había tenido una mujer y un chiquito de dos años; quizá a ella le agarró miedo y decía: "Quizás me junto y después me deja", pienso yo eso, ¿no?

Algunas madres, aunque no se oponen a que sigan la relación, no consienten la unión:

• Mi idea es seguir haciéndola estudiar a mi hija y no dejarla con ese vago. Que sigan todo lo que quieran, pero ella va terminar su colegio porque no quiero que esté como yo: lavando platos. Porque este chico no le va a dar nada, porque yo veo que no hace nada por el otro hijo que tiene, menos va a hacer por ella. ¿La va a llenar de hijos? Eso está dicho ya.

• Queríamos que estudiara una carrera, que conociera más al chico. Para nosotros era un error. Pero ella decía que estaba enamorada y que estaba en edad de decidir su vida y se quería juntar con este pibe, que no era, ¿cómo le puedo decir?, muy laborioso.

La socialización de género muestra una valoración de la mujer desempeñándose en el mundo del trabajo y logrando independencia económica. La maternidad es valorada pero como un proyecto mediato, ya finalizados los estudios y siendo mayor.

En un primer momento estas madres reaccionan mal ante el embarazo, aunque luego se resignan y apoyan a las hijas. Informan sobre métodos anticonceptivos, sugieren usarlos y consultar al médico por ellos (3b) y algunas solicitan turnos para que las hijas consulten o les proveen los anticonceptivos (3a). El objetivo principal es evitar que las hijas se embaracen y por ello abandonen los estudios. Algunas madres abordan el tema de la importancia de hacer respetar sus derechos a mantener relaciones cuando se sienta lista:

• Le digo: "si vos no querés tener relaciones nadie te va a obligar, todo depende de vos; vos tenés que ver con quién salís y ver cómo es el chico".

El embarazo es considerado un problema y un obstáculo para que las hijas continúen y finalicen los estudios y luego se inserten en el mercado laboral:

• ...porque para mí es como que se arruinan la vida, les corta posibilidades mejores, de estudiar, de ser alguien, de poder estar bien económicamente.

• Y muchas pierden la juventud, las salidas, pierden casi todo porque, muchas dejan el estudio, la amistad, porque ya no es lo mismo porque un hijo la ata.

La mayoría de las hijas no quería embarazarse y son las que se inician sexualmente y se embarazan más tardíamente (1 5.7 y 17.2, respectivamente).

 

4. NO EXIGENTE EN ESTUDIOS Y RESTRICTIVA EN SEXUALIDAD

Estas madres no valoran los aprendizajes escolares, por lo que no insisten en que las hijas estudien ni las apoyan. Ignoraban que tenían relaciones sexuales y no estaban de acuerdo con que las hijas las tuvieran por motivos de orden moral o religioso.

• Si hubiera sabido que tenía relaciones, la habría encerrado en un colegio porque a mí me criaron así. Para mí es todo así, derecho, si no nada.

• Más vale que no me hubiera gustado; una mujer no tiene que hacer esas cosas, tiene que respetarse y otra cosa que es menor para tener relaciones.

Algunas madres se oponen a que las hijas tengan novios, lo que es motivo de conflictos:

• Una sola vez le pegué una cachetada y le arranqué los pelos porque no quería que saliera con ese muchacho.

La mayoría de estas madres no están conformes con las parejas de las hijas porque "es vago/se droga/es separado/ya tiene hijos/es chico/es grande/es machista/vive de lo que le dan los padres/ no es responsable".

Estas madres no aceptan que las hijas se unan conyugalmente cuando se embarazan, motivo por el cual algunas se fueron de la casa y otras no pudieron continuar la relación.

• Mi marido la cacheteó cuando se quería juntar con el pibe. Y yo era tanta bronca acumulada que tenía que descargué y la golpe [la hija se fue].

• No, yo tampoco iba a dejar que se junten porque el pibe era muy pegado a la madre y no quería trabajar. Yo le dije a mi marido: "¿Para qué la vamos a hacer juntar con él, para que la llene de hijos?" Es preferible que se quede conmigo cuidando a su hijo y después que trabaje para mantenerlo [a la hija no le permitieron verse más con el novio].

La socialización de género es tradicional, con una valoración de la maternidad como proyecto mediato, cuando la joven sea mayor y en una unión conyugal estable. Las madres son restrictivas en cuanto a salidas, bailes, vestimenta y/o maquillaje. Estas madres reaccionan mal ante el embarazo y algunas proponen abortar. Informan poco y nada sobre sexualidad y anticoncepción por motivos religiosos–morales y porque no esperan ni aceptan que las hijas tengan relaciones sexuales. Algunas sólo se refieren a la abstinencia:

• Y yo me refería a que ella todavía no tenía que mantener relaciones porque era muy chica y todo eso. Yo nunca le dije: "tomá esta pastilla" ni "ponete esta inyección" ni nada de eso... además, a mí un poco me cuesta hablar de estos temas.

• Yo nunca me atrevía a preguntarle si usaba preservativo. Yo nunca usé. En la iglesia (pentecostal) nos decían que no teníamos que impedir que los hijos vinieran al mundo. Por eso yo tuve 15.

• De los anticonceptivos no les hablé, pero siempre les decía que se cuiden, que vean las amigas que quedaron embarazadas, que así les iba a pasar a ellas, que ya no tenés la misma libertad, te tenés que hacer responsable del bebé, ya no mandan ellas ni yo tampoco; manda el marido y eso cuesta también asumir... Aparte, en nuestra religión las relaciones no se permiten...

Las hijas no querían embarazarse y se iniciaron sexualmente y se embarazaron algo más tempranamente que las anteriores (15 y 17 años, respectivamente).

 

5. MODERADA O EXIGENTE EN ESTUDIOS Y RESTRICTIVA EN SEXUALIDAD

Estas madres valoran los estudios e insisten y apoyan a las hijas para que estudien (5a) y hasta les exigen que lo hagan, siendo esto motivo de conflictos (5b).

Pero como las anteriores, no están de acuerdo con que las hijas tengan relaciones sexuales, por motivos morales o religiosos y no sabían que las hijas las tenían. La mayoría de las madres no están conformes con las parejas de las hijas y muchas no aceptan que las hijas se unan conyugalmente, aun cuando se embarazan.

La socialización de género se caracteriza por una marcada restricción en la sexualidad, se valora la maternidad como proyecto de vida mediato, cuando la joven sea más grande y haya completado los estudios, que son valorados.

Estas madres reaccionan mal ante el embarazo, algunas proponen abortar y algunas echan a las hijas, aunque luego se reconcilian. Como las anteriores, informan poco sobre sexualidad y anticoncepción. Las hijas no querían embarazarse y se iniciaron sexualmente y se embarazaron a los 1 5 y 1 6 años, respectivamente.

 

6. PRESCINDENTES Y/O SIN CONTROL EN LOS ESTUDIOS Y EN LA SEXUALIDAD O EXIGENTE EN ESTUDIOS Y SIN CONTROL EN SEXUALIDAD O VICEVERSA (INCONSISTENTES)

Estas madres no ponen pautas ni controlan la conducta de las hijas u oscilan entre ser restrictivas —imponiendo normas coercitivamente o castigos extremos— o negligentes —no poniendo ninguna norma ni tomando medidas disciplinarias—. Varias de las hijas no vivieron siempre con las madres —porque las dejaron con las abuelas o porque trabajaban como mucamas con cama y quedaban solas o a cargo de familiares que no tenían autoridad sobre las hijas, o porque las madres se fueron del hogar por el maltrato del marido—. En este último caso las chicas vivieron con un padre que estaba muy poco en la casa, no ponía normas o eran arbitrarias y no controlaba su cumplimiento. Algunas vivían alternativamente con el padre y con la madre, quienes ponían pautas contradictorias y transitorias.

Estas madres —y padres— no están al tanto del desempeño escolar, no insisten en que las hijas estudien ni las apoyan, son prescindibles si abandonan los estudios.

• [¿A su hija le gustaba estudiar?] Ni idea y como estaba embarazada para qué le iba a insistir, ella no quería ir más.

• Abandonó dos veces; no tenía ganas, no se levantaba. Como vivía con el padre, él la llamaba y se iba a trabajar y ella se quedaba durmiendo.

• No quiere seguir; ella dice que las compañeras le tienen bronca. No le insistí porque como nos llevamos tan mal... yo ya la conozco a ella; si yo le digo: "andá a la escuela", ella me va a decir: "no, no" y bueno, la dejé.

Algunas madres son prescindentes en cuanto a las relaciones sexuales, no ponen pautas ni controlan sus salidas. Otras madres oscilan entre ser restrictivas en cuanto a la sexualidad o ser prescindentes al respecto.

Varias sabían que las hijas tenían relaciones sexuales, aunque algunas se enteraron cuando las hijas se fueron del hogar y las encontraron en casa de la pareja.

A menudo presionan a las hijas para que se unan conyugal–mente, a pesar de que consideran que las parejas no son las adecuadas, porque no pueden imponer su criterio o por razones económicas y otras:

• La dejé para que vea lo que es la vida en pareja; si se arrepiente ya va a volver.

• Cuando se embarazó el padre ya no quiso que se quedara en la casa.

• Andábamos económicamente mal y teníamos otros tres o cuatro chicos en casa, así que nos pareció mejor que se fuera con él.

• Le dije a él: "Ahora vos te vas a encargar de ella porque no vas a estar siendo pareja de mi hija y yo te voy a mantener a vos y a ella".

• Como ella estaba embarazada y el hermano estaba con varicela yo le dije que se fuera a la casa del novio y ya no volvió.

No puede establecerse la socialización de género, dado que no son claras las normas y valores que se sostienen en estas familias, pero estos son hogares signados por la violencia familiar, el machismo y el irrestricto poder patriarcal.

Estas madres son indiferentes ante el embarazo de las hijas o reaccionan mal y no las apoyan, desentendiéndose de ellas. Algunas hijas fueron echadas. La educación sexual es muy limitada y muchas madres no han informado a las hijas sobre cuidados anticonceptivos, en algunos casos porque no vivían con ellas.

Las hijas no querían embarazarse y son las que se iniciaron sexualmente y se embarazaron más tempranamente (13.4 y 15.5 años).

 

CONCLUSIONES

En el análisis de la información se encontraron algunas relaciones interesantes y aparentemente contradictorias entre la socialización de género, la educación sexual y los comportamientos sexuales y reproductivos de un grupo de adolescentes que se embarazaron. Se describieron varios enfoques de educación sexual que se dan —y coexisten— en el ámbito familiar de dichas adolescentes. En esos enfoques se articulan diferentes normas y valores que muy sintéticamente combinan:

1. Una baja valoración del estudio, una actitud permisiva en relación con la sexualidad y una alta valoración de la maternidad como un proyecto inmediato. Parecería que en este estilo se reconoce el derecho a llevar una vida sexual activa, pero enmarcado en una socialización de género tradicional que parece favorecer la maternidad temprana y que no siempre respeta el derecho —y la obligación— respecto a la educación. Los aspectos preventivos no son suficientemente considerados.

2. Una valoración de los aprendizajes escolares en el discurso que es desmentida en la práctica —las madres aceptan que abandonen los estudios—, permisividad en relación con la sexualidad y valoración de la maternidad precoz. La educación sexual sigue el enfoque anterior, aunque enfatiza más los aspectos preventivos que, sin embargo, no son tomados en cuenta por las adolescentes, ya que muchas deciden tener un hijo.

3. Una alta valoración de los estudios como medio para realización de la mujer, moderada permisividad en relación con la sexualidad —ante el reconocimiento de que las relaciones sexuales en la adolescencia son un hecho—, valoración de la maternidad como proyecto mediato. El temor al embarazo, a enfermedades, a experiencias afectivas traumáticas y al abandono de los estudios, está en la base de este enfoque que enfatiza los aspectos preventivos y reconoce relativamente los derechos sexuales.

4. Una baja valoración del estudio, una actitud restrictiva en cuanto a la sexualidad y una valoración de la maternidad, pero como proyecto mediato y dentro de una unión conyugal estable. La educación sexual, condicionada por valores morales y religiosos, es muy limitada y los cuidados preventivos son escasamente abordados.

5. Una moderada o alta valoración de los estudios, una actitud restrictiva en lo referido a la sexualidad y una valoración de la maternidad como proyecto mediato. La educación sexual es restringida por motivos religiosos y morales.

6. Una actitud de prescindencia respecto a los estudios y la sexualidad de las hijas u oscilación entre esa actitud y un control coercitivo de esos aspectos. Este estilo responde a valores y pautas patriarcales, signado por el machismo y la violencia de género. La educación sexual es escasa.

Puede observarse que aún dentro de un mismo sector social se encuentra una heterogeneidad de situaciones que hacen que la educación sexual sea compleja. Si se pretende que ésta sea eficaz han de tenerse en cuenta numerosos aspectos que van más allá de la mera información, en particular aquéllos fuertemente anclados en la identidad de género y en la subjetividad a través de la socialización de género.

En los enfoques coexisten aspectos tradicionales y conservadores —valoración de la maternidad como proyecto privilegiado para la mujer, prescripción de la virginidad y la abstinencia sexual— con otros más acorde con los nuevos tiempos —respeto de los derechos sexuales y reproductivos, valoración de la realización de la mujer por medio del estudio y el trabajo—. Y esa coexistencia se da dentro de un mismo enfoque. Así, mientras se respeta el derecho de las hijas a mantener relaciones sexuales y a tener hijos, prevalecen pautas propias de una socialización tradicional que favorece la maternidad temprana. Mientras que en otros casos se insiste en que las hijas estudien para que logren autonomía personal e independencia económica, pero se limitan sus derechos a tener relaciones sexuales, a tener novios, a formar pareja o a embarazarse.

De esta manera, cuando se quiere abordar la educación sexual desde instituciones de salud, educación o comunitarias, ha de considerarse el complejo entramado de informaciones, vacíos, opiniones, certezas, prejuicios y experiencias con las que las y los adolescentes llegan de acuerdo con el ámbito familiar en que han sido socializados y que entrarán en tensión —o no— con los que les ofrecerán en esas instituciones.

Entonces, un enfoque de educación sexual que considere la perspectiva de género y la perspectiva de derechos partiría del análisis crítico de los estereotipos que han llevado a cristalizar ciertas expectativas respecto a los roles y comportamientos de hombres y mujeres. Deberían considerarse aspectos como la negociación entre los miembros de la pareja sobre cuándo y cómo tener relaciones sexuales y tener o no tener hijos; la maternidad/paternidad como un proyecto elegido libremente entre otros posibles y no como destino inevitable; la elección de la orientación sexual; el placer como fin de las relaciones sexuales tanto para los varones como para las mujeres; el derecho a la intimidad y la reserva en cuanto a los comportamientos sexuales y reproductivos. No ha de faltar la prevención de la violencia, el abuso sexual, la prostitución y la trata de personas que reconocen su origen en los modelos de socialización patriarcales. Por último, habrá que poner énfasis en el desarrollo de conductas responsables en cuanto a uno mismo y a los demás —cuidado del propio cuerpo, consideración de los propios deseos y los de los compañeros/as sexuales y el autoanálisis de la madurez y preparación para iniciarse sexualmente o tener hijos—.

El objetivo de este enfoque sería, entonces, asegurar el derecho al ejercicio de una sexualidad libre, placentera y saludable, pero operar con este enfoque requiere profundizar transformaciones culturales e institucionales que superen las resistencias al cambio de los sectores más conservadores de la sociedad que aún persisten, a pesar de los avances en la legislación sobre salud y derechos sexuales y reproductivos y en el proceso de democratización de la familia.

 

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Nota

1 Modelos familiares y maternidad en la adolescencia. Instituto de Investigaciones "Gino Germani". Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires/Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Trabajo de campo realizado en el Hospital Materno Infantil de Grand Bourg, Malvinas Argentinas, 2004.