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Papeles de población

versão impressa ISSN 1405-7425

Pap. poblac vol.16 no.66 Toluca Out./Dez. 2010

 

Presentación

 

Hoy en día se estima que hay 214 millones de migrantes internacionales en todo el mundo, de los cuales 128 millones viven en países desarrollados, y de éstos, 58 por ciento provienen de países en desarrollo. En los primeros, el crecimiento del número de migrantes internacionales se ha desacelerado, pasando de 13 millones de migrantes entre 2000 y 2005 a 11 millones entre 2005 y 2010. Esta disminución en los flujos comenzó después de 2007 y abarca casi todos los tipos de migración, incluyendo la migración indocumentada.

Los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos eran 11.5 millones a principios de 2009, un número no muy diferente a los 11.6 millones de 2008 y 11.2 millones de 2007. El número de migrantes mexicanos cayó junto con la población total de inmigrantes, con una reducción de medio millón de connacionales en tres años. La caída en la población de inmigrantes indocumentados parece estar relacionada principalmente con el número de migrantes mexicanos que regresaron por causa de la crisis económica.

No obstante, en medio de estas caídas hay un sector de los flujos migratorios que está creciendo de manera importante: la migración calificada. Por ejemplo, en 1998 se estimó que había 387 557 mexicanos con licenciatura o mayor grado de estudios viviendo en Estados Unidos y para el año 2010 la estimación fue de 600 mil. Las autoridades académicas y oficiales mexicanas reconocen que cada año pierde México a por lo menos cinco mil científicos y profesionales que emigran al extranjero por falta de oportunidades de empleo. Esto quiere decir que un alto porcentaje del capital humano mexicano más calificado no se aprovecha plenamente en México, sino en Estados Unidos u otro país.

Mientras la escolaridad promedio de los mexicanos radicados en México apenas supera los ocho años, en Estados Unidos los migrantes mexicanos tienen un nivel de instrucción promedio cercano a diez años. Más revelador resulta el hecho de que veinte por ciento de las personas nacidas en México con estudios de doctorado radican en Estados Unidos. La probabilidad de que un mexicano con estudios de doctorado emigre a Estados Unidos es cuatro veces mayor a la de un mexicano con primaria y tres veces superior a la de un mexicano con secundaria. Las condiciones que propician la migración mexicana están tanto en México como en Estados Unidos, pues a pesar de su situación de subempleo y desperdicio de su talento en el país de destino, los mexicanos cualificados prefieren irse a trabajar en aquel país. La generación de mayores oportunidades laborales en México para los nacionales calificados y no calificados es una asignatura pendiente.

La segunda sección de este número de está dedicada precisamente a la migración calificada y de retorno; pero el número inicia con una sección sobre la soltería femenina y los padres solteros, y más adelante se incluye una sección sobre índices de marginación y pobreza, y otra referida a la movilidad cotidiana de la población en las grandes metrópolis.

Abre este número el artículo de Albert Steve, Joan García y Robert McCaa, investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad de Minnesota, quienes investigaron el efecto que la disolución de las uniones consensuales tiene en los niveles de soltería que proporcionan los censos de población, niveles derivados de la variable estado civil. Para ello compararon los datos censales con los de las encuestas de demografía y salud (EDS) de cuatro países para los que se dispone de ambas fuentes en el mismo año o años adyacentes (Bolivia, Brasil, Colombia y Perú). Sus hallazgos muestran que las proporciones de mujeres nunca unidas derivadas de la variable censal estado civil son sistemáticamente más elevadas que las estimadas a partir de las EDS. La razón de esta sobreestimación obedece al hecho de que personas que estuvieron en unión libre en el pasado se declaran solteras en el momento del censo. Sobre la misma temática de la separación de parejas incluimos el trabajo de Paulina Mena y Olga Rojas, investigadoras del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social y El Colegio de México, quienes, desde una perspectiva de género, analizan la experiencia de algunos padres solteros que viven en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. A partir de un acercamiento cualitativo se aproximan al estudio de las formas organizativas que adquieren las familias de los varones entrevistados una vez que se quedan solos a cargo de sus hijos y al frente de sus hogares, por viudez, divorcio, separación o abandono.

Rodolfo Cruz Piñeiro y Wilfrido Ruiz Ochoa, investigadores de El Colegio de la Frontera Norte, exploran el alcance de las visas preferenciales para los trabajadores migrantes de alta calificación hacia Estados Unidos, especialmente aquéllas que tienen su origen en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y las visas denominadas H1B. Analizan el impacto sobre la ordenación de los flujos migratorios documentados de trabajadores calificados, destacando el aprovechamiento de oportunidades laborales para profesionistas mexicanos. Los autores concluyen que el proceso de liberalización de servicios profesionales ha resultado sumamente lento y que las facilidades que otorgó para la movilidad internacional de profesionistas apenas empieza a percibirse. En esta misma sección, Francisco Jiménez Bautista y Eduardo Andrés Sandoval Forero, investigadores de Universidad de Granada y la Universidad Autónoma del Estado de México, respectivamente, realizan un análisis sobre la migración de retorno a Granada, España. El estudio aborda dimensiones demográficas, sociales, económicas, políticas y culturales, además de religiosas, familiares, etc., que se tejen en ese circuito migratorio de ida a otro país y de regreso al de origen, mediado por redes migratorias, cadenas de ayuda en el retorno, asociaciones de ayuda al retornado, y condiciones de reinserción y reintegración social en el nuevo espacio de un hábitat caracterizado por ser el lugar de origen, pero que tiene condiciones diferentes a las prevalecientes cuando iniciaron su periplo.

Humberto Gutiérrez Pulido, investigador de la Universidad de Guadalajara, y Viviana Gama Hernández, del Consejo Estatal de Población de Jalisco, identifican limitantes del índice de marginación desarrollado por el Consejo Nacional de Población en la década de 1990. Destacan que la influencia de los indicadores de marginación sobre el índice de marginación es muy variable y que sus valores no son comparables en el tiempo. Esto hace que el IM sea de poca utilidad para evaluar los cambios en la marginación. Los autores analizan la problemática de estos índices a nivel municipal, y proponen como alternativa el denominado índice de marginación para evaluación (IME). Con el índice propuesto se evalúa la evolución de la marginación municipal en México entre 1990 y 2005. Por su parte, Luis Fernando Aguado Quintero, Ana María Osorio Mejía, Jaime Rodrigo Ahumada Castro y Gloria Isabel Riascos Correa, investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, procuran estimar una línea de pobreza subjetiva (LPS) a través de las respuestas de los hogares colombianos y vallecaucanos a la pregunta de suficiencia de ingresos de la Encuesta de Calidad de Vida 2003. Sus resultados muestran que un hogar en Colombia se considera pobre si sus ingresos en pesos colombianos son menores a $1 142 097, mientras que en el Valle del Cauca esta cifra es de $872 545. La diferencia entre el valor de la línea subjetiva para el promedio nacional y la del Valle del Cauca sugiere que múltiples factores intervienen en la percepción de pobreza, ya que la literatura empírica los asocia a diferentes estructuras económicas regionales y distintas dotaciones de capital humano y social.

En la cuarta sección colaboran los investigadores Joaquín Susino, de la Universidad de Granada, España, y Juana Martínez–Reséndiz, de la Universidad Nacional Autónoma del México, quienes apuntan que la movilidad cotidiana por razones de trabajo es reconocida como una variable fundamental para el análisis de la organización del territorio y de los sistemas urbanos a escala intermedia. Sin embargo, muchos sistemas estadísticos nacionales no han contado con datos de tipo censal sobre esta cuestión hasta hace poco tiempo, como son los casos de España y México. En tal sentido se plantean ilustrar el potencial que tiene el análisis de tales datos en sistemas territoriales y urbanos muy diferentes, como son los de Andalucía y la región centro de México. Los autores muestran, con datos de la región centro de México, el potencial analítico de la metodología anteriormente ensayada en Andalucía para identificar jerarquías y dependencias urbanas, y para reconocer y delimitar áreas metropolitanas. En esta misma vertiente, los profesores Eduardo Marandola Jr. y Robson Bonifácio da Silva, de la Universidad Estatal de Campinas, y Gilvan Ramalho Guedes, de la Universidad de Brown, analizaron la forma y la organización de la red urbana en las áreas metropolitanas donde la vida humana sucede a escala regional. Estos autores plantearon que la complejidad, la multidimensionalidad y la multiplicidad son algunas de las características de las nuevas interacciones espaciales sobre la base de una gran movilidad humana, de la cual el aumento en el tiempo y el espacio son elementos intrínsecos. Además, cuestionan las formas tradicionales de recopilación de la información porque no registran diversificación en la elección de la vivienda y el acceso a las familias hace que interfieran en los procesos de redistribución espacial de la población y la estructura a nivel urbano–regional.

Con este número, actualiza diagnósticos, conceptos, enfoques y permite conocer los múltiples desafíos en el análisis de la población en distintos contextos territoriales.

 

Juan Gabino González Becerril
Director