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Desacatos

versión On-line ISSN 1607-050X

Desacatos  no.38 México ene./abr. 2012

 

Reseñas

 

Una microhistoria de San Pedro Tidaá, Oaxaca

 

A Microhistory of San Pedro Tidaá, Oaxaca

 

Edgar Mendoza García

 

Vicente Moctezuma Mendoza y Andrea Calderón García, 2009 San Pedro Tidaá. Una vasta historia de la Mixteca Alta. Universidad Autónoma Metropolitana, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 274 pp.

 

Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-Distrito Federal, Distrito Federal, México jemendoza@ciesas.edu.mx

 

 

Durante los últimos años los estudios de corte microhistórico han tenido un avance notable en nuestro país: han agregado nuevos enfoques analíticos y una metodología multidisciplinaria sustentada en el descubrimiento y la interpretación novedosa de documentos empolvados en archivos municipales, distritales y nacionales. En esta vertiente ubicamos el libro San Pedro Tidaá. Una vasta historia de la Mixteca Alta que, desde mi punto de vista, constituye una contribución importante en el estudio de la historia local de uno de cientos de pequeños pueblos que conforman la Mixteca y que han quedado opacados y hasta marginados no sólo por los estudios generales de la historia de México, sino incluso por las investigaciones regionales en el mismo estado de Oaxaca.

El objetivo del libro "se centra en los procesos vividos por San Pedro Tidaá, como comunidad que construye su historia, frente a los distintos procesos de dominación impulsados por el orden colonial y el México independiente". Este eje metodológico permite dar coherencia al trabajo y amarra las temáticas social, política y económica con los distintos procesos y coyunturas históricas que han marcado las transformaciones, cambios, resistencias y adaptaciones de esta comunidad en su largo devenir histórico. Dicho de otro modo, no sólo se trata de una historia que vincula lo local con el ámbito nacional, sino también distingue a sus actores como seres activos que se resisten y se adaptan ante la inercia directa e indirecta de los procesos externos, lo que indudablemente es una aportación relevante de la obra.

Cabe decir que el libro supera en mucho aquellas visiones monográficas de pueblos idílicos y ajenos a los problemas regionales y nacionales. En primer lugar, porque es un estudio de larga duración que rompe con los esquemas temáticos y cronológicos de los cronistas locales. En segundo, porque es el resultado de un esfuerzo no sólo de Moctezuma y Calderón, sino también de la participación de un equipo de investigación conformado por miembros entusiastas de la propia comunidad de Tidaá. Desde esta perspectiva el libro es más valioso, pues irradia la voz, el sentir y la cosmovisión de su gente en momentos de éxitos y fracasos, lo que sin duda fortalecerá la identidad histórica y el orgullo cultural de los migrantes de San Pedro Tidaá.

La investigación se sustentó en el análisis de documentos localizados en el Archivo del Alcalde, el Archivo Municipal de Tidaá, además de otros repositorios estatales y nacionales. Asimismo, se nutrió con una buena bibliografía y principalmente de gran cantidad de testimonios orales. En otras palabras, el método etnohistórico fue fundamental para realizar un trabajo de gran alcance. Tan es así que la historia de este pueblo no sólo se explica por factores internos, sino principalmente por los procesos sociales externos, es decir, de la imposición de una "cultura nacional", que ha tenido fuertes repercusiones en la vida tradicional, en la agricultura y la organización cívico-religiosa de esta comunidad. Al mismo tiempo, Moctezuma y Calderón relatan la respuesta activa de los habitantes de San Pedro Tidaá a los embates externos para seguir conservando parte de su cultura, su idioma y organización comunal.

En el libro se perciben las políticas impuestas por el Estado colonial y el México independiente en contra de los pueblos indígenas, pero paralelamente encontramos un mundo activo que se opone, adapta y participa en la dinámica social y económica de los sectores dominantes; la Conquista, el cacicazgo, la encomienda, la república de indios, la economía colectiva y la Independencia. Para el siglo XIX se avista el impacto del liberalismo, la privatización de sus tierras, la ciudadanía, los conflictos por límites y hasta la municipalización. Finalmente, da cuenta de los procesos sociales del siglo XX; la Revolución de 1910, la introducción de la escuela, los programas de alfabetización, el inicio de la migración, las fiestas patronales y el impacto de la globalización. Por si fuera poco, también se divisan las transformaciones tecnológicas del último siglo, desde la introducción de la luz eléctrica, el agua potable, los medios masivos de comunicación, hasta el cambio en la construcción de la vivienda, la indumentaria y la música. Este eje vertebral permite reconstruir la vida del pueblo sin caer en la dispersión y la descripción. En suma, es un buen ejemplo de cómo se debe construir la historia de un pueblo, la formación de un municipio o incluso de una agencia municipal.

Por supuesto que no es un libro que abarque todos los temas, problemas, ritos, demografía. Quizá quedan muchas lagunas, pero en general se cumple con el objetivo. La obra está formada por cuatro capítulos: el primero trata sobre la fundación del pueblo y los datos se remontan al periodo prehispánico y a los primeros años de la Conquista. El segundo analiza la formación de San Pedro Tidaá como república de indios en el último siglo colonial. Señala el proceso de separación de su pueblo cabecera y la consolidación de su autonomía, es decir, se revisa el ocaso del cacicazgo y el fortalecimiento del cabildo indígena. San Pedro Tidaá fue pueblo sujeto, primero formó parte de la encomienda de Patlahuistlahuaca y después de la cabecera de Yodocono, hasta lograr constituirse en una república de indios y finalmente en un municipio en el siglo XX. Se menciona la autonomía local, donde los bienes de comunidad sustentaban la administración y el régimen económico del pueblo, destacando el molino de trigo, cuyos ingresos permitieron edificar el templo religioso y otras obras públicas.

El capítulo tercero trata sobre las políticas liberales del México independiente y revela que San Pedro Tidaá no fue un actor pasivo. Por el contrario, supo aprovechar la legislación liberal y privatizó desde 1827 una parte de sus tierras a sus vecinos, todo con la lógica comunitaria de protegerla ante particulares y otros pueblos colindantes. En palabras de los autores:

A pesar de encontrarse en una condición de colonialismo interno, desarrolló una resistencia que le permitió modificar los marcos institucionales de la dominación, trazando las líneas de su propia historia y defendiendo sus necesidades fundamentales: la tierra propia, el gobierno propio y una lógica en la reproducción de la vida propia.

El estudio confirma la autosuficiencia económica y política del gobierno local para regirse internamente pese a las nuevas leyes municipales pues, al igual que otros pueblos de la Mixteca Alta, Tidaá sustentaba su desarrollo en la economía local y en sus propios recursos comunales, como la renta de sus tierras y otros bienes de comunidad, como su molino de trigo. Cuestión que empezó a cambiar desde la primera mitad del siglo XX con el proceso de centralización del Estado mexicano y el fenómeno de la migración, lo que se manifestó directamente en la disminución de las prerrogativas del gobierno local y la salida masiva de su población económicamente activa. A este panorama se agregó el impacto de la Segunda Guerra Mundial, con la consecuente industrialización del país y movilidad social hacia los polos de desarrollo. Para el caso de Oaxaca, tal crecimiento se manifestó en la construcción de la Carretera Panamericana y el inicio de la migración de sus habitantes hacia Estados Unidos, la ciudad de México y otras áreas urbanas, lo que ha derivado en la transformación de sus relaciones sociales, políticas y económicas, a tal grado que se desplazó la economía de autoconsumo.

A este respecto, Moctezuma y Calderón agregan nuevos ingredientes a su análisis y dan cuenta de otros mecanismos que han erosionado las formas tradicionales de vida del pueblo: por ejemplo, la incidencia de la educación federal, la disminución del analfabetismo, la pérdida del idioma en algunos espacios de la comunidad y la modificación de los usos y costumbres. No obstante, reconocen que pese a estos enormes cambios provocados por el capitalismo y el neoliberalismo, San Pedro Tidaá conserva fuertes vínculos comunitarios y se resiste a perder su identidad en estos tiempos de modernidades y posmodernidades.

 

Información sobre el autor

Edgar Mendoza García es profesor-investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Licenciado en etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, maestro en historia moderna y contemporánea por el Instituto de Investigaciones Históricas Dr. José María Luis Mora y doctor en historia por El Colegio de México. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Es autor de artículos y ensayos publicados en revistas nacionales e internacionales y en libros de autoría colectiva. Entre sus publicaciones recientes se encuentran La Mixteca. Imágenes de una identidad. Revolución y procesos post-revolucionarios entre los pueblos indígenas y negros de Oaxaca (Gobierno de Oaxaca, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), Oaxaca, historia breve (El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica) y Municipios, cofradías y tierras comunales. Los pueblos chocholtecos de Oaxaca en el siglo XIX (Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, CIESAS).