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Desacatos

versión On-line ISSN 1405-9274

Desacatos  no.36 México may./ago. 2011

 

Reseñas

 

Migración, redes transnacionales y envejecimiento

 

Migration, Transnational Networks and Ageing

 

Felipe R. Vázquez Palacios*

 

Verónica Montes de Oca, Ahtziri Molina y Rosaura Ávalos, 2008, Migración, redes transnacionales y envejecimiento, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales, Gobierno del Estado de Guanajuato, México, 274 pp.

 

* Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-Golfo, Xalapa, Veracruz, México fevaz@ciesas.edu.mx

 

 

Por lo general, al iniciar la lectura de una obra de este tipo vienen al lector imágenes de un pueblo desolado habitado por ancianos, donde hay poca gente joven y sólo algunos niños juegan en la calle, las escuelas cuentan con pocos salones y la iglesia está llena de cabecitas blancas. También pueden aparecer imágenes de pueblos con construcciones modernas que se levantan en medio de los cultivos, en cuyas calles circulan camionetas "chocolate" manejadas por gente que escucha música del norte a todo volumen para mostrar que ha regresado al pueblo o que las remesas están fluyendo. Al iniciar la lectura, las autoras nos hacen girar sobre el eje central: mostrar cómo se experimenta la vejez en contextos de gran movilidad por migración interna e internacional, observando a la migración como un condicionante de la calidad de vida en la vejez. Lo anterior es de suma importancia dado que la migración y la vejez son temas que se han estudiado por separado y ahora las autoras tienen la virtud de analizarlos en conjunto.

Los contextos de alta migración, los sistemas de apoyo local y transnacional, son las vías por medio de las cuales las autoras quieren compartirnos la experiencia de envejecer. Es decir, para las autoras las redes sociales y familiares son el punto central desde donde se explicarán no sólo los apoyos económicos y no económicos hacia la población adulta mayor, sino también las percepciones y representaciones sobre la vejez, la calidad de vida y las rutas socioespaciales de los inmigrantes. Las redes sociales constituyen la herramienta conceptual a partir de la cual se conectan dos temas: la migración y el envejecimiento.

Sugiero a los lectores que salten al tercer capítulo —"la estrategia metodológica"— después de la introducción. Allí tendrán una comprensión más amplia y concreta de los objetivos y estrategias que las autoras emprenden para construir el problema de investigación a través de sus rostros, previos y posteriores a este proyecto. Es pertinente hacer notar algunas repeticiones de información que las autoras hicieron probablemente con la finalidad de insistir en sus afirmaciones. El lector podrá advertir estos párrafos fácilmente y saltarlos si desea hacer su lectura más fluida. Aconsejo revisar con detenimiento el capítulo de la situación demográfica de Guanajuato, donde el lector encontrará a la demógrafa poniendo su sello en la investigación cuantitativa. Si se prefiere la investigación cualitativa, recomiendo los capítulos 4, 5 y 6, donde están las entrevistas y descripciones del contexto de la migración internacional y de las condiciones de vida imperantes entre los adultos mayores. En estos capítulos el lector juzgará si la herramienta esencial de análisis de esta obra —las redes transnacionales en el marco de las redes sociales— ha sido usada con eficacia para desentrañar el impacto de la migración en las familias de las personas adultas mayores. Como antropólogo, ubico el capítulo 6 como mi favorito, pues las autoras se esfuerzan por presentar cómo se vive la vejez en contextos de expulsión migratoria. Aunque el trabajo da para desprender mayores reflexiones sobre la lógica que hace posible movilizar en favor de los que se quedan y de los que se van, y en determinados momentos, una serie de apoyos —financieros o materiales, garantías, influencias, intercambios, costumbres, palabras, regalos, sentimientos, valores, entre otros—, las autoras son cautas y prefieren centrarse en los mecanismos de apoyo y la forma en que las redes redundan en mejores condiciones de vida, en detrimento de una riqueza del material etnográfico en estos aspectos. La bibliografía nos muestra el pulso de las investigadoras respecto de la literatura relativa al tema, y en ella el especialista podrá posteriormente ampliar su conocimiento en tres temas básicos: migración, vejez y redes.

Después de estas acotaciones generales, quisiera centrar mis comentarios en lo que al envejecimiento concierne. En este sentido, la obra es un aporte al conocimiento en las ciencias sociales, pues nos adentra en el análisis de la migración desde la perspectiva del envejecimiento. Si bien, hay trabajos que se refieren al proceso de envejecimiento a nivel estatal y municipal, especialmente en contextos rurales, y al fenómeno migratorio que lo acompaña, no hay respuestas suficientes sobre la manera en que se manifiestan los efectos de la migración en la población de edades avanzadas. ¿Cómo piensan llegar a la vejez los propios migrantes? ¿Cuál es la percepción de la vejez entre los familiares que han emigrado y han dejado a sus padres ancianos en las comunidades de origen o que viven con ellos en Estados Unidos? ¿Cuáles son los efectos de la migración en la vida de quienes envejecen y nunca salieron de su comunidad de origen? Tampoco hay estudios suficientes que presenten la función de las redes de apoyo en estos procesos de migración y envejecimiento.

Cualquier lector puede ir hilando las afirmaciones que aparecen en el texto con los testimonios que acompañan a la mayoría de las aseveraciones. He de decir que algunas veces me quedé con deseos de tener más casos o ejemplos que evidenciaran las afirmaciones. Por ejemplo, las autoras nos dicen (p. 126) que con la migración hay cambios que implican adaptaciones a ritmos de vida completamente distintos. En efecto, hemos constatado las formas en que se rompen los estilos de vida, tanto de los que migran como de los que permanecen en sus comunidades. La migración genera alteraciones en los sistemas de apoyo a nivel familiar y comunal. Es necesario subsanar a la brevedad la ausencia de los que se van, reacomodar las interacciones sociales y redistribuir los roles: por ejemplo, las mujeres se tornan en administradoras y jefas del hogar, muchas veces comparten este rol con la población anciana, y en general son quienes cuidarán del resto de la familia, resguardarán las propiedades y harán producir la tierra en la medida de sus posibilidades. Estas transformaciones generan situaciones estresantes, especialmente para la población anciana, pues sienten cómo se disemina la familia y la cada vez más angustiante condición de estar dentro de los procesos productivos. Todo ello sumerge a este sector de la población en procesos depresivos y desesperantes que coloca a los ancianos en circunstancias de mayor vulnerabilidad y dependencia. En este sentido, me hubiese fascinado encontrar más información sobre estos detalles, sobre estas "lógicas prácticas" —como les llama Bourdieu— de actores que intentan adaptarse a las transformaciones que la vida les presenta. Por ejemplo, la manera en que se elijen las alternativas a seguir y los pasos en que se van estructurando las redes y las estrategias en el seno familiar, así como el imaginario que se va tejiendo en torno a estos sucesos.

Para las autoras lo más importante es conocer los mecanismos de apoyo que se establecen entre la población adulta mayor y la forma en que estas redes redundan en mejores condiciones de vida, aunque advierten la situación contraria a la que buscan en el sentido de que muchas de las veces la migración mina el funcionamiento de dichas redes. Además, observan que las necesidades específicas del envejecimiento en estos contextos, así como las redes de reciprocidad y ayuda que un anciano finalmente puede tener, dependen de mejores condiciones políticas tanto para los que se quedan como para los que se van y envejecen. De aquí se desprende una propuesta central: en la medida en que los gobiernos mexicano y estadounidense apoyen las redes sociales locales, interestatales y transnacionales, se dará un gran paso en la manutención y mejoramiento de la vejez.

El capítulo que habla de cómo se experimenta la vejez en contextos migratorios fue el que me puso más en contacto con los protagonistas. Las autoras nos acercan a los vecinos, amigos, instituciones, organizaciones nacionales e internacionales. Llamó mi interés la identificación de las situaciones en que viven los adultos mayores: a) los que se quedan permanentemente; b) quienes nunca migraron; c) los que fueron migrantes y tienen su residencia tanto en su lugar de origen como en donde están sus hijos; d) aquellos que alternan su residencia, los llamados "golondrinos", y e) los que experimentan la desaparición de su contexto familiar ya sea por muerte o abandono. Los lectores pueden corroborar también en este contexto de estudio cómo las remesas se destinan a lo urgente: los gastos en medicinas y tratamientos médicos que resultan cruciales para la existencia y la vida familiar. Otra cuestión que también se constata es el uso cada vez más frecuente de medios de comunicación novedosos a través de los cuales se ha podido establecer lo que ellas llaman "una intimidad a distancia".

Esta investigación es clave para entender las dinámicas y tendencias de muchas de las poblaciones rurales de nuestro país, donde se pone énfasis en el análisis de las condiciones del ciclo familiar, las características del envejecimiento, así como las de la migración con las redes de apoyo que se forman. La obra nos hace ver un futuro incierto y cruel para los que viven de manera indocumentada, porque no cuentan con derechos ni patrimonios en su lugar de origen: "no son ni de aquí ni de allá", están en una situación de gran vulnerabilidad y en un escenario cargado de carencias y temores, lo mismo que de diferencias generacionales. Finalmente, se evidencia sobre todo en la vejez que la estancia en el país vecino no garantiza los supuestos beneficios por los que se detona la migración. Las redes, que podrían ser el colchón para aminorar los efectos negativos como hemos visto, sufren un deterioro progresivo que repercute directamente en la calidad de vida de las personas envejecidas. Entonces, si bien la migración se considera como una solución inmediata para mejorar las condiciones de vida de la familia —al construir una casa o establecer un negocio—, es poco probable que se pueda considerar como una inversión para vivir bien la vejez.

Quizás por ello no se posee una idea clara sobre la vejez. Ésta se vincula con la enfermedad, el cansancio, el abandono. Muy contados informantes ligan la vejez con una etapa de descanso y de tranquilidad en un espacio íntimo como el hogar. Pese a que hay una fuerte expectativa de reciprocidad con la descendencia, ésta se pierde cuando los hijos se aculturan según el modelo estadounidense.1 Ante este panorama, saltan las preguntas: ¿en qué tipo de estrategias debe pensarse para que los hijos que emigran puedan atender a sus padres en la vejez? ¿Qué efectos tendrá en los futuros emigrantes viejos el hecho de estar en un escenario incierto y con un deterioro progresivo de sus redes familiares y comunales? Ahora, si la emigración no va a parar en el país, ¿serán las redes transnacionales las que realmente tengan el papel central en la calidad de vida de las familias de ancianos? ¿O será una nueva generación de redes basadas más en el aquí y el ahora, en lo próximo y lo que tengo a mano, en que las relaciones de parentesco pasen a un segundo plano y sean sustituidas como lo predice el proverbio bíblico (Prov: 27:10 y 17:17): "Mejor es el vecino cerca que el hermano lejos... En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia"? Estamos ante una investigación original, seria y de mucha trascendencia en los próximos años.

 

Nota

1 Su opinión sobre la calidad de vida de sus padres es un termómetro que detecta el alejamiento de los hijos migrantes respecto de sus familiares en el lugar de origen.

 

Información sobre el autor

Felipe R. Vázquez Palacios es investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), unidad Golfo, y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Es autor de Protestantismo en Xalapa (Comisión Estatal Conmemorativa del V Centenario del Encuentro de Dos Mundos, 1991), La gran Comisión. "Id y predicad el Evangelio". Un estudio de interacción social (CIESAS, 1999), Contando nuestros días. Un estudio antropológico sobre la vejez (CIESAS, 2003), La fe y la ciudadanía de la práctica evangélica veracruzana (CIESAS, 2007). Fue compilador de Construyendo la vida a partir de la muerte (Editora de Gobierno del Estado de Veracruz, 2009) y es coautor de Miradas sobre la vejez (Colef, Plaza y Valdés, 2006). Ha publicado en Cuadernos Urbanos, La Palabra y el Hombre, Cristianismo y Sociedad, Papeles de Población, Estudios Demográficos, Alteridades, entre otras revistas, donde el interés académico está centrado en la diversidad religiosa y en la cultura de la ancianidad y la muerte en México.

 

Información sobre el fotógrafo

Octavio Hoyos estudia periodismo en la Universidad del Distrito Federal. Ingresó a la agencia Imagenlatina en 2000 como fotógrafo, bajo la dirección de Marco Antonio Cruz. Su trabajo ha sido publicado en medios nacionales como La Crónica, Reforma, La Tempestad, Bleu & Blanc y Milenio Diario, donde es fotógrafo desde 2004. Ha colaborado para Time Magazine en Estados Unidos y la revista especializada en fotografía Black and White. Ha expuesto en México, Argentina, Canadá, Italia y Colombia, y en páginas web alrededor del mundo. Fue seleccionado para el concurso "Día a Día" de la VII edición de FotoGrafia Festival Internazionale di Roma, Italia 2008. Obtuvo mención de honor por su trabajo "Playas de Tijuana", en la categoría de Trabajo migrante dentro del XIV Concurso Latinoamericano de Fotografía Documental "Los Trabajos y los Días", Colombia 2008. Es miembro del sitio www.panorama-gallery.com, especializado en fotografía panorámica. www.octaviohoyosphoto.com / www.octaviohoyos.blogspot.com