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Papeles de población

versión impresa ISSN 1405-7425

Pap. poblac vol.15 no.62 Toluca oct./dic. 2009

 

Cambios en las trayectorias de fecundidad masculina en Córdoba, Colombia

 

Changes in the masculine fertility trajectories in Cordoba

 

Orlando Scoppetta

 

Consultor independiente. Correo electrónico: orlando.scoppetta@gmail.com

 

Resumen

Mediante entrevistas a 16 hombres de tres generaciones en San Antero (Córdoba. Colombia), se buscó conocer cuáles han sido las fuerzas que han promovido el cambio en el número de hijos y cuál ha sido el papel masculino en esta transformación. Con la investigación se quiso conocer, desde la perspectiva masculina, cuáles son las explicaciones para los cambios en el comportamiento reproductivo. El estudio muestra patrones de comportamiento sexual y cómo condiciones de atraso en la educación sexual y el déficit de comunicación entre generaciones constituyen tendencias atávicas que llevan a los hombres de la región a una posición marginal en cuanto a las decisiones sobre la fecundidad.

Palabras clave: fecundidad masculina, comportamiento sexual, iniciación sexual, bestialismo, Costa Atlántica de Colombia.

 

Abstract

A qualitative study based on men from three generations in San Antero (Cordoba, Colombia), inquired for the forces that promoted chances on reproductive indicators and the masculine role in these transformations. The research describes sexual behavior patterns and how both the lack of sexual education and the lack of intergenerational communication become barriers to decision making on fertility in men from the region.

Key words: male fertility, sexual behavior, sexual initation, bestiality, Colombian Atlantic Coast.

 

Introducción

La Demografía cuenta con un importante desarrollo aplicado a la descripción de las transformaciones de la población. A esa descripción debe acompañarse la explicación de tales cambios, lo cual es propio de las disciplinas científicas. Colombia ha registrado notorios descensos en su fecundidad, lo cual ha sido descrito dentro del marco de la llamada 'transición demográfica'. Sin embargo, aunque el modelo de transición demográfica aporta elementos explicativos a partir de las tendencias observables en los datos, no da cuenta de las razones específicas de los cambios del comportamiento de las personas, para lo cual conviene indagar en escenarios microsociales, por la manera en que los individuos y las comunidades producen tales cambios y a la vez asimilan las transformaciones sociales.

Por otra parte, el estudio de la fecundidad en el mundo ha estado centrado en la consulta a las mujeres y en la aplicación de métodos de anticoncepción donde ellas son consideradas como la población objetivo. Hoy por hoy, desde nuevos marcos conceptuales se subraya la importancia de contar con los hombres en una visión integral del fenómeno de la fecundidad, con el propósito de impulsar transformaciones sociales hacia la equidad. Esta equidad debe también inquietar a los investigadores para que dichos investigadores inquieten a la sociedad.

Desde una perspectiva sociodemográfica se intenta dar cuenta precisamente de esos procesos que explican las cifras demográficas; es decir, cómo se construyen los eventos demográficos en los escenarios sociales. Por otra parte, son pocos los estudios que toman en cuenta la perspectiva masculina acerca de los eventos relacionados con la fecundidad, su control y su cambio. Para tales fines se utilizó la metodología de entrevista en profundidad con 16 hombres de la población de San Antero, en el departamento de Córdoba, Colombia.

Antecedentes

En Colombia, las encuestas nacionales de demografía y salud (ver referencias a Profamilia) muestran una fecundidad con tendencia clarísima a la baja. Para el periodo 1967–1968 se calculó la tasa global de fecundidad en 6.0; para 1987–1990, en 2.9; entre 1993 y 1995, en tres; entre 1998 y 1999, en 2.6, y finalmente, la última encuesta calculó para el periodo 20022005 una tasa global de fecundidad de 2.4 hijos por mujer. La reducción de la tasa es evidente y continua.

Con la primera Encuesta Nacional sobre Fecundidad se realizó la Encuesta sobre Fecundidad Masculina en 1969. En conjunción con el estudio de ese mismo año sobre las familias en Colombia (Gutiérrez, 1999) se mostraba un panorama de los asuntos de la fecundidad desde la perspectiva femenina y masculina. Sin embargo, esta aproximación no se mantuvo en los estudios posteriores, tendiendo un velo sobre las conductas, las creencias del estamento masculino acerca de la fecundidad.

La mayor accesibilidad a medios anticonceptivos ha ido de la mano con la evolución cultural y, dentro de ésta, el cambio en las condiciones de género ha sido muy importante, en la medida en que el reconocimiento de los derechos de las mujeres da lugar cultural y social a la toma de decisiones sobre el número de hijos a procrear.

Buena parte de los conceptos sobre fecundidad, su estudio y los instrumentos para su control recaen sobre las mujeres. La humanidad masculina poco ha sido consultada, inquirida y motivada a participar en el conocimiento y la puesta en práctica del asunto de la fecundidad (Fernández, 2000). Poco se ha avanzado en la descripción de los fenómenos del mundo microsocial (la familia, la pareja) desde la perspectiva masculina. A ello han contribuido las metodologías demográficas por su insistencia en preguntar exclusivamente a las mujeres (Cohen y Burger, 2000).

Las transformaciones en la masculinidad acompañan cambios en eventos de gran valor cultural y simbólico. La paternidad es uno de los hechos más importantes en la vida de un hombre; la manera como se afronta expresa el contenido ideológico masculino y a su vez es transformado en la medida en que la masculinidad evoluciona (Viveros, 2002).

En América Latina, pocos estudios toman la perspectiva masculina como un eje necesario para entender los fenómenos reproductivos (Rojas, 2002). Mientras tanto, nuevos modelos conceptuales han dado lugar a la promoción del desarrollo conjunto de los derechos femeninos y masculinos, siendo tal vez el más incluyente y equilibrado el de la equidad de género. Este modelo promueve la participación del hombre como aliado en el ejercicio responsable y respetuoso de la sexualidad y la reproducción (Cohen, y Burger, 2000).

En el modelo tradicional de planificación familiar que antecedió a la Conferencia de El Cairo, y que aún subsiste, los hombres aparecen como seres problemáticos, como obstáculos a superar para que las mujeres hagan uso de los métodos anticonceptivos. Posteriormente, en sucesivos cambios de enfoque, van apareciendo los hombres como responsables conjuntos de la planificación; luego, como clientes, en un esfuerzo por suplir su demanda insatisfecha de servicios anticonceptivos, para luego, dentro del marco de equidad de género, emerger como susceptibles de tener una participación en el tema de la equidad, toda vez que ésta es imposible sin contar con la plena participación masculina, enfoque que amplía el horizonte hacia los derechos sexuales y no únicamente hacia el control de la reproducción (Cohen y Burguer, 2000).

Con las explicaciones masculinas sobre los cambios en la fecundidad se aporta al conocimiento sobre las razones de las variaciones en las cifras de fecundidad, acudiendo a lo que ocurre en los escenarios microsociales. Pero ante todo, se pretende ampliar la perspectiva del fenómeno humano de la fecundidad, contando con el sentir, el creer y el saber de la otra mitad hasta ahora poco vinculada: los hombres.

Por trayectorias de fecundidad se entiende la historia reproductiva de un grupo de hombres, incluyendo las creencias y motivos que guían su comportamiento reproductivo. La trayectoria comprende el número de hijos, la cronología de su nacimiento y el tipo de relación con la pareja con la que se tuvo cada hijo específico.

Probablemente, en Colombia, la introducción de los métodos anticonceptivos, la creación de instituciones que promueven la anticoncepción y los marcos constitucional y legal que han modificado la actitud institucional hacia el manejo de la fecundidad y facilitado el acceso a servicios en salud sexual y reproductiva tuvieron efectos sobre las trayectorias de fecundidad masculina (Gómez, 1997; Dáguer y Ricardi, 2005).

La falta de políticas consistentes y duraderas, así como la dinámica social y cultural en sí mismas, dificultan establecer el impacto real de los cambios institucionales. Claro está, la falta de investigación que consulte directamente a los sujetos acerca de su percepción también explica esta deficiencia de conocimiento. Aun así, puede suponerse que los ajustes institucionales que buscan ofrecer servicios al compás del avance supuesto hacia una sociedad modernizada han afectado las decisiones de los seres humanos concretos en las diferentes ubicaciones nacionales, aunque también podría suceder que tales avatares no afecten a una comunidad concreta, porque puede tratarse en realidad de transformaciones anodinas, aunque también es probable que los sujetos no sean conscientes del efecto de tales cambios sobre su vida.

Por otra parte, las transmisiones intergeneracional e intrageneracional son muy importantes en el estudio de la masculinidad, puesto que los aspectos cruciales de la vida humana, como el comportamiento sexual y la reproducción, suelen estar bastante definidos culturalmente, generándose patrones distinguibles de un conjunto humano a otro. Además, una hipótesis fuerte dentro del estudio de la masculinidad expresa que "el hombre es engendrado por el hombre", lo cual significa que la influencia del hombre reproduce su propio patrón en las generaciones posteriores (Badinter, 1993).

En esta investigación se indagó acerca de las perspectivas masculinas sobre los cambios en las tasas de fecundidad, considerando la influencia de factores institucionales, los cambios en la balanza de género y las trasmisiones intergeneracional e intrageneracional, como factores probablemente determinantes de la fecundidad.

 

Metodología

Ubicación espacial y temporal

La recolección de información se hizo en San Antero, entre julio y septiembre de 2008.

Sujetos

Se realizaron 16 entrevistas, fueron organizadas por generaciones, así:

• Cuatro con edades entre 69 y 78 años, representando al grupo de los abuelos.

• Seis con edades entre 30 y 55 años, representando al grupo de los padres.

• Seis con edades entre los 30 y los 36 años, representando al grupo de los hijos.

Con la configuración de los sujetos anteriormente descrita se obtuvo información acerca de tres generaciones. Todos los sujetos tenían una unión en su historia, e hijos.

Instrumentos de recolección de información

La información se obtuvo mediante entrevista en profundidad en formato semiestructurado. Siguiendo la tradición cualitativa de investigación, las preguntas de la guía no buscan establecer a priori la información específica a obtener, sino establecer un contexto en el marco del diálogo entrevistador–entrevistado, para que el entrevistador dé a conocer su conocimiento y su historia sobre el tema.

Ubicación de San Antero

Se encuentra ubicado en la zona norte del departamento de Córdoba, a 80 kilómetros de Montería, capital del departamento, a 47 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 28 grados centígrados. Cuenta 60.5 kilómetros de costa, de los cuales 23.8 son playas, lo que constituye un atractivo turístico y recreativo. Su población se estima en 28 000 habitantes.

San Antero posee las características propias del Caribe colombiano, de hombres y mujeres cuya condición actual es el resultado de la mezcla entre indígenas, españoles y negros. Su actual fisonomía cultural es el resultado de esas tres vertientes. También es un territorio con una gran afectación por el conflicto armado y con importantes atrasos en materia social. No obstante, el carácter de su gente, la riqueza misma del entorno natural, hacen que esta región sea atractiva a propios y extraños, que se ven seducidos especialmente por la cultura popular, llena de historias y por la actitud de tomar la vida con tranquilidad.

 

Los hallazgos

Preparación para la vida sexual: comunicación intergeneracional

Un factor común a las tres generaciones estudiadas es la carencia de comunicación entre padres e hijos acerca de la sexualidad. En casi todas las historias se hace evidente que no hubo transferencia de conocimiento intergeneracional sobre el sexo y la sexualidad, de allí que el inicio de relaciones sexuales se diera en medio de un profundo desconocimiento por parte de los hombres acerca de tales temas.

En el grupo de los abuelos es evidente que no hubo preparación para la vida sexual por parte de sus padres, ni de ellos a sus hijos. Los fragmentos de entrevistas que siguen muestran que la transmisión verbal de conocimientos y experiencias es casi nula.

¿Quién te habló de sexualidad?

No, todo lo que hice fue algo que me salió a mí, pensando que yo tenía que buscar mujer, primero ante todo mujer, para tener mi familia. Eso lo pensé yo bastante, más de una vez.

¿Y los hijos te pedían algún tipo de información de ese sentido?

Este que tengo aquí, casi no me relaciono nada con él. Porque él es así de callado.

En el grupo de los padres la situación fue muy similar.

¿Y con tu papá hablaban sobre ese asunto de tener hijos, de la crianza de los hijos, cuántos hijos tener?

No, mi papá era un hombre que permanecía alejado. Nosotros vivíamos con él pero la relación no era muy buena. Era una persona muy malgeniada, no aceptaba que uno se le arrimara.

¿Tuviste algún familiar, algún tío con quién hablar sobre el sexo, sobre cómo tratar a las mujeres?

No, eso lo va aprendiendo uno con el tiempo. Y en el grupo de los hijos.

¿Les has hablado a tus hijos de sexualidad?

No, no he movido ese tema ni con el varón.

¿Cuándo comenzarías a hablarles a ellos de sexualidad?

Yo creo que ya tengo una edad en la que puedo hablar de eso, pero no sé cuándo comenzar, sinceramente no sé cuándo comenzar...

Otras fuentes de información

Ante la ausencia de información por parte de los padres, la fuente se remite a los amigos, e incluso a las mujeres.

Bueno, sí, realmente, sí consulta así con el amigo, que es con quien tiene confianza.

¿Cómo aprendiste de sexualidad?

Bueno, ahí siempre porque... Usted sabe que... eso es lo que aprende uno a veces hasta con la mujer, por decir con alguna mujer bandida. Esas personas le enseñan a uno porque la mujer bandida es la que enseña todo esa sexualidad.

En el grupo de los padres, la situación no es especialmente diferente.

Hay momentos que nos reunimos cuatro cinco amigos muchachos, pero de confianza, que hablamos sin pelos en la lengua. Comentamos y hacemos chistes y hablamos muy serio sobre las relaciones que tenemos con las muchachas y eso ha evolucionado en el momento que nos ha ido muy bien, las muchachas siempre están contentas con uno, siempre se manejan bien y no nos dejan así tan fácil, le damos donde es.

Sin embargo, en el caso de los padres ya emerge el ámbito educativo como una fuente de información que, sin embargo, se presenta como incompleta.

Los amigos, los compañeros de colegio, luego un profesor, teníamos mucha confianza con él y hacíamos muchos paseos y siempre nos orientaba, porque en el paseo es en el que los muchachos cometen los errores, muchas perdieron la virginidad en un paseo y así hablaba él con nosotros: "Yo no le prohíbo a nadie que haga nada, sino que se cuiden, una pastilla (...) eso es barato, un condón, eso es barato, incluso en muchas partes los regalan". Él nos decía así pero todo incluyendo el doble sentido; era como dando un empujoncito pero con responsabilidad. Era muy chévere todo y, la verdad, en el colegio si tuve relaciones con muchas mujeres. Nosotros agarrábamos mata ratón, una mata fresquita, hacíamos nuestra toma, una cama y dele clavo ahí. Colocábamos la ropa ahí y dele... sin condón y sin nada... de ahí salíamos pa' clase otra vez.

Bueno, humm... No sé, ya cuando uno está en el colegio, ya se oye por aquí, se oye por allá la vaina y la cosa y así. vamos, como que encaja. Todo va encajando.

Como lo digo, en el colegio. siempre se toman temas en el colegio de eso.y se va aprendiendo.

Bueno, ahora hay... Yo digo que a veces hay... Eso es como que desea, nace, se da y ahora uno también lo que ve en la televisión esto que pasa, entonces uno va cogiendo idea más o menos.

Se observa una transición importante del grupo de los abuelos, al grupo de los padres. En este último se menciona con frecuencia el ámbito educativo, pero no necesariamente la educación formal como fuente, salvo en algunos casos. También se reconoce la influencia de la televisión.

No obstante, en el grupo de los hijos se perpetúa el silencio de padre a hijo sobre la sexualidad, manteniéndose como fuentes de información los amigos, la experiencia misma, y la televisión.

¿Les has hablado a tus hijos de sexualidad?

No, no he movido ese tema ni con el varón.

¿Cuándo comenzarías a hablarles a ellos de sexualidad?

Yo creo que ya tengo una de edad en la que puedo hablar de eso, pero no sé cuando comenzar, sinceramente no sé cuando comenzar...

De manera llamativa, en el grupo de los hijos no aparece claramente la institución educativa como fuente de información sobre sexualidad, como si la aparición de esta fuente, en el caso de los padres, no se hubiera consolidado en la sociedad costeña. En un caso se hizo una mención tangencial al espacio educativo como fuente de conocimiento sobre la vida sexual.

¿Quién te enseñó lo que sabes de sexualidad?

Yo me ponía a leer en el colegio esos libros, me ponía a leer los libros de sexualidad y que estar con una mujer que esto y que lo otro, en revistas.

Lo que se evidencia aquí es una historia de hombres que se forman sexualmente de manera casi silvestre, por medio de la influencia intrageneracional. Este punto llama a la reflexión: ¿cómo se espera que los hombres participen de manera más activa en el control de su sexualidad si no hay una manera confiable de que el conocimiento científico llegue hasta ellos? Por otra parte, no hay transmisión de valores ligados a la sexualidad de una generación a otra, por lo tanto, no hay avance masculino en el conocimiento sobre este campo.

Como se hace evidente en una entrevista a un hombre del grupo de los hijos, los padres no asumen el comunicar su conocimiento o experiencia sexual a las nuevas generaciones.

Aquí en la costa el hombre, para explicarle al hijo o la hija lo que es realmente relación sexual, es muy difícil, porque si el hombre le pone de tarea a un niño de lo que es el sexo, el papá lo primero que dice: "No sé, pregúntale a tu mamá que es la que goza".

Esto repercutirá en el control de su reproducción, como se verá más adelante.

El inicio de la vida sexual

Al preguntar a los entrevistados por el inicio de la vida sexual, buena parte se remitió a cuando tuvieron contacto íntimo con una muj er por primera vez. La verdad es que su vida sexual había iniciado años antes, por la práctica del sexo con burras, tradicional en toda la costa atlántica colombiana. Esto se estableció al preguntar específicamente por este comportamiento. Este es un segmento de la entrevista a un hombre de 70 años.

¿Cómo fue tu iniciación sexual?

La iniciación mía para comenzar fue, con ganas de tener mujer, porque uno, ya cuando uno comienza su adolescencia, eso uno ve a los mayores y también quiere llegar allá, y yo conseguí mi primera mujercita, en esa época no habían peladas, sino viejonas.

¿De qué edad estamos hablando?, ¿tú qué edad tenías?

En esa época tenía por ahí como unos 12 años. Anteriormente uno no buscaba mujeres como ahora, ahora los pelaos nacen y enseguida están con el ojo pelao pa' tener mujer, y anteriormente tenía que pensarlo varias veces, e inclusive para casarse, para casarse tenía uno que. Yo lo pensé más de una vez, para el matrimonio mío, y yo era una persona de 20 y pico de años.

Como le digo, aquí en la costa esa era la costumbre, el cariño de una hembra era la burra, mi primera mujer decían, la primera mujer era la burra.

¿Y en tu caso?

Pero en la época, en ese tiempo los animales eran sanos, y uno iba sin problemas, ahora pa' utilizar un animal, un pelao lo tiene que pensar más de una vez, porque los animales están apestados, por otras personas, porque el animal también se afecta, pero ya buscan la forma, y la juventud ya no gusta de eso.

Tal vez se equivoca el entrevistado al creer que el sexo con los cuadrúpedos ha dejado de ser una práctica corriente, pues en el grupo de los hombres más jóvenes también hubo respuestas similares.

Sí, eso son locuras de uno, pelao. Eso se juntaban los amigos, ya uno les tenía hasta nombre a las burritas y en ese tiempo todavía era sana la cosa. Porque como mis abuelos son de por acá, a veces veníamos a pasar vacaciones, San Bernardo del Viento. Y era un pueblo sano, mis tíos y todos... pero era una cosa que en ese tiempo uno ni bota ni nada, pero era sólo el placer y ahí y se montaba uno y buscaba las cercas y los palos, lo que fuera para alcanzar.

Uno de los entrevistados afirmó haber tenido sexo con burras desde los 7 hasta los 25 años. Otro, que dejó esta práctica cuando su esposa se lo exigió.

La experiencia sexual con burras cumplía varias funciones, pero principalmente eran el sustituto de las mujeres, no fácilmente accesibles en los primeros años de la adolescencia. Era un paso que se daba naturalmente, dentro de una cultura que no ve como algo prohibido el contacto sexual entre hombres y animales.

Por otra parte, los entrevistados narraron que el sexo con burras tendía a ser relegado en la medida en que se instauraban las relaciones sexuales con mujeres. Sin embargo, como ya lo señaló un entrevistado, no es algo a lo que los hombres se nieguen en adelante. Un entrevistado de 30 años contó cómo este tipo de práctica se entiende como un sustituto de la relación con mujeres, cuando no hay facilidad de tener acceso a ellas.

El sexo con mujeres se daba como la siguiente etapa en la historia sexual. En todos los grupos, las primeras experiencias sexuales se dieron tempranamente, buscando satisfacer el impulso sexual. Estos son fragmentos del grupo de los padres donde se observa el carácter espontáneo del inicio de las relaciones sexuales.

Yo digo que como a los 14 años, más o menos 14 o 15 años, ya yo tenía deseos de estar con muchachitas. La muchacha se sentaba siempre en la mecedora con un sobrinito y nosotros empezábamos a pelear entre nosotros y la agarrábamos a ella y a cogerle el seno a meterle la mano por debajo y ella se mojaba y como que se excitaba y entonces nos decía vamos un momentito al baño y nos íbamos para el baño. En aquel tiempo como que no estaba muy desarrollado entonces lo que botaba era una babita, no el espermatozoide blanco, sino como una babita blanca, pero igual sí tenía bastante... Y hacíamos no sé si exactamente el amor, pero teníamos contacto sexual y después me sentaba en la sala y el amigo mío iba detrás de ella espéreme que ahora voy yo y eso era. Imagínese... o si no, de pronto, tener como la muchacha siempre la dejaban sola, las primas, las hermanas salían a trabajar y la dejaban sola, ya nosotros sabíamos porque a ella también le gustaba y nosotros íbamos allá y otro día no lo hacíamos en el baño sino que nos metíamos a la cama de uno de los cuartos principales de la casa y estábamos con ella y salía el uno y entraba el otro y así, éramos los dos como compañeros. Bueno, esa fue mi primera experiencia sexual. Ya después empecé a tener amores con la mamá de mi primer hijo.

Algo similar sucedió en el grupo de los hijos.

Ya después de 11 años en adelante, más o menos, ya sí me aparté lo que fue de la burra, porque habían muchas muchachas en esos tiempos que eran amigas de mi hermana, amigas del barrio. Se reunían allá en la casa. Entonces ellas, como eran unas jóvenes de 14 a 16 años, a las jóvenes de esa edad les gusta mucho cerciorarse de sus partes, de sus partes íntimas, como son cosas nuevas para ellas, entonces yo así niñito, me metía con ellas, más no era para verlas como hacían sino pa' verlas, y ellas en ese sentido se desnudaban y comenzaban a verse los senos, a verse también su vagina, a cerciorarse si tenían bastante trasero, o si no tenían , que tal muchacha se acostó con un muchacho y esto, y entonces en una de esas una de ellas se le ocurrió probarme a mí para probar como era tener relaciones con un hombre, o con un muchacho de diferente sexo. Al principio yo no quería, porque yo lo veía como algo diferente, con miedo, como yo estaba acostumbrado a comerme burritas, y como ellas no decían nada, solamente se quedaban quietecitas, entonces nosotros hacíamos y deshacíamos y ellas no decían nada. En cambio acá era muy distinto porque acá nos besábamos, nos abrazábamos, nos deseábamos, muchas cosas diferentes, era una situación pa' mí diferente.

Las diferentes historias corroboran un inicio sexual movido por la curiosidad, con mujeres jóvenes decididas y hombres temerosos pero impulsados por su tendencia sexual natural.

Estas historias no concuerdan con el estereotipo de los hombres que buscan ávidamente el sexo, intimidan a las mujeres y las inducen a las relaciones sexuales. Muestra más bien a mujeres que siendo muy jóvenes expresaban su deseo sexual o de mujeres adultas que jugaban un papel importante en la iniciación sexual de los hombres.

El sexo con trabajadoras sexuales no aparece como una práctica importante en la iniciación sexual, aunque no es infrecuente. En todos los grupos se habló de esta experiencia como algo transitorio y a lo que se le restó importancia.

El uso de anticonceptivos

En el grupo de los abuelos, el uso de anticonceptivos es nulo. Como se señaló antes, los hombres de esa generación no tenían entre sus preocupaciones el tener hijos, en el sentido de que los hijos que aparecieran eran bienvenidos sin restricciones.

¿Has usado algún método anticonceptivo?

No.

¿Nunca? Nunca.

¿Ni siquiera a eyacular por fuera?

No... por fuera no, nada de eso. No, nunca en la vida lo he utilizado todavía.

¿Tú nunca has usado condón?

No.

¿Y usarías en algún caso?

Jamás, si no lo usé antes, ahora menos.

¿Conoces los métodos anticonceptivos?

Ahora que los estoy oyendo, que usan que se castran.

Tanto la vasectomía como la ligadura femenina se relacionan despectivamente con la castración. El rechazo a la vasectomía es absoluto, todos los entrevistados manifestaron ideas contrarias a esta opción de control de la fecundidad.

En el grupo de los padres aparece el condón, pero con restricciones. Además, no aparece plenamente entendido como un método anticonceptivo, sino como un método para evitar enfermedades.

¿Y cuándo usas condón?

Cuando desconfío, cuando no le tengo confianza plena hacia la muchacha, cuando la veo que anda muy suelta, que anda con otros muchachos, que es muy libertina.

¿A qué le temes?

A muchas enfermedades venéreas, al sida, el cancro, la sífilis, la cresta de gallo, a muchas enfermedades.

¿Cuándo empezaste a utilizar métodos anticonceptivos?

Ya cuando empecé a utilizar de quince años pa'lante, ya con las muchachas mayores ya con más experiencia. Decía, hay que cuidarnos, utilizar condón, y nosotros hicimos una campaña sobre el condón en noveno, ya en noveno pa'lante ya le dictan a uno relación sexual... Entonces ya nosotros investigamos sobre todas las enfermedades, que provienen de una relación...

¿Utilizaste condón de ahí de para acá?

Sí, con las que desconfiaba, con las que tenían uno hoy y mañana otro y así...

En el grupo de los hijos asoma una mayor consciencia acerca de la anticoncepción y del control de enfermedades en relaciones sexuales diferentes a las de la pareja estable. La declaración más común fue que los métodos anticonceptivos con la pareja estable se dejaban bajo la responsabilidad de ella, pero que en relaciones casuales ellos sí preferían el uso del condón.

Sí, porque como le dije, yo siempre he estado metido en la salud. Y llegó un tiempo en que yo todavía no podía, en palabras costeñas, embarazar a una muchacha. No me protegía, pero cuando yo me fui de aquí, ya vi que eso era diferente, ya comencé a analizar las cosas y a ver que se podía embarazar, entones comencé a utilizar el preservativo. Allá afuera, cuando regresé a San Antero, empecé a trabajar en Sispatá, y ahí comencé a enredarme con muchachas de afuera, y uno no sabía cómo venían, si venían limpias o venían sucias, y muchachas de aquí de San Antero tampoco sabía si estaban limpias o estaban sucias.

Causas de los cambios en las trayectorias

En conjunto, los hombres entrevistados reconocen dos tipos de factores que han hecho cambiar el número de hijos entre una generación y otra: la disponibilidad de anticonceptivos, y los cambios económicos.

Por cambios económicos hacen referencia a las mayores exigencias sociales para criar a los hijos y a los costos que esto implica:

¿A qué crees que se deba que antes se tenían más hijos que en tu época?

Carajo, porque antes no había luz. En todas partes no había luz.

Bueno, profundicemos en eso. ¿Qué quieres decir con que no había luz?

Que había que acostarse temprano.

¿A qué crees que se deba que antes se tenían más hijos que en tu época?

Porque no se cuidaba, si había métodos de cuidarse anticonceptivos eran muy caros para ellos, ellos fueron humildes. Él era trabajador de machete y ella era lavadora, le lavaba a la calle y eso. Lo que medio reunían era para medio comer. Y no, mi abuela no fue nunca al colegio. Mi abuelo hizo hasta segundo elemental, no tenían esa mentalidad desarrollada como un estudiante de primaria, secundaria. Y antes no, era trabajar y hacer hijos y ya.

Debe ser por la situación... la situación económica... Porque ya las cosas son más caras. Anteriormente, cuando mi papá. me pienso que antes, o sea no, tener hijos y ponerlos a trabajar, como acá somos campesinos, allá en el monte y eso, entonces como que era una ayuda para ellos... Y como me dice mi papá, que una cosecha alcanza a la otra no había un. sin comida sino que siempre había.

Porque me imagino que no... en aquel tiempo, primero que todo la alimentación era más barata, el nivel de vida. La carestía era más bajita que ahora, en cualquier parte con un vecino, con un amigo, con quiera podían conseguir la comida que era lo principal de pronto para sostener una familia tan grande. Y hoy en día todo se ha encarecido que es difícil, que la gente le parece más fácil tener uno o dos hijos y listo, pensando en la carestía y lo que implica mantener una familia grande hoy en día, que con uno o dos hijos se bandean como dice uno acá en la costa.

Hegemonía femenina en el control de la fecundidad

Los entrevistados del grupo de mayor edad (denominado 'los abuelos'), manifiestan que en su tiempo la decisión era conjunta, pero no había tal decisión. Es decir, se asumía que al unirse como parejas debían nacer los hijos, pero los hijos venían naturalmente, sin que existiera planeación de ello.

Ambos tenemos deseo, en ese momento que uno trata de unirse, los deseos son de ambos, en la época. Anteriormente, la mujer no tenía que ver con que, alumbrará o no alumbrará, de todas maneras era una mujer y era una madre de casa dedicada a sus hijos, atenderlos como se lo merecían.

En el caso de tu papá, ¿quién tomaba la decisión de tener los hijos, él o la esposa?

Bueno, como que sería la esposa, porque como que no le paraba bola a las cosas que él hacía, no la cuidaba y ahí el hombre va bajando el amor. Pero él cumplía con sus hijos, todo lo que trabajaba acá...

En este último fragmento asoma uno de los hallazgos de este estudio: el control femenino de la fecundidad. Tal vez en algún tiempo no estarían disponibles los métodos modernos de control de la fecundidad, ni tampoco existía motivación para regular el número de hijos. Desde esta perspectiva, lo que faltaría a las mujeres serán esos dos elementos para hacer su control completo: medios y motivación. Una vez logrados, con hombres que se ausentaron voluntariamente de su participación en la regulación de la fecundidad, las mujeres tendrían un amplio margen de decisión. En el grupo de los padres se observa una especie de transición entre el modelo antiguo y una supuesta mayor participación masculina.

Ambos, ambos, porque esa es responsabilidad de ambos. Eso no es uno solo, uno no va a hacer un hijo, uno solo, hombre, necesita a la pareja, porque una mujer no va a tener un hijo ella sola, necesita a la pareja. Y como es responsabilidad de ambos, yo estoy de acuerdo que todos dos deben estar de acuerdo si van a tener un hijo o no.

En las entrevistas aparecieron paradojas importantes. Fue común que se respondiera que el hombre no se preocupaba por cuántos hijos tener y que era entonces la mujer quien decidía, como se observa en el siguiente fragmento:

¿Quién crees que debe decidir cuántos hijos tener? ¿El hombre o la mujer? En esta época, ambos. ¿Y antes?

Decidía la mujer. "No, yo quiero tener tantos hijos..

¿Era la mujer la que decidía? ¿Y el hombre entonces qué?

El hombre está con la mujer y no le importaba si sí o no.

En algunas de las entrevistas resultó claro que la mujer tenía mucha mayor decisión sobre su reproducción que los hombres.

Cuando éramos novios ella quedó embarazada. El hijo no estaba planeado. A raíz de él fue el matrimonio. Ella quedó embarazada y a raíz de eso me tuve que casar.

Continúa la historia...

¿Esta segunda hija tú la querías tener?

Tampoco... porque ella se cuidaba con pasticas, eso fue imprevisto.

¿Y quién compraba las pastillas... ella, tú?

Ella, aunque ella no quería. Yo le exigía yo le daba la plata, a veces se las traía yo porque ella no quería.

¿Entonces... cómo fue eso?

Como que se descuido, no tomó la pasta y salió embarazada. Ella me contó.

Este caso podría parecer simplemente un descuido, sin embargo, el entrevistado tuvo tres hijos con la misma mujer, aunque manifiesta que no quería tener ninguno de ellos. Además, uno de los hijos no era de él. Posteriormente tuvo dos hijos más, con otra mujer, sin querer tener ninguno.

¿Cómo fue tu reacción?

A mí me dio mal genio. Le dije, n'ombre, si el primero todavía está pequeño y ahora otra vez embarazada. Y ella me dijo: "No, es que yo quiero tener cinco o seis hijos. Yo le dije: No, todo ese poco. Yo no estaba de acuerdo.

Los entrevistados de este grupo plantean que antes, en el grupo de los padres no había participación en el control de la fecundidad.

No creo... Bueno, mi papá como era un poco desordenado. Mi papá era muy... Vivía, era del momento. Mi papá era espontáneo. Mi papá si ve a una mujer le importaba si hacia un hijo y no le importaba, por eso tuvo varias mujeres. Tuvo tres hijos porque las demás tomaron la decisión de perderlo, las mujeres.

En la generación más reciente de entrevistados se observa cierta discrepancia entre quienes plantean que la decisión se toma conjuntamente y entre quienes aceptan que no hay una plena participación de los hombres en el asunto.

¿En los tres casos de tus tres hijos quién tomó la decisión de tenerlos?

Esa decisión no se ha tomado nunca. Ninguno de los dos tomamos esa decisión de tener hijos.

En otra entrevista:

¿Pero quién buscó esos embarazos?

Ella me comentaba que estaba tomando sus anticonceptivos, su vacuna, que se la pone por tres meses. Yo estaba seguro de que ella no iba a quedar embarazada, pero sabiendo que quedó embarazada me di cuenta de que, que sí planeó ella de quedar embarazada, pero no me lo dijo a mí.

Otra entrevista:

La verdad, verdad... Como si ellos van a estar juntos y van a tener sus relaciones, yo creo que de ninguno de los dos. Eso viene porque le tocó venir... Ahí ninguno se pone de acuerdo en eso... Ni el tiempo de antes planificaban pa' tener hijos, tenían sus relaciones, salía embarazada y le tocaba parir, pero en ciertas partes dicen que ya se ponen de acuerdo cuando van a tener sus hijos. Yo no lo tuve, o sea, de mi parte con la mía no lo tuve porque no me comentó si iba a quedar embarazada o no, pero metió goles porque ella supuestamente estaba con sus anticonceptivos, y no, los tuvo. Así que fue goles...

En otra entrevista también aparece la falta de control del hombre sobre la reproducción:

Sí, eso entre nosotros trajo discusión. Yo no sé si fue porque también volví a hacer la misma barriga como dicen por ahí y yo también al pensarlo al mirarlo. Vaya pero si la niña todavía está pequeña, no tiene un año ni nada.

No sólo cuántos, sino cuándo y con quién

En diferentes entrevistas asomó que la mujer no solamente decidía si quería tener los hijos, sino cuándo y con quién. En los siguientes fragmentos se hace evidente esto.

... La muchacha dij o que lo quería tener y que en ningún momento iba a aceptar que no lo tuviera, y le dije que eso no ha pasado por mi mente.

¿El segundo hijo cómo fue?

Ese segundo hijo se vino sin pensar... Yo le dije: "Mire, cuando el mayor tenga los cinco años o vaya a cumplir cinco años buscamos el segundo hijo". Cuando yo estuve en Cartagena, en Bogotá, me fui a trabajar para Bogotá, teniendo el niño un año y medio. No me resultó allá, muy barato el sueldo, y como anda la gente allá... Cuando yo llegué, a los quince días: "Quedaste embarazada. Cómo ya estás embarazada, no me digas, que llevo apenas quince días aquí y ya tú estás embarazada..."

La relación de pareja estable no representa un límite para la decisión de las mujeres de tener hijos. Los siguientes cuatro fragmentos, provienen tanto del grupo de los abuelos, como de los padres y de los hijos. Este es un fragmento del grupo de los abuelos.

¿Qué hubiera pasado si tú te enteras de esa hija?

Eso hubiera sido, en ese caso de que la mujer era ocupada, eso podría ser para poner un riesgo de declararme y no sabía con quién iba a lidiar, de pronto el papá no la iba a aceptar, el supuesto papá, de pronto él sabe que no es su papá, porque esa cara no es la de él. Y yo, la cara de ella. Conocí con los propios hijos de él con la señora, son negros, pelo pimienta, y la hija mía, esa que yo creo que es hija, es pelo liso, así como el mío, la cara más o menos, no la voy a comparar con ella, pero sí tiene un semblante acá, pero no es esa cara, que todos los hijos de ella son marcados con el señor. Entonces para mí, de pronto yo mi deseo era de quedarme con las dos, pero entonces se venía un problema para mí también, pero como yo no formo para, ella sí me lo dijo una vez, la mamá: esa hija es tuya. Pero yo no me voy a meter en el pesar, me lo decía la mamá de ella, pero nunca se aventó nada, ni me apretó por un lado ni me aflojó, sino que me decía que ella tenía su marido, tenía sus hijos, y tenía hombre ya.

Este testimonio es del grupo de los padres:

Ella como que andaba con un man ahí... Y me lo metió a mí. Yo vivía pendiente de que tomara las pastillas. Como que se las dejaba de no tomar. Esa vez yo viajé a Panamá... por allá duré como un mes. Cuando regreso de allá es que me dice: "No, que estoy embarazada, que no sé qué...". O sea que ese tiempo que yo duré por allá ella andaba por acá con el otro. Yo nunca sospeché...

Dos fragmentos del grupo de los hijos muestran el mismo fenómeno:

... Después apareció con la niña, me la mostró. No me dijo nada, si era hija mía o no, sino que solamente me tapaba. Yo le preguntaba si era hija mía, no me decía nada. Ella se devolvió para Montería de nuevo, y un tiempo comencé a comunicarme con ella por la niña, una de esas ella se vino con el marido que tenía, fueron a la playa, se puso a tomar, y ya cuando ella se vino a San Antero a buscarme, y entre tragos que ella estaba tragueada, fue cuando dijo que la niñita era mía, y entonces ya la cuestión fue de hablar con ella para que ella me pasara el permiso para yo ponerle el apellido a la niña y pagarle toda su atención.

Ése no es exactamente hijo de crianza, ése lo tuve yo, con dos meses antes me había dejado con la muchacha, y ella tuvo un desliz con un muchacho. No me había dado cuenta, quedó embarazada, y como la veían andar conmigo, la muchacha era de casa, hogareña, entonces pensaban que el hijo era mío. Y yo sencillamente esperé que naciera, y cuando nació me di cuenta que no era hijo mío. Y ahí entonces de todas maneras yo lo adopté como hijo mío, y le puse mi apellido y todo. Ya después a los ocho meses dejé de vivir con ella, porque como me había fallado, me dejé con ella. Pero con el niñito seguí correspondiéndole normalmente como hijo mío y hasta el momento le estoy dando los estudios, ya llevo ocho años. Está en tercero de primaria, y estoy correspondiendo con todos sus gastos.

 

Discusión y conclusiones

En el marco de esta investigación se quiso utilizar las trayectorias de fecundidad como un artificio para conocer cómo los hombres han cambiado su aporte a las tasas de fecundidad, buscando en sus motivaciones, actitudes y factores ambientales, la explicación a tales cambios.

Al igual que otros artefactos en el campo de la Demografía, las trayectorias tienen un valor descriptivo: la historia reproductiva, por llamarla de otra manera, es solamente un fenómeno emergente a diversos factores que sinérgicamente producen el evento estudiado. Se parte del supuesto de que hay transformaciones en los factores determinantes que actúan en la vida de personas concretas, en periodos igualmente concretos, y que producen los cambios en las cifras.

Sin embargo, esta aproximación debe suponer que la voluntad individual está condicionada exteriormente. Sobre este supuesto se basan las intervenciones públicas, asumiendo que el individuo colabora en un fin común, o que hay cierto determinismo, de manera que la decisión individual adopta, en promedio, la forma social.

La investigación mostró que los hombres de San Antero históricamente no han tenido control sobre su reproducción. Al entregar la responsabilidad del control de la reproducción a las mujeres, los hombres se han relegado del control que va de la mano con esa responsabilidad.

Esta cesión del control no es un hecho colectivo consciente, aunque sí una desventaja masculina, pues implica el desconocimiento del campo de la libertad para decidir el número de hijos y el tiempo en que estos nacerán.

Es necesario aquí hacer diferencia entre dos acepciones de 'control' que se vislumbran en el texto: el control como ejercicio del poder para mantener el comportamiento de un sistema dentro de lo esperado, y el control como consecuencia del poder que se ejerce sobre un sistema, que implica cumplimiento de predicciones y orden, entre otras características.

Asumiendo las dos acepciones, muy ligadas una a la otra, se puede concluir que los hombres de San Antero no ejercen control pleno sobre su fecundidad, porque han dejado ese control a las mujeres. Y como consecuencia, que no deciden sobre el número de hijos y la secuencia de nacimiento de éstos.

Así las cosas, debe discutirse la teoría formal desde la cual partió este estudio, con base en la teoría sustantiva que surge como un conjunto de hallazgos que señalan en dirección distinta a la esperada. Un asunto a discutir tiene que ver con el punto de partida conceptual: la masculinidad o las masculinidades como categoría conceptual.

Los estudios dentro de la categoría de género han resaltado más la problemática femenina relacionada con la fecundidad: la imposición histórica de la voluntad masculina, las dificultades para acceso a los medios de planificación y otros han sido estudiados como parte del expediente del poder ejercido sobre la mujer por la sociedad machista.

Al tratar de rescatar el sentir y el parecer masculinos, puede caerse en un error, como sucedió en esta investigación. Si se quiere equilibrar la balanza del conocimiento en el comportamiento reproductivo de hombres y de mujeres, hay que equilibrar la balanza en cada estudio. En otras palabras, hay que volver integralmente a la categoría de género, haciendo que ésta no solamente aparezca en el marco conceptual de las investigaciones, sino que también defina el proceso metodológico de manera transversal. Esto implica, en la práctica, que las investigaciones se organicen de forma tal que la información se obtenga de hombres y de mujeres, entendiendo que no se puede entender a plenitud el mundo masculino sin conocer su complemento femenino y viceversa.

Un estudio como el que aquí se discute muestra la fragilidad del concepto de masculinidad como marco de investigación. Amuchástegui (2001) encontró en sus investigaciones sobre masculinidad, precisamente, que detrás del supuesto concepto no hay tal. La valiosa disertación de la autora en la que denuncia problemas lógicos en la construcción del concepto de masculinidad también muestra los riesgos de aplicar tal categoría a la investigación.

La investigación ha demostrado una y otra vez no sólo que los estereotipos y las normas de género son inconsistentes en sí mismas, sino que las prácticas de las personas rara vez se ajustan a ellas, de modo que si pretendemos investigar bajo esta concepción, corremos el riesgo de negar las diferencias y las inconsistencias de la experiencia de ser hombre (Amuchástegui, 2001: 116).

Igualmente, llaman la atención los extremos a los que puede llevar la construcción del concepto de masculinidad. Por una parte, a un relativismo total, donde cualquier manifestación individual o de una colectividad relativamente pequeña puede considerarse un "tipo" de masculinidad (como lo señala Amuchástegui). Por otra parte, el error de rasar a todos los hombres a partir de un conjunto de prejuicios que pueden ser reafirmados mediante la reflexión de grupos feministas que desechan el determinismo biológico para instalarse en el determinismo cultural (Pinker, 2002).

La influencia del feminismo de género (así lo llama la filósofa Christina Sommers), en cuya médula existe la ideología según la cual las mujeres son esclavizadas por un sistema en el que la niñez sin género definido es convertida en hombres para mandar o mujeres para obedecer (Sommers, 1994), puede llevar a desconocer que sí existen determinantes biológicos de la masculinidad (como de la feminidad), que llevan a que ciertas características de hombres y mujeres se observen en muy diversas culturas, pero que se expresen de manera distinta según diversos condicionantes geográficos, históricos, culturales y económicos (Pinker, 2002).

Ana Amuchástegui propone mantener el análisis de género como fundamento para la investigación de estos temas. Uniéndome a ella, subrayo que los estudios de género, incluyendo aquéllos que aborden la 'masculinidad', serían más útiles en la medida en que se entienda que no puede construirse el discurso de género abordando solamente el género masculino o el género femenino en las investigaciones, para asuntos que competen tanto a hombres como a mujeres, como ocurre con la fecundidad.

Lo anterior no implica que investigaciones como ésta sean absolutamente inútiles. Lo que quiere señalarse es que los asuntos así abordados resultan conocidos muy parcialmente por las limitaciones resultantes de las decisiones tomadas por el investigador. Tampoco se quiere decir que los estudios con hombres no aporten al conocimiento de género. De hecho, esta investigación aporta a develar la falta de control masculino sobre la fecundidad. Si este tipo de estudio se ubica dentro de una línea de investigación que aborde más sistemática y profundamente los asuntos aquí planteados, seguramente será más fructífero.

En el caso de esta investigación, es claro que frente a un conjunto de hombres con pobre conocimiento sobre su sexualidad, sin referentes paternos o institucionales, aparece una mujer que es una gran incógnita, pero que surge más dueña de sus decisiones y muy activa sexualmente. Al menos sobre eso se pueden plantear hipótesis para otros estudios.

Otra línea crítica que se desprende de este estudio, muy relacionada con lo ya dicho, tiene que ver con la construcción del prototipo masculino dominante que supuestamente impone su ley reproductiva a las mujeres. Probablemente esto sea cierto, pero como se ha señalado en diversos estudios, la creación conceptual de la masculinidad tiende a homogeneizar lo que no es de sí homogéneo. En el caso de los hombres de San Antero, y probablemente por extensión, a los hombres de buena parte de la Costa Atlántica de Colombia, no se cumple tal postulado general.

Lo que se observó en esta investigación no concuerda con el estereotipo del macho caribeño, que se reproduce a expensas de la dominación de sus compañeras sexuales. En lugar de eso, se conoció de un hombre ignorante de aspectos cruciales de su sexualidad; sin recursos de información apropiados para vencer tal ignorancia; temeroso al inicio de sus relaciones sexuales, y falto de poder decisorio sobre un renglón vital, como es el número de hijos a tener, cuándo y con quién.

Sorprendió encontrar hombres que deseaban postergar su primer hijo y que lo tuvieron por voluntad de sus compañeras, y que en varios casos también procrearon más de un hijo sin que ellos lo desearan. El descenso de la fecundidad es el producto de la decisión de las mujeres de tener menos hijos, algo similar a lo revelado en Cuba por diversos autores (entre ellos Fraga, 2006), en donde se observa un gran empoderamiento femenino en la toma de decisiones sobre la fecundidad, y casos de pérdida de control masculino similares a los narrados en esta investigación.

Pero queda pendiente conocer por qué las mujeres deciden tener hijos. En el caso cubano, se encuentra que el número deseado de hijos por mujer es superior al número actual; es decir, a pesar de que son ellas mismas quienes deciden sobre el número de hijos, hay insatisfacción con el producto de sus propias decisiones. Lo que es más notorio en el caso de los hombres (64% de los hombres querrían tener más hijos de los que tienen o tuvieron). Es altamente probable que pueda establecerse cierto paralelismo entre el caso cubano y el caso del Caribe colombiano, donde las mujeres han aumentado su control sobre la fecundidad, al tiempo que han ganado participación en los escenarios académicos y de trabajo. Sin embargo, es reveladora la insatisfacción manifiesta de las mujeres cubanas por el número de hijos procreados, pues es su sentir que sería mejor tener mayor descendencia (Franco, González y Fernández, 2006).

Diversos estudios han demostrado que existe una relación negativa entre los años de educación de las mujeres y su propensión al trabajo, con el número de hijos que esas mujeres producen. Podría parecer que a medida que avanza la conquista femenina de los escenarios académicos y laborales, disminuye el deseo de tener hijos. Esto no necesariamente es así, como lo muestra la investigación cubana ya mencionada. También, Álvarez (2002), en un estudio en España, indica que probablemente las mujeres estarían dispuestas tener más hijos, si socialmente no se presentaran barreras para ello. Es decir, a las mujeres se les presenta como incompatibles entre sí el tener el número de hijos que desearían y tener la participación académica y laboral que necesitarían en la sociedad actual. En otras palabras, "se les obliga a tomar una decisión de exclusión entre trabajo y maternidad, en la que parece ser que, por el momento, la de tener hijos lleva las de perder" (Álvarez, 2002: 215). Esto explicaría las altas tasas de abortos en la población femenina cubana, que al tiempo se declara insatisfecha con el número de hijos producido.

Otro asunto a discutir es la supuesta incidencia de los cambios sociales, específicamente de las transformaciones institucionales sobre la vida de las personas. Una entrevista realizada en el marco de esta investigación a un médico que trabaja en asuntos de salud sexual y reproductiva mostró la tendencia de este profesional a culpar a su congéneres por la falta de interés en los temas relacionados con su sexualidad. Esto constituye evidencia de la tendencia a culpabilizar a los sujetos por no cambiar en la medida en que se transforma la sociedad, como si las personas estuvieran obligadas a mutar siguiendo el tono de las nuevas exigencias sociales. Además, sin que se ofrezcan las condiciones para estos cambios; verbigracia, educación, trabajo digno y salud.

Hay una enorme mediación entre los cambios sociales y los efectos esperados en las personas. Las transformaciones de las instituciones y las normas no necesariamente producen una onda de choque que trastoca la vida de los hombres y las mujeres, porque existen barreras que median entre los cambios en uno y otro sentido. Señalar a los sujetos como culpables por su ignorancia acerca de los cambios sociales no ayuda. Es necesario continuar favoreciendo que las personas tengan acceso a fuentes de información, libremente, para que libremente también, decidan sobre sus vidas.

Hay que ser precavidos al momento de generalizar los hallazgos de esta investigación. Los estudios de carácter cualitativo que trabajan con muestras intencionales y reducidas asumen evidentes restricciones en su validez interna. Sin embargo, no es por esto que se llama a la cautela, sino porque lo que debe evitarse, a partir de cualquier tipo de estudio, es la predicación de tipos masculinos o femeninos que niegan la diversidad de formas de sentir, pensar y hacer.

Si bien este estudio encontró evidencias que retan los estereotipos masculinos atribuidos a los hombres de la Costa Atlántica de Colombia, tampoco es conveniente concluir que tales expresiones masculinas no se dan en esa región del país.

Por otra parte, la ubicación del municipio de San Antero nos muestra una región con ciertas peculiaridades que facilitan el que ciertos patrones culturales se mantengan, aunque eso no fue un asunto investigado en este estudio. Lo que aquí apareció puede ser muy característico y único de esa región, pero, aunque eso es probable, también lo es el que muchas de las notas características aquí perfiladas revelen vetas de conocimiento que deben ser abordadas en otros estudios.

Tampoco debe generalizarse la imagen que de las mujeres puede surgir en esta investigación, como personas que confabulan en perjuicio de los hombres y que minan el derecho masculino a decidir sobre la fecundidad. Más bien se propone la comprensión de la situación femenina, dentro de un contexto que no favorece el desarrollo de las relaciones equilibradas entre hombres y mujeres, y que resalta todavía más lo propuesto dentro del marco de alianzas con los hombres (Cohen y Burguer, 2000).

Precisamente, lo rescatable del marco teórico inicial de este estudio tiene que ver con la necesidad de conocer más sobre el universo de ideas, creencias, sentires y actuaciones masculinas, con el propósito de ayudar a que los seres humanos de género masculino desarrollemos nuestra libertad en mejor equilibrio con las mujeres. Despojarnos de los prejuicios, reconocer nuestras limitaciones, ver lo que nos falta ajustar como sociedad, para eso sirven investigaciones como esta.

 

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Información sobre el autor

Orlando Scoppetta. Psicólogo con formación en posgrado en Análisis de Datos, Docencia. Maestría en estudios de población. Actualmente es consultor independiente. Algunas investigaciones y publicaciones: Análisis de la inclusión de los derechos de la infancia, la adolescencia y la juventud en los planes de desarrollo de departamentos y municipios de Colombia (20082009); Consumo de alcohol en menores de 18 años en Colombia, 2008, Corporación Nuevos Rumbos, Bogotá; y "Discusión sobre la evaluación de impacto de programas y proyectos sociales y en salud pública", en Universitas Psichologica. vol 5, núm. 3.