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Revista mexicana de investigación educativa

versión impresa ISSN 1405-6666

RMIE vol.22 no.73 México abr./jun. 2017

 

Aporte de discusión

Hermenéutica y descripción densa versus teoría fundamentada

Hermeneutics and Dense Description versus Proven Theory

Eduardo Weiss1 

1 Profesor-investigador del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, Departamento de Investigaciones Educativas. Calzada Tenorios 238, colonia Granjas Coapa, 14330, Ciudad de México, México, CE: eweiss@cinvestav.mx


Resumen:

En un gran número de tesis de maestría y doctorado se consigna en el capítulo metodológico que el trabajo se ha realizado desde el enfoque de la teoría fundamentada y con apoyo de un software computacional para la codificación. El presente ensayo propone que el círculo hermenéutico, de la anticipación de sentido a la comprensión (Gadamer, Ritsert), es una noción más pertinente para orientar el diálogo del intérprete con el texto o del investigador con los procesos socio-culturales. A la vez, el círculo hermenéutico, aborda la relación de las partes y el todo, el texto y el contexto, que Geertz revivió bajo el nombre de descripción densa. De ahí que se enfatiza la importancia de la descripción por encima de las operaciones de codificación promovidas por paqueterías computacionales.

Palabras clave: epistemología; hermenéutica; investigación cualitativa; metodología de la investigación

Abstract:

A large number of master’s and doctoral theses state in the methodological chapter that work has been performed from the focus of proven theory and with the support of computer software for codification. This essay proposes that the hermeneutic circle, from the anticipation of meaning to comprehension (Gadamer, Ritsert), is a notion that is more pertinent to orient the interpreter’s dialog with the text, or the researcher with sociocultural processes. At the same time, the hermeneutic circle addresses the relation of the parts to the whole, the text and the context, which Geertz revived under the name of dense description. Thus emphasized is the importance of description over the operations of codification promoted by computer packages.

Keywords: epistemology; hermeneutics; qualitative research; research methodology

Introducción

La mayor parte de los trabajos en la investigación social y educativa en México se realiza hoy en día mediante métodos cualitativos. En un gran número de tesis de maestría y doctorado que trabajan de manera cualitativa con información empírica se consigna en el capítulo metodológico que el estudio se ha realizado desde el enfoque de la teoría fundamentada o enraizada (grounded theory) y con apoyo de un software computacional. En mi experiencia como director y sinodal de tesis, este postulado se desenmascara enseguida al iniciar la tesis con un “marco teórico” que refiere a los grandes teóricos, muchas veces poco relacionados con los hallazgos centrales de la tesis. En otras tesis la referencia a la teoría fundamentada legitima la ausencia de una revisión de los antecedentes de investigación empírica sobre el tema. Las más de las veces no se procedió, predominantemente, de manera inductiva como postula la teoría fundamentada sino de manera deductiva e inductiva a la vez.

También se busca frecuentemente legitimar la metodología de las tesis por haber usado un software de análisis de datos para la generación de categorías de análisis, siendo los más usados en mi ámbito de trabajo el Altlas.ti y NVivo. El éxito de estos programas se explica, a mi ver, porque ofrecen algo qué hacer cuando se ha terminado el trabajo de campo y tenemos un cúmulo de registros de observaciones y entrevistas a analizar. En mi experiencia como asesor de tesis, estos programas sirven sobre todo para codificar —es decir clasificar— significados representados en textos o imágenes. Algunos usuarios se quedan —y eso no me parece mal— en una primera clasificación temática que les sirve como base para otros análisis e interpretaciones, pero no pocos se atascan en una maraña de categorías y no saben cómo proseguir. Olvidan que Glaser y Strauss (1967) propusieron como centro del proceso de análisis no solo la codificación sino la comparación constante para generar categorías y que hay otros procedimientos para generar análisis e interpretaciones. Sobre todo olvidan que el centro de las investigaciones y publicaciones de investigación cualitativa son las descripciones densas como señala el título emblemático de un ensayo famoso del etnógrafo Clifford Geertz (1987).

Frente al abuso de la teoría fundamentada y del software computacional como el Atlas.ti, el presente artículo busca rescatar la hermenéutica y la descripción. La teoría fundamentada ha contribuido al debate pero frente a una visión ingenua de las virtudes de la inducción, aquí se propone el proceso hermenéutico de la precomprensión a la comprensión y las idas y vueltas entre deducción e inducción. Y frente al énfasis excesivo en la codificación que se promueve en los softwares computacionales rescata la descripción como una operación central en los análisis e interpretaciones de investigación cualitativa. A la vez, pone en relación la hermenéutica de Gadamer con la etnografía de Geertz. La noción del círculo hermenéutico entre texto y contexto se puede apreciar en las descripciones culturales densas que postula Geertz: descripciones de la acción y significación en su contexto cultural.

Comienzo mostrando algunas similitudes y diferencias entre la hermenéutica y la etnografía, prosigo con una explicitación del enfoque actualmente hegemónico, la teoría fundamentada, y lo contrastaré con la hermenéutica. Después buscaré rescatar la descripción frente al predominio de la codificación en paqueterías computacionales. Y finalmente abordaré, desde una perspectiva epistemológica, las relaciones entre comprensión e interpretación, descripción y explicación.

Hermenéutica y descripción densa en la etnografía

Mi trabajo con metodologías cualitativas comenzó con un enfoque hermenéutico en mi tesis doctoral sobre tres generaciones de libros de texto mexicanos (Weiss, 1982). Posteriormente me he dedicado a estudios empíricos sobre “jóvenes y escuelas” (cf. Weiss, 2015) desde una perspectiva cualitativa, cercana a la corriente etnográfica que ha generado Rockwell (2009).

La hermenéutica, el arte de la interpretación, se desarrolló por las dificultades de la traducción e interpretación de textos. En el Renacimiento se trataba de la traducción de la Biblia y de los textos clásicos griegos a las nacientes lenguas nacionales y, posteriormente, de obras literarias —Shakespeare, Cervantes— de una lengua y cultura a otra. Es decir, se desarrolló para enfrentar la problemática de la interpretación de fuentes pertenecientes a otras épocas y culturas. No solo aborda los significados de textos sino también de otro tipo de expresiones como las musicales y las artes plásticas, como muestran varios ensayos de Adorno, Benjamin y Gadamer.

La necesidad de comprender el texto en sí mismo y en su contexto histórico y cultural, diferente al nuestro, es central en la hermenéutica, así como la consigna de buscar la comprensión de lo otro en sus propios términos, sin traducir el texto inmediatamente a las categorías del presente. El círculo hermenéutico aborda también el vaivén entre deducción e inducción; es el tema de la espiral hermenéutica de la anticipación de sentido a la comprensión, a través de varias vueltas entre la (pre)concepción del lector y el texto mismo (Gadamer, 2007). Esta noción parece más pertinente para orientar el diálogo continuo entre los referentes teóricos o personales del investigador y el sentido de los fenómenos y procesos sociales observables en las interacciones y/o expresados por los actores, un diálogo que genera interpretaciones y que produce descripciones.

A mi ver, muchos de los postulados de la hermenéutica nacidos desde las dificultades de comprensión, interpretación o traducción de una lengua a otra y de una cultura a otra son relevantes para enfrentar los problemas de interpretación de los significados expresados por actores socioculturales participantes en procesos cotidianos. En ambos casos se busca comprender el significado expresado por otros.

Sin duda, el proceso etnográfico tiene sus particularidades y diferencias respecto del enfoque hermenéutico nacido en la interpretación de textos. La etno-“grafía” se origina como escrituración de rasgos culturales de pueblos sin grafía por parte del antropólogo. Geertz (1987:31) señala que “el etnógrafo ‘inscribe’ discursos sociales, los pone por escrito, los redacta”. Y muchas veces no resulta inicialmente comprensible el lenguaje utilizado por los nativos, por ello enfatiza la observación de las conductas. Hoy en día también busca describir la vida escolar, “documentar lo no documentado” por los informes burocráticos e investigaciones sociológicas o psicológicas con categorías de observación predeterminadas desde un inicio, como dice Rockwell (2009:21). Por consideración a la alteridad de las culturas en relación con la nuestra —también de la cultura escolar respecto de nuestra cultura académica— se promueve la interpretación de las conductas observables en términos de significación para las culturas observadas mismas, en lugar de imponerles categorías de nuestra cultura.

Por otro lado, la etnografía comparte rasgos importantes con el trabajo de interpretación de textos escritos. Si bien la etnografía plantea que la interpretación y el análisis no son fases posteriores, sino que comienzan durante el mismo trabajo de campo, también es cierto lo que señala Rockwell (2009:64): “se tiende a pensar en la etnografía solo como el trabajo de campo, olvidando que se define centralmente por la producción de un determinado tipo de texto, una descripción etnográfica, producto de un proceso de análisis”. Y que “el problema central de la investigación etnográfica es qué hacer con el enorme acervo de notas, registros, transcripciones y materiales que resultan del trabajo del campo”.

La continuidad del enfoque hermenéutico en la antropología y en la etnografía se puede apreciar en la obra de Evans-Pritchard en los años cincuenta del siglo pasado y posteriormente en la obra de Geertz, quien comprende su etnografía explícitamente como contribución “hacia una teoría interpretativa de la cultura” (Geertz, 1987:18ss) y “la cultura de un pueblo como conjunto de textos” (Geertz, 1987:372) con la finalidad de la antropología de “ampliar el universo del discurso humano” (Geertz, 1987:27) en el diálogo con otras culturas.

En el ensayo “Descripción densa: hacia un enfoque interpretativo de la cultura”, Geertz (1987:20) señala como fuente de su concepto de cultura la concepción de Max Weber de que “el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido” y muchos intérpretes de Geertz enfatizan —creo que erróneamente— esta cercanía con Weber. A mi ver, y espero también mostrarlo con este escrito, Geertz se nutre más bien de la tradición hermenéutica.

En los cursos de metodología cualitativa suele leerse el capítulo sobre “Descripción densa: hacia un enfoque interpretativo de la cultura” que presenta una reflexión sobre diferentes aspectos del trabajo etnográfico, entre otros, la etnografía como “inscripción” y como interpretación de interpretaciones de los actores o de la cultura como documento público. No obstante, la noción de “descripción densa” queda relativamente oscura. Geertz adopta ese concepto a partir de un ensayo del filósofo de lenguaje Ryle y su ejemplo sobre las diferencias de significado en una misma conducta: entre un tic del párpado, un guiño o una parodia; enseguida Geertz (1987:24) presenta, a partir de sus notas de campo, un relato que da cuenta de estructuras de interpretación superpuestas en la negociación de un trato comercial entre un beréber, un judío y un francés, con el fin de mostrar que es importante “desentrañar las estructuras de significación” o “interpretación que interviene en la situación” y que “la etnografía es descripción densa”, en la que el etnógrafo encara “una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas”.

Como señalan Velasco y Díaz (2007:59ss), este capítulo no es el mejor ejemplo de una descripción densa; una descripción densa desplegada sería más bien el capítulo “Juego profundo; notas sobre la riña de gallos en Bali”, en el mismo libro, donde la descripción de ese evento y de sus preparativos, enriquecida con otros elementos interpretativos, se convierte en una metáfora de la cultura balinesa.

En la segunda parte del artículo profundizaré en el tema de la descripción, pero comenzaré con una explicitación del enfoque actualmente hegemónico.

Teoría fundamentada

El éxito de la teoría fundamentada se basa en el hecho de haber sido una de las primeras propuestas metodológicas que desafió el credo metodológico dominante en los años sesenta, el paradigma hipotético deductivo, como única forma legítima de hacer ciencia empírica sobre procesos sociales. Y mientras la mayoría de los investigadores cualitativos era renuente a formalizar su proceder —muchos incluso hablamos más bien de un arte—, ellos se atrevieron a formalizar estrategias para un método cualitativo general. En su libro, The Discovery of Grounded Theory. Stategies for qualitative research [El descubrimiento de la teoría fundamentada. Estrategias para la investigación cualitativa], Glaser y Strauss (1967) señalaron el énfasis excesivo, en la sociología de su tiempo, en la verificación de la teoría e impugnaron la reducción del quehacer científico a la comprobación y falsificación de hipótesis. Plantearon que el proceso de descubrimiento de teorías, de generación de conceptos e hipótesis relevantes para el área a investigar constituye una parte igualmente o más importante, y consideraron el descubrimiento y la verificación de teoría como parte de un mismo proceso de investigación. Propusieron como alternativa un método general, el análisis comparativo, que permitiría la “generación” o “descubrimiento de teoría”, mediante la “emergencia” de categorías procedentes de los datos, al enfatizar el proceso de codificación como “la comparación de incidentes aplicables a cada categoría” y la construcción de tipologías (Glaser y Strauss, 1967:105ss) para luego generar “hipótesis o relaciones generalizadas entre categorías y sus propiedades” y lograr así una “teoría fundamentada” en el análisis empírico (Glaser y Strauss, 1967:35s, traducción de EW).

Como señala acertadamente Kelle (2005), el libro fundante de Glaser y Strauss (1967) contiene dos interpretaciones conflictivas de la relación entre datos y teoría: el concepto de “emergencia” de categorías teóricas a partir de los datos, por un lado, y la noción de “sensibilidad teórica” a partir de teorizaciones preexistentes, por el otro. Por una parte postulan y prevalece en todo el libro una posición radical: una medida crucial contra la tendencia a relegar los datos sería “al principio, literalmente, ignorar la revisión de la literatura acerca de la teoría y enfrentarse al tema estudiado, con el fin de asegurar que la emergencia de las categorías no será contaminada” (p. 37, traducción de EW). Y, por otra, esta postura radical se ve atenuada en varios pasajes: en un pie de página señalan que el investigador no se aproxima a la realidad como tabula rasa y que “debe tener una perspectiva que (le) ayudará a ver la información relevante y abstraer categorías significantes a partir del escrutinio de los datos” (p. 3), que “la fuente de ciertas ideas, o incluso modelos, puede provenir de otras fuentes que los datos” (p. 6) y “que su posición no implica que la generación de teoría nueva deba proceder de manera aislada de la teoría fundamentada existente” (p. 6, traducción EW).

Kelle (2005) expone que gran parte de los desarrollos posteriores de la teoría fundamentada pueden ser vistos como intentos para reconciliar estas nociones divergentes. Para crear un puente hacia las teorizaciones del mundo académico, Glaser (1978), en el libro Theoretical Sensitivity [Sensibilidad teórica], introduce la noción de codificación teórica a través de “familias de codificación”. Propone diecisiete “familias de codificación”, que contienen conceptos que provienen de trasfondos teóricos diversos, algunos lógico-formales y otros sustantivos. Por ejemplo, la “familia dimensión” comprende términos como “elemento”, “segmento”, “aspecto”; la “familia cultural” engloba conceptos como: “normas sociales”, “valores sociales”, “creencias sociales”, etcétera (cf. Kelle, 2005). Se ofrece una amplia gama de categorías consagradas para crear una sensibilidad teórica sobre lo empíricamente encontrado, sin aclarar su relación. En cambio, Strauss y Corbin (1990), en Basics of Qualitative Research [Principios de investigación cualitativa], proponen —basándose en la bibliografía del interaccionismo simbólico y de la etnometodología— un modelo general de la acción para construir ejes de codificación, la “codificación axial”: se trata de analizar los procesos o interacciones sistemáticamente desde los ángulos de los “fenómenos”, del “contexto”, de las “condiciones intervinientes”, de las “estrategias de acción” y de las “consecuencias” de las acciones e interacciones (Kelle, 2005). A mi ver, un procedimiento útil cuando desde una perspectiva microsociológica o etnometodológica se busca reconstruir modelos de acción e interacción, pero estos modelos microsociológicos de acción de ninguna manera agotan la amplia diversidad de teorizaciones pertinentes y necesarias para analizar nuestros datos empíricos.

La teoría fundamentada, al enfatizar la emergencia de categorías teóricas, descansa fundamentalmente en la postura epistemológica empirista de la inducción, superada por la epistemología genética piagetiana, que ha mostrado que siempre se observa desde conceptualizaciones previas (García, 1997), y por Wittgenstein II y por Kuhn (1974), quienes han mostrado que los diferentes lenguajes o paradigmas científicos constituyen sus propios interjuegos de conceptos y observables. Una contribución importante sobre la relación entre observables y conceptos previos proviene de la hermenéutica.

La hermenéutica

En la tradición judeocristiana, la interpretación de textos implicaba principalmente la “exégesis” —extraer el significado— de las Sagradas Escrituras. Interpretar un texto era explicarlo, y explicar significaba explicitar su sentido al esclarecer las partes oscuras o difícilmente entendibles y aplicar el sentido encontrado a nuestra vida espiritual y cotidiana. Schleiermacher, a inicios del siglo XIX, y Dilthey, a finales del XIX, integraron la comprensión hermenéutica como pieza fundamental de su filosofía y de las humanidades. A mediados del siglo XX la escuela de Frankfurt se apoyó ampliamente en la hermenéutica y Gadamer propuso, a partir de la filosofía de Heidegger, superar a Dilthey y reintegrar la importancia de la “aplicación” de los textos a nuestra vida. Diferentes elementos del enfoque hermenéutico siguen nutriendo las humanidades hasta hoy en día.

A mi ver, la hermenéutica aporta tres nociones centrales a nuestra discusión: la del círculo hermenéutico, es decir, de la relación dialéctica entre partes y todo; la noción del “Verstehen”, es decir, la importancia de comprender lo otro en sus propios términos, y la noción de la espiral hermenéutica de una pre-comprensión inicial y difusa (o anticipación de sentido) a una comprensión más lograda.

A inicios del siglo XIX Schleiermacher amplió el concepto de comprensión, de una herramienta auxiliar en determinadas disciplinas a un método o arte universal en todas las disciplinas relacionadas con el lenguaje: desde escrituras sagradas y lenguas extranjeras hasta la poesía, desde el lenguaje escrito hasta el hablado. Su punto de partida es la siguiente consideración: el “lenguaje” tiene la característica de ser comprensible por otros humanos y de poder comprender a éstos, a la vez que tenemos dificultades para comprender a extranjeros y textos de épocas pasadas y de otras culturas. La noción del círculo hermenéutico nació del dilema de que el espíritu [hoy diríamos la mentalidad] de la antigüedad solo era comprensible por los escritos de los diferentes autores, a la vez que la comprensión de estas obras presupone el conocimiento de este espíritu. De ahí surgió la noción de que el texto solo es comprensible a partir del contexto, y el contexto a partir de los textos; es decir, de la dialéctica entre partes y todo. Por ello, hay que proceder en círculos cada vez más amplios y a la vez más finos. Schleiermacher usó el ejemplo de la comprensión del lenguaje: para comprender los significados de una obra tenemos que comprender las relaciones entre sus partes, frases y palabras; a la vez, una palabra (oscura) se comprende en el contexto de la frase u otras frases, la frase en el contexto de otras partes de la obra, y la obra en el contexto de otras obras del autor y de otros autores (Cf. Gadamer, 2007:237ss).

La noción hermenéutica clásica de la comprensión (Verstehen) fue reelaborada por Dilthey a finales del siglo XIX (Gadamer, 2007: 277ss). Dilthey basó en la hermenéutica su famosa distinción y fundamentación de las “ciencias del espíritu” —hoy diríamos ciencias humanas, históricas y culturales— que se basan en la comprensión, diferentes de las ciencias naturales, que se basan en la explicación. Desde su filosofía de la vida llega a la conclusión de que si bien la vida está constituida por vivencias, comprender el significado de las vivencias requiere de la reflexión, que implica distanciarnos de nuestros fines inmediatos e integrar las vivencias en un sentido más amplio de la vida. Para lograr una objetividad similar a la de las ciencias naturales, tenemos que distanciarnos de nuestra subjetividad y de nuestros prejuicios. Debemos centrarnos en la comprensión del objeto, por ejemplo el texto, desde el texto mismo y su tiempo, y centrarnos en la comparación de textos y significados históricos.

De manera similar, algunos etnólogos han exigido comprender las culturas desde el punto de vista nativo. Y, como vimos, Glaser y Strauss recomiendan construir las categorías a partir de los datos empíricos sin contaminarlos de manera apresurada con teorizaciones existentes. Estas nociones siguen teniendo cierta validez, en tanto hay que comprender los significados en primer lugar desde su propio contexto; hay que tomar en serio la otredad de los tiempos, culturas y actores (lo que dice el texto y todo el texto y no solo una parte) en lugar de pensar que la posmodernidad nos autoriza expresar cualquier interpretación que nos provoca el texto. Se trata, como dice Geertz (1987:27), de lo que suele designarse demasiado superficialmente como “ver las cosas desde el punto de vista del actor”, demasiado librescamente como el enfoque Verstehen o desmasiado técnicamente como “análisis émico”.

Partiendo de Heidegger, Gadamer (2007:331ss) —a diferencia de Dilthey— postuló en su libro Verdad y método, de 1960, que los pre-juicios del intérprete (desde su horizonte actual) no son solo un estorbo, sino a la vez una parte importante en el proceso de comprensión. Basándose en la fenomenología de la vida de Heidegger, reivindicó una base ontológica o existencial de la comprensión y de la relación entre presente y pasado, y enfatizó —al igual que la vieja exégesis— la “aplicación” a la vida de los significados extraídos. Gadamer señala que nos dirigimos al texto o al pasado —y podríamos agregar, a otras culturas— desde nuestro presente (o nuestra cultura) por un interés existencial, por la inquietud sobre nuestro presente. Por ello es importante comprometernos con el texto, primero buscar el sentido que propone el texto en su contexto histórico-cultural —aunque esto nunca es enteramente posible— y, sobre todo, tomar en serio la pretensión del texto de decir una verdad, no considerarlo simplemente de manera relativista como una versión más de la historia o cultura.

Una metáfora fundamental en la hermenéutica de Gadamer (2007:463ss) es el diálogo conversacional, en el cual ambos participantes discuten un asunto vital, no una conversación donde solo se busca comprender la opinión o posición del otro —o ganar el debate por persuasión como en la retórica—, aunque comprender la posición del otro y su retórica forme parte del proceso. Para ello necesitan también desarrollar un lenguaje y una comprensión común que se lleva a cabo en la conversación misma. En el diálogo con el pasado, nosotros lo cuestionamos, pero el pasado también nos cuestiona a nosotros. La relación del lector con el texto o del contemporáneo con el pasado (o lo otro cultural) se concibe como un diálogo que amplía y modifica mi horizonte de vida. De manera parecida, Geertz comprende la etnografía como un diálogo entre culturas a partir de relatos microscópicos sobre temas existenciales como “el Poder, el Cambio, la Fe, la Opresión, el Trabajo, la Pasión, la Autoridad, la Belleza, la Violencia, el Amor, el Prestigio” (Geertz, 1987:33 y 40).

Gadamer resuelve de manera interesante la aparente contradicción entre dos postulados hermenéuticos: por un lado, es necesario suspender mis pre-juicios para comprender al otro y, a la vez, siempre partimos de ellos. El dilema desaparece si transformo mis pre-juicios en preguntas abiertas al texto (cf. Gadamer, 2007:369), preguntas abiertas que se transforman en el encuentro con el texto o el otro cultural.

La hermenéutica en acción

Usualmente se habla del círculo hermenéutico para designar tanto la relación entre partes y el todo como la creciente compenetración del intérprete con el texto. Prefiero llamar el movimiento de la anticipación de sentido a la comprensión de la otredad y a una comprensión más lograda, como espiral hermenéutica. Una espiral que en varias vueltas profundiza para lograr una interpretación más pertinente de la configuración de significados a la vez que focaliza ciertas temáticas.

Ambos movimientos, el círculo y la espiral, están continuamente entrelazados. Según mi experiencia, comenzamos una primera lectura de los textos a partir de nuestras preguntas iniciales; en esa lectura identificamos temas y significados centrales pero también expresiones singulares que llaman nuestra atención, de ahí surgen nuestras primeras intuiciones sobre relaciones de significado y exclusiones. Comienza un proceso de análisis sistemático, se afinan preguntas y categorías de análisis y se analizan diferentes partes del texto sistemáticamente. Aquí es donde son útiles las técnicas de análisis de contenido. Aunque a diferencia de este último, para la hermenéutica el todo es más que la suma de sus partes, y la significatividad no se determina solamente por la frecuencia con la que aparece cierto elemento. Hay un plus del todo que proviene de la interrelación o constelación de las partes (cf. Ristert, 1972). Incluso, como señala el lingüista y crítico literario francés Barthes (1966), “una expresión puede estar formulada una sola vez en toda la obra y a pesar de ello sus efectos [...] pueden estar presentes ‘siempre’ y en ‘todas partes’”. A mi ver, este es también el sentido que cobran los “eventos significativos” —como por ejemplo la pelea de gallos— para el antropólogo.

A la vez avanzamos en comprender palabras, párrafos, conceptos, metáforas, etcétera a partir de su relación con el todo de los textos, pero también a partir de la relación explícita o implícita de los textos con su contexto más amplio. Se avanza en la comprensión en la medida en que relacionamos diferentes partes de los textos entre sí, y en la medida en que relacionamos diferentes significados (los propuestos en el texto, pero también los excluidos o latentes) en una red de significados.

Desde un enfoque hermenéutico buscamos construir un “patrón de significados” (Kaplan, 1964) o una “configuración de significados”, como indica Ritsert (1972), un todo organizado, una especie de estructura de relaciones. Cuando hemos comprendido el texto y logrado construir una configuración de sentidos, también lo “explicamos”: somos capaces de explicitar la relación entre diferentes significados del texto y, a la vez, la relación de diferentes partes del texto con estos significados.

Muchas veces nos encontramos con que los primeros patrones de significado que construimos no son capaces de integrar ciertos elementos del texto. Entonces tengo que modificar mi esquema de comprensión/interpretación, lo que implica también la modificación de mis preguntas.

Para incorporar las partes no consideradas tengo que analizarlas detenidamente pero, a la vez, regresar a leer de nuevo todos los textos y comprender la parcialidad de mi comprensión y mis malentendidos. Este proceso se realiza en varias vueltas de lectura o análisis que producen una comprensión creciente, más pertinente y sustentable.

Si el patrón modificado es capaz de integrar la mayor parte de los elementos, puede considerarse satisfactorio. Pero tenemos que ser conscientes de que:

Hacer etnografía es como tratar de leer (en el sentido de “interpretar un texto”) un manuscrito extranjero, borroso, plagado de elipsis, de incoherencias, de sospechosas enmiendas y de comentarios tendenciosos, y además escrito no en las grafías de representación sonora, sino en ejemplos volátiles de conducta modelada (Geertz, 1987:24).

También los escritores pos-estructuralistas o posmodernos nos advierten contra el peligro de reconstruir configuraciones de significado demasiado coherentes: un mundo como tipos ideales sin fisuras.

La importancia de la descripción

La teoría fundamentada de Glaser y Strauss enfatiza el proceso de construcción y reconstrucción de categorías de análisis. Los programas de análisis de datos como Atlas.ti o QSR NVivo facilitan la codificación, es decir, la asignación de partes de textos (imágenes, segmentos de videos, etc.) a categorías.

No pongo en cuestión la necesidad de un trabajo analítico (la interpretación de textos incluye el análisis de contenido), ni cuestiono la importancia de categorías de análisis —Rockwell (1990) prefiere hablar de análisis y no de interpretación para enfatizar el trabajo conceptual del etnógrafo más allá de la comprensión del significado otorgado por los sujetos a su propia realidad social—. Empero, el trabajo de análisis no se agota en la codificación. Aun la teoría fundamentada de Glaser y Strauss (1967) no se agota en la categorización, el centro es el método de comparación constante. En mi experiencia, para trabajar las comparaciones es sumamente útil elaborar diferentes tipos de matrices condensadas (cf. Miles y Huberman 1994). Los etnógrafos suelen hablar de las operaciones de triangulación de la información; contextualización; contrastación. Pero todo esto sería tema de otro artículo. Aquí quisiera enfatizar la importancia de la descripción.

Muchos escritos sobre el enfoque de la “descripción densa” enfatizan el elemento “denso” y olvidan que lo sustantivo es la “descripción”. Rockwell (2009:21) señala que “[…] el etnógrafo escribe un determinado tipo de texto; el producto del trabajo analítico es ante todo una descripción. Expone los resultados de la investigación de manera descriptiva para conservar la riqueza de las relaciones particulares de la localidad en que hizo el estudio.”

Las descripciones siempre implican una construcción de sentido: la selección de ciertos observables en detrimento de otros posibles, la caracterización de sus propiedades en determinadas palabras y el ordenamiento en determinadas secuencias o configuraciones; es decir, implican cierta interpretación. En el transcurso de la investigación varían las perspectivas desde las cuales se enfocan determinados eventos. Por eso hay que regresar a los textos y observaciones originales que siempre se “leen” y “describen” con ojos nuevos. De manera que la fabricación de descripciones de un mismo suceso se convierte en un ejercicio reiterado. Rockwell (2009:68) señala que se alternan, entonces, “lectura y escritura, relectura y reescritura”. Las descripciones más acabadas se construyen a partir de múltiples escritos sucesivos y parciales, desde descripciones iniciales parciales, organizadas desde el sentido ilustrado del investigador o referentes puntuales, hasta descripciones más configuradas e integradas a una teorización pertinente.

En mi línea de investigación hemos usado preferentemente los siguientes tipos de descripciones: condensaciones de relatos autobiográficos (“mi vida”); de escenarios (el centro terapéutico), de procesos (mi inserción en esa comunidad de práctica) y de procedimientos (cómo fabricar un grafiti), así como de eventos significativos (la pelea por un lápiz) (cf. De Diego y Weiss, 2016; Mejía y Weiss, 2011; Valle y Weiss, 2010). El trabajo final es la composición de un argumento que selecciona y ordena parte de estas descripciones.

Una de las tareas centrales de los trabajos cualitativos es producir descripciones empíricamente ancladas y teóricamente informadas. Textos que se construyen a partir de múltiples escritos sucesivos y parciales. Descripciones que al reconstruir patrones de significados explican hechos singulares observados e interpretan relaciones culturales significativas. Las descripciones parciales se presentan dentro de un hilo de argumentación que sustenta la tesis —o, dicho al revés, una tesis es un argumento sustentado— a la vez que discute la relevancia de sus interpretaciones frente a las afirmaciones de estudios similares.

Comprender, interpretar, describir, explicar

Como señalan Velasco y Díaz (2007:41-72), las operaciones de describir, traducir, explicar e interpretar son fundamentales, a la vez que son procesos entrelazados; y las descripciones se usan en el proceso de investigación en diferentes momentos: en el de observar y registrar eventos o interacciones, como introducción a un artículo o tema o como conclusión de un comportamiento generalizado.

Usualmente se habla de comprensión cuando destacamos más bien la escucha o lectura interna, así como la comprensión de la alteridad del texto, y hablamos de interpretación, cuando destacamos el sentido que atribuimos al texto y cuando nos expresamos ante un público, por ejemplo, en una interpretación musical. Gadamer habla de interpretación cuando enfatiza la “aplicación” y expresión de la comprensión, como en el caso del traductor. Geertz (1987), Rockwell (2009) y Velasco y Díaz (2007) hablan de interpretación cuando lo descrito se interpreta desde miradas teóricas.

Sobre la operación de traducción, Velasco y Díaz (2007:51) señalan que: “La descripción densa se acomoda a ‘revivir una experiencia en forma crítica e interpretativa’; pero al hacerlo, el investigador en realidad transcribe esa experiencia ‘en las categorías y valores de su cultura y en función de los conocimientos de su disciplina’ […] Esto es traducir, y más propiamente, traducir una cultura en términos de otra”.

Dilthey opuso, a inicios del siglo XX, la “comprensión” en las humanidades interesadas en singularidades, como la vida cultural de un pueblo, a la explicación en las “ciencias naturales”, concebidas en su tiempo como regularidades empíricas explicadas por leyes generales. El neopositivismo de los años sesenta elevó la explicación como operación científica por excelencia, por encima a la mera descripción de las humanidades.

Si se abandona el criterio positivista, la descripción puede llegar a ser a la vez explicación. Ya en década de 1960 (Kaplan, 1964) señalaba que desde la perspectiva cualitativa algo queda explicado cuando se relaciona con un conjunto de otros elementos, de tal manera que el conjunto constituye un sistema unificado. Podemos decir que conocemos la razón de algo si lo podemos insertar en un patrón conocido. Explicamos algo, identificándolo como parte específica de un todo organizado. La función principal del patrón es para Kaplan, la de permitir la comprensión. Desde la epistemología genética, Rolando García (1997) señala que aun la explicación científica pocas veces procede de manera de la causalidad positivista y, en cambio, muchas veces usa la descripción: explicamos el hecho de que el Sol se levanta en oriente mediante una descripción de la mecánica del sistema solar, con el Sol en el centro y la Tierra que gira alrededor de su eje en 24 horas.

Más que grandes hipótesis usamos muchas hipótesis parciales. Kelle (2005) presenta la noción de “inferencia abductiva” de Ch. S. Peirce como superación del dilema entre inducción y deducción. Durante la elaboración de la red de significados utilizamos las inferencias hipotéticas o abductivas de las que habla Kelle (2005) y prestamos atención a los contraejemplos que nos obligan a modificar nuestras hipótesis inferenciales. La teoría de Piaget de la equilibración señala que cuando un objeto no es asimilable a un esquema constituye una perturbación, para poder incorporarlo se requiere la modificación del esquema (cf. Ferreiro, 1999:199). Rockwell (2009:94) considera esta noción importante para pensar el cambio de nuestras concepciones iniciales en el proceso etnográfico.

El criterio clásico de validez y confiabilidad exigido por el procedimiento hermenéutico no es la comprobación intersubjetiva de la interpretación; no es posible —como exige el neo-positivismo— repetir la investigación por diferentes investigadores y llegar a los mismos resultados, las interpretaciones siempre tendrán variaciones. A lo que aspiramos es a la comprensibilidad intersubjetiva, es decir, que el lector pueda reconocer una interpretación válida, aun cuando no la comparta enteramente. Es por ello —y por economía en la extensión de los textos— que en la presentación del trabajo final se encuentra la interpretación como una especie de lectura condensada del texto o de lo observado, desde las preguntas o propuestas del intérprete, con citas directas en las partes donde se ofrecen interpretaciones clave. Se busca que el lector pueda analizar la correspondencia entre las interpretaciones y el texto o la observación. Asimismo, dos investigadores, al interpretar los mismos textos o fenómenos, van a poder discutir sus diferencias en un diálogo con cierta racionalidad. El control sobre la confiabilidad y validez de la producción académica se entiende como un control ejercido socialmente por la “comunidad” científica en la que se inscribe el intérprete.

Un comentario final

La teoría fundamentada ha contribuido a tomar en serio nuestros referentes empíricos, en lugar de creer que todo se deja apresar a partir de las teorías de los grandes autores y la operacionalización de sus conceptos. Pero ha instalado la tendencia de dejar de lado los estudios específicos sobre el tema: los antecedentes de investigación. Espero haber mostrado que la recomendación de la teoría fundamentada de ignorar al inicio de una investigación la literatura sobre el tema y construir inductivamente, con el fin de asegurar la emergencia de categorías no contaminadas por las teorías preexistentes, es insostenible y poco recomendable.

Glaser y Strauss mismos buscaron formas de entrelazar el análisis empírico con conceptos teóricos preexistentes. Propongo que la noción de la espiral hermenéutica —de la anticipación del sentido a una comprensión más lograda, del encuentro entre nuestras preguntas iniciales con los referentes empíricos que llevan a repuestas modificadas al tomar en cuenta lo que los otros nos tienen que decir, de varias vueltas entre deducción e inducción—, es un camino epistemológicamente más sostenible y académicamente más fructífero.

Asimismo, propongo superar el énfasis excesivo que ponen la teoría fundamentada y las paqueterías de análisis en el proceso de codificación, en cambio, rescato la importancia de la descripción. Al describir configuraciones de sentido empíricamente ancladas y teóricamente informadas, logramos legítimas “descripciones densas”. La tarea de la descripción es “perseguir estructuras de significación”, como dicen Velasco y Díaz (2007:49), encontrar “patrones de sentido”, como sostiene Kaplan (1964), “sistemas de relaciones y exclusiones”, como asegura Barthes (1966), “configuraciones de sentido”, como dice Ritsert (1972) o “una multiplicidad de estructuras de significación complejas”, según Geertz. A mi ver, nuestras descripciones reconstruyen configuraciones de significados, explican hechos singulares dentro de esa configuración e interpretan relaciones culturales significativas.

El atractivo de la teoría fundamentada proviene también de la promesa de que de esta manera se genera teoría, y un requisito de las tesis doctorales es lograr una contribución al campo. Pero si se lee cuidadosamente el libro de Glaser y Strauss (1967), ellos mismos empezaron con trabajos empíricos sobre el tema del tratamiento de la muerte en hospitales —teorizaciones sustantivas— y solo a través de estudios posteriores pudieron establecer una teorización más formal sobre el pasaje de estatus. Esto coincide con mi experiencia de que contribuciones teóricas que trascienden difícilmente se logran en un solo trabajo; se alcanzan a partir del desarrollo de líneas de investigación sostenidas, en un diálogo constante entre hallazgos y teorizaciones.

Referencias

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Recibido: 30 de Agosto de 2016; Aprobado: 14 de Octubre de 2016

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