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Economía, sociedad y territorio

versión On-line ISSN 2448-6183versión impresa ISSN 1405-8421

Econ. soc. territ vol.22 no.68 Toluca ene./abr. 2022  Epub 25-Mar-2022

https://doi.org/10.22136/est20221726 

Artículos

El ecoturismo, ¿solución o parte del problema de la economía de cuidados?

Is Ecotourism a Solution or Part of the Problem of the Care Economy?

Gloria Mariel Suárez Gtz.* 

Erin IJ Estrada Lugo** 

Rocío Serrano-Barquín*** 

María José Pastor-Alfonso**** 

Georgina Sánchez Ramírez** 

* Red de Turismo Sustentable y Desarrollo Social, A. C., correo-e: gsuarez@ecosur.edu.mx

** Colegio de la Frontera Sur, unidad San Cristóbal de las Casas, correos-e: eestrada@ecosur.mx y gsanchez@ecosur.mx

*** Centro de Investigación y Estudios Turísticos (Cietur), UAEMéx, correo-e: rocioserba14@gmail.com

**** Instituto Universitario de Investigaciones Turísticas, Universidad de Alicante, correo-e: mariajopastora@gmail.com


Resumen

La investigación se realizó en dos centros ecoturísticos de Chiapas (Selva Lacandona-Soconusco) . Se pretende visibilizar el efecto del ecoturismo en comunidades indígenas en sus dimensiones reproductivas y productivas, bajo la perspectiva de género y economía de cuidados. Este análisis parte de estudios de caso, con herramientas como la observación participante, diario de campo y entrevistas. Se concluye que el trabajo diferencial de hombres y mujeres evidencia que los patrones socioculturales reproducen los roles hegemónicos de género, aunado a que el ecoturismo no contempla el reparto equitativo, pues desvaloriza e invisibiliza el trabajo de cuidados de las mujeres en ambas dimensiones.

Palabras clave: economía de cuidados; ecoturismo; turismo; planificación turística; dobles jornadas

Abstract

In this research two ecotourism centers in Chiapas (Selva Lacandona and Soconusco region) were studied. The effect of ecotourism in indigenous communities from the perspective of gender and care economy was addressed with emphasis in its reproductive and productive dimensions. Case study approach, participant observation, interviews and field journal were used. The conclusions reveal differential work performed by men and women, showing the prevailing sociocultural patterns that replicate the hegemonic gender roles. Moreover, ecotourism does not contribute to equitable distribution, making care work of women not valuable and invisible in productive and reproductive activities.

Keywords: care economy; ecotourism; tourism; tourism planification; double working hours

Introducción1

La escala de lo doméstico en los procesos sociales ha quedado oculta y separada de la investigación sobre el turismo. La intención de este artículo es visibilizar el efecto del ecoturismo desarrollado en comunidades indígenas en sus dimensiones reproductivas y productivas en los centros ecoturísticos de la zona de la Selva Lacandona y en el Soconusco del estado de Chiapas; este análisis parte de la perspectiva de género, de la economía de cuidados, así como de las relaciones sociales que se dan en las esferas de la vida pública y privada.

Es importante mencionar que los estudios de este tipo desafían los fundamentos epistemológicos y ontológicos para entender el turismo como un tema separado de las investigaciones de la vida cotidiana, las estructuras sociales y los procesos de trabajo que tradicionalmente estudia y analiza la teoría social (Ferguson, 2011; Ferguson y Moreno Alarcón, 2015).

Desde un punto de vista antropológico, el turismo puede ser un catalizador para el desarrollo local de comunidades rurales indígenas, pero también pone en peligro aspectos de su reproducción social que son conscientemente protegidos por los habitantes locales, esto en respuesta a las expectativas generadas (Lagunas Arias, 2012), es decir, no sólo se trata de un proceso de economía de cuidados (afectos, limpieza, crianza, etc.), sino de reorganización socioespacial y transformación cultural (López Santillán y Marín Guardado, 2010). Por ejemplo, en un estudio reciente, realizado por Mejía-Vázquez et al. (2019) se destacaron las condiciones de las mujeres en el ambiente laboral como la igualdad y equidad, así como las condiciones de precariedad.

Cabe señalar que el turismo es parte del sistema capitalista preponderante, su expansión acelerada y sistemática lo ha convertido en un fenómeno de suma importancia económica para el mundo (López Santillan y Marín Guardado, 2010). En el caso de México y según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi, 2020a), en 2018 el turismo aportó 8.7% del PIB y generó 2.3 millones de empleos.

Recientemente, el turismo se aborda desde distintas temáticas con un enfoque de perspectiva de género, una de ellas es el trabajo invisibilizado de las mujeres; aspectos ya revisados por autoras y autores como Díaz-Carrión (2010), Ferguson (2011), Ferguson y Moreno Alarcón (2015), Reimer y Walter (2013) y Suárez Gtz. et al. (2016). Sin embargo, en estas investigaciones se ha profundizado poco sobre lo que ocurre fuera del trabajo remunerado de la industria turística, como el tema de cuidados, que para el presente estudio se entiende como aquella prestación que hace una persona en forma de bienes y servicios, que consume tiempo y energía, destinados a sostener y garantizar el bienestar biológico, psicológico, social y espiritual de otras personas (Ferro, 2017; Padilla Pardo, 2017).

Ahora bien, las actividades productivas y reproductivas ya no parecen ser tan extrañas e indivisibles, particularmente en comunidades locales rurales e indígenas. El trabajo como tal ya no es la mera duración o el tiempo dedicado al mismo, es algo que va más allá, es una cuestión más compleja de organizar las relaciones entre la vida y el trabajo, de ahí lo indivisible del aspecto productivo y reproductivo. Al estudiar el turismo desde el punto de vista de los trabajadores y trabajadoras en lugar del de los turistas, se busca enunciar cómo la industria del turismo modifica o refuerza los roles hegemónicos de género e invisibiliza el trabajo de reproducción y cuidados.

Para este análisis abordamos la economía de cuidados desde la perspectiva de género, lo cual nos permite reconocer la diferencia sexual en las representaciones y prescripciones sociales (Lamas, 1996), y al mismo tiempo nos ayuda a plantear esta diversidad como un principio esencial en la construcción de las sociedades locales. Una de las principales aportaciones de la perspectiva de género es no dar por sentada la naturaleza única de las estructuras familiares, esto es, considerar que las funciones se estipulan acorde con divisiones por clase, etnia, relaciones de cooperación y conflicto y, en consecuencia, el acceso, uso, manejo, control y beneficio de los recursos es diferencial, lo que evidencia un ejercicio desigual del poder entre hombres y mujeres.

Aunado a ello, la economía de cuidados pone en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida y no la del mercado (Carrasco et al., 2011). Con ello se pretende constatar que en la economía actual -desde la dimensión implícita de género (que muchas veces se confunde con una distinción de la población entre hombres y mujeres)- es evidente el juego de responsabilidades, el ejercicio del poder y la diversificación del trabajo por sexo, lo cual impide transformar su contexto social y cotidiano (Schmitt et al., 2016).

Cabe mencionar que al plantear la investigación turística desde la perspectiva de género y la economía de cuidados se promueve el acercamiento al campo de la investigación turística desde un punto de vista más crítico, lo cual nos permite vislumbrar las brechas de género, las actividades productivas y reproductivas experimentadas y reflexionadas por los propios actores locales, y dar cuenta de las relaciones sociales y de la asimetría de la carga de responsabilidades que se dan en las esferas de la vida pública y privada.

Desistimos de analizar sólo la parte de gestión empresarial o ver a las personas involucradas en la reproducción de la actividad turística en la calidad o cantidad de mano de obra de una industria turística exitosa, por el contrario, nos enfocamos en saber qué pasa con el turismo y las personas que, por antonomasia, han sido responsabilizadas del cuidado y procuración de la vida: las mujeres.

El documento se desarrolla en cuatro secciones, en la primera se hace un esbozo sobre la situación de las mujeres en el turismo. Luego se presentan los elementos teóricos de lo que ocurre en el turismo y la forma en que se desarrollan las relaciones entre hombres y mujeres al cumplir con los servicios que ofertan. En la tercera parte, se presentan los marcos de análisis utilizados y la recopilación de los datos, seguido de la información relacionada al proceso de desarrollo de la actividad, conformación y planificación de los centros.

De igual manera se hace referencia al espacio productivo, reproductivo y comunitario para cubrir las dos dimensiones de nuestro marco de análisis. Se reflexiona acerca de cómo los aspectos de la organización y su planificación refuerzan y mantienen estereotipos de género que condicionan la economía de cuidados, el tiempo (en horas) que se dedica a las actividades de cuidado y cómo éstas condicionan el trabajo productivo y reproductivo de las mujeres. El artículo finaliza con una serie de recomendaciones y conclusiones sobre el ecoturismo y la economía de cuidados, con énfasis en quienes asumen la mayor responsabilidad en dichos ámbitos.

1. Turismo-mujeres, perspectiva de género y la economía de cuidados

En el reciente reporte mundial de las mujeres en el turismo se registró que ellas representan un poco más de la mitad (54%) de las personas empleadas, para América Latina corresponde 57%; cabe señalar que 14.7% de ellas gana menos dinero que los hombres (OMT, 2019). Esto nos permite aseverar que el análisis del turismo desde la perspectiva de género es sustantivo, pues se debe mirar más allá de los beneficios puramente económicos del turismo para lograr la igualdad de género, ya que es claro que las brechas económicas se mantienen. Si bien el turismo puede aumentar la contribución económica de las mujeres, diversos estudios de caso demuestran que este sector de la población no tiene el poder suficiente para alcanzar un empoderamiento real (que incluya una vida propia, libre de expectativas ajenas, con tiempo para la salud, el esparcimiento y el ocio) a pesar de su desarrollo económico (Ferguson y Moreno Alarcón, 2015).

Según el reporte mundial de las mujeres en el turismo (OMT, 2019), el impacto de este sector en la reproducción social en América central muestra cómo el cuidado y la crianza de los hijos se descuidan en las comunidades turísticas debido a las demandas del empleo en el sector, ya que aumenta la carga de las mujeres para la reproducción social sin disminuir su responsabilidad asumida para tal trabajo. A pesar de su importante papel, las contribuciones de las mujeres son ampliamente invisibilizadas; por ejemplo, datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2018) revelan que las mujeres realizan 76.2% del total de horas de trabajo de cuidado no remunerado, dedican en promedio 3.2 veces más tiempo que los hombres a la prestación de cuidados, lo que corresponde a cuatro horas y 25 minutos al día, frente a una hora y 23 minutos en el caso de los hombres. Además, se identifica al trabajo de cuidado no remunerado como la principal barrera que impide a las mujeres ingresar, permanecer o progresar en la fuerza laboral e, irónicamente, es un tiempo indispensable para la reproducción de la vida.

De acuerdo con lo anterior, podemos decir que si bien el desarrollo del turismo ha ofrecido oportunidades a algunas mujeres (Reyes-Aguilar et al., 2019), su efecto en la equidad ha sido escaso o nulo, además no ha reducido la brecha de género en el sector, más bien en muchos casos la ha incrementado (Díaz-Carrión, 2010; Ferguson, 2011; Ferguson y Moreno Alarcón, 2015; Suárez Gtz. et al., 2016). A juzgar por los resultados que mostramos más adelante, el trabajo productivo a través del turismo incide de manera significativa en las condiciones sociales de las mujeres desde la economía de cuidados (Ferguson, 2011), sumado a los roles hegemónicos de género que les son asignados como la crianza de niños, el cuidado de los mayores y el trabajo hogareño (OMT y ONU, 2011).

Es importante mencionar que toda la información referida con anterioridad está englobada en el turismo como sector universal antes de la contingencia sanitaria. Para fines de esta investigación nos enfocaremos en el ecoturismo, que definimos como aquellas actividades que tienen por objeto el estudio, la admiración o el disfrute del entorno natural, el cual genera un bajo impacto ambiental -permitiendo la conservación y preservación de los recursos naturales con los que cuenta- así como un ingreso económico; a su vez, mejora y respeta la integridad de la comunidad local, que es la característica principal de los casos de estudio (Suárez Gtz., 2015; Reimer y Walter, 2013).

El impacto negativo sociocultural del ecoturismo ha sido documentado en diversas investigaciones durante las últimas décadas. Los efectos sociales son amplios y abarcan cambios en el sistema de valores, la conducta individual, las relaciones familiares, el estilo de vida colectivo, la conducta moral, la expresión cultural, las ceremonias tradicionales y la organización comunitaria; sin embargo, conviene subrayar -como mencionan Tran y Walter (2014)- que la investigación en el campo del ecoturismo suele ser de género ciego al no analizarla desde una diferenciación respecto al hecho de ser hombre y ser mujer, y como se mencionó, mucho menos se han investigado otras dimensiones como la economía de cuidados.

Con base en lo anterior, partimos desde la perspectiva de género, la cual implica reconocer que una cosa es la diferencia sexual y otras son las atribuciones, ideas, representaciones y prescripciones sociales que se construyen tomando como referencia esa diferencia sexual (Lamas, 1996). Esta perspectiva reconoce la diversidad y la existencia de las mujeres y los hombres, como un principio esencial en la construcción de una humanidad diversa, pero en un mundo en donde esas diferencias entre los sexos se traducen en desigualdad, generalmente en detrimento de las mujeres (Lagarde, 1996).

En consecuencia, la perspectiva de género permite analizar y comprender las características que definen a las mujeres y a los hombres de manera específica, así como sus semejanzas y diferencias. Esta perspectiva analiza las posibilidades que tienen los hombres y las mujeres, así como las complejas y diversas relaciones sociales que se dan entre ambos géneros (Castro, 2012; Lagarde, 1996). Además, sostiene que la cuestión de los géneros no es un tema por agregar como si se tratara de un capítulo más, sino que las relaciones de desigualdad de poder entre los géneros tienen sus efectos en la vida diaria.

Desde esta perspectiva es posible saber cómo se construyen día a día, ya sea en el hogar o en el área de trabajo, las relaciones de poder, la violencia o la capacidad de tolerancia y respuesta a los diversos problemas que enfrentan hombres y mujeres. A partir de esas diferencias hombres y mujeres establecen relaciones de poder entre sí que van condicionando su acceso y control de recursos materiales y no materiales. En este sentido, los estudios de género deben considerar dos tareas fundamentales: unificar, esto es, no separar las actividades y concepciones de los hombres y las mujeres y buscar factores no biológicos detrás de las diferencias de participación social (Good Eshelman, 2013).

Partiendo de lo anterior, una de las premisas teóricas desde la economía feminista es la economía de los cuidados, cuya propuesta pone en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida. Debemos recordar que el trabajo de cuidado es un poder económico y necesario para reproducir la mano de obra, por lo tanto, el objetivo desde esta propuesta feminista no es el análisis clásico de la reproducción del capital, sino el análisis de la reproducción de la vida, la cual tiene como preocupación central la cuestión distributiva. En particular se concentra en reconocer, identificar, analizar y proponer cómo modificar la desigualdad de género como elemento necesario para lograr la equidad socioeconómica (Rodríguez Enríquez, 2015).

La economía feminista ha resaltado el aporte económico y social del trabajo, en especial de las mujeres al interior de los hogares, denominándolo trabajo doméstico, por ser el lugar en el que se lleva a cabo. Años después, se le llamó trabajo reproductivo para resaltar la importancia de la reproducción de la fuerza de trabajo en los hogares, desde la crianza de los hijos hasta el mantenimiento de las condiciones de cuidado para el resto de los integrantes del grupo doméstico. Recientemente, se acuñó el término trabajo de cuidados, destacando la importancia de la labor misma (Padilla Pardo, 2017). La economía feminista entiende la atención como una unidad de análisis que puede explicar cómo se cruzan la economía y las desigualdades de género, de ahí que ubiquen a la economía del cuidado en el centro de su análisis económico (Schmitt et al., 2016).

En este contexto, la atención constituye una condición humana que se caracteriza por la dependencia, la necesidad y la relación mutua. Se entiende por cuidado a una prestación en forma de bienes y servicios que consume tiempo y energía, destinados a sostener y garantizar el bienestar biológico, psicológico, social y espiritual de la persona y otras personas (Ferro, 2017). A través de dicho concepto, la economía feminista pretende visibilizar este rol en la dinámica económica de las sociedades capitalistas y dar cuenta de sus implicaciones en la forma en que se organiza y cómo repercute en la vida de las mujeres, debido a que ellas han sido consideradas las responsables “naturales” del cuidado (Padilla Pardo, 2017; Rodríguez Enríquez, 2015).

El tema de cuidados se ha predispuesto sobre las mujeres al interior de los grupos domésticos, bajo la premisa generalizada de que son los hombres quienes realizan el trabajo remunerado y por ende se les desobliga de las responsabilidades domésticas y familiares, acentuando la inequidad de género, ya que el peso de la conciliación entre la vida laboral y familiar recae en las mujeres, quienes actualmente además de hacerse cargo de la reproducción de la vida cotidiana, suelen estar insertas en actividades remuneradas; a costa de esto, las brechas de inequidad de género en el acceso y permanencia en mercados laborales se profundizan cuando se constituyen los grupos domésticos (Ferro, 2017).

Con este conocimiento buscamos ir más allá del análisis económico tradicional, para ello debemos evidenciar qué sucede al interior de los centros ecoturísticos, considerando el trabajo de cuidado como punto de partida para el análisis del trabajo productivo y reproductivo con base en la segregación del mercado laboral respecto a las relaciones de género, reconceptualizando a los grupos domésticos como unidades económicas y de fuerza productiva y al mismo tiempo hacer visible la importancia del trabajo reproductivo para mantener la economía de mercado, la sociedad y las familias. Asimismo, evidenciar el papel de las mujeres en el desarrollo económico, especialmente en los centros ecoturísticos del sureste de México.

2. Materiales y métodos

La investigación se sustenta en los estudios de caso, a través de los cuales podemos observar y registrar la conducta de las personas involucradas (Flyvbjerg, 2011). Los estudios de caso muestran más detalle, es decir, mayor profundidad y enfatizan que éstos evolucionan en el tiempo, a menudo como una cadena de eventos concretos e interrelacionados que ocurren en un momento y lugar determinados y que constituyen el argumento cuando se ven como un todo (Flyvbjerg, 2011). Las herramientas utilizadas para este fin son la observación participante, el diario de campo y las entrevistas.

La selección de los estudios de caso tiene como base la orientación exploratoria, en este caso, en la actividad ecoturística con grupos domésticos bajo la perspectiva de género como eje rector para evidenciar las relaciones entre hombres y mujeres en diferentes escalas y con ello visibilizar el trabajo entre los géneros a través de la economía de los cuidados.

El trabajo de campo se llevó a cabo en dos centros ecoturísticos: Top Che en Lacanjá-Chansayab (mayas-lacandones) y Pak´al Tsix A´ (mames); de abril de 2017 a agosto de 2019 (Figura 1). Después de presentar los objetivos de la investigación y obtener el consentimiento de los actores locales se iniciaron las visitas a las comunidades.

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, 2020.

Figura 1 Ubicación geográfica de los centros ecoturísticos 

El centro ecoturístico Top Che se ubica en la subregión comunidad lacandona, conformada por los bienes comunales lacandones que albergan grupos indígenas, tanto lacandones del sur como tseltales y choles, así como otros asentamientos de lacandones en el norte. La comunidad Lacanjá-Chansayab se ubica en el municipio de Ocosingo -dentro de la Selva Lacandona- en el área de influencia de la Reserva de la Biósfera Montes Azules. La región de los lacandones se ha basado en la siembra de la milpa y la caza al interior de la selva, actualmente el ecoturismo se ha convertido en la principal fuente de ingresos y ha propiciado transformaciones sociales en la lengua y vestimenta (Pastor-Alfonso, 2012; Suárez Gtz. et al., 2016).

El centro ecoturístico Top Che está conformado por cinco grupos domésticos, los cuales proporcionan servicios de hospedaje, alimentación y actividades enfocadas al turismo de naturaleza. Es importante mencionar que la actividad ecoturística, en lo que respecta al servicio de hospedaje y alimentos, se hace en las inmediaciones del espacio doméstico (Figura 2) y es operado por los grupos domésticos conformados por familias extensas y nucleares, sólo en ocasiones especiales se hace la subcontratación de otras personas para actividades específicas como el rafting. Es importante mencionar que en este centro participa una mujer que no es de la comunidad (originaria de Oaxaca de 37 años de edad), quien tiene estudios de licenciatura y era pareja de uno de ellos, esto es relevante por el cambio socio-cultural y organizacional que presentamos en los resultados.

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, 2020.

Figura 2 Disposición de los centros ecoturísticos 

Al centro ecoturístico Pak´al Tsix A´, ubicado en la región del Soconusco en el ejido El Águila, municipio de Cacahoatán, lo conforma un grupo mestizo de descendientes indígenas Mam, cuya principal actividad productiva en toda la región es la producción de café, además de actividades del pequeño comercio (Suárez Gtz., 2011). El centro ecoturístico está conformado por una cooperativa con seis socios de distintas familias, quienes se turnan para hacer las actividades correspondientes, como el servicio de alimentos en el restaurante o el servicio de hospedaje en las cabañas. El centro se encuentra en las afueras de la comunidad, lejano de las casas de los grupos domésticos de las familias de las socias (Figura 2).

Las unidades de análisis fueron socios, socias, trabajadoras y trabajadores de los centros ecoturísticos, así como sus grupos domésticos, con el fin de conocer el funcionamiento de éstos, sus actividades productivas y reproductivas, los beneficios que genera el ecoturismo y los cambios con relación a sus roles de género. Las categorías analizadas fueron: 1. dobles jornadas, 2. uso del tiempo, y 3. actividades reproductivas y productivas.

La confianza y el trabajo previo con estos grupos facilitaron la observación participante en distintas actividades cotidianas: charlas formales e informales que permitieron identificar elementos contextuales y culturales de su vida. Sumado al diario de campo se entrevistó a 16 personas: 11 mujeres y cinco hombres, de 10 grupos domésticos diferentes (Tabla 1).

Tabla 1 Distribución de los entrevistados por edades, grupo doméstico, subtipo y composición 

14- 24 años 25- 44 años 45- 64 años 65 años o más
Grupo
doméstico
Subtipo Composición Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres
Nuclear Sin hijos Jefe(a) y cónyuge 1 1 1 1 1
Con hijos Jefe(a),
conyuge e hijos(as)
2 1
Nuclear
Vlonoparental
Jefe(a)y
su(s)hijo(a)(s)
2 1 1
Extensos Sin hijos Jefe(a), cónyuge
y parientes
1
Con hijos Jefe(a), cónyuge,
hijos(as) y parientes
2
Unipersonal Jefe(a) 1

Nota: Top Che en color rojo y Pakál Tsix A´ en naranja.

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, 2019.

Cada participante se entrevistó formalmente en español, y cada entrevista -grabada en audio - duró entre una y dos horas. Para procesar las transcripciones de las entrevistas y las notas de observación se recurrió al análisis de contenido mediante el programa Atlas ti. A partir de la observación participativa y entrevistas semiestructuradas se documentaron las experiencias de los grupos indígenas de los centros ecoturísticos en las comunidades de Lacanja-Chansayab y El Águila, en el estado de Chiapas.

3. Resultados

3.1. Actividades productivas y reproductivas desde el centro ecoturístico hacia el grupo doméstico

Para evidenciar lo que está sucediendo en los centros ecoturísticos, partimos del interior de éstos y la división sexual del trabajo, para ello mostramos gráficamente las actividades que realizan los hombres y las mujeres (Figura 3).

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, 2019.

Figura 3 División sexual del trabajo por actividad y centro ecoturístico 

En este cuadro presentamos los estereotipos asignados por los roles de género; al profundizar en las narrativas nos dimos cuenta de que en el caso del centro ecoturístico Top Che la participación femenina en los espacios públicos está limitada y orientada a los roles hegemónicos de género, vemos cómo las actividades feminizadas se vinculan al trabajo de cuidados, el cual está asociado intrínsecamente a las mujeres. Por ejemplo, el lavado, la limpieza o la elaboración de alimentos no se puede disociar de la economía de cuidados, la cual está presente no sólo en la reproducción de la vida, sino de la actividad en sí. Aunado a lo anterior, los hombres siguen teniendo una participación en actividades asociadas al hecho de ser hombres, según la concepción cultural de las comunidades locales, como las actividades que requieren mayor esfuerzo físico, aspectos económicos y el espacio público, el cual, en esta dicotomía, lo siguen realizando sólo ellos.

Sin embargo, observamos pequeños cambios, las mujeres también reciben a los turistas. Aunque pueda parecer un cambio mínimo a la mirada externa e inexperta, el hecho de que al interior de la comunidad lacandona un extraño hable con una mujer es significativo y este cambio no sólo se presenta en Top Che, se observa en el resto de los centros de la comunidad lacandona. Creemos que este cambio se relaciona con la actividad turística, pues hace poco más de 15 años ellas no tenían permitido hablar con extraños o, en el caso de miembros de otros grupos domésticos, éstos debían dirigirse al jefe de familia o a un hombre del grupo doméstico, para después poder hablar con una mujer del grupo (Marion, 1999; Necasová, 2010).

En el centro ecoturístico Pak´al Tsix A´ hay una mayor participación femenina, lo cual se debe a que la cooperativa está conformada mayoritariamente por mujeres (cinco mujeres y un hombre). De ahí que la mesa directiva está formada sólo por mujeres, además de que son ellas las que salen a otros sitios a promocionar el centro ecoturístico y quienes tienen un contacto directo con las instituciones gubernamentales. No obstante, la participación masculina está definida en las actividades que, en palabras de ellas y refiriéndose a los estereotipos de género, requieren mayor esfuerzo físico, como el mantenimiento, y en el hecho de que un hombre es el guía principal: “Ellos lo hacen porque tienen más fuerza, son hombres pues… a nosotras nos toca estar en la cocina, hacer la comida, limpiar, lo de siempre... Don Juan, es el guía porque es más seguro que esté afuera en la cascada y no nosotras que nos vayamos solas con la gente…” (Juana, entrevista, 2019). Lo anterior nos permite observar que en los casos de estudio los espacios están divididos de acuerdo con el tipo de trabajo realizado, según la asignación tradicional de los roles de género. No obstante, a una escala organizacional en los centros ecoturísticos se pueden ver diferencias y aspectos sobre la falta de equidad que se identifican al emplear la perspectiva de género en el análisis del sector turístico, por ejemplo, la adaptación de valores que ponderan las actividades masculinas a lo largo de la estructura laboral, generando una segregación ocupacional que condiciona la presencia de las mujeres en actividades fuertemente vinculadas con la figura tradicional de la mujer-reproductiva (Díaz-Carrión, 2010).

Vemos este reforzamiento de las actividades reproductivas al espacio productivo, asignadas socialmente a las mujeres, y con ello, aspectos de la economía de cuidados. Esto es, el conjunto de actividades que se derivan del trabajo doméstico y del trabajo productivo definen la forma en cómo se distribuye el tiempo -no por elección, sino por obligación- para las mujeres de los grupos domésticos. No obstante, vemos que la incursión femenina en la actividad turística ha llevado a las mujeres a transitar del espacio privado al espacio público, por ejemplo, en sus tiempos de ocio salen a visitar a otras mujeres “amigas” de la comunidad, toman cursos fuera de la comunidad y viajan constantemente a reuniones fuera del estado: “cuando ya no tengo nada que hacer ni en la casa ni en la cocina, me voy a dar la vuelta a saludar una amiga que tengo por allá atrás y ya ella me viene a dejar en su moto, ya la has visto, a veces le ayuda a mi hermano con las cabañas...” (María, entrevista, 2017). “A Tuxtla fuimos una vez, a mí me ha tocado ahí, las compañeras han ido más lejos, como ellas han estado desde el comienzo, han salido mucho, yo no, no más he salido a Tuxtla...” (Juan, entrevista, 2019).

A escala personal, el beneficio económico que las mujeres obtienen de su incursión en el ecoturismo ha propiciado la participación de ellas en nuevos grupos y espacios, lo que implica no sólo la idea de pertenecer en el sentido de tener el título de integrante, sino involucrarse en las actividades que conlleva esta pertenencia, como un reforzamiento a sus labores. El involucramiento de las mujeres en estos espacios, si bien ha permitido el desarrollo de conocimiento y capacidades que les genera mayor confianza y con ello un aumento de su autoestima (Suárez Gtz. et al., 2016), sólo nos da destellos de cambio, más no abona sustancialmente a disminuir la brecha de género: “Voy a la secundaria y soy parte del comité, por una parte, es para ponernos al día, también trabajo en la época de café y vendo soya, pero si es un poco pesado, porque anda uno carrereando, pero mientras haya salud, ahí seguiremos...” (María, entrevista, 2019).

Partiendo de lo anterior presentamos de manera general (Figura 4) cómo las mujeres en estos espacios (reproductivo/productivo), a los que ellas están íntimamente ligadas, mantienen y refuerzan actividades relacionadas con los cuidados.

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, 2019.

Figura 4 Actividades que realizan las mujeres en el espacio productivo/reproductivo 

Es ahí donde vemos más nítidamente cómo el trabajo de cuidados toma relevancia en la dinámica económica y cómo sus implicaciones repercuten en la vida de las mujeres, debido a que se les considera las responsables del trabajo reproductivo y de cuidados. Cabe enfatizar que el hogar no sólo es un espacio de cuidados (Alberti et al., 2014), sino también de consumo, junto con la producción de bienes y servicios, sin importar si la actividad productiva se encuentra en las inmediaciones o fuera del espacio doméstico.

La relevancia de las relaciones de género en el entorno doméstico radica en proveer de vínculos afectivos, de cuidados y de calidad de vida, lo que representa mayor importancia que el trabajo remunerado, y es fundamental para que el mercado y el resto de las actividades económicas funcionen (Ferro, 2017; Padilla Pardo, 2017; Rodríguez Enríquez, 2015). Es decir, la reproducción de la fuerza de trabajo permite que el capital disponga todos los días de trabajadores y trabajadoras en condiciones de emplearse, pues sin el trabajo de cuidado el sistema simplemente no funcionaría.

Tomando en cuenta el trabajo de cuidados que proveen las mujeres (Figura 5), vemos cómo ellas están presentes en todos los espacios, y cómo se refrenda la división sexual de las actividades, que se ha convertido en algo normativo (Pérez Orozco, 2006). Asimismo, cómo esos trabajos se realizan todos los días a lo largo de toda su vida, y desde niños(as) se va aprendiendo este mandato, el cual es replicado, normalizado y naturalizado.

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, 2019.

Figura 5 Tipos de cuidados que proveen las mujeres 

Reafirmamos que a las mujeres se le sigue confiriendo el trabajo de cuidados de los grupos domésticos a pesar de su incursión en la actividad ecoturística, lo que redunda en la invisibilización de su participación en la reproducción de la fuerza de trabajo. Cabe mencionar que los hombres se ubican en el tema de cuidados cuando hacen referencia a la manutención de su familia y al hecho de enseñarles a los hijos cómo “ser hombres”: “¿Quién era el responsable de cuidar los hijos, cuando son pequeñitos o cuando se enfermaban? Más como uno trabaja, pues ella, mi mujer” (Luis, entrevista, 2019). “En la iglesia nos enseñan que nosotros debemos apoyar también a nuestras esposas, cuando están enfermas, cuando están ocupadas, debemos ayudar” (José, entrevista, 2019). “Él (haciendo referencia a un hombre de la familia) debe enseñarle cómo ser hombre, cómo usar el azadón, desgranar, elegir el maíz, construir, cómo ser hombre pues...” (Ana, entrevista, 2019).

En el caso de Lacanjá-Chansayab, los centros ecoturísticos están inmersos en los espacios domésticos, ahí vemos la particularidad de trabajo y casa, donde los tiempos del trabajo familiar y tiempos del trabajo asalariado compiten entre sí, tomando en cuenta que el tiempo de las personas no son acumulables ni reversibles ni son intercambiables con otras personas (Ferro, 2017); en pocas palabras, el tiempo se consume.

Con el fin de hacer visible la importancia del trabajo reproductivo para mantener la economía de mercado, la sociedad y las familias, y el papel de las mujeres en el desarrollo económico, ponemos sobre la mesa la importancia económica del trabajo no remunerado y de cuidados en México. En 2018 el valor monetario del trabajo no remunerado y de cuidados registró un equivalente a 5.5 billones de pesos, lo que representó 23.5% del PIB del país. Las labores domésticas y de cuidados fueron realizados por las mujeres en 76.4% de los casos (Inegi, 2020b).

3.2. Uso del tiempo y dobles jornadas

Desde la perspectiva de género identificamos que la asignación del tiempo y los trabajos de cuidados se asocia al género, es decir, en este caso, social y culturalmente se vincula a las mujeres como las principales responsables, tanto en sentido material (son quienes de facto asumen la tarea de cuidar) como simbólico, es decir, los cuidados se naturalizan y se prescriben como una capacidad innata de las mujeres (Agenjo-Calderón, 2013), de ahí que la distribución del trabajo de cuidado tenga la sobrecarga hacia las mujeres y se espera que desde pequeñas den su tiempo.

Tomando en cuenta lo anterior, identificamos cómo las mujeres y los hombres involucrados en los centros ecoturísticos distribuyen su tiempo (Tablas 2 y 3):

Tabla 2 Distribución de horas entre hombres y mujeres por actividad en cada centro ecoturístico 

CT Pak'al Tsix A' CT Top Che
Actividad Hombres Mujeres Hombres Mujeres
Trabajo en campo,
cuando no está en el CT
7 6 5 5
Trabajando
en el CT
9 9 9 11
Dormir 7 5 7 5
Ocio, diversión,
religión
4 2 5 2
Alimentándose 3 3 3 3
Tiempo
con familia
1 2 1 3
Limpieza y
mantenimiento de la
vivienda
1 4 2 4
Limpieza y cuidado
de la ropa y calzado
0 1 0 1
Compras y administración
de hogar
1 2 1 2
Cuidados
y apoyos
0 1 0 2
Ayuda a otros hogares
y trabajo voluntario
0 1 0 2

Nota: trabajo productivo en las filas 1-2 en color blanco, otras actividades en las filas 3-5 en negro y trabajo reproductivo en las filas 6-11 en gris claro. Los resultados están representados en número de horas por actividad.

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, 2019.

Tabla 3 Distribución de horas promedio entre hombres y mujeres por tipo de trabajo 

Tipo de trabajo Hombres Mujeres
Trabajo productivo 15 15.5
Trabajo reproductivo 3.5 12.5

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, 2019.

Observamos que con la actividad ecoturística las mujeres ocupan cada vez más su tiempo, lo que implica una mayor participación en la vida económica productiva y reproductiva. El aumento de las actividades y del uso del tiempo de las mujeres tiene que ver, en gran medida, por su posición y condición de género, lo cual las coloca en situaciones de desventaja; que no obstante asumen por sus roles de reproductoras de la sociedad.

Asimismo, esta investigación dilucida una distribución desigual del trabajo doméstico en ambos casos de estudio. Todas las mujeres entrevistadas que se ocupan fuera del hogar realizan también quehaceres domésticos, en tanto que sólo una mínima proporción de los hombres desempeña una doble jornada; si bien los hombres dedican en promedio más tiempo al trabajo extradoméstico, la suma de las jornadas que trabajan las mujeres arroja en promedio más horas a la semana que los hombres (Tabla 1).

Esta falta de redistribución equitativa del trabajo y de las responsabilidades al interior de los grupos domésticos y de los centros ecoturísticos se traduce en la sobrecarga de trabajo para las mujeres, quienes son esposas, madres e hijas y trabajadoras. Las mujeres, además de tener una responsabilidad primaria en los ingresos monetarios de los grupos domésticos, son responsables del cuidado y reproducción del grupo familiar, de ahí que la unión conyugal, el cuidado de los hijos, de las personas mayores y de los hermanos menores son concebidos como un trabajo adicional que se les ha atribuido (Linares Bravo et al., 2019).

Se destaca, que se invisibilizan las horas dedicadas al trabajo reproductivo. Las mujeres que laboran en el centro ecoturístico invierten en promedio más horas al trabajo de cuidados, el cual no es remunerado ni constituye parte de la economía formalmente reconocida. De igual manera, la participación masculina está limitada y es casi nula al dedicar sólo 3.5 horas, en promedio, contra las 12.5 horas que dedican ellas. Queda claro que la participación de los hombres y el tiempo asignado es muy desigual respecto a las mujeres, lo cual aumenta la brecha de género dentro de la procuración de la vida en ambas regiones del estudio.

Respecto a la economía de cuidados resumimos lo siguiente:

  1. Cuidado de enfermos y discapacitados. El trabajo de las mujeres aumenta al levantarse más temprano o dormir más tarde para poder cumplir con todo. Este tipo de cuidados requiere mayor dedicación y energía, además de paciencia, atención, cariño, comprensión, así como aprender a dar terapias, aplicar inyecciones y el uso de medicinas, cuidados propios de enfermería.

  2. Cuidado de niños y niñas menores. Las mujeres se levantan más temprano para alimentarlos, vestirlos y llevarlos a la escuela, por la tarde ellas están pendientes de que hagan sus tareas y compran los materiales para la escuela.

  3. Elaboración de alimentos. Se preparan diariamente y su realización recae sólo en las mujeres. Requieren de un trabajo previo que es la recolección de insumos, su elaboración y el trabajo posterior de limpieza. Asimismo, es importante señalar que las mujeres hacen tortillas a mano en ambos centros, que si bien contribuye a la mejor nutrición de la unidad doméstica, aumenta la carga de trabajo, sumado a la preparación de alimentos para los visitantes.

  4. La limpieza de la vivienda y los centros ecoturísticos. Incluye actividades como barrer, sacudir, trapear, limpiar muebles, tender camas y lavar pisos. Estas actividades son realizadas varias veces al día, sumado a la limpieza de sus traspatios y las áreas comunes.

  5. Lavado de blancos. En el caso de El Águila la ropa de casa, así como los blancos del centro ecoturístico se lavan a mano; a diferencia de Top Che en donde se utiliza la lavadora para los blancos del centro, pero la ropa de la familia se lava a mano, lo cual provoca mucho cansancio y molestias que a largo plazo les puede ocasionar enfermedades, dolores de espalda o reumas.

  6. Cuidado de animales. Este trabajo incluye levantarse muy temprano para alimentarlos, sacarlos o meterlos todas las tardes a su sitio y limpiar su espacio.

  7. Producción en el campo. Los cultivos de maíz y de café se realizan durante algunos meses del año. Las mujeres consideran que su trabajo en las tareas de cultivo y recolección es una “ayuda” a su grupo doméstico y que por ello no reciben ningún pago, mientras que los peones sí cobran por su trabajo.

Para cerrar este apartado, vemos que la sobrecarga de trabajo recae en las mujeres, quienes tienen que combinar la crianza de los hijos(as), el cuidado de los adultos mayores o el cuidado de los hermanos menores con la actividad turística y el trabajo en la milpa o el café (Linares Bravo et al., 2019). Cuando se presenta la ausencia del padre de familia, ya sea por migración, abandono o muerte, se sobrelleva con la colaboración entre madres, abuelas e hijas mayores, influyendo en su permanencia en la casa familiar, son ellas (madres e hijas) las que se encargan del cuidado de los adultos mayores y de los niños pequeños, sumado al trabajo en la actividad ecoturística.

Conclusiones

Analizar y visibilizar la actividad desarrollada en comunidades indígenas en sus dimensiones reproductivas y productivas en la práctica ecoturística -bajo la perspectiva de género y la economía de cuidados, aunado a las relaciones sociales que se dan en las esferas de la vida pública y privada-, ha permitido ver el trabajo diferencial que desempeñan hombres y mujeres.

Se evidencia que las mujeres siguen los patrones socioculturales que reproducen los roles hegemónicos de género al interior de los grupos domésticos sumado al trabajo de cuidados y significativamente son trasladados al ámbito ecoturístico. Recordemos que el grupo doméstico es un espacio de jerarquías generacionales y de género que se expresan en intereses, dadas las expectativas que se construyen socialmente sobre lo esperado o sancionable respecto a comportamientos e identificaciones de lo que es masculino y femenino (Ferro, 2017). De ahí que todos aquellos roles hegemónicos de género se perpetúen y se traslapen a la actividad turística de estas zonas de estudio.

Nos queda claro que la toma de decisiones al interior de los grupos domésticos es compartida, sin embargo, en el espacio público la voz de las mujeres, particularmente en el centro de Lacanjá, es oculto y no oficial, en el espacio público de este sitio en particular los hombres toman las decisiones. En El Águila, vemos cómo estas transformaciones en los sistemas de género al interior de los grupos domésticos y la conformación del centro ecoturístico permite a las mujeres tener voz y voto en la toma de decisiones que es visible en el espacio público.

Destacamos que para que el ecoturismo funcione, genere plusvalía y riqueza económica, como hasta ahora, ha sido necesario que haya mujeres sin remuneración que dediquen todo su tiempo y energía a estas actividades domésticas y de cuidado, las cuales además de asegurar el mantenimiento de la familia también proporcionan cierto equilibrio social, es decir, la vida diaria se desarrolla de manera eficiente para el resto de los integrantes del grupo doméstico, particularmente en el caso de los hombres, quienes se pueden desenvolver personal y laboralmente; no obstante, para las mujeres disminuyen las posibilidades de estudiar, tener un trabajo remunerado, cuidar su salud y disponer de tiempo para el ocio y el descanso. La economía de cuidados genera ahorros económicos a la economía familiar y al espacio ecoturístico, pero no se hace evidente, quizás porque las consecuencias de cuantificar el trabajo de cuidados es que las ubica como entes productivos.

Algo que resaltar es que, si bien las mujeres generan ingresos económicos ellas no sustentan el poder en el uso de éste, y cuando lo hacen, el destino de estos ingresos nunca es para ellas, siempre es para el bien del grupo doméstico. Sumado a lo anterior, creemos que es importante mirar más allá de los beneficios puramente económicos del turismo para lograr la igualdad de género, ya que es claro que las brechas económicas se mantienen.

Si bien es cierto que se ha modificado su estructura socio-cultural en ciertos aspectos, como se manifestó en esta investigación, aún persisten las desigualdades que caracterizan las relaciones entre los géneros en las comunidades rurales, que ponen énfasis en el debate sobre la dicotomía entre tradición y modernidad (Hernández Castillo, 2000); sin embargo, dichos cambios se quedan a un nivel superficial en el interior de las comunidades debido a que los hombres no quieren perder sus privilegios. Y aunque esto no demerita que las mujeres, al interior de sus grupos domésticos, han propiciado diversas transformaciones que les han permitido el acceso a nuevos espacios, educación, elegir a su pareja, al trabajo remunerado, entre otras cosas, también es cierto que dichos cambios no contribuyen aún a disminuir la brecha de género y se mantienen las desigualdades socio-culturales.

Lo anterior nos remite a observar que el trabajo de cuidados por parte de los hombres es limitado, lo que hace referencia a sus atribuciones culturales y a la dicotomía de lo privado y lo público, y es en esta última instancia donde ellos conservan sus privilegios de género. Con ello podemos decir que la brecha entre hombres y mujeres es palpable, la cultura heteronormativa que asocia lo público a hombres y lo privado a las mujeres se sigue perpetuando; por lo que es ineludible que se sustituya por otra que dé cuenta de la economía de cuidados (Alberti et al., 2014).

Coincidimos con Ferro (2017) cuando menciona el problema de las insuficientes o escasas, y en algunos casos, hasta inexistentes medidas de conciliación entre la vida laboral y doméstica en una sociedad, máxime en una actividad como el ecoturismo, que no contempla el reparto equitativo del trabajo doméstico de cuidados y orilla a las mujeres a la elección de trabajo o familia, o en el caso de los centros ecoturísticos, que deben cumplir dobles o hasta triples jornadas.

Cabe mencionar que en el contexto de contingencia por covid-19 estas desigualdades se han hecho más notables, pues se demuestra que el número de horas que las mujeres invierten para la reproducción de la vida se incrementa, en tanto que los hombres se han limitado a ser observadores sin afán de querer hacer cambios que impliquen cuestionar sus privilegios. Para los casos de estudio, y por la misma contingencia, se tiene conocimiento de que al no existir la actividad turística han regresado a sus actividades agrícolas como la siembra y cosecha del café y del maíz; sin embargo, para las mujeres no ha implicado una disminución del tiempo invertido, por el contrario, ellas creen que ahora trabajan más porque tienen que atender a la familia todo el día (no olvidemos que ante la medida de salud impuesta por el gobierno debido a la situación de contagios, los “padres de familia” debían asumir un rol de mayor vigilancia para afrontar el ciclo escolar 2020-2021; tarea que por antonomasia debió asumir la madre), además de desarrollar sus actividades productivas cotidianas.

La desvalorización e invisibilización del trabajo de cuidados niega su contribución económica como actividad de servicios, minimiza el esfuerzo y el tiempo invertido de quienes lo realizan, haciendo creer que es una actividad biológica, natural e instintiva normalizada (Ferro, 2017; Padilla Pardo, 2017; Rodríguez Enríquez, 2015). De ahí la importancia de evidenciar y visibilizar las relaciones de género que se dan al interior de los grupos domésticos, lo cual es relevante a la hora de explicar la concentración de las mujeres en las actividades de cuidado y su consecuente precaria participación en el mercado laboral, en este caso, en el ecoturismo.

Las actividades económicas se han centrado exclusivamente en el mercado y la producción, ocultando e invisibilizando los procesos de reproducción humana y trabajo de cuidado que tienen lugar en el ámbito doméstico y que son reproductores de la vida. De esta manera, señalamos que la actividad ecoturística es parte del problema cuando se habla de la economía de cuidados, sigue abonando a la brecha de género a pesar de los chispazos de buena fe que pueda aportar en pro de la incursión de las mujeres en la actividad productiva.

Finalmente, esta investigación abre la posibilidad de su réplica partiendo de los tres niveles de acercamiento (individual, grupo doméstico y actividad económica) hacia otros emprendimientos de similares características en otras comunidades; el objetivo es que dichos emprendimientos tengan en cuenta la perspectiva de género y la economía de cuidado, lo cual permitirá que las estucturas socio-culturales hegemónicas se modifiquen de manera que la división del trabajo no sea a partir de las condiciones de género.

Agradecimiento

Al Consejo Nacional Ciencia y Tecnología (Conacyt) por el apoyo de la beca de posgrado. A nuestros amigos y familia de Top Che y Pak´ al Tsix A´ por el apoyo en todo el proceso.

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1El presente artículo se inscribe en la investigación doctoral “El ecoturismo: sus implicaciones y relaciones de género” realizada en El Colegio de la Frontera Sur (Chiapas, México).

Recibido: 10 de Septiembre de 2020; Aprobado: 24 de Mayo de 2021

Gloria Mariel Suárez Gtz. Doctora en Ciencias en Ecología y Desarrollo Sustentable por El Colegio de la Frontera Sur. Directora Ejecutiva de Red de Turismo Sustentable y Desarrollo Social, A. C. Sus líneas de investigación son ecoturismo y género, así como planificación turística en áreas naturales protegidas. Entre sus más recientes publicaciones se encuentran, como coautora: “Cambios en el sistema de residencia, los grupos domésticos y la familia de Lacanjá-Chansayab, desde la teoría de control cultural”, Revista Estudios de la Cultura Maya, núm. 57, Ciudad de México, Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 245-274 (2021); “Participación y reciprocidad, la respuesta de los grupos domésticos de Lacanjá Chansayab a la investigación sobre la inserción del ecoturismo”, en Luis E. García-Barrios, Eduardo Bello Baltazar y Manuel R. Parra Vázquez (eds.), Cambio social y agrícola en territorios campesinos. Respuestas locales al régimen neoliberal en la frontera sur de México, Quintana Roo, El Colegio de la Frontera Sur, pp. 81-105 (2020), y “Relaciones de género y ecoturismo en los grupos domésticos de Lancajá-Chansayab, Chiapas, México”, en Erin Estrada Lugo, Eduardo Bello Baltazar y Manuel Parra Vázquez (eds.), Familias y espacios domésticos en el área maya (próximamente).

Erin IJ Estrada Lugo. Doctora en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana, México. Actualmente es investigadora en El Colegio de la Frontera Sur unidad San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en el Departamento de Estudios Socioambientales y Gestión Territorial. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Sus líneas de investigación son organización social y apropiación del territorio en el uso de los recursos naturales en las sociedades campesinas indígenas; familia, grupo doméstico y parentesco. Entre sus más recientes publicaciones destacan, como coautora: “Peasant micropower in an agrifood supply system of the Sierra Madre of Chiapas, Mexico”, Journal of Rural Studies, núm. 78, Ámsterdam, Elsevier, pp. 185-198 (2020); “Meanings of conservation in Zapotec communities of Mexico”, Conservation and Society , 18 (2), Bangalore, ATREE/Wolters Kluwer India Pvt. Ltd./JSTOR, pp. 172-182 (2020); y “Cafetales, agricultura familiar y trabajos en Tenejapa, Chiapas: apuntes desde la perspectiva de género”, en Eduardo Bello-Baltazar, Lorena Soto-Pinto, Graciela Huerta-Palacios y Jaime Gómez-Ruiz, Caminar el cafetal. Perspectivas socioambientales del café y su gente, Ciudad de México, Juan Pablos Editor/ECOSUR, pp. 289-301 (2019).

Rocío Serrano-Barquín. Doctora en Ciencias Ambientales por la Facultad de Química de la Universidad Autónoma del Estado de México. Actualmente es profesora-investigadora del Centro de Investigación y Estudios Turísticos (Cietur), Facultad de Turismo y Gastronomía, Universidad Autónoma del Estado de México. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Sus líneas de investigación actuales son turismo, desarrollo local y sustentabilidad. Entre sus más recientes publicaciones se encuentran, como coautora: “Impactos socioculturales del turismo deportivo”, Methaodos. Revista de Ciencias Sociales, 8 (1), Madrid, Instituto de Ciencias Computacionales/Universidad Rey Juan Carlos, pp. 62-76 (2020); “Turismo agroalimentario y revalorización de alimentos tradicionales: el caso del Yatay (butia yatay) en Ubajay, Argentina”, Rosa dos Ventos, 12 (2), Caxias do Sul, Universidade de Caxias do Sul, pp. 309-333 (2020); y “Child labor and child working the touristic sector of Cozumel and Valle de Bravo, Mexico”, International Journal of Hospitality & Tourism Administration, 21 (3), Michigan, Taylor & Francis, pp. 1-25 (2020).

María José Pastor-Alfonso. Doctora en Geografía e Historia, Especialidad en Antropología de América, Universidad Complutense de Madrid, España. Actualmente se desempeña como profesora-investigadora en el Departamento de Humanidades Contemporáneas e Instituto Universitario de Investigaciones Turísticas, Universidad de Alicante. Es integrante de la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). Sus líneas de investigación son la visión antropológica del desarrollo local y turismo en comunidades indígenas, descolonización y resiliencia. Entre sus más recientes publicaciones se encuentran, como coautora: “Governance, community resilience, and indigenous tourism in Nahá, Mexico”, Sustainability, 12 (15), Columbus, MDPI, pp. 1-20 (2020); “Evolution of indigenous tourism among the Lacandon of Chiapas: an application of Weaver’s model”, Journal of Heritage Tourism, 14 (3), Huddersfield, Taylor & Francis Online, pp. 192-204 (2019), y “Knowledge dialogue through Indigenous tourism product design: a collaborative research process with the Lacandon of Chiapas, Mexico”, Journal of Sustainable Tourism, 24 (8-9), Norway, Editorial Routledge, pp. 1331-1349 (2016).

Georgina Sánchez Ramírez. Doctora en Sexualidad y Relaciones Interpersonales por la Universidad de Salamanca, España. Profesora-investigadora titular del Departamento de Salud de El Colegio de la Frontera Sur unidad San Cristóbal de las Casas. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Sus líneas de investigación son género y salud con especial enfoque en salud sexual, reproductiva, maternidad, crianza consciente. Entre sus más recientes publicaciones destacan, como coautora: Midwives in Mexico. Situated Politics, Politically Situated, Londres, Routledge, (2021); “Professional midwives and their regulatory framework in Mexico”, Mexican Law Review, 12 (2), Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 119-137 (2020); como coordinadora, Realidades y retos del aborto con medicamentos en México, Quintana Roo, Ecosur (2021).

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