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Desacatos

versión On-line ISSN 1405-9274

Desacatos  n.29 México ene./abr. 2009

 

Saberes y razones

 

Lo innato y lo adquirido. Doctrinas y valores en dos grupos de ayuda mutua frente al alcoholismo

 

The Innate and the Acquired. Doctrines and Values in Two Mutual Support Groups against Alcoholism

 

Sylvie Fainzang

 

Centre de Recherche Médecine, Science, Santé et Société (CERMES)–Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale (INSERM), Francia. sylvie.fainzang@orange.fr

 

Recepción: 11 de febrero de 2008
Aceptación: 25 de marzo de 2008.

 

Resumen

Las asociaciones de ayuda mutua dedicadas a los alcohólicos tienen cada una su relación específica con el alcoholismo. Para ilustrar la gran diferencia entre estos grupos, tanto en lo que atañe a su funcionamiento cuanto respecto a las filosofías sobre las cuales apoyan su acción, se presentará el ejemplo de dos asociaciones activas en Francia, los Alcohólicos Anónimos y Vie Libre (Vida Libre), para mostrar cómo, más allá de su voluntad común de ayudar a los alcohólicos, difieren respecto tanto a la teoría de la enfermedad que elaboraron como a su respectiva teoría de la curación y a las modalidades de atención.

Palabras clave: Alcohólicos Anónimos, Vie Libre, teoría del alcoholismo, curación, identidad/anonimato, dependencia, abstinencia, atención.

 

Abstract

Mutual support groups that deal with alcoholics have their own specific relationship with alcoholism. To illustrate the big differences amongst these groups, their procedures and the philosophies upon which they base their actions, this paper studies two French groups, Alcoholics Anonymous and Vie Libre (Free Life). It shows how, beyond their common goals, they have distinct conceptions about illness and healing, and use different treatment practices.

Key words: Alcoholics Anonymous, Vie Libre, theory of alcoholism, healing, identity/anonymity, dependency, sobriety, treatment.

 

Existen, en el mundo, numerosas asociaciones de ayuda mutua cuyo objetivo es dar apoyo a los alcohólicos y un país como Francia, por sí sólo, cuenta con varias asociaciones dedicadas a esta causa. Sea que provengan de países extranjeros o hayan nacido en el hexágono, esas asociaciones ofrecen su apoyo frente a lo que hoy se considera, unánimemente, una enfermedad. Sin embargo, esas asociaciones tienen diferencias, a veces muy marcadas, y las filosofías sobre las cuales descansa su acción respectiva conllevan una relación específica con la enfermedad alcohólica.

Presentaremos aquí el ejemplo de dos asociaciones presentes en Francia: una, Alcooliques Anonymes, Alcohólicos Anónimos (AA), conocida internacionalmente, nacida en Estados Unidos y activa en muchos países, y la otra, Vie Libre (Vida Libre), específicamente francesa, aunque tiende a desarrollar su presencia en otros países francófonos. Trataremos de comparar esas dos asociaciones para mostrar que, más allá de su voluntad común de ayudar a los alcohólicos, se distinguen en muchos aspectos, tanto respecto a la teoría de la enfermedad que cada una desarrolla como a su teoría de la curación y a las modalidades de la atención al enfermo.

Las informaciones sobre AA que nos entrega la amplia literatura dedicada a esta asociación1 se pondrán en perspectiva a partir de los datos reunidos durante un estudio de campo sobre Vie Libre. El material etnográfico relativo a Vie Libre fue recopilado durante una investigación de largo alcance (cuatro años), que consistió principalmente en la observación de los encuentros y reuniones organizadas por esta asociación y en un trato asiduo con las familias que participan en ella. Lo que aquí se propone no es, entonces, en sentido estricto, un enfoque comparativo sino que, a partir de este material, se tratará de destacar las convergencias y especificidades de los dos grupos referidos (AA y Vie Libre), incluso sus oposiciones, para así contribuir a una reflexión sobre los mecanismos de su eficacia.

 

GÉNESIS Y FUNCIONAMIENTO

AA es una asociación que se distingue de Vie Libre, en primer lugar, por su carácter espiritualista, mientras esta última inscribe su acción en una perspectiva política. El episodio fundador de AA está marcado de raíz por una experiencia espiritual, nutrida por el encuentro de su fundador principal, Bill W., con el grupo de Oxford (Blumberg, 1977). El grupo de Oxford es un grupo cristiano que no pertenece a ninguna iglesia establecida y acoge personas de cualquier confesión —hasta gente sin religión— siempre y cuando compartan su doctrina espiritual, que consiste en relatar confidencialmente los defectos propios a otra persona, reparar los agravios infligidos y hacer entrega de uno mismo al prójimo. La confesión y el perdón ocupan un lugar central en su práctica. Después de este encuentro con el grupo de Oxford, Bill W. tuvo una experiencia espiritual, una iluminación mística, que es contada por diversos autores. Se sintió entonces investido para una tarea de misionero y en 1935 fundó el grupo de los AA, con una doctrina basada en los principios algo depurados del grupo de Oxford y según la cual el alcohólico tiene que admitir su absoluta derrota, su impotencia frente al alcohol, confesar a otro su debilidad, reparar los daños que causó, tratar de hacer entrega de sí mismo sin deseo de recompensa y rezar a Dios "cualquiera sea su concepción de él o incluso a título de mera experiencia".

La tesis de la impotencia del individuo frente al alcohol y de la necesidad para él de someterse a una potencia que lo rebase está claramente expresada en el credo de los AA:

Solo, tú no tienes el poder de conseguir de ti mismo este cambio, este vuelco interior. Reconoce entonces la necesidad inmanente de un Poder Superior, cualquiera que éste sea, siempre y cuando puedas dirigirte, confiarte a él. Y si, aun en estas condiciones, tu espíritu se niega al sentimiento de lo divino, toma entonces por Poder Superior nuestra libre cofradía, la cual, por su experiencia, el número de sus miembros, la suma de sus sufrimientos, es sin duda más sabia que tú, humanamente. Y cuando la debilidad, la indecisión, el cansancio o la duda te invaden, invoca el espíritu del grupo, la fuerza colectiva, para sostener y dirigir tu valor desfalleciente (Alcooliques Anonymes, 1963).

Si bien este poder puede ser imaginado bajo los rasgos del grupo mismo (volveremos sobre eso más adelante), los principios que gobiernan la vida de AA se articulan en torno a las nociones de sujeción a una potencia externa, de confesión y de despertar espiritual, como resulta claramente de la doctrina de las Doce Tradiciones, que son los doce escalones o doce etapas espirituales que el alcohólico tiene que franquear para alcanzar su resurrección física y moral. Los AA elaboraron, en efecto, una serie de doce grados (llamada "Las Doce Tradiciones") por los cuales el alcohólico tiene que pasar antes de volverse apto para ser un alcohólico anónimo, es decir, para reconocer su impotencia frente al alcohol y la necesidad para él de entregarse a un Poder Superior. [Foto]

El carácter espiritualista de AA impregna la totalidad de su práctica y de su filosofía. Los testimonios de alcohólicos que dan cuenta de su "resurrección" revelan, por otra parte, que se sienten objeto de un milagro y las juntas terminan siempre con una breve oración, llamada "oración de la serenidad", pronunciada por los presentes a coro y de pie2. La filosofía de AA se nutre de los valores cristianos, como la dedicación al prójimo3, y la ética inculcada por la comunidad de AA descansa por completo en las nociones de humildad, de perdón y de servicio, además de proponer prácticas como las confesiones, las oraciones, el testimonio y las misiones proselitistas4.

A diferencia de los AA, el movimiento Vie Libre fue creado en 1953 por un sacerdote sensibilizado con el problema del alcoholismo y una ex alcohólica hacia quien él había desarrollado un sentimiento de compasión y con la que había contraído un firme vínculo de amistad. Preocupado por no ahuyentar a esta mujer que rechazaba toda religiosidad, decidió hacer de este movimiento una asociación completamente ajena a toda confesión.

Vie Libre se define como "un movimiento de bebedores curados, abstemios voluntarios y simpatizantes que obran contra el alcoholismo, contra sus causas y por la promoción de los ex bebedores". Aunque el movimiento también se defina como apolítico, su ideología incluye un discurso político abierto, ya que expresa una clara condena a los poderes públicos y a las ganancias que la sociedad realiza o permite por medio del alcohol, y estigmatiza las causas económicas, sociales y profesionales del alcoholismo, como se puede observar en la declaración de principios del movimiento y en la revista bimensual que edita, Libres. Para Vie Libre, la lucha antialcohólica es, muy explícitamente, un "combate social".

La actividad del movimiento Vie Libre descansa en varios principios, entre los cuales figuran: a) la necesidad de adherirse de manera permanente a una asociación de ex bebedores, con base en el reconocimiento de que es necesario querer curarse para poder lograrlo pero que, como el alcohol mata la voluntad, es imposible lograrlo solo (la ideología política se combina con una ideología de tipo sindicalista basada en la idea de la unión que hace la fuerza); b) la militancia, articulada con una teoría de la enfermedad y de sus causas; c) la colaboración con los médicos y los servicios médicosociales de los hospitales, y d) la creencia en la noción de curación.

La entrada al movimiento de un nuevo miembro está marcada por la obtención de una tarjeta. Esta tarjeta puede ser verde o rosa. La tarjeta verde implica la adhesión a los objetivos del movimiento y confiere el estatuto de simpatizante. La rosa da el estatuto de miembro activo que, a su vez, abarca dos categorías, según la vivencia de la persona: "bebedor curado" o "abstemio voluntario". Los "bebedores curados" son ex alcohólicos que han sido "sacados de la enfermedad" por militantes de Vie Libre y que, a su vez, militan para ayudar a otros enfermos a "salir adelante". Están obligados a respetar una abstinencia absoluta, único garante de la eficacia de la cura de desintoxicación y de la curación. Los "abstemios voluntarios" son, en general, las parejas de los bebedores, pero también pueden ser otras personas del entorno (padres, hijos) y, algunas veces, personas ajenas que eligen la abstinencia por solidaridad con los enfermos. Al cabo de un periodo probatorio de seis meses, ex bebedores y parejas que no hayan tomado una gota de alcohol reciben la "tarjeta rosa", que marca el acceso al estatuto de "bebedor curado" para el ex bebedor y de "abstemio voluntario" para su pareja. Los cónyuges que no hayan elegido la abstinencia se consideran "simpatizantes" y reciben una tarjeta verde. La recaída de un miembro "bebedor curado" se traduce en la imposibilidad de obtener la reposición de su tarjeta (las tarjetas se reponen cada año) hasta que cumpla con un nuevo periodo de seis meses de abstinencia.

Vie Libre cuenta con un comité nacional y secciones locales reunidas en secciones departamentales y regionales. Siguiendo el modelo de las organizaciones sindicales, cada sección organiza elecciones para conformar su directiva, que incluye un responsable, un responsable adjunto, un secretario, un secretario adjunto, un tesorero, un tesorero adjunto y un encargado de difusión. Lo mismo que AA, Vie libre organiza reuniones periódicas (bimensuales o plurimensuales, según las secciones) en las cuales se debaten diversos asuntos. En Vie Libre puede ser una discusión para resolver un "caso" difícil, como el de un miembro en recaída o de un "enfermo" externo al movimiento, o un miembro que informa a los demás de las dificultades que encuentra (sea en su medio familiar o en su práctica de militante), o la incorporación de nuevos enfermos, etc. Estas reuniones son el escenario de una serie de testimonios que los ex bebedores presentan sobre su itinerario y su pasada decadencia. La exhibición de esta decadencia sirve para tomar la medida del camino recorrido. Estas reuniones también permiten el intercambio o el reparto de artículos relativos a los estragos del alcohol, encontrados en tal o cual revista y fotocopiados, tarea que es la responsabilidad primordial del "encargado de difusión".

Las actividades militantes consisten principalmente en la organización de visitas (a los hospitales, las empresas, las cárceles) con el objetivo de apoyar e informar, y de hacerse cargo de nuevos miembros. El movimiento Vie Libre organiza cursos de capacitación y "jornadas de estudio" para formar a los nuevos militantes en el "espíritu Vie Libre". Su militancia, articulada a su doctrina sobre las causas de la enfermedad alcohólica, abarca en realidad dos dimensiones: 1) encargarse de los demás enfermos, y 2) la lucha contra el alcoholismo en general: se trata de realizar actividades de prevención, para que los hombres no caigan en la esclavitud del alcohol y sigan siendo "hombres libres".

Finalmente, en Vie Libre cada sección organiza también varias actividades paralelas, como fiestas, comidas, salidas, que vinculan a las familias respectivas de los ex bebedores, aspecto que confirma el importante papel otorgado a la familia (volveremos sobre este punto).

 

EL PAPEL DE LA EXPERIENCIA

Uno de los principios fundamentales que subyacen a la doctrina de las dos asociaciones estudiadas es que la curación de un enfermo de alcoholismo sólo es alcanzable entre ex bebedores: es preciso haber sido alcohólico para "entender lo que es eso". Esos grupos, entonces, están basados en el hecho de compartir una experiencia, la de la enfermedad alcohólica, y el sentido de la ayuda que ofrecen está anclado en la idea de que sólo aquellos que han vivido esta experiencia ("que han pasado por eso") pueden entender el sufrimiento que genera y pueden ayudar a otros a salir adelante. Los alcohólicos se encuentran entre sus pares y las juntas reúnen seres que se sienten hermanos en el sufrimiento. En estas juntas se puede dar la presentación de un relato testimonial o la discusión de un caso particular, por ejemplo, cuando una persona se propone explicar en qué condiciones recayó. Sin embargo, a diferencia de los otros grupos de enfermos cuya vocación es siempre hacerse cargo colectivamente del mal, una asociación de ex bebedores como Vie Libre no se propone simplemente asumir un apoyo psicológico al enfermo o siquiera ofrecer una "ayuda" a la terapia. También se trata de proporcionarle al enfermo un recurso terapéutico. Y si bien Vie Libre defiende la colaboración con la institución médica, la adhesión al movimiento se concibe como condición necesaria para la terapia. Así que no sólo hay, por parte de Vie Libre, una intervención en el intento de curación, como en el caso de los denominados selfhelp groups, sino una conducción del proceso de curación. Dentro del grupo, el sujeto recibe consejos —a veces incluso prescripciones— por parte de los otros miembros, incluso prescripciones opuestas a las del médico, pese a las advertencias de Vie Libre de no sustituirse al cuerpo médico.

 

TEORÍA DE LA ENFERMEDAD Y SIGNIFICADO DEL GRUPO

La doctrina del movimiento Vie Libre consiste en la elaboración de una teoría del alcoholismo y en la definición de las metas que se da el movimiento: curarlo y luchar contra sus causas. Para Vie Libre, el alcohólico es esclavo del alcohol, de la misma manera como un esclavo lo es de su amo. El movimiento debe ayudar al bebedor a liberarse del peso de sus cadenas y a emanciparse de esa dependencia. Todo el vocabulario usado para describir la situación del alcohólico en los textos fundadores del movimiento presenta al bebedor como víctima de la sociedad. Esos textos están inspirados en gran medida por las opciones del fundador, ex capellán de la joc (Juventud Obrera Cristiana), una organización católica francesa que contribuyó a formar numerosos militantes obreros, sindicalistas o políticos, y que lleva la marca del contexto histórico de lucha social de la década de 1950. Asimismo, muchos de los textos de la revista Libres son una invitación a la lucha de los bebedores para poner fin a su esclavitud, y la iconografía que los acompaña presenta al bebedor encadenado a su botella. Esta metáfora no es pura retórica. Radica en una concepción del alcoholismo que atribuye una amplia responsabilidad a "la sociedad" en la sujeción y en la enfermedad de los bebedores, pues la doctrina del movimiento considera el alcoholismo como una enfermedad "dada" por la sociedad. No es un mal moral sino un mal social, ya que "es la sociedad la que hace beber". No es casual, entonces, que el movimiento, aunque rechaza cualquier tipo de exclusiva, se dirija principalmente a las clases populares, las más vulnerables y las primeras víctimas de esa esclavitud. En estas condiciones, la curación se equipara con una liberación y la meta que se da el movimiento es ayudar al bebedor a liberarse. El léxico de la esclavitud y del encadenamiento, en parte heredado de los motivos desarrollados por las culturas de abstinencia sindical del movimiento obrero europeo, también recaba buena parte de sus conceptos y de sus imágenes en el discurso médico. La peculiaridad de Vie Libre es que reformuló y reconceptualizó la noción de abstinencia con referencia a los desarrollos de la alcohología. Por un lado, el alcoholismo ya no es un "vicio" sino una enfermedad, por el otro, a diferencia de los movimientos obreros abstemios y de los movimientos de temperancia (fines del siglo XIX y principios del XX), el valor otorgado a la abstinencia por Vie Libre no cobra el mismo significado que el ideal de sobriedad desarrollado por aquéllos. No se trata de una disciplina ni de un ascetismo, sino de una terapia. La filosofía Vie Libre incluye, para que se realicen las condiciones de la posibilidad de "felicidad", la reivindicación del dominio de sí mismo y el rechazo al sufrimiento. En esta perspectiva, la abstinencia es vista como el remedio indispensable al sufrimiento que el alcoholismo implica.

Una de las características principales del movimiento es la importancia atribuida a la libertad del individuo. El acento puesto en esta noción de libertad deriva del trabajo del doctor Fouquet, una de las grandes figuras de la alcohología y presidente fundador de la sfa (Sociedad Francesa de Alcohología) y de su definición misma del alcoholismo: "hay alcoholismo cuando un individuo ha perdido, en los hechos, la libertad de abstenerse del alcohol" (1951). Apoyada en la reivindicación del derecho a abstenerse de beber, es decir, a no alcoholizarse (el bebedor curado es el defensor de la libertad de beber otras cosas que el alcohol), la libertad en Vie Libre también se entiende como la de rechazar la enajenación o la esclavitud. El logo del movimiento, por cierto, se enfoca en el aspecto de liberación, de escape de un lugar de encierro representado por una copa de alcohol.

 

LA ENFERMEDAD Y SUS CAUSAS

Entre los autores que se ocuparon de la cuestión de la causalidad en AA, muchos son los que consideran que para ellos el asunto de las causas del alcoholismo es muy secundario. Chalif Saliba señala, por ejemplo, que en los grupos de ex bebedores "la cuestión patológica ocupa un lugar reducido, por lo menos en su aspecto etiológico […] El asunto del porqué les interesa poco, en realidad el problema del cómo es el que atrae toda su atención: cómo se encamina uno a este tipo de "destino" que es, para ellos, el alcoholismo y, sobre todo, cómo es posible superarlo" (1982: 81). Agrega:

Considerar el alcoholismo como una enfermedad comparable con la diabetes remite a un razonamiento de tipo religioso fundado en la noción de predestinación. Se trata de un determinismo pluridimensional en el cual la parte atribuida al factor espiritual es central. Pero quien dice espiritual dice creencia, así que cualquier razonamiento etiológico se vuelve inútil. Entre los AA, la solución del problema no depende del descubrimiento de las causas. Es lícito ver en su enfoque una especie de anti–modelo psiquiátrico (idem: 83).

A la inversa, el movimiento Vie Libre asume la tarea explícita de buscar las causas del alcoholismo, como lo demuestran tanto el subtítulo de su revista Libres ("Curación, reinserción y promoción de los enfermos alcohólicos. Prevención y lucha contra las causas") como los estatutos de la asociación, al plantear que los ex bebedores se comprometen a emprender la lucha contra el alcoholismo y sus causas económicas y sociales. El discurso doctrinal desarrollado por Vie Libre sobre las causas de la enfermedad alcohólica, y que es uno de los fundamentos de su filosofía de la atención, presenta el alcoholismo, antes que nada, como una enfermedad social alentada por las condiciones de vida de una gran cantidad de personas y por los intereses económicos que rigen la producción y el consumo de alcohol, y contra la cual se puede luchar cambiando la sociedad. Al opuesto de los AA, Vie Libre considera que el alcoholismo es una enfermedad ligada a un contexto económico y social y no dada desde el nacimiento. Entre estos dos movimientos volvemos a encontrar el conflicto entre las teorías de lo innato y lo adquirido. Entre los AA hay aceptación de una realidad vivida como fatalidad, testimonio de ello es la oración de la serenidad, mientras que en Vie Libre hay un rechazo a un fenómeno considerado como producto de la sociedad y contra el cual se puede luchar. Para los AA es posible ser alcohólico sin haber bebido nunca (el alcoholismo se considera una enfermedad genética); para Vie Libre, el alcoholismo es una enfermedad ligada a un contexto social.

Es notable la conformidad de las teorías del alcoholismo desarrolladas, respectivamente, por AA y Vie Libre: las primeras con una tradición de interpretación biologizante muy anclada en Estados Unidos, las segundas con una tradición francesa más sociopolítica vinculada con un discurso de clase. Si bien las asociaciones coinciden totalmente en afirmar que el alcoholismo es una enfermedad, difieren, sin embargo, en cuanto al tipo de enfermedad del que se trata. Así, la prensa de Vie Libre escribe: "Se puede comparar el alcoholismo con la bulimia, la anorexia, el tabaquismo, pero no con el cáncer, la diabetes o la tuberculosis. Las primeras son enfermedades que tienen una evidente relación con la voluntad, las otras no son elegidas sino padecidas". Este punto de vista es radicalmente opuesto al de los AA, que comparan el alcoholismo precisamente con la diabetes, con base en una teoría del alcoholismo como "alergia al alcohol". La diferencia entre estas dos teorías del alcoholismo no es menor y explica la propensión de Vie Libre a entender las causas y luchar contra el alcoholismo y la de los AA a ignorar, por el contrario, su etiología social. Es, por cierto, la razón que explica, según los ex bebedores de Vie Libre, la mayor popularidad de los AA y el gran desconocimiento que rodea a Vie Libre a pesar de que cuenta con más miembros: "A los AA siempre los invitan a todas partes, a los foros sobre toxicomanía, a los medios, la prensa, la tele, pero nunca toman posición, los cochinos ésos", declara un miembro del Comité Nacional de Vie Libre. "Los dejan hablar puesto que no tienen nada que decir. Nosotros atacamos las causas, entonces, ¡estorbamos!"

La teoría del alcoholismo desarrollada por los AA es, pues, radicalmente distinta de la de Vie Libre, ya que esas dos asociaciones no sólo desarrollan dos teorías diferentes de la enfermedad (para los primeros, el alcoholismo es una alergia al alcohol, una disposición biológica a la intolerancia al alcohol, mientras que los segundos lo relacionan con un tipo de sociedad y un contexto socioeconómico), sino también dos teorías diferentes de la curación: en efecto, la teoría de la enfermedad elaborada por Vie Libre incluye la idea de curación, en torno a la cual el movimiento se enfrentó por largo tiempo con AA. Mientras que para estos últimos el alcoholismo es una enfermedad genética incurable, para Vie Libre, "el alcoholismo es una enfermedad de la que uno se puede curar", aunque hay unanimidad de los ex bebedores y de la mayor parte de los alcohólogos franceses para afirmar que el consumo de un solo vaso de alcohol hace "recaer" al enfermo en el alcoholismo.

 

EL SENTIDO DE LA ABSTINENCIA

Si bien las dos asociaciones difieren en cuanto a la acción que emprenden y a su teoría de la enfermedad, un punto que reúne a Vie Libre y a AA, así como, por cierto, a todas las asociaciones de ex bebedores en Francia, es la afirmación de la necesidad de la abstinencia total y definitiva. El imperativo de abstinencia es justificado por el discurso médico que puso en evidencia el carácter prolongado del riesgo, para un alcohólico, de regresar a la dependencia debido al deterioro de sus membranas celulares, consecutivo a su excesiva alcoholización anterior. En Vie Libre, el estatuto de "bebedor curado" es el que adquiere el ex bebedor que superó exitosamente la prueba de la abstinencia, sancionada por el ritual de la entrega de la tarjeta rosa. Sin embargo, esta abstinencia no asume el mismo significado en los dos grupos. Si para AA equivale a la decisión de no consumir un producto al que se es naturalmente alérgico para escapar de las consecuencias graves de una enfermedad que no tiene cura, en cambio, para Vie Libre equivale a la voluntad de evitar todo contacto con el mal en la medida en que la persona está fragilizada. La necesidad de la abstinencia, afirmada por el movimiento, no significa para él que no se puede uno curar del alcoholismo. En este sentido, comparan a veces el alcoholismo a una bronquitis relacionada con una debilidad de los bronquios; sin duda, la bronquitis se cura, pero eso no obsta para que el enfermo tenga que tomar ciertas precauciones: en este caso, abstenerse de exponer su pecho al frío para no volver a enfermarse. La diferencia radica en que para Vie Libre, el medio principal para evitar el mal es la lucha (la resistencia a la presión social, a la publicidad, a la enajenación). La abstinencia es el primer acto militante del bebedor que quiere curarse. Si el enfermo alcohólico es comparable al esclavo encadenado y tirado en el suelo, curarse es levantarse, romper sus cadenas y recobrar su libertad.

Para los AA, la atención de los alcohólicos no se combina con una acción militante dedicada a erradicar el alcoholismo de la sociedad; el alcoholismo se concibe como una fatalidad que hay que manejar, mientras que para Vie Libre es un mal que hay que prevenir. En cuanto a la atención, además, también existe una diferencia: ambas asociaciones juzgan necesaria la atención del enfermo por sus pares, pero lo que se propone la primera es la estabilización del enfermo cuando la segunda busca su curación.

Varios estudios han sugerido, con justa razón, que la abstinencia cumple una función de integración social (cf. Cerclé, 1987, 1990; Drulhe, 1988). En ambos grupos cabe subrayar la función ya no terapéutica sino social de la abstinencia. La abstinencia es constitutiva de un vínculo social (para algunos, del mismo modo que lo era la alcoholización; para otros, de manera exclusiva) ya que en torno a la práctica común que ésta representa y a los valores compartidos que dan su sentido a esta práctica se constituyen y consolidan los lazos de sociabilidad entre los ex alcohólicos. Compañerismo, incluso amistad y afinidades nuevas se construyen dentro de una red que sólo tiene en común su alcoholismo pasado y su abstinencia presente. Adès (1980) y Cerclé (1984) subrayaron el papel de compensación que pudiera tener la vida asociativa para los ex bebedores. Pero lo que aquí importa destacar no es sólo la reunión de varias personas en torno a una práctica común, sino el hecho de compartir una red de significados organizados en torno a una meta común y dentro de la cual la abstinencia cobra su sentido pleno. Ésta cumple, entonces, una función en parte comparable (pero no igual) a la de la alcoholización, y la cumple mediante la adhesión a un mismo sistema de referencias.

El vínculo social que la práctica de la abstinencia reconstruye no es, sin embargo, el equivalente estricto del que permitía la alcoholización puesto que muchos bebedores estaban desocializados. La sociabilidad del grupo abstemio, entonces, no sólo es el sustituto de la sociabilidad de cantina, como se ha llegado a escribir (cf. especialmente Turpin y Noel [1977], para quienes "la amistad entre los abstinentes compensa la amistad entre los bebedores"), como tampoco los comportamientos adquiridos en las sociedades de abstinentes son sólo "la simple sublimación perfectamente lograda de los antiguos comportamientos en sociedades de bebedores" (Turpin y Badiche, 1978). En primer lugar, porque incluye a los muchos que siempre bebieron a solas y nunca participaron de grupos festivos, aquellos para quienes el consumo de alcohol nunca se asoció con festejos colectivos sino con el alivio solitario de un vivir problemático. El consumo de alcohol no siempre es creador de vínculos sociales para los bebedores. Los relatos de vida, a este respecto, son muy elocuentes y revelan el lugar preponderante de la alcoholización solitaria. La observación de la abstinencia implica un beneficio social para el ex bebedor y la ventaja que obtiene de esta práctica se relaciona con el hecho de que se vuelve, precisamente, el origen de un nuevo vínculo social y el vehículo de su valorización. La pertenencia a un grupo de ex bebedores militantes le posibilita al ex alcohólico su inscripción en una nueva red de sociabilidad, puesto que el grupo de ex bebedores y la abstinencia que observan de consuno aportan una vida social a individuos que, a menudo, no tenían ninguna. La abstinencia, por lo tanto, es productiva: produce reconocimiento social y vínculo social, y de modo más radical aún cuando los sujetos estaban totalmente desprovistos o excluidos de ellos. La posibilidad de observar la abstinencia, entonces, deriva de los beneficios que el ex bebedor obtiene de su adhesión a esta nueva regla.

 

ENFERMEDAD INDIVIDUAL / ENFERMEDAD COLECTIVA

El movimiento Vie Libre, que tiene un número de miembros dos o tres veces superior al de AA, incluye a los ex bebedores (entre ellos un número de mujeres que es casi el tercio del de los hombres) y a sus parejas. En efecto, una de las características del movimiento es la importancia atribuida a los esposos y a los familiares cercanos del bebedor. La doctrina establece que "juntos los esposos sufrieron por el alcohol, juntos tienen que curarse de él". En los documentos editados por el movimiento y que definen el papel del militante de Vie Libre, leemos, por ejemplo: "la acción del militante debe enfocarse al enfermo y a su entorno inmediato, pues cuando un individuo vive la enfermedad alcohólica todo el cuerpo familiar es, o responsable de ello, o su víctima". Puesto que el cónyuge vivió, junto con él, su enfermedad, debe vivir también su curación. Por ese motivo, Vie Libre insiste en preconizar la abstinencia de las parejas: se trata de participar de la curación. Al contrario, entre los AA el alcohólico es el único involucrado y las parejas o hijos no deben interferir con el manejo de su mal; si acaso, se reúnen aparte (en las asociaciones periféricas, Al–Anon para las parejas y Alateen para los hijos).

Sin embargo, la simbiosis entre los bebedores y sus parejas, que Vie Libre proclama de manera repetida, no impide que unos y otros afirmen su especificidad. El alcoholismo se concibe como mal colectivo y causa de un sufrimiento colectivo. Esta temática del sufrimiento alimenta numerosas discusiones. La primera demanda de los cónyuges es, precisamente, ser reconocidos como personas que sufren. Pues, si no tuvieron la experiencia de la enfermedad alcohólica, sí pasaron por la experiencia del sufrimiento. Contrario a los AA que consideran que la familia del alcohólico no tiene por qué observar la abstinencia que sólo le atañe al enfermo, en Vie Libre, se incita fuertemente a la pareja a observar también la abstinencia, ya que también sufre. A enfermedad individual, solución individual; a enfermedad colectiva, solución colectiva.

 

LA ATENCIÓN AL ALCOHÓLICO

Una lucha por su rehumanización

La percepción del alcohólico por parte de esas asociaciones tiene un rasgo en común: la definición del alcohólico como un ser deshumanizado. En tales condiciones, la atención que ofrece el grupo debe permitirle reencontrar esa humanidad que perdió. La mayoría de los relatos de vida de los bebedores otorga un lugar destacado a lo que el movimiento llama el "déclic", el disparador, es decir, las condiciones en las cuales el bebedor toma conciencia de su estado y decide "salir adelante". Los alcohólicos muchas veces reportan un acontecimiento significativo que los condujo a "despertar". Este déclic generalmente se produce gracias a la conciencia de una pérdida y al sufrimiento que ésta ocasiona.

El nuevo ser en el cual se convirtió el alcohólico a menudo se describe bajo los rasgos de un monstruo, que pasó de ser tranquilo a ser brutal, de amable a feroz. Aquí volvemos a encontrar la parábola de Doctor Jekyll y Mr. Hyde, tantas veces recordada por los miembros de grupos de ex bebedores. Siempre hay un salto de una naturaleza positiva a una negativa que ubica al alcohólico, por su salvajismo, su ferocidad, su descontrol, incluso su pérdida del sentido de los valores, en el límite de la animalidad. Lo que intentan realizar los grupos de ayuda mutua es rehumanizar al alcohólico, lograr que, por medio de su estabilización, en términos de AA, o de su curación, según Vie Libre, vuelva a encontrar su humanidad perdida.

 

La broma

Las dos asociaciones comparten varios rasgos característicos más, si bien éstos ocultan o revelan aspectos distintos. Es el caso, por ejemplo, de la broma. La persona que observa grupos de ex bebedores no puede dejar de notar la importancia de la risa y de las bromas alusivas al alcohol en sus reuniones. La risa de los AA es una risa que los médicos y sociólogos consideran como vector de una función terapéutica: sirve para quitarle dramatismo a la situación, permitirle al que la vive ponerla a distancia. La risa también está presente en los intercambios entre los parientes. Ablon (1974) señala que en Al–Anon (asociación que reúne a los familiares y en particular a las esposas de los AA) los sujetos practican el humor negro (que él llama cinismo humorístico), comparable al que reina en las reuniones de AA, y lo analiza como el resultado de las "experiencias terribles" que vivieron estas mujeres, experiencias de las cuales ahora tienen que reírse.

Un análisis parecido ya se encontraba en los trabajos de Renée Fox, quien subrayaba la necesidad psicológica vivida por los sujetos, en las asociaciones de pacientes afectados por enfermedades graves, de bromear sobre su suerte. Ahí, los enfermos bromean sobre lo que los trastorna y asusta. La broma versa sobre su incapacidad y es un recurso para "enfrentarla" (Fox, 1974). Tales análisis podrían relacionarse con los de Clastres, quien subraya, en su texto "De quoi rient les Indiens [¿De qué ríen los indios?]":"la función catártica del mito que libera una pasión de los indios: la secreta obsesión de reírse de lo que uno teme" (1974: 128).

En Vie Libre la cosa es un poco distinta, pues ahí la broma obedece a varias lógicas y la risa es multidimensional. En efecto, abarca:

1. Una dimensión terapéutica: es la broma funcional, en la cual la risa crea la distancia, el desapego, como ya se notó a propósito de AA, y como lo ilustran los siguientes ejemplos:

En una noche de fiesta organizada para el banquete anual de la sección, se propone una interrupción de la comida para realizar un sorteo. Un ex bebedor pregunta: "C'est le trou normand?"("¿Es la pausa copita?"). Al ganar un frasco de colonia, un ex bebedor lo destapa, le echa a su vecino una mirada cómplice y ofrece entre risas: "¿Nos echamos un traguito?"

En una reunión, una esposa de ex bebedor sugiere que se organice una velada "especial parejas" y ofrece su casa. Su marido pregunta: "¿Y yo, a dónde voy, entonces?" Otro ex bebedor le contesta: "Ven a mi casa, ¡tengo guardada una buena botella!" (risas).

2. Una dimensión de obsesión, que puede estar o no asociada con la dimensión terapéutica, es la broma–lapsus.

Durante las elecciones de la directiva, un ex bebedor escribe los nombres de los miembros elegidos en la pizarra del salón (prestado por un centro de seguro social). En lugar de escribir "vice–responsable", dibuja un tornillo ("vis" en francés; recuérdese que la mayoría de los miembros de Vie Libre son trabajadores manuales) seguido por un guión y la palabra "responsable". Otro ex bebedor exclama: "¿Y eso qué es? ¡Parece sacacorchos!" (carcajada general).

El carácter obsesivo del alcohol es en sí un tema de broma y, para empezar, un motivo para hablar de él. Noiville (1980) subrayó al respecto la prevalencia relacional del alcohol y la función conjuradora del hecho de hablar de alcohol, haciendo notar que si bien los ex bebedores aprendieron a dejar de beber, no pueden prescindir del contacto con el alcohol, aunque sólo sea verbal. Por patológica que pueda considerarse esta obsesión, las bromas que inspira pueden ser una manera de relajar el ambiente y la risa que despiertan puede ser saludable, como en la siguiente situación:

Después de seis meses de abstinencia, un ex bebedor recayó. Lo reveló al grupo después de un mes, con lágrimas en los ojos, animado a hablar por las preguntas hábiles de un miembro de la sección y después de haber vuelto, por sí solo, a la abstinencia. La reacción de los demás no se hizo esperar: "¿Sólo ahora nos vienes a decir eso? ¿Y dejaste de beber hace apenas doce días?", "¿Y a nosotros, no nos dijiste nada? Como amigo de Vie Libre pudiste haber compartido tu sufrimiento con todos". "Sí, nos hubieras podido llamar, mínimo", "¡Claro, invitarnos una copita!" (risas).

Aquí, la risa, desatada por esos comentarios permitió romper la tensión extrema de la escena y aligerarla de su carga emocional; incluso despertó la sonrisa del que estaba en su centro, abrumado como estaba por los reclamos de sus pares. En este caso, la dimensión obsesiva va acompañada por una dimensión terapéutica.

3. Por fin, una dimensión doctrinal (es la risa obligada: estamos sobrios, pero no nos impide estar alegres, incluso con ostentación). En este caso, la risa no sólo es terapéutica: es una filosofía, un modo de vida. La felicidad, la alegría, el alborozo son valores altamente apreciados por el fundador del movimiento, no se trata de dejarse llevar por la tristeza y la austeridad. Al contrario de la percepción muy común del abstemio como aguafiestas, rechazar el alcohol no significa militar a favor de la tristeza, decía André Talvas, el fundador de Vie Libre, para quien, en cambio, difícil era ser feliz sin estar libre. Para el movimiento Vie Libre hay que reír para mostrar que es posible ser feliz sin alcohol. La importancia del beber no se cuestiona. Es un beber festivo, ritualizado, que se reproduce ahí, pero sin alcohol, y el mensaje es: no hace falta emborracharse para estar alegres, las bromas, incluso las subidas de tono, no requieren del alcohol. Es, por lo tanto, una risa que se puede llamar doctrinal, ya que remite a la doctrina del movimiento y a los valores que defiende. La risa se promueve porque tiene sentido, debido a la imagen asociada con el alcohol y a su contra imagen, asociada con la abstinencia.

 

LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD Y DEL ANONIMATO

Varios estudios han mostrado el papel cumplido por las asociaciones de ex bebedores en la aparición de una identidad de alcohólico. Marcel Druhle (1988) subraya que la identidad de alcohólica que las asociaciones de ex bebedores inculcan en las mujeres funciona porque cada una se reconoce en la biografía de los demás, mientras otros, en un enfoque más psicosocial, mostraron hasta qué punto la búsqueda de una identidad puede ser el cimiento de la práctica abstinente militante, en la cual la identidad militante toma el relevo de la identidad alcohólica (Cerclé [1986] habla del grupo de ex bebedores como de una prótesis identitaria para el alcohólico). Otros más, como Adès (1980) o Lasselin y Fontan (1979), mostraron cómo la construcción de la identidad alcohólica, precisamente, se volvía posible por el anonimato de rigor en este tipo de asociaciones. En numerosos estudios, la cuestión de la identidad se vincula estrechamente con la del anonimato.

Sin embargo, el tratamiento de la identidad no es el mismo en Vie Libre. En primer lugar, este movimiento desarrolló, en cuanto al anonimato, un punto de vista del todo distinto del de una asociación como AA. En segundo lugar, en la medida en que reúne a los ex bebedores y a sus parejas, este movimiento genera ya no una identidad colectiva sino varias, cuya construcción no se realiza por diferencia con el resto de la sociedad (ser alcohólico o no serlo), sino en referencia a las relaciones que cada uno de los miembros del grupo mantiene con la enfermedad y con el alcohol. Estas dos dimensiones se articulan a su vez, pues la nueva identidad adquirida por el ex bebedor dentro del grupo, al pasar por la experiencia iniciática de la abstinencia, no llega en ningún momento a suplantar su identidad propia. De ninguna manera es un bebedor anónimo.

El anonimato es rechazado por Vie Libre como sinónimo de la concepción del alcoholismo como vicio. "El alcoholismo es una enfermedad", dicen. "Uno no tiene por qué ocultar una enfermedad. No hay por qué avergonzarse de estar enfermo. Los AA, por su lado, quieren conservar el anonimato. Cuando pasan en la tele están en sombra china para que uno no pueda reconocerlos. ¿Por qué? ¿Tienen vergüenza? Pero si tienes vergüenza es que crees que el alcoholismo es un vicio. ¡No es un vicio, es una enfermedad!"

Si unos y otros están de acuerdo en considerar el alcoholismo como una enfermedad, Vie Libre se pregunta: "Entonces, ¿por qué esconderse? ¿Cuál es la vergüenza de estar enfermo?" El anonimato, además, es muy mal aceptado por los miembros de Vie Libre, que lo ven como un obstáculo a la consolidación de los vínculos de amistad que el movimiento promueve entre ex bebedores. "Me encontré con un AA el otro día, platicamos y fíjate que ¡no me quiso decir dónde vive! Conocí a otro, una vez fingió que no me conocía ¡porque yo iba saliendo de mi casa! ¡Todo porque quieren ser anónimos! Así, ¡no hay compañerismo!"

En realidad, el anonimato de los AA no tiene el sentido que le atribuye Vie Libre. Los alcohólicos anónimos no justifican el anonimato por la voluntad de ocultarse sino por la de disolver su individualidad en el grupo: "El anonimato es el fundamento espiritual de nuestras tradiciones, siempre nos recuerda que debemos colocar los principios por encima de las personalidades", y esta justificación es la materia de su tradición número doce.

Para Adès (1980), si bien el anonimato es, a primera vista, un modo de atraer a sujetos demasiado culpabilizados o que temen las consecuencias sociales de un alcoholismo reconocido, su papel principal es atenuar toda diferenciación individual entre los miembros del grupo: "la personalidad del sujeto tiene que borrarse en el anonimato de un nombre de pila y de una historia monomorfa, repetida por cada uno como letanía". Bateson (1977) plantea también el anonimato de los AA como portador de un significado muy distinto al de la simple protección de los miembros contra la delación y la vergüenza. Se trata, según él, de luchar contra la tentación del protagonismo individual (y la de usar la propia pertenencia a AA como herramienta de relaciones públicas o políticas), que no puede ser, para usar las palabras de Bill W., fundador del movimiento, sino un gran peligro espiritual para el miembro5. Para Bill W., el anonimato es "el mayor símbolo de abnegación que conozcamos"6. El anonimato es, entonces, para AA, la señal de la abnegación de la persona, elemento fundamental de un programa espiritual orientado hacia el reconocimiento de la propia impotencia y de la propia necesidad de recibir la ayuda de un Poder Superior.

Al interrogarse sobre la identidad de los ex bebedores, Lasselin y Fontan (1979) señalan, a su vez, que el alcohólico, en su grupo, "no encuentra al otro sino al 'como él', que es distinto sin ser ajeno […] A falta de saciar su sed [en francés, "se désaltérer"], se des–alteriza en su alter ego, pagando el precio del anonimato despatronimizante. Ahí, cada uno vuelve a encontrar, o más bien encuentra por primera vez, lo que desde siempre le falló, una aproximación de identidad. Entre alcohólicos, él existe: es alcohólico y siempre será alcohólico".

Estos análisis, sin embargo, no se pueden aplicar en los mismos términos a Vie Libre, puesto que ahí el individuo se afirma, los apellidos son conocidos (en las juntas, varios se interpelan por sus nombres) y la historia no es monomorfa. Fulano es presentado como "un caso". La unidad del grupo no se realiza a costa del silencio impuesto sobre las individualidades o las historias personales.

Sobre los bebedores, cada uno sabe bastante: su nombre y su dirección, su profesión, su historia personal, su familia, su lugar de trabajo, etc. El esfuerzo de promoción que realiza Vie Libre implica por necesidad este conocimiento de los enfermos y de sus redes de relaciones (familiares, amistosas, profesionales, etc.), con base en las cuales los demás miembros de la asociación pueden trabajar para asumir eficazmente su atención y su reinserción en la sociedad. Si los sujetos se funden en una categoría colectiva, que es la de bebedor curado o de abstemio voluntario o de simpatizante, la identidad colectiva así adquirida no sustituye su identidad individual.

En realidad, el sistema de denominaciones identitarias que opone a los ex bebedores y sus parejas (bebedores curados y abstemios voluntarios) a los activos y a los simpatizantes (tarjetas rosas y tarjetas verdes) se propone describir la relación que cada uno mantiene con el alcohol. La nueva identidad se estructura en torno a esta relación, y el nombre mismo la explicita: así se sabe si el sujeto bebía alcohol o no, si sigue bebiendo, si dejó de beber porque bebía o si dejó de beber porque su pareja bebía. La designación resume su vivencia para ubicarlo dentro de la "gran familia Vie Libre". Es muy notable que, a su vez, el emblema usado para cada una de estas identidades sea sustantivado para designar la nueva identidad adquirida. Pero el sistema de denominaciones identitarias colectivas no reconstruye un anonimato, ya que el individuo se afirma dentro de él con su individualidad. Sin duda, las apelaciones (tarjeta rosa/tarjeta verde, o bebedor curado/abstemio voluntario) no son identificaciones individuales. La denominación no singulariza el comportamiento de un individuo en la medida en que éste se conforma con el comportamiento esperado, por el cual casi todo el mundo pasa en uno u otro momento. Sin embargo, marca un lugar dentro de la comunidad. Si no singulariza al individuo, sí le da entrada a una familia. La nueva identidad así adquirida es, para el individuo, como un segundo patronímico, o como un nombre de linaje, que le confiere derechos y deberes específicos.

Un recorrido por sociedades tradicionales nos va a permitir profundizar nuestra reflexión sobre el anonimato y la identidad a partir de dos ejemplos tomados de dos sociedades distintas. El primero se refiere al estatuto del enfermo entre los bisas en Burkina Faso. En esta sociedad es digno de notarse que al enfermo no se le llama por su nombre cuando se habla de él. Se lo menciona como "el enfermo". ¿Cuál sería, en este caso, el significado profundo del anonimato? El anonimato del enfermo puede explicarse por el hecho de que al enfermarse queda excluido de toda transacción, de toda alianza, de todo ritual colectivo (fuera del terapéutico) y que deja de existir socialmente en cuanto individuo insertado en una red (de parentesco, de producción, etc.). Si consideramos al movimiento Vie Libre, ¿qué observamos? Vie Libre no considera ofrecer al alcohólico una vida social de militante mientras no llegue a ser "bebedor curado", es decir, mientras esté enfermo. No puede participar en las elecciones, no puede militar7. El estado de enfermo anonimiza, sociológicamente, al sujeto y para Vie Libre el paso al estado de bebedor curado equivale a la recuperación de una identidad que da derecho a actuar dentro del grupo. Por cierto, los bebedores curados muy a menudo comparan la tarjeta rosa con una segunda credencial de identidad, y a veces con un pasaporte8. Si, entre los bisas, donde tener tal nombre designa la posibilidad de tal tipo de relación social (alianza, etc.) y donde estar enfermo es quedar excluido de esta relación, estar curado significa poder insertarse en intercambios, relaciones sociales, etc.; del mismo modo, en Vie Libre, el bebedor "curado" se vuelve activo, miembro de una red, militante, apto para la responsabilidad y la palabra.

La segunda situación es la de un rito de instalación del jefe soberano entre los ndembu de Zambia. Al describir este rito, Victor Turner menciona que el jefe, durante el periodo liminar, comparte con su esposa un mismo nombre: mwadyi, que también se aplica a los muchachos en curso de iniciación. "Es una señal de la condición anónima de aspirante" (1990 [1967]: 103). Aquí, otra vez, si bien el contexto no es el de la enfermedad, el anonimato señala un estado de tránsito.

El significado profundo del anonimato en estas dos situaciones debe permitir reconsiderar la cuestión del anonimato en las asociaciones de ex bebedores. En primer lugar, permite entender de otra forma el anonimato de los AA. Si los AA permanecen anónimos y no le reconocen al sujeto más identidad que la de alcohólico, significa que éste permanece en el estado de enfermo y que no hay tránsito a otro estado. Efectivamente, los AA consideran que el individuo permanecerá siempre alcohólico, que no hay posibilidad alguna de curación. Por el contrario, el movimiento Vie Libre permite al que señala como curado adquirir una identidad nueva. Al otorgar a un individuo en particular la identidad de "bebedor curado", Vie Libre expresa que se niega a dejar al enfermo en el estado de enfermo.

La cuestión verdadera, entonces, no es sólo la del anonimato patronímico sino la de un anonimato que se podría caracterizar como sociológico. En Vie Libre hay anonimato sociológico mientras el enfermo no tenga más identidad que la personal, hasta que se incorpore a una categoría dentro del movimiento, es decir, mientras esté enfermo. La entrega de la tarjeta rosa acaba con el anonimato sociológico al dar un nuevo estatuto al ex bebedor, estatuto que, al tiempo que le confiere una identidad colectiva, también lo distingue de los demás. Se convierte en el que cumplió, igual que otros, el recorrido iniciático, pero que en eso mismo se distingue de los que todavía no han logrado su abstinencia o de los que recayeron. La apelación se convierte en un segundo apellido, compartido con toda la familia de los tarjetas rosas. Queda claro que la cuestión de la identidad está estrechamente ligada con la teoría de la enfermedad alcohólica (y particularmente con la noción de curación). La relación que el grupo mantiene con el anonimato está directamente vinculada con su concepción de la enfermedad.

 

DE LA DEPENDENCIA

Varios trabajos se han planteado el problema de los mecanismos de la eficacia de los movimientos de ex bebedores. Especialmente, los observadores se preguntan qué hace posible la estabilización de los alcohólicos miembros de estas asociaciones y con qué les proponen sustituir el alcohol. Las respuestas planteadas ponen en evidencia la transferencia de la dependencia del alcohol hacia Dios, por medio de una disposición religiosa o espiritualista, ya que hay que entregarse a un Poder Superior, venerarlo como guía de la propia conducta (Blumberg, 1977; Antze, 1987).

La religiosidad explícita de algunos grupos es percibida por muchos observadores como una necesidad para compensar el abandono de la adicción al alcohol. Se pasa de una dependencia a otra, dicen algunos autores. Los trabajos sobre los AA, en efecto, muestran que éstos, en los hechos, se someten a un nuevo amo, Dios, con el que se enajenan de forma idéntica a la forma como se enajenaban con el alcohol. Dios se sustituye entonces a su antigua referencia, el alcohol. Este nuevo "amo" es quien, en adelante, organizará la vida del alcohólico, haciendo que perdure la relación de dependencia en la cual se inscribe.

Paul Antze (1987) habla al respecto de una conversión (en el sentido religioso de la palabra) en la medida en que, en la lógica de AA, que proviene en parte de la teología protestante tradicional, hay homología entre el modelo dramático de la situación del alcohólico y el drama protestante del pecado y la salvación. Este último surge de una experiencia de la desesperación que lleva al despertar de la fe y permite la conversión. Antza, sin embargo, no deja de señalar lo que distingue la teología AA de la teología de la religión protestante, que concibe un dios de dos caras —el dios de ira que castiga la transgresión y el dios de misericordia que ofrece su ayuda— mientras que el dios de los AA es todo misericordia. En el pensamiento de AA, el aspecto amenazador de Dios es transferido al alcohol. Cuando subrayan la necesidad de "tocar fondo", los AA aplican la concepción evangélica de la conversión. Este trabajo de conversión ha sido observado también por Dericquebourg (1988), quien escribe al respecto: "Alcohólicos Anónimos posee una de las características de las religiones de curación, pues la curación se consigue mediante la regeneración moral o psicológica; es el resultado de un trabajo personal de oración o de psicoterapia". Con una lógica parecida, los bahai proponen a sus fieles que se dejen embriagar por el amor de Dios para así romper con el alcohol (Clément, 1990). La abstinencia equivale entonces a respetar una prohibición integrada en una lógica espiritual, y la creencia religiosa toma el relevo de la antigua adicción.

Sin embargo, a diferencia de otros muchos grupos de ex bebedores con adscripción religiosa (como La Croix d'Or [la Cruz de Oro] o La Croix Bleue [la Cruz Azul]) o espiritualista (como AA), un movimiento laico como Vie Libre no se deja analizar en los términos que propone Paul Antze (1987), aun cuando algunos aspectos de su filosofía y de su funcionamiento estén marcados por valores cristianos.

Como ya vimos, en Vie Libre el enfermo tiene que luchar y militar en contra del alcoholismo para liberarse del yugo del alcohol. El grupo no alienta a recurrir a un poder trascendente sino a la lucha por la liberación y se da por objetivo ayudar al enfermo a liberarse de su dependencia. En Vie Libre uno no se vuelve Otro al cabo de una experiencia espiritual, sino al cabo de una modificación de su relación con el alcohol y con la sociedad. Si bien es válido considerar a Vie Libre, como con cierta razón lo hace Chapuis respecto a muchos grupos de ex bebedores, como "comunidad(es) emocional(es) de abstinentes", en las cuales la emoción se exterioriza en un compromiso social, cercano a lo religioso (Chapuis, 1989), los mecanismos simbólicos gracias a los cuales el movimiento Vie Libre realiza la voluntad de la abstinencia en el bebedor y su estabilización son muy distintos de los de AA.

Sin duda, hay aspectos en Vie Libre que imponen la analogía con un movimiento religioso, pero es preciso subrayar lo que lo distingue para ubicar correctamente la naturaleza de este tipo de movimiento y la filosofía en la cual descansa. Es verdad que las reuniones que celebran los ex bebedores de Vie Libre están marcadas por una fuerte ritualidad. Tal ritualización se acerca a la que se asocia con la religiosidad, en la medida en que se propone celebrar los valores fundadores de la filosofía Vie Libre. Sin embargo, los valores glorificados no pertenecen al registro espiritual. Además, en este tipo de movimiento, no existe un culto en el sentido propio de la palabra. Aunque el consumo colectivo de bebidas sobrias durante las reuniones se pueda comparar con una forma de comunión, lo que ahí se celebra no pertenece al registro espiritual. El significado profundo del acto de beber juntos (demostrar que la sobriedad de la bebida absorbida no impide estar alegres) no se puede asimilar, a menos que se usen los conceptos de modo metafórico, a una práctica religiosa colectiva. [Foto]

Por otra parte, los relatos de los bebedores sobre su consumo pasado o presente no equivalen a una confesión religiosa propiamente dicha. Las palabras del enfermo no asumen el mismo estatuto en uno y otro grupo. Si en AA toman la forma de confesiones, en Vie Libre el relato no es esperado ni recibido por los demás como la confesión de una culpa. En Vie Libre el bebedor sólo habla de su eventual recaída si así lo desea. No hay, por lo tanto, confesión, en el sentido religioso de la palabra, con culpa aceptada y penitencia. El rechazo a la confesión, tanto a la palabra como a la obligación de reportar los propios actos en público, se articula con la teoría de la enfermedad desarrollada por Vie Libre. Al opuesto de los AA, cuyo programa implica que el alcohólico pida perdón por las fechorías cometidas en tiempos de su alcoholismo activo (véase Denzin, 1987), Vie Libre protesta: "¡no se puede pedir perdón por haber estado enfermo!" "Uno no va a confesar un brote de ronchas o una multiplicación de metástasis", declara Vie Libre en voz de André Talvas, su fundador, para expresar su rechazo a la confesión. Equiparar las distintas asociaciones de ex bebedores (como se hace con frecuencia) y asimilar especialmente a Vie Libre con AA calificándolos en conjunto de "grupos de arrepentidos", significaría dejar de lado las especificidades de cada uno de estos grupos, cuyas maneras de funcionar y representaciones del alcoholismo son notablemente distintas; y eso implicaría ignorar la importancia que tienen no sólo la teoría de la enfermedad sino también, prolongándola, la teoría de la curación que cada grupo desarrolla.

La laicidad elegida y proclamada por este movimiento no se contradice, es cierto, con un pensamiento religioso del mal. En Vie Libre, el alcohólico es visto como una víctima, no como un pecador, víctima del alcohol y de la sociedad que éste representa, pero aun así es un ser caído, deshumanizado por el efecto de su excesiva alcoholización. Y su caída, significativa no de su culpa sino de su decadencia, es aquello contra lo cual el movimiento lucha, para ayudar a que se levante. La importancia otorgada en el movimiento al lugar de las parejas, a la necesidad de que ellas vivan la curación del bebedor así como vivieron su enfermedad junto con él, y la abstinencia a la que también se las invita, remiten a las nociones de comunidad y de acompañamiento en el sufrimiento, propias del pensamiento cristiano. Si bien el movimiento Vie Libre no presenta todos los elementos habituales en los grupos religiosos, comparte con ellos, sin duda, diversos valores. En este sentido, puede uno aceptar con Marcel Druhle que "hasta los grupos que no hacen referencia a una religión particular funcionan como grupos religiosos". Sin embargo, no parece posible afirmar, siguiéndolo, que "todos manejan la relación con el alcohol como relación con algo sagrado, i.e., con un mundo fascinante y aterrador relegado en los márgenes de lo societal" (1988: 321). Acudiremos a la distinción operada por Durkheim entre lo profano y lo sagrado ("las cosas sagradas son aquellas que las prohibiciones protegen y aíslan, las profanas, aquellas a las cuales tales prohibiciones se aplican y que deben permanecer a distancia de las primeras" [1979: 56]), para hacer notar que en Vie Libre no se trata de proteger al alcohol del hombre profano, sino de proteger al hombre del alcohol. Si hay ahí algo sagrado, más bien estaría asociado con el hombre, objeto de gran veneración en Vie Libre, o con la "tarjeta rosa" atribuida al ex bebedor para sancionar su "curación", o quizás con el vaso de agua que a veces bebe durante esa ceremonia. La asignación de una casi sacralidad al vaso de agua radicaría en las virtudes que se le otorgan, en el contexto ritual en el cual se bebe y en el significado que se le atribuye, aunque sólo se puede acudir aquí a la noción de sagrado de modo metafórico, ya que esos objetos, el vaso de agua o la tarjeta rosa, no están encerrados en un medio "ideal y trascendente" como las cosas sagradas, cuya heterogeneidad con las cosas profanas, señala Durkheim, reside justamente en eso. Aquí no hay ninguna trascendencia, ninguna espiritualidad9.

 

PARA CONCLUIR

Es indudable que dos asociaciones como AA y Vie Libre se apoyan en valores distintos y tienen formas muy contrastadas de enfocar el alcoholismo: la primera, espiritualista, tiene por eje el individuo y cree en la fatalidad; la segunda, política, tiene por eje el colectivo y alienta la lucha social. No es casual, por otra parte, que estas filosofías nacieran, una, en Estados Unidos, la otra, en Francia; cada grupo es expresión de una cultura dada, del país o la época en los cuales nació.

Sin embargo, son muchos los trabajos que intentan ubicar los fundamentos de la eficacia de la atención en los grupos de ayuda mutua a partir del funcionamiento y de los valores de AA, sin percatarse de que otros grupos funcionan con valores totalmente distintos. La verdad, no se puede afirmar que la eficacia de una asociación proviene de tal o cual característica. En contra de los enfoques funcionalistas según los cuales el éxito de los grupos de ayuda mutua en el caso del alcoholismo se debería a los principios fundadores de AA (el anonimato, la transferencia de la dependencia hacia Dios, etc.), es preciso admitir que valores radicalmente distintos pueden ser igualmente eficaces. La eficacia no se encuentra necesariamente en el anonimato más que en el conocimiento entre personas, en el manejo individual más que en el manejo colectivo de la enfermedad, o en el carácter espiritual de un movimiento que preconiza la confesión más que en el carácter político de otro que preconiza la lucha social. Su eficacia radica en la coherencia, social y simbólica, de los sistemas de pensamiento y de acción en los cuales estos grupos descansan, coherencia que el antropólogo tiene por tarea descifrar.

 

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NOTAS

1 Para un estudio panorámico de los trabajos antropológicos respecto al uso del alcohol, véase Heath, 1987.

2 "Dios me dio la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor de cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría de conocer la diferencia."

3 Cada vez que un miembro de AA, con las molestias y la abnegación que ello conlleva, contesta el llamado a ayudar a otro alcohólico, realiza un acto de devoción religiosa en el sentido más profundo, un acto que lo vincula aún más estrechamente con el grupo y contribuye a fortalecer en su propia personalidad la eficiencia de los principios morales que el grupo defiende" (Bales, 1944).

4 Según las tradiciones de los AA, el recién llegado recibe de su padrino, después de un periodo de tres meses, aviso de que le toca tomar la palabra en público y hacer el relato de su caída en el alcohol. Su confesión es obligatoria, pero puede aplazarse si no se siente listo aún.

5 Frente a esta hipótesis (según la cual el no anonimato pudiera favorecer que un individuo use su pertenencia al grupo para fines de carrera personal), se podría defender la hipótesis contraria, o sea, que los AA podrían tener interés en mantener el anonimato porque la asociación recluta principalmente en medios socialmente más altos, por lo tanto, entre gente cuyo nombre puede ser importante profesionalmente y debe permanecer oculto para no afectar su imagen o su carrera.

6 A. A. Comes of Age, Harper, Nueva York, 1957, citado por Bateson (1977).

7 Si acaso, durante su periodo probatorio de seis meses, puede acompañar a un bebedor curado pero no puede asumir solo la función de militante de Vie Libre.

8 La analogía con el pasaporte se explica por el hecho de que los timbres que se van alineando poco a poco, con cada cotización anual, son asimilados a unas visas que ratifican, en el tiempo, los derechos conferidos por la obtención de la tarjeta. Son la estampilla de una abstinencia permanente.

9 Es verdad que en la obra de Durkheim existe la idea de un "culto al Hombre", atestada por cierta sacralización de la persona, pero aquí el hombre no se identifica con la sociedad y tampoco presenta los rasgos de la trascendencia que se le ha podido atribuir a la sociedad en el pensamiento durkheimiano (véase Isambert, 1992).