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Desacatos

versión On-line ISSN 1405-9274

Desacatos  n.29 México ene./abr. 2009

 

Saberes y razones

 

Diferencias, desigualdades y conflicto en un grupo de Alcohólicos Anónimos

 

Differences, Inequalities and Conflict in an Alcoholic Anonymous Group

 

María Eugenia Módena

 

Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social–Distrito Federal, México. pimo@ciesas.edu.mx

 

Recepción: 11 de febrero de 2008
Aceptación: 24 de abril de 2008

 

Resumen

Este artículo da cuenta de las diferencias, desigualdades y conflictos que tienen lugar en un grupo particular de Alcohólicos Anónimos y de cómo, en ciertas condiciones, interfieren en la realización de algunos principios fundamentales de la institución así como en las prácticas de la ayuda mutua.

Palabras clave: Alcohólicos Anónimos, Alcohólicos Anónimos 24 Horas, diferencias, desigualdades, conflictos, dinámicas y divisiones grupales.

 

Abstract

This paper addresses the differences, inequalities and conflicts that take place in a particular Alcoholics Anonymous group, as well as the way in which these situations, under certain conditions, interfere with the realization of some of the institution’s fundamental principles and disrupt mutual support practices.

Key Words: Alcoholics Anonymous, Alcoholics Anonymous 24 Hours, differences, inequalities, conflicts, dynamics, group divisions.

 

Distingos sociales, recelos y rivalidades son cosas
que brillan por su ausencia en nuestros grupos.

Alcohólicos Anónimos,
Libro Grande, p. 148.

 

INTRODUCCIÓN

La cita que encabeza este artículo se encuentra como principio fundamental en la literatura de Alcohólicos Anónimos (AA). Se complementa, frecuentemente, con afirmaciones respecto a la no distinción de sus miembros en términos religiosos, políticos, de raza, de riquezas y profesionales. Aparece, a través de diferentes maneras expresivas, en las publicaciones y en la tradición oral de los grupos y tiene, como uno de sus sentidos básicos, la construcción de la identidad de los miembros de AA por medio del denominador común de enfermos alcohólicos, independientemente de las diferencias y desigualdades que se entrelazan alrededor y dentro de ese denominador común.

En las prácticas grupales que observé y registré en un grupo de esa denominación, la construcción de la identidad de enfermo alcohólico no fue suficiente para eliminar o controlar las consecuencias de las diferencias y las desigualdades. Éstas no tenían el mismo peso dentro de la dinámica grupal; es decir, que incidían con intensidades diferentes en las interacciones entre los miembros del grupo dentro de las juntas cuando se realizaban las diferentes prácticas necesarias para el desarrollo de tareas grupales dirigidas a la recuperación, el mantenimiento de la abstinencia y el logro de la sobriedad1.

En este trabajo me concentraré en describir: 1) cuáles eran esas diferencias y desigualdades y su peso diferencial en la conflictividad interna del grupo, y 2) en cuáles aspectos de la dinámica grupal se manifestaba con mayor intensidad dicha conflictividad.

La hipótesis que guió el trabajo de investigación es que el intento homogeneizador de AA no evita, al menos en ciertos contextos sociales, la conflictividad dentro de los grupos derivada de algunos factores —entre otros— que son: las distintas situaciones de clase, capital cultural y grado de deterioro, así como las diferentes sinergias entre ellos.

 

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DEL GRUPO VIDA2

El grupo de AA en el que se desarrollaron los seis meses de investigación empírica se encontraba ubicado en la cabecera municipal de una región con características rurales y de población indígena y mestiza. Lejos de ser una localidad aislada, esta cabecera —y una porción amplia de la región— ha estado y está en estrecha relación con la ciudad de Toluca, capital del estado de México, y con la capital de la República, a través del comercio y de un importante proceso migratorio definitivo, o por largos periodos, de hombres y mujeres indígenas y no indígenas hacia ambas ciudades y, también, hacia otras cabeceras municipales con mayor actividad económica. Complementando esta tendencia, albañiles, cargadores, empleadas domésticas, obreros, empleados, acuden a sus trabajos citadinos durante los días laborables y regresan a sus localidades los fines de semana.

Lo antes señalado, de manera por demás sucinta, es importante en términos de esta investigación y no como un "contexto" exterior a la problemática que nos ocupa, ya que varios miembros del grupo vivieron, trabajaron y "nacieron"3 como AA en algunos de estos lugares receptores del flujo migratorio. Esto implica la construcción de representaciones y prácticas en las que se sintetizan aspectos de la cultura regional con otros provenientes de su experiencia laboral y social en los diferentes lugares en los cuales trabajaron y/o vivieron o frecuentaron. Esto conllevó a que, en varios casos, cinco de un total de seis, los miembros del grupo no solamente desarrollaran una parte importante del periodo de ingesta de su carrera alcohólica en otros contextos sociales, sino que tuvieron diferentes experiencias de intentos de recuperación en otros grupos de AA tradicionalistas, en AA 24 Horas y/o en diversas instituciones y rituales religiosos, y/o en instituciones hospitalarias de segundo y tercer nivel de atención de la capital del estado y de la ciudad de México. Las prácticas y representaciones adquiridas en esos otros contextos y en otros momentos de sus vidas son parte del "capital cultural" de recuperación que intervino en su concepción de las formas preferentes de llevar "la terapia" dentro del grupo en el que los encontré. Estas formas preferentes se manifestaron, relacionadas con otros aspectos, como uno de los lugares de conflictividad entre ellos.

Los miembros permanentes del grupo Vida eran seis hombres4. Este pequeño número fue el máximo de asistentes estables que tuvo este grupo durante mi estancia en campo y, según ellos, el máximo en toda su historia grupal. Si bien la normatividad de AA sostiene que en los grupos pueden haber hombres y mujeres sin ningún tipo de diferencia ni discriminación, ya que se reconoce el alcoholismo femenino como una realidad, la única mujer que asistió una vez al grupo (y que considero que fue por invitación expresa de un varón en un intento de mostrarme que la norma ideal sí funcionaba) planteó en una entrevista que su no asistencia respondía a las restricciones de su familia —esposo e hijas—, a la que avergonzaba socialmente que acudiera a un grupo de AA en el que, además, era la única mujer.

La baja cantidad de integrantes tuvo consecuencias en la dinámica grupal y en el desarrollo de la conflictividad. Las ausencias de algunos miembros por diversas razones (trabajo, compromisos familiares, enfermedad, aburrimiento, etc.) agudizaron el consabido "salto de la cantidad a la calidad". Una de las consecuencias de la disminución de los asistentes en las juntas fue el endurecimiento de la actitud de los miembros más antiguos y/o más ortodoxos respecto a que las razones esgrimidas por su ausencia no eran suficientes. El otro elemento que jugó de manera negativa, como efecto de estas ausencias, fue la presencia —permanentemente amenazante— del fantasma de las recaídas: con excepción de los más veteranos, si alguno faltaba a la junta era porque se había ido a tomar.

Pero también las consecuencias de las ausencias a las reuniones del grupo dependían de quiénes eran los ausentes. Los miembros más activos y con mayores posibilidades de expresión verbal y de elaboración de diversos aspectos y temas podían producir un trabajo grupal similar —a veces más intenso— al realizado cuando todos estaban presentes. Cuando ellos eran los faltantes, las dificultades eran notorias, el desaliento cundía y —a veces— se cancelaba la junta.

Las edades de estos varones oscilaban entre los 28 y los 65 años y la escolaridad comprendía desde no haber asistido nunca a la escuela (uno) hasta la preparatoria completa (cuatro). Los años de antigüedad en AA iban, aproximadamente, desde los dos años a los veinticinco5. La relación entre edad, antigüedad en la institución y escolaridad (y obviamente, la presencia o ausencia de daños neurológicos y psicológicos importantes) influían de manera decisiva en la manera de insertarse en el grupo. Aquellos con mayor escolaridad, con diversas experiencias laborales, cuya lengua materna era el español y sin secuelas incapacitantes eran los miembros más activos y los que encabezaban las disputas internas (tres integrantes), explícitas o tácitas, dentro del pequeño grupo. Sin embargo, en términos de los conflictos internos, estas características se articulaban con otras, arraigadas en procesos sociales tales como la situación socioeconómica, la historia social familiar y las aspiraciones socioeconómicas a futuro. Junto con éstas, los liderazgos ejercidos o pretendidos y las funciones económico–ideológicas "clientelares" promovidas por operadores políticos6 que actuaban en los "bordes" del grupo constituían una compleja red de líneas de alianzas y divisiones que se sofocaban y estallaban, con cierta alternancia, dentro del grupo. Operadores que, como agentes específicos, inducían "a los diferentes sujetos y grupos a generar estrategias de vida para enfrentar situaciones construidas a partir de lo que ahora se denomina "globalidad", que en sus decisiones aparece como abstracta pero que es concreta en sus consecuencias" (Menéndez, 2006a).

 

LA ENTRADA DE LA INVESTIGADORA EN EL GRUPO Y EL DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN

En el momento en que se realizó el trabajo de campo, la cabecera municipal de San Marcos tenía aproximadamente 2 000 habitantes. Se trata de la sede política, administrativa y de servicios (incluidos los de salud y educación) de una amplia zona rural indígena y mestiza. Sus actividades económicas principales eran —y son— el comercio y la burocracia, compartidas —en situación de desventaja— con otras cabeceras municipales próximas.

Si bien en la zona rural circunvecina diversas iglesias evangélicas (bautistas y pentecostales) han crecido numéricamente de manera notable a partir de la segunda mitad del siglo XX a pesar de la severa persecución que sufrieron por parte de los grupos católicos más tradicionales, la ideología de estos últimos es la preponderante en términos de creencias religiosas, representaciones y prácticas culturales. Éstas promueven, respecto al consumo regional de bebidas alcohólicas, un alto nivel de ingesta festiva y cotidiana con diferentes pautas para varones y mujeres según el grupo étnico (indígena o no indígena). Ésta es una de las vertientes de notoria diferenciación entre evangélicos y católicos, lo que no significa que no haya evangélicos que beban.

En este contexto, la llegada de una investigadora que se ocupara del consumo de alcohol y de los procesos y significados del abandono de la ingesta; que se interesara —en este sentido— por los grupos evangélicos y por los AA y que, siendo mujer, acudiera diariamente a las reuniones vespertinas (las únicas) de estos últimos, todos varones y reconocidos como "borrachos", produjo algunos otorgamientos de identidad que llevó algo de tiempo modificar. Mis características más evidentes construían una imagen "poco frecuente" que se agravaba por mi no asistencia a la misa dominical ni a los cultos evangélicos —excepto con fines de investigación—. Las identidades que me otorgaron fueron diversas: desde una alcohólica encubierta (primera representación que se construyó en el grupo de AA y en personas que conocían mi asistencia a las juntas); una "aprovechada" que quería robarse la "séptima" —la colaboración en dinero que hacen diariamente, como norma ideal, los miembros del grupo para el financiamiento del mismo— (representación que se superponía con la primera en el miembro con mayor antigüedad en AA); una militante de las iglesias evangélicas que venía de los Estados Unidos a "inspeccionar" las iglesias locales para otorgar o negar apoyos económicos (miembros de la iglesia bautista) o miembro de esas iglesias que quería convertir a los AA otorgándole un contenido específico al Poder Superior (algunos miembros de AA); una inspectora de la Comisión de Derechos Humanos que venía a investigar sobre AA 24 Horas y supuestas violaciones a esos derechos (un miembro del grupo partidario de AA 24 Horas). Finalmente, y como producto de las transacciones que se establecieron entre la información que yo daba, mi práctica cotidiana y las diferentes representaciones sobre identidades posibles que tuvieran legitimidad en el marco referencial de los miembros de AA y de otros miembros de la localidad, me adscribieron a médica, psicóloga, enfermera y trabajadora social. Todas estas adscripciones se vinculaban al campo de la salud, la atención a la enfermedad (el alcoholismo y sus consecuencias) y/o a las consecuencias sociales (familiares, laborales) producidas por la ingesta de alcohol de los sujetos. [Foto]

Hice infinidad de veces mi presentación como antropóloga y explicité mi tema de investigación, sin embargo, parecía difícil de incorporar a los marcos referenciales preexistentes el hecho de que se le otorgara realidad al padecimiento que se produce por el abandono de la ingesta de bebidas alcohólicas en sujetos que habían transitado por una carrera de consumo con consecuencias negativas importantes para ellos y los suyos.

Mi asistencia diaria al grupo, mi residencia en la localidad, las entrevistas con los miembros del mismo, las "averiguaciones" que algunos de ellos hicieron sobre mi persona, mi colaboración cotidiana con la "séptima", posibilitaron finalmente mi legitimidad. Sin embargo, las características que me habían otorgado indicaban indirectamente algunas problemáticas que se daban en el contexto social local y en el grupo en particular. Las dificultades para reconocerse como alcohólico (y en mayor medida como alcohólica), las dificultades económicas que tenían diversas instituciones y sujetos —en algunos casos de carácter dramático—, las disputas entre las tendencias tradicionalistas y los 24 Horas, así como la competencia entre instituciones en relación con su eficacia en la recuperación del alcoholismo destacaron como líneas de tensión y conflicto que fueron apareciendo a lo largo de la investigación. Tensiones y conflictos cuyos procesos de producción y reproducción intentaremos describir a continuación.

 

DIFERENCIACIÓN Y DESIGUALDAD EN UN GRUPO DE AA

Son varios los procesos que intervenían en la construcción de las diferencias y las desigualdades presentadas entre los miembros del grupo Vida. Algunas de ellas eran inherentes a la "carrera" específica de cada uno dentro de AA, propias de las distintas antigüedades en la institución, de las diferentes experiencias dentro de varios grupos y/o de las secuelas físicas, orgánicas, fisiológicas y psíquicas que la historia alcohólica dejó en los sujetos.

Pero estas diferencias se articulaban con otras provenientes de biografías que revelaban inserciones socioeconómicas y culturales no sólo diferentes sino desiguales. Estas desigualdades y diferencias intervenían en las transacciones establecidas por los sujetos con la normatividad institucional y, por lo tanto, en las relaciones entre ellos, en las interpretaciones de la literatura y en las perspectivas de futuro que directa e indirectamente los vinculaban con un porvenir sin consumo de alcohol.

Sin duda, dos de los elementos centrales que se jugaban en las diferencias, en las desigualdades y en la incidencia de ellas en las expectativas de futuro de los miembros del grupo son la historia familiar y la situación económica de cada uno de ellos.

 

Las diferencias y desigualdades socioeconómicas

Las características del local que ocupaba el grupo Vida señalaban sin equívocos las condiciones materiales de sus miembros. Se ubicaba en una calle céntrica junto a una de las clínicas médicas del poblado. A diferencia de la normatividad de AA —que indica la importancia de que cada grupo sostenga su local por sus propios medios como una práctica de independencia, de autarquía y autonomía, que es parte central de su ideología asistencial respecto a otras instituciones y/o sujetos (Menéndez, 2006b)— este grupo funcionaba en un espacio cedido por la clínica y, en algunos aspectos, era supervisado por la misma. Ésta no era, ni es, una peculiaridad; muchos grupos en los países de América Latina, compuestos por miembros de los sectores más pobres, funcionan en iglesias de distintas denominaciones, clínicas médicas y locales de particulares que simpatizan con AA. Tal situación los diferencia respecto a los grupos con mayor capacidad económica o numérica —que les permite obtener mayores ingresos a partir de un número mayor de pequeñas cantidades—.

En el grupo Vida las aportaciones de los miembros a la "séptima"7 no eran suficientes para pagar la renta de un local, por modesto que fuese. El que ocupaban era de tamaño reducido, sin ventanas ni sanitario. El escaso y pobre mobiliario provenía de las aportaciones de sujetos individuales, de otros grupos de AA y de la clínica. Bancas de madera, una mesa para la coordinación de las juntas, una tribuna, una repisa para la escasa literatura y una destartalada mesa apoyada en la pared trasera sobre la que se ubicaba una parrilla para calentar el agua destinada al café y el té. Cuarteadas tazas de plástico, botes de azúcar, café instantáneo y té completaban los insumos materiales del grupo. Estos últimos y el pago de la luz eran cubiertos por las modestas aportaciones que los miembros hacían en cumplimiento parcial de la "séptima" tradición de AA.

Las aportaciones de los miembros del grupo no eran equivalentes o aproximadas entre sí, lo que provocaba tensiones que se manejaban intermitentemente entre los reproches y la comprensión. Aquellos miembros que tenían un ingreso más o menos estable aportaban, voluntariamente y de manera más o menos regular, las cantidades que eran posibles para ellos. Pero dos integrantes no aportaban, en términos prácticos, nunca.

El reproche más frecuente se manifestaba siguiendo los lineamientos de AA: "cuando estaban en la ‘actividad alcohólica’ siempre conseguían dinero para comprar alcohol, pero ahora escatiman ese dinero destinado al mantenimiento del grupo". Sin embargo, ese razonamiento no contemplaba cuestiones centrales para el análisis de ambas situaciones. En primer lugar, porque durante la carrera de la ingesta las vías por las cuales conseguían el alcohol frecuentemente estaban reñidas con los principios de AA (hurtos, deudas, sometimiento, etc.) y lejos de ser coherentes con una vida en "sobriedad". En segundo lugar, porque algunos de estos varones utilizaban el dinero, anteriormente empleado para beber, en hacerse cargo de algo que habían abandonado durante su periodo de ingesta: el rol de proveedores económicos de su familia. En tercer lugar —y no menos importante—, el daño neurológico y psíquico de dos de ellos les impedía, de diferente manera, obtener el dinero necesario para aportar al fondo económico del grupo. En uno de estos últimos casos, este tipo de reclamos acentuaba la humillación a la que este integrante del grupo se sentía sometido en su vida cotidiana fuera de la agrupación. Las consecuencias negativas irreversibles sobre estos dos sujetos exacerbaban una problemática que todos tenían: el acceso al trabajo remunerado y la continuidad en el mismo.

La situación de tensión por la escasez de recursos tuvo dos momentos críticos: el robo del dinero del fondo grupal en una ocasión y el robo de algunos objetos pertenecientes a los trabajadores de la clínica. El último robo tuvo como consecuencia la pérdida del local y el traslado del grupo a otro espacio, ahora sí rentado, que con el tiempo y por los adeudos en el pago de la renta significó el cierre del grupo. Los implícitamente acusados, en ambos casos, fueron los mismos: los dos más dañados, uno de ellos en la situación económica más crítica.

Esquemáticamente, dos subgrupos se diferenciaban al interior de este conjunto particular de AA a partir de cómo se intentaba y/o se resolvía la dificultosa situación laboral. Gabino, Juan, Rodolfo y uno de los "héroes fundadores" —Daniel— tenían una relación clientelar con un operador político regional que ubicaba a algunos en labores de servicios, remuneradas, de carácter eventual, vinculadas con actividades público–políticas del estado de México, municipales y locales. A otros, en trabajos de servicios más modestos y estables ligados a la administración local y a uno de ellos como empleado, con cierto grado de responsabilidad, en negocios de su propiedad.

Estos varones tenían dificultades para conseguir trabajo porque, según algunos de ellos, su pasado de alcoholismo y de fallas reiteradas en sus obligaciones, asociadas al mismo, les había generado antecedentes como trabajadores malos y poco confiables. Durante el proceso de recuperación, abandonada la ingesta y restablecidas sus capacidades laborales, en los casos en que esto fue posible, vendían su fuerza de trabajo a menor precio que sus pares de oficio o actividad. Esto les permitía obtener trabajo y, al mismo tiempo que les ofrecía una oportunidad de resolver su sobrevivencia, beneficiaba a aquellos que los empleaban y, simultáneamente, los controlaban. Al mismo tiempo, la competencia desleal que significaban para otros trabajadores les acarreó dificultades sociales que los colocaba en el círculo de la reproducción de la dependencia con sus empleadores. Si en otros momentos históricos las deudas por alcohol o el pago al trabajo con alcohol fueron formas de utilizar la bebida como instrumento de sujeción de los trabajadores, hoy estos trabajadores que nos ocupan reproducen su subalternidad también a través del alcohol. Un alcohol que ya no es ingerido pero que está presente como marcador social de su condición y situación laboral. Por otra parte, esta relación no era ajena a AA. El operador político fungía como un "intelectual orgánico" de los AA locales y allí reclutaba a los trabajadores que necesitaba. El espacio de AA le garantizaba, dado el conocimiento cercano que tenía de la trayectoria de abstinencia de los sujetos, que el consumo de alcohol no sería un problema en el desempeño laboral de los mismos. Simultáneamente —y esto es innegable—, ayudaba a solucionar la situación económica y, en uno de los casos, la resolvía sobradamente. [Foto]

En este subgrupo se concentraban los que tenían inclinación abierta por la llamada "terapia dura" o "directa", por un lenguaje sin mayores modificaciones respecto a su habla habitual —ligado a lo anterior se explica su acercamiento a los grupos de AA 24 Horas— y por la legitimidad de las expectativas de progreso económico y social.

El "ideólogo" de este sector era Daniel —segundo fundador del grupo—, quien había introducido8 y apadrinado a Juan en el grupo de AA y era admirado y seguido por éste. Defensor a ultranza del "progreso" económico, no escatimaba oportunidad, en las pocas ocasiones en que asistía al grupo —ya que trabajaba y residía en otro poblado—, para alentar la importancia y legitimidad de desear bienes materiales. Él lo había logrado y, sin tener en cuenta las diferentes posibilidades y puntos de partida de los miembros del grupo, no consideraba que la ambición constituyera un riesgo de recaída en el consumo de alcohol provocada por la frustración de las expectativas no cumplidas. Empleado de confianza en los comercios del operador político tenía casa de su propiedad, carro e ingresos suficientes para una vida de bienestar familiar, situación lejana para la mayoría de los miembros del grupo y en extremo distante para uno de ellos.

Haciendo uso de la tribuna Daniel dijo a todo el grupo:

Yo me rebelo contra todo lo que me impongan como verdad. ¿Que el dinero está reñido con la espiritualidad? No. Lo que es dañino es el dinero por el dinero, para acumularlo. Pero yo tengo deseos y el dinero es un medio. Cuando dejé de tomar hice una lista de deseos. Ya fui tachando algunos. Tengo casa, buenos muebles, buen carro. Quiero viajar y conocer y ya va a llegar el día en que me vaya a Europa.

Juan lo miraba con admiración y Luis fumaba con lentitud y una sonrisa condescendiente.

El otro subgrupo estaba constituido solamente por dos miembros: Luis y Ramón. El primero, jubilado como obrero textil, ejercía un oficio ligado a su ocupación anterior. Antiguo militante de AA, varias veces delegado a los Servicios Generales, primer fundador del grupo Vida, conocedor de la literatura, crítico de AA 24 Horas y defensor de la independencia económica y no publicitaria de AA y de sus miembros, había vivido de su salario de obrero y posteriormente de su jubilación y su oficio independiente. No tenía ninguna relación con el operador político regional y aceptaba su condición y situación socioeconómica modesta y suficiente para él y su familia. Señalaba como un riesgo, que podía conducir nuevamente al consumo de alcohol, las fantasías y proyectos que excedían las condiciones reales de existencia de los miembros de AA. En este sentido, y de manera tácita, ya que nunca hacía referencias personales, se enfrentaba con Daniel9. Era el otro "héroe fundador".

Ramón era un joven con el mismo oficio de su padre, en cuyo taller trabajaba. Seguidor de Luis, con el que se había apadrinado, repetía, empobreciéndolo, el discurso de éste en un intento de mantenerse en una ortodoxia para la cual le faltaban aún muchos fundamentos. Sin relación con el operador político y con condiciones materiales de vida suficientes para él, su esposa y su hijo, tenía proyectos de mejoras que cifraba en una eficiencia mayor de su trabajo como producto del abandono de la bebida. Rivalizaba con Juan, su par de edad, y se enfrentaría con él de manera directa por su hostilidad, dentro del grupo, dirigida hacia los miembros más vulnerables: Manuel y Rodolfo.

Un factor importante en las representaciones de los miembros de AA que pertenecen a sectores de nivel socioeconómico bajo y sus familias, en relación con los aspectos materiales de su vida, es la expectativa que tienen respecto a las repercusiones económicas de abandonar el consumo de alcohol.

Las consecuencias económicas de la abstinencia se vinculan directamente con el nivel de ingresos de los sujetos antes y durante su periodo de ingesta. Según cálculos hechos por los mismos AA, se estima que un "alcohólico" gasta hasta 30% de sus ingresos en bebida. Ese porcentaje no tiene la misma significación cuando esos ingresos son altos que cuando son mínimos. Por lo tanto, para nuestros informantes, recuperar ese 30% al abandonar el consumo significó una mejoría en su nivel de vida, pero no una modificación sustancial de su condición económica. La excepción era Daniel, quien logró un ascenso económico importante a partir de su inserción laboral en los comercios del operador político.

El otro factor que interviene en la producción de la frustración, ante una limitada mejoría económica y en la aceptación o no de un horizonte laboral y social de "poco prestigio", es la historia social familiar. Dos casos se perfilan con claridad en nuestro grupo de trabajo: Juan y Rodolfo. Ambos son nietos de los administradores de dos haciendas porfirianas de la región que, con la reforma y el reparto agrario, perdieron su condición económica y social. Nuestros dos informantes vivían en las casas señoriales del pasado, uno con su abuela, el otro con su madre. Subdivididas, en franco deterioro, mostraban en su materialidad la decadencia de un pasado de abundancia. Juan y Rodolfo no aceptaban ni se resignaban al descenso social familiar. Aunque personalmente no habían vivido la "época de oro", la "novela familiar" les valía como elemento de construcción de una identidad que poco tenía que ver con su condición en el presente. Pasado e identidad irrecuperables, aunque hubiesen dejado de beber alcohol. Es más, en el caso de Rodolfo, este pasado le impedía trabajar en aquellas ocupaciones que le ofrecía el operador político y que se consideraban "adecuadas", en el contexto local, a su daño neurológico y psíquico: ser barrendero en su pueblo y vivir en un cuarto de la que fue la casa familiar que su madre había vendido en un precio muy inferior a su costo real.

Juan, por su parte, reflexionaba así respecto al cambio de su condición social:

Yo era de las personas que me quería sentir muchas veces arriba de los demás o por decir de lo que me platica mi abuela de la hacienda, de mi abuelo… todo eso me hacía sentir arriba de los demás. Yo sentía: no soy de acá y soy de familia. Yo no aceptaba, y me cuesta aceptar, el estatus en que vivo y vivía, me quería sentir más por demás. Muchas veces esto se lo llegué a reprochar a mi abuela, que para qué había dejado perder todos sus bienes, todo lo que mi abuelo tenía como administrador de la hacienda, que por eso estábamos como estábamos. No aceptaba mi pobreza, hay veces que todavía me revelo. ¿Por qué no progreso? Le digo que no he progresado mucho materialmente. No se crea, a veces sin alcohol también sufrimos, y sufrimos más. Yo lo he notado, se lo digo por experiencia porque, por decir, el día de hoy lo que a mí me atañe mucho es ver mis carencias, es ver que a pesar de que he dejado de beber, pues económicamente no he avanzado mucho en bienes.

Usted dice que no mejoró económicamente. Mi pregunta es: ¿si hubiese seguido bebiendo estaría igual que ahora en lo económico?

Peor, peor, lógico. El día de hoy por lo menos… digamos que me fijo en eso por eso que AA y Luis llaman el materialismo. Es que uno sin beber… el día de hoy veo mis carencias, chupando no me importaba nada. No tengo una casa, la casa en que vivo es de mi abuela y está dividida, una mitad mi tía y su familia y la otra mi abuela y yo y quién sabe si me la vaya a dejar, si me vaya a dar parte o no me vaya a dar parte. No tengo auto, como dice Daniel. ¿Y por qué no voy a querer tener auto? O sea, esas cosas me fijo el día de hoy, pero ya son metas más grandes. Claro que conforme a comer, hasta vestir, visto un poquillo mejor que cuando bebía. Me compro zapatos, los que me gustan pesados son caros, una camisa, una chamarrita. Sí ha habido cambios, pero ni se compara con cómo vivió la familia de mi abuelo.

Los otros miembros permanentes del grupo mantenían su condición de clase social a la que pertenecían y mejoraban su situación a partir del abandono del consumo de alcohol. Las relaciones simbólicas de los miembros de AA, que en la curva del devenir histórico ocuparon familiarmente otras condiciones, posiciones y situaciones de clase, expresan distinciones significantes respecto a los otros miembros de la misma clase con los que comparten la situación y la posición actual (Bourdieu, 1966). Cuando el daño psicofísico y orgánico impiden el desempeño de los trabajos anteriores y la condición, posición y situación social es extremadamente crítica, esa distinción opera como impedimento para realizar las ocupaciones posibles y coloca al sujeto en el límite de la sobrevivencia.

 

Las diferencias respecto a la dinámica grupal

Alcohólicos Anónimos no tiene un verdadero
gobierno.
Cada grupo es libre para decidir
sus propias costumbres y maneras de
efectuar
sus juntas, en tanto no dañe a otros
grupos
o a
AA como un todo.

(Una breve guía de AA, 2003)

El objetivo central y específico del grupo Vida, como de todo grupo de AA y de AA 24 Horas, era el abandono del consumo de alcohol y la construcción de representaciones y prácticas diferentes a aquellas que acompañaron y, en parte, provocaron la ingesta de alcohol. Prácticas y representaciones encaminadas a otorgarle sentido a la carrera de consumo y a la de abstinencia. Con relación a esta idea hay que enfatizar que en el grupo todos los miembros, con excepción de Manuel, se habían mantenido sin beber por un lapso significativo —entre 2 y 25 años— hasta el momento en que dejé el trabajo con ellos. Este logro se producía, en gran parte, en las juntas vespertinas de hora y media que tenían lugar en el local que ocupaban, de lunes a domingo.

Describiré aquí algunos aspectos de las juntas en las que se expresaban, aunque con diferencias individuales, los desacuerdos entre los dos subgrupos; desacuerdos que repetían en el interior del conjunto local las disidencias existentes entre las dos grandes agrupaciones de Alcohólicos Anónimos Central Mexicana y Alcohólicos Anónimos 24 Horas. Pero esta afirmación podría llevar a pensar que el conflicto intragrupal era importado por los ideólogos de ambas posiciones cuando, en realidad, estos últimos le daban voz y sentido a necesidades diferenciales de los miembros del grupo. Por lo menos a algunos.

Como quedó señalado en páginas anteriores, uno de los problemas serios de este grupo era lograr que todos los miembros cumplieran con el aporte económico que manda la séptima tradición. Pero el otro problema era el hurto ocasional del monto de la misma. Si bien un sector (Luis, Juan, Gabino) trataron de manejar estos hechos como parte de un proceso de recuperación y acudieron a pasos y tradiciones para enfrentar la situación, Daniel y Ramón no ahorraban hostilidad y acusaciones directas.

El malestar entre los subgrupos se manifestó, entrecruzado con lo anterior, en diversos aspectos de la dinámica de las reuniones. No me ocuparé, en los límites de este artículo, de describir todas las fases que tuvo cada una de las juntas, pero señalaré que algunas de ellas se cumplían de una manera bastante mecánica y despojada de contenido, con lo que parecían más una puesta en público de la ritualidad ineludible, parte importante de un proceso de encuentro grupal y existencial.

El punto central de la dinámica grupal era la llamada por ellos mismos, "terapia", caracterizada, como en muchos grupos de ayuda mutua, por la relación que se establece entre los miembros que hablan en la "tribuna" y la respuesta que reciben de los otros compañeros del grupo.

La forma dominante que adquiere la presentación en tribuna es el "historial", es decir, el relato de diferentes aspectos de la carrera de la ingesta, con especial énfasis en las consecuencias negativas y en los defectos que caracterizan al sujeto en esos momentos, así como los daños causados a otros. Esta presentación tiene momentos dramáticos y otros plagados de humor, compartidos por los demás miembros del grupo (Sánchez Bandala, 2007). Este humor puede residir en el contenido de la anécdota, en la manera ridiculizante, burlona, de presentarla, o en ambas. El discurso finaliza con una breve referencia a los cambios logrados a partir de la aceptación de ser un alcohólico e introducirse en el programa de AA.

El lenguaje utilizado durante el uso de la tribuna varía, obviamente, de acuerdo con el capital lingüístico de cada uno y es producto no solamente de la lengua materna de cada miembro —lengua indígena o español— o del grado de escolaridad alcanzado, sino de los daños sufridos en la esfera del lenguaje o en otras vinculadas con ella y en la capacidad de conceptualización respecto a los procesos vividos. Esta capacidad es obtenida en diferentes instancias, pero también está vinculada con el manejo de la literatura y, por lo tanto, con la capacidad para leer y concentrarse en la lectura. De distinta manera y por distintas razones, Gabino, Manuel y Rodolfo eran quienes presentaban las mayores dificultades de expresión verbal. Sus discursos eran repetitivos y monótonos; en el caso de Rodolfo casi incomprensible y referido la mayoría de las veces a su compulsión sexual. Juan, Rodolfo, Manuel y Daniel, por su parte, utilizaban muchas expresiones consideradas groseras y molestas para los otros miembros del grupo.

El lenguaje corporal también comunica una parte de la historia de estos hombres. Además de las cicatrices, la falta de dientes y otras "marcas" en sus cuerpos y acciones, algunos de ellos —Luis, Rodolfo y Juan— mostraban en su gestualidad —al caminar, al estar en la tribuna, en la manera de tomar la taza de café o el cigarro— un inconfundible código masculino aprendido en bares y cantinas. Esa gestualidad no era agresiva pero sí desafiante, pues transmitía seguridad y firmeza, y se manifestaba en especial en la tribuna. Tanto era así que en una ocasión le hizo exclamar a Rodolfo, al acodarse sobre ésta con la taza de té en la mano: "Esto es como la barra de un bar." Dicha gestualidad resultaba contrastante con los momentos en que estos mismos varones ofrecían un café o solicitaban un vaso de agua o un cigarro, inclinándose, casi encogiéndose, mientras decían "de buena voluntad", o cuando trapeaban el piso y exclamaban con humor: "Hoy le estoy echando humildad."

Mientras un miembro del grupo hacía uso de la palabra en la tribuna podían ocurrir varias cosas entre los compañeros que estaban presentes: escucharlo atentamente, estar notoriamente distraídos u hostilizarlo a través de la gestualidad10.

Los historiales presentados recibían posteriormente tres tipos de respuestas: a) una no directa y el pase al historial del compañero que lo sucedía en el uso de la tribuna; b) una de "terapia dura" o "directa" a cargo de los partidarios de AA 24 Horas, en especial si estaba presente Daniel, y c) una respuesta que relativizaba la importancia de repetir el historial y resaltaba la necesidad de trabajar, profundizando en la literatura, en especial en los pasos y tradiciones.

En apoyo del uso de la "terapia directa" y de los 24 Horas, Juan decía en una entrevista:

Ha llegado el momento que haiga habido rivalidades. Por… es que hay veces que no nos entendemos… Aquí en marzo tuvimos un problema con el compañero Ramón porque él no es de las personas que está de acuerdo con nuestra manera de trabajar. No sé si oyó ayer lo que decía el compañero Luis… que cada grupo es autónomo. Nosotros tenemos una forma de hablar, hay otros grupos que tienen otra, o sea, se rectan a diferentes lenguajes… como ellos quieran trabajar. Y es que nosotros aprendimos aquí el lenguaje… tipo 24 Horas… o sea, ¡hablar fuerte! ¡Y decir! O sea, que hay grupos que se reprimen a hablar de sus cosas y nosotros no lo hacemos, hablamos de dinero, si alguien violó que lo diga, ya oyó al compañero… Por decir… eehh… a veces aplicamos la "terapia directa" y siempre hablamos fuerte, echamos una que otra grosería y hay grupos donde no se hace, en verdad. Como cuando el compañero se fue a beber y volvió, no le vamos a prohibir que vuelva, no. Pero Daniel le aplicó la terapia. Le puso una botella de alcohol enfrente y un cerillo y le dijo: "Tómatela, cabrón, hijo de la chingada, yo te la disparo y si no, te la echo encima y te prendo fuego, total, no sirves para una chingada."

En silencio, Luis escuchaba los historiales. Luego de uno, dos o máximo tres de ellos, pedía pasar a tribuna a plantear lo que él consideraba las maneras de trabajar en AA que más beneficios traerían a los alcohólicos, al grupo y a AA en su conjunto. En la base de estas consideraciones existía una idea central: no es suficiente dejar de beber, hay que hacer un trabajo personal–grupal, mutuo, de cambio espiritual, ético, que permita limitar los riesgos de recaer, incorporar al programa a más alcohólicos que sufren y mantener una buena imagen del grupo y de AA. [Foto]

Esquemáticamente su discurso en tribuna cubría los siguientes apartados: 1) Hacer el historial es un paso necesario, pero no suficiente, para llevar el programa de AA. El historial puede hacerse con el padrino y no es necesario hacerlo en las juntas. 2) A él no le asustaban los relatos de las "barbaridades" hechas bajo los efectos del alcohol ni las groserías, ni todos los lenguajes que usaran, porque se los conocía todos. 3) Si realmente se quiere cambiar y no solamente dejar de beber hay que usar otro lenguaje. 4) La tribuna no es imprescindible. Hay grupos que funcionan sin tribuna. 5) Hay que leer la literatura, o hacérsela leer, para trabajar pasos y tradiciones en las juntas y recuperar las enseñanzas de muchos alcohólicos que han aportado su experiencia. 6) Para pasar el mensaje a otros alcohólicos hay que escuchar cómo lo hacen los que tienen experiencia y conocer los principios de AA. Hay que saber. 7) Hay que prepararse para ser servidor y representante en los distintos niveles de la organización de AA. 8) No hay que polemizar sobre cuáles son las mejores vías para dejar de beber. Si dan resultado, todas son buenas y cada uno tiene que buscar el grupo que mejor le acomode.

Luis decía en una de las entrevistas:

Dice el cuarto paso: el alcohólico tiene que reconocer que tuvo que ver, o sea, tiene que darse cuenta en qué momento, cuándo y dónde se desvió de un camino recto, pero el alcohólico es rebelde por naturaleza. Se rebela ante la idea que tiene que cambiar su forma de ser. Como la mayor parte se basa nada más en el historial, ¡el mentado historial! [lo dice con tono despectivo], y como el primer paso dice que nuestros historiales reflejan nuestra vida en la actividad alcohólica; pero dice: y lo que estamos haciendo ahora para dejar de beber. Entonces siempre nos quedamos con la parte que más nos conviene… Muchos se acostumbran a eso y están cuente y cuente, su vida, su vida, su vida… pero yo te aseguro que te cuento esto ahorita, dentro de unos quince días te lo vuelvo a contar. Tú quieres saber quizá otra cosa, pero yo te vuelvo a contar esto mismo, entonces tú dices: "Yo aquí no saco nada." Probablemente te aburras o no, pero los alcohólicos sí nos aburrimos. Ya después de tantos años siguen con lo mismo… Se debe cambiar la manera de hablar, porque en AA se aprende a hablar.

Señor Luis, ¿cómo está eso de que se aprende a hablar? Usted y los compañeros me han dicho que hablaban como pericos en las cantinas, las pulcatas, las fiestas.

Maru, puras tonterías. En primer lugar se aprende a hablar sin estar borracho, te abres de capa sin alcohol. Y tienes que aprender otra manera de hablar ya no la del bar o la cantina, ahora cuando hablas tienes que mostrar que tienes otras cosas para decir. No sé si lo dije ayer o anteayer, pero hay que buscar otra cosa y se recomienda que el alcohólico cuando llega… definitivamente no tiene nada que contar más que su vida, la actividad alcohólica, pero si aprende a vivir del método de recuperación que AA propone, su vida no se le olvidará, pero ya no la va a sacar cada rato a flote sino que va trabajando en su propia recuperación. Pero ahora nos vamos a lo que dice la primera tradición: el fin que buscamos lo debe tener la preferencia del bienestar común. Todos lo adoptan como mi propio bienestar. ¡Tanta risa me daba porque luego decían "mi bienestar común"! ¡Ay, pero qué brutos! Ahí se ve claramente que buscan su propio bienestar, lo demás no les importa nada. Cada quién está luchando lo suyo, nada más. Aquí en AA hay gente muy bien preparada, que conoce bastante pero no está dispuesta a dar su tiempo. Pero si uno les trata de decir esto a los compas lo toman a que es una imposición.

Además de la explicación de este militante de AA respecto a los cambios que implican la modificación del lenguaje en el proceso de recuperación y la necesidad de superar la etapa del historial, queremos señalar su indicación respecto a la dificultad de involucrarse en un proceso de ayuda mutua que vaya más allá de la autoayuda. Y, simultáneamente, cómo la ayuda mutua —no solamente dentro del grupo, sino en el servicio y en la difusión del mensaje— implica la forma más eficaz de una autoayuda sostenida.

Dentro del subgrupo mayoritario, las razones por las que los miembros se adscribían a las posiciones de AA 24 Horas no eran las mismas para todos. Daniel y Juan, además de coincidir en cuanto a la legitimidad de las expectativas económicas de ascenso, elaboraban su adscripción a los lineamientos de los 24 Horas fundando sus razonamientos en los siguientes puntos: 1)Un alcohólico puede no poder esperar a la única reunión diaria de hora y media que ofrecen los grupos tradicionales. 2) Hay casos en que solamente internados en un 24 Horas se les puede tratar. 3) Cuando la situación económica familiar del enfermo alcohólico no lo puede sostener ni ubicar en un hospital, los 24 Horas son una opción para ser tratados en condiciones seguras. 4) La terapia dura es la manera eficaz de tratar a muchos alcohólicos.

Por su parte, Rodolfo tenía abundante experiencia en esa organización y en ella había "nacido" como alcohólico anónimo. Era ejemplo de la eficacia de estos grupos para los otros miembros que apoyaban este tipo de tratamiento, pero él, por sus condiciones neurológicas y psíquicas, no tenía posibilidades de polemizar. Gabino rehuía la polémica y, si bien sus características personales lo acercaban más a los tradicionalistas, su cercanía afectiva con Juan lo colocaba en una actitud conciliadora con las posiciones de éste y, simultáneamente, se plegaba a las propuestas que le aseguraban la conservación de sus trabajos en los servicios de la administración local, ya que el operador político era partidario, tendencialmente, de esta vertiente de AA. Así se refería Juan a ella:

Luis no quiere nada con los 24 Horas y, la verdad, es una responsabilidad muy grande. Primero necesita uno disponer de tiempo, económicamente hay que estar más o menos bien para tener ese tiempo, también hay que aventarse unas broncas muy duras, porque a veces los familiares de los alcohólicos… o se quejan de cómo los tratan o también los llevan a la fuerza. Ahí los tienen internados y allí se ve otro tipo de experiencias, más duras todavía. Porque en estos grupos tradicionales casi es a base de voluntad del propio individuo11, pero en los 24 Horas muchas veces los hacen aceptar a fuerzas. No los castigan… Pero los encierran, es una cárcel disimulada que no los dejan salir. No los golpean, los tienen todo el día en junta, desde la mañana hasta la noche, o sea, 24 Horas.

Los mismos compañeros, los que llamamos servidores, prestan el servicio, se turnan, y allí tiene a los internos duro, duro con la terapia. Allí también se usa la terapia de la indiferencia; nos la enseñó Daniel y se la aplicamos al compañero Ramón que nos tenía fritos con sus cosas. Le aplicamos la indiferencia: un día no le hablábamos, otro ni lo mirábamos, aunque él nos buscara, como si no estuviera, no lo tomábamos en cuenta.

 

ALGUNAS REFLEXIONES FINALES

He descrito y analizado cómo —a pesar de las diferentes vías por las que se intenta construir una identidad homogénea sustentada en la enfermedad del "alcoholismo"— se pueden rastrear diferencias y desigualdades, así como algunas de sus causas. Vimos que, a pesar de los intentos por eliminar las consecuencias de esas diferencias y las desigualdades, algunas de ellas tienen un peso suficiente para producir fisuras y fracturas que implican alejamientos de AA, cambios de grupo y, en el caso de los grupos pequeños, la posibilidad de su desaparición.

En el grupo Vida las diferencias entre católicos y pentecostales, en términos de adscripciones religiosas, no fueron motivo de tensiones grupales. En la norma ideal de AA el Poder Superior tiene la característica de ser concebido como cada miembro lo considere pertinente y en la práctica grupal ninguno de los integrantes tenía una creencia religiosa denominacional profunda.

Tampoco se evidenciaron diferencias significativas en cuanto a adscripciones étnicas, indígena/no indígena, dentro de las interacciones grupales. En todo caso, las discriminaciones étnicas respecto a los indígenas se manifestaron en algunas entrevistas en las que los no indígenas se refirieron a su racismo como parte de concepciones equivocadas existentes en su pasado. Desde otra perspectiva, esta diferencia étnica apareció como una dificultad para los servidores de AA durante la tarea de llevar el "mensaje" a los alcohólicos pertenecientes a grupos indígenas en localidades con escaso bilingüismo.

Las diferencias de edad entre los miembros del grupo no fueron importantes por sí solas en términos de tensiones entre ellos, pero sí cobraron importancia cuando aquel de mayor edad incluía como característica personal una antigüedad significativa en la organización, una pertenencia militante a la misma y una alta elaboración de su normatividad y de sus prácticas, aspectos que se constituyeron en un saber otorgante de capacidad argumentativa.

Con relación a lo anterior, la diferenciación entre los "héroes fundadores" del grupo —vinculada con los dos tipos de "terapia" grupal y su articulación con las dos grandes divisiones, AA y AA 24 Horas, y con la experiencia de dos miembros del grupo con esta última institución, como fundamento de las necesidades diferenciales que pueden tener y tienen los distintos tipos de alcohólicos— significó un proceso de conflictividad creciente dentro del grupo.

Como un factor central, no sólo de la diferencia sino de la desigualdad, las distintas adscripciones socioeconómicas y las fantasías a futuro de progreso material vinculadas con la esfera de influencia de la política local, regional y estatal, hizo estallar en el nivel microgrupal una polémica de prácticas que tenían su correlato en la sociedad global. Cuando esta desigualdad se articuló con daños neurológicos y psíquicos irreversibles e incapacitantes y la imposibilidad de la reciprocidad equivalente alteró la posibilidad de la ayuda mutua, el conflicto —sobredeterminado en esta multiplicidad de factores— estalló como "delito" personalizado, como agresión directa y, finalmente, como ruptura grupal.

Estas diferencias y desigualdades implicaron niveles de conflictividad entre ellos cada vez más altos. Se necesitaron varios meses de asistencia diaria al grupo para que éstos se manifestaran frente a mí, ya sea en las entrevistas o en la dinámica de las juntas "cerradas".

Si bien la literatura de AA, algunos de sus intelectuales orgánicos, así como cierta bibliografía señalan la existencia de conflictos dentro de los grupos, la tendencia de estas interpretaciones es privilegiar una visión que coloca dicha conflictividad en el plano de lo normalizado, "metabolizable" por el grupo o, en última instancia, la resolución de las diferencias por medio de la salida de algunos miembros disidentes (Brandes, 2004). En los casos que yo he conocido, los que salen suelen ser los más "débiles".

Pero estas "resoluciones" son potencialmente posibles en grupos numerosos, con un número "suficiente" de miembros; por lo general agrupaciones urbanas, en las cuales las posibilidades de vinculaciones más estrechas se resuelven por la existencia de diversos subgrupos y la dinámica mayoritaria puede disminuir la conflictividad. Asimismo, en grupos numerosos la salida de algunos miembros no compromete la continuidad del conjunto ni afecta su trabajo. Por el contrario, a veces dicha salida alivia las tensiones grupales provocadas por las disidencias y los conflictos. Sin embargo, lo que puede ser funcional en el nivel grupal no siempre es sinónimo de lo "justo" en el nivel de los sujetos individuales que sufren las consecuencias personales de ese movimiento centrífugo.

En los grupos pequeños, como el que fue referente empírico de esta investigación, los conflictos son más cáusticos e hirientes —en particular cuando no hay otros grupos alternativos cercanos espacialmente a los que se pueda recurrir— y reproducen las situaciones de desigualdad y falta de otras oportunidades para aquellos miembros con mayores carencias económicas y/o de movilidad, lo que les impide desplazarse a grupos que funcionan en otras localidades.

Para algunos miembros, el grupo con el que trabajé era de ayuda mutua y, en esa medida, se constituía como recurso de autoayuda. Para otros, y en especial para Manuel y Rodolfo, las limitaciones personales —que en lo referido a las condiciones económicas se determinaban en la historicidad global de la cotidianidad actual— solamente les permitían utilizar su inserción grupal en los límites de la autoayuda. La reciprocidad que podían establecer con los otros miembros de su grupo no pasaba ni por una aportación económica equivalente ni por sus posibilidades expresivas ni de elaboración de los problemas y, menos aún, por su potencialidad como servidores fuera del grupo (Menéndez, 1984).

Manuel murió; Gabino y Rodolfo quedaron sin posibilidades de inserción en otro grupo de AA por la lejanía relativa de las opciones existentes al terminarse el grupo Vida. Daniel, Juan, Luis y Ramón tenían las condiciones físicas, psíquicas, económicas y sociales para desplazarse hacia otras opciones de AA existentes en otra localidad más grande.

Lejos estamos de negar la eficacia de los grupos de autoayuda y ayuda mutua vinculados con AA o disminuir la importancia de la construcción de una identidad de enfermo alcohólico. Pero, simultáneamente, cuando el grupo, las discusiones y la literatura utilizada no proveen de perspectivas ideológicas y espacios para el análisis y la explicación de las sobredeterminaciones y variaciones sociales de la ingesta de alcohol, de las desigualdades intragrupales y de sus perspectivas a futuro, éstas se manifiestan en las discusiones y rivalidades respecto a temas y dinámicas específicas que potencian la intensidad de los enfrentamientos y, a veces, constituyen la raíz de los mismos.

 

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NOTAS

1 La sobriedad implica la modificación de importantes características de los sujetos en términos de valores, actitudes, sentimientos y prácticas como producto de un cambio espiritual tendiente a eliminar los llamados defectos de carácter del alcohólico. Tener la sobriedad como meta implica una ardua labor personal y en el grupo de AA, y dentro de la cual la abstinencia de las bebidas alcohólicas solamente es un paso.

2 Los nombres del grupo de AA, de sus integrantes y de la localidad de trabajo son ficticios.

3 En AA se considera que los cambios que se producen en los sujetos a lo largo del proceso de incorporación al programa tienen su inicio en el ingreso a un grupo. El nuevo sujeto, como proyecto, "nace" otra vez.

4 A las reuniones ordinarias de los grupos de AA tradicionales pueden llegar miembros de AA que, circunstancialmente, no están próximos a su grupo habitual o que van a compartir su experiencia en otros grupos y a recibir la de ellos. También pueden llegar invitados de distintas características y que adhieren a las perspectivas y prácticas de AA (psicólogos, médicos, psiquiatras, teólogos, sacerdotes católicos, pastores protestantes) a dar pláticas sobre temas específicos relacionados directa o indirectamente con el consumo de alcohol, sus consecuencias y la conveniencia de la abstinencia, así como los caminos para lograrla. En el grupo Vida era frecuente que los domingos llegaran los preliberados: personas que, habiendo cometido un delito en estado de embriaguez, eran liberadas antes del cumplimiento de la totalidad de la condena con la condición de asistir a las sesiones dominicales de este grupo de AA, teniendo que presentarse el lunes en el penal con la constancia escrita, sellada por AA, de su asistencia. Con cierta frecuencia suelen asistir también, en los gupos tradicionales, los "héroes fundadores" que —si bien con diferencias importantes respectos a los clasificados como tales por los estudios antropológicos de los clanes y sus tótems, como señalaron, entre otros, Mauss (1971) y Lévi Strauss (1964) y con algunas similitudes como las planteadas por Antzes (1987)— son los fundadores del grupo. Su aparición y su acto fundacional son relatados como un mito de origen. Sus posiciones con relación a las prácticas y representaciones referidas a las dinámicas del grupo, las interpretaciones de los principios y tradiciones y los tipos de terapias, son manifestaciones empíricas de diferencias ideológicas entre ellos y una de las vertientes en las que se juega su liderazgo y se dividen sus seguidores.

5 Luis (primer fundador del grupo, 64 años, preparatoria completa, obrero jubilado con oficio, 25 años en AA, sin recaídas); Gabino (61 años, sin escolaridad, indígena, campesino y trabajador en servicios manuales en el municipio, 10 años en AA, una recaída); Rodolfo (45 años, preparatoria completa, sin trabajo, situación económica crítica, severo daño neurológico, varios ingresos a AA 24 Horas, dos años en el grupo Vida sin recaídas); Manuel (29 años, segundo año de primaria, ayudante de su padre en su negocio, cuatro años en el grupo, varios ingresos en AA 24 Horas donde "nació", numerosas recaídas); Juan (30 años, secundaria completa, oficio, dos años y medio en el grupo Vida donde "nació", una recaída); Ramón (29 años, preparatoria completa, oficio, trabaja en el taller de su padre, dos años en el grupo, "nació" en un grupo de otro municipio, ninguna recaída en el grupo Vida); Daniel (segundo fundador del grupo, 45 años, preparatoria completa, empleado en comercios, siete años en AA, nació en un grupo de otro estado, su presencia en las juntas del grupo Vida era eventual pero significativa).

6 Estos operadores políticos remiten, en el Estado de México, a los jefes políticos del siglo XIX que describe Romana Falcón (1998): agencias itinerantes del gobierno que relacionaban a quienes detentaban el poder de la federación y los estados con los municipios, pueblos e individuos. Creaban puentes formales e informales entre los gobernantes y personas influyentes frente a los dominados. Sus funciones también estaban encaminadas a cumplir con las tareas del buen gobierno y a servir de bastiones de la moral, con creciente interferencia del poder público en la vida privada y social.

7 La séptima tradición de AA señala: "Todo grupo de AA debe mantenerse completamente a sí mismo, negándose a recibir contribuciones de afuera" (AA, 1989a: 183) .

8 Cabe señalar que para convencer a Juan de ingresar a AA le ofreció un trabajo estable en el sector público que implicaba la condición de no ingerir alcohol. La recaída en la bebida le significó a este último la pérdida del trabajo. Como Juan mismo señaló: "entré a AA por el trabajo y no porque hubiese tocado fondo ni estuviera convencido de entrar". Al respecto en Una breve guía de AA, la agrupación de la Central Mexicana señala: "AA no ofrece motivación inicial para la recuperación de los alcohólicos, ni trata de persuadir a nadie para que pertenezca a la agrupación" (AA, 2003: 9).

9 En este sentido, las representaciones y prácticas de Luis pueden asociarse con el concepto del imaginario efectivo de Castoriadis, como aquello que tiende a la reproducción–consolidación de lo instituido y cuenta para ello con mitos, rituales y emblemas de gran eficacia simbólica con los que se intenta el disciplinamiento de imágenes, anhelos e intereses, en este caso, del grupo (en Fernández, 1989: 145). Esto no implica que Daniel y sus seguidores representaran una utopía de cambio que significara un cuestionamiento social a posiciones conservadoras. Por el contrario, esa posición se ajustaba a un proyecto de ascenso individual, basado en el esfuerzo personal, en el rol clientelar, en la ganancia y el consumo.

10 Esta última actitud era exclusiva de Ramón y estaba dirigida específicamente a Manuel y Rodolfo, los dos sujetos más dañados y vulnerables del grupo, los que no aportaban la "séptima" o lo hacían ocasionalmente y los que más dificultades neurológicas tenían. Uno de ellos tenía frecuentes recaídas y el otro estaba en una situación económica absolutamente crítica. El mensaje que enviaba Ramón, en especial a Manuel, en susurros y por medio de gestos, era que no creía en su recuperación, que se iba a ir a tomar y que lo iba a hacer con el dinero que se había robado. Esto ocasionaba molestias en el grupo, en especial en Juan. Protector y amigo de la infancia de Manuel, respetuoso y considerado de la situación de Rodolfo, llegó a golpear a Ramón cuando salieron de una de las juntas. La muerte de Manuel, supuestamente en una recaída, fue el golpe final a la integridad del grupo y culminó con el proceso de separación de ambos sectores.

11 Si bien no me ocuparé de este punto en este artículo quiero resaltar que, al centrar la recuperación en la voluntad del propio individuo, Juan está señalando una de las dificultades que se presentaba en la mayor parte de los miembros de este grupo y que se refiere a su no–convicción en la existencia de un Ser Superior. El tercero, el sexto y el séptimo paso de AA implican la creencia en su existencia y en su función de cuidador de la voluntad, liberador de los defectos de carácter y destinatario de los pedidos para que esto se logre.