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Desacatos

versión On-line ISSN 1405-9274

Desacatos  n.31 México sep./dic. 2009

 

Testimonios

 

Mujer rebelde: testimonio de Odilia Romero Hernández*

 

Rebellious Woman. A Testimony by Odilia Romero Hernández

 

Entrevista de Maylei Blackwell**

 

**Universidad de California, Los Ángeles, Estados Unidos. maylei@chavez.ucla.edu

 

Odilia Romero Hernández es la coordinadora binacional para asuntos de la mujer (en su segundo mandato) del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB)1. Conozco a Odilia desde hace cuatro años y durante ese tiempo hemos trabajado en estrecha colaboración en varios proyectos. Inicialmente tuvimos la idea de publicar un testimonio de una integrante del FIOB en Oaxaca para dar a conocer las experiencias de militantes de base, pero cuando las editoras de este número de Desacatos nos pidieron algo diferente, empezamos a documentar la historia oral de Odilia. Nos reunimos después del trabajo (¡y Odilia tiene dos!) o los fines de semana, siempre encontrándonos en la mesa de su cocina. Como mujeres e indígenas, la violencia ha sido normalizada como parte de nuestras vidas e historias. Mis largas conversaciones con Odilia me dejaron ver la importancia de nombrar la violencia y me permitieron entender que guardar silencio respecto a las experiencias de violencia es como tomar un veneno que mata lentamente. La historia de Odilia nos enseña que sanar las heridas que deja la violencia es parte del proceso descolonizador. El espíritu rebelde que la ha caracterizado desde su niñez la ha guiado en su lucha contra la violencia personal y colonial.

ODILIA: Yo soy Odilia Romero Hernández. Nací en un pueblo zapoteco que se llama Zoogocho, en la Sierra Norte, en la sierra Juárez de Oaxaca, en el mes de mayo de 1971. Mi familia se dedicaba a matar marranos para vender en la plaza del pueblo los jueves. Tenían un puesto porque la plaza sólo era los jueves. Entonces mataban sólo un marrano los miércoles para venderlo el jueves porque la población era muy pequeña. El único terreno que ellos tenían era la casa donde yo vivía. Somos cuatro mujeres, cuatro hijas. No hubo hombres en la familia. Yo soy la mayor y después de mí siguen Rocío, Estela y Lili.

El negocio de la comida viene del lado de mi papá. Él aprendió a matar marranos de su tío paterno, Otón Modesto. Le enseñaron para que pudieran sobrevivir después de que se casó con mi mamá en 1970. Entonces empezaron a matar marranos. Mi mamá se llama Eulogia Hernández. Ella se quedó huérfana desde muy joven. Mi abuelita Lucía también enviudó muy joven y nunca se volvió a casar, porque decía que ella no les iba a dar un padrastro a sus hijos, qué tal si los maltrataba, por eso prefirió estar luchando sola con sus hijos. Es una señora de carácter muy fuerte y sacó a sus hijos adelante haciendo comida, trabajando en el campo para mantener a mi mamá y a sus dos hermanas y un hermano. Mi abuela Lucía fue y es muy luchadora hasta hoy.

En Zoogocho, yo viví y crecí en una casa de adobe. Me encantaba porque ahí podía tener una buena relación con la tierra. El olor del adobe mojado me encantaba. Viví compartiendo mucho tiempo con mi abuela paterna Filomena Víctor, ya que mis papás trabajaban. El día que no mataban marranos se iban al campo a sembrar maíz, frijoles y más para autoconsumo. Viví allí hasta los 11 años, luego me vine a los Estados Unidos. Para ese entonces todavía había mucha gente allá en el pueblo, o sea, había niños con quien jugar, había familias, teníamos vecinos. Entonces me la pasaba jugando, no haciendo mucho. Siempre he sido una persona muy juguetona. Cuando era niña me gustaba mucho jugar, pues crecí en el campo, mi casa estaba cerca de un río. Había mucha libertad. Ahí no había restricciones, no había carros, ni robos. Todos se conocían. Nadie se encerraba en su casa como aquí. Vivía junto al río. Y la gente nos conocía como la gente que vivía al lado del río.

Empecé la escuela, creo que el primer grado y traté de ir, pero como nos obligaban a hablar español —la maestra era de un pueblo vecino que se llamaba Yalina—, me acuerdo muy bien, ella nos quería obligar a hablar español y todos los niños sentíamos un rechazo de hablar español. Y a veces nos regañaban, nos pegaban por no hablar el español, y aun así, no lo hablábamos. Imagínate aún hasta hoy a muchos nos da vergüenza de hablar zapoteco. Ya cuando llegué aquí pues tuve que aprender español. Y el inglés no se cómo, pero lo aprendí.

Yo me acuerdo que mi papá se vino aquí un tiempo antes y nos quedamos con mi mamá. Entonces tengo como claras visiones de uno de los hermanastros de mi papá manoseándome sexualmente, pero no me acuerdo si fue cuando estuve aún con mi mamá o después de que ellos se fueron, pero la imagen está muy clara.

MAYLEI: ¿Cuántos años tenías?

ODILIA: No me acuerdo. Mi papá la primera vez que se vino fue en 1979 o 1978. Estuvo aquí un año… No, no perdón, fue antes, como en 1974. Fue ya cuando iba a nacer mi tercera hermana. Ya estábamos nosotras dos, y a él no le gustó estar aquí solo, entonces se regresó como un año más al pueblo y luego se vinieron otra vez a Estados Unidos en 1979.

MAYLEI: ¿Y la experiencia con el tío fue la única experiencia así de maltrato?

ODILIA: No fue la única experiencia de maltrato sexual. No, ésa era con el tío más grande que fue el que me acuerdo que me manoseó en una de las casas de adobe que teníamos. La otra experiencia fue una violación completa, con penetración y todo, que fue uno de los hermanos más jóvenes de mi papá. Y con el de en medio trato de recordar, pero no recuerdo. Ellos me compraban paletas, dulces, yo sabía que algo andaba mal. Pero a la vez la muestra de cariño por parte de ellos, todo era muy confuso en ese entonces. Pero ahora es un asco horrible que siento. Tendría que haber sido antes de los once porque mi papá, mis papás mandan a traerme cuando se dieron cuenta de lo que estaba pasando.

MAYLEI: Qué doloroso. ¿Y cómo afecta todo esto a tu niñez? ¿Tu forma de pensar, tu forma de ser ahora como mujer?

ODILIA: Pues, al principio era como mucho coraje hacia mis papás por haberme dejado. Porque yo decía, bueno, si pidieron prestado para dos hijas, ¿por qué no para tres? Pero no entendía acerca de las cuestiones económicas que impactan tu vida como inmigrante, o como indígena.

MAYLEI: ¿Te sentías abandonada por tus papás porque tenían que trabajar?

ODILIA: Sí, completamente. Porque se vinieron. Fue en enero de 1979, y mis hermanas tenían un mes y medio y tres años. Toda la familia se vino. Mis dos hermanas y mi papá y mi mamá. A mí, por ser la mayor, me dejaron con mi abuelita y esos tres tíos. Y es cuando recuerdo que pasa la violación del tío más joven. Pero de allí ya no me acuerdo mucho.

MAYLEI: ¿Cómo entiendes esa experiencia, como un resultado de la inmigración? Porque sabemos que el abuso sexual pasa en todas partes, ¿no? Pero tú sientes que también es por estar sola, sin tus papás.

ODILIA: Creo que en parte pasó porque me dejaron sola, por la ignorancia, porque estos cuates eran alcohólicos. Entonces también tenía que ver con el alcohol. Y ya mucho después me entero que el papá era igual —porque ellos son hermanastros, son medios hermanos de mi papá—. Entonces, hace nada más unos años descubrí que el papá de ellos trató de violar a una de mis tías, hijas de mi abuelita. Entonces me doy cuenta que esta acción para ellos es aprendida. Si el papá trató de violar a una de sus hijastras, ellos me violan a mí también. Entonces esto tiene alguna raíz en alguna parte. Pero cuando eres niña no sabes nada de esto, sino hasta cuando uno ya crece. Pero esto pasa mucho cuando los padres migran, dejan a sus hijas o hijos, ellos sufren alguna clase de violación sexual. Pero también sucede cuando estás con los padres. Es una enfermedad social que es fomentada por la migración, el alcohol.

MAYLEI: ¿Cómo has superado esta experiencia tan fuerte, tan fea? ¿Has sanado del dolor de la violación? ¿Todavía es parte de tu vida?

ODILIA: De alguna manera he sanado mucho. Pero creo que sanar completamente es muy difícil porque todavía tiene impacto en mi vida diaria. Yo me casé muy joven porque tenía muchos conflictos con mi mamá por lo mismo, porque me habían dejado. Yo me casé a los quince años y tuve a mi hija a los quince. Y eso no funcionaba tampoco porque tenía todos los traumas de las violaciones y me casé con otro compañero de Zoogocho, que también tomaba mucho. Entonces no había como un momento de sanación de un lado a otro. Entonces creo que completamente sanar no, pero ya estoy más en paz y con mucho ánimo de salir adelante. Ahora estoy con menos coraje hacia mis papás y hacia los abusadores, porque también tuvieron que aprenderlo de algún lado. No creo que la gente nazca mala. Pero esta experiencia me da fuerza para hacer este trabajo, para que estas experiencias ya no se repitan con otras niñas o niños. De hecho, fui a confrontar a uno de los abusadores a su casa y le reclamé el daño que me hizo. Eso fue hace seis años y esto me dio un sentido de paz y perdón hacia conmigo misma, con mis papás y la vida.

MAYLEI: ¿Qué dijo él?

ODILIA: El agachó la cabeza, recordó lo que había hecho, pero no dijo nada. Y fue algo muy, como muy incómodo porque cuando llega, llegamos con Janet, mi hija, y una sobrina. Ella, una de las hijas de las hermanas de mi papá, ella dice: "Oh, pues ellas te vienen a visitar". Ellos no sabían a qué iba. Ellos me llevaron a donde él vivía. Entonces la esposa nos hace de cenar —la esposa no tiene la culpa, ni los niños tampoco, no—. Entonces fue muy, pero muy incómodo. Pero como él habla zapoteco, yo hablo zapoteco, entonces se lo tuve que decir en zapoteco: "Yo vengo a esto. Pero no voy a lastimar a tu familia. Yo vengo a reclamarte lo que me hiciste". Creo que me siento más en paz. Me siento mucho más en paz y otra vez, pues ya conociendo la historia de los pueblos indígenas como que es algo aprendido. Entonces, no sé, ese ciclo se sigue repitiendo. Fue como que me quitaron un peso de encima.

MAYLEI: Pero has encontrado la fuerza al decirlo porque muchas mujeres tienen esa experiencia pero no hablan de eso, y es un dolor muy interno que daña desde adentro.¿Como has llegado a tener voz?

ODILIA: Ha sido un proceso espiritual muy intenso, y conociendo la historia de mi pueblo indígena, creo que la educación tiene que ver mucho. Aprender a leer y leer libros de cómo puedes superar estas violaciones. Creo que una vez me encontré, no sé si es psicóloga, creo que se llama Cecilia Fire Thunder, que fue a una conferencia de indígenas estadounidenses sobre la salud mental2. Entonces ella es la que me dio algunos libros de cómo las mujeres indígenas podemos superar esto. Y eso me ayudó mucho y empecé a leerlo justo antes de ir a México a ver a éstos, a este señor. Pues eso como que me ayudó mucho. Y entender la historia de los pueblos indígenas también me ayudó a entender que es un proceso de aprendizaje. Aprendí que mi mamá no lo hacía intencionalmente, ni mi papá tampoco. Ellos se tuvieron que ir porque no había manera de sobrevivir matando marranos todos los jueves, con tres hijos.

MAYLEI: ¿Hay otra, otras lecciones o pasos en tu camino que quieras compartir sobre cómo has recuperado tu espíritu, tu fuerza, tu cuerpo?

ODILIA: Las experiencias que he tenido han sido buenas y malas. De alguna manera me han hecho fuerte espiritualmente, emocionalmente y políticamente. Pues no puedo decir que hay una recuperación completa pero sí me dio el valor de decir ¡no más violencia! Yo trabajé en un banco [en los Estados Unidos]. Allí experimenté la discriminación en el trabajo. Yo era cajera. La supervisora se metía en mi caja y sacaba el dinero. Entonces una vez se desaparecieron mil dólares, ella había sacado el dinero y se le había olvidado reponerlo. Entonces yo fui y me quejé con Human Resources, Recursos Humanos. Entonces, por primera vez, sintió la presión de alguien que levantaba la voz sobre una injusticia. Al final se encontró el dinero, pero tuve que aguantar varios insultos para sobrevivir allí. Luego me fui a otro banco, pero el supervisor era un mexicano y siempre andaba molestando a las muchachas. De hecho, tenía relaciones con las mujeres allí en el banco y yo tenía una amiga, que le vamos a poner Pinky. Ella no tenía mucho pecho, entonces él siempre la molestaba a ver si eran de verdad sus pechos. Y ya después a mí me los tocaba diciendo: "A ver, por qué están tan grandes". Entonces Pinky y yo decidimos poner una queja con la supervisora y ella no nos creyó.

MAYLEI: De acoso sexual.

ODILIA: Entonces juntamos a las otras mujeres para decir lo que estaban pasando y fuimos a Recursos Humanos. Llegaron abogados, empezó una investigación. Todo se puso muy tenso. Pinky se fue al hospital por hypertension y panic attacks. Ataques de pánico por toda la presión, porque llegaron abogados y les decíamos: "Oh, estamos en un ambiente hostil". Y él nos decía: "¿Y dónde aprendieron la palabra hostil? ¿Quién las está guiando? Porque ustedes no creo que tengan educación para usar esa clase de lenguaje". Y fue algo muy intenso. Creo que duró más de seis meses y por fin lo corrieron. Pero ya no era lo mismo estar allí y estar trabajando en el banco porque entonces ya nadie quería hablar. Y al final las mujeres cambiaron su opinión. Ya no dijeron lo que él les había hecho. Entonces nosotras quedamos como dos chismosas. Así empieza una a hacerse más fuerte y a terminar con los abusos.

MAYLEI: ¿Y cómo salió el caso?

ODILIA: Pues a él lo despidieron. A nosotras nos dejaron allí, pero ya no era lo mismo porque cuando venía un nuevo empleado al banco decían: "No, pues tengan cuidado, no platiquen mucho con ellas, porque ‘son problemáticas'".

MAYLEI: ¿De Zoogocho tus papás fueron a Los Ángeles?

ODILIA: Sí. Mis papás se vinieron directo desde Zoogocho hasta Los Ángeles, en 1979, y yo me vine con mi tía Marta en 1981.

MAYLEI: ¿Cuándo escuchaste la noticia de que iban a venir? ¿Tú ibas a venir con tu tía?

ODILIA: Yo no quería venir, no extrañaba mucho a mis padres. Por ratos me entraba la nostalgia y además mi abuelita era muy buena y sabía que mis papás estaban lejos, pero nada más. Pero Zoogocho me gustaba. Aún hoy me encanta y es un lugar que adoro. Yo adoro mi pueblo. Después de las malas experiencias que tuve en Zoogocho fue muy traumático, pero también me dio identidad como indígena. En Zoogocho aprendí el zapoteco, la vida comunal, la relación con la naturaleza, el respeto a la vida, a la tierra, al ser humano. Por haber nacido en Zoogocho y crecido en Zoogocho soy quien soy. Traerme a Estados Unidos era como cortarme una parte de mi vida. Me partieron en dos. No recordaba a mi papá, no recordaba a mi mamá. ¿Entonces, a qué voy? ¿Ellos quiénes son? Había como ese rencor. Si me dejaron, ¿para qué me quieren ahora? Entonces yo no quería venir, pero mi tía llegó. Yo me vine, creo que en septiembre de 1981.

MAYLEI: ¿Y cómo fue tu vida en Los Ángeles?

ODILIA: Vivíamos en Pico Unión, había oaxaqueños en ese edificio, pero también mucha gente de otras partes de México. Se fue llenando, se fueron incrementando los zoogochenses que venían. Se fue incrementando la población de oaxaqueños, pero había gente de todos lados, de otras partes, que se burlaban de nosotros porque todavía hablábamos zapoteco. Y hacían como murmuraciones de tratar de repetir lo que decíamos. Entonces fue, no fue como muy bueno. Ahí empezó, por primera vez, el inicio de roces de discriminación y racismo.

MAYLEI: ¿Cuáles son los retos de las comunidades indígenas de Oaxaca aquí en Los Ángeles? ¿Es un poco diferente que en Fresno, la realidad del campo, o del trabajo en la agricultura? ¿Puedes hablar un poco sobre Los Ángeles y la experiencia de los oaxaqueños aquí?

ODILIA: Hay muchos retos lingüísticos, laborales, salud, migración. Aquí trabajan en todos los sectores de servicio, restaurantes, limpieza, donde sus derechos laborales son violados a diario por falta de documentos migratorios. Las mujeres son hostigadas sexualmente y amenazadas por su situación migratoria. Aquí somos mayormente zapotecos de la Sierra Norte, de los Valles Centrales. El Frente Indígena de Organizaciones Binacionales trabaja mayormente con la gente de la Sierra Norte. La vida de los zapotecos es diferente a la de los mixtecos y los triquis, que trabajan en la zona de la agricultura, y nosotros, en el sector de servicios, pero prevalece la violación de sus derechos, sólo que en diferente lugar y personas. Allá me inscribieron en la escuela de inmediato, en Union Avenue. Sólo hablaba zapoteco y los maestros asumieron que hablaba español, pero nadie sabía ni qué estaba pasando conmigo porque no les entendía. Una señora de hecho me regañó. Era como la asistente de maestro, porque yo sólo sabía decir "sí" y "tú". Y me decía: "¿Qué no te enseñan en tu casa que no debes hablarle a la gente de tú sino de usted?" Y me decía: "¿Tienes papeles?" Yo le decía: "Sí". Pero no entendía a qué se refería tener papeles. Entonces era como muy chistoso. Ahora que me acuerdo se me hace muy chistoso, porque la señora me decía: "Pero tú me tienes que hablar de usted, ¿qué no tienes educación? ¿Qué no te enseñan en tu casa?" Pero era lo único que sabíamos decir, no había una distinción de usted y tú o qué son los papeles, en ese entonces.

Fue muy difícil porque no podía hacer amigos. No todo era lo mismo, todos los niños hablaban inglés o, por lo menos, español. Entonces al principio era como muy solitaria. Ni mi papá ni mi mamá hablaban español bien. Entonces fuimos aprendiendo un español de la calle y un inglés de la calle.

Después de tener a Janet3, a los quince, dejo la escuela [cuatro años después de llegar]. Terminé el noveno grado y suspendí los estudios para casarme. Antes de casarme como que yo era muy traviesa. Toda la vida he sido muy traviesa. Entonces, yo me metía en tantos líos que mi mamá me pegaba a diario casi. Solamente a mí y a otra hermana, que también era muy traviesa. Entonces era como que, no importa lo que yo hiciera, de todos modos me iban a pegar. Entonces prefería hacer travesuras, pelearme con los niños, agarrarme a golpes con otros niños. Y creo que eso me ha ayudado mucho, ser tan rebelde y no acatarme a las normas de obedecer a mi mamá, a mi papá, y me ayuda en el trabajo de cambio social. [Foto]

MAYLEI: ¿Cómo?

ODILIA: Pues imagínate que si uno acatara las reglas sociales y políticas y económicas, ¿qué pasaría? Cuando ya sabes las raíces de las barreras de tu vida y las de mucha gente, podría uno decir que este mundo no tiene remedio, pero mi rebeldía me ayuda a tener esperanza de que es posible una mejor sociedad, porque me ayudó a tener cómo decir mis opiniones no importa en qué lugar. Creo que eso es, esos conflictos con mi mamá eran como lo que contribuyeron a hacerme una persona un poquito más dura, que mis sentimientos no van a ser lastimados si ahora trato de negociar algo y me dicen que no, pues ni modo, no se hizo. No, no me voy a morir por eso, ¿verdad?

Por mi misma rebeldía me escapé muy joven con un muchacho. Él era de mi pueblo, tenía 19 y yo tenía 15. Al principio fue muy divertido. Pero ya después nosotros chocábamos. Nuestros caracteres. Él es jardinero. Entonces chocaba mucho su carácter con el mío, porque yo, te digo, siempre he sido muy rebelde y él era una persona como más dominante. Quería una persona que se quedara en casa a cuidar sus hijos. Y yo, después de Janet, dije "no más hijos". Creo que lo dejé a los 19 o a los 20. Lo dejé. Viví con él como cinco años.

MAYLEI: Con Janet. Y ser madre a los quince años, ¿cómo fue?

ODILIA: Creo que era una locura. Yo no sé cómo sobrevivió Janet, porque yo tenía mis traumas. Quería hacer lo que hacían los demás jóvenes, pero no podía. Entonces era como muy loco. Las cosas empezaron a cambiar para mí porque después fui a City College y allí tomé una clase con una maestra de ascendencia irlandesa. Ella siempre estaba hablando sobre el derecho de la mujer y me gustaba porque era muy sarcástica acerca de la sociedad de doble estándar. Entonces empezó a hablar mucho sobre la cuestión de balance de género, la cuestión de los problemas con las comunidades afro aquí en el sur–centro de Los Ángeles, y sobre las inequidades sistemáticas a nivel mundial.

MAYLEI: ¿Tu proceso de concientización fue a través del acceso a la universidad?

ODILIA: Sí, fue un proceso de acceso a la educación más que nada el que me permitió darme cuenta de todas las cosas que estaban pasando, acerca de la gente que te miraba feo o se burlaba de ti cuando hablabas zapoteco, o porque no lo hablabas bien el español. En la clase aprendí a ponerle un nombre a las cosas positivas y negativas que estaban pasando, sobre todo cuando vives la discriminación, el racismo y la desigualdad en carne propia. Sabes que no está bien, pero no sabes cómo llamarle. Imagínate todo lo que da una simple clase de literatura. Fue la primera clase la que tomé con ella. Siempre motivaba a los estudiantes a seguir estudiando y a conocer cómo es el sistema de opresión hacia las comunidades afroamericanas, especialmente aquí en el sur–centro.

Cambié la manera de ver la vida. Claro que sí. Empiezo a ir a la escuela y me doy cuenta que hay cosas que no hay que aguantar. Claro, porque ya te das cuenta que eso es abuso y esto no es normal. Entonces fui cambiando hasta llegar al Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB). Pero al principio era mucho miedo dejar un trabajo para irse al otro y dejar el otro para irse al otro. Muchas mujeres pasan por esto y por eso aguantan humillaciones, golpes, hostigamientos sexuales en su vida diaria.

Empecé mi participación en asuntos de la comunidad por mi asociación a la Unión Social Zoogochense (Hometown Association). Me nombraron vocal. Allí había mucha desigualdad en cuanto al rol de la mujer. Porque usualmente servías para hacer comidas para las celebraciones patronales. Había escuchado sobre el Frente en la televisión y alguien más ya me había hablado sobre él. Y después encuentro un artículo de Rufino4 en el internet donde habla sobre la reconstrucción del frente, del FIOB. Y habla de su fundación y cómo despiden a algunos de los líderes por corrupción y por sus acciones negativas hacia la organización y hacia los miembros. Pues me emocionó mucho porque encontré lo que andaba buscando. Una organización que habla de sus triunfos y barreras es digna de admiración. Yo estaba buscando algo donde yo me sintiera cómoda, alguien que me entendiera, algo que fuera como yo, porque podías estar en muchas organizaciones pero no era una organización indígena, y ser activista en mis tiempos libres.

MAYLEI: ¿Cuándo llegaste a ser una militante del FIOB?

ODILIA: Rufino me sonsacó. No te creas. Yo decía: "¿Por qué no entran en algo más político? Porque a cuestión de salud, no estamos dando un remedio, un pequeño remedio a la realidad que la salud no existe por muchas otras cosas. No sólo porque, por ejemplo, si se diagnostica una persona con el VIH y no tiene papeles, y no tiene dinero, ¿cómo se va a tratar? No va a solucionar el problema de la persona". Entonces Rufino me decía: "Pues es que tenemos esta otra organización del Frente". Entonces ya me dice: "Oye, porque no te encargas de crear un comité para el Frente". Y digo: "Sí, puedo empezar con mi pueblo". La gente, hablamos con otros aliados del pueblo, y dijeron: "No, sí, claro, vamos. Ésa es buena idea de trabajar". En ese momento estábamos sometiendo el proyecto con UCLA5 en Los Ángeles para el desarrollo de liderazgo de Oaxacan Hometown Associations. Y fuimos con mi pueblo y ellos dijeron: "No, tú no supiste ni cuidar a tu marido. No puedes ni limpiar. Dejaste a tu marido". Me sacaron todo lo personal y no quisieron. Entonces nos fuimos a otras comunidades que sí aceptaron y que hasta hoy siguen trabajando con el Frente de alguna manera. Contribuyen algunas de las personas, vienen a los talleres.

MAYLEI: Para participar en el apoyo de sus comunidades tienes que ser una mujer diferente, no tradicional, y por la cuestión de ser mujer diferente van a rechazarte.¿Es un poco difícil, no?

ODILIA: Claro, era difícil. Y lo peor de todo era mi familia que estaba diciendo: "Ni cuidaste tu casa, ni fuiste buena mujer para tu marido. ¿Cómo nos vas a querer ayudar? Eso no sirve". Yo pensaba que por qué era mi familia que decía esto, que no podía haber sido una buena esposa, entonces cómo podía yo contribuir al crecimiento de la organización de la asociación de mi pueblo. Y pues sí, me puse como muy triste porque dije: "Bueno, no podré cocinar o no podré ser la mejor esposa, verdad. Pero puedo hacer muchas otras cosas". Pero siempre tiraban en cara lo pasado. Ya había pasado mucho tiempo. Bueno, cuando yo empecé en el Frente fue allí. La oficina de Fresno estaba muy lejos como para tener los talleres que hoy tenemos de cómo llevar una reunión y eso. Entonces, cuando yo empiezo la primera reunión con mi pueblo, pues fue un desastre porque ellos no quisieron trabajar con el Frente.

El Frente era diferente de las Asociaciones de Pueblos, que acá les dicen Hometown Associations, pues las asociaciones son gente del mismo pueblo y el Frente es una organización diversa en algunos lados. Hay pueblos que son miembros del Frente, como es en la Mixteca, pero aquí son miembros de los Hometown Associations. El trabajo de las asociaciones, pues, es juntar dinero, hacer las fiestas patronales, la recaudación de fondos para la infraestructura de sus pueblos de origen. El Frente es una organización política que crea conciencia, que da como herramientas de pensamiento y no hacemos ningún trabajo de construcción de cosas, como los Hometown Associations. Pues creo que el Frente sirve para que tú tengas una conciencia. Una conciencia crítica y tal vez no veas inmediatamente los resultados que hoy piensas y mañana se resuelve. Pero aprendes a hablar por ti mismo. Aprendes a que hay muchas opciones allí como pueblos indígenas. A valorar tu idioma y a no avergonzarte. En las organizaciones sí crean una carretera, crean las bandas de música, pero aun así no previenen las pandillas, no previenen el uso de drogas y tampoco previenen el embarazo a temprana edad. Entonces, es como si tienes un resultado inmediato pero no hay cómo. ¿Qué va a pasar con las asociaciones cuando, en el caso mío, cuando mi hija ya no quiera ser parte? Entonces eso se acaba. En cambio, el Frente puede seguir de aquí a veinte años creando conciencia, creando una identidad para los jóvenes y para las personas indígenas. Se ven mujeres que han salido del campo que ahora están dirigiendo oficinas, están teniendo cambio de trabajo. Algunas han dejado al marido que les pegaba. Se dieron cuenta que eso no es normal. Entonces los impactos del Frente varían según la persona. Pues hacer cabildeo aquí en Estados Unidos contra los recortes presupuestales, para una reforma migratoria. En México, pues para que se respeten y se reconozcan los derechos de los pueblos indígenas. Entonces, dependiendo de qué parte del Frente preguntas va a ser el impacto porque somos una organización muy diversa. Somos muchos grupos indígenas dentro del Frente y geográficamente diferentes también.

MAYLEI: Platícame un poco sobre el trabajo del FIOB en California.

ODILIA: Pues el Frente aquí en California: tenemos talleres, junto con nuestra organización hermana, el Centro Binacional, talleres de prevención —por ejemplo, con los agricultores: cuidarse de los pesticidas; hablamos de los embarazos, todo en idiomas indígenas—. Tenemos un programa de intérpretes donde proveemos intérpretes a nivel nacional en idiomas indígenas para las cortes, los hospitales. Tenemos nuestra revista que es El Tequio, que es la voz binacional del FIOB. Tenemos programas junto con la organización hermana porque —y hay que hacer como una distinción— es una organización hermana que provee servicios a los miembros del Frente que están al nivel estatal.

De FIOB en total, tal vez mas de cinco mil miembros es lo que estamos manejando. No tenemos una cantidad exacta porque es según la migración. Si ellos son del Frente y salen de Oaxaca y se van a Oregón, pues ya perdimos membresía. Si regresan, entonces se recupera la membresía. Tenemos oficinas del Frente en Los Ángeles y en Fresno. Hay un comité en San Diego, otro en Los Ángeles, Santa María, Fresno, Santa Rosa y en Madera. En Greenfield no tenemos membresía. Tenemos una oficina del Centro que sirve a las comunidades triquis, y en Hollister el Centro tiene una oficina, pero no es una oficina del Frente. En Tijuana hay un comité y tenemos miembros en El Maniadero. En el istmo de Oaxaca hay una oficina, en los valles centrales de Oaxaca, en Huajuapan de León y Juxtlajuaca y la Mixteca. Y tenemos un comité en el valle de Chalco en la ciudad de México. En México, pues tenemos la producción de artesanías, de chocolates, de chile, la caja de ahorros, los hongos zetas. Hay la producción de los totopos, la artesanía de las palmas. Ah, y tenemos nuestro sindicato de taxis.

MAYLEI: ¿Cuáles han sido tus cargos dentro del FIOB?

ODILIA: Yo empecé con un trabajo con la organización hermana del Centro Binacional del Frente. De allí me integro al Frente y coordino el comité local. Empiezo a viajar a México, que son de las primeras veces que yo regreso a México en un ambiente político. Siempre había ido como para vagar. Y empiezo a ir a las reuniones del Frente. Y te digo, siempre he sido como muy traviesa y muy metiche y andaba en todo. Conocía ya a Rufino, entonces me colé en muchas reuniones de dirigencia sin ser dirigente. Y mira lo que me costó, porque ya tengo muchas canas por eso. Entonces me cuelo a las reuniones de dirigencia donde nominan a Centolia Maldonado por primera vez. Bueno, no sé si era la primera vez, pero esta vez nominaron a Centolia para ser la coordinadora binacional del Frente en 2005 y hubo un rechazo muy grande de los compañeros. Y de alguna manera decían: "Bueno, tiene que quedar una mujer al frente de la organización". Y así fue como quedé yo. Cuando me doy cuenta me dicen: "Te vamos a nominar para este puesto". Entonces yo decía: "Bueno, si me van a dar un puesto, dénmelo y me van a dejar hacer cosas, no nada más me van a poner y no dejar hacer cosas". Entonces un compañero me dijo: "A ver, compañerita, a ver si como hablas actúas. Vamos a ver". Pues yo pienso que sí, por eso me eligieron. Y los compañeros nunca me dijeron nada, pero me imagino que sí se han de haber ofendido mucho, de que yo los retara a uno de ellos en la mesa. Y así fue que yo dije: "No nos van a tener aquí puestos de Barbie, porque si me van a dar el puesto entonces vamos a actuar y va a haber cambios". Y así es como estoy.

Pues las cosas nunca me han dado miedo. No me dio miedo dejar a mi esposo, volver a la escuela tarde. Entonces, el Frente tampoco me daba miedo. Pero sí estaba como perdida por momentos. ¿Por dónde voy a arrancar? Te busco a ti, busco al Saúl, asesores, ayuda. Y digo yo: "¿Qué vamos a hacer?" Talleres de Hometown–liderazgo con asociaciones de pueblo. Y así empezamos los talleres de descolonización.

MAYLEI: ¿Y has seguido adelante con el trabajo binacional de las mujeres o cómo es la situación para las mujeres adentro del FIOB?

ODILIA: El Frente es de las pocas organizaciones que de veras da ese espacio. Para hablar sobre la cuestión de género, hay como la buena intención de pasar del discurso a la acción, de hablar sobre la cuestión de género y que las mujeres tengan un rol. Hemos tenido que responder a marchas, a cuestiones en las cortes, en los hospitales, que nunca nos habíamos dado el tiempo de pensar esto: la raíz. Y hay veces que repetíamos la misma opresión hacia la mujer como otras organizaciones, pero el darnos tiempo de hacer un estudio, de tener estos talleres binacionales creo que ya es un paso que yo no he visto que otras organizaciones lo den localmente. Y que se toque el tema. Creo que tal vez no en estos tres años se nombre a una mujer como coordinadora, pero creo que no pasa de los próximos dos o tres que el Frente tenga a una mujer coordinando la organización.

MAYLEI: Es importante tener una líder visible que sea mujer, pero también es importante que las experiencias de las integrantes sean realmente diferentes, ¿no? Porque no pueden tener solamente un símbolo. ¿Crees que están cambiando las cosas dentro de todos los comités para la participación de la mujer desde la base?

ODILIA: Creo que estamos en ese proceso. Creo que ya dimos un gran paso de hablar sobre el tema que no se habla. De tener un taller sobre el tema que nunca se da en muchas organizaciones6. Y ahora nuestro paso es entrenar completamente y descolonizar nuestras mentes sobre los derechos de las mujeres. Y tener cuidado si una mujer llega al frente del FIOB, que no tenga la misma actitud que el hombre. Porque muchas veces eso pasa. Tenemos que andar con mucho cuidado y hacerlo de una buena manera para que en las bases se refleje ese cambio. Creo que mucha de esta violencia de género es producto de las relaciones coloniales. Yo no digo que las sociedades prehispánicas hayan sido perfectas, porque uno no sabe y uno sólo puede leer lo que escribieron los europeos cuando llegaron. Pero tampoco les vamos a creer todo lo que escribieron, sabemos que había una sociedad más respetuosa hacia la mujer. Y todo eso viene a cambiar. La mujer pierde su poder político y económico. Nosotros tenemos que retomar algunas de las cosas buenas de los pueblos indígenas, de una sociedad igualitaria, e implementarla como una organización indígena, pero también hablar sobre las cosas que no nos gustan. Una de las cosas que no nos gusta es que se excluya a las mujeres. Que continúen ciertos roles de no participar en las asambleas comunitarias. Y todo eso se cambia con el Frente. Tenemos derechos. Tenemos voz y el Frente tiene que proveer esas posibilidades para las mujeres. Si tenemos niños, pues que haya cuidado de niños. Entendamos que nosotros como indígenas no debemos repetir algunas estructuras y algunas reglas y decir: "las mujeres pueden llevar una organización adelante". Las mujeres pueden hacer muchas cosas con el apoyo de los compañeros. Porque tampoco se trata de separarnos y tener un movimiento sólo de mujeres, pero siempre tiene que haber un respeto para ambas personas.

Ha sido difícil. Pues también chocan las ideas, ¿verdad? Cuando tú creces aquí de joven, tienes diferentes ideas a personas que ya llegan aquí con más edad. Entonces ha habido algunos conflictos, que algunos compañeros digan que las mujeres no le ponen ganas al FIOB, que no quieren al FIOB, sin entender que hay muchas cosas que a veces no podemos manejar. Tal vez tenemos hijos. Tal vez no sabemos leer o escribir. Entonces ha habido choques, sí.

MAYLEI: ¿Te gustaría concluir con alguna reflexión?

ODILIA: Para mí el Frente es como mi zapato perfecto. Me siento cómoda. Sé que hay mucho más trabajo que hacer. Pero me siento muy contenta, muy feliz de ser parte de una historia porque es la única organización indígena de inmigrantes. Creada por indígenas, donde los líderes son indígenas, donde el proceso de elección es por tradiciones indígenas. Es un espacio muy abierto. Y que se esté hablando sobre el tema de género, del tema de la inmigración, que es algo que muchas organizaciones en México no tocan. Con el Frente he aprendido a valorarme más como indígena. No molestarme ya tanto por los comentarios de la gente. Con el FIOB soy como quiero ser, una mujer indígena zapoteca… libre. Definitivamente es un tiempo de cambio. Creo que el rol de las mujeres activistas indígenas es invitar a más mujeres a organizarse para que seamos muchas más. Y crear este cambio que queremos, que se pare la violencia en contra de la mujer. La violencia sexual, mental, emocional. Y también la violencia política, porque hay mucha violencia política hacia las mujeres. Que germine el trabajo de muchas más mujeres para que se logre un cambio social, un cambio político en la humanidad.

 

Notas

*Agradecemos a Luz María de la Torre y a las coordinadoras de este número de Desacatos por su asistencia con la edición de esta entrevista.

1 La misión del FIOB es contribuir al desarrollo y la autodeterminación de los pueblos indígenas migrantes y no migrantes, así como luchar por la defensa de los derechos humanos con justicia y equidad de género a nivel binacional. El FIOB es una organización de base y una coalición de organizaciones, comunidades e individuos indígenas asentados en Oaxaca y en Baja California, México, así como en California, Estados Unidos. Fue fundado el 5 de octubre de 1991 en Los Ángeles, California.

2 Cecilia Fire Thunder fue la primera mujer en ser la presidenta de la nación indígena oglala sioux. Luchó en contra de la violencia cometida contra las mujeres indígenas en su reserva y para cambiar la situación de las mujeres nativo–americanas, pues las estadísticas muestran que una de cada seis mujeres indígenas en Estados Unidos es víctima de abuso sexual, según el National Crime Victimization Survey.

3 Janet, la hija de Odilia, es actualmente estudiante en la Universidad de California, Berkeley.

4 Rufino Domínguez Santos es un dirigente indígena de San Miguel Cuevas, Oaxaca, miembro fundador del FIOB. Fue coordinador general provisional de mayo a diciembre de 2001 y coordinador general de diciembre de 2001 a marzo de 2005, cargo al que fue reelegido en 2005 hasta junio de 2008.

5 Universidad de California, Los Ángeles.

6 El liderazgo binacional de FIOB tuvo un taller de capacitación sobre temas de género en diciembre de 2008. La organización también terminó un estudio sobre las relaciones de género en su interior como parte del proyecto de "Otros saberes" de la Asociación de Estudios Latinoamericanos. Véase "Género, generación y equidad: los retos del liderazgo indígena binacional entre México y Estados Unidos en la experiencia del FIOB," por Odilia Romero–Hernández, Centolia Maldonado Vásquez, Rufino Domínguez–Santos (FIOB), Maylei Blackwell (UCLA) y Laura Velasco (El Colegio de la Frontera Norte), en Charles Hale y Lynn Stephen (eds.), Otros saberes: Investigaciones colaborativas de los pueblos afrodescendientes e indígenas en América Latina, School of American Research, CIESAS, en prensa.