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Economía, sociedad y territorio

versão impressa ISSN 1405-8421

Econ. soc. territ vol.11 no.37 Toluca Set./Dez. 2011

 

Artículos de investigación

 

Agua y desarrollo humano en el Estado de México

 

Water and human development in the State of Mexico

 

José Luis Montesillo–Cedillo*

 

* Universidad Autónoma del Estado de México, México. Correo–e: jlmonte@prodigy.net.mx.

 

Recibido: 23 de septiembre de 2008.
Reenviado: 23 de marzo de 2010.
Aceptado: 25 de noviembre de 2010.

 

Abstract

The aim of this study is to analyze the relationship between the level of average annual rainfall in the 125 municipalities of the State of Mexico, the human development index (HDI) and the components of the marginalization index. The main result is that the natural availability of water is not related to HDI and its relation to the components of the marginalization index is negative, however small. Consequently, the conclusion is that the natural availability of water is a factor neither of human development nor economic development in the municipalities of the state of Mexico.

Keywords: level of average annual rainfall, human development index, deprivation/marginalization index and gross domestic product per capita (adjusted in US dollars).

 

Resumen

El objetivo del presente trabajo es analizar la relación entre el nivel de precipitación pluvial medio anual en los 125 municipios que conforman al Estado de México, el índice de desarrollo humano (IDH) y los componentes del índice de marginación. El principal resultado es que la disponibilidad natural de agua no tiene relación con el IDH y que su relación con los componentes del índice de marginación es negativa, aunque poco. En consecuencia, se concluye que la disponibilidad natural de agua no es factor de desarrollo humano ni de desarrollo económico en los municipios del Estado de México.

Palabras clave: índice de desarrollo humano (IDH), precipitación pluvial media anual, Estado de México, producto interno bruto per cápita en dólares ajustados (PIBP).

 

Introducción

El objetivo de este trabajo es probar la hipótesis de que en los municipios del Estado de México la disponibilidad natural de agua no es factor de desarrollo económico ni de desarrollo humano, medido por los componentes del índice de marginación y los del índice de desarrollo humano (IDH), respectivamente. Porque el agua que conlleva desarrollo es el agua social o el agua de segunda naturaleza, la cual está mediada por la inversión realizada para su control, manejo, suministro, consumo y saneamiento.

Una de las razones de someter a prueba dicha hipótesis es que la evidencia fenoménica, con información de las 32 entidades que conforman la República Mexicana, incluido el Distrito Federal, sugiere que, respecto del nivel nacional, los estados que registran abundancia de agua por precipitación también tienen atraso económico y bajo IDH. Además, hay estudios que fundamentan que el mayor IDH de los estados del norte del país se puede explicar por el gasto federal descentralizado y el correspondiente al Ramo 33 (De la Torre, 2004: 7). De ahí que se esperen resultados similares para el caso del Estado de México, es decir, en los municipios donde hay abundancia natural de agua hay mayor pobreza y menor IDH.

La otra razón es que se considera que la disponibilidad de agua es factor de desarrollo (Carabias y Landa, 2005: 11) económico, social y humano (Conagua–Semarnat, 2007: 15), no obstante la evidencia en contra. Además, en este trabajo se pasa por alto el análisis del discurso y se privilegia el análisis de los datos, recurriendo con ello a uno de los principios del quehacer científico: la observación.

La relación entre IDH y agua en el ámbito estatal ya se analizó en otro trabajo (Montesillo, 2007: 19), por tal motivo, aquí sólo se hace una presentación general de la relación encontrada. En primer lugar, se presenta la relación entre precipitación pluvial media histórica y producto interno bruto per cápita en dólares ajustados (PIBP), y el IDH en el ámbito estatal de todo el país. En segundo lugar, se analiza la relación entre agua y las siguientes variables consideradas en el índice de marginación y en el de desarrollo humano: nivel de educación, porcentaje de población analfabeta de 15 años o más, porcentaje de población en localidades con menos de 5,000 habitantes, porcentaje de población ocupada con ingresos de hasta dos salarios mínimos, porcentaje de mortalidad infantil, porcentaje de ocupantes en viviendas sin drenaje ni servicio sanitario exclusivo, porcentaje de ocupantes en viviendas sin servicio de agua entubada, porcentaje de ocupantes en viviendas sin energía eléctrica, porcentaje de ocupantes en viviendas con piso de tierra, así como producto interno bruto medido en términos per cápita en dólares ajustados, referentes a los 125 municipios que conforman el Estado de México.

Después de analizar la relación entre disponibilidad natural de agua y los índices mencionados en el párrafo anterior, se presentan las conclusiones, donde se destaca la ausencia de relación entre agua e IDH, y su relación negativa, aunque débil, con los componentes del índice de marginación. Por ello se sugiere realizar estudios más detallados y rigurosos respecto de dicha relación, con la finalidad de validar, o no, los indicios que aquí se presentan.

 

1. Agua y desarrollo humano en México por estado

De acuerdo con la información histórica del Sistema Meteorológico Nacional (SMN), la precipitación media anual histórica durante 1941–2002 en México es de 759.6 mm. No obstante, existen diferencias considerables entre los estados que conforman la federación, al igual que en lo referente al desarrollo económico y humano, como se observa en el cuadro 1.

Con los datos del cuadro 1 se ilustra que:

1. Los estados que registran la precitación pluvial media anual más alta tienen el IDH más bajo, entre ellos tenemos Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Puebla, Veracruz y Yucatán.

2. Los estados que registran el menor nivel de precipitación pluvial media anual tienen el IDH más alto, entre ellos: Baja California Sur, Baja California, Coahuila, Chihuahua, Sonora, Aguascalientes, Durango y Nuevo León.

3. Las entidades que registran la menor precipitación pluvial tienen el mayor PIBP, como Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Aguascalientes, Baja California y Baja California Sur. Por otro lado, el Distrito Federal, Campeche y Quintana Roo también registran un PIBP alto, aunque sus niveles de precipitación están alrededor de la media nacional.

4. Los estados que registran la mayor precipitación pluvial tienen el menor PIBP: Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz.

En suma, de los datos analizados se puede concluir que donde hay abundancia natural de agua se registra el menor PIBP y el más bajo IDH de todo el país. Ello no implica causalidad, de ahí que la disponibilidad natural de agua por sí sola no conlleva ni desarrollo ni pobreza, pero hace necesario probar la hipótesis acerca de que el IDH se relaciona con la inversión en infraestructura hidráulica, de modo que el mayor IDH registrado en los estados del norte del país se puede explicar por los montos históricos de inversión pública federal realizada (De la Torre, 2004: 7), entre otros rubros, en infraestructura hidráulica. Lo cual confirmaría que el agua que implica desarrollo es el agua de segunda naturaleza (Peña, 2007: 130), administrada, conducida, saneada, etc., por las instituciones que la sociedad ha erigido para ello, y no el agua en estado natural, como se presenta en los estados que registran abundancia de precipitación.

 

2. Agua y desarrollo humano en el Estado de México

El Estado de México, de acuerdo con la información del cuadro 2, ha registrado un nivel de precipitación pluvial media anual de 11.98% superior al promedio nacional. Si la disponibilidad natural de agua tuviera una relación directa con las variables del IDH y con el PIBP, se esperaría que dichas variables se movieran en la misma dirección. Sin embargo, no la tienen, como se vio líneas arriba con la información por estado.

De la diferencia entre las variables en los ámbitos nacional y del Estado de México que se consideran en el cuadro 2, cabe destacar que el Estado de México tiene mejores resultados que el promedio nacional en: 1) tasa de alfabetización, 2) esperanza de vida al nacer, 3) nivel de salud, 4) nivel de educación, 5) porcentaje de población analfabeta de 15 años o más, 6) porcentaje de población sin primaria completa de 15 años o más, 7) porcentaje de ocupantes en viviendas sin drenaje ni servicio sanitario exclusivo; 8) porcentaje de ocupantes en viviendas sin energía eléctrica, 9) porcentaje de ocupantes en viviendas sin agua entubada, 10) población en localidades con menos de 5,000 habitantes y 11) población ocupada con ingresos de hasta dos salarios mínimos.

En síntesis, se puede decir que el Estado de México registra un nivel de educación promedio por encima del representativo nacional; también tiene mayor esperanza de vida al nacer; menos analfabetas que el promedio nacional; más habitantes que cuentan con sanitario, energía eléctrica y agua entubada y menos ocupantes en viviendas con piso de tierra. Además, tiene menos localidades con menos de 5,000 habitantes respecto del nivel nacional, y su población ocupada que recibe hasta dos salarios mínimos es menor al promedio nacional. No obstante, su PIBP es 24.33% inferior al promedio nacional y tiene más hacinamiento.

Los municipios del Estado de México se presentan en el cuadro 3, y a partir de la observación detallada del nivel de precipitación, IDH y PIBP se puede inferir una relación inversa entre dichas variables –los casos más representativos están sombreados–, lo cual indica que a mayor precipitación pluvial menor IDH y menor PIBP en el ámbito municipal, o viceversa, a menor precipitación mayor IDH y mayor PIBP. Esta descripción no implica causalidad. Sin embargo, puesto que la observación es la base de los postulados científicos, ella apunta que la disponibilidad natural de agua está presente junto con el menor IDH y el menor PIBP.

Si bien la información analizada en este trabajo sólo incluye los estados del país y los municipios del Estado de México, la evidencia indica que la disponibilidad natural de agua está presente donde se registran los menores niveles de desarrollo humano y el menor PIBP. En consecuencia, para validar esta afirmación, en términos generales, surge la necesidad de realizar los estudios pertinentes a escala municipal para todo el país, para poder instrumentar las políticas públicas referentes al agua, considerando la relación hallada entre las variables citadas, con la finalidad de revertirla.

Estimación del coeficiente de correlación simple entre el nivel de precipitación pluvial media anual en los 125 municipios del Estado de México con las siguientes variables del IDH y del índice de marginación: índice de educación (INE), porcentaje de población analfabeta de 15 años o más (PA), porcentaje de población en localidades con menos de 5,000 habitantes (PMA), porcentaje de población ocupada con ingresos de hasta dos salarios mínimos (PMS2), porcentaje de mortalidad infantil (TMI), porcentaje de ocupantes en viviendas sin drenaje ni servicio sanitario exclusivo (VSA), porcentaje de ocupantes en viviendas sin servicio de agua entubada (VSAE), porcentaje de ocupantes en viviendas sin energía eléctrica (VSE), porcentaje de ocupantes en viviendas con piso de tierra (POPT), así como producto interno bruto per cápita (PIBP) medido en dólares ajustados, se presentan en el cuadro 4.

Para analizar la relación entre las variables mencionadas en el párrafo anterior y la disponibilidad natural de agua, cuantificada por el nivel de precipitación pluvial media anual, se utiliza el coeficiente de correlación simple y, con la finalidad de facilitar la interpretación de los coeficientes de correlación simple estimados, a continuación se exponen algunas de sus propiedades (Freedman et al., 1993: 39–185).

1. Es un número puro, sin unidades de medida.

2. Su valor va de –1 a 1, entre más estrecha sea la relación lineal se acercará más a 1, si es positiva, o a –1, si es negativa.

3. Establece una relación lineal, de modo que si la relación es no lineal, el coeficiente será cercano a cero.

4. No implica causalidad, sólo muestra el grado de asociación lineal entre las variables consideradas.

5. El coeficiente de correlación puede ser no representativo si existen datos atípicos, claramente fuera del comportamiento de la mayoría de la información.

6. El signo positivo indica que ambas variables se mueven en la misma dirección, sean positivos o negativos. El signo negativo señala que una crece mientras la otra decrece, pues el signo de la correlación es el mismo que el de la covarianza (Greene, 2002: 862).

Al igual que en el nivel de los estados que conforman la República Mexicana, en los municipios del Estado de México la disponibilidad natural de agua se relaciona con un bajo IDH y todo lo que ello implica, entre otras, analfabetismo, mortalidad infantil, ingresos inferiores a dos salarios mínimos y menor PIBP. El cálculo del coeficiente de correlación simple y la elaboración de los diagramas de dispersión para cada una de las variables consideradas, se llevó a cabo con la información del cuadro 3, y los resultados se presentan en el cuadro 4. Por otro lado, la prueba de significancia del coeficiente obtenido se presenta en el cuadro 5.

El coeficiente de correlación entre la precipitación media anual (pmh) a escala municipal y el IDH es, en términos estadísticos, cero (0.052), así lo confirma al prueba t de dos colas (cuadro 5). El diagrama de dispersión de las variables mencionadas es ilustrativo, pues muestra la ausencia de relación entre dichas variables. Esta relación echa por tierra las declaraciones referentes a que el agua es fuente de desarrollo, sin embargo, el IDH puede mostrar el potencial para incrementar la equidad regional, pues sirve de guía para evaluar la asignación de recursos públicos en función de algunas carencias en los niveles de vida. Pese a sus limitaciones, el IDH detecta logros en capacidades básicas que también se encuentran asociados, de forma inversa, a otros indicadores reveladores del nivel de vida, como los de pobreza o marginación, particularmente en las zonas de menor desarrollo (De la Torre, 2004: 7).

El índice del nivel de escolaridad (INE) y la precipitación pluvial media anual muestra una relación negativa (–0.256), y de acuerdo con la prueba t, sí es significativa, es decir, es diferente de cero. El signo negativo señala que el menor índice de escolaridad lo registran los municipios que tiene mayor nivel de precipitación, esto es, abundancia natural de agua, menor nivel de escolaridad. Aquí se debe poner mayor atención, pues los resultados de las investigaciones, en los ámbitos nacional e internacional, apuntan a que la acumulación de capital humano es el principal motor del crecimiento (Coulombe y Tremblay, 2001: 154–180) y no la disponibilidad de recursos naturales, en este caso agua.

En consecuencia, políticas de inversión en capital humano e infraestructura, así como la creación de oportunidades locales de inversión y empleo o pago por servicios ambientales se tornan necesarias para generar empleos de alta productividad (Esquivel et al., 2003: 26). Éstas son políticas prioritarias en los municipios del Estado de México que registran el menor índice de educación o el mayor índice de analfabetismo, a saber: Acambay, Amanalco, Coatepec Harinas, Donato Guerra, Ecatzingo, Ixtapan del Oro, Jiquipilco, Malinalco, Morelos, Ocuilan, Otzoloapan, San Felipe del Progreso, San Simón de Guerrero, Santo Tomás, Tejupilco, Temascalcingo, Temascaltepec, Temoaya, Texcaltitlán, Tlatlaya, Villa de Allende, Villa del Carbón, Villa Victoria, Zacualpan y Zumpahuacán.

En concordancia con el resultado anterior, menor escolaridad a mayor precipitación, ahora se tiene a mayor precipitación pluvial media anual más población de 15 años en adelante analfabeta, el coeficiente de correlación es 0.293, y de acuerdo con la prueba t, es significativo, diferente de cero (cuadro 5). Es pertinente destacar que la relación entre dichas variables muestra una ligera correlación positiva, pero su magnitud nos es suficiente para confirmar relación lineal entre ellas, por ello, se insta a profundizar en el estudio de esta relación.

La relación entre precipitación y población en localidades con menos de 5,000 habitantes es 0.195 y, no obstante la poca relación lineal, muestra una tendencia positiva y es diferente de cero, de acuerdo con la prueba t. Si bien la relación lineal entre dichas variables es baja, de la información del cuadro 3 se desprende que la mayor concentración de la población del Estado de México se localiza en los municipios donde el nivel de precipitación pluvial media anual es menor al promedio registrado en el Estado de México, lo cual puede sustentar la instrumentación de políticas de pagos por servicios ambientales, pues los municipios menos poblados (que son los que tienen menor IDH) registran los mayores niveles de disponibilidad de agua (cuadro 3).

La relación entre el porcentaje de la población ocupada con ingresos de hasta dos salarios mínimos y el nivel de precipitación pluvial media anual es nula (0.026), y de acuerdo con la prueba t no es significativo, es cero, lo cual confirma la inexistencia de relación lineal entre PMH y PMS2, y sugiere la pertinencia de estudios más detallados y profundos al respecto.

La magnitud del coeficiente de correlación simple (0.176) entre la tasa de mortalidad infantil y el nivel de precipitación indica ausencia de relación lineal entre estas variables, pues la prueba t señala que es no significativamente diferente de cero (cuadro 5). Empero, de acuerdo con el diagrama de dispersión presentado en la gráfica VI, es posible que la relación sea no lineal, de ahí la importancia de estudiar a detalle la relación entre la disponibilidad natural de agua con los componentes del IDH y los de marginación con técnicas y métodos no lineales.

La correlación entre el nivel de precipitación pluvial media anual y el porcentaje de ocupantes en viviendas sin drenaje ni servicio sanitario exclusivo (VSA) es 0.197, y de acuerdo con la prueba t del cuadro 5 es diferente de cero, sin embargo, el diagrama de dispersión de la gráfica VII manifiesta una ausencia de relación lineal entre dichas variables, al igual que los casos anteriores, señala la necesidad de estudios no lineales. Por otro lado, el signo positivo sugiere que a más precipitación mayor el número de habitantes sin dichos servicios, lo cual apunta a que el agua relevante para el desarrollo humano es la de segunda naturaleza, el agua social, la que está mediada por la inversión y no la disponibilidad natural de agua.

El porcentaje de ocupantes en viviendas sin servicio de agua entubada se relaciona de manera positiva con el nivel de precipitación pluvial media anual en el ámbito municipal, sin embargo, su coeficiente de correlación simple es bajo, 0.197, pero estadísticamente es significativo, es diferente de cero. No obstante, el signo positivo señala, como tendencia, que mientras mayor sea la disponibilidad natural de agua, es menor la disponibilidad de agua de segunda naturaleza. Porque ésta última es la relevante para la sociedad, pues si bien el agua se considera un recurso estratégico por la importancia que tiene para la reproducción de la vida, de la sociedad y del sistema económico actual, aparte de ser un recurso natural también es recurso un social (segunda naturaleza), por el hecho de que no podemos crearla físicamente, el agua que utilizamos (la que llega hasta nosotros purificada y entubada) también está lejos de ser puramente natural. Es decir, se habla de un elemento natural transformado por la sociedad mediante el trabajo (Peña, 2007: 130).

El coeficiente de correlación simple entre el porcentaje de ocupantes en viviendas sin energía eléctrica (VSE) y el nivel de precipitación pluvial media anual es positivo (0.136), pero de acuerdo con la prueba t es no significativo, estadísticamente es cero. Lo cual denota una nula relación lineal entre dichas variables.

La relación entre el porcentaje de ocupantes en viviendas con piso de tierra (POPT) y el nivel de precipitación pluvial media anual, ambos a escala municipal para el Estado de México, es de 0.179, y es no significativo, estadísticamente es cero, con base en la prueba t del cuadro 5.

La correlación entre la precipitación pluvial media anual y el PIBP es cercana a cero (0.079), y estadísticamente es no significativa, es cero, con base en la prueba t (cuadro 5), lo cual pone de manifiesto que no hay relación lineal entre dichas variables, o todavía más, el agua en estado natural no es determinante del PIBP o el comportamiento de éste no tiene nada que ver con la disponibilidad de agua. Sin embargo, respecto del PIBP existen diferencias considerables entre los municipios (cuadro 3), y puesto que el efecto del crecimiento será mayor en el desarrollo humano mientras el ingreso se distribuya de forma menos desigual y los hogares asignen una mayor proporción de sus ingresos a bienes de capital humano, se torna fundamental instrumentar medidas de política pública que tiendan a la igualdad del ingreso (Esquivel et al., 2003: 3).

Una manera de incrementar el PIBP es mediante la inversión en educación, así se manifiesta con los resultados obtenidos por los países que más invierten en ella. A partir de la década de 1980, la inversión en conocimiento (educación) ha crecido más que la inversión de capital fijo (Aboites y Soria, 2008: 19). En el mismo sentido, y sólo como ejemplo, el crecimiento actual de Corea se explica en 30% por el incremento de capital fijo y trabajo, y el 70% restante se atribuye a la acumulación de conocimiento (Aboites y Soria, 2008: 49).

 

Conclusiones y recomendaciones

A manera de conclusión general se puede decir, con base en los resultados obtenidos y expuestos, que la precipitación pluvial en los municipios del Estado de México no tiene relación lineal con los componentes del índice de desarrollo humano ni con los de marginación, y en los casos en que sí tienen relación, ésta es muy baja. En suma, la disponibilidad natural de agua cuantificada por el nivel de precipitación pluvial media anual en el Estado de México no tiene relación con el desarrollo humano ni con el desarrollo económico. Así, la hipótesis propuesta, que la disponibilidad natural de agua no es factor de desarrollo económico ni de desarrollo humano queda confirmada. Aunque de forma preliminar y acotada a la búsqueda de una relación lineal.

Si bien el agua en estado natural no es factor de desarrollo humano, los signos hallados, en los casos en que es significativamente diferente de cero con base en la prueba t, señalan que a menor IDH mayor disponibilidad natural de agua, y viceversa, donde llueve menos hay mayor desarrollo humano y menor pobreza, medido por el índice de marginación. Como se sabe, correlación no implica causalidad, pero sí señala –aunque de forma débil, en este caso– el tipo de relación existente y nos sugiere las líneas de acción a seguir en cuanto a políticas públicas.

Si bien existen diferencias considerables entre los municipios del Estado de México respecto del IDH, esto representa una oportunidad para instrumentar políticas públicas que fomenten la equidad y el pago por servicios ambientales a los municipios menos desarrollados (que tienen más agua) por parte de los más desarrollados; con esto se potenciará el desarrollo de todo el estado y se tenderá a la igualación del PIBP que, como se comentó, fomenta el desarrollo económico y el humano.

Es preciso reorientar el presupuesto estatal para promover el desarrollo de los municipios que registran mayor precipitación (menor IDH), por medio de inversiones sustentables (pago por servicios ambientales) y en capital humano (educación). Estos municipios son: Acambay, Amanalco, Coatepec Harinas, Donato Guerra, Ecatzingo, Ixtapan del Oro, Jiquipilco, Malinalco, Morelos, Ocuilan, Otzoloapan, San Felipe del Progreso, San Simón de Guerrero, Santo Tomás, Tejupilco, Temascalcingo, Temascaltepec, Temoaya, Texcaltitlán, Tlatlaya, Villa de Allende, Villa del Carbón, Villa Victoria, Zacualpan y Zumpahuacán.

La relación entre la disponibilidad natural de agua, cuantificada por la precipitación pluvial, y los componentes del IDH y los de marginación requiere estudios más detallados y profundos, pues lo aquí presentado es sólo una aproximación, y su finalidad es recuperar los fundamentos científicos (la observación), para dejar de analizar los discursos y pasar a la realidad con las dificultades que ello implica.

Finalmente, es necesario estudiar la relación entre el gasto público en infraestructura hídrica y educación en relación con el IDH y con el de marginación, a fin de reorientar el gasto público por medio de la instrumentación de políticas públicas que garanticen el desarrollo sustentable de los municipios y, así, el desarrollo equilibrado de todo el Estado de México.

 

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Información sobre el autor:

José Luis Montesillo–Cedillo. Es doctor por el Centro de Investigaciones Económicas, Sociales y Tecnológicas de la Agricultura y la Agroindustria Mundial (CIESTAAM) de la Universidad Autónoma Chapingo, asimismo realizó estudios de licenciatura y maestría en economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Actualmente es investigador Nivel I en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y es investigador de tiempo completo en el Centro de Estudios de la Universidad (CEU) de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). Sus líneas de investigación actual son: economía del agua y de los recursos naturales, y medio ambiente y desarrollo humano. Entre sus publicaciones destacan: "Suministro de agua potable en México: ni equidad ni eficiencia", Ingeniería Hidráulica en México, XXI (1), II época, Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, Morelos, pp. 115–127 (2006); "Precio del agua para riego en México en un contexto de eficiencia social", Ingeniería Hidráulica en México, XXI (4), Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, Morelos, pp. 125–133 (2006); "Elementos en la gestión de cuencas en condiciones de sequía", Gestión y Política Pública, XVI (1), Centro de Investigación y Docencia Económicas, México, pp. 5–28 (2007).