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Revista mexicana de investigación educativa

versión impresa ISSN 1405-6666

RMIE vol.17 no.54 México jul./sep. 2012

 

Reseña: tesis de doctorado premiada por el COMIE

 

Experiencias estudiantiles en telesecundarias

 

Carlota Guzmán Gómez

 

Reyes Juárez, Alejandro (2011). Más allá de los muros. Adolescencias rurales y experiencias estudiantiles en telesecundarias, Ciudad de México: COMIE.

 

Investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Avenida Universidad s/n. Circuito 2, col. Chamilpa, 62210, Cuernavaca, Morelos. México. CE: carlota@unam.mx

 

El mundo de los adolescentes y la secundaria está lleno de misterios y preguntas: ¿qué significa para ellos la escuela?, ¿qué buscan en ella?, ¿qué les deja la escuela? Algunos de estos cuestionamientos han sido generadores de importantes líneas de investigación que nos han permitido acercarnos a este complejo mundo. Sin embargo, quedan muchos otros por contestar, sobre todo, porque hay una gran diversidad de escuelas, de situaciones, y porque los adolescentes son muy distintos entre sí.

El libro que aquí se reseña nos lleva a un terreno poco conocido: al medio rural y a la modalidad de telesecundarias. Alejandro Reyes se pregunta: ¿Cómo construyen la experiencia estudiantil los adolescentes que cursan la educación secundaria en contextos rurales en México?, ¿cuáles son los puntos de encuentro, tensión, negación y ruptura entre los aspectos culturales e identitarios de los adolescentes rurales y los aspectos institucionales de las escuelas secundarias en las que éstos desarrollan sus experiencias estudiantiles? Le interesa conocer cómo los estudiantes y jóvenes que viven en contextos rurales construyen sus experiencias estudiantiles desde distintos ámbitos de actuación, en una etapa de transformaciones, resignificaciones y de redefiniciones trascendentales en sus vidas.

 

El libro: sus antecedentes y logros

Este libro es producto de la tesis de doctorado que presentó Alejandro Reyes para obtener el grado de doctor en Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), sede México en 2010, misma que fue merecedora del Reconocimiento del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, AC, a la tesis de Posgrado en Educación para el nivel de doctorado. Con este libro se inaugura la publicación de las tesis premiadas por el COMIE, lo cual permite difundir los trabajos que están realizando los jóvenes investigadores y, de esta manera, impulsar a las nuevas generaciones.

Este libro no es un producto aislado, sino que es resultado de una trayectoria de investigación que inició Alejandro Reyes desde la licenciatura con la tesis titulada Cruzando los muros. Factores socioeconómicos y culturales que inciden en el abandono de los y las alumnas adolescentes de la educación secundaria pública.1 Posteriormente continuó con la tesis de maestría titulada Adolescencias entre muros. Escuela secundaria y la construcción de identidades juveniles, y no está por demás decir que ambas también fueron premiadas.2

En esta investigación de doctorado, como se ha mencionado, incursionó en las experiencias estudiantiles de los adolescentes en las telesecundarias. Las tesis citadas conforman una trilogía construida a partir de la metáfora de los muros: cruzando los muros, adolescencias entre muros y más allá de los muros, que da cuenta de la relación entre los adolescentes y la escuela en distintos contextos y cuyo hilo conductor ha sido la preocupación y el compromiso porque la escuela secundaria sea un espacio de aprendizajes significativos y pertinentes para los alumnos.

 

El andamiaje teórico y conceptual: una de sus virtudes

La experiencia escolar es una dimensión de análisis que han retomado diversas investigaciones, tanto en México como en diversos países, para dar cuenta de los procesos educativos que se interesan por recuperar la perspectiva de los sujetos. El concepto de experiencia no es nuevo, y ha sido trabajado en el campo educativo retomando a autores clásicos como Alfred Schutz (2003) o John Dewey (1945), por citar sólo a algunos. Sin embargo, el concepto de experiencia escolar ha sido utilizado en los últimos años a partir de la influencia de la obra de Francois Dubet y especialmente del libro En la escuela. Sociología de la experiencia escolar, escrito conjuntamente con Danilo Martuccelli (1998), cuya traducción al castellano ha sido ampliamente difundida. La experiencia escolar como concepto y como dimensión de análisis ha resultado especialmente útil y sugerente a la investigación por diversas razones. En primer lugar, porque se trata de un concepto que se encuentra perfectamente articulado a una teoría: la sociología de la experiencia, esto es, no se trata de un concepto aislado o carente de referentes. En este sentido, podríamos decir que es teóricamente robusto y que, a su vez, tiene la enorme cualidad de ser operativo o manejable para la investigación, en la medida que orienta hacia la construcción de criterios de observación y de análisis. En segundo lugar, este concepto sirve de enlace para dar cuenta tanto de la dimensión del sujeto, como del contexto, ya que se entiende a la experiencia como resultado de la articulación de tres lógicas de la acción: la integración, la estrategia y la subjetivación. Cada actor individual o colectivo adopta necesariamente estos tres registros de la acción que remiten a las funciones más importantes de la sociedad: la socialización, la producción económica y el sistema cultural y, a su vez, definen simultáneamente una orientación del actor y una manera de concebir la relación con otros (Dubet, 1994). Ligado a lo anterior, el concepto de experiencia escolar abre el análisis a la dimensión subjetiva de la acción, ya que se entiende la experiencia como una construcción subjetiva en la que los sujetos le confieren un sentido a su actividad. Por su parte, resulta útil a la investigación que el concepto de experiencia otorgue un espacio analítico a la relación con otros, es decir, no se trata de una construcción individual, sino intersubjetiva y, por último, porque es un concepto dinámico que no se cierra hacia una definición, sino que se concibe en constante cambio.

Una de las virtudes principales de este libro es su sólida fundamentación teórica, no sólo por la acertada decisión de tomar como base el planteamiento de Francois Dubet y de Danilo Martuccelli, sino por la manera de utilizarlo. Alejandro Reyes, a lo largo de su investigación, entabla un diálogo constante con la teoría. Toma como criterios de observación las tres lógicas de la experiencia escolar: la integración, la estrategia y la subjetivación y, a partir de éstas, observa, indaga y construye su propio planteamiento de tal manera que la teoría no se queda estancada en un capítulo o en un apartado. Cabe aclarar que la discusión teórica de su investigación no se restringe a la propuesta de los autores mencionados, sino que se enmarca dentro de las corrientes interpretativas que reconocen sus raíces en Max Weber, o bien, en las llamadas constructivistas que otorgan un papel central al sujeto como constructor de la realidad, como lo propone Corcuff (1998). Bajo estos principios retoma conceptos de Shutz, de Giddens, de Berger y Luckman, los discute y los compara. Con una tónica similar, el autor es crítico con el propio planteamiento de Dubet y reconoce que para el análisis de la experiencia estudiantil de los adolescentes es necesario integrar la dimensión afectiva y emotiva y que ni la lógica de la integración ni de la subjetivación permiten dar cuenta cabal de esta dimensión. Por ello, recurre al planteamiento de Maffesoli sobre las comunidades emocionales y entra de lleno a explorar este componente tan importante en la experiencia de los adolescentes.

Para Alejandro Reyes, el concepto de experiencia escolar propuesto por Dubet y Martuccelli le confiere demasiada importancia a lo que ocurre en la escuela y deja de lado las experiencias que tienen los adolescentes en distintos ámbitos de actuación y, por ello, prefiere hablar de experiencias estudiantiles. Aparentemente se trata de un simple matiz del autor, sin embargo, implica una toma de posición en la que se le da un reconocimiento al carácter plural del sujeto y a la experiencia como la imbricación entre lo escolar y lo juvenil.

Sobre la base de la conceptualización de la experiencia, Alejandro Reyes construye un andamiaje metodológico que le permite incursionar en los distintos componentes de la experiencia. Para ello, utiliza diversas estrategias y fuentes de información. En primer lugar un trabajo de observación en cada una de las escuelas investigadas, entrevistas en profundidad tanto con alumnos, maestros y directivos, así como pláticas informales con todos ellos. El autor utilizó también el recurso de la fotografía como detonante del discurso, para ello, proporcionó cámaras a los alumnos para que registraran lugares y situaciones significativas, de las cuales posteriormente hablaron. Además de la diversidad de estrategias y fuentes, fue quizás la sensibilidad de Alejandro y su gran capacidad de escucha y acercamiento, lo que le permitió contar con relatos sinceros y profundos que se configuraron en una rica materia prima de esta investigación. La sistematización y el análisis de la información fue una ardua tarea que el autor asumió con compromiso y rigurosidad. La construcción de relatos de algunos alumnos, le permitió profundizar en el análisis y, a partir de ello, identificar ciertas figuras estudiantiles. Buscó con dicho recurso metodológico, dar cuenta de la heterogeneidad de experiencias estudiantiles, sin caer en una tipología cerrada, que clasificara y calificara a los estudiantes.

Podemos afirmar, sin menoscabo, que cumplió con su objetivo. Se le agradece también al autor la explicitación de cada paso del proceso metodológico, las decisiones tomadas, sus implicaciones y sus limitaciones, ya que de esta manera el lector cuenta con herramientas para comprender y valorar los hallazgos. Su lectura permite conocer claramente el proceso que implica llevar a cabo una investigación, lo cual puede ser también de utilidad y de aliento para quienes se inician en esta tarea.

 

Las telesecundarias: su contexto y situación

Al delinear como ruta de indagación las escuelas secundarias del medio rural, Alejandro Reyes partió de dos premisas fundamentales: reconocer las transformaciones de la ruralidad en México y, por tanto, de la heterogeneidad de situaciones. Este reconocimiento lo llevó a distinguir tres tipos de comunidades: la rural tradicional, la urbano-rural y la mixta, tomando para el estudio una escuela en cada tipo de comunidad. Asimismo, decidió circunscribirse a las telesecundarias, ya que es la modalidad predominante en el medio rural.

La investigación se ubica en el Estado de México y el autor delinea un amplio y preciso contexto geográfico, económico y social tanto de la entidad federativa como de cada una de las comunidades. Para el caso de las escuelas expone también claramente el contexto institucional, como marco en el que se construyen las experiencias estudiantiles. Bajo el mismo ánimo de contextualizar, el autor presenta los rasgos generales de las telesecundarias y su situación actual. De esta manera, nos recuerda que este sistema tiene sus orígenes a finales de la década de los setenta. A lo largo de más de treinta años el modelo pedagógico se ha ido transformando y hay grandes diferencias entre escuelas, sin embargo, en la mayoría de los casos, la responsabilidad del grupo sigue recayendo sobre un solo maestro, quien utiliza como recursos principales los programas televisados y la guía del aprendizaje. Si bien el surgimiento de las telesecundarias fue una estrategia para llegar a las comunidades más alejadas en donde no se contaba con secundarias. Hoy en día, la creación de nuevas telesecundarias se inscribe dentro de una política por ampliar la cobertura de educación básica, dado que implica un costo menor que las secundarias generales o técnicas.

De esta manera, el autor nos muestra que la telesecundaria es la modalidad que más creció en el periodo comprendido entre 1993 y 2007 y que para el último año, representa el 21.4% de total de la matrícula en secundaria. En cuanto a resultados de aprendizaje, las telesecundarias presentan un nivel de reprobación menor, sin embargo, distintas pruebas como Enlace o Pisa coinciden en que los niveles de aprendizaje o aprovechamiento son menores. En concordancia con lo anterior, también se reconocen deficiencias en la infraestructura y en el equipamiento, con respecto a otras modalidades. Por todo lo anterior, se puede afirmar que el crecimiento de la matrícula de las telesecundarias no es suficiente si pensamos en términos de equidad, ya que las condiciones de infraestructura y de calidad que se ofrecen a los alumnos no son iguales en todas las modalidades. No podemos dejar de mencionar que, de este sistema, también se han reconocido aspectos positivos, tales como la mejor convivencia que se genera en grupos pequeños, la mayor atención que pueden tener los maestros hacia los alumnos, la menor dispersión en el conocimiento que se propicia cuando un solo profesor está a cargo, así como los vínculos más estrechos con los padres de familia y con la comunidad en general.

 

Los hallazgos

Al compenetrarse en el mundo de las telesecundarias, Alejandro Reyes encuentra una gran diversidad de experiencias estudiantiles, que se explican por las condiciones tan distintas de los adolescentes pero, sobre todo, por los contextos tan heterogéneos en los que se construyen dichas experiencias. Son estos contextos, a su parecer, los que posibilitan y determinan, en una primera instancia, las propias experiencias.

De esta manera, en la escuela ubicada en la comunidad rural tradicional, los estudiantes la viven como una oportunidad de continuar con sus estudios, muchos de ellos habitan en pequeños poblados en donde no hay escuelas y la posibilidad de asistir a la telesecundaria les permite, también, salir de sus ámbitos tradicionales de actuación: la casa y el trabajo. Las mujeres especialmente viven la escuela como un espacio que amplía sus posibilidades de socialización y que les permite dejar por unas horas a la familia y los quehaceres domésticos. Para los hombres, también es un lugar importante de socialización, para hacer deporte y para descansar del trabajo en el campo. Los estudiantes cuentan con pocas opciones de recreación, de allí que la escuela se configura en un espacio importante del cual se apropian. El reducido tamaño de los grupos y de la escuela, propicia una mayor convivencia entre ellos y con los profesores; refleja también la dinámica social de sus propias comunidades y aparece como un espacio abierto y sin muros, al cual entran y salen libremente los estudiantes y otros miembros de la propia comunidad. Esta situación contrasta con la escuela situada en la comunidad urbano-rural o en la rural mixta donde los accesos son más controlados. En términos de las experiencias de los estudiantes, la escuela no tiene un papel tan central. Si bien, la socialización es importante, los estudiantes cuentan con otros espacios de socialización, con otros referentes culturales, con familias menos tradicionales y más permisivas. Esta diferencia se marca también en las formas de socialización, ya que hay mayores relaciones y menos tensiones entre hombres y mujeres. El autor enfatiza que esta experiencia es social y subjetiva, es decir que no es individual, sino que es intersubjetiva, ya que se construye en relación con otros.

Alejandro nos advierte que los contextos institucionales y las formas particulares de funcionamiento marcan también pautas de convivencia y de resistencia que los mismos estudiantes pueden negociar y revertir. En general, llama la atención la aceptación de las normas disciplinarias; desde el punto de vista de los estudiantes, son necesarias para el funcionamiento, sin embargo, se muestran diferencias entre las escuelas. En la ubicada en la comunidad rural tradicional es en la que hay menos cuestionamientos, mientras que en las urbano rural y rural mixta se llegan a presentar indicios de resistencia.

Las experiencias que se construyen en los espacios de las telesecundarias están marcadas por un fuerte componente afectivo y emotivo que hace que los estudiantes se acerquen, que entablen fuertes relaciones de amistad y de noviazgo, pero también se producen tensiones, por las diferencias y por la exclusión hacia algunos compañeros. Todo este mundo afectivo y emotivo forma parte del entramado escolar que se construye día a día.

El autor pone especial énfasis en aclarar que no se puede hablar de una separación entre la cultura escolar y la adolescente, ya que éstas se encuentran imbricadas y que, más bien, habría que hablar de un cruce de culturas. En este mismo sentido, concibe a la escuela como un espacio de actuación y de construcción juvenil y coincide con aquellos planteamientos que no separan la condición juvenil de la estudiantil (Weiss, 2012).

En opinión de Alejandro Reyes, la diversidad de las experiencias estudiantiles no se agota en la diversidad de los contextos escolares y comunitarios, ya que entran en juego también los distintos ámbitos de actuación en los que participan los estudiantes y la manera como cada uno maneja las propias lógicas de acción. Por ello, ante la complejidad de ordenar todos estos elementos en una tipología cerrada, que correría el riesgo de "congelar" o de calificar las experiencias, ha preferido delinear figuras estudiantiles que muestren la diversidad de los componentes de la experiencia y su carácter dinámico. Estas figuras se presentan a partir del relato de distintos estudiantes, quienes nos muestran su situación, sus inquietudes y preocupaciones. Como podemos observar las figuras propuestas son sugerentes y complejas: Experiencia estudiantil crítica, pero atada por el peso de las instituciones y ante un futuro incierto; Experiencia estudiantil emotiva pero reflexiva; Experiencia estudiantil recuperada y liberadora; Experiencia estudiantil en transición; Experiencia estudiantil desencantada y Experiencia estudiantil forastera.

Estas figuras muestran claramente la diversidad de experiencias, mismas que se configuran en la expresión subjetiva del sistema escolar. Nos muestra que los adolescentes estudian en condiciones precarias, que valoran la posibilidad de asistir a la escuela, ya que anteriormente no existía esta opción y, en muchos casos, son los primeros de la familia en cursar la secundaria. Algunos de ellos se generan expectativas de vida distintas a las que su comunidad les ofrece, especialmente en el caso de las mujeres, de hecho, hay quienes atentan contra las costumbres familiares de permanecer en la casa. El autor llega a firmar que los adolescentes además de valorar la escuela, la utilizan y no por ello dejan de ser críticos y reconocer fallas tanto en el modelo como en su funcionamiento.

Para concluir, no me queda más que recomendar la lectura de este libro, por la curiosidad que genera leer un texto premiado, por la relevancia del tema, por su consistencia teórica y metodológica, porque está bien escrito, que se disfruta de la lectura de cada una de sus páginas pero, sobre todo, por su invitación para repensar el papel de las telesecundarias y el futuro de adolescentes del medio rural mexicano.

 

Referencias

Dewey, John (1945). Experiencia y educación, Buenos Aires: Losada.         [ Links ]

Dubet, François (1994). Sociologie de l'éxpérience, París: Editions du Seuil.         [ Links ]

Dubet, François y Danilo Martuccelli (1998). En la escuela. Sociología de la experiencia escolar, Barcelona: Losada.         [ Links ]

Corcuff, Philippe (1998). Las nuevas sociologías, Madrid: Alianza.         [ Links ]

Reyes Juárez, Alejandro (2003). Cruzando los muros. Factores socioeconómicos y culturales que inciden en el abandono de las y los alumnos adolescentes de la educación secundaria pública, tesis de licenciatura, Ciudad de México: FCPyS-UNAM.         [ Links ]

Reyes Juárez, Alejandro (2006). Adolescencias entre muros. La escuela secundaria como espacio de construcción de identidades juveniles, tesis de maestría, Ciudad de México: Flacso.         [ Links ]

Schutz, Alfred (2003). El Problema de la realidad social, Buenos Aires: Amorrortu.         [ Links ]

Weiss, Eduardo (2012). "Los estudiantes como jóvenes. El proceso de subjetivación", Perfiles Educativos, vol. XXXIV, núm. 135. pp. 134-148.         [ Links ]

 

Notas

1 Tesis presentada para obtener el grado de licenciatura en sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en 2003, misma que fue merecedora del Primer Concurso Nacional de Tesis sobre Juventud del Instituto Mexicano de la Juventud.

2 Tesis presentada para obtener el grado de maestría en Ciencias en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en 2009. Esta tesis fue reconocida con Mención especial del Premio Flacso 50 años, a las mejores tesis de la sede México.

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