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Papeles de población

versión impresa ISSN 1405-7425

Pap. poblac vol.15 no.61 Toluca jul./sep. 2009

 

Discurso de aceptación del Premio Nacional de Demografía 2009

 

Roberto Ham–Chande

 

El Colegio de la Frontera Norte

 

Agradezco el honor que significa este Premio Nacional de Demografía. Se me dice que es en reconocimiento a las aportaciones hechas a la ciencia demográfica y sus aplicaciones. Así dicho, recibirlo es un compromiso, pues implica aceptar que lo realizado ha tenido esa importancia. Puedo admitir que el mérito exista, pero reconociendo circunstancias e instancias que lo hicieron posible. Doy cuenta así del apoyo y cariño de mi familia, en parte aquí presente. Reconozco que el ascenso social y profesional que me permitió llegar a este premio fue gracias a la formación recibida en instituciones públicas de educación superior, con la UNAM como la más significativa. Ya en el ejercicio académico destaco el ambiente de El Colegio de México y El Colegio de la Frontera Norte, instituciones también públicas, que han sido marco de colaboración con colegas y estudiantes de éstas y otras organizaciones, lo cual devino en la investigación y docencia que se reconocen en este día y de esta manera.

Recibir esta distinción recalca asimismo la responsabilidad de continuar colaborando para que el México de mañana siempre sea mejor que el del día anterior. Tal propósito comienza por identificar qué clase de futuro deseamos, qué es lo factible, cómo se puede lograr y cuándo debemos alcanzarlo. Esta actitud hacia un futuro mejor fue lo que guió la incipiente Demografía de mitad del siglo pasado, incorporando explícitamente las variables demográficas en los planes de desarrollo, con programas y políticas de población. Sus logros ya son parte de la historia reciente de México, pero también de su futuro, pues parte de sus avances es identificar y abordar lo mucho que queda por hacer.

Ciertamente que no sealegaque la Demografía sea la panacea, ni tampoco que todo hayan sido aciertos, ni mucho menos que sea autosuficiente. Es claro que los éxitos y los fracasos, las esperanzas y los pesimismos, lo que nos espera de bueno y de malo, son y serán resultado de interacciones con variables económicas, sociales, políticas, educativas, de la seguridad social, de la salud pública, por mencionar apenas algo de lo mucho por considerar.

En esta oportunidad permítanme hacer referencia a dos características del proceso demográfico. Una es que estamos en medio del denominado bono demográfico, que algunos califican de envidiable. Otra es que se ha iniciado un envejecimiento que se acentuará para ser marca de la población del México futuro. Entre otras, esto implica dos necesidades primordiales: dar seguridad económica en la vejez y atender la salud, ambos requerimientos ligados a la seguridad social.

La seguridad social se asentó en los años 40 y 50, bajo administración pública y teóricamente solidaria. Finalmente resultó heterogénea, desordenada y poco solidaria, pues protege poco y mal a los más necesitados, que son la mayoría, mientras concede ventajas a minorías ya favorecidas en lo económico, social y político. Se incrementaron beneficios sin considerar los incrementos en las esperanzas de vida y el cambio epidemiológico, siempre sin contrapartida con cuotas y recursos. Las proyecciones a futuro advertían una ineludible quiebra financiera, pero considerarla se calificaba de políticamente improcedente y se imponía discreción, rayando en la censura.

Finalmente, la crisis anunciada llegó con toda puntualidad. Ahora no sólo se acepta que la deuda se ha acumulado hasta lo imposible, sino que el hecho se pregona para explicar una salida. La decisión fueron las cuentas individuales en administración privada, bajo la promesa de que las pensiones serían adecuadas, la cobertura se ampliaría, además de que el ahorro generaría inversión, empleo y crecimiento económico. Sin embargo, desde antes de la reforma se preveía que eso no se iba a lograr y que el único favorecido sería el sector financiero, argumentos que se refrendaron en evaluaciones posteriores. Las experiencias indican que no se siguió la fórmula de que es mejor anticipar consecuencias negativas y evitarlas, o al menos mitigarlas actuando con tiempo, en lugar de responder bajo la presión de la urgencia. De esto último tenemos un ejemplo ante las circunstancias que se viven hoy día. Y cuando agregamos los índices de pobreza, completamos las señales de que algo hicimos mal, o no lo hicimos bien, para que nuestro bono demográfico en realidad no sea tan envidiable.

Sabemos que el futuro es impredecible y que siempre hay factores que escapan a la previsión. Sin embargo, hay una conocida lección sobre el futuro que viene del pasado: la historia demuestra que las sociedades que han logrado desarrollo y bienestar han sido aquéllas que han planeando el futuro con visión de Estado. Esto es, privilegiando el colectivo sobre intereses individuales o de grupo; no limitándose al beneficio inmediato y sí fijando metas a mediano y largo plazo; garantizando sistemas sostenibles, con equidad y justicia; aceptando sacrificar algo particular del presente en aras del porvenir colectivo.

Bajo estas premisas, para rescatar el bono demográfico y dar viabilidad a la sociedad del futuro, incluyendo su envejecimiento, la red interdisciplinaria que colabora conmigo propone algunas ideas.

En la parte demográfica, los temas serán la supervivencia de la población envejecida y sus relaciones con la morbilidad y la discapacidad. La generación de nueva información es crucial para actuar en programas preventivos, de adaptación de los sistemas de salud y su financiamiento.

Tal y como está, la seguridad social es un elemento adverso al bono demográfico. Requiere recomponerse como protección social mediante: 1) la creación de la pensión básica ciudadana; 2) el regreso a la pensión de beneficios definidos con un límite de tres a cinco salarios mínimos, esta vez con control entre contribuciones y beneficios; 3) el ahorro individual debe restringirse para la parte del salario por encima de ese límite; 4) promover la responsabilidad social del sector financiero.

En el ámbito social y familiar es de advertir que las relaciones intergeneracionales se van a modificar y que será necesario reforzar la capacidad familiar de atender a sus viejos. Permítanme recalcar que de todo lo que podamos hacer, absolutamente de todo, lo mejor y lo único indispensable es invertir en la educación y la salud con verdadera calidad para la población joven. Eso, más que cualquier otra cosa, va ser la determinante de nuestro futuro.

Estas recomendaciones se basan en diagnósticos e investigaciones realizadas en colaboración y con independencia de criterio. En gran parte han sido publicadas y todas están disponibles para su evaluación y uso. Indican que hay necesidad de recomponer a la sociedad mexicana bajo nuevos pactos sociales. Ponerlas en práctica es hasta cierto punto utópico, por los muchos intereses creados que deben cambiar. Pero no realizarlas nos pone en los riesgos anunciados. Queda ahora en manos de los tomadores de decisiones qué aceptar y qué no. El mayor reto es que requieren de la responsabilidad y generosidad de todos los sectores: gobierno, legisladores, sindicatos, empresas, partidos políticos, financieros, pues todos tienen algo que ceder en busca de un México mejor.