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Papeles de población

versión impresa ISSN 1405-7425

Pap. poblac vol.16 no.64 Toluca abr./jun. 2010

 

La primera migración laboral en las poblaciones rurales del sur de Veracruz, México*

 

The first labor migration among rural population in the southern Veracruz, Mexico

 

Alberto Del–Rey–Poveda

 

Universidad Autónoma de Barcelona. Correo electrónico: adelrey@ced.uab.es

 

Resumen

El objetivo de este trabajo es analizar los determinantes que han afectado a la primera migración laboral de las poblaciones rurales situadas en el sur del estado de Veracruz. Utilizando la Encuesta sobre Movilidad y Reproducción Social en la Región del Sotavento (Moreso) realizada en 1999 se ha aplicado un modelo de supervivencia en tiempo discreto a tres generaciones de hombres: nacidos antes de 1950, nacidos entre 1950 y 1969 y nacidos a partir de 1970. Los resultados señalan diferentes riesgos y determinantes para cada una de las generaciones como consecuencia del cambiante contexto laboral en la región y en particular, de la disponibilidad de tierra agrícola.

Palabras clave: reparto agrario, reproducción familiar, reproducción campesina, migración interna, supervivencia, Veracruz, México.

 

Abstract

The aim of this paper is to analyze the determinants of the first labor migration among the rural population in the Southern of Veracruz state. Using the 1999 Mobility and Social Reproduction Survey in Sotavento Region (Moreso) we apply a discrete–time survival analysis model to three birth generations of men: born before 1950, born between 1950 and 1969, and born in 1970 and later. The results point out different risks and determinants for each generation as a consequence of the changing regional labor context, and particularly, according to the availability of agricultural land.

Key words: cast agricultural, family reproduction, peasant reproduction, internal migration, survival, Veracruz, Mexico.

 

Introducción

Este trabajo analiza la primera migración laboral de la población masculina ente 15 y 50 años que vive en las localidades rurales del sur del estado de Veracruz, conocida como el Sotavento Veracruzano. Son movimientos, en la práctica totalidad, internos, que tienen como destino otras localidades del estado de Veracruz, o bien, otras regiones de México. La movilidad internacional en este primer desplazamiento prácticamente fue nula antes del año 2000.

La región sufrió una radical transformación económica y demográfica en las dos últimas décadas del siglo XX, lo cual afectó las condiciones de reproducción de su población. En este contexto se ha venido modificando el papel de la movilidad laboral, generalizándose entre el conjunto de la población y ampliándose el espacio de migración. En primer lugar, la movilidad laboral aparece como un mecanismo de adaptación de las condiciones de reproducción de la población a las cambiantes condiciones del contexto de salida (Arizpe, 1980; Torrado, 1981; Appendini et al., 1983; Salles, 1989). En segundo lugar, las condiciones de los mercados de destino se han modificado igualmente, lo que ha significado pasar de ser movimientos exclusivamente dirigidos a espacios rurales y agrarios, a dirigirse cada vez más a espacios urbanos e insertarse en los mercados de trabajo secundario y terciario. Ambos aspectos han afectado la transición laboral desde el punto de vista de las condiciones locales, familiares y personales de la población afectada. La hipótesis de trabajo es que esta transición laboral aparece marcada por la interrelación entre las características propias del lugar de residencia, las condiciones socio–agrarias de la familia de pertenencia y las propias características personales de la población emigrante, dentro de un contexto reproductivo en transformación en el periodo analizado.

En el análisis se ha aplicado un modelo de supervivencia de tiempo discreto que permite extraer tanto el riesgo de migrar por edad de la persona como el efecto de las características locales, familiares y personales, considerando tres diferentes generaciones. Los datos proceden de la Encuesta sobre Movilidad y Reproducción Social en el Sur del Estado de Veracruz (Moreso, 1999), realizada en 36 localidades rurales.

 

El contexto reproductivo en el Sotavento Veracruzano

La reproducción de las familias rurales en la región del Sotavento Veracruzano durante el siglo XX ha estado marcada por la disponibilidad de tierras y la presencia de un mercado de trabajo regional muy activo alrededor de la industria del petróleo. Estos dos factores han permitido una "reproducción familiar territorializada" (Quesnel y Del–Rey–Poveda, 2005), es decir, teniendo en la actividad agrícola su eje fundamental y la posibilidad de acudir al mercado de trabaj o regional en caso de necesidad, sin romper con la producción agrícola. En este contexto, la emigración laboral de tipo regional tenía un papel secundario, pudiéndose distinguir un perfil de familia emigrante, aquella de escasos recursos (Del–Rey–Poveda, 2007). Sin embargo, en la década de 1980 se produjo una transformación radical de las condiciones reproductivas:1 por un lado, debido al agotamiento de la tierra y al fin del reparto agrario, así como por la contracción del mercado de trabajo asalariado en la región como resultado de la crisis del petróleo; por otro lado, hay que señalar los efectos generados por la rápida transición demográfica, lo cual supuso la entrada en el mundo laboral, en los años noventa, de las generaciones nacidas durante las décadas de 1960 y 1970. La emigración, que hasta ese momento había tenido un papel secundario, se constituyó en el eje de la reproducción familiar para una gran mayoría de familias, a la vez que se amplió el espacio de emigración (Del–Rey–Poveda, 2007).

El contexto reproductivo en la región del Sotavento a lo largo del siglo XX ha variado de acuerdo con el proceso de reparto agrario, a la dinámica poblacional y al mercado regional en general, y de la actividad petroquímica en particular, todo lo cual afectó la movilidad laboral. Por otro lado, el Sotavento no conforma una región homogénea desde el punto de vista reproductivo, pudiéndose distinguir diferentes contextos de acuerdo con la disponibilidad de tierra y al tipo de propiedad predominante.

 

Reparto agrario y transición demográfica

El Sotavento Veracruzano es la región comprendida entre las cuencas de los ríos Papaloapan y Coatzacoalcos–Tonalá, ubicada en el extremo sur del estado de Veracruz y escasamente habitada hasta comienzos del siglo XX. Durante la etapa del Porfiriato (1884–1910) se produjeron varias transformaciones que ubicaron a esta región en el contexto regional y nacional. Primero, la promulgación de las leyes de baldío que favorecieron la creación de grandes plantaciones agrícolas, a lo cual se sumó la construcción del ferrocarril de Tehuantepec, que comunicó este espacio con el resto del país (Palma et al., 2000; Velázquez, 2006). Segundo, el descubrimiento de importantes reservas petrolíferas a finales del XIX (Prevôt–Schapira, 1994).

Después del periodo revolucionario (1910–1917), que mermó considerablemente la población de la región (gráfica 1), se aceleró el crecimiento como resultado de una alta fecundidad y de una mortalidad en descenso. En la región del Sotavento, las tasas de crecimiento poblacional fueron superiores al promedio estatal y nacional debido a una importante inmigración atraída por el reparto de tierras y el desarrollo de una pujante actividad petrolera (Palma et al., 2000).

El intenso reparto agrario en la región del Sotavento se inició nada más acabarse el conflicto armado y se mantuvo hasta la década de 1970 (gráfica 2). Este reparto se vio favorecido por el escaso poblamiento y la gran disponibilidad de tierra existente. Se diferencian varias fases de distribución de tierras que coinciden con las políticas de reparto agrario impulsadas a nivel nacional (Warman, 2001).

Durante los primeros veinte años posteriores al conflicto, el reparto tuvo como objetivo satisfacer las demandas históricas del campesinado2 (Hoffmann, 1998; Warman, 2001). En este periodo, las reclamaciones fueron atendidas a partir, fundamentalmente, de la dotación de ejidos; en unos casos consistió simplemente en reconocer legalmente la propiedad de tierras previamente ocupadas, y en otros casos, restituyendo las propiedades sobre las que las comunidades indígenas reclamaban sus derechos históricos (Cambrezy, 1991; Hoffmann, 1998). La superficie distribuida fue relativamente escasa y no alcanzó a cubrir las demandas de la población residente en la zona.

Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934–1940) tuvo lugar el primer gran reparto de tierra. Cárdenas trató de equilibrar en el reparto agrario la justicia social y las necesidades económicas del país (Mackinlay, 1991; Warman, 2001), en gran parte motivado por el elevado crecimiento de la población. La disponibilidad de tierra en la región generó el desplazamiento de numerosa población desde otras partes del estado de Veracruz y desde otros estados; de ahí el elevado crecimiento poblacional que se observa en el Sotavento durante la década de 1930 a 1940 (gráfica 1). Con Cárdenas se puso fin a las reivindicaciones pendientes desde el fin de la Revolución al otorgar tierras para que los campesinos pudieran satisfacer su reproducción.

A partir de este momento y hasta los años cincuenta, el reparto de tierras trató de responder a las demandas económicas de la población asentada en la región, fundamentalmente por medio de la dotación de nuevos ejidos o la ampliación de los existentes (Quesnel, 2003).

En las décadas de 1950 y 1960, el reparto respondió a las nuevas necesidades productivas del país, para lo cual se crearon grandes explotaciones agrícolas y ganaderas en zonas deshabitadas del sur de Veracruz (Hoffmann, 1997). No obstante, el elevado crecimiento poblacional desde la década de los treinta llevó a que la tierra rápidamente se agotara y surgieran nuevas demandas por parte de la población nativa (Quesnel, 2003). Esto, junto con la desaceleración de la producción agrícola a partir de 1950 (Appendini et al., 1983), supuso que los gobiernos de López Mateos y Díaz Ordaz reactivaran el reparto. Desde mediados de 1960 y hasta mediados de 1970 tuvo lugar el segundo gran momento de distribución de tierras, superando en intensidad el reparto de la década de 1930, aunque en este momento muchas de las tierras eran de mala calidad (Moguel, 1989). Entre 1959 y 1976 se repartió en el Sotavento 69 por ciento de toda la tierra distribuida en la región, fundamentalmente con la puesta en producción de la región selvática del Uxpanapa y del litoral de la Sierra de Santa Marta.

Durante la década de 1980 se intentó reorientar el modelo de desarrollo económico para el campo, caracterizado hasta ese momento por el fuerte intervencionismo y el paternalismo del Estado3 (Warman, 2001). A partir de este momento, el reparto agrario fue insignificante, tanto en el ámbito nacional como en el Sotavento.

El segundo elemento articulador de la reproducción del campesinado en la región del Sotavento fue la actividad económica relacionada con la extracción y el refinamiento del petróleo. El descubrimiento de grandes reservas de petróleo a finales del siglo XIX permitió el desarrollo de una importante industria petroquímica en la región (Prevôt–Shapira, 1994), en especial a partir de 1940 y sobre todo en los años sesenta. Para los grupos campesinos del sur de Veracruz, la actividad generada alrededor de esta industria se convirtió en el complemento de la actividad agrícola, lo cual permitió asegurar su reproducción en momentos de necesidad hasta prácticamente la década de 1980.

En los años noventa cambiaron radicalmente las condiciones de reproducción en la región: por un lado, la tierra repartida en décadas anteriores se volvió insuficiente; por otro, la crisis económica de la década de 1980, debida a la caída del precio del petróleo y a las nuevas medidas adoptadas en el marco de firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), redujeron considerablemente los mercados de trabajo local y regional. La crisis del petróleo afectó duramente al estado de Veracruz, reduciéndose tanto la actividad petroquímica4 como la de los servicios y de la construcción (Bataillon, 1997). Las medidas económicas adoptadas para la integración en el TLCAN afectaron la producción agrícola regional, afectando la rentabilidad de productos tales como el maíz, el café, el azúcar o el ganado (Mackinlay, 1991; Léonard y Palma, 2002; Mestries, 2006),5 lo cual se debió, entre otras cosas, a la disminución de los subsidios para el campo y a la competencia de los productores estadunidenses y canadienses que introdujeron sus productos a México como resultado del TLCAN.

En general, la disponibilidad de tierra permitió no sólo retener en la región a la población nativa, sino que atrajo numerosa población de otras partes del estado de Veracruz y de otras partes del país. Además, esta disponibilidad de tierra significó una reproducción centrada en la producción agraria y completada con el acceso al mercado regional alrededor de la industria petroquímica.

El resultado es que una región que durante la mayor parte del siglo XX se ha caracterizado por atraer población desde otras partes del Estado o del país, en los años noventa pasó a ser fundamentalmente emigratoria, expulsando población hacia las ciudades regionales, nacionales y a los Estados Unidos (Quesnel y Del–Rey–Poveda, 2005; Del–Rey–Poveda y Quesnel, 2006). Esta nueva situación económica tiene un claro reflejo en la dinámica demográfica de la región, que registra en la segunda parte de la década de 1990 un crecimiento negativo (gráfica 1).

En la medida que la tierra ha escaseado, la movilidad ha pasado de ser una opción para un conjunto particular de familias, las de menos recursos, a constituirse en una necesidad para la gran mayoría de la población que se mantiene en el Sotavento. Este proceso, que ha tenido lugar en un contexto de elevado crecimiento poblacional y de contracción del mercado de trabajo regional, ha conllevado una ampliación del espacio migratorio. De la movilidad de proximidad en la región y en el estado de Veracruz se ha ido ampliando a espacios cada vez más alejados, en primer lugar hacia la ciudad de México y más recientemente hacia los estados de la frontera norte y por último hacia Estados Unidos (gráfica 3), un proceso que también se ha observado en muchas otras regiones del país (Chávez Galindo, 1999; Carton de Grammont, 2009).

La migración regional se insertaba fundamentalmente en sectores de baja cualificación, tales como la agricultura o la construcción (60 por ciento hasta 1970). Ahora bien, tanto la migración hacia la ciudad de México como hacia los mercados del norte se insertó fundamentalmente en el sector de la industria maquiladora y los servicios (60 por ciento en la movilidad posterior a 1990), aunque en Estados Unidos prevalece la actividad agrícola (55 por ciento), según los datos de la encuesta Moreso (1999).

 

Contextos históricos y núcleos agrarios

La región del Sotavento es un espacio heterogéneo desde el punto de vista de las condiciones de producción y reproducción de la población campesina. Es necesario establecer dos distinciones: una de acuerdo con el momento de poblamiento y de reparto, y otra, en función del tipo de núcleo agrario.

En primer lugar, la antigüedad del poblamiento, junto con los periodos y modalidades del reparto agrario, han configurado tres contextos agrarios claramente diferenciados (mapa 1). Cada contexto presenta muy diferentes condiciones desde el punto de vista reproductivo, dada la relación entre población y tierra agrícola (Palma et al., 2000; Delgado, 2000; Oropeza, 2000; Velázquez, 2006). Un primer contexto está formado por las poblaciones más antiguas, con buenas comunicaciones con los núcleos urbanos y los mercados de trabajo regional. Se trata de una zona densamente poblada, en la que la mayor parte del reparto agrario se produjo en la primera parte del siglo XX a través de los procesos de restitución, dotación y ampliación de ejidos.

Un segundo contexto, donde se ubican las poblaciones igualmente de antiguo poblamiento, pero ubicadas en regiones aisladas o con malas comunicaciones, lo constituye una región con baja densidad de población en la que el reparto agrario se extendió hasta la década de 1970, dada la existencia de gran cantidad de tierra disponible. En esta región, con importante presencia de población indígena, coexisten zonas ejidales con zonas de propiedad privada bajo la modalidad de colonias agrícolas formadas durante las décadas de 1950 y 1960. El tercer contexto lo conforman las áreas más recientemente pobladas, donde el reparto agrario tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX a través de la creación de nuevos centros de población ejidal en la región del Uxpanapa. Se trata de espacios de baja densidad poblacional y de mayor disponibilidad de tierra.

La diferente disponibilidad de tierra significó que en el tercer contexto se repartiera 67 por ciento de toda la tierra repartida en el Sotavento, mientras que el resto se lo reparten a 50 por ciento el primero y el segundo contextos. Consecuentemente, en el tercer contexto se asentó 42 por ciento de toda la población inmigrante en la región, mientras que en los contextos primero y segundo se registraron proporciones sensiblemente inferiores, 27 y 31 por ciento, respectivamente, según datos de la encuesta Moreso (1999).

El segundo aspecto, a considerar es el tipo de núcleo agrario o propiedad de la tierra. Actualmente, en el Sotavento coexisten dos tipos de propiedad de la tierra agrícola: la individual, en las colonias agrícolas y en las localidades de propiedad privada, y la social, en los ejidos. Cada tipo de propiedad, y de acuerdo con la Ley Agraria, plantea importantes diferencias para la reproducción de las familias. En las zonas de propiedad individual, el propietario es dueño absoluto de la tierra. En los ejidos, el ejidatario únicamente dispone de un derecho de usufructo de la tierra, cuyo propietario legal es el Ejido. En estos últimos, existe una fuerte organización social que se superpone a la organización familiar. Hasta la reforma constitucional de 1992, en los ejidos no estaba permitida la venta, ni la renta de la tierra, y existía un proceso muy estricto en el traspaso del derecho en favor de un familiar, lo cual era supervisado por la asamblea ejidal (Hamilton, 2002). Los ejidatarios tenían la obligación de permanecer en la localidad y de participar en el funcionamiento del ejido, o de lo contrario podían perder sus derechos (Del–Rey–Poveda, 2005; 2006). Tras la reforma constitucional se abrió la vía a la privatización de la propiedad de la tierra de tipo social, modificándose el marco legal que regía la reproducción de las familias ejidales. Un cambio fundamental es que la reforma de 1992 otorgó a cada ejidatario un certificado de sus propiedades (tierra y solar), que podía ser enajenable, se aceptara o no la total privatización del ejido o el llamado dominio pleno.6

La diferente modalidad de tenencia de la tierra ha condicionado el tipo de reproducción de las familias en cada uno de los contextos, así como su movilidad (Del–Rey–Poveda, 2005), de ahí que sea un factor a considerar en el análisis de la movilidad laboral en esta región.

 

Fuente, método y variables

Encuesta Moreso (1999)

La fuente de datos utilizada es la Encuesta sobre Movilidad y Reproducción Social en el Sotavento Veracruzano (Moreso, 1999) financiada por el Institut de Recherche pour le Développement (IRD–Francia) y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS–México). Se trata de una muestra aleatoria y estratificada aplicada a 947 familias rurales en 1999. La base muestral, tomada del Conteo de Población de 1995 del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), está compuesta por las localidades rurales, de menos de 15 000 habitantes, excluidas las cabeceras municipales de los 34 municipios sureños de Veracruz. El universo de estudio contiene una población de 637 802 habitantes ubicados en 2 776 localidades y en 125 549 viviendas. El muestreo fue bietápico y estratificado.

En la primera etapa se seleccionaron las localidades clasificadas según tres aspectos considerados centrales en las condiciones de reproducción de la población campesina de la región: el contexto histórico de poblamiento (viejo poblamiento bien conectado, viejo poblamiento en zonas aisladas y reciente poblamiento); la condición ejidal (ejidos y no ejidos), y el porcentaje de población económicamente activa (PEA) en el sector primario (mayor o menor a 75 por ciento). De esta manera, se obtuvieron 12 localidades por cada contexto, seis ejidos y seis localidades no ejidales, divididos según condición de la PEA. Luego de ordenar las localidades según el número de viviendas se extrajeron aleatoriamente en cada estrato las localidades. Las poblaciones muestreadas agrupan una población 37 047 habitantes en 9 051 viviendas. En la segunda etapa se seleccionaron en cada localidad aleatoriamente un mínimo de 25 familias, estratificando entre propietarias y no propietarias de tierra. Se aplicó el cuestionario a 947 familias, 484 en ejidos y 463 en colonias. La muestra contiene 477 familias con tierra propia (265 ejidatarios y 212 colonos) y 470 familias no propietarias (219 en ejidos y 251 en colonias).

A estas familias se les aplicó un cuestionario compuesto por varios módulos sobre composición del hogar y familia extensa, patrimonio agrario, producción agrícola, herencia, migración y reforma agraria. En el módulo de migración se registró de manera biográfica todos los movimientos de más de un año de duración7 desde el nacimiento de cada individuo miembro del hogar, presente o ausente en el momento de la encuesta. Esto permite reconstruir las condiciones locales, familiares y personales del migrante en cada lugar de residencia.8

 

Método

El análisis de la primera movilidad laboral se realizó utilizando un modelo de supervivencia en tiempo discreto. La variable dependiente es el tiempo o edad en que se produce el primer desplazamiento migratorio de tipo laboral. La ventaja de los métodos de supervivencia, respecto a otros métodos estadísticos tradicionales de regresión, es que permite la incorporación de las observaciones censuradas y de variables explicativas que cambian de estatus a través del tiempo (time varying covariates).

Para la construcción de la base muestral hemos fijado el punto de partida en los 15 años (t = 0), puesto que es la edad en que finaliza la escolaridad obligatoria en México y puede considerarse como el inicio de la vida laboral para la mayor parte de la población rural de esta región. El periodo de observación concluye a 50 años, dado que son muy escasos los hombres que después de esa edad realizan su primer desplazamiento laboral. La variable dependiente queda definida en el periodo de edad que va desde 15 a 50 años, analizando entre la edad 15 y 30 la probabilidad de que tenga lugar el desplazamiento laboral de manera anual y a partir de los 30 años de manera quinquenal (el número de migraciones de orden uno en estas edades es muy escaso).

Se ha optado por omitir del análisis a las mujeres, puesto que en estas poblaciones rurales su migración suele ser dependiente de la masculina (marido o padre), con lo que se viola el principio de independencia de las observaciones que requieren los modelos de supervivencia. No obstante, hay que señalar la creciente importancia de la movilidad laboral femenina, en especial en lo que respecta a la movilidad interna y más recientemente en la movilidad internacional,9 proceso igualmente observado en otras partes de México (Barrera y Oemichen, 2000).

La base de datos queda conformada por 1 553 hombres de 15 años y más. Al transformar la vida de cada individuo en años–persona entre 15 y 50 años obtenemos un total de 15 856 observaciones. La amplitud de los intervalos es lo suficientemente grande para que se pueda registrar más de un evento por unidad de tiempo (tied observations). Este hecho impide el uso de modelos continuos y requiere el uso de modelos de tiempo discreto. Tomando los modelos lineales generalizados se ha optado por la especificación logística, que indica la probabilidad condicional de que se produzca la migración laboral h(t) o hazard rate por unidad de tiempo:

Siendo h(t|x) la probabilidad condicional o el riesgo de que se produzca la movilidad laboral en función del tiempo (t) y de un conjunto de variables explicativas (x), y de sus parámetros β. Para cada intervalo de tiempo t (15–50 años) obtenemos igualmente los parámetros que nos indican el riesgo de migrar βot a cada edad de la persona.

 

Variables

La variable dependiente (T) es la primera migración laboral de varones entre 15 y 50 años viviendo en localidades rurales del sur de Veracruz en 1999 extraída de la encuesta Moreso: T = 1, indica la existencia del evento en el momento T y, por el contrario, T = 0 indica la ausencia del evento o la existencia de censura en el momento T.

Las variables independientes fueron seleccionadas con base en la información disponible en la encuesta Moreso (1999) y de acuerdo con la literatura sobre migración rural en México (Arizpe, 1980; Massey, 1987; Massey et al., 1987; Escobar Latapí et al., 1999; Pries, 2000; Quesnel y Del–Rey–Poveda, 2005; Del–Rey–Poveda, 2007). Las variables se agrupan en la escala local o contextual, familiar e individual (véase cuadro 1), puesto que se asume que el primer desplazamiento laboral es una decisión individual que se toma en el marco del un contexto familiar y local–regional (Taylor, 1987; Massey y García–España, 1987). Las condiciones de cada individuo definen las necesidades y posibilidades para llevar a cabo un desplazamiento, sin embargo, dicha decisión, en la mayor parte de las veces, es tomada tanto en función de la situación familiar (necesidades y capacidades), como del contexto local (posibilidades que ofrece).

Las variables individuales consideradas en el análisis son la cohorte de nacimiento, el nivel educativo, el lugar de nacimiento, la actividad laboral previa, el estado marital y el número de hijos.

1. Los individuos fueron agrupados en tres cohortes de nacimiento: nacidos antes de 1950, entre 1950 y 1969, y nacidos con posterioridad a 1970. Cada una de estas cohortes presenta singularidades propias en el acceso al mundo laboral y al mercado de trabajo, derivadas de las condiciones locales y regionales, tanto en lo que respecta a la disponibilidad–reparto de tierra como a la actividad económica alrededor de la industria del petróleo. Así, la primera generación tuvo su inserción laboral (antes de la década de 1970) en un momento de gran intensidad en el reparto de tierras, mientras que en las dos últimas el reparto era inexistente cuando alcanzaron la etapa laboral; por lo que respecta a la actividad industrial, la primera cohorte vivió el inicio del auge del petróleo, pero la que realmente lo disfrutó fue la segunda cohorte (hasta finales de los setenta), mientras que la tercera sufrió la crisis. La generación o cohorte de nacimiento se presenta como un factor clave en el análisis de la movilidad laboral de la población masculina en un contexto en transformación y de ahí que se hayan realizado modelos individuales para cada una de las cohortes.

2. La población de estudio ha sido dividida en cuatro niveles educativos: analfabetos, con algunos estudios pero sin completar primaria, primaria completa, y secundaria y más. El nivel educativo es uno de los factores más determinantes en el acceso al mercado laboral (Taylor, 1987; Portes y Böröcz, 1989; Cornelius, 1992), y por lo tanto puede afectar la movilidad en función de los cambios en el tipo de mercado al que se dirige la población estudiada.

3. El lugar de nacimiento. Se ha separado entre nacidos en la misma localidad de residencia, nacidos en otras partes del estado de Veracruz y aquéllos nacidos fuera del estado.10 Este hecho está en general relacionado directamente con cierta experiencia migratoria previa en la familia y la existencia de contactos en otros lugares, aspectos muy relevantes en la migración (Arizpe, 1980; Massey, 1987; Massey et al., 1987; Lomnitz Adler, 1991; Curran y Rivera–Fuentes, 2003). Además, también puede denotar condiciones particulares de producción familiar que anteriormente les impulsaron a desplazarse a esta región en busca de recursos.

4. La actividad laboral previa al movimiento migratorio generalmente está en la base del desplazamiento laboral y sirve como experiencia en la inserción en el destino. Dado que la mayoría de la población trabajaba en el sector primario, agricultura y ganadería, se ha privilegiado esta situación frente al resto, que son minoritarias (desempleados–estudiantes y trabajos en la industria o servicios).

5. El estado civil. Estar soltero frente a otras categorías, casado o separado–divorciado, puede condicionar el desplazamiento, tanto favoreciéndolo como inhibiéndolo de acuerdo con las responsabilidades familiares que implica. Dado el escaso número de individuos separados y divorciados se han agrupado con los casados. Esta variable ha sido incorporada como time varying covariate, lo que significa que se analiza el efecto en la movilidad en el paso de soltero a casado entre 15 y 50 años.

6. Número de hijos o composición del hogar. Esta variable fue igualmente incluida como time varying covariate con el objetivo de analizar el efecto de tener el primero, segundo y tercer hijo en la movilidad laboral. Las variables familiares consideradas en la movilidad laboral son la condición económica y la posición del individuo dentro de la familia.

7. La condición socioeconómica se refiere a la situación agraria de la familia con respecto a la tierra. Las familias están clasificadas entre propietarios y no propietario de tierra. Cada categoría socio–agraria hace referencia a distintas posibilidades de trabajo y de disponibilidad de recursos como condicionantes de la movilidad laboral (Del–Rey–Poveda, 2005; Del–Rey–Poveda, 2007).

8. El hogar de pertenencia remite a un determinado papel dentro de la familia, de acuerdo con las relaciones sanguíneas: familia paterna, por lo que su rol es de hijo; familia propia y, por lo tanto, tiene un rol de padre y jefe de familia. Cada posición implica una serie de responsabilidades o posibilidades para migrar. El hijo migrante cuenta con el respaldo del padre, tanto para migrar como para delegar responsabilidades durante su ausencia, mientras que el jefe de familia tiene bajo su responsabilidad su propio hogar, aspectos centrales en la migración (Quesnel y Del–Rey–Poveda, 2004; 2005). Las variables locales o relacionadas con el lugar de residencia son el contexto local de residencia, la condición indígena de la localidad y el tipo de núcleo agrario. Estas variables reflejan los diferentes escenarios de actividad económica, valores culturales y organización local.

9. La región del Sotavento se divide en tres contextos locales, según el grado de comunicación con los núcleos urbanos y los mercados de trabajo de la región, y a la antigüedad de poblamiento. Cada tipo de contexto, como se ha señalado previamente, presenta diferentes condiciones de reproducción, de acuerdo con la disponibilidad de tierra y el acceso a los mercados de trabajo, aspectos que deben ser consideraros en la movilidad laboral.

10. La condición indígena local. Está definida por el hecho de que el lenguaje mayoritario y habitual de las localidades sea una lengua indígena, aspecto que coincide con su autoadscripción étnica. Estas localidades presentan un sistema de organización y funcionamiento propio, marcado por sus normas culturales. Diversos estudios señalan la importancia de los factores culturales y sociales en la constitución de las redes migratorias (Taylor, 1986; Massey 1987; Massey et al., 1987). Por otro lado, el factor indígena en general suele estar ligado a determinadas condiciones de reproducción, como la marginación, la pobreza y la falta de recursos, aspectos que condicionan las necesidades y posibilidades de migrar.

11. El tipo de localidad agraria. En función del tipo de propiedad de la tierra se clasifican las poblaciones entre colonias (propiedad privada) y ejidos (propiedad social). Cada tipo de propiedad, como ya se ha apuntado, remite a diferentes posibilidades de uso de la tierra y de organización. En los ejidos no está permitida la venta y la renta, se prohíbe la ausencia por largos periodos del ejido de los propietarios y, además, existe una fuerte organización social que se superpone al control familiar (Del–Rey–Poveda, 2005; 2006).

 

Resultados

Se han construido cuatro modelos de supervivencia de tiempo discreto: uno general y tres específicos para cada una de las cohortes de nacimiento. Cada modelo permite estimar, primero, las variables que afectan al desplazamiento laboral de primer orden y, segundo, la probabilidad de migrar a cada edad de los hombres que viven en las poblaciones rurales de la región del Sotavento Veracruzano.

 

Factores de la primera migración laboral

El primer modelo, el modelo general, incluye el conjunto de la población masculina de 15 años y más (cuadro 2). A partir de este primer modelo se han estimado tres nuevos modelos, uno para cada una de las cohortes (nacidos antes de 1950, nacidos entre 1950 y 1969, y nacidos en 1970 y posteriormente), con el objetivo de analizar el efecto de las distintas variables individuales, familiares y contextuales a partir de la transformación del contexto reproductivo y migratorio.

En el modelo 1 todas las variables, con la excepción del estado civil, presentan un alto nivel de significatividad en el riesgo relativo —Εχρ(β)— o 'probabilidad condicional' de realizar el primer desplazamiento laboral. Es decir, esta trayectoria laboral se ve afectada por las condiciones particulares de los migrantes y por las características de su familia de pertenencia y de su lugar de residencia. El efecto de cada variable en el riesgo de migrar es el siguiente:

La 'cohorte de nacimiento': tomando como categoría de referencia los nacidos antes de 1950, indica la existencia de un riesgo 75 por ciento mayor de que se produzca este desplazamiento entre los nacidos a partir de 1970. Sin embargo, haber nacido entre 1950 y 1970 no tiene un efecto estadísticamente significativo en el riesgo de migar con respecto a los que nacieron antes de 1950. Estos resultados apuntarían la fuerte transformación en las condiciones de reproducción para la última cohorte, la cual se incorpora a la vida laboral durante las décadas de 1980 y 1990, mientras que las transformaciones ocurridas con anterioridad no son un factor estadísticamente significativo.

El 'nivel educativo': es una variable con alto grado de significatividad, aunque únicamente aparece como significativa la categoría de estudios secundarios o superiores respecto a la categoría de analfabetos, sin que existan diferencias estadísticamente significativas entre los analfabetos y el resto de las categorías. Los varones que poseen al menos estudios secundarios tienen un riesgo de migrar 72 por ciento mayor que el resto. Estos resultados inciden en la fuerte diferenciación que genera el acceso a un nivel alto de estudios, lo cual favorece los desplazamientos a los núcleos urbanos y a los mercados de trabajo más especializados. El resto de categorías educativas conforman un grupo relativamente homogéneo, siendo su destino el mercado de trabajo sin ningún tipo de cualificación.

El 'lugar de nacimiento' es otra variable altamente significativa. El haber nacido fuera de la localidad, ya sea tanto en otra parte del estado como fuera del mismo, incrementa la probabilidad de migrar 87 por ciento en el primer caso y 64 por ciento en el segundo, con respecto a los que han nacido en la misma localidad de residencia. Este hecho indica la importancia de tener cierta experiencia migratoria previa en la familia o ciertos contactos en el exterior para que se produzca el primer desplazamiento laboral. También hay que considerar que los antecedentes migratorios pueden estar relacionados con condiciones económicas más precarias, que fueron a su vez las que llevaron a estas personas a migrar con sus familias previamente a la región del Sotavento y que pueden seguir persistiendo en la movilidad desde el lugar de residencia actual.

La actividad laboral indica que el hecho de estar trabajando en el sector primario en el lugar de procedencia reduce 30 por ciento el riesgo de migrar con respecto a quienes ejercen otras actividades laborales o bien se encuentran desempleados o estudiando. En esta región agrícola no existe el perfil de jornalero agrícola, salvo combinado con otra ocupación principal, por lo que trabajar en el campo, fundamentalmente por cuenta propia, ya sea en calidad de propietario o arrendatario, por un lado es un signo de mejor condición económica frente a quienes se ven obligados a realizar otros trabajos (construcción, servicios o comercio) y por otro lado dificulta la ausencia de la localidad por largos periodos.

El 'estado civil', analizando el efecto de pasar de la condición de soltero a casado o en unión, no es una condición que afecte estadísticamente la probabilidad de migrar.

El 'número de hijos', incorporada como time varying covariate, señala que el nacimiento del primer hijo incrementa el riesgo de migrar 48 por ciento, y el segundo, 79 por ciento. Al incrementarse las necesidades de consumo en la familia, como consecuencia del nacimiento de los dos primeros hijos, aumenta el riesgo de que el padre realice su primer desplazamiento laboral. Los nacimiento de orden tres o superior no son estadísticamente significativos en este primer desplazamiento. Aunque estos últimos nacimientos de igual manera incrementan las necesidades familiares y por lo tanto la búsqueda probable de recursos en el exterior, muy posiblemente supondrán movimientos de orden dos o posterior (el primero ya lo realizaron con los nacimientos de los primeros hijos), de ahí su no significatividad en el primer desplazamiento.

La 'situación socio–agraria de la familia' afecta al riesgo de migrar en sentido inverso a la presencia de un patrimonio agrario. Pertenecer a una familia sin tierra propia incrementa el riesgo de migrar 32 por ciento, es decir, lleva a buscar recursos económicos fuera de la localidad. Esta relación de nuevo constataría el papel de la movilidad laboral como un complemento de la reproducción familiar, puesto que son los que tienen menos recursos quienes se ven más obligados a migrar.

La 'posición del migrante en la familia' es la condición que afecta en mayor medida el riesgo de migrar: vivir en la casa paterna y tener por lo tanto una posición de hijo multiplica por cuatro el riesgo de migrar frente a los varones que son jefes de familia. La responsabilidad familiar que supone ser jefe de hogar, frente a la libertad con la que cuenta el hijo, además de que muy posiblemente cuenta con el apoyo paterno, condicionan en uno y otro caso sus probabilidades de migrar.

Las tres variables que hacen referencia al lugar de residencia son igualmente significativas en la movilidad laboral de primer orden. Respecto al 'contexto de residencia', los resultados del modelo señalan que vivir en los contextos dos o tres reduce el riesgo relativo de migrar 21 y 20 por ciento, respectivamente, con respecto al contexto 1. Es decir, en este último contexto, el más densamente poblado y mejor conectado con los mercados de trabajo, se concentra la mayor necesidad de nuevas fuentes de trabajo dada la escasez de tierra agrícola, además de que son quienes tienen mayores facilidades para acceder a los mercados de trabajo.

La variable más significativa entre las que tienen que ver con la localidad de residencia es la condición indígena. Formar parte de una localidad indígena incrementa el riesgo de migrar frente a las localidades no indígenas en 62 por ciento. La explicación puede encontrarse, en primer lugar, en el hecho de que suelen ser comunidades más pobres, aunque tampoco hay que descartar el factor cultural, en cuanto a la conformación y mantenimiento de las redes migratorias que favorecen la movilidad frente a otros colectivos.

Finalmente, señalar que el 'tipo de núcleo agrario', ejido o colonia, es decir, la diferente organización y las posibilidades que ofrece cada tipo de tenencia de la tierra, también afecta a este primer desplazamiento laboral. Las localidades con propiedad privada tienen un riesgo de migrar 22 por ciento superior a los ejidos. Cabe señalar que mientras en los primeros no existe ninguna restricción normativa para ausentarse por periodos largos, la ausencia prolongada puede suponer una pérdida de derechos en los ejidos, tanto de los ejidatarios como de los hijos o avecindados, especialmente hasta la reforma de la Ley Agraria de 1992 (Del–Rey–Poveda, 2006).

En resumen, para el conjunto de la población masculina de la región del Sotavento, el primer desplazamiento laboral está determinado por ciertas condiciones relacionadas con la escasez de recursos y por algunas características que favorecen el acceso a los mercados de trabajo fuera de la localidad de residencia. Entre las primeras se encuentran la situación patrimonial agraria de la familia, el contexto agrícola, la actividad laboral, el nacimiento de los hijos e incluso la condición indígena. Entre las condiciones que favorecen el desplazamiento están la educación, la posición del migrante en el hogar, el lugar de nacimiento y el tipo de núcleo agrario.

A partir de este modelo general, y asumiendo la transformación de las condiciones de reproducción y de migración en el transcurso del siglo XX, se ha estimado separadamente un modelo para cada una de las cohortes de nacimiento de los migrantes. Se observan importantes diferencias entre las cohortes, así como con respecto al modelo general (cuadro 2).

La primera cohorte, que se corresponde con los nacidos antes de 1950, presenta ciertas particularidades. En primer lugar, el riesgo de migrar de la población nacida fuera de la localidad de residencia era muy significativo y multiplicaba su riesgo por 10 en relación con la población masculina nativa.

En segundo lugar, el ciclo de vida familiar, relativo al matrimonio y constitución de la descendencia, aparece como significativo en este primer desplazamiento: el pasar de soltero a casado incrementaba el riesgo de migrar 62 por ciento (con un nivel de significatividad de 90 por ciento) y el nacimiento del segundo hijo incrementaba considerablemente el riesgo de migrar (3.4 veces con respecto a no tener hijos). Además, pertenecer al hogar paterno multiplicaba el riesgo por ocho en comparación con los que eran jefes de hogar, lo cual guarda también una estrecha relación con el ciclo familiar del migrante. Sin embargo, la existencia de un patrimonio agrario en la familia presentaba una escasa significatividad en el riesgo de migrar (90 por ciento de nivel de confianza). Para esta cohorte no existían diferencias estadísticas entre los contextos históricos, ni tampoco entre vivir en un ejido o una colonia, pero por el contrario, vivir en una localidad indígena incrementaba el riesgo de migrar en 94 por ciento. Respecto al modelo general hay que señalar que en esta primera cohorte la educación y el tipo de actividad desempeñada en el lugar de residencia no afectaban a la migración laboral de primer orden, lo que puede ser indicativo de que los trabajos desempeñados no requerían formación ni experiencia previa.

En la segunda cohorte, nacidos entre 1950 y 1969, existen algunas diferencias relevantes con respecto a la primera cohorte y al modelo general. Según el lugar de nacimiento, únicamente existe un riesgo diferente de migrar entre los nacidos en la localidad y los nacidos en otras partes del estado de Veracruz (dos veces mayor), pero no entre los primeros y los nacidos fuera del estado. El estado civil deja de ser significativo y el nacimiento de los hijos sólo influye cuando se trata del primer hijo (2.3 veces mayor) y pierde su significatividad el nacimiento del segundo hijo. Las variables familiares tienen un menor efecto que en la cohorte 1, puesto que desaparece la significatividad del patrimonio agrario y disminuye el riesgo relativo en relación con la posición del migrante en el hogar. Por último, también se aprecian diferencias importantes en cuanto a las variables locales. El factor indígena deja de ser significativo, pero por el contrario existen diferencias entre residir en el contexto 1 o en el contexto 2, en éste último el riesgo es 38 por ciento inferior, mientras que en el contexto tres, a pesar de presentar una exp(P) inferior a uno y por lo tanto un menor riesgo, no es estadísticamente significativo. El tipo de núcleo agrario, al igual que en la cohorte 1, tampoco es significativo.

La cohorte 3, nacidos a partir de 1970, es donde se aprecian las mayores diferencias en las variables que afectan el primer desplazamiento laboral. La primera gran diferencia con respecto a las cohortes anteriores es la significatividad del nivel educativo. Siendo la categoría de referencia los analfabetos, el riesgo de migrar se incrementa progresivamente al aumentar el nivel educativo: el riesgo se multiplica por 2.3 para población con algún año de escolaridad, sin llegar a completar primaria, por 2.6 para la población con primaria completa y por 3.7 para la población con al menos secundaria. La significatividad de la educación incide en el nuevo mercado laboral al que se dirige la población del Sotavento a finales del siglo XX, donde se exige cierto nivel de cualificación. Otra variable que aparece como muy significativa en esta cohorte es la actividad laboral previa: trabajar en el sector primario reduce el riesgo de migrar en 49 por ciento, lo cual está relacionado con el hecho de que la gente que trabaja en la agricultura está en mejores condiciones económicas, puesto que en estas localidades las opciones de trabajo en otros sectores son escasa y socialmente peor consideradas. En estas cohortes recientes sólo permanecen en la agricultura los individuos que tiene acceso a un importante patrimonio agrario que permite garantizar su reproducción. Esto es corroborado por la importancia del patrimonio agrario en el modelo, en cuanto que las familias sin tierra propia tienen un riesgo de migrar 66 por ciento superior al de las familias con patrimonio agrario. La posición del migrante en la familia sigue siendo significativa, aunque con un efecto mucho menor que en las generaciones previas. Para los nacidos a partir de 1970, las condiciones relacionadas con el lugar de residencia dejan de ser significativas, y por lo tanto, aparece como un factor ligado específicamente a las características del propio individuo y de su familia.

El análisis por cohorte permite apreciar la transformación de los factores que afectan la movilidad laboral de primer orden. En las dos primeras cohortes, las causas de la migración aparecen relacionadas con el ciclo familiar, las condiciones del lugar de residencia y la existencia de contactos en otros espacios. En la tercera cohorte, el ciclo familiar y el lugar de residencia no son significativos, y la movilidad aparece marcada por la formación, la experiencia laboral y el patrimonio agrario de la familia.

 

La probabilidad de migrar por edad y cohorte

El segundo aspecto que permite estimar estos modelos es la evolución de riesgo de la primera migración a lo largo de la vida de las personas, en este caso, entre 15 y 50 años, el denominado baseline hazard o línea de riesgo base.

Para el conjunto de la muestra (gráfica 4) el riesgo de realizar la primera migración laboral permanece relativamente estable en las primeras edades (entre 15 y 25 años) y a partir de esa edad se incrementa para volver a descender claramente en el último intervalo de edad, 45 a 49 años. Es decir, se trata de una distribución donde la probabilidad de migrar por primera vez se concentra en edades relativamente avanzadas del ciclo familiar y laboral. Se trata de una distribución particular y que no coincide con lo señalado en numerosos estudios sobre movilidad, en los que se señala que la movilidad laboral es más frecuente en el inicio de la vida laboral y familiar (Arizpe, 1980; Massey et al., 1987). Sin embargo, esta distribución tan particular puede deberse a que se están analizando cohortes muy heterogéneas en cuanto a sus condiciones de reproducción, lo que puede llevar a unos a migrar al inicio de su vida familiar y laboral, y a otros, en etapas posteriores, en función del momento en que se transforman las condiciones de reproducción. De ahí la necesidad de analizar separadamente cada una de ellas.

En la gráfica 5 se presenta el riesgo de migrar por primera vez por intervalo de edad para cada una de las tres cohortes. Los resultados difieren considerablemente de lo observado para el conjunto de la muestra. Claramente, la cohorte de nacidos antes de 1950 presenta en todas las edades unas probabilidades muy bajas, lo que indica la baja incidencia de la migración y el particular contexto de reproducción en que han vivido. Para la cohorte de nacidos en las décadas de 1950 y 1960, en las primeras edades los individuos tienen probabilidades de migrar relativamente bajas, y es a partir del intervalo 14, es decir 29 años, cuando se incrementa progresivamente dicha probabilidad. Se trata de una cohorte que vivió en el proceso de transformación del contexto reproductivo, como fueron el fin del reparto agrario y la crisis económica de los años ochenta, lo cual implicó que muchos de ellos se vieran afectados por el cambio en las condiciones en etapas avanzadas del ciclo familiar y laboral, de ahí la mayor probabilidad en edades adultas. Las cohortes nacidas después de 1970 tuvieron su inserción laboral en un momento de crisis económica local y regional, lo cual supuso que la probabilidad de migrar haya aumentado rápidamente en las primeras edades.

Estos resultados muestran diversos efectos cohortes y edad en el primer desplazamiento laboral. El efecto de la edad en el riesgo de migrar ha sido muy diferente para cada una de las cohortes, siendo prácticamente inexistente para los más antiguos, mientras que en las dos cohortes más recientes su efecto ha variado en función del momento en que les afectó la transformación de las condiciones de reproducción. Se observa, por lo tanto, un cambio en la intensidad y en el calendario de esta primera movilidad, afectando cada vez a más personas y produciéndose cada vez a una edad más temprana.

 

Conclusiones

La movilidad laboral en las familias rurales del Sotavento Veracruzano forma parte de sus estrategias de reproducción. En la medida que las condiciones se han ido transformando a lo largo del tiempo, al agotarse la tierra y contraerse el mercado de trabajo asalariado en la región en un periodo de elevado crecimiento demográfico, la migración ha dejado de ser un recurso optativo para convertirse en una necesidad para la gran mayoría de las familias campesinas.

En primer lugar, los resultados de los modelos señalan claramente el diferente riesgo de realizar la primera migración laboral para las distintas generaciones que residen en el Sotavento. Las generaciones que se beneficiaron del reparto agrario (nacidas antes de 1950) presentan un riesgo muy escaso a migrar, mientras que en las generaciones más recientes la probabilidad de hacerlo se ha incrementado notablemente en la medida que han escaseado los recursos familiares y locales. Esto ha supuesto que las generaciones puente entre el fin de reparto y el inicio de la crisis (nacidas entre 1950 y 1970) hayan tenido que recurrir a la migración en etapas avanzadas de su vida familiar y laboral, mientras que para las más jóvenes (nacidas a partir de 1970), marcadas por la falta de tierra y la contracción del mercado regional, este desplazamiento se produce al inicio de su ciclo laboral.

En segundo lugar hay que señalar la transformación de los destinos y los mercados de migración. Se ha pasado de desplazamientos regionales, donde el sector de inserción era el agrícola o la construcción, a desplazamientos cada vez más alejados, donde predominan los trabajos en la industria–maquila y los servicios. Esto supone que la educación haya sido una variable altamente significativa para las generaciones más jóvenes, mientras que carecía de importancia para las dos primeras cohortes, puesto que desempeñaban trabajos que no requerían cualificación. Es necesario señalar que esta transformación del contexto migratorio es un fenómeno de carácter nacional (Chávez Galindo, 1999; Carton de Grammont, 2009), que ha supuesto la aparición de nuevos destinos y espacio de inserción, así como de nuevas modalidades y actores (Durand y Massey, 2003; Mestries, 2006). A este respecto cabe apuntar, a pesar de que no ha sido tratado en este trabajo, el protagonismo adquirido por la mujer en la reciente migración nacional e internacional (Arias, 2000; Ariza, 2000; D'Aubeterre, 2000; Oemichen y Barrera, 2000; Curran y Rivera–Fuentes, 2003).

En tercer lugar, es necesario destacar que únicamente la posición del migrante dentro del hogar es estadísticamente relevante en las tres cohortes. En las dos primeras, el lugar de nacimiento (aspecto que hace referencia a la existencia de contactos en el exterior) y el nacimiento de alguno de los hijos eran altamente significativas. Además, en ambas cohortes son significativas las variables relacionadas con el lugar de residencia, la condición indígena para los nacidos antes de 1950 y el contexto histórico de residencia para los nacidos entre 1950 y 1970. En la cohorte correspondiente a los nacidos a partir de 1970, junto con el nivel educativo, cabe señalar la importancia del patrimonio agrario y la actividad económica previa a la migración, como variables que afectan el primer desplazamiento, pero dejan de ser significativas las variables relacionadas con el lugar de residencia.

Los resultados permiten inferir una cierta paradoja para las generaciones más recientes, entre la necesidad buscar recursos fuera de la unidad de producción familiar con las posibilidades de realizar este primer desplazamiento laboral: es la población de menos recursos, familias sin tierra, quienes tienen un mayor riesgo de migrar; sin embargo, el nivel educativo, un factor que favorece la migración, es una condición que aparece asociada a la población con mayores recursos en el momento actual.11 Esta aparente paradoja permite plantear la más que previsible desigualdad de condiciones en este primer desplazamiento laboral, tanto por el distinto sector de inserción12 como por el lugar de migración,13 aspectos no incorporados en este trabajo por la falta de registros para poder estimar los modelos.

Este trabajo proporciona resultados generales sobre la primera transición en la movilidad laboral de la población rural masculina del sur de México. A la vez, plantea la necesidad de establecer nuevos análisis que controlen los espacios y los tipos de inserción laboral en que se inserta la población rural. Especialmente relevante sería diferenciar entre migración interna y migración hacia Estados Unidos, la cual ha tenido un dramático desarrollo en numerosos estados sureños a partir del año 2000, así como poder incorporar en el análisis la migración femenina.

 

Agradecimientos

Trabajo realizado gracias al apoyo del proyecto de investigación "El Istmo de Tehuantepec en el contexto actual del desarrollo" (Ciesas/Golfo) y del proyecto SEJ2006–09937/SOCI del Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) y del Contrato Ramón y Cajal RYC–2007–00855. El autor agradece los comentarios de los dos anónimos revisores.

 

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Notas

1 El producto agropecuario pasó de representar 10 por ciento en la década de 1980 a únicamente cinco por ciento en 1990 (Warman, 2001).

2 Definimos al campesinado como la población que vive de la producción agraria, aunque dicho concepto se ha modificado a lo largo del tiempo. En un primer momento, el campesinado se definió como un productor agrícola, que era propietario de la tierra y que producía para satisfacer sus necesidades y las de su familia (Wolf, 1955). Este concepto de campesinado ha evolucionado en la medida que con el paso del tiempo transfiere el excedente a otras clases (Wolf, 1966). Posteriormente, muchos de los campesinos han dejado de ser propietarios de la tierra e incluso, más recientemente, la producción agrícola ha dejado de ser la principal actividad económica, aunque sigue siendo el eje sobre el que se articula su organización y reproducción. Esta situación la define Carton de Grammont (2009) como la desagrarización del campesinado.

3 El paternalismo del Estado se asienta en el hecho de que era el principal responsable de velar por el bienestar del campesinado. Hasta ese momento, el Estado era el encargado de proporcionar la tierra a los campesinos, de crear los bancos para proporcionarles el crédito y poder producir, así como de poner en marcha las grandes empresas agroindustriales encargadas de comprar la producción (Warman, 2001).

4 Entre los efectos de la crisis petrolera en el sur de Veracruz está el despido de 20 000 obreros afiliados a la Sección 11 del sindicato petrolero en la década de 1980 (Pulido, 1998). Además, a partir de 1994 se detuvieron los proyectos de inversión en la petroquímica regional y se cerraron varias empresas en el corredor industrial Coatzacoalcos–Minatitlán. En mayo de 1998, como parte del proceso de privatización, se redujo el número de empleados en el complejo Pajaritos, dedicado a la petroquímica secundaria, de 2 500 a 1 700 trabajadores, y lo mismo ocurrió en otros complejos (Ochoa, 2000).

5 Léonard y Palma (2002) muestran cómo en la década de 1990, en la zona de los Tuxtlas (región del Sotavento), las familias vieron disminuir de manera drástica los ingresos obtenidos por la producción agrícola (maíz y ganado principalmente), debido a la caída de los precios. Los cultivos básicos, entre 1990 y el año 2000, perdieron 76 por ciento de su valor, y la ganadería, 64 por ciento.

6 El domino pleno supone la transformación de la propiedad social en propiedad privada y la desaparición del ejido (artículo 75 de la Ley Agraria de 1992).

7 Sólo se registraron movimientos de un año de duración dada la dificultad que presentaba para la gente de mayor edad recordar los desplazamientos laborales de corta duración ocurridos al inicio de su vida laboral. Para los dos últimos años también se registraron los movimientos de más de un mes de duración.

8 Como muchas encuestas, la Moreso (1999) tiene el sesgo generado por aquellos grupos familiares en los que emigraron todos sus miembros, sobre lo que cabe decir que fue mínimo según la información obtenida en el trabajo de campo. De las familias seleccionadas aleatoriamente el porcentaje de ausentes fue inferior al uno por ciento (cinco casos).

9 En la región del Sotavento la gran mayoría de la movilidad femenina en el pasado iba unida a un desplazamiento masculino. En la década de 1990 se comienzan a registrar desplazamientos de mujeres hacia la frontera y la ciudad de México sin la presencia masculina. A la fecha de la encuesta los desplazamientos femeninos a los Estados Unidos eran prácticamente inexistentes (Moreso, 1999, y entrevistas realizadas en 2002).

10 Se trata de personas que nacieron en otra localidad y que se instalaron en la región sin que este desplazamiento fuera considerado como laboral, puesto que en este caso los desplazamientos desde el lugar de residencia actual serían de orden dos o superior y, por lo tanto, no estarían considerados. Estas personas nacidas en otras localidades y sin migración laboral previa en su mayoría realizaron su instalación en la localidad de residencia a edades muy tempranas y en compañía de sus padres–hermanos.

11 Los ejidatarios y colonos tienen en promedio dos años más de escolaridad que las personas pertenecientes a familias sin tierra (Moreso, 1999).

12 Entre los miembros de familias sin tierra, 25 por ciento se insertan en el sector secundario, porcentaje que para las familias de ejidatarios se reduce al 14 por ciento y para los colonos al cuatro por ciento (Moreso, 1999).

13 En los desplazamientos laborales ocurridos entre 1998 y 1999, con independencia de su duración, en las familias de colonos 46.5 por ciento se dirigió a la frontera o Estados Unidos, porcentaje que fue de 40.8 por ciento entre los ejidatarios, mientras que para las familias sin tierra fue inferior a 35 por ciento (Moreso, 1999).

 

Información sobre el autor

Alberto Del–Rey–Poveda. Doctor en Demografía por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente es investigador "Ramón y Cajal" en el Departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador asociado en el Centro de Estudios Demográficos. Miembro del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca. Anteriormente trabajó como investigador en el CIESAS (México), en el departamento de Economía de la Universidad de Salamanca (España). Ha realizado una estancia posdoctoral en el Max Planck Institute for Demographic Research (Alemania). Líneas de investigación: Migración y cambios familiares en México y efectos de la migración en la reproducción generacional: análisis metodológico. Publicaciones recientes: 2006, "The family implications by the 1992 agrarian reform. The new intergenerational relationship framework of the ejidal families in Veracruz, Mexico", en Cristina Gomes (editor), Social development and family changes, Cambridge Scholars Press, Newcastle; en coautoría con André Quesnel, 2006, "La migración interna y migración internacional en las estrategias familiares de reproducción. El caso de las poblaciones rurales del sur del estado de Veracruz, México", en Alejandro Canales (editor), Panorama actual de las migraciones en América Latina, Universidad de Guadalajara/Asociación Latinoamericana de Población, México; 2007, "Determinants and consequences of internal and international migration. The case of rural populations in the South of Veracruz, Mexico", en Demographic Research, vol. 16, núm. 10.